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	<title>a1-politica-ideologia &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
	<link>http://en.wordpress.com/tag/a1-politica-ideologia/</link>
	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "a1-politica-ideologia"</description>
	<pubDate>Tue, 22 Dec 2009 07:41:47 +0000</pubDate>

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<title><![CDATA[La labor teórica ]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2009/05/15/la-labor-teorica/</link>
<pubDate>Fri, 15 May 2009 23:18:04 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
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<description><![CDATA[Por: José A. Rangel A Fuente: www.aporrea.org (15.05.09) Lenin, el principal teórico del marxismo, e]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: José A. Rangel A<br />
Fuente: www.aporrea.org (15.05.09)<!--more-->   </p>
<p>Lenin, el principal teórico del marxismo, escribía: “No hay teoría revolucionaria sin práctica revolucionaria y viceversa”.  Esta afirmación tiene casi cien años. La vigencia de esta frase no la podríamos comprender con una interpretación dogmática.  </p>
<p>Es necesario tenerle miedo a la teoría revolucionaria, cuando se transforma en dogma. Descarrila el tren de la revolución. Es contrarrevolución. </p>
<p>El dogma, además de atrofiar la mente, causa mediocridad en la praxis revolucionaria. Lo contrario al dogma, es la ignorancia por cualquier causa, del papel de la teoría. Eso se llama “espontaneismo”.</p>
<p>La teoría para no ser dogmática, debe ser revolucionaria. La teoría revolucionaria se produce y se decanta en la práctica revolucionaria.</p>
<p>Los dogmáticos creen, que son revolucionarios cuando recortan y pegan, como si fuera una fórmula, la teoría revolucionaria que resultó al movimiento revolucionario en su momento histórico.</p>
<p>No aprecian que la teoría revolucionaria, es aquella que se crea a diario y en este momento en la práctica revolucionaria cotidiana. La teoría sigue y la conduce a la práctica, con la inseparabilidad de dos amantes, juntos de instante a instante. Por eso la ciencia es revolucionaria al igual que el arte. </p>
<p>La teoría que fue revolucionaria en su momento, debe ser referencia para el presente, no un manual de instrucción. La teoría revolucionaria del pasado la conseguimos con las lecturas, sirven de estímulo y amplían nuestra cultura. Pero eso no significa creación teórica revolucionaria.</p>
<p>La teoría revolucionaria fue, es y será reflexiones, pensamientos y experiencias sobre la realidad, puestas en orden para guiarla, interpretarla, conducirla y transformarla. Y su finalidad es la felicidad, la justicia, la igualdad y la fraternidad. Por lo tanto, es una actividad creativa constante e infinita, mientras exista la humanidad.</p>
<p>No hay universidad que enseñe a hacer teoría revolucionaria. Como tampoco se enseña  cómo hacerla. Pero gracias  al autodidactismo, esa impresionante la cualidad de la psiquis humana, eso es posible. Por el autodidactismo, la creación de la teoría revolucionaria es un hecho. </p>
<p>jarach16@hotmail.com</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[La podredumbre parlamentaria]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2009/04/29/la-podredumbre-parlamentaria/</link>
<pubDate>Wed, 29 Apr 2009 12:35:12 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
<guid>http://hernanmontecinos.com/2009/04/29/la-podredumbre-parlamentaria/</guid>
<description><![CDATA[Por: Sebastián Faure Fuente: www.kaosenlared.net (29.04.09) Camaradas: Quiero, ante todo, relacionar]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: Sebastián Faure<br />
Fuente: www.kaosenlared.net (29.04.09)<!--more--></p>
<p>Camaradas:</p>
<p>Quiero, ante todo, relacionar esta tercera conferencia a las dos precedentes, a fin de que podáis, de un modo más fácil, apercibir su unión.</p>
<p>En mi primera conferencia he dicho: Este continente sobre el cual vivimos ha sido en dos ocasiones teatro de una falsa redención; la primera vez, hace un poco más de diez y nueve siglos, por el cristianismo; la segunda hace ciento treinta años, por la revolución francesa.</p>
<p>Consagré la primera conferencia a la bancarrota de la redención cristiana y la segunda a la de la redención burguesa. Estas dos bancarrotas han llegado: la primera a la dictadura del cristianismo, desde el comienzo del siglo V hasta el fin del siglo XVIII; la segunda a la dictadura de la clase burguesa, desde 1789 hasta nuestros días.</p>
<p>He concretado lo que habría que entender por estas palabras: dictadura de la burguesía. Y las resumí en una fórmula tan concisa como comprensible: dominación absoluta de la clase burguesa sobre la clase obrera, dominación económica por el capital, dominación política por el Estado.</p>
<p>Se comprende fácilmente que la clase que posee a la vez el poder y el dinero pueda hacer pesar el yugo de su dictadura sobre la clase que no posee el dinero ni el poder.</p>
<p>El capital, es decir, el dinero, no será nunca nada sin el apoyo del poder, es decir del Estado.</p>
<p>Sin el Estado, el capital sería como una ciudad abierta, expuesta a todos los asaltos, a merced de todas las sorpresas, de un simple golpe de fuerza. El Estado burgués tiene por misión vigilar las maniobras de la clase obrera, impedir que ésta agrupe sus fuerzas, que fortifique su acción, y si acontece que esta clase obrera, saliendo de su torpeza, de su apatía habitual, libra batalla, la misión -no, no diré la misión, la expresión es demasiado noble-, el rol del Estado es intervenir por la fuerza y derrotar a los insurrectos.</p>
<p>El Estado no es sólo, como se cree comúnmente, un agente de administración; es, sobre todo, un agente de represión. Es como el perro de guardia que, atado a su casilla, previene a los propietarios del lugar, al principio por sus gruñidos, luego por sus ladridos furiosos, de la aproximación del enemigo; y sí, no dejándose intimidar por los ladridos del perro de guardia, el enemigo penetra en el lugar, el Estado se convierte en la fuerza encargada de la defensa de la caja de caudales y de salvarla a toda costa, aún a costa de la sangre.</p>
<p>Bajo los aspectos falaces de administrador de la cosa pública, de defensor de la ley, de protector del orden, el Estado no es, en el fondo, más que el gendarme presupuesto a la salvaguardia, por la violencia, sistemáticamente organizada, de las instituciones establecidas. Sin duda, el Estado tiene por función administrar la cosa pública. Sólo que no hay cosa pública, y no puede haberla en un régimen donde, políticamente, todos obedecen a algunos y donde, económicamente, todo pertenece a unos pocos. Los intereses son diversos, opuestos, contradictorios. No hay interés común, no hay interés general, no hay cosa pública.</p>
<p>El Estado es igualmente el defensor de la ley. Pero la ley -contrariamente a lo que un vano pueblo piensa- no es hecha para proteger a los pequeños, a los humildes y a los pobres contra los grandes, los poderosos y los ricos. Es hecha para defender los privilegios de los grandes, de los poderosos, de los ricos contra las reivindicaciones constantes y las tentativas periódicas de los despojados y los esclavizados. </p>
<p>En fin, el Estado es protector del orden. Es él quien tiene el encargo de asegurar el orden y no falta a esta obligación. Pero lo que se llama orden en la jerga oficial, orden burgués, es el desorden más ignominioso y más criminal. Escuchad lo que dijo Kropotkin: </p>
<p>“El orden, hoy -lo que ellos entienden por orden- en las nueve décimas partes de la humanidad trabajando para procurar el lujo, los placeres, la satisfacción de las pasiones más execrables a un puñado de haraganes.</p>
<p>El orden es la privación de estas nueve décimas partes de todo lo que es condición necesaria a una vida higiénica, a un desenvolvimiento racional de las cualidades intelectuales. Reducir nueve décimas partes de la humanidad al estado de bestias de carga, viviendo al día el día, sin atreverse jamás a pensar en los placeres procurados al hombre por el estudio de las ciencias, por la creación artística, ¡he aquí el orden!</p>
<p>El orden es la miseria, el hambre, convertida en el estado normal de la sociedad.</p>
<p>El orden, es la mujer que se vende para alimentar a sus hijos; es el niño reducido a ser encerrado en una fábrica o a morir de inanición; es el obrero reducido al estado de máquina.</p>
<p>Es el fantasma del obrero insurreccionado a las puertas del rico, el fantasma del pueblo insurreccionado a las puertas de los gobernantes.</p>
<p>El orden es una íntima minoría elevada en las cátedras gubernamentales, que se impone, por esta razón, a la mayoría y que prepara a sus hijos para ocupar más tarde las mismas funciones a fin de mantener los mismos privilegios por el engaño, la corrupción la fuerza, la masacre.</p>
<p>El orden es la guerra continua de hombre a hombre, de oficio a oficio, de clase a clase, de nación a nación. Es el cañón que no cesa de tronar, es la devastación de las campiñas, el sacrificio de generaciones enteras en los campos de batalla, la destrucción en un año de las riquezas acumuladas por siglos de ruda labor.</p>
<p>El orden es la servidumbre, el encadenamiento del pensamiento, el envilecimiento de la raza humana mantenida por el hierro y por el látigo. Es la muerte repentina por el grisú o la muerte lenta por el encierro de centenares de mineros, desgarrados o enterrados cada año por la avaricia de los patronos y ametrallados o perseguidos a la bayoneta cuando se atreven a quejarse.</p>
<p>El orden, en fin, es el ahogamiento en sangre de la Comuna de París. Es la muerte de treinta mil hombres, mujeres y niños, desmenuzados por los obuses, ametrallados, enterrados en la cal viva, bajo el adoquín de París.</p>
<p>¡He ahí el orden!</p>
<p>¿Y el desorden, lo que ellos llaman desorden?</p>
<p>Es la sublevación del pueblo contra este orden innoble, que quebranta sus cadenas, que destruye los obstáculos y marcha hacia un porvenir mejor. Es lo que tiene la humanidad de más glorioso en su historia.</p>
<p>Es la revuelta del pensamiento en la víspera de las revoluciones; es el derrumbamiento de la hipótesis sancionada por la inmovilidad de los siglos precedentes; es la aparición de toda una ola de ideas nuevas, de invenciones audaces; es la solución de los problemas de la ciencia.</p>
<p>El desorden es la abolición de la esclavitud antigua; es la insurrección de las comunas, la abolición de la servidumbre feudal, las tentativas de abolición de la servidumbre económica.</p>
<p>El desorden de la insurrección de los campesinos contra los sacerdotes y los señores, que queman los castillos para hacer lugar a las chozas, que salen de sus guaridas para buscar un puesto al sol.</p>
<p>En la Francia aboliendo la realeza y asestando un golpe mortal a la servidumbre en toda la Europa occidental.</p>
<p>El desorden en 1848, que hace temblar a los reyes y proclama el derecho al trabajo. Es el pueblo de París que combate por una idea nueva y que, aún sucumbiendo en las masacres, lega a la humanidad la idea de la comuna libre, le abre el camino hacia esa revolución de que sentimos la aproximación, y cuyo nombre será el de Revolución Social.</p>
<p>El desorden -lo que ellos llaman desorden-, son las épocas durante las cuales generaciones enteras soportan una lucha incesante y se sacrifican para preparar a la humanidad una existencia mejor, libertándola de las servidumbres del pasado. Son las épocas durante las que el genio popular adquiere su libre expansión y da, en algunos años, pasos gigantescos, sin los cuales el hombre habría quedado en el estado de esclavo antiguo, de ser rastrero, envilecido en la miseria.</p>
<p>El desorden es el florecimiento de las más bellas pasiones y de las más grandes abnegaciones; es la epopeya del supremo amor a la humanidad”.</p>
<p>No se podría decir nada mejor y es por esto que os leí esta página de Kropotkin, que es de un vigor magistral. ¿Cuáles son los servicios que el gobierno, el poder, el Estado hace a la clase obrera en cambio de lo que exige de ella? Porque, en fin, si el Estado exige de la clase obrera una sumisión absoluta; si la agobia con impuestos, confiscando así en su provecho único una parte de su trabajo; si él exige al trabajador varios años de su juventud, durante los cuales éste es encerrado en el cuartel; si no da a los proletarios viejos más que un irrisorio retiro, sería razonable esperar que en cambio de todo esto el Estado preste a la clase obrera algunos servicios.</p>
<p>Y bien, ¿es el Estado quien cultiva la tierra, quien siembra el grano, quien recoge la cosecha, quien muele el pan, quien construye las casas, quien teje los vestidos, el que en la fábrica y en el taller maneja las máquinas y transforma inteligentemente la materia prima en productos manufacturados? En una palabra, ¿es el Estado el que asegura, por su trabajo, la producción necesaria a la satisfacción de las necesidades de la población? ¿Es él quien, obtenida esta producción, asegura el transporte, vigila el reparto equitativo de modo que evite el espectáculo repulsivo de un puñado de individuos que tienen demasiado y que derrochan, mientras que una multitud de otros seres no tienen bastante, se privan de lo necesario y se “ajustan el cinto”? ¡Hay! No: el Estado no trabaja, consume; no produce, devora.</p>
<p>En el dominio intelectual, ¿hace el Estado algún servicio a la humanidad? ¿Distribuye generosamente la instrucción a los niños del pueblo, a fin de que ninguna de estas inteligencias quede en las tinieblas y para que, por consiguiente, cualesquiera que sean, se convierten en lumbreras destinadas a iluminar la ruta dolorosa de la humanidad? ¿Es el Estado es que escribe los libros, el que crea las obras de arte? ¿Es él quien favorece los descubrimientos geniales, quien suscita las iniciativas fecundas, quien lanza el pensamiento por nuevos derroteros, quien rompe las barreras que nos separan del porvenir, quien remueve las montañas y amplía los horizontes?</p>
<p>¡Ay! No. El Estado no puede más que mantener en las masas la ignorancia profunda, porque sabe que es el mejor medio de sujetarlas, de expoliarlas y de domesticarlas.</p>
<p>Véis bien, por consiguiente, que el Estado no presta ningún servicio.</p>
<p>¡Sí! Presta uno. Pero no a vosotros, no a mí, no a nosotros, no a los que trabajan, no a los que sufren. Presta un servicio -y señalado, importante, indispensable-, pero a la clase burguesa: la defiende, defiende sus privilegios, enseña los dientes a cualquiera que se acerque a la caja de caudales, salva la caja siempre que es amenazada; no tiene, por decirlo así, más que un papel, uno solo: el de gendarme. Lo demás no es más que milagro y prestidigitación.</p>
<p>Y, anteriormente, camaradas, he claramente definido y precisado -lo espero, al menos- la función del Estado, y es preciso preguntarse por qué juego de manos el gobierno, el Estado llega a disimular su verdadero rol a los ojos de la muchedumbre, rol que, si fuese conocido, sublevaría de indignación a la masa obrera.</p>
<p>Como todas obras malas, como todas las instituciones del crimen, el Estado se refugia en el misterio.</p>
<p>Para simular sus manejos criminales, tiene necesidad de obrar en la sombra, lleno de engaños y de trampas; a la sombra del dogma, del no sé qué, religioso o laico, que se opone a todo control y a toda discusión.</p>
<p>¿Cuál es el dogma sobre el que, en el presente, se apoya el Estado? Este dogma, y lo conocéis. Se dice que reside en nosotros, en vosotros y en mí, en mí y en vosotros: es el dogma de la soberanía del pueblo.</p>
<p>¡La soberanía del pueblo! Palabras cabalísticas que gargarizan de buena gana las gargantas republicanas y democráticas sobre los mil y mil tablados donde es corriente hacer oír el verbo democrático y republicano y ver agitarse los titiriteros de la política.</p>
<p>El discurso -iba a decir la charlatanería- es siempre el mismo. Todos los comediantes de la política dicen: </p>
<p>»Pueblo, no escuches a los Sebastián Faure de tu tiempo ni a sus amigos. Ellos te dicen que no eres libre, que sufres una dictadura.</p>
<p>¡Impostura y mentira! Pueblo, eres libre, porque eres soberano. Es una verdad tan evidente que no es necesario establecer la demostración, es una de esas verdades tan palpables que sería inútil insistir sobre ella: tú eres libre porque eres soberano. Sin duda, hay duda no puedes ejercer directamente esta soberanía. Pero es porque hay una imposibilidad material que, en la práctica, nos aleja de lo que sería el ideal; el ideal sería que el pueblo estuviese perfectamente reunido, discutiendo o considerando las condiciones de su existencia, haciendo oír su opinión, expresando su sentimiento y haciendo prevalecer su voluntad sobre todos los problemas que atormentan o apasionan a la humanidad en marcha hacia el porvenir. Esto sería el ideal, un ideal hermoso, pero tú sabes bien, pueblo, que es imposible. ¿Cómo se obtendría el trabajo, la producción necesaria a las necesidades de la vida? ¿Cómo se realizaría la producción y ejecutaría el trabajo, si la población tuviese que preocuparse de estudiar primero, y luego de discutir y solucionar los problemas que, por millares, conciernen al bienestar público? Tú ves, pueblo, que si posees la soberanía, no te es posible ejercerla directamente. Pero serénate: nuestra fraternal y democrática constitución lo ha previsto todo; lo ha regulado todo; ha dividido  el país en circunscripciones electorales, basadas en las divisiones administrativas, en la superficie y en la cifra de la población.</p>
<p>»Ciudadanos, reuníos en vuestros colegios electorales; estudiad juntos el programa sobre el que podáis poneros de acuerdo; estableced el pliego de vuestras reivindicaciones comunes; después, cuando hayáis hecho este trabajo, elegiréis entre vosotros los mejores, los más honrados, los más competentes, aquellos en quien tengáis más confianza y los encargáis de vuestros intereses; ellos pensarán, trabajarán, hablarán, decidirán por vosotros; y en todas las asambleas: comunales, departamentales, nacionales, por su intermedio, vuestra voluntad se afirmará; de suerte que, teniendo representantes en todas partes, eres tú en realidad, ¡oh, pueblo! el que, por la intervención de tus delegados, administras la comuna, el distrito y la nación.</p>
<p>»Sin duda, el parlamento dictará la ley y vosotros, trabajadores, estaréis en la obligación de inclinaros ante ella, de conformaros a sus mandatos, a las decisiones del legislador.</p>
<p>Pero pensad que ese legislador es vuestro delegado, vuestro representante; pensad que la ley no será más que la expresión de vuestra voluntad y de vuestra aspiración, o lo que es lo mismo, que sois vosotros mismos quienes hacéis la ley y, cuando se obedece uno a sí, es como si no obedeciese a nadie. Veis perfectamente que sois libres, todo lo que puede haber de más libres, puesto que sois soberanos. Y en fin, si acontece que, por casualidad, vuestra elección fue desgraciada, que vuestro mandatario desconoce vuestras intenciones, traiciona vuestras promesas, tendréis siempre el derecho de renovarlo y de elegir a otro que sea más digno. Veis que, al fin de cuentas, ciudadanos, es siempre a vosotros, nada más que a vosotros, a quien pertenece la última palabra. Antes soportabais el Poder, hoy lo ejercéis vosotros. En la edad media, el poder descendía del cielo, hoy sube de la tierra. En tiempos en que la religión era omnipotente, llenaba de tinieblas los cerebros y obscurecía las conciencias; los gobernantes eran aquí abajo los representantes de Dios; hoy los gobernantes son los representantes del pueblo. En la aristocracia, el Estado estaba en manos de una casta privilegiada; hoy, en la democracia, el Estado está en manos del pueblo. En la monarquía, el Estado era personal, revestía un carácter de autoridad absoluta; un monarca dijo: “¡El Estado soy yo!”; hoy el Estado está en vosotros, está en mí, está en todo el mundo.</p>
<p>“¿Soberano? Sí, pueblo, tú lo eres, puesto que en realidad tú haces y deshaces los soberanos”.</p>
<p>“¡A las urnas, ciudadanos! ¡Votad! ¡Nada de abstenciones! No sólo el votar es un derecho imprescriptible sino que es un sagrado deber. ¡A las urnas, a las urnas!”.</p>
<p>Este discurso lo hemos oído todos. Y los hombres de mi generación lo oyeron centenares y centenares de veces. Es siempre el mismo. Y, cosa increíble, el elector ingenuo, crédulo, confiado, se deja siempre atrapar. Cree de un modo tan inverosímil, que nos preguntamos cómo puede existir todavía un animal tan milagroso, tan incomprensible, tan inexplicable como el elector.</p>
<p>¿Cuál es el artista que podrá, con la riqueza de colorido necesario y el lujo de detalles suficiente esbozar el retrato de ese ser problemático, fantástico, extraordinario, incomparable, milagroso que se llama un elector?</p>
<p>Un caso más. (Reconoceréis que no tengo el hábito de abusar): Yo sé que la cita hace pesado el discurso, y es por eso que evito todo lo que me sea posible recurrir a ella. Pero no me resisto al deseo de leeros esta página de Octavio Mirbeau, que se expresa mejor de lo que yo sabría hacerlo. Escuchad:</p>
<p>»Una cosa me asombra prodigiosamente -me atrevería a decir que me deja estupefacto- y es que en el momento científico en que escribo, después de las innumerables experiencias, después del escándalo diario, pueda existir todavía en nuestra querida Francia (como dicen en la Comisión de Presupuesto) un elector, un solo elector, ese animal irracional, inorgánico, alucinado, que consienta en desarreglar sus asuntos, sus sueños o sus placeres, para votar en favor de alguno o de alguna cosa. Cuando se reflexione un solo instante, este sorprendente fenómeno ¿no es propio para derrotar las filosofías más sutiles y confundir la razón? ¿Dónde estará el Balzac que nos dé la fisiología de elector moderno? ¿Y el Charcot que nos explique la anatomía y la mentalidad de ese incurable demente? Los esperamos. Comprendo que un estafador encuentre siempre accionistas, la censura de los defensores, la Opera-cómica de los dilettantis; comprendo a Mr. Chantavoine obstinándose en encontrar rimas; lo comprendo todo. Pero que un diputado, un senador encuentre un elector, es decir, el mártir improbable, que los alimente con su pan, que los vista con su lana, que los engorde con su carne, que los enriquezca con su dinero, y no tenga más perspectiva que la de recibir, a cambio de esas prodigalidades, garrotazos en la nuca, puntapiés en salva sea la parte, cuando no balazos en el pecho, verdaderamente, eso sobre pasa las nociones ya tan pesimistas que me había formado hasta ahora de la tontería humana.</p>
<p>»Se entiende que hablo aquí del elector convencido, del elector teórico, del que se imagina, ¡pobre diablo! cumplir una obligación de ciudadano libre, desplegar en soberanía, expresar sus opiniones, imponer -¡oh, locura admirable y desconcertante!- programas políticos y reivindicaciones sociales, y no del que “conoce el paño” y que se burla de su soberanía.</p>
<p>»Hablo de los serios, de los austeros, de los del pueblo soberano, de los que dicen: “¡Yo soy elector! Nada se hace sin mí. Soy la base de la sociedad moderna”. ¿Cómo existe todavía esa ralea? ¿Cómo, por testarudos, por orgullosos, por paradojales que sean, no se desalentaron y avergonzaron de su obra en tanto tiempo? ¿Cómo es posible que se encuentre en alguna parte, aún en el fondo de las landas perdidas de la Bretaña, o en las inaccesibles cavernas de Cevennes y de los Pirineos, un filisteo tan estúpido, tan irrazonable, tan ciego a lo que se ve, tan sordo a lo que se dice, para votar por los azules, los blancos o los rojos, sin que nada le obligue, sin que se le pague o sin que se le emborrache? ¿A qué sentimiento extravagante, a que misteriosa sugestión puede obedecer ese bípedo pensante, dotado de una voluntad, según se pretende, que marcha altivo y recto, seguro de que cumple un deber, a depositar en una caja electoral cualquiera una boleta cualquiera, poco importa el nombre en ella escrito?&#8230; ¿Qué es lo que pensará, en su interior, que justifique, o que explique simplemente su extravagancia? ¿Qué es lo que espera? Porque, en fin, para consentir en darse amos ávidos que le pegan y le acogotan es preciso que se diga o que se espere algo extraordinario que nosotros no suponemos. Es preciso que, por poderosas desviaciones cerebrales, la idea de diputado corresponda en él a las ideas de ciencia, de justicia, de desinterés, de trabajo y de probidad. Y es esto de lo que verdaderamente espanta. Nada le sirve de lección, ni las cometidas más burlescas ni las más siniestras tragedias.</p>
<p>“¿Qué le importa que sea Pedro o Juan el que le pida el dinero y el que le exija la vida, puesto que está obligado a despojarse del uno y a dar la otra? ¡Y bien, no! Entre estos ladrones y estos verdugos, él tiene preferencia, vota por los más rapaces y los más feroces Votó ayer, votará mañana y votará siempre Los carneros van al matadero No se dicen nada y no esperan nada. Pero, al menos, no votan por el carnicero que habrá de matarlos, ni por el burgués que habrá de comerlos. Más carnero que las bestias, más carneros que los carneros, el elector nombra su carnicero y escoge su burgués. Hicieron falta muchas revoluciones para conquistar este derecho”.</p>
<p>Cuantas más promesas haga el candidato, más probabilidad hay de obtener un mandato: los hombres están hechos de tal modo que, cuanto más se les prometa, más confianza tienen. Todo candidato promete. Lleva sus manos al corazón, eleva los ojos al cielo, como si así quisiera atestiguar la sinceridad de sus convicciones, declarara que está pronto a sacrificarse por el bien público y que, en ese fin, no retrocederá ante ningún esfuerzo. ¡Y llega el día!</p>
<p>Este consiste en despojar al ciudadano de su soberanía, simulando conservársela. En engaño consiste en suprimir la soberanía que está en lo bajo, en principio, para instalarla en lo alto, de hecho.</p>
<p>Luego, el parlamento es elegido. ¿De qué elementos se compone? ¿Qué hace? ¿Cómo funciona? ¿Qué puede esperarse de él?</p>
<p>Toda la acción parlamentaria, camaradas, la he resumida en cuatro palabras: Absurdidad, Hipocresía, Corrupción y Nocividad.</p>
<p>Primero absurdidad. Hablemos… Vivimos en una sociedad en que todos los intereses están en conflicto. Esto salta a la vista. Los intereses del patrón y del obrero son contradictorios; el interés de los gobernantes está en oposición con el de los gobernados; el interés del propietario está en conflicto con el del inquilino; el interés de los comerciantes es inconciliable con el de los  consumidores. Uno tiene el deseo de vender lo más caro posible; el otro, de comprar lo más barato que pueda. Lo mismo sucede con patrones y obreros propietarios e inquilinos. Todos los intereses están en conflicto.</p>
<p>¿No es absurdo suponer que un hombre, el mismo hombre pueda representar completamente solo, intereses tan contradictorios?</p>
<p>Helo ahí, en el Parlamento, llamado a pronunciarse sobre una cuestión en la cual están empeñados, del modo más serio, por ejemplo, los intereses de los patrones y de los obreros, de los inquilinos y de los propietarios Representa a la vez a unos y a otros. Estará, entonces, obligado a favorecer a unos en detrimentos de los otros, fatalmente. Y sin embargo, fue elegido por un colegio electoral determinado, que comprendía 10.000 ó 100.000 electores, según el modo de sufragio -no es esto lo que discuto, pues son tan malos unos como otros-. Ese elegido representa a la vez los intereses más contradictorios. Es absurdo confiar al mismo individuo intereses que chocan, que se repelen. Por lo demás, aunque esos intereses fuesen armónicos, el número de los electores es demasiado considerable para que puedan ponerse de acuerdo sobre los múltiples aspectos de un programa de conjunto. Lo sabemos perfectamente; en cuanto somos solamente ocho o diez discutiendo sobre varios puntos, basta agitar ciertas cuestiones para que inmediatamente nos apasionemos en la discusión y cesemos de estar de acuerdo. ¿Cómo queréis que millares y millares de individuos, que tienen mentalidad diferente y a menudo opuesta, que no pertenecen a la misma clase ni tienen la misma cultura intelectual, ni viven en el mismo medio, cómo queréis que esos hombres, ruta dolorosa de la humanidad? ¿Es él quien favorece aun cuando sus intereses no estén en oposición, puedan entenderse, ponerse de acuerdo? Y, por consiguiente, ¿cómo queréis que un individuo, refleje en él la totalidad de esas mentalidades, de esas aspiraciones, de esas culturas intelectuales, de esos medios diversos? Es imposible.</p>
<p>Voy más lejos. Aún en el caso de que los electores se concertaran casi sobre todos los puntos, las cuestiones que el legislador tiene que estudiar, debatir y resolver, son demasiado numerosas, pertenecen a una porción de dominios diversos, para que pueda, a satisfacción de todos, llevar a cada una de esas cuestiones una solución adecuada.</p>
<p>Y además, es un contrato el que se establece entre el elegido y el elector, y un contrato de cuatro años. ¡Cuántos acontecimientos en el curso de cuatro años, pueden presentarse y modificar sensiblemente la manera de pensar de cada uno! Puede acontecer que en 1912 nosotros estemos de acuerdo sobre tal o cual punto. Pero en 1916 ¿continuaremos de acuerdo, cuando sucesos de la más alta importancia se produjeron en la vida social y han introducido en nuestra vida particular elementos nuevos, inesperados: la guerra? Y sin embargo, es el único individuo nombrado en tiempo de paz para determinadas tareas -nadie había previsto que dos años más tarde se encontraría frente a una situación excepcional-, es el mismo hombre el que continúa siendo nuestro representante durante la guerra, lo mismo que durante la paz.</p>
<p>¡Es insensato! Hablo de la guerra porque es un gran acontecimiento que domina en este momento la situación. Pero, en cuatro años, hay casi siempre algún suceso más o menos grave que transforma o subvierte la situación, no en el pensamiento, sino en los hechos. Y entonces es una locura encargarse de esos intereses variables, durante cuatro años, a un hombre.</p>
<p>Y además, se ha tenido el hábito de decir que, para la solución de problemas complejos, delicados, que conciernen al interés público, hacen falta hombres competentes y que en la masa, hay pocas personas que tengan esa cualidad. La masa es ignorante, ineducada, obra por instinto, no piensa, por decirlo así, por su cuenta. Pero es a esa multitud, que acusáis de ignorante, a la que negáis totalmente lucidez, a la que exigís el acto que necesita, quizás, más delicadeza, previsión y psicología el de elegir a uno entre varios, el de fijar su elección y decir: es este el que tiene más inteligencia, más convicciones, el que defenderá mejor mis intereses. ¿Cómo no os apercibís de esta contradicción? De una parte se dice: la masa es torpe, estúpida, ignorante, y de otra parte se le exige a esa misma masa la acción que necesita más conciencia más inteligencia y más psicología. Esto es absurdo.</p>
<p>Otro argumento que traigo de los que os presento bajo el título de la absurdidad del régimen representativo, es la imposibilidad en que se encuentra el legislador de ponerse al corriente de todas las cuestiones sobre las que es preciso pronunciarse. Sería preciso que fuese omnisciente. Y la omnisciencia es a la vez, para el legislador, indispensable e imposible.</p>
<p>Indispensable porque es preciso que el legislador sea a la vez marino para pronunciarse sobre las cosas concernientes a la marina, guerrero para votar las cosas de la guerra, financista cuando se trata el presupuesto -mecanismo complicado y delicado-, administrador para opinar sobre cuestiones administrativas, educador, diplomático, ingeniero; en una palabra, que tenga todos los conocimientos.</p>
<p>Imposible porque, en la hora que vivimos, el campo científico se ha hecho tan vasto que, para brillar en un solo punto, es indispensable que un hombre inteligente y estudioso consagre toda su vida a especializarse; no es sino tras largos y tenaces estudios, después de haber adquirido una experiencia indiscutible, que un hombre, sobre un punto determinado puede hacerse competente o superior; ¡y se pide al legislador que sea competente y superior en todo! ¡Es preciso que sea marino, guerrero, financista, administrador, diplomático, ingeniero, educador, todo! Pero vivimos en una época en que eso es imposible. ¡No estamos ya en los tiempos de Pico de la Mirándola! No hay un hombre capaz de disertar sobre todas las cosas. Cuando un hombre es competente sobre uno o dos puntos, ya es mucho. Es demasiado pedirle, el pedirle una competencia universal. Por consiguiente, la omnisciencia será necesaria, pero es imposible y es absurdo pedir que alguien la posea.</p>
<p>He ahí, camaradas, un cierto número de argumentos que tenía que presentaros sobre la primera parte: la absurdidez de la representación parlamentaria.</p>
<p>Pasemos a su impotencia. ¿Quienes son los que componen el parlamento? ¿De qué elementos son constituidas las asambleas parlamentarias? No os haré la injuria de pensar que creéis en la superioridad de los elegidos y de los que se sientan en las asambleas parlamentarias. Tampoco creéis que representan lo que hay en Francia de más glorioso en las artes, de más ilustre en las ciencias, de más profundo en la filosofía, de más competente en todas las materias, de más honrado en las finanzas. Lanzad una mirada a la Cámara y al Senado. Veréis sin duda, lo reconozco, algunos hombres de valor real, ¡muy pocos!, porque el hombre de un valor real se aleja de la política, la considera como algo inferior a su superioridad, creería caer y mancharse si descendiese hasta esa farsa, hasta las mentiras, hasta las vulgaridades que exige la batalla electoral. El hombre verdaderamente superior permanece siendo lo que es, al margen de la política, unido a su ideal. No se rebaja hasta el pantano de la política.</p>
<p>Pasad revista a nuestros parlamentarios. Encontraréis médicos sin clientela, abogados sin pleitos, a menos que no sean abogados de comerciantes dudosos, de financistas que no están nunca lejos del correccional, o que estén en el Parlamento como representantes de la alta Banca; un haz de mediocridades y de incompetencias que, unidas, forman un conjunto más formidable todavía de incompetencias y de nulidades.</p>
<p>Montesquieu ha dicho con razón: “Tomad, hombres inteligentes, ponedlos juntos, reunidos; y, por un fenómeno singular, inexplicable, esos hombres inteligentes se convertirán en brutos o imbéciles tan luego como estén agrupados, reunidos en asamblea”.</p>
<p>No soy yo quien lo digo; es Montesquieu el que ha hecho esa observación profunda y exacta.</p>
<p>Pero aunque las asambleas estuvieran pobladas de hombres que se recomendaran por sus méritos personales, por los brillantes servicios prestados, por la integridad de su conciencia, por la firmeza de sus convicciones, por todo un pasado meritorio, ¿qué podrían hacer?</p>
<p>El parlamentarismo es la impotencia. Es como una especie de lago rodeado de montañas. Pueden producirse sobre ese lago algunas tempestades, una cierta agitación, pero esa agitación no pasa de los límites del lago, sujetado, aprisionado en las montañas que lo dominan. En el Parlamenta, las violentas cóleras, las exasperaciones, los juramentos solemnes, las promesas sagradas no son nunca otra cosa que pequeñas tempestades, agitaciones de superficie sin repercusión en las profundidades; la calma, pasada la agitación se restablece inmediatamente y no deja señal alguna. ¡Impotencia, sí! Aunque estos hombres hicieran reformas ¿serían atribuibles al Parlamento mismo? Si lo creéis así, os engañáis. Nunca vienen de lo alto esas reformas. No es el que come copiosamente el que piensa en mejorar la existencia del que vive de las sobras. No es el que habita en departamentos lujosos el que se preocupa de introducir alguna comodidad, alguna higiene, alguna limpieza, en el zaquizamí miserable. No es el que no trabaja el que puede darse cuenta de las condiciones deplorables en que la clase obrera desarrolla su labor. No es el ocioso el que intentará mejorar las condiciones del trabajo, ni disminuir la jornada y aumentar las horas de holgura. Es siempre de abajo de donde vienen las ideas de reformas. En el crisol del sufrimiento humano, donde se elabora el deseo de mejoramiento. Son aquellos que sufren en carnes propias, aquellos sobre los que pesa el yugo, los que están sometidos a las humillaciones, los que conocen la angustia, las incertidumbres del mañana; son los que preocupados, atormentados, acosados por el porvenir,  se comunican poco a poco sus ideas, cambian sus impresiones entre unos cuantos al principio; después, insensiblemente, la idea nueva abre su camino. Y no es sino después de haberse hecho poderosa, irresistible, que un partido político se apodera de ella y la presenta como originaria de él mismo. Se encuentra siempre un partido que se hace campeón del éxito de tal o cual reforma y que, a fuerza de insistir, acaba por hacerla triunfar. Pero cuando triunfa es que está sostenida por una masa tan poderosa y cuyo esfuerzo se hizo tan irresistible que sería peligroso no registrarla en la ley. Las reformas, lo veis bien, no vienen de arriba; vienen siempre de abajo. No es preciso contar con el parlamentarismo para realizarlas, sino solamente para registrarlas.</p>
<p>Si quisiéramos profundizar el problema veríais que las reformas son, por otra parte, ineficaces, dado el medio social. No son nunca positivas ni fecundas.</p>
<p>Las reformas no reforman. ¡Se ha reformado bastante! Hubo centenares, millares, decenas de millares de reformas introducidas en la legislación. Pero abrid los ojos. ¿Veis que haya cambiado algo? Se habló mucho, los electores se dejaron embaucar. Pero, en realidad, las reformas no han reformado nada, los pretendidos mejoramientos no han mejorado nada.</p>
<p>Para acabar, en lo que concierne a la impotencia del régimen representativo, se me ocurre la idea de contaros una pequeña historia, una especie de parábola o de apólogo, que traerá a esta discusión, un poco seria, una nota ligera, agradable y humorística. </p>
<p>He visto, hace una veintena de años, en la campiña, a los niños que tenían el hábito de ir casi todos los días al bosque vecino. El bosque estaba plagado de pájaros, y de rumores. De cuando en cuando, un ruido de hojas, una carrera rápida sobre el tronco de un árbol, sobre una rama, y se veía aparecer repentinamente uno de esos pequeños cuadrúpedos que conocéis bien: una ardilla ligera, ejecutando grandes esfuerzos, saltos peligrosos y acrobacias incomparables. Los niños tuvieron la idea de capturar uno de estos animalitos. Llegaron y se trajeron una ardilla con ellos. Un viejo aldeano les dijo: </p>
<p>–	Yo conozco eso, he tenido uno hace años; un día desapareció; la jaula no estaba probablemente bien cerrada y se fue.</p>
<p>–	Préstenos, entonces, su jaula, ¿quiere?</p>
<p>–	Con mucho gusto, niños. Hace tiempo que no está habitada y se contentará de tener un inquilino.</p>
<p>Y los niños pusieron la ardilla en la jaula. Vosotros la conocéis, es de esas jaulas cilíndricas. Y he aquí que la ardilla, teniendo necesidad de movimiento, se pudo a dar vueltas alrededor. Los muchachos estaban maravillados y encontraban eso soberbio. Pero, después de cuatro o cinco días, acabaron por constatar que el espectáculo no era muy variado y se imaginaron que la ardilla se burlaba de ellos. ¡Era tan hermosa, cuando estaba en el bosque, saltando de rama en rama! Los muchachos dieron libertad al cautivo.</p>
<p>Volvieron al bosque y capturaron una segunda ardilla. La pusieron en la misma jaula, donde dio vueltas y se burlo de ellos como la primera, de suerte que, al fin de algunos días, los muchachos pusieron en libertad a este segundo cautivo. Volvieron al bosque y cogieron otra. Pero, después de cuatro o cinco experiencias de este género, acabaron por comprender que la ardilla no teniendo libertad en sus movimientos, estaba condenada a dar vueltas en la jaula.</p>
<p>Camaradas, esta historia es la del elector -muchacho- y el candidato -la ardilla-.</p>
<p>Durante los meses que preceden al escrutinio, el candidato salta de rama en rama, ejecutando maravillosas piruetas; y el niño, el lector, deslumbrado por sus tours de force se dijo: “¡Si pudiese cogerlo! ¡Si pudiese echarle mano! ¡Qué contento me pondría!”.</p>
<p>No cuesta mucho trabajo, cuando se es elector, el apoderarse de su candidato. El candidato no quiere más que eso Se le envía al Palais-Bourbon, que es su jaula Y allí, este hombre que dejaba estupefacto al pueblo -niño-, por su actividad, por su gracia, por su sutileza, por su agilidad, no hace nada. Una vez en la jaula se vuelve impotente.</p>
<p>Al fin de cuatro años, el muchacho se dice: ¡Oh, este se burla de mí! Voy a buscar otro que no me haga el mismo juego. Vuelve al bosque. Desgraciadamente, el segundo le hace la misma jugada que el primero. Hace, camaradas, cincuenta años que el candidato hace al elector idénticas malas jugadas. Y sin embargo, el elector no está convencido todavía. Continúa cada cuatro años, cambiando la ardilla y poniéndola en la misma jaula. Creed que tenemos derecho a decirle: ¡Pero, desdichado, no es la ardilla la que es preciso cambiar; hay que romper la jaula!</p>
<p>Decir que el régimen representativo es un régimen de corrupción es ya una banalidad y me imagino que no es necesario entrar sobre este punto, en un desarrollo considerable. Sería, creó yo, superfluo. Sabéis todos que las tareas políticas son unas tareas sucias, que los medios políticos están corrompidos, y por excelencia, el Parlamento, porque es en el Parlamento donde se encuentran todos los apetitos, todas las codicias, todas las rivalidades, todas las ambiciones, y por lo mismo, no se pueden realizar en él más que trabajos sucios, y los que toman parte en ellos no pueden ser más que sucios también.</p>
<p>He visto de cerca estas cosas y mi larga experiencia me ha enseñado que en la política -hablo de la política que se estila en el Parlamento, de la política práctica y no de la política como ciencia-, no hay más que dos ideas: la primera es que, cuando se es minoría debe intentarse todo para llegar a ser mayoría; la segunda es que cuando se ha llegado a ser mayoría y gobierno, se debe recurrir a todos los medios posibles para seguir siendo gobierno y mayoría.</p>
<p>No creáis que esto sea un hallazgo de mi imaginación proficua. No. Es una observación basada en la experiencia. No quiero remontarme mucho en la historia. Pero, examinemos, si queréis, los cincuenta años que nos separan de la proclamación de la tercera República.</p>
<p>Al principio es la República de los Thiers, de los Mac-Mahon, la República conservadora de quien Thiers decía: “La República será conservadora o no será nada”. Pero había una minoría, convertida más tarde, con los 363, en mayoría, cuando Gambetta y sus amigos, los oportunistas de entonces, se esparcieron por el país, fueron a todas las regiones a sublevar en favor de la democracia y de la idea republicana, las masas campesinas y urbanas. Cuando volvieron como mayoría a la Cámara, conquistaron el poder, y, después de haber sido, durante cinco años, minoría y oposición, se hicieron a su vez mayoría y gobierno. En esta forma se mantuvieron todo el tiempo que les fue imposible.</p>
<p>Pero, durante este tiempo, había otra minoría republicana con Brisson, Floquet, Goblet, Clemenceau, Pelletan: ¡Menciono a los mejores! Esta minoría marchaba al asalto del poder. Permanecieron durante dieciocho años como minoría en la oposición. Un día, estos opositores se apoderaron del poder; derribaron a los oportunistas, de los cuales se estaba cansado, pues prometían siempre y no cumplían nunca. A su vez, la minoría radical se hizo mayoría y gobierno.</p>
<p>Pero había otro partido, aún, el radical-socialista. No se sabe exactamente si es más bien radical que socialista o más bien socialista que radical. Lo cierto que se intitulaba radical-socialista. Y este partido, entonces minoría y oposición quería, también él, apoderarse del Poder. Se han visto misterios en donde estaban representadas las ideas radicales, las ideas radicales-socialistas y aun las ideas socialistas, en dosis casi proporcionales. Coaliciones, nacidas de las ambiciones y los apetitos, sostenidas por las intrigas financieras, apoyadas en turbias combinaciones de negocios y de política, cuyo fin verdadero es gobernar. Ya veis que tengo razón al decir que en la política no hay más que dos ideas: cuando no se es nada, tratar de serlo todo; cuando se es todo, tratar de conservar la situación. </p>
<p>Tal sistema no es hecho para educar el pensamiento, fortificar, esclarecer las conciencias, ni para afirmar los corazones en la solidez de los principios. Tales procedimientos son forzosamente corruptores. Y ¿cómo queréis que estos hombres, constantemente mezclados con los deshonestos, escapen a la corrupción? Es imposible. ¡No hablo ni de los escándalos que estallan y hacen ruido, ni de los escándalos más numerosos aun que se ahogan! Todo esto es cosa sabida, archisabida.</p>
<p>Además, hay una certidumbre científica: que el hombre se adapta al medio en que vive. Y desde el momento que el medio es un medio político en que se hacen concesiones recíprocas, en que se prestan servicios unos a otros, en que nadie se preocupa más que de su interés, al adaptarse a ese medio ¿dónde queda el interés del país? He conocido hombres convencidos, cuya conciencia era recta, cuyo pensamiento era elevado, cuyo espíritu era generoso, cuyo corazón era sensible; los he visto entrar en la política, penetrar en el Parlamento. ¿Qué fue de ellos? Hablo de los que entraron llenos de entusiasmo, con el deseo de hacer bien y que fueron obligados a constatar que si en el Parlamento se es impotente para el bien, en cambio, se es omnipotente para el mal. Unos se retiraron, descorazonados; otros cedieron, y, una vez en la pendiente, llegaron hasta el fin. Creían que se preservarían del contagio, pero el contagio fue más fuerte que ellos y los arrastró. La mayoría de los parlamentarios están corrompidos de antemano. Aquellos no tienen necesidad de esperar para corromperse; aportan una corrupción más, la que lleva consigo.</p>
<p>Me recuerdo ahora de un caso particular que os voy a relatar, ya que se me ha ocurrido la idea. Eso os hará reír un poco.</p>
<p>Era en 1901. Yo había ido a Lyon a dar conferencias. Un diario socialista Le Peuple, acababa de aparecer. Los amigos me dijeron: “Es preciso fundar un periódico; fundémoslo contigo que eres conocido en la región”. Acepté y fundamos Le Quotidien.</p>
<p>Siete u ocho meses después, si no muy holgadamente, se mantenía y en región de Rhone, de Loire, de Isere, del Saone et-Loire, es decir en los cinco departamentos limítrofes, estaba bastante difundido.</p>
<p>Teníamos en todas partes corresponsales, sobre todo en la Loire, en esa región industrial que va de Rivede Gier a Firminy, por St-Chamond, La Ricamarie y el Chambon.</p>
<p>Un día, leía los periódicos de la región y de París, cuando llamaron a la puerta y entró uno de mis buenos amigos, que venía de París, el cual me dijo:</p>
<p>–	Me alegro de verte.</p>
<p>–	¿En que puedo servirle?</p>
<p>–	¿Usted sabe lo qué vengo a hacer aquí?</p>
<p>–	¿Qué es ello?</p>
<p>–	Vengo a presentar mi candidatura en Loire.</p>
<p>–	¿Sí…?</p>
<p>–	No estoy todavía seguro, pero he sido designado; soy secretario general del Partido socialista y conozco a fondo, por consiguiente, todo el mapa electoral de Francia; he puesto los ojos en la segunda circunscripción de Saint-Etiene y estoy seguro de ser elegido; vengo simplemente a sondear un poco el terreno y a crearme algunas amistades. ¿Sabe lo que usted mismo debiera hacer?</p>
<p>–	No.</p>
<p>–	Pues bien; hay cerca, en Rive de Gier, una circunscripción aprovechable, y si usted quiere ser candidato, estoy seguro del éxito. No tendrá necesidad de molestarse: yo haré la campaña como si fuese para mí.</p>
<p>Y entonces me miró y me dijo:</p>
<p>–	¡Oh, Sebastián, dos hombres como usted y yo en la Cámara; yo estratega mañoso y hábil; usted orador lleno de fuego, impetuoso; eso sería soberbio, eso sería la Revolución en la Cámara!&#8230;</p>
<p>¿Sabéis quien hablaba así? Vosotros lo habéis adivinado, seguramente: era Briand. Yo me imité a decirle, palmeándole familiarmente en la espalda:</p>
<p>–	Volveremos a hablar de esto dentro de un año; de aquí a seis meses, será usted, probablemente, diputado; si ello puede satisfacerle, le deseo el triunfo; pero no cuente conmigo para hacer el viaje; continuaremos la conversación dentro de un año.</p>
<p>El se asombró:</p>
<p>–	¿Qué quiere decir? ¿Es qué, por casualidad, cree que allá no seré lo que soy ahora? Hemos luchado juntos en circunstancias bastante peligrosas para que dude usted de la sinceridad de mis convicciones.</p>
<p>Yo respondí:</p>
<p>–	Tengo la certidumbre que dentro de seis meses será usted diputado y de que, dentro de un año, habrá cambiado de hombro el fusil.</p>
<p>Vosotros sabéis camaradas, que no me engañé. ¡Y cuantos he conocido así!</p>
<p>Pero, sigamos.</p>
<p>El régimen representativo, en fin, tiene un cuarto defecto: es nocivo, es decir, es perjudicial.</p>
<p>Desde el momento que es favorable a la clase capitalista se deduce que es dañino para la clase obrera.</p>
<p>La corrupción domina sobre todo a los trabajadores que, de tanto en tanto, figuran en la escena del Parlamento.</p>
<p>Un burgués vive allí como el pez en el agua. Está en su medio. Tiene el hábito del mundo parlamentario. Su vida, por decirlo así, no ha cambiado. Sus intereses están quizás, mejor servidos. Antes era burgués, y burgués sigue siendo.</p>
<p>Pero el trabajador, el obrero al que un escrutinio favorable substrae de su trabajo, donde se esforzaba ocho, nueve y diez horas por día para ganar un salario de hambre; un hombre cuya situación es en tal modo subvertida, se ve claramente, ofrece a la corrupción un campo fértil, una especie de caldo de cultivo en que se desarrolla fácilmente el microbio de la podredumbre.</p>
<p>He ahí porqué es más peligroso para un trabajador el extraviarse en el Parlamento.</p>
<p>El burgués está corrompido ya, por anticipado; esto no lo cambia; no está sino un poco más podrido, un poco más corrompido; pero el obrero que conoció las angustias del mañana y que, perdiendo de golpe el contacto con sus camaradas de trabajo, entra bruscamente en el Parlamento, se hace six centiéme de roi.</p>
<p>Esto se hace para darle vuelta y trastornar las condiciones de su existencia.</p>
<p>No es extraordinario que sea transformado. ¡Espera conquistar, absorber el Poder, un día, en provecho de su clase y es el Poder el que lo absorbe a él!<br />
Es preciso, por otra parte, que el medio sea apropiado al fin y que el proletario no se contente con reformas que, digámoslo una vez más, no reforman nada, con mejoramientos que nada mejoran.</p>
<p>La clase obrera debe querer una revolución profunda, una transformación social integral.</p>
<p>La supresión del salario, la liberación del trabajo, no puede ser obra del Parlamento sino de la revolución.</p>
<p>Todas estas verdades son admitidas hoy por todos los socialistas convencidos, sinceros y esclarecidos.</p>
<p>Solamente, dicen, ¿por qué descuidar un medio que es quizás de alguna utilidad, a condición de que se sepa servir de él? ¿Por qué no conducir conjuntamente las dos acciones, la acción parlamentaria y la acción obrera, la batalla en lo alto y la batalla desde abajo? ¿Por qué privarnos voluntariamente de una de esas secciones? Eso es disminuir nuestra fuerza. Es reducir nuestro campo de batalla.</p>
<p>Los que hablan así, quiero creerlos sinceros, no ven claro. No se dan cuenta de la labor hecha por un lado y descuidada en el otro, de una actividad obrando en un sentido y de una actividad obrando en el sentido opuesto. El bien que, por excepción, se pueda obtener desde arriba es ampliamente sobrepasado por el malestar que se sufrirá abajo. No hay que creer que los esfuerzos gastados en lo alto y en lo bajo, en el dominio parlamentario, electoral, y en el dominio obrero popular, se combinen y se sumen. No se suman, sino que se restan. La operación no da una adición, sino una substracción. No son la misma cosa, son cosas exactamente opuestas.</p>
<p>Y además, ¿no sentís el peligro que tiene el decir al pueblo, al mundo obrero, que su deber es depositar una vez cada cuatro años, un minuto cada quince mil horas, piadosamente, tranquilamente, sin esfuerzo y sin riesgo, una boleta en la urna del sufragio? La batalla exige algo más que ese gesto periódico. Exige una actividad constante. Todos los socialistas creen llegar más pronto al fin propuesto atacando al mundo burgués desde arriba y desde abajo, introduciéndose en las asambleas para decir, desde lo alto de esa tribuna magnífica, su doctrina y sus esperanzas. Así creen llegar más pronto. Suponen que los anarquistas son ideólogos, y no tienen más que sonrisas desdeñosas para lo que ellos llaman utopía libertaria.</p>
<p>A aquellos que pretenden inspirarse solamente en los hechos, les invito a consultar los hechos. Verán que los hechos desmienten sus afirmaciones. Hace al menos treinta años &#8211; desde 1890, podría decir cuarenta, pero quiero quedar más acá de la verdad-, que los socialistas toman parte de una manera activa, en las elecciones. ¿Cuántos hay desde entonces en el Palais-Bourbon? Son sesenta. Sin duda, fueron más; pero hoy son sesenta. No me importa saber si eran cien hace algunos años. Confirmo solamente que hace treinta años que los candidatos socialistas se presentan a las elecciones y se ocupan de acción parlamentaria y que, después de treinta años de lucha, son sesenta diputados. Esto es, por consiguiente, dos diputados por años. De suerte que, habiendo de conquistar la mayoría, es decir unos 300 diputados en el Palais-Bourbon y 150 senadores en el Luxemburgo, o sea 450 elegidos, serían necesarios 225 años para ello. ¡Si consideráis que eso es marchar rápido, yo estimo que es mentira! Si entre los sesenta diputados actualmente en el Parlamento hay talentos y lumbreras del partido -supongo que el partido socialista no envió a la Cámara a los menos elocuentes, a los menos talentosos, si no al contrario a los más elocuentes y a los más cultos-, les dijo: “Salid del Parlamento, clausurad sus puertas, arrojad vuestra dimisión a la cara de vuestros colegas, como un escupitajo”. Y después, cuando hayáis hecho esto, os esparciréis por el país, iréis a todos los lugares, a las ciudades y a las aldeas, con el bastón del peregrino, recorriendo los montes y los valles, no pidiendo nada a nadie, por lo cual tendréis razón para decir: “He aquí lo que podemos hacer juntos, no os pedimos mandato alguno, ni un asiento en el Palais-Bourbon, queremos permanecer con vosotros, es junto a vosotros que queremos combatir”. ¡Qué fuerza no os daría tal desinterés! Y de ese modo, estoy convencido de que no harían falta 225 años para apasionar a este país haciéndole oír la palabra revolucionaria. Si hubiese así 50 o 60 apóstoles recorriendo a Francia, inspirando el espíritu de la revuelta y animando con ese soplo el pensamiento del pueblo entero, en bien poco tiempo levantaríamos una fuerza revolucionaria que haría temblar y retroceder al Poder.</p>
<p>Es hora, camaradas de concluir.</p>
<p>La soberanía del pueblo es un engaño y una mentira; un juego de palabras, un gesto de prestidigitación. El parlamentarismo es un hogar de podredumbre. El parlamento es un régimen absurdo, impotente, corrompido y nocivo.</p>
<p>Parlamentarismo es un régimen absurdo, impotente, corrompido y nocivo.</p>
<p>La acción parlamentaria es un terreno excelente para la clase burguesa, pero un mal terreno, el peor, para la clase obrera.</p>
<p>Es preciso desertar de ella y permanecer resueltamente en el campo de la batalla revolucionaria.</p>
<p>Únicamente, los anarquistas luchan contra la sociedad capitalista de un modo constante, consciente y activo por el abstencionismo, que no consiste solamente en no servirse del arma irrisoria que la Constitución pone en nuestras manos: la papeleta del voto.</p>
<p>Su abstencionismo es consciente y activo. Los anarquistas tienen un cuerpo de doctrina y de métodos de acción que deben, creo yo, impresionar a los hombres de buen sentido, de convicción, de corazón y de voluntad independiente.</p>
<p>Únicamente, los anarquistas se abstienen, porque están convencidos de que la acción parlamentaria es nefasta y de que la lucha electoral es nociva; porque saben que la acción política es perniciosa.</p>
<p>En el dominio electoral se está obligado a hacer más o menos concesiones.</p>
<p>No se puede nunca decir lo que se piensa todo lo que se piensa; y los anarquistas desean permanecer independientes ante su pensamiento, ante su conciencia y reservarse la posibilidad de decir, sin rodeos, lo que piensan, todo lo que piensan, nada más que lo que piensan.</p>
<p>Los anarquistas se abstienen, porque no quieren participar en los crímenes gubernamentales, y porque saben que, cuando se acerca uno al poder, se hace cómplice, no implícita sino explícitamente, de todos los crímenes cometidos por los gobiernos.</p>
<p>Los anarquistas no quieren tener la menor participación en estos crímenes, y no quieren cargar sobre este punto, con ninguna responsabilidad.</p>
<p>Se abstienen, porque quieren permanecer en la muchedumbre, porque desean quedar en contacto permanente con la masa que trabaja brutalmente, que sufre, que soporta la autoridad y que está sublevada y exasperada.</p>
<p>Se abstienen, porque entienden, de ese modo, conservar intacto su derecho a la revuelta. Si votáis perdéis el derecho a la insurrección y desde entonces os inclináis por anticipado, es lógico, ante la ley del número, ante esa fuerza ciega y estúpida de la mayoría. Si me sirviese de la papeleta del voto, tendría la certidumbre de que pierdo mi derecho a la revuelta, pues acepto, de esa manera, la ley de la mayoría y exijo, implícitamente, que todo el mundo se incline ante ella.</p>
<p>Yo que no voto, tengo el derecho de decir: Venga de donde venga, cualesquiera que sean sus orígenes y sea quien sea el legislador, la ley no puede más que mantener y agravar la iniquidad. Aun cuando ella la disminuya en cierta medida, la iniquidad queda. Yo me rehúso a reconocer la ley, porque es la inepta aplicación de la fuerza ciega y estúpida del número, como si hubiese algo de común entre el número y el progreso, el derecho, la justicia y la humanidad. Quiero conservar mi derecho a la revuelta y he ahí, por qué me abstengo. Si los anarquistas se abstienen, es porque quieren permanecer fieles a su alta y pura filosofía.</p>
<p>Esta filosofía consiste en alejarse con tanto cuidado de la autoridad que se ejerce como de la que se sufre.</p>
<p>Consiste en mantener una guerra implacable a los que hacen la ley y a los que la soportan: a los unos, porque abusan de la autoridad, a los otros, porque se humillan ante ella.</p>
<p>El anarquista se distingue y se separa de todos, porque no quiere ser amo ni esclavo. No quiere inclinarse ante nadie, pero tampoco quiere que los otros se inclinen ante él.</p>
<p>No quiere ser esclavo y ejecutar órdenes extrañas; pero tampoco quiere ser amo ni ordenar a nadie.</p>
<p>Tiene horror a la autoridad que se le impone, como tendría horror a la autoridad que él impusiera a otro.</p>
<p>Admite esta fórmula maravillosa que inspirará probablemente, a la humanidad futura: “Ni amo, ni esclavo”.</p>
<p>Y para terminar, diré que, en el estado presente, ante la sociedad en que vivimos y que hemos de sufrir hasta que tengamos fuerzas para derribarla, haremos nuestra la frase lapidaria de uno de nuestros camaradas más ilustres, Elíseo Réclus: “Ante la iniquidad y en tanto que ella persista, los anarquistas están y permanecen en estado de insurrección permanente”.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[¿Qué es el Sionismo?...  No denuncio el judaísmo, sino el sionismo]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2009/03/23/%c2%bfque-es-el-sionismo-no-denuncio-el-judaismo-sino-el-sionismo/</link>
<pubDate>Mon, 23 Mar 2009 12:45:43 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
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<description><![CDATA[Por: María Linares Fuente: www.aporrea.org (05.02.09) Una doctrina política, nacionalista y colonial]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: María Linares<br />
Fuente: www.aporrea.org  (05.02.09)<!--more--></p>
<p>Una doctrina política, nacionalista y colonial, tales son las tres características que definen al sionismo tal y como triunfó en el Congreso de Basilea, en agosto de 1897. Desde 1896 sionismo se refiere al movimiento político fundado por Théodore Herzl. Es una doctrina nacionalista que no ha nacido del judaísmo sino del nacionalismo europeo del siglo XIX. Herzl, fundador del sionismo político, no apelaba a la religión: “No obedezco a un impulso religioso. (Herzl, 1958, Diaries).  </p>
<p>Por último, el sionismo es una doctrina colonial. A este respecto Herzl no oculta sus objetivos: como primera etapa, realizar una Compañía a la carta. Por ello se dirige a quien se había revelado como el maestro en este tipo de operaciones: el traficante colonial Cecil Rhodes, que, de su Compañía a la carta, supo hacer una África del Sur, dando a una de las regiones su propio nombre: Rhodesia. Herzl le escribió, el 11 de enero de 1902: “Le ruego que me envíe un texto en el que diga que ha examinado mi plan y que lo prueba. Si se pregunta por qué me dirijo a Vd., Sr. Rhodes, le diré que es porque mi programa es un plan colonial. (Herzl, Tagebuch. Vol. III, p. 105).  </p>
<p>En 1938 Albert Einstein condenó la orientación del sionismo expresando: “Sería más razonable alcanzar un acuerdo con los árabes sobre la base de una vida común pacífica que crear un Estado Judío. La conciencia que tengo de la naturaleza esencial del judaísmo tropieza con la idea de un Estado judío dotado de fronteras, con un ejército, y con un proyecto de poder temporal, por modesto que sea. Temo los perjuicios internos que el judaísmo sufrirá en razón del desarrollo en nuestras filas, de un nacionalismo estrecho. Nosotros no somos ya los judíos de la época de los Macabeos. Volver a ser una nación, en el sentido político del término, equivaldría a apartarse de la espiritualidad de nuestra comunidad que hemos recibido del genio de nuestros Profetas. (Rabbin Moshé Menuhin,The Decadente of judaism in our time, 1969).      </p>
<p>SIONISTAS CONTRA ASIMILACIONISTAS  </p>
<p>Cuando comenzó la guerra contra Hitler, la casi totalidad de las organizaciones judías se pusieron al lado de “los aliados” e incluso algunos de sus más destacados dirigentes, como Weizmann, tomaron posición a favor de los aliados, pero el grupo sionista alemán, que en aquella época era minoritario, adoptó una actitud contraria y de 1933 a 1941 estuvo vinculado a una política de compromiso  e incluso de colaboración con Hitler. Las autoridades nazis al principio, al mismo tiempo que perseguían a los judíos, arrojándoles, por ejemplo, de la función pública, dialogaban con los dirigentes sionistas alemanes y establecían un trato preferencial distinguiéndoles de los judíos [asimilacionistas] a quienes se les perseguía.  </p>
<p>Los dirigentes sionistas dieron pruebas, en la época del fascismo hitleriano y mussoliniano, de un comportamiento que iba del sabotaje de la lucha antifascista a la tentativa de colaboración. De esta coalición existen pruebas evidentes. La Federación Sionista de Alemania dirigía al Partido nazi el 21 de junio de 1933 un memorando en el que expresamente se declaraba:  </p>
<p>“En la fundación del Nuevo Estado, que ha proclamado el principio de la raza, deseamos adaptar nuestra comunidad a las nuevas estructuras nuestro reconocimiento de la nacionalidad judía nos permite establecer relaciones claras y sinceras con el pueblo alemán y sus realidades nacionales y raciales. Precisamente porque nosotros no queremos subestimar estos principios fundamentales, es por lo que también nos pronunciamos contra los matrimonios mixtos y a favor del mantenimiento de la pureza del grupo judío. Los judíos conscientes de su identidad, en el nombre de los cuales hablamos, pueden encontrar sitio en la estructura del Estado alemán, pues están libres del resentimiento que los judíos asimilados deben experimentar; creemos en la posibilidad de relaciones leales entre los judíos conscientes de su comunidad y el Estado alemán. Para alcanzar sus objetivos prácticos, el sionismo espera ser capaz de colaborar incluso con un gobierno fundamentalmente hostil a los judíos. La realización del sionismo no está molesta más que por el resentimiento de los judíos en el exterior, contra la orientación alemana actual. La propaganda para el boicot –actualmente dirigida contra Alemania- es por definición no sionista. (Dawidowicz, Lucy. A Holocaust reader).  </p>
<p>La organización sionista de los judíos alemanes tuvo una existencia legal hasta 1941. (Leibowitz, Israel y Judaísmo).  En compensación por su reconocimiento oficial como únicos representantes de la comunidad judía, los dirigentes sionistas se ofrecieron para romper el boicot que pretendían hacer todos los antifascistas del mundo. Así en 1933 iniciaron la colaboración económica y fueron creadas dos compañías: la Haavara Company en Tel-Aviv y la Paltreu en Berlín. El mecanismo operativo era el siguiente: un judío que deseará emigrar depositaba en el Wasserman Bank de Berlín o en el Warburg Bank de Hamburgo, una cantidad mínima de 1.000 libras esterlinas. Con esta suma los exportadores judíos podían comprar mercancías alemanas con destino a Palestina y pagaban el valor correspondiente en libras palestinas, en la cuenta de la Haavara, en la Banca Anglo-Palestina en Tel-Aviv. Algunos primeros ministros de Israel participaron en la empresa de la Haavara, concretamente Ben Gurion, Moshé Sharret (que entonces su apellido era Shertok), Golda Meir, que la apoyó desde Nueva York y Levi Eshkol, que era su representante en Berlín. (Gurion y Shertok en Black: El acuerdo de la Havaara). </p>
<p>La operación era ventajosa para ambas partes, los nazis conseguían así romper el bloqueo; los sionistas, por su parte, hacían fortuna vendiendo mercancías alemanas incluso a Inglaterra y, al mismo tiempo, realizaban una inmigración selectiva tal como deseaban. Solamente podían emigrar los millonarios (cuyos capitales permitirían el desarrollo de la colonización sionista en Palestina). De acuerdo con los fines del sionismo era más importante salvar de la Alemania nazi los capitales judíos, permitiendo el desarrollo de su empresa, que la vida de los judíos pobres o incapacitados para el trabajo o para la guerra, lo que hubiera supuesto una carga. Esta política de colaboración duró hasta 1941.  </p>
<p>En conclusión, resultó que desde el principio hasta el final, los dirigentes sionistas no pensaban más que construir un Estado fuerte en Palestina, llevando para ello un recurso humano utilizable y, subsidiariamente, a judíos menos eficaces, pero en ningún momento pensaron en las responsabilidades que incumbían a toda la comunidad de la resistencia al régimen nazi. </p>
<p>marialinares36@yahoo.es</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[Auge y caída de la Democracia Cristiana  ]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/10/31/auge-y-caida-de-la-democracia-cristiana/</link>
<pubDate>Fri, 31 Oct 2008 10:55:14 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
<guid>http://hernanmontecinos.com/2008/10/31/auge-y-caida-de-la-democracia-cristiana/</guid>
<description><![CDATA[Por:  Rafael Luís Gumucio Rivas (Chile)  Fuente: www.piensachile.com (30.10.08)   En la última elecc]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por:  Rafael Luís Gumucio Rivas (Chile) <br />
Fuente: <a href="http://www.piensachile.com">www.piensachile.com</a> (30.10.08)<!--more--><br />
 <br />
En la última elección de alcaldes y concejales, todos los partidos políticos se sienten triunfadores en algún aspecto: la Alianza ganó en la elección de ediles y, la Concertación, en concejales; el PRI obtuvo un 7.9% y Juntos podemos mantuvo su porcentaje de los comicios anteriores. Son los famosos empates a la chilena. ¿Quién perdió, entonces, en la elección municipal? Como siempre los pobres ciudadanos, que muchos de ellos fueron a votar obligados ante el temor a una multa, terminan pagando por el santo y la limosna; también la democracia, un sistema representativo que no expresa la voluntad ciudadana, está en crisis. Personalmente, creo que la democracia elitista está haciendo agua por los cuatro costados. Más que una deficiencia en la representación, asistimos a un desprestigio de las instituciones republicanas. En veinte años, el padrón electoral sigue siendo el mismo, con la diferencia que, en 1988 estaba inscrito el 40% de los jóvenes y hoy, solamente el 8%. Tenemos un padrón viejo y una canalización creciente de la política: un verdadero triunfo del neoliberalismo.</p>
<p>En las elecciones de octubre de 2008 hay un partido claramente derrotado: la Democracia Cristina, que obtuvo el 13,9% de los votos, porcentaje muy inferior a las estimaciones de sus dirigentes; este porcentaje equivale a la votación de este Partido en las elecciones municipales de 1960, cuando este Partido pretendía conquistar el poder desde el municipio. En la friolera de 48 años, la Democracia Cristiana no ha aumentado  un solo punto en el apoyo ciudadano, al comparar estos dos hitos electorales. En 1960, el Partido tenía apenas tres años de vida, sólo gateaba después de haber obtenido, como Falange Nacional, el 3%. Hoy, es un viejo Partido, de 51 años de edad.</p>
<p>El 13,9% es aún más catastrófico si lo comparamos con la más alta votación obtenida por el Partido en las parlamentarias de 1965, (el 42,3%); de ahí para adelante se ha ido desangrando: en las municipales de 1971, el 25,7%; en las del 1991, el 26,3%; el 2000, 21,62%; el 2004, el 29,3%. En cuatro años ha perdido cerca del 12%. Estas sucesivas debacles sólo pueden ser comparadas con el otro partido de centro, el  Radical, que obtuvo en 1947 el 24% y, en la actualidad, apenas el 4%.</p>
<p>Dejemos por un momento las estadísticas electorales para tratar de explicar el auge y caída de las Democracias Cristianas en el mundo. Las Democracias Cristianas, en el período post Segunda Guerra Mundial, fueron actores principales de la construcción de la unidad europea; sus líderes Amintore Fanfani, Conrad Adenauer, Julius Andreoti y Aldo Moro, entre otros eran las figuras de la reconstrucción de la Europa de posguerra &#8211; recuerdo que sus gigantografías presidían todos los actos de masas de las Democracia Cristiana en Chile-.</p>
<p>En América Latina había dos grandes partidos demócrata cristianos: el chileno y el venezolano – el COPEI – los líderes de ambos eran Eduardo Frei Montalva y Rafael Caldera, respectivamente; el primero murió envenenado por los militares, en la Clínica Santamaría; el segundo, abandonó su partido, a los 80 años y, como presidente de la república, entregó la Banda presidencial a Hugo Chávez Frías, sellando así la  defunción del sistema político venezolano, que estaba corrompido desde sus cimientos. </p>
<p>¿Qué resta de esta época de auge de las Democracias Cristianas en América Latina y en el mundo? Nada, o casi nada: constituyen una pieza arqueológica, al igual que los partidos liberales y el radicalismo. La Democracia Cristiana italiana, tan cercana al Vaticano, que se dividía en múltiples fracciones, desde la derecha a la izquierda, desapareció producto de la corrupción y de la valentía de los jueces para reprimirla, hoy sólo quedan restos de los poderosos partidos italianos de otrora: ya no hay demócrata cristianos, ni socialistas, ni comunistas; todos ellos han formado el Partido Democrático, que ha sido derrotado por el empresario Berlusconi, una especie de Piñera a la italiana.<br />
El único partido demócrata cristiana que ha resistido la decadencia y el derrumbe es el alemán que hoy gobierna Ángela Merkel, en alianza con los social demócratas.</p>
<p>En América Latina, casi todos los partidos demócrata cristianos han desaparecido y, el chileno, aunque participa del gobierno, muestra síntomas de agonía.</p>
<p>Es difícil explicarse la evolución de las democracias cristianas sin relacionarlas con el catolicismo: en la época de auge, en los años 60, incluso las democracias cristianas se ubicaban en la retaguardia respecto a las posiciones de la iglesia católica, en la crítica al capitalismo y al individualismo liberal. Los papados de Juan XXIII y Paulo VI, las Encíclicas sociales – publicados por ambos Mater et magistra y Populorum Progressio-  eran mucho más abiertos al socialismo y al mundo moderno que los Papas posteriores y los partidos demócrata cristianos.</p>
<p>A partir de las condenaciones a la teología de la liberación, promovidas por los cardenales integristas y el Papa Juan Pablo II, la iglesia hizo un viraje radical: abandonó la opción por los pobres, el profetismo de la denuncia y el anuncio, y se encerró en una ideología no muy distinta del Syllabus, fundamentalmente centrada en temas que se refieren a la vida sexual y reduciendo los valores sólo a ese campo.</p>
<p>Con el triunfo del neoliberalismo, la teología del mercado vino a reemplazar a la de la liberación – de la iglesia progresista: Cristo fue entregado a los mercaderes del templo y sólo faltó convertirlo en un broker- ¿Qué sentido tiene el personalismo de E. Mounier en una sociedad donde el mercado es un dios idolátrico, antropófago, que se come a los ciudadanos y, sobretodo, a los derrotados del mercado? ¿Puede haber una valoración de la persona humana cuando se transforman sólo en consumidores? ¿Qué valor pueden tener las minorías abrahámicas, de las que hablaba J. Maritain, cuando en estos  Partidos predomina el pragmatismo, el conformismo, el individualismo y la búsqueda del poder por el poder, sin sueños, sin proyectos, sin esperanzas, sobretodo para los más desprotegidos?</p>
<p>Es cierto que restan algunos sacerdotes  comprometidos, que aún viven la experiencia de compartir la suerte de los pobladores – como es el caso de Mariano Puga, Ronaldo Muñoz, José Aldunate, el fallecido Esteban Gumucio, entre otros tantos, que viven la verdadera vocación profética y las enseñanzas de Cristo-. Incluso,  San Alberto Hurtado ha sido cooptado por los Legionarios de Cristo, convirtiéndolo en un “santurrón” que nunca criticó a los ricachones de su tiempo. ¿Qué tiene en común este santo revolucionario con Escrivá de Balaguer, o con San Expedito, que hace milagros para los millonarios?</p>
<p>Si alguien leyera, por casualidad, las Encíclicas sociales encontraría que en muchos de estos textos hay elementos de denuncia muy válidos para el Chile neoliberal, que la Democracia Cristiana ha gestionado durante estos años de democracia “transaccional”; baste sólo citar la Encíclica Rerum Novarum, (1891), cuando León XIII escribe sobre el salario justo, fuente de la idea del “salario ético” – de nuestros obispos chilenos-. ¿Cuántos trabajadores chilenos reciben un salario justo, en este marasmo concertacionista?</p>
<p>Desde fines del gobierno de Eduardo Frei Montalva, la Democracia Cristiana comenzó a optar por la vía de la eficacia, por las soluciones técnicas, por el pragmatismo, posponiendo el ideal de la sociedad comunitaria o de la revolución cristiana, olvidando la frase de Charles Peguy en que expresa que “la revolución será moral o no será nada”. La tarea política perdió su dimensión ética transformándose en mero juego de poder.</p>
<p>La Democracia Cristiana dejó de ser un partido ideológico  para transformarse en uno de patronazgo, al igual que los radicales; de ahí al oportunismo sólo hay un paso. Es cierto que en la Democracia Cristiana siempre han existido fracciones, que vienen desde el “congreso de los peluqueros”, en los años 40, incluso, rupturas importantes en 1969 y 1971, que dieron paso al Mapu y a Izquierda Cristiana; en ambos casos, abandonaron el Partido tanto senadores, como diputados – en 1969, Rafael Agustín Gumucio y Alberto Jerez y, en 1971, 9 diputados, encabezados por Luís Maira -.</p>
<p>Tanto el Mapu, como la Izquierda Cristiana tuvieron un importante papel en el gobierno de la Unidad Popular, sin embargo, la votación de ambos Partidos, en las elecciones parlamentarias de 1973, fue bastante magra: el Mapu, un 2% &#8211; un diputado, Oscar Guillermo Carretón – la Izquierda Cristina, un 1% &#8211; un diputado, Luís Maira -</p>
<p>En la actualidad, la Democracia Cristiana no tiene un cuerpo ideológico, ningún proyecto político – que no sea la conservación del poder- y prácticamente, ninguna relación con la ciudadanía; sus dirigentes son tecnócratas y burócratas y no faltan los operadores políticos, razón por la cual el debate fraccional deja de ser una lucha de ideas, convirtiéndose en un canibalismo – unos dirigentes se comen a los otros- . Este fenómeno no es nuevo en la Democracia Cristiana, donde “duques y condes” se pelean por la posesión de un feudo, que consideran de su propiedad. Así ocurrió entre Patricio Aylwin y Gabriel Valdés y, posteriormente, con Eduardo Frei Ruiz-Tagle en disputa con los “príncipes” del partido que fundara su padre.</p>
<p>Como lo único que tiene sentido, para este conglomerado, es la posesión   del aparato partidario, con el objeto de la candidatura presidencial unos, necesariamente, tienen que aniquilar a los otros – es una guerra a muerte-. En la disputa entre Adolfo Zaldívar y Soledad Alvear era evidente que al Colorín había que sacarlo del medio, por la expulsión, pues la convivencia era imposible, no porque existiera un debate de ideas, sino por ambiciones exacerbadas.</p>
<p>La escisión le ha costado muy cara a la Democracia Cristiana: el PRI, un partido que tiene un nombre ridículo, de muy malos recuerdos en México, obtuvo, en las reciente  elecciones municipales un 7,9% de los votos, quitándole, prácticamente, una parte importante de la votación de derecha de la Democracia Cristiana. Sin temor a equivocarme, la división – que dio nacimiento al PRI- ha sido más letal para el partido Demócrata Cristiano que las de los años 69 y 71 – que dieron nacimiento  al Mapu y a la Izquierda Cristiana-.</p>
<p>En la fecha en que escribo este artículo, acaba de renunciar a la presidencia del Partido y a su posible candidatura a la primera magistratura Soledad Alvear –  es la segunda vez que lo hace- y en ambas ocasiones los hipócritas de siempre, que antes la combatieron sin piedad, hoy cantan loas a su “generosidad, civismo, sentido de responsabilidad” y todas las virtudes que una pueda imaginar.</p>
<p>El marasmo moral es tan grande en Chile que este “club de amigos” cree que los puestos fiscales les pertenecen como si fueran propiedad privada, por lo tanto, jamás renunciarían, por más errores que cometan en su función; en vez de servidores públicos, se convierten en personajes que se sirven del público. No encuentro nada de heroico que las dos Soledades hayan renunciado en la misma fecha, pues es evidente que ambas tienen responsabilidad política – una en la conducción del Partido y, la otra, en la pésima política de salud del gobierno-.</p>
<p>En las épocas de esplendor de la Democracia Cristiana, los dirigentes renunciaban permanentemente a sus cargos pretextando no tener competencia para la tarea asignada; había sentido de la decencia y del trabajo en equipo- Bernardo Leighton no dudó ni un segundo al renunciar al Ministerio del Trabajo cuando don Arturo Alessandri atropelló la libertad de expresión; Eduardo Frei Montalva hizo lo mismo, con ocasión de la masacre de la Plaza Bulnes-. ¡Qué distinta era la moral de los “abajistas” de la Falange, a la de los arribistas de la Democracia Cristiana actual!</p>
<p>¿Cuál será el futuro de la Democracia Cristiana? <br />
Eliminada Soledad Alvear, sólo queda en competencia Eduardo Frei Ruiz-Tagle, de no muy feliz recuerdo de su primer gobierno. Sus seguidores tendrán que recurrir a la magia para transformarlo en un estadista, que se acercara al menos, mínimamente a su padre. Ni Eduardo Frei, ni José Miguel Insulza tienen la talla, hoy por hoy, de candidatos presidenciales – no atraen mucho a los ciudadanos y son personajes nominados por políticos de castas, que lo único que persiguen es mantenerse en el poder- a lo mejor, la única posibilidad sería buscar unas primarias multipartidistas abiertas donde, por primera vez desde el triunfo de NO, puedan los ciudadanos participar en la nominación de los candidatos.</p>
<p>¿Para cuándo estará previsto el funeral de la Democracia Cristiana chilena? Los partidos políticos demoran mucho más en morir que las personas, a veces tienen una larga vejez, muy alejados del favor popular; consideremos que el Partido Demócrata Chileno vivió desde 1889 hasta 1964, en plena corrupción y traición a los ideales de democracia popular, que le dieron nacimiento. Los liberales, desde mediados del siglo XIX hasta 1965. Los radicales perviven hasta hoy. La existencia crepuscular de los partidos políticos es mucho larga en el tiempo que los períodos de auge.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[Izquierdistas de salón]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/10/30/izquierdistas-de-salon/</link>
<pubDate>Thu, 30 Oct 2008 10:35:35 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
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<description><![CDATA[Por: Carlos Frabetti Fuente: www.insurgente.org (29.10.08)   Nota: Cualquier similitud con lo que le]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: Carlos Frabetti<br />
Fuente: <a href="http://www.insurgente.org">www.insurgente.org</a> (29.10.08)<!--more--><br />
 <br />
<strong>Nota</strong>: Cualquier similitud con lo que les pasa a ciertas personas “progress” de Chile, es nada más que una pura y mera casualidad</p>
<p>Durante el franquismo, los progresistas sufrían en sus propias carnes los rigores de la represión, y no tenían más opciones que la resignación o la clandestinidad. Pero, en un país desarrollado, al poder le sale más a cuenta comprar a los progresistas que reprimirlos, y así, con la autodenominada “transición democrática”, la mayoría de los intelectuales y de los militantes de izquierdas se dejaron estabular dócilmente a cambio de pasto abundante y un pequeño reducto de permisividad en el que retozar. El progresista se cortó la coleta subversiva y se convirtió en progre. Y se creó un partido político a la medida de este progresista apocopado, un partido de aluvión apresuradamente articulado alrededor de un núcleo pequeño pero prestigioso, combativo pero dentro de un orden. Y en poco, poquísimo tiempo el PSOE se convirtió en la primera fuerza parlamentaria del Estado español, en el principal dique de contención de la verdadera izquierda, en el mayor fraude político de nuestra historia reciente. Y en la coartada perfecta para millones de progres.</p>
<p>  <br />
Es lo mismo que sucedió -y sigue sucediendo- con el cristianismo: en su nombre y para la supuesta defensa de sus ideales de igualdad y fraternidad, surgió la  más perversa institución de todos los tiempos, la Iglesia Católica, la gran gestora del miedo y la ignorancia, impulsora o cómplice de los mayores atropellos de la historia, el soporte moral de la burguesía depredadora. No es casual que la Iglesia, la mejor aliada del capitalismo, haya servido de inspiración y modelo a mafias, partidos políticos y multinacionales, sobre todo en la católica España.<br />
   <br />
Pero la plena aceptación de la moral cristiano-burguesa requiere un grado de ofuscación o de hipocresía excesivo, inasumible para los sectores más ilustrados de una sociedad desarrollada. Sólo un necio o un canalla puede defender, a estas alturas, la barbarie neoliberal o la represión sexual, por lo que era necesario articular un discurso alternativo (pero no radicalmente distinto) al del nacionalcatolicismo tradicional: había que crear una seudoizquierda que sirviera de refugio y coartada a los progres. Y hay que reconocer que el PSOE, con la interesada colaboración de la más poderosa mafia mediáticocultural del país y de un importante sector de los sindicatos y de otros partidos supuestamente de izquierdas, ha hecho un buen trabajo. Hay muy pocos intelectuales que no hayan vendido su voz o su silencio, y sólo uno, entre los grandes, que se atreva a denunciar el criptofascismo reinante (me refiero, obviamente, a Alfonso Sastre). Y los jóvenes revolucionarios de los setenta se han convertido, en su mayoría, en ejecutivos agresivos o funcionarios obedientes.<br />
   <br />
La represión y la caspa del franquismo no han dado paso a la libertad y la dignidad, sino a la seudolibertad del consumismo y la suprema indignidad de la impostura. Los progres de la “España democrática” (las comillas indican el uso irónico de ambos términos) son gourmets y llevan trajes de Armani, ven el cine de Almodóvar y de Amenábar, admiran a Woody Allen y a Paul Auster, escuchan a Serrat y a Sabina, leen a Muñoz Molina y a Javier Marías, sus “filósofos” son Fernando Savater y José Antonio Marina&#8230; La elegancia superficial y la superficialidad elegante son sus emblemas, sus señas de identidad. Han sustituido el mito del héroe por el del antihéroe, a John Wayne por Humphrey Bogart, a Hércules Poirot por Philip Marlowe; han sustituido el compromiso y la lucha por el glamour y el talante. Creen que estar informado consiste en leer El País y ver la Cuatro, y ni siquiera tienen la decencia de callarse.<br />
   <br />
Pero su impostura es cada vez más difícil de mantener, no sóolo ante los demás sino también ante sí mismos. Tras la infamia de los GAL y otras manifestaciones flagrantes de fascismo explícito, ya no basta con ser moderadamente tonto para creer que el PSOE es un partido de izquierdas: hay que ser tonto de remate. Ante las pruebas irrefutables, cada vez más difíciles de ocultar, de que la tortura es una práctica sistemática e impune en el Estado español, hay que estar muy desinformado o ser muy obtuso para seguir pensando que esto es una democracia. Y si para algo está sirviendo la actual crisis económica, es para que cada vez más personas se den cuenta de que el país sigue estando en manos de una oligarquía criminal que, una vez más, pretende que sean los trabajadores -y los inmigrantes, sobre todo los inmigrantes de usar y tirar- quienes paguen los platos rotos de un mercado que sólo es libre para los ricos.<br />
   <br />
Se impone, pues, una segunda transición, un nuevo “cambio” (recordemos que ésta fue la palabra fetiche del PSOE de Felipe González) hacia un capitalismo supuestamente nuevo, un nuevo traje nuevo para el emperador de siempre. Pronto asistiremos -estamos asistiendo ya- a un nuevo Pacto de la Moncloa, a un nuevo acuerdo entre ladrones de guante blanco y bota de hierro. Pero esta vez lo tendrán mucho más difícil. Sólo podrán engañar a los que quieren ser engañados, a quienes dicen que votan con la nariz tapada, pero sin aclarar que tienen que taparse la nariz para no percibir su propio olor.<br />
   <br />
Si un fascista es un burgués asustado y un progre es un burgués con mala conciencia, ¿en qué se convertirán los asustados progres de la segunda transición?</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[El patriotismo que nos asola ]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/07/23/el-patriotismo-que-nos-asola/</link>
<pubDate>Wed, 23 Jul 2008 17:22:47 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
<guid>http://hernanmontecinos.com/2008/07/23/el-patriotismo-que-nos-asola/</guid>
<description><![CDATA[Por: José Iglesias Fernández Fuente: Kaos en la Red) [23.07.08 ] No es nada extraño que frecuentemen]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: José Iglesias Fernández<br />
Fuente: Kaos en la Red) [23.07.08 ] <!--more--></p>
<p>No es nada extraño que frecuentemente me pregunte: y yo, ¿qué soy? </p>
<p>Cuando asoman los patriotas</p>
<p>Es impresionante el abanico de patriotismos que nos asola últimamente a aquellas personas que estamos por construir una sociedad anti nación, anti estado, anti poder, anti patriarcal, anti militarista, anti clasista, anti sexista, y laica. Por tanto, un patriota jamás se planteará que esta clase de personas que nos declaramos anti de todo lo mencionado, podamos existir.[1]</p>
<p>Encontramos que hay patriotismos de derechas, de centro y de izquierda, de arriba y de abajo, de dentro y de fuera, de centro y periferia, sofisticados y burdos. Es tal el dominio que el patriotismo ejerce sobre la mente de los y las   patriotas que les impide entender lo que escribimos y pensamos aquellas personas que, por no coincidir con la patria que defienden, ya nos encuadran en cualquiera de las patrias que odian. El patriota piensa que su patria es la únicamente auténtica, y su patriotismo, aquel que a él le obsesiona, es el más genuino, el principio de todos los tiempos y pueblos, mientras que considera que las otras patrias y patriotismos de los otros pueblos o amalgamas del cruce de los mismos, pertenecen al eje del mal, o son extranjeros.</p>
<p>El patriotismo tiene, y si no tiene, se ha de inventar un ámbito geográfico de referencia, que pueda ser considerado como la patria.[2] Pero patria grande y libre sólo hay una: la del patriota. El resto de los territorios son considerados las tierras donde han nacido los otros patriotas y los anti patriotas.</p>
<p>Una patria requiere una nación y una nación un Estado. La naturaleza del Estado es clasista, y el Estado concentra el monopolio del poder, que ejercerá a favor de la clase dominante de aquella nación convertida en Estado. Vuelvo a repetir, para que el patriota lo entienda, que desde ahora, me declaro anti de la nación, del Estado, de los poderes fácticos (económico-financiero, militar, policial, judicial, religioso), del sexismo, del patriarcalismo, y de las relaciones de clase.</p>
<p>Ante y con este posicionamiento ideológico, ¿por qué no pensar en una sociedad sin clases, con un proceso de implantación que vaya del municipalismo actual para irse transformando gradualmente en una comunidad, en la cual las necesidades y los recursos para satisfacerlas sean decidas y gestionadas de acuerdo con algún modelo de comunalismo determinado por estos mínimos? [3] Es decir, con propiedad comunal, con producción y distribución entre iguales, con decisión y gestión horizontal, y con valores sociales que primen sobre los individuales, más lo que el lector le quiera añadir en este sentido de igualdad y fraternidad.</p>
<p>Dos ejemplos de patriotismo: uno de centro y otro de periferia</p>
<p>Escribía el otro día Joan Barril (JB), uno de mis admiradores columnistas, que “ser catalán es un estado de espíritu, una conciencia de país, una emoción por el paisaje, una devoción por la historia oficial y, ante todo, una lengua. Se trata de una lengua con muchos acentos”.[4] Pienso que esta misma expresión se le podría aplicar a un gallego como yo, un vasco, una castellana, un bretón, o a cualquier otra persona de cualquier pueblo del mundo. Sin embargo, es curioso como sentimientos homófonos, xenófobos, racistas, indicadores de la presencia del patriotismo, se emiten y transmiten enmascarados con la excusa de la defensa de la lengua. Veamos dos claros ejemplos:</p>
<p>§ Patriotismo de periferia. Felip Puig, vicepresidente de CiU, criticaba al Presidente de la Generalitat José Montilla por &#8220;destrozar&#8221; el catalán en sus discursos. A pesar de pedir posteriormente disculpas, “Puig insistió en que Montilla &#8220;no es un becario ni un estudiante de Erasmus, no es un   inmigrante recién llegado, ni un directivo de una multinacional de paso y que, como primera autoridad institucional del país, debería tener un nivel de mayor autoexigencia&#8221; lingüística. O sea, el nivel C de catalán &#8220;obligado para más de 300.000&#8243; funcionarios”. A su vez, el portavoz de CiU, el hijo del que fue presidente de esta autonomía, J. Pujol, afeó la defensa que hizo JL Carod de Montilla diciéndole que con tú política y tu costra de mierda hundiréis la lengua.</p>
<p>Somos muchos los que sabemos y nos comportamos como Montilla, como millones de ciudadanos de este país, en el cual “el catalán no es nuestra lengua materna, pero lo hemos adoptado con firmeza como vehículo de expresión e integración”. Pero el patriotismo periférico se salta cualquier realidad que se oponga al mismo: en este particular caso, los de CiU se sienten los patriotas y los demás pertenecemos al mundo donde habitan los charnegos. </p>
<p>§ Patriotismo de centro. Otro exaltado patriota, en este caso el resentido socialista ex alcalde de Madrid, J. Leguina,   despotricaba contra Zapatero, acusándole de irresponsable por pensar “que el nacionalismo periférico (vasco, catalán, gallego) no existe, y como no existe, no puede hacer mal a nadie ni tener aspiraciones a la independencia. [Un poco más adelante incluía a Montilla en este grupo, cuando decía que tenía] la honestidad de un gran intelectual charnego, reconvertido en catalanista”.[5] Su ceguera de patriota ibérico le llevaba a añadir que tenía la intención de pelear contra las canalladas que se están perpetrando contra el derecho a usar el castellano y contra los canallas que las cometen o las permiten […] la obligación del Gobierno de España es velar por la libre utilización del castellano, más allá de imposiciones de los nacionalistas que «detestan el bilingüismo en sus territorios».</p>
<p>El político se suma de esta manera al «Manifiesto por la lengua común» redactado por Fernando Savater y un grupo de intelectuales y medios de ideología diversa, más bien de índole ultra conservadores, en el que se defiende la necesidad de preservar el derecho a usar el castellano. Dentro de esta suma, podríamos citar a viperinos patrioteros de centro tan destacados como Rosa Díez, Federico J. Losantos, Pedro J. Ramírez,[6] Fernando Savater, César Vidal; a periódicos como ABC, El Mundo, La Razón, o emisoras de radio como la COPE; a partidos como el PP y Ciudadanos &#8211; Partido de la Ciudadanía;[7] y a entidades religiosas como la Conferencia Episcopal. Como nacionalistas ibéricos, despotrican y mienten, cuando no calumnian, a los nacionalistas periféricos. </p>
<p>Tengo que mencionar y recalcar que he vivido 20 años en Euskal Herria y otros 32 en Cataluña y nunca me sentí discriminado, ni por lengua ni por otros aspectos. He de recordar a estos patriotas ibéricos que no deben tomar en vano el nombre de la gente; que lo que opinen lo hagan única y exclusivamente en su nombre. Y al resto de las personas de los demás pueblos de España recomendarles la indispensable necesidad de ir aprendiendo y desarrollando una sensibilidad que les permita convivir con las gentes de Galeusca.[8] No me parece que es pedir la luna.</p>
<p>Patriotas que se convierten en traidores y traidores que se convierten en patriotas</p>
<p>Supongo que a nadie sorprende que el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas considerase  en 1991 que se venían produciendo en el territorio de la antigua Yugoslavia graves violaciones de los derechos humanos, así como una amenaza real y seria para la paz y seguridad de la zona balcánica en particular y de la europea en general. Sin embargo, es increíble la hipocresía del Consejo que no considerase que ocurrían hechos similares en África, Rusia y el resto de continentes. El ejemplo más destacado y reciente lo podemos encontrar en las invasiones de Afganistán e Irak, aparte de la masacre diaria que hace Israel con la población palestina, o el desplazamiento de los saharauis por el Gobierno de Marruecos. Tampoco ha puesto en cuestión el secuestro la prisión forzada e ilegal de las personas retenidas en los limbos de Guantánamo, Abu Grahib y otros ocultos a la opinión pública </p>
<p>Por tanto, este Consejo, controlado por los países más depredadores del planeta y explotador de las poblaciones, ha establecido el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia en cumplimiento de la resolución 827 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de 25 de mayo de 1993, ignorando los atropellos y las injusticias que se están cometiendo en las áreas mencionadas. Hasta el 2004 el Tribunal había recibido 3.500 testimonios y tiene procesadas a fecha de marzo del 2005 a 124 personas, entre ellas Slobodan Milosevic, ex presidente de Yugoslavia, quien fue entregado en el 2001 pero que falleció en extrañas circunstancias en las dependencias del Tribunal pendiente de juicio el 11 de marzo del 2006. Sin embargo, personajes como JM Aznar, T. Blair, la familia Bush, D. Cheney, responsables de las invasiones mencionadas, o miembros de la familia real alauita marroquí, y otros del golfo pérsico, no hayan sido llamados a ningún tribunal establecido por delitos similares por parte del Consejo de Seguridad. Los primeros, por su posición en el Consejo de Seguridad, pienso que son traidores considerados patriotas, y los segundos patriotas considerados por esa organización de las UN como villanos, traidores y terroristas que ponen en peligro los intereses geopolíticos y económicos de los países ricos representados en tal organismo suprainternacional.</p>
<p>Cuando nos obligan a manifestarnos apátridas</p>
<p>Soy y me siento gallego, pero apátrida por voluntad propia</p>
<p>Decíamos anteriormente que hay actitudes y pronunciamientos, como son los eventos deportivos, los conciertos roqueros, las manifestaciones de carácter religioso, y tantos acontecimientos de masas que inculcan, conducen y realzan lo mismo el españolismo, que el conservadurismo, que el militarismo, que la xenofobia y el racismo, que lo religioso, que el patriarcalismo y el sexismo, eventos digo que nos impulsan a tener que manifestarnos apátridas, aconfesionales, a todo.</p>
<p>Apátridas. Una de las definiciones señala que son apátridas aquellas personas que han nacido en territorios disputados por más de un país, por más de una nación: un ejemplo de esta disputa puede ser el caso de los gallegos, los catalanes, los vascos, u otros pueblos del territorio español. Nacido en Galicia, puedo entonces considerarme apátrida bajo la soberanía del Estado español, reforzado si este es además monárquico y los ministros laicos juran delante de un crucifijo. El término puede hacer también referencia a quien reniega voluntariamente de su nacionalidad.[9] </p>
<p>De acuerdo con esta doble definición, me considero galleguista, lo mismo que catalanista, euskaldun, o de cualquier otro pueblo sin Estado, y sin aspirar a que el lugar donde vivo se convierta en Estado-nación, municipio-nación, comunidad-nación, pues estoy en contra de cualquier poder o autoridad que se ejerza de forma vertical, representativo, patriarcal; reniego voluntariamente a tener una patria con Estado, un Estado-nación.</p>
<p>Vuelvo a estar de acuerdo con Joan Barril [10] cuando dice que “las lenguas comunes son todas mis lenguas y las de los otros”. Parafraseando su expresión, yo sostengo que todos los pueblos son mis pueblos, incluyendo el que he nacido. Sigo estando de acuerdo con JB cuando añade en el mismo texto: “Yo no soy nacionalista, ya lo saben. Yo sólo quiero entenderme con aquellos que, en la lengua que sea, inventen puentes de diálogo y de sensatez entre sí. El castellano también es mi lengua. Sé que en castellano se ha fusilado a los míos, y no por ello he podido olvidar que en castellano se han proferido las mejores proclamas de la libertad y los más bellos poemas de mi soledad”.</p>
<p>Comunera/Comunero. Para finalizar, quisiera recordar a la persona que firma como Comunera de Castilla algo que explica la “idea de la nación como un escalonamiento de &#8220;patrias&#8221; que tiene su primer nivel en el municipio nativo: forma tradicional de Castilla y el País Vascongado (y en parte también de Navarra y Aragón). El segoviano era, en primer lugar, vecino de la ciudad de Segovia o de un municipio de su Tierra; después -pasando por el sexmo o división comarcal de la Tierra, en caso de pertenecer a ésta- ciudadano de la Comunidad de la Ciudad y Tierra de Segovia, pequeña república que comprendía la Ciudad y más de ciento cincuenta pueblos de la Tierra; lo que le hacia castellano u hombre de Castilla en sentido restricto -no de los otros reinos o estados con ella unidos-; y como tal y en última instancia español, es decir, miembro del gran conjunto de reinos, pueblos y países que para él era España”.[11] </p>
<p>Si después de toda esta explicación la Comunera de Castilla no entiende que quiere decir para algunos de nosotros lo español, sólo me queda retirarme a mi tierra a afiar coitelos e recompoñer paraugas vellos. Le pediría que recordase una estrofa de la canción de John Lennon: Imagina que no hay países, no es difícil hacerlo.[12]</p>
<p>Anexo<br />
José María Aznar. Nació en Madrid, España, el 25 de febrero de 1953. Nieto de Manuel Aznar Zubigaray, periodista, político y diplomático navarro e hijo de Manuel Aznar Acedo, falangista y oficial del Ejército nacional que durante la dictadura de Franco ocupó diversos cargos en organismos de radiodifusión y propaganda. Durante su juventud militó en el Frente de Estudiantes Sindicalistas (FES), sindicato estudiantil que fue embrión de Falange Española Independiente (FE(I)). Aznar fue uno de los muchos responsables del FES que dirigieron una actitud crítica hacia el franquismo postrero y su fachada política, el Movimiento Nacional, y que reivindicaban el pensamiento original del fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera. Esta afiliación juvenil dejó paso a un pensamiento demócrata conservador. Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense (1975) y funcionario de Hacienda como Inspector de Finanzas del Estado (1976), inició una temprana dedicación a la política en el partido conservador Alianza Popular (desde 1989, Partido Popular).[13] Otra información no tan oficial indica que JMA es meritorio del siguiente currículo:</p>
<p>Formación académica: El Pilar y Facultad de Derecho</p>
<p>La Rioja: Secretario General de AP</p>
<p>Madrid: en la dirección nacional de AP y diputado cunero por Ávila</p>
<p>Valladolid: Presidente de la Junta de Castilla y León</p>
<p>Jefe de la Oposición: Mi designación por D. Manuel</p>
<p>En la Moncloa: Inquilino hasta Marzo 2004</p>
<p>Rencoroso: Que tiene o guarda rencor</p>
<p>Desequilibrado: Falto de sensatez y cordura, llegando a veces a parecer loco</p>
<p>Golpista: Que da un golpe de Estado o lo apoya</p>
<p>Mentecato: Necio, tonto, falto de juicio o entendimiento</p>
<p>Tolili: Tonto a secas</p>
<p>Achispado: Estar entonado, estar entonadillo, estar chispa, estar alegrete</p>
<p>Tontolaba: Se dice de aquel que por sus dichos provoca chanza y por su actitud chirigota</p>
<p>Aznar: Defínele tu mismo. No te de apuro, él es lo que parece. [14]</p>
<p>Toni Blair. “Tiene 43 años, se educó en escuelas privadas y en St. Johns College de Oxford, se recibió de abogado, ingresó al Parlamento en 1983 y apenas once años después fue elegido jefe del Partido Laborista. Su esposa, Cherie Booth, es una destacada abogada. Anthony Charles Lynton Blair, más conocido como Tony Blair, nació el 6 de mayo de 1953 en Edimburgo (Escocia) en el seno de una familia conservadora. Su padre, el abogado Leo Blair, albergaba ambiciones políticas que se truncaron en 1963, cuando sufrió una apoplejía mientras hacía campaña como candidato &#8220;tory&#8221; en unas elecciones generales. Es por ello que mucha gente se pregunta si realmente cree en algo. Alguien que lo conoce desde hace mucho tiempo dice: &#8220;Es un abogado que tiene una causa. Y esta causa es el poder&#8221;. </p>
<p>Tras su segundo triunfo en las urnas en 2001, la imagen de Blair se vio empañada por su apoyo a la polémica guerra de Irak, que dividió al pueblo británico y a su propio partido. Frente a sus detractores, el primer ministro ha repetido una y otra vez que hizo &#8220;lo correcto&#8221; con el derrocamiento del ex dictador iraquí Sadam Husein, ya que ahora &#8220;el mundo es un lugar más seguro&#8221;”.[15]</p>
<p>La familia Bush. Según Tarpley y Cheitkin explican en su obra como “una parte importante de los cimientos financieros de la familia Bush fue constituida mediante su apoyo y ayuda a Adolfo Hitler. Por tanto, el actual Presidente de Estados Unidos, así como su padre (ex Director de la CIA, ex Vicepresidente y ex Presidente), llegaron a la cumbre de la jerarquía política norteamericana gracias a que su abuelo y padre, su familia en general, ayudaron financieramente y alentaron a los nazis […] La fortuna de la familia del Presidente surge como resultado de su apoyo incondicional al proyecto político de Adolfo Hitler […] La tendencia de apoderarse de territorios y fortunas de los Bush, como se observa, no es algo nuevo. Esos genes fascistas se gestaron en los años 30. Por tanto, no es un disparate calificar como fascista la ocupación de Afganistán e Irak y las amenazas a otros países con continuar la ofensivas de invasión de la riqueza productiva de otros países”.[16]</p>
<p>Dick Cheney. Sus contactos empresariales están en la compañía petrolera Halliburton, en Procter &#38; Gamble, Union Pacific y Electronic Data Systems Corp. En 1993, Cheney entró a formar parte del American Enterprise Institute en Washington como miembro destacado. En octubre de 1995, llegó a ser Presidente y Director General de Halliburton Company en Dallas, Texas. Durante el mandato de Cheney, se acusó a la compañía Halliburton de estar implicada en la violación de derechos humanos. El caso más grave ocurrió en septiembre de 1997 en el cual dieciocho agentes de la Policía Móvil de Nigeria (MOPOL) bajo las órdenes de Halliburton (contratada por Chevron Oil Co.) dispararon y mataron a Gidikumo Sule en la estación de Opuama en Egbema, en la ciudad de Warri. En el año 2000, como Director General de la compañía, Cheney se embolsó 1,28 millones de dólares en concepto de salario y otros 640.914 dólares en otras compensaciones del año anterior, además de opciones sobre acciones por valor de 7,4 a 18,8 millones de dólares según el rendimiento futuro de las acciones de la compañía. Comparar estas cantidades con los 181.400 dólares de su salario como Vicepresidente del Gobierno, suscita interesantes preguntas. Cheney es socio de un grupo llamado COMPASS (Committee to Preserve American Security and Sovereignty: Comité para Preservar la Soberanía y la Seguridad Americana). Los socios de COMPASS, entre ellos Cheney, escribieron al presidente Clinton en 1998 para protestar por el Protocolo de Kioto sobre cambio climático. Es además el primer proveedor mundial de petróleo (capital: 12,5 mil millones de euros), seguido por Schlumberger (capital: 10 mil millones de euros). Cheney instituyó un grupo llamado National Energy Policy Development (NEPD) para el desarrollo de la política energética nacional, suerte de sociedad secreta: la Energy Task Force works in secret.   Washington Post 16/04/2001”.[17]</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</p>
<p>[1] Somos como aquellos salvajes, hijos de madre, que quedaban en las reservas destinadas para ellos por los constructores de Un mundo feliz. Aldoux Huxley. Millenium. Madrid 1999.</p>
<p>[2] Para la Comunera de Madrid, origen y causa de estas reflexiones, no sé cual será la misma, dado que no declara con cual de ellas se identifica. Y esto es una ambigüedad que no clarifica si el proceso de descentralización se enfila hacia una sociedad sin clases, o hacia un centralismo de la meseta española. Ella sabe que comuneros y comuneras había, y supongo que hay, de todas las condiciones sociales.</p>
<p>[3] Marx, decía que la Comuna de París era “esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta que permitía realizar la emancipación económica del trabajo y la dominación de clase”. K. Marx. La guerra civil en Francia. Aguilera. Madrid 1970.</p>
<p>[4] Joan Barril. “La cagaste, Felip”. El Periódico de Cataluña. 18 julio del 2008.</p>
<p>[5] Javier Vizcaíno. “Leguina ajusta cuentas con el ‘Mundo’. Público, 18 julio del 2008.</p>
<p>[6] Aparte de ser el director del diario El Mundo, dijo que “Franco fue el militar más importante de España en el siglo XX”.</p>
<p>[7] “Ciudadanos acusa al PSOE de ser cómplice de la &#8220;limpieza lingüística&#8221; del castellano. El problema lingüístico lo crean los gobiernos autonómicos. En estas comunidades &#8217;se ha sustituido&#8217; la concordia lingüística por la opresión lingüística”.</p>
<p>[8] Galeusca (contracción de los topónimos Galicia, Euskadi y Cataluña) es el nombre con el que han sido designados varios pactos entre partidos y políticos nacionalistas de Cataluña, el País Vasco y Galicia desde 1923 hasta la actualidad. http://es.wikipedia.org/wiki/GalEusCa </p>
<p>[9] Convención sobre el Estatuto de los Apátridas. Adoptada el 28 de septiembre de 1954 por una Conferencia de Plenipotenciarios convocada por el Consejo Económico y Social en su resolución 526 A (XVII), de 26 abril de 1954. De acuerdo con el artículo 1.1.”el término apátrida designará a toda persona que no sea considerada como nacional suyo por ningún Estado, conforme a su legislación.</p>
<p>[10] Joan Barril. “No puedo ser periodista”. El Periódico de Cataluña. 9 julio del 2008.</p>
<p>[11] Tierra Castellana. http://www.tierracastellana.es/2007/11/algunas-consideraciones-en-torno-al.html </p>
<p>[12] Imagine there&#8217;s no countries. It isn&#8217;t hard to do.</p>
<p>[13] http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_Aznar </p>
<p>[14] http://www.losgenoveses.net/aznar.htm </p>
<p>[15] http://actualidad.terra.es/articulo/html/av2284890.htm </p>
<p>[16] En http://www.soberania.org/Articulos/articulo_275.htm </p>
<p>[17] http://www.soberania.org/Dossier%20Estado%20Corporativo/dossier_cheney.htm   </p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Sobre cretinismo parlamentario y antiparlamentario.]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/07/07/sobre-cretinismo-parlamentario-y-antiparlamentario/</link>
<pubDate>Mon, 07 Jul 2008 22:44:47 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
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<description><![CDATA[Por: Paco Peña (desde París, Francia) Fuente: www.revistaprincipios.blogspot.com (Junio 2008) Cretin]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: Paco Peña (desde París, Francia)<br />
Fuente: www.revistaprincipios.blogspot.com (Junio 2008)<!--more--></p>
<p>Cretinismo : forma de retraso intelectual en los enfermos de bocio, particularmente frecuente en países montañosos. (Vocabulario de psicología, Henri Piéron, PUF, Francia, 1951)</p>
<p>Durante el Congreso de la Internacional Comunista en agosto de 1920, pocos meses después de haber escrito su célebre obra sobre el ultraizquierdismo, en el curso de una animada discusión entre revolucionarios de varios países, Lenin contestó precedente intervención de Amadeo Bordiga -que jugó un papel importante en la fundación del PCI- y que desde hacía algunos años ya había expresado su hostilidad a la participación electoralista y al parlamentarismo, propugnando la utilización de la violencia para la conquista directa del poder. En su respuesta Lenin le reprochó a Bordiga padecer la « enfermedad infantil ». Pocos meses antes, entre abril y mayo de ese año, Lenin había escrito su famoso libro sobre el ultraizquierdismo. En él las emprendía contra algunos dirigentes de diversos partidos comunistas europeos que discrepaban de la línea del PC soviético.</p>
<p>En el congreso de la Internacional Comunista, Lenin denunció el cretinismo de algunos dirigentes que rehusaban participar en el juego parlamentario. Sin embargo, en su obra antes mencionada, el mismo Lenin narra que el partido bolchevique en el curso de su lucha contra el zarismo, había llamado al boicot de la Douma en 1905 y había utilizado la expresión que anteriormente Marx también ya había empleado en el 18 Brumario de Luis Bonaparte y en La guerra civil en Francia. Marx, Engels y Lenin, fustigaron tanto al « cretinismo antiparlamentario » como al « cretinismo parlamentario ». Porque claro, la patología puede desarrollarse en los dos sentidos y Lenin en su libro sobre el ultraizquierdismo se refiere sobre todo a aquellos revolucionarios que se niegan a admitir la necesidad de participar en los parlamentos, observando que en muchas ocasiones dicha participación puede ser una tribuna importantísima para los representantes de los partidos revolucionarios.</p>
<p>Sobre enfermedades y dolencias también habló muchas veces el doctor Marx. En el 18 Brumario de Luis Bonaparte, tiene duras palabras para aquellos que se ilusionan con el juego parlamentario : « Hay que estar verdaderamente muy afectado por esta enfermedad tan particular que desde 1848 golpea a todo el continente, es decir, el cretinismo parlamentario, que relega a un mundo imaginario a aquellos que la sufren y les quita toda inteligencia, todo recuerdo, toda comprensión del rudo mundo exterior ».</p>
<p>Esta polémica es ociosa en nuestros días, puesto que aparece a todas luces necesario que los que están interesados en el cambio del estado de cosas deben echar mano a todas las posibilidades que entrega la institucionalidad vigente, incluso si ésta es espúrea, excluyente y antidemocrática como en el caso de Chile. No se trata entonces de criticar el legítimo derecho de aquellos que quieren terminar con la seudodemocracia imperante utilizando todos los medios legales a su alcance, sino más bien de poner de relieve que la búsqueda desesperada de representación parlamentaria -en un parlamento corrupto, desprestigiado y que es una emanación de las instituciones impuestas por Pinochet en 1980- choca con un hecho mayor corroborado por tirios y troyanos : la esencia de la constitución de 1980 y la posterior reformita de Lagos, están destinadas a perpetuar la existencia de un orden que garantice la reproducción del modelo neoliberal per seculam, y que genera asimismo los mecanismos legales necesarios para autoprotegerla de toda reforma substancial.</p>
<p>En el programa de la oposición a la dictadura que ganó el plebiscito en 1988, una de las medidas principales era la abrogación de la constitución de Pinochet. Era una exigencia « intransable » se oía decir por entonces a democristianos, socioslistos, pepedeístas y a la izquierda. Esta medida necesaria sigue vigente hoy a diecisiete años de una interminable « transición democrática », porque la reformita de Lagos transformó el texto original en constitución Pinochet-Lagos, modificando algunos aspectos de ella pero dejando lo esencial. Es un orden institucional impuesto por la dictadura, al cual se han acomodado muy bien los diversos gobiernos concertacionistas desde 1990.</p>
<p>Una de los objetivos de la constitución vigente es impedir su reforma debido a las mayorías calificadas que se requieren para ello. Entre algunas de las disposiciones impuestas por la dictadura está la cuestión del sistema electoral (completada por una ley orgánica), que garantiza una sobrerrepresentación de los partidos de derecha, haciendo de esta manera prácticamente imposible que los quóroms requeridos para reformar el articulado puedan ser alcanzados.</p>
<p>Luego de los cabildeos entre concertacionistas, la familia de los Ochocientos y la actual dirección del PC, y después de los anuncios propagandísticos hechos con gran bombo, nada en concreto se ha logrado al respecto como no sea haber dilatado por un largo período el trámite parlamentario de la hipotética modificación del binominal. Está visto entonces que los conciliábulos cupulares sirven a los tres contertulios antes mencionados para emborrachar la perdiz.</p>
<p>A los primeros para darle garantías al PC y demostrar que cumple su palabra con uno de los puntos solicitados para votar en la segunda vuelta por M. Bachelet y al mismo tiempo, inhibir toda veleidad contestataria de la actual dirección de ese partido. Por otro lado, le permite tratar de salir del mal paso en que se encuentra desde hace varios meses, agravado estas últimas semanas por el desastre provocado por el negociado de Chile Deportes y el Transantiago puesto en marcha por Lagos y sus boys antes de irse. De paso, la estrecha colaboración con la dirección del PC le entrega a la Concertación la posibilidad de neutralizarlo poniéndole una mordaza, atenúa sus críticas y reivindicaciones, invitándolo a « sentarse a conversar » alrededor de amenos tecitos con tostaditas. Para la Concertación los votos del PC significarían liberarse un poco del peligro que se cierne para las próximas elecciones presidenciales y le despejaría la cancha debido a la creciente contestación y exasperación de diversos sectores populares.</p>
<p>Algunos gestos del gobierno en dirección del PC ya habían ayudado a esta suerte de « comprensión » de la dirección PC y a su relativo desperfilamiento y mengua en acciones antigubernamentales. El dinero entregado a título de reparación y resarcimiento por el robo y expropiación de bienes de su propiedad durante la dictadura, la dirección del PC lo ha invertido en empresas comerciales. Curiosamente, este dinero parece haber contribuido a disminuir su ardor contestario y explica la abulia de la dirección del PC en las últimas movilizaciones habidas en el país.</p>
<p>A los representantes de la familia de los Ochocientos, participar en conciliábulos cupulares con gobiernistas y algunos dirigentes del PC, les da un aire de respetabilidad democrática y así tratan de recuperar una nunca habida virginidad, toda vez que el país entero conoce el pasado golpista y pinochetista de sus dirigentes. Los Ochocientos se han dado maña para alargar los plazos y además, no todos están de acuerdo en aceptar una reforma del sistema binominal que, repetimos, les garantiza una representación sobredimensionada. Un dirigente derechista justificó su reticencia a la reforma del binominal diciendo : « Aquí hay una hipocresía enorme…siempre se dice para la galería que hay que cambiar el sistema binominal, pero nadie lo quiere cambiar a excepción de los comunistas. La solución es que el PC se incorpore a la Concertación tal como lo están haciendo en la lista única que presentan ambos para las elecciones del Colegio de Abogados ».</p>
<p>En realidad, la actual dirección del PC cambió de posición desde hace algunos meses, diríamos, años. Es sintomático que dicho cambio frente al gobierno de la Concertación interviniera una vez ocurrido el deceso de la compañera Gladys Marín. Se evaluó de manera más « comprensiva », más reposada y con menos énfasis crítico a la Concertación y curiosamente, el gobierno, como una manera de ayudar a la elaboración de esta nueva evaluación, puso a disposición de la actual dirección del PC como hemos dicho, una ingente cantidad de dinero por concepto de resarcimiento por robos y expropiaciones de bienes llevados a cabo por la dictadura de Pinochet. La virulencia protestataria del PC decayó y cesó de liderar los diversos movimientos sociales en el país comenzando a ser sobrepasado por su izquierda por nuevas y más pujantes organizaciones, muchas veces formadas por sus propios militantes que actúan fuera de la línea conciliante trazada por la dirección. Muchos de ellos se expresan en el seno de Juntos Podemos</p>
<p>El cambio en la política del PC se manifestó públicamente con el llamado a votar en la segunda vuelta por M. Bachelet y pretendió imponer igual decisión a otros partidos y ONGs del JP. La ruptura con la izquierda del JP se consumó y su dirección, que desde antes de este hecho ya había comenzado a avanzar la idea que había que « incorporar a otros sectores al JP », ligó más estrechamente a un grupo del CC en el diseño de su política, grupo que siempre ha visto con buenos ojos el progresivo deslizamiento hacia los brazos de la Concertación a la que considera como un « aliado natural ». Es el grupo formado por antiguos dirigentes, algunos de los cuales llevan el récord de más de cuarenta años como miembros de la comisión política y que portan una responsabilidad aplastante en la debacle de la UP. De una u otra manera se han mantenido cercanos a la dirección del PC que se ha reforzado con militantes provenientes de otros partidos de la fenecida UP y que aspiran a colaborar con el gobierno de la Concertación. Por cierto, en este trasvestimiento hay una dosis importante de oportunismo y deseos de protagonismo a cualquier precio, amén de apetito por prebendas, cargos, puestos, viáticos, embajadas y demases.</p>
<p>Como la dirección del PC no podía controlar al JP y ni a su ex candidato presidencial cuya imagen había calado profundo en lo que podemos llamar el « pueblo de izquierda », programó el sabotaje del JP y dió nacimiento con fórceps y cesárea a un nonato, el llamado parlamento democrático y social, que murió de muerte natural a poco respirar. El fracaso de esta iniciativa que se orientaba a reemplazar al incontrolable JP por una alianza más hacia la derecha de la izquierda no prosperó. Pero en contrapartida, entre los militantes comunistas la voluntad de actuar de consuno como JP seguía viva. La decepción cundió y ante el empantanamiento del JP deseado por la dirección del PC, algunos partidos se desligaron de éste, como el MIR, que lamentablemente congeló su participación en esta instancia unitaria.</p>
<p>Este proceso de conciliación no ha sido un camino de rosas para la dirección del PC que sabe que encuentra una resistencia tenaz en su base y las medidas disciplinarias tomadas contra jóvenes de la JJCC y dirigentes regionales y comunales lo demuestran. El desgaje del MPMR de la tutela del PC, es otro ejemplo de dicha contestación.</p>
<p>Que se nos entienda bien. En toda lucha política la negociación es un elemento central. Podríamos decir que el abc de la política es la negociación. No estamos abogando por que un partido revolucionario no pueda tener conversaciones con el gobierno de turno e incluso con sus enemigos. Si la política se inventó digámoslo así, fue en parte para no dirimir las diferentes opciones y diferencias a balazos. Ello, claro, en el supuesto que se actúa en el marco de un estado democrático.</p>
<p>Ahora bien, frente al marco de la institucionalidad pinochetista apuntalada por los sucesivos gobiernos de la Concertación caben dos actitudes : utilizar al máximo las pocas posibilidades que entrega la espúrea institucionalidad dejada por Pinochet y Lagos, pensando en que algún día se obtendrá el quórum requerido para modificarla o, junto con utilizar estas magras posibilidades, impulsar sin tapujos la movilización popular, única capaz de doblegar a aquellos que quisieran prolongar el statu quo per seculam.</p>
<p>Decimos entonces claramente que teniendo en cuenta el carácter antidemocrático de esta constitución y su casi imposible reforma por la vía parlamentaria, a los demócratas les asiste el legítimo derecho de actuar dentro y fuera del marco de esta institucionalidad espúrea y obrar por su abrogación.</p>
<p>Parte de la izquierda extraparlamentaria ha escogido este último camino. Pero parte importante de ella ha escogido el primer camino, privilegiando una estrategia única y claudicante : llegar a acuerdos con el oficialismo y la derecha, para tener una cuotita de representación parlamentaria, algunos diputadillos y tal vez, algún día -para las calendas griegas- reformar el engendro constitucional. Ello conlleva la necesidad de bajar el perfil de las luchas populares como una manera de no perturbar la acción gubernamental, uno de los interlocutores privilegiados de la actual dirección del PC.</p>
<p>La dirección del PC estimó luego del deceso de Gladys y de las reparaciones financieras y la elección de M. Bachelet, que los pasos dados por el gobierno « iban en el buen sentido ».</p>
<p>Se trata por cierto de una visión reformista a corto plazo que confunde al pueblo de izquierda y provoca una reacción encontrada en la base militante del PC, más proclive a trabajar con organizaciones sociales y políticas de la izquierda extraparlamentaria que con sectores concertacionistas, incluso si el gobierno de estos últimos prodiga sustanciosas buenas razones de carácter pecuniario que hacen rebosar de dicha a la actual dirección del PC.</p>
<p>Estamos ante una demostración clara de cretinismo, una búsqueda obsesiva y que a veces se vuelve obscena de acuerdos cupulares a todo trance que deja de lado o « tiende a bajar el perfil » de la necesaria movilización popular. La actual dirección del PC, corre así el riesgo de « cortarse » de un vasto sector del pueblo, en el que prima a pesar de todo una lógica unitaria que excluye todo entendimiento programático con la Concertación, mientras ésta aplique el continuismo neoliberal. Decimos bien entendimiento, esto es, acuerdos bajo tabla a espaldas de sus militantes y no conversaciones, puesto que estas últimas un revolucionario debe mantenerlas hasta con el diablo en persona. Las últimas huelgas y movilizaciones de los estudiantes, de los mapuches, de los trabajadores forestales, de protesta por el escándalo provocado por el Transantiago, confirman el aislamiento de la dirección del PC y las críticas cada vez más abiertas de sus militantes de base, quienes actúan de consuno con militantes de otros partidos y organizaciones de izquierda, al margen de la línea trazada por su dirección. Son estos sectores los que comienzan a llevar la batuta en lo que a movilización popular se refiere.</p>
<p>El bloque en el poder, congrega a un sector ligado directamente a la internacionalización de la economía que ha aprobado la inserción de Chile como apéndice situado en la periferia dependiente. Resituar a Chile como apéndice dependiente de la economía central fue el trabajo esencial llevado a cabo por la dictadura militar y que ha sido mantenido por los sucesivos gobiernos de la Concertación.</p>
<p>Por cierto, en todo bloque en el poder hay diversos componentes, cada cual con sus particulares características, pero los lazos transversales de la Concertación con la derecha (políticos, sociales, culturales) se comenzaron a manifestar con más fuerza desde el gobierno de Lagos. Recordemos que con ocasión de la última elección presidencial, la revista Capital (no querido lector, desengáñese, no se trata del viejo Marx) publicó una encuesta entre los patrones y dueños de empresas y de ella se desprendía que Lagos era su candidato favorito</p>
<p>El reformismo y la conciliación han sido una receta aplicada muchas veces en diversas latitudes. En Italia llevó a la desaparición del PCI y a la actual fusión de éste con la DC, con el consiguiente desencanto y descenso del horizonte de aspiración de cambio de las masas. En Francia, la colaboración de clases se manifestó en la llamada « mutación » emprendida por la dirección reformista del PCF que ha llegado hasta a vociferar con sus corifeos y amanuenses socialdemócratas las salmodias anticomunistas más burdas y que aceptó participar en un mal llamado gobierno de « izquierda plural » dirigido por el PSF, que durante los cinco años en el poder privatizó más empresas que los precedentes gobiernos de derecha. La sanción popular en 2007 ha sido inequívoca el : el PCF ha obtenido un 1,9% de los sufragios en la última elección presidencial y se encuentra hoy en una agónica fase terminal.</p>
<p>En contrapartida, la izquierda consecuente, extraparlamentaria como en Chile, ha registrado una adhesión popular, que tomando en cuenta las difíciles condiciones en las que dió la última batalla electoral francesa, obtuvo más del 8% de los sufragios (LCR, LO, PT y Altermundialistas). La lección es clara : cuando se estrechan relaciones con la socialdemocracia, el electorado popular se aleja. Lo que nos lleva a parafrasear una vieja y archiconocida frase de Tomic utilizada en muchas ocasiones por el PC que viene como anillo al dedo: « Cuando se gana con la nueva derecha (Concertación) es la nueva derecha la que gana ».</p>
<p>Es por ello que la loca carrera emprendida por la actual dirección del PC de Chile por subirse al menos en la pisadera del furgón de cola de la Concertación conlleva un peligro que para el comunista que escribe, reviste la máxima gravedad. Se aducirá como ya lo hemos señalado que en la lucha política se puede y se debe hablar hasta con el diablo sin por ello terminar oliendo a azufre. Pero en la deriva actual de la dirección del PC no hay sólo eso, no se trata únicamente de tomar el té con tostaditas cada cierto tiempo con conspicuos representantes concertacionistas y de la familia de los Ochocientos. No, hay algo más.</p>
<p>En el PC siempre existió un sector reformista que vió con buenos ojos la necesidad que la lucha política se circunscribiese exclusivamente al terreno institucional, legal, parlamentario. Ello se explica por la dependencia política, ideológica y financiera de Moscú. El gran debate continental habido no sólo en Chile sino en toda América Latina al respecto después del triunfo de la revolución cubana es decidor y no abundaremos en detalles.</p>
<p>Durante el gobierno de la UP dicho sector fue predominante en la dirección del PC y contribuyó con otros a su debacle, acuñando consignas y estableciendo una línea política que más que preparar al pueblo y a los militantes comunistas en todos los planos, los desarmaba. El « No a la guerra civil » ha quedado grabado en el bronce como demostración del alto grado de cretinismo imperante en dicha dirección.</p>
<p>Ahora bien, frente al impacto provocado en el exterior por el fracaso de un proceso que tuvo la osadía de autodenominarse revolución y que no « supo defenderse », surgieron voces discrepantes que con justa razón reclamaban por las responsabilidades en la tragedia. Pero claro, la dirección de entonces echó mano a los recursos de siempre, esto es, a sus relaciones internacionales y a sus estrechos lazos con Moscú y pasó la aplanadora. Muchos que ya antes del golpe habíamos denunciado la creciente conciliación y luego las responsabilidades por la catástrofe, fuimos, siguiendo un procedimiento conocido, catalogados de « ultraizquierdistas » y « caballitos de Troya », título de un lamentable opúsculo que emanó de la dirección del PC, donde se las emprendía contra el MIR, cuyos militantes combatían en Chile en esos momentos a la dictadura con las armas en la mano. Es sin duda, uno de los episodios menos gloriosos en la vida del PC.</p>
<p>La política de rebelión popular enunciada posteriormente, dígase lo que se diga, no fue del agrado de todos y algunos vieron con indisimulado beneplácito cuando la dirección del PC procedió a su abandono desde 1986, cuando se iniciaba la salida del período dictatorial que fue el resultado de un acuerdo entre la DC, el Alto Mando, Washington y algunos partidos otrora socialistas y ya para entonces socialdemócratas. En realidad nunca fue una política ampliamente compartida por ciertos dirigentes del PC que aspiraban a un entendimiento con los sectores de centro y con la antigua izquierda socialista vociferante y « mayonésica » que luego de vivir las delicias de un largo exilio dorado gracias a las prodigalidades de la socialdemocracia europea, había « sentado cabeza » y había excluido para siempre de su horizonte programático toda veleidad revolucionaria. Allende estaba muerto y bien muerto. Se le podía levantar una estatua, un mausoleo clausurado con un poderoso candado concertacionista que inhibiera todo intento por revitalizar su ejemplo y su acción.</p>
<p>Pero incluso ese conglomerado heterogéneo y reformista que contribuyó a la derrota de Pinochet en el plebiscito de 1988, se había planteado como una de sus primeras medidas ineludibles, la abrogación de la constitución de Pinochet y de la institucionalidad espúrea impuesta por la dictadura.</p>
<p>Han pasado veinte años. La atracción por el poder o digámoslo más derechamente, por la pega, las prebendas, el vil dinero, llevó a muchos comunistas a transformarse en ex. Lo mismo ocurrió en los otros partidos de la UP, es el conocido fenómeno de los renovados que pululan en todos los niveles y ámbitos del aparato del estado o en el sector privado. Ello debilitó al PC que debió aceptar la compañía y alianza con pequeños partidos y organizaciones considerados antes como infrecuentables y que ahora, en condiciones de pérdida de influencia en el ámbito nacional, aparecen como aliados pequeños pero imprescindibles a falta de otros de más envergadura. Siempre fueron vistos como aliados circunstanciales, klenex desechables, hasta el momento en que los partidos de más peso hicieron un signo y se dignaron invitar al PC a la mesa del pellejo -y no a la del festín que comparten únicamente con la derecha y los Ochocientos- para hablar de lo humano y lo divino, de lo conveniente que sería el 5% de votos comunistas para la próxima presidencial y sobre todo, de la necesidad que la dirección del PC trate de congelar las protestas sociales y condene toda « salida de madre » de los sectores extremistas, rodriguistas, violentistas, marxistas, anarquistas, protestas en las cuales los « desechables » parecen tener cada vez más protagonismo.</p>
<p>La muerte del obrero Rodrigo Cisternas en Arauco demostró que nuevas formas de lucha, más incisivas y radicales, se llevan a cabo por fuera de la pesada burocracia sindical oficial y por cierto, fuera de la línea trazada por la dirección del PC. El largo « flirt » el PC y el oficialismo gobernante complació sobremanera a aquellos que siempre habían añorado una política de colaboración con la socialdemocracia y la DC y estiman entonces que ha llegado el momento de socialdemocratizar al PC. Es ese proceso en curso el que se observa actualmente.</p>
<p>Esta deriva hacia la conciliación tendrá su prolongación en los acuerdos para las elecciones municipales a los que ya se apresta a suscribir la dirección del PC apoyando a candidatos concertacionistas en algunas comunas, en detrimento de la necesaria unidad de la izquierda.</p>
<p>La única manera de oponerse a nuestro juicio a esta deriva es elevar y acerar la unidad y potenciar el trabajo unitario del JP. Este debería estar dispuesto a conversar y negociar -como JP- hasta con el diablo, sin por supuesto transar en lo que es intransable, esto es, la lucha decidida por la abrogación de la constitución y su reemplazo por una constitución que sea el resultado de un proceso democrático, es decir, elección de una constituyente donde estén representados todos los sectores políticos. Dicha asamblea debería tener como tarea la elaboración de un proyecto de constitución que tendría que ser presentado para su aprobación por el pueblo soberano. Es así como se estila en los países civilizados. La izquierda extraparlamentaria tiene que potenciarse, es la única manera que una fuerza amplia que incluya toda su diversidad pueda instalarse como interlocutor ineludible para la democratización del país. Dejar esta tarea en las manos de la dirección de una sola organización que da signos evidentes de tendencias conciliadoras sería un error.</p>
<p>Paco Peña. JPM-Francia<br />
París, 1° de junio de 2007.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[El problema Chávez-FARC: Los caminos de la revolución en nuestra América ]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/06/17/el-problema-chavez-farc-los-caminos-de-la-revolucion-en-nuestra-america/</link>
<pubDate>Tue, 17 Jun 2008 12:03:51 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
<guid>http://hernanmontecinos.com/2008/06/17/el-problema-chavez-farc-los-caminos-de-la-revolucion-en-nuestra-america/</guid>
<description><![CDATA[Por: Narciso Isa Conde Fuente: www.lahaine.org (17.06.08) El estigma contra las rebeldías armadas, p]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por:  Narciso Isa Conde<br />
Fuente: www.lahaine.org (17.06.08)<!--more--></p>
<p>El estigma contra las rebeldías armadas, promovido por la dictadura mediática estadounidense, ha logrado una gravitación bestial… Esto hace extremadamente difícil la pelea por su reivindicación<br />
Hay quienes han pretendido tomar las diferencias generadas por la reciente posición de Chávez respecto a las FARC y al conflicto armado en Colombia, para reducirla al tema “vía armada” vs. “vía pacífica”, camino violento vs. camino electoral; obvio, por supuesto, el interés en reeditar el simplismo aquel que tanto contribuyó a la división de las izquierdas en los años ´60 y ´70 del pasado siglo XX.</p>
<p>Y no se trata de eso. Ni tampoco, en mi caso y en el de muchos(as) otros(as), este ha sido el eje conceptual de las objeciones hechas a la actual posición del comandante Chávez.</p>
<p>Ruptura de esa trampa mental</p>
<p>Hace ya mucho tiempo que no pocos dirigentes y militantes de la izquierda latino- caribeña nos zafamos de esa trampa mental.</p>
<p>Años antes de que el camarada Jorge Schafik Handal escribiera el artículo titulado: “El Debate de la Izquierda en América Latina”, que ahora se esgrime fuera de contexto, y en el que se analizan básicamente las diferentes conductas de las izquierdas del continente respecto al tema de la participación electoral y de los posicionamientos dentro del sistema dominante, se desplegó un gran esfuerzo para aclarar ciertas confusiones, insistiendo en la necesidad de diferenciar y precisar los vínculos entre:</p>
<p>La vía de la revolución y la vía e la toma del poder.<br />
Gobierno y poder.<br />
Reformas y revolución.</p>
<p>También se insistió en todo lo relativo a las formas y métodos de lucha, a las condiciones para su desarrollo, a su relación con el sujeto o los sujetos sociales de la revolución, a su eventual combinación y despliegue, a su desarrollo desigual por países y al valor de la creatividad popular en todo esto.</p>
<p>Igual en esas reflexiones ocupó entonces un lugar importante el tema de la violencia, sus formas y expresiones, sus modalidades y vertientes.</p>
<p>Recuerdo todo lo que contribuyó al esclarecimiento de estos temas la experiencia vietnamita, especialmente la creatividad, la firmeza estratégica y la flexibilidad táctica en su conducción revolucionaria; que a su vez impregnaron la teorización y el aprendizaje de las enseñanzas de su proceso liberador.</p>
<p>Ayudó mucho, además, el examen crítico y auto-crítico de las experiencias de la lucha armada y no armada, de lucha política y social, de lucha electoral y no electoral, de las acciones violentas y no violentas, así como la emergencia de nuevos actores sociales y nuevas modalidades de lucha en nuestra América.</p>
<p>De todo ese esfuerzo me siento parte inseparable.</p>
<p>Nuevas reflexiones sobre la revolución necesaria</p>
<p>Por esos vericuetos de la reflexión y del pensamiento fuimos arribando a una visión mucho más integral, abarcadora y profunda; tomando siempre como eje irrenunciable la necesidad de la revolución, en tanto cambio radical en la hegemonía de clase, de género, ideológica, cultural…; cambio de los sujetos sociales en materia de poder y no solo de poder estatal: nuevo poder en cuanto Estado y en cuanto a sociedad, en cuanto a las relaciones de propiedad y a las relaciones del Estado, partidos y movimientos sociales, al sistema jurídico político, a la participación y decisión democrática, a la institucionalidad, a las bases constitucionales del sistema y al proyecto estratégico del “no poder” y de la sociedad sin Estado.</p>
<p>Así fueron fluyendo las ideas (volviendo a Marx, a Engels, a Lenin, a Gramsci, a Mariategui, al Che, a Trosky, a Rosa Luxemburgo…; recuperando las cosmovisiones indígenas y el feminismo revolucionario) y los nuevos aportes sobre el tema de poder; enriqueciéndolo todo desde las experiencias vividas y sufridas, capaces de nutrir una estrategia de creación y de ruptura destinada a dar al traste con el viejo orden y a construir el nuevo poder transitorio y la nueva sociedad.</p>
<p>Y de esta manera de pensar resultó necesario valorar que no era equivalente la vía de la revolución a la vía de la toma del poder central del Estado, ni tampoco eran cosas iguales hablar de vía de la revolución o de la vía de la toma del poder y de las vías de aproximación a esos objetivos.</p>
<p>Y dentro de esta lógica fue necesario entender que el poder no simplemente se “toma”, sino que se crea, se construye, se desarrolla, y también se toma con la participación y decisión del pueblo; concebido fundamentalmente como hegemonía, como autoridad bien ganada, como influencia político-cultural decisiva en el tejido social y en las nuevas instituciones, como proyecto transformador de la sociedad, como poder popular. No como simple control del Estado y si como transición a asociación de seres humanos absolutamente libres.</p>
<p>Vía de la revolución, vías de la toma del poder, vías de aproximación y formas de lucha</p>
<p>La vía de la revolución en nuestras sociedades capitalistas-neoliberales y dependientes, es realmente la suma, combinación, articulación y sucesión de formas y métodos de lucha que posibiliten en un cierto periodo histórico el cambio revolucionario y la construcción y preeminencia del nuevo poder hacia una nueva sociedad socialista.</p>
<p>Y me refiero a los medios pacíficos y a los violentos, a los armados y no armados, a los institucionales y a los extra-institucionales, a los electorales y no electorales, a los que se circunscriben a la batalla de las ideas y a los que incursionan en el campo de lo militar.</p>
<p>En gran medida la variedad de métodos y formas de lucha empleados por los sustentadores y beneficiarios del orden dominante, determina la necesidad de la variedad y la integralidad de ellos en el camino hacia la liberación y la revolución. Siempre ha sido así históricamente.</p>
<p>Ni le receta rígida, ni la exclusión de métodos y formas de lucha –mucho menos la unilateralidad en su empleo- pueden conducir a procesos exitosos.</p>
<p>La vía de la toma del poder central del Estado está determinada por las formas y métodos que predominen para producir la ruptura, reemplazo y superación del viejo Estado y de sus instituciones, lo que incluye su poderoso aparato militar al servicio de la clase dominante (ya sea en su expresión dentro del territorio nacional o como invasión, ocupación e intervención de las fuerzas armadas imperialistas)</p>
<p>Y la vida nos indica que tampoco en este aspecto hay dogmas, aunque si es claro que se precisa contar con una acumulación no solo política, social y cultural; sino también militar; capaz de vencer la resistencia violenta del viejo orden, así como contrarrestar, con o sin confrontación sangrienta, todo el despliegue de fuerza militar dirigido a impedir la transformación revolucionaria planteada.</p>
<p>Las “vías de aproximación” a la revolución y a la toma del poder central de Estado, son en realidad sumamente variadas y previas al desplazamiento total del poder de la clase gobernante dominante.</p>
<p>Ellas incluyen de manera sobresaliente las demandas económicas, sociales, políticas y culturales y las formas y métodos de lucha aglutinadoras de los sujetos del cambio, movilizadoras del pueblo, confrontadoras con los actores políticos y sociales gubernamentales, propiciadoras de cambios sustanciales en las correlaciones de fuerzas.</p>
<p>En unos casos, es la lucha anti-dictatorial o anti-despótica y la movilización contra sus protagonistas.</p>
<p>En otros, las movilizaciones y rebeldías sociales contra las políticas empobrecedoras, contra sus ejecutores y beneficiarios.</p>
<p>En algunas situaciones pueden hacer de detonantes las sublevaciones militares o cívico-militares por objetivos muy sentidos por el pueblo.</p>
<p>En otras, el factor dinámico puede ser una gran fuerza electoral capaz de vencer los partidos de la oligarquía, la partidocracia tradicional.</p>
<p>A veces se suceden una y otras produciendo efectos variados de acumulación y aproximación a cambios más trascendentes.</p>
<p>Una victoria electoral, sobre todo si es protagonizada por una fuerza política transformadora, puede ser una vía de aproximación efectiva a la revolución o a reformas profundas que la faciliten; siempre que logre poder en todos los órdenes.</p>
<p>Otras formas no institucionales de conquista del gobierno -que no es sinónimo de conquista del poder (aunque resultan palancas importantes, pero no decisivas)- pueden también servir de vías de aproximación a los cambios propuestos.</p>
<p>Los procesos pueden ser muy variados, y hasta inéditos; aunque ciertamente en determinados periodos a nivel continental pueden darse, en un buen número de países, situaciones parecidas con caminos parecidos. Nunca, claro esta, uniforme. Nunca excluyente de diversidades y hasta de situaciones realmente díscolas o fuera de serie.</p>
<p>Algo clave es no contraponer métodos, formas de lucha, vías de aproximación y variante en la ruptura del viejo poder y la construcción de la nueva institucionalidad.</p>
<p>No se trata por tanto de clausurar uno u otro camino, una u otra modalidad de lucha. Lo que ayer fue posible, hoy puede no serlo. Pero mañana bien podría volver a tener vigencia. Un paso puede servir y hacer posible el otro.</p>
<p>No hay que ponerle camisa de fuerza a los procesos en materia de formas de acción, métodos de lucha y expresiones por el cambio. Más cuando ellos, ellas, brotan de realidades, actores, tendencias y procesos concretos.</p>
<p>La misión del revolucionario(a) es impulsarlo, articularlo, politizarlo, darle conducción y sentido de poder transformador.</p>
<p>Experiencias que ilustran</p>
<p>En una fase de predominio de procesos violentos, Salvador Allende y la Unidad Popular lograron acceder al gobierno por la “vía pacífica”, a través de un proceso electoral. No se trató, claro estaba, de un nuevo poder.</p>
<p>Lo fallido en ese caso no fue alcanzar esa victoria, sino la incapacidad para defenderla y avanzar; la incapacidad política y militar para responder a la violencia y al poder militar de los enemigos de ese proceso. Las limitaciones para producir el paso de ser gobierno al poder real del pueblo.</p>
<p>Desafíos similares pueden plantearse, por ejemplo, en procesos actuales como el boliviano y el ecuatoriano, sobre todo si no se mediatizan y asumen con firmeza el camino de profundizar las reformas en dirección a la revolución.</p>
<p>No parece lógico desde una óptica revolucionaria objetar esos avances logrados por vía electoral, como cualquier otro triunfo electoral de carácter progresista, avanzado, inspirado en la idea de avanzar hacia un proceso revolucionario. Eso no es lo que está en cuestión.</p>
<p>Lo que se discute es si ese logro basta o no basta, si se debe detener la marcha en ese contexto institucional, si se debe o no ir más lejos, si en caso de pretender avanzar hacia el poder y hacia las transformaciones estructurales, se deben o no ignorar las respuestas necesarias a las consabidas resistencias que eso entraña, si se debe o no ceder frente a las reacciones de bloqueos diversos, con variados grados de violencia, de parte de la reacción oligárquica-imperialista. </p>
<p>Si de antemano se debe desistir de la contrapartida revolucionaria y de la respuesta también violenta desde el pueblo en caso de esas obstrucciones reaccionarias.</p>
<p>Si se debe proceder de manera tal que el monopolio de las armas sea eternamente de las derechas y del imperialismo.</p>
<p>Lo que se cuestiona es si hay que declarar definitivamente clausurada la vía violenta, las guerras de guerrillas, las insurrecciones populares armadas, los levantamientos cívico-militares, los contragolpes revolucionarios, las guerras patriótica contra los invasores, las guerras de todo el pueblo, las guerras asimétricas…Más cuando no estamos frente a oligarquías, derechas políticas e imperialismos con vocación precisamente pacifista.</p>
<p>Lo que se cuestiona, aun con mayor fuerza, es que anticipadamente lideres que actuaron a nombre de las izquierdas de sus respectivos países y que ganaron elecciones con esas banderas- casos específicos como el de Lula y Tabaré Vásquez- anticipadamente resignen, por esos riesgos, la necesidad de cambios profundos, y se limiten a paliar algunos males, a hacer reformas intrascendentes, a ceder frente a las contrarreformas neoliberales, a contemporizar en vertientes importantes de la dominación oligárquica-imperialista, a moverse parcial y limitadamente con cierta independencia en la política exterior y a plegarse en otros aspectos significativos, a administrar y moderar inteligentemente el modelo neoliberal.</p>
<p>Y no menciono los casos de Chile y Argentina porque no son propiamente opciones asumidas como izquierdas, si no salidas parcialmente moderadas y progresistas de una derecha inteligente y no totalmente sumisa.</p>
<p>La experiencia del proceso hacia la revolución en Venezuela ha sido diferente. La violenta masacre militar a raíz del “Caracazo”, rompió en Venezuela la quietud del dominio de la partidocracia, de la oligarquía y las transnacionales y generó como contrapartida del levantamiento militar del MRB-200 encabezado por Chávez.</p>
<p>Se trató de una especie de insurrección militar impactante. Un acto de rebeldía armada, nada pacífico, que posibilitó una original acumulación de poder militar, garantía posterior de todas las victorias y transformaciones en paz; paz precaria, amenazada, asechada, no solo por el golpismo violento, sino por los proyectos de intervenciones militares gringas.</p>
<p>Si vemos las revoluciones como procesos, ni tan pacífico ha sido el proceso que ha tenido lugar en la Venezuela bolivariana de los últimos años. Su esencia, pese al peso de la vía electoral después del levantamiento militar de principio de los 90, no es el simple civilismo sino la alianza pueblo-fuerzas armadas. Y se trata, además, de un proceso inconcluso y todavía cargado de las incertidumbres que pueden generar planes funestos del imperialismo, peores que las sediciones anteriores y el golpe derrotado. Un proceso constantemente amenazado por la violencia contrarrevolucionaria.</p>
<p>Revolución pacífica pero armada, dice Chávez. Por lo que desde ella no es correcto negar persé la pertinencia de la vía armada, sobre todo cuando la actual dirección revolucionaria venezolana -la misma que cara a las FARC-EP considera “fuera de moda” y “de orden” la lucha armada- se ve precisada a diseñar un proyecto de guerra asimétrica, de guerra de todo el pueblo, frente a las claras intenciones de guerra e intervención del imperialismo estadounidense y del “sub-imperialismo” colombiano.</p>
<p>Cuba tuvo que hacer dos años de revolución armada para vivir 50 años de paz, independencia y conquistas sociales trascendentes, pero nunca jamás ha desistido volver a la vía armada frente a la posible ejecución de los designios violentos de la contrarrevolución imperial. Por el contrario, su determinación ha llegado hasta el punto de darle cuerpo, como medio de autodefensa de masas, a la tesis de la guerra de todo el pueblo de inspiración vietnamita.</p>
<p>Y por eso en la Cuba actual está planteada la posibilidad, sin grandes sobresaltos (como es deseable), de un relevo generacional y un cambio hacia un modelo preferiblemente de orientación socialista, mas participativo y eficiente.</p>
<p>En Colombia: menos aun</p>
<p>En Colombia existe una especie de engendro macabro en términos de Estado y de poder. Es la nota más discordante a escala continental.</p>
<p>Un Estado narco-paramilitar, terrorista, feroz. Un gobierno sintonizado con la lógica guerrerista de los halcones de Washington. Una dominación violenta, fascistoide, corrupta, asquerosa, criminal, en todos planos y vertientes.</p>
<p>Un país con grados elevados de presencia militar estadounidense y arrastrado a jugar un papel puntero en los planes de agresión estadounidenses y de conquista militar de la Amazonía; así como en los programas contrarrevolucionarios contra Venezuela y Ecuador.</p>
<p>No hay que repetir aquí los datos que prueban su vocación persistente por el genocidio y las masacres. Esto dura ya 60 años y cada día ese poder se torna más violento y empobrecedor, más excluyente y saqueador. La era neoliberal y el poder de los halcones allí lo potencia todo en el peor de los sentidos.</p>
<p>La insurgencia, las FARC, el ELN, los movimientos radicales han sido una necesaria contrapartida; independientemente de cualquier error cometido en su largo y heroico batallar.</p>
<p>Se trata, por demás, de un importantísimo acumulado político-militar no solo para enfrentar lo que está cruel realidad depara, sino además lo que viene, que todo indica será peor.</p>
<p>Me refiero a lo que viene en Colombia dentro de la escalada militarista, guerrerista e intervencionista del Pentágono-USA, y a lo que puede venir en esa región, apuntando con fuerza contra los procesos avanzados de Venezuela, Ecuador y Bolivia; apuntando hacia la conquista militar de la Amazonia por EEUU y sus socios y hacia la revocación de los avances políticos en la región.</p>
<p>En tales condiciones, pensar en el camino armado, en la resistencia popular-militar, en la insurgencia armada de los pueblos, es una necesidad; sin desmedro de otras formas de lucha, de una combinación de métodos de lucha y movimientos políticos y sociales alternativos.</p>
<p>Salta a la vista lo infundado e inconsistente que es afirmar, así las cosas, que la lucha armada “pasó de moda”, o se quedó en la historia, o que en el caso de Colombia es una “excusa” para agredir a otros.</p>
<p>Sugerirle a las FARC que libere sus prisioneros y rehenes a cambio de nada (y este no es el aspecto más lesivo, aunque si injusto y difícil de implementar con seguridad), que se desmovilice y acceda a la vida pública y legal en el contexto de un Estado con las características descritas y en una situación como la que preside Uribe en Colombia, es como pedirle que lo arriesgue todo y se exponga al exterminio, que liquide de sopetón al patrimonio político-militar construido en décadas de sacrificios y pase a ser víctima de seguras retaliaciones sin posibilidad de responder. </p>
<p>Aceptar ahora esa sugerencia, o decidirlo por cuenta propia en cualquier otra oportunidad, es sencillamente suicida, porque es un paso hacia un abismo mortal. Una especie fosa común que los “garantes” propuestos, algunos de ellos tremendos cabrones denunciados por el propio Chávez, no podrán tapar y que los halcones de Washington y el pérfido uribismo tienen bien diseñada para las FARC.</p>
<p>Esto equivale a disolver a cambio de nada, o de muy poco, el único ejército popular antiimperialista, pro-socialista, de Colombia y de la región. Y digo el único, por que esa misma receta es válida también para el ELN que es el otro componente de ese ejército y de la contrapartida popular militar.</p>
<p>Más allá de Colombia</p>
<p>Pero tampoco es correcto decretar la clausura de la vía armada a escala continental con los nubarrones de guerra e intervención gringa que se ciernen sobre nuestros países y especialmente en esa zona de Suramérica.</p>
<p>La creciente y perfeccionada cadena de bases militares estadounidenses no es para jugar fútbol o pelota. Tampoco lo es la activación de la IV Flota del Army. Ni las operaciones “Nuevos Horizontes” o “Confraternidad con las Américas”. Nada de eso.</p>
<p>Cierto que en tiempos recientes, auque precedidas y/o combinadas con otras formas de lucha, los mayores avances políticos se han dado a través de elecciones.</p>
<p>Pero cierto también es que esto tiene límites y fragilidades más que evidentes, puesto que las amenazas de desestabilizaciones violentas y no violentas, de conspiraciones internas y de intervenciones y guerras imperialistas, son más que reales; puesto que se trata, en algunos casos de procesos que se proponen tareas superiores a la contemporización con el status quo.</p>
<p>Por eso, no le veo el sentido revolucionario a los pronunciamientos y/o iniciativas basadas en la negación, cara al presente y al futuro, de la validez del recurso de las insurgencias armadas y en una propuesta de desmovilización de lo que en ese orden se ha podido acumular, ya sea en Colombia (FARC Y ELN), en México (EZLN y otros movimientos políticos militares), o en cualquier otro país del continente o del mundo.</p>
<p>Visto este panorama continental y sus perspectivas, la insurgencia armada, la resistencia popular armada, la alianza pueblo y militares patriotas, podrían tornarse cada vez más necesarias en no pocos casos y a escala de Patria Grande. ¡Y en la situación colombiana ni hablar!</p>
<p>Esto es así independientemente de los resultados de las elecciones estadounidenses, dado que el poder permanente, el complejo militar industrial, las corporaciones transnacionales, la claque militar reaccionaria, la CIA y el sistema de inteligencia, el sionismo y su poder interno real, los petroleros y contratistas vinculados a la guerra, tienen en EEUU más poder decisorio que cualquier presidente, ya liberal, ya conservador. </p>
<p>Barak Obama, que ha tenido la posibilidad de despertar y captar sentimientos anti-guerreristas y pro-paz y de generar ilusiones posiblemente más allá de sus límites y compromisos sistémicos soterrados, además de una posibilidad todavía incierta, deberá demostrar si está dispuesto más allá del discurso a desmontar la tesis de las guerras preventivas y a dejar sin efecto el programa de guerra global. ¡Y en el mejor de los casos habrá que ver si los dueños de ese gran poder se lo van a permitir!</p>
<p>Obsérvese además, como una vez electo candidato, el propio Obama hizo gala de pro-sionismo ante los representantes del gran capital judío, hasta niveles cuasi repulsivos, lo que indica propensión a ceder ante los poderes fácticos.</p>
<p>Ese tema debería seguirse con mucha atención, pero también con mucha prudencia. Con disposición a aprovechar los respiros temporales y las distensiones efímeras que ocasione, así como las contradicciones secundarias que pueda generar. Sin desbocamientos, sin cálculos falsos en cuanto a cambios esenciales en un poder, en un “establecimiento” y en una línea hegemónica bipartidista, que para ser superados precisarán de una gran crisis política y de una gran conmoción todavía en gestación, pese a todos los factores de decadencia exhibidos hoy por ese imperio.</p>
<p>No esperemos, aun en el mejor de los casos, de ese fenómeno electoral, cambios sustanciales en la política de EEUU, ni tolerancia o neutralidad respecto a los procesos hacia la nueva independencia, la nueva democracia y el socialismo participativo en nuestra América; salvo en los casos en que realmente se le conceda renunciar de hecho a esos valores y mediatizar y tranzar los procesos más avanzados como el de Cuba, Venezuela, Ecuador Bolivia…Y eso solo equivale a tolerar lo que ellos desean tolerar: lo que no afecta ni su hegemonía ni su estrategia de dominación imperial.</p>
<p>Esa lógica imperial explica el por qué, incluso en pleno gobierno de los peores halcones, el tratamiento a Chávez ha sido uno y el tratamiento a Lulá y a Tabaré Vásquez, otro.</p>
<p>De todas maneras, no parece acertado aplaudir las opiniones que propugnan por empeñar la necesidad de profundización de los cambios en marcha y las posibilidades de nuevos avances en países amenazados de crisis de gobernabilidad y de poder, en aras de algo que todavía está por concretarse y que en tal caso solo puede conducir a un pacto perjudicial al proceso de autodeterminación de nuestros pueblos y naciones.</p>
<p>Y lo digo así, porque siento que se está gestando un clima (promovido por los sectores más blandos de esta oleada de cambios), bastante favorable a replegar banderas y dinámicas radicales para reducir presiones; entendiendo que el cambio de administración en EEUU creará condiciones favorables en esa dirección y a menor precio, y considerando además que es preciso alentar esto desde ahora.</p>
<p>Cierto que las presiones imperiales son inmensas. Pero “quitarse presiones” abandonando ejes esenciales del nuevo proyecto revolucionario, haciendo concesiones a costa de la profundización y ampliación de los procesos, podría conducir a una incontenible mediatización, camino a la liquidación, de esta promisoria onda transformadora.</p>
<p>Recordemos lo que nos enseñó el querido Che: al imperialismo no lo podemos ceder “ni un tantito así”. ¡Asumamos esta sabia sentencia en homenaje a sus ochenta años de edad y a su eterna trascendencia!</p>
<p>En lugar de desarmarse, los movimientos populares y los procesos avanzados en marcha, deben pensar en armarse más y mejor. Y esto es válido tanto desde el punto de vista teórico-político, como desde el punto de vista militar.</p>
<p>En lugar de desmovilizarse, las FARC, el ELN, el EZLN, el EP y otras organizaciones insurgentes, deben pensar en armarse y fortalecerse en todas las vertientes del quehacer revolucionario. Igual los componentes y las estructuras más avanzadas dentro de las administraciones interesadas en avanzar hacia nuevas revoluciones.</p>
<p>El estigma contra las rebeldías armadas, promovido por la dictadura mediática estadounidense, ha logrado una gravitación bestial…Esto hace extremadamente difícil la pelea por su reivindicación, pese al rol de las armas en la gesta de Bolívar y los próceres de América y todos los episodios y gestas heroicas de nuestros pueblos.</p>
<p>Pero por difícil que sea, es preciso rechazar el chantaje y poner cada cosa en su lugar; más cuando se avecinan momentos en que desarmarse ideológicamente en ese aspecto podría resultar fatal.</p>
<p>Y si nuestras sinceras apreciaciones no convencen a los que asumen como bueno y válido el nuevo giro dado por el respetable y admirable líder de la revolución bolivariana, los invito a profundizar este trascendente debate, a seguir intercambiando ideas con respeto y altura, a debatir entre camaradas en busca de la verdad y la certeza. A esforzarnos por superar esta contradicción, por despejar la gran confusión creada y procurar un enfoque común, o por lo menos puntos de encuentros, normas de respeto y actitudes complementarias.</p>
<p>Al propio comandante Chávez le sugiero contribuir a crear ese clima de discusión e intercambios, promoviendo las instancias de debates necesarias y apropiadas para el caso. Debemos escucharnos, abrir nuestras mentes y corazones para que en el caso colombiano y a escala continental el imperio y las oligarquías no se salgan las suyas y no logren debilitar este difícil pero estimulante proceso hacia la nueva independencia, ahora en riego de reversión.</p>
<p>Y para terminar debo decir algo que me sale del alma:</p>
<p>Cuando leo y oigo todo lo que la mafia uribista le atribuye a las computadoras de Reyes y de Iván Ríos, cuando escucho todos esos planes para adquirir cohetes y elevar la capacidad de combate de las FARC, cuando oigo decir del traspaso de altas tecnologías militares a los movimientos subversivos, cuando leo sobre los portentosos planes de expansión de la insurgencia armada –sabiendo que no es cierto, y aun conociendo la perversidad y los fines nefastos que lleva a esos señores a verter tantas y tan grandes mentiras- desearía de todo corazón que todo eso -y mucho más- fuera absolutamente cierto y se estuviera ejecutando.</p>
<p>Porque en verdad-verdad, no hay nada tan desgraciado, tan fatal para la humanidad, como un imperio con tantas armas, con tan alta tecnología militar, con tanta vocación destructiva, con tanta capacidad genocida… sin la contrapartida política-militar necesaria para detener sus fechorías y derrotar sus pretensiones totalitarias.</p>
<p>(12 de junio2008, Santo Domingo, RD)<br />
La Haine </p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Para conseguir algo primero hay que desearlo]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/06/02/para-conseguir-algo-primero-hay-que-desearlo/</link>
<pubDate>Mon, 02 Jun 2008 12:09:38 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
<guid>http://hernanmontecinos.com/2008/06/02/para-conseguir-algo-primero-hay-que-desearlo/</guid>
<description><![CDATA[Por: Gemma Galdon Clavel Fuente: Kaos en la red (02.06.08) Título original del artículo: &#8220;Algu]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: Gemma Galdon Clavel<br />
Fuente: Kaos en la red (02.06.08)<!--more--></p>
<p>Título original del artículo: &#8220;Algunas ideas para recuperar la capacidad de soñar de la izquierda&#8221;</p>
<p>El título de este artículo no refleja, evidentemente, una realidad. Es un sueño. Una ilusión. Una esperanza. Pero de las absolutamente necesarias, porque para conseguir algo primero hay que desearlo. ¿A alguien se le cumplió alguna vez un sueño que no hubiera tenido?</p>
<p>Pero entonces, ¿por qué parece tan inverosímil una afirmación como &#8220;la alegría de ser de izquierdas&#8221;? Lo que planteo en estas líneas es que lo peor que le ha pasado a la izquierda en estos últimos tiempos es que se ha olvidado de soñar y de hacer soñar. Mientras nos indignábamos ante el devenir del mundo, nos atrincheramos en la agria denuncia y reprimimos la ilusión y la imaginación; nos refugiamos en las grises rutinas y los análisis coyunturales. Nos olvidamos, en definitiva, del deseo. De aquello que nos llevó a nosotros, en su día, a optar por la disidencia.</p>
<p>Si ser de izquierdas no es la adhesión a un programa político, ni el galardón concedido a quienes asisten infatigables a reuniones interminables, ni consiste en pagar la cuota de alguna organización política o social progresista o dar la vara desde las eruditas cumbres de la verdad y la razón, entonces quizás ser de izquierdas sea, sobre todo, una sensibilidad. Nadie da forma a su escala de valores ni a sus opciones políticas a través del análisis racional de la realidad, los datos y los discursos. Lo que nos lleva a situarnos políticamente es fruto de nuestra forma de ver y de experimentar el mundo, y en el caso de la izquierda, que pocas veces encarna el discurso mayoritario, esta posición ante el mundo viene marcada por la voluntad, la ilusión y el deseo de cambiarlo.</p>
<p>Entonces, si la capacidad de imaginar realidades alternativas, de soñar con que las cosas sean diferentes, es lo que informa esta sensibilidad, ¿porqué no incorporar emoción, juego y espectáculo a todo lo que hacemos? ¿Por qué no practicar la alegría de formar parte de un proyecto por una sociedad más justa, más igualitaria, más sostenible y más feliz?</p>
<p>Ellos sí sueñan</p>
<p>Las razones de la renuncia a la imaginación y el sueño pueden ser muchas: desde la decepción ante la ilusión pasada, a las altas dosis de realidad y concesiones que impone la práctica política y las dinámicas internas de las organizaciones. Estos factores nos afectan a nivel individual y, con el tiempo, pueden desgastarnos hasta límites insospechados.</p>
<p>Como colectivo, sin embargo, como izquierdas, esta renuncia creo que tiene un origen diferente: la apropiación del juego y del deseo por parte de los otros. Quienes mejor han aprendido a jugar con los deseos y las emociones, para manipularlos, son los publicistas al servicio de los grandes grupos empresariales y los grandes partidos políticos. Los medios de comunicación y las calles están llenos de mensajes que buscan movernos algo por dentro que nos lleve a consumir y/o a no pensar. Los partidos mayoritarios buscan movilizar continuamente nuestras emociones para buscar adherencias a su programa político (sólo hay que recordar la &#8220;niña&#8221; de la campaña de Rajoy, o el &#8220;si tu no vas, ellos vuelven&#8221; del PSOE).</p>
<p>Este recurso constante a lo irracional, a la emoción y el deseo despierta muchos recelos entre la izquierda -es, de hecho, uno de sus campos de batalla. Y con razón. La utilización de la manipulación emocional para conseguir votantes o consumidores es detestable (y ha llevado ya en varias ocasiones al encumbramiento de proyectos políticos genocidas). Sabemos que nosotros no somos como ellos, y por eso insistimos en la razón, en la verdad, en poner en evidencia emperadores desnudos. El problema es que nadie nos escucha.</p>
<p>Los límites de la verdad</p>
<p>¿Qué ocurriría si mañana salieran a la luz documentos oficiales que evidenciaran la participación de la administración Bush en los atentados del 11-s? Probablemente lo mismo que ocurre cada vez que la historia nos da la razón: nosotros asentimos con sentimientos mezclados de condescendencia y rabia, y soltamos algún &#8220;ya lo decíamos nosotros&#8221;, &#8220;eso ya lo predije yo en 1814&#8243;. Ellos miran hacia otro lado. Y el mundo sigue igual&#8230; Los nada de hoy siguen siendo nada.</p>
<p>La verdad, por sí sola, no moviliza. Para que sea efectiva debe generar emoción, empoderar, suscitar deseo y capacidad de soñar. ¿Por qué son ya más numerosas las manifestaciones del May Day a las de los sindicatos oficiales? ¿Cómo consiguió sacar de sus casas a tantos jóvenes el movimiento antiglobalización? ¿Por qué en las camisetas sale el Che Guevara y no Llamazares?</p>
<p>La clave está en la combinación de verdad y sueño. Los otros utilizan las emociones para manipular el deseo y alejarnos de nosotros mismos, la verdad no les interesa para nada. Nosotros, en cambio, somos expertos en verdades; ser rectos y racionales, íntegros, es lo que mejor sabemos hacer&#8230; pero no sabemos nada de las emociones. Sin embargo, las sentimos: ¿a quién no le tentó volver a soñar que quizás otro mundo sí era posible cuando escuchó por primera vez al Subcomandante Marcos?</p>
<p>Evidentemente, el equilibrio es tenso, pero no imposible: debemos conseguir movilizar emociones sin caer en la manipulación; abrir ventanas de esperanza renunciando a vender un producto prefabricado; debemos atrevernos a soñar para generar sueños. La clave, creo, está en la imaginación y en sumergirnos en el mundo de los estímulos, para conseguir transmitir aquello en lo que creemos y, por el camino, desvelar las trampas del discurso de los vendedores de pan y circo.</p>
<p>McIzquierda</p>
<p>Algunos ya lo están haciendo: las últimas campañas del PSOE han jugado precisamente a eso. La promesa de Zapatero de retirar las tropas de Irak, realizada incluso en contra de los barones de su partido, nos llegó a todos por la valentía y convicción que transmitía. Racionalmente, siempre supimos que era el PSOE de siempre, pero ¿a quién no le vinieron ganas de creer por unos segundos? Lo mismo ocurre con el &#8220;si tú no vas, ellos vuelven&#8221; mencionado anteriormente: es un mensaje diseñado para entrar por las emociones, no por la cabeza. Y funciona.</p>
<p>Sin embargo, el truco no está en imitar las tácticas publicitarias de las empresas para crear una especie de McIzquierda capaz de convencer al mundo de que el futuro será maravilloso con sólo depositar la papeleta correcta en la urna electoral, o firmar el giro bancario para pagar una cuota de apoyo, poniéndonos así al nivel de los desodorantes que prometen éxito con las mujeres o la bollería industrial que promete amigos por todas partes. Tenemos la suerte de que muchos de nuestros valores forman parte del imaginario colectivo (¡por eso la derecha hace tantos esfuerzos por apropiárselos!), por lo que no tenemos que hacer promesas absurdas ni engañar a nadie -en realidad, quizás baste con que consigamos despertar algo que ya está latente; con que, sin dar recetas, provoquemos la reflexión crítica e inteligente. Quizás baste con deformar.</p>
<p>Espejos cóncavos</p>
<p>No hay duda de que algo tenemos que hacer, y pronto, para ir desmontando la imagen de la izquierda como un espacio aburrido, gris, masculino, quejica, y, en definitiva, muerto. En este sentido, el cambio interno, la apertura y la apuesta por la participación son imprescindibles (como abordaremos más adelante).</p>
<p>Pero quizás para conseguir que alguien nos escuche cuando contamos esas verdades que tantas horas de estudio y reflexión erudita nos han costado, debamos despojarnos por un momento de nuestro traje de seriedad y trascendencia para conseguir hacer reír. Sí, sí, hacer reír. Provocar carcajadas inteligentes a través de la deformación hasta lo grotesco de las asociaciones emocionales que nos provocan muchos mensajes mediáticos y políticos. Interrumpir con ironía la rutina idiotizante.</p>
<p>¿Qué la Iglesia católica vuelve a cargar contra el aborto? Pues nos erigimos en &#8220;Ciudadanos Alarmados por el Genocidio de Espermatozoides&#8221; para exigir que no sólo se reconozca vida en el momento de la fecundación del óvulo, sino ya antes, en el escroto, iniciando así una campaña contra la masturbación masculina y evidenciando lo absurda y aleatoria que es la doctrina de la curia vaticana.</p>
<p>¿Que otro político del PP se presenta en una universidad pública en pleno proceso de implementación de Bolonia? Pues el lugar de abuchearle, le montamos un grupo de apoyo integrado por jóvenes de estética &#8220;Amo a Laura&#8221; y con pancartas del tipo &#8220;Universidad de élite ya&#8221;, &#8220;Basta de becas a la purria&#8221;, &#8220;Botín rector&#8221;, etc., impidiendo la conferencia con un aplauso continuo. Así, al día siguiente, en lugar de la condena unánime de la comunidad bienpensante a la negación de la libertad de expresión, conseguimos un mayor impacto mediático, invitamos a la gente a pensar y, lo más increíble, ¡nos lo pasamos bien! Y quizás a la próxima reunión se atreverá a entrar alguien nuevo a quien no provocará asfixia el aire cargado de mala leche y falta de imaginación que a veces inunda nuestros locales.</p>
<p>Lo mismo es aplicable a algunas campañas: si queremos sacarlas de la trampa del corporativismo, o rescatarlas de la irrelevancia, podemos intentar imaginar formas de involucrar a colectivos sociales más amplios en las reivindicaciones. Podríamos iniciar campañas para adoptar a miembros de colectivos en lucha: &#8220;Adopte a un médico&#8221;, &#8220;Adopte a un conductor de autobús&#8221; en las que el adoptante se comprometería a llevarle la comida al trabajo para que pudiera alimentarse a pesar de la excesiva carga laboral, o a sacar a sus hijos al parque y enseñarles fotos de su madre/padre para que no se olvidara de ellos. De esta forma conseguiríamos no sólo poner un espejo cóncavo ante el conflicto, sino también generar sinergias más amplias y espacios de participación.</p>
<p>Colocar espejos cóncavos ante la realidad para deformarla e incitar al espectador a la reflexión inteligente es una forma de trabajar con la imaginación y con la ironía que no requiere manipulación ni engaño.</p>
<p>Escenificar sueños para cambiar realidades</p>
<p>Una imagen vale más que mil palabras. Una emoción vale más que mil programas políticos. Lo sabemos, y por eso nos gustan la literatura, la poesía, el arte&#8230; Vemos el Guernica y nos invade la emoción, la rabia, la convicción nos retumba en las entrañas; pero cuando tenemos que explicar porqué somos antifascistas nos perdemos en discursos interminables que jamás movilizan pasiones. En nuestra vida cotidiana somos defensores acérrimos de la metáfora, de la complejidad, de la interpretación; pero en política nos aferramos a la literalidad, a la linealidad, a la doctrina.</p>
<p>¿Y si nos atreviéramos no sólo a imaginar, a soñar, sino también a escenificar estos sueños? ¿Y si fuéramos capaces de encontrar formas de transmitir lo que en realidad nos moviliza por dentro y nos lleva a pasar tardes en manifestaciones y noches en reuniones? ¿Y si consiguiéramos recuperar y contagiar la alegría de creer que las cosas se pueden cambiar?</p>
<p>Hace unos años, cuando el Ayuntamiento de Barcelona decidió cambiar la prometida zona verde por un parking cubierto y una plaza dura en un espacio de la parte vieja de Barcelona que los vecinos bautizaron como &#8220;Forat de la Vergonya&#8221; (Agujero de la Vergüenza), en lugar de resignarse u optar por los canales típicos de protesta, los vecinos decidieron prefigurar su sueño y plantaron un abeto en el solar abandonado. Siguieron meses de lucha vecinal durante los que la policía destrozó una y otra vez el jardín colectivo. Y, cada vez, los vecinos volvían a construir su parque. El conflicto del &#8220;Forat&#8221; generó un alud de solidaridad, y muchos colectivos sociales de otros barrios hicieron suya su lucha. No creo que fuera casualidad: su protesta derrochaba idealismo y determinación. Y eso moviliza.</p>
<p>Para prefigurar sueños es imprescindible tenerlos, y ahí está el reto. La prefiguración de la que hablo no es la que pretende crear sociedades socialistas, libertarias o alternativas como islas de pureza dentro del sistema actual. Esto no funciona por razones evidentes. Hablo de transmitir ideas políticas a través de la prefiguración de aquello que defendemos. Si defendemos la universidad pública, ¿por qué no sacar las clases a la calle? Si defendemos una ciudad abierta e inclusiva, ¿por qué no convertir los asépticos espacios públicos tan desgraciadamente de moda en salas de estar con sillas, mesas, juegos y gente socializándose?</p>
<p>Mientras escribo estas lineas, diferentes movimientos sociales de Nueva York están organizando una manifestación sorpresa en las próximas semanas para celebrar el fin de la guerra en Irak. La idea es convocar a miles de personas y movimientos sociales sin un fin específico anunciado para escenificar un desfile como los que en 1945 celebraron el fin de la Segunda Guerra Mundial, y acompañarlo de una campaña mediática a base de comunicados de prensa anunciando el esperado fin del conflicto y el retorno de las tropas.</p>
<p>En eso consiste escenificar los sueños: en darle un contenido real a algo que anhelamos y transmitir de forma clara y concreta lo que sentiríamos si ese deseo fuera realidad. Estos actos consiguen hacer lo que no hace ninguna lógica racional: transportarnos a otros lugares, nos hacen sentir nuevas posibilidades. Y lo más importante: nos hacen desear aquello que estamos experimentando. En lugar de cortarnos las venas por todo lo que no conseguimos, nos llenamos de ilusión ante la perspectiva de conseguir lo que queremos. Estamos en el mismo lugar, no nos hemos movido, pero ya nada es lo mismo. Ahora lo que nos lleva a las reuniones no es la disciplina interna ni el sentido de responsabilidad: es la ilusión de trabajar colectivamente por algo que nos hace soñar.</p>
<p>¿Es posible la WikiIzquierda?</p>
<p>Existe una imagen bastante utilizada, que es la de cómo cinco dedos por sí solos no tienen ninguna fuerza, pero unidos forman un puño. La unión hace la fuerza. Muy bien. Pero para que el puño pueda golpear con fuerza necesita que todos los dedos participen en el mamporro. Si un dedo le dice a los otros que le deleguen su agencia, o les asegura que él ya se encargará de dar el golpe, que los demás sólo tienen que contribuir económicamente a su esfuerzo, votarle cada cuatro años o sacar a pasear la pancarta con sus siglas por la manifestación, es evidente que los cinco dedos no serán enemigo para nadie.</p>
<p>Si dos brazos tienen más fuerza que uno, si cuatro ojos ven más que dos, se deduce que cincuenta militantes de base piensan más que un secretario general. Antes de hundirnos del todo quizás no seria mala idea abrir las puertas y dejar que entre aire. Si faltan ideas para refundar la izquierda, ¿por qué no iniciar procesos participativos abiertos a la ciudadanía para recoger propuestas y discutirlas colectivamente? ¿Por qué no convertir la militancia política en una escuela de democracia y de ejercicio de agencia? ¿Por qué no crear espacios construidos colectivamente, abiertos, la suma de millones de puntitos de colores?</p>
<p>Es posible, además, crear diferentes niveles de participación. Es innegable que habrá gente que sólo querrá o podrá participar a niveles muy bajos, y otros que con que se les pida que manden un correo electrónico al mes tendrán suficiente; pero algunos querrán involucrarse, ilusionarse, sentir que forman parte de algo vivo que no es ciego, sordo y mudo a su llegada&#8230; Que los seres humanos valoramos la posibilidad de elegir y adaptar las cosas a nuestras necesidades es algo que nos demuestran cada día las estanterías de los supermercados, los videojuegos y fenómenos como el tunning. Quizás podamos aprender algo, por fin, de la realidad realmente existente y de los conciudadanos a los que queremos llevar hasta la victoria final.</p>
<p>En lugar de condenar las emociones a los márgenes o de pretender ignorarlas mediante la ceguera auto impuesta, podemos intentar aprender a relacionarnos con ellas: con la ilusión pero también con el individualismo, con la esperanza y también con el miedo, con el altruismo y con el consumismo. Si seguimos reprimiéndolas, despreciándolas como desviaciones irracionales, una tarde de compras siempre conseguirá imponerse a una manifestación; las soluciones basadas en la represión y el control seguirán proporcionando más sensación de seguridad que una sociedad más justa e igualitaria; y nosotros seguiremos predicando en un desierto lleno de gente, retransmitiendo nuestras ideas en la frecuencia equivocada.</p>
<p>Si Rosa Luxemburgo no quería una revolución sin baile, y los estudiantes de mayo del 68 imaginaban la playa bajo los adoquines, ¿por qué no podemos nosotros imaginar nuevas tácticas y soñar con el día en que ser de izquierdas sea una alegría? Verdad y sueño. Pan y rosas.</p>
<p>P.S.:   Este artículo esta pensado como una lluvia de ideas, una reflexión en voz alta que pueda contribuir a repensar la izquierda, por eso no hay notas ni referencias. Pero eso no quiere decir que todo lo planteado sea original, ni mucho menos. Estas páginas mezclan mi experiencia personal en proyectos como Malababa i l&#8217;Observatori de Resistències i Subcultures con las obras y acciones imprescindibles de Stephen Duncombe, Billionaires for Bush, Michael Moore, The Yes Men y muchas y muchos más que llevan años buscando vida en la izquierda y los movimientos alternativos. He optado por el uso del masculino genérico de muy mala gana, para no añadir pesadez al relato, pero sin que eso suponga en ningún caso que acato esta negación cotidiana de la presencia de las mujeres en el devenir del mundo.</p>
<p>Gemma Galdon Clavell es coordinadora del Observatorio de Resistencias y Subculturas (RiSc), investigadora y comisaria independiente.<br />
 </p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Estatizar la corrupción]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/06/01/estatizar-la-corrupcion/</link>
<pubDate>Sun, 01 Jun 2008 16:10:56 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
<guid>http://hernanmontecinos.com/2008/06/01/estatizar-la-corrupcion/</guid>
<description><![CDATA[Por:  Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)  Fuente: www.piensachile.com (02.04.08)   Durante este fin d]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por:  Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile) <br />
Fuente: <a href="http://www.piensachile.com">www.piensachile.com</a> (02.04.08)<!--more--><br />
 <br />
Durante este fin de semana recién pasado casi todas las columnas de los Diarios analizan, de diversas formas, el tema de la corrupción. Según las encuestas semanales de los Diarios del bipolio derechista este tema constituye la segunda preocupación de los chilenos, después de la delincuencia; o asaltan a las personas o al Fisco.</p>
<p>Si revisamos nuestra historia, este hecho no es nada nuevo en el mundo político: en 1904, el público desayunaba, almorzaba y cenaba a la luz de las distintas publicaciones sobre peculados, perpetrados por políticos aristócratas –principalmente &#8211; a comienzos de siglo pasado, y hoy por operadores y otros funcionarios de distintas categorías; en el pasado, llegó a tanto el escándalo que el destacado jurista, ex parlamentario y ex diplomático Marcial Martínez propuso, lisa y llanamente, estatizar el soborno a los diputados, es decir, estatizar la corrupción: “recordó Martínez cómo, en la Inglaterra de Jorge III, Lord Grenville había comprado el apoyo político de Horacio Walpole, nombrando un sobrino suyo en un puesto bien retribuido. Era “el soborno que un hombre honrado puede intentar sin ánimo de ofender a otro”&#8230;”¿Por qué no imitar en Chile este ejemplo? ¿Importaría esta práctica – se preguntó Marcial Martínez – aunque transitoria, una forma nueva o desconocida en nuestros hábitos políticos? No, pues lo que actualmente pueden tomar para sí ciertos miembros del Congreso mediante su actividad de artificio lo recibirían directamente del Gobierno y así se lograría tal vez una gran economía para el erario. Queremos sustituir el botín bélico de los bandos indisciplinados, por la paga organizada de las tropas regulares”.</p>
<p>“Consideraba enseguida Martínez una alternativa de su proposición&#8230; tan burlesca y cínica como ésta. A saber, que Ejecutivo sobornara no a los parlamentarios, sino a la misma “masa electoral”. Es decir, que el Gobierno cohechara” (Vial, Gonzalo, 1981, tomo II:614).</p>
<p>La primera fórmula equivaldría a estatizar la corrupción evitando el abuso privado por parte de los parlamentarios, de los dineros fiscales. Algo de esto está ocurriendo, no sólo en Chile, sino también en la economía mundial cuando la FED se hace cargo de un Banco arruinado y que muy posiblemente se multiplique a miles de pequeños Bancos, y el Banco de Inglaterra realizó la misma operación. De las estafas del capitalismo privado al final el Estado se convierte en su salvador; en Chile ocurrió algo similar durante el gobierno de Augusto Pinochet, en los años 80. Más fácil sería que todos los bancos fueran estatales una especie de socialismo de los ricos como lo llama un famoso economista. La segunda fórmula es aún más atractiva: en vez de que los partidos y candidatos ofrezcan peinetas, anteojos e irrisorias prestaciones de salud a los incautos electores, este cohecho podría llevarlo a cabo el Estado incluyendo, incluso, una partida del presupuesto nacional, repartida igualitariamente entre los electores.</p>
<p>Hay una concepción sociológica y antropológica que sostiene que la corrupción hace parte esencial del ser humano y de la vida en sociedad, por consiguiente, no puede erradicarse, y sólo puede ser morigerada y limitada por la fiscalización de instituciones independientes, es decir, la Contraloría, las Superintendencias, el Poder Judicial o los ciudadanos, por medio del Defensor del Pueblo, los plebiscitos o la Prensa. Para Durkhein el crimen, el suicidio, el robo y otras formas de delito son hechos sociales anormales consubstanciales a la organización social.</p>
<p>Quizás el mejor de los columnistas de hoy es el profesor Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales, que siempre demuestra un gran saber político y académico en sus columnas dominicales. El domingo, 30 de marzo, tituló su artículo de opinión con una frase tomada de Emmanuel Kant “Del tronco torcido de la humanidad nunca saldrá nada recto”. Este destacado intelectual se adscribe a la tesis funcionalista en el sentido de que la corrupción es parte de la naturaleza de las sociedades humanas.</p>
<p>El distinguido profesor Patricio Orellana, de larga trayectoria académica en la Universidad de Chile, con razón plantea que el antónimo de corrupción es la probidad y la transparencia y que ésta debe buscarse como fin de la sociedad, no tolerando ninguna forma de corrupción. Según el rector Peña,  en el resumen de su artículo dice: “Nadie está libre de pecado. Y por eso, en vez de moralizar, es mejor discutir acerca de las reformas que podrían inhibir la conducta desviada. Si no podemos mejorar la naturaleza humana, sí podemos mejorar las instituciones”.</p>
<p>Según Carlos Peña, el gran mérito de la sencilla sabiduría de Lavín es que la corrupción no tiene color político, ni origen familiar. No sé por qué se me ocurrió que esta idea podría ser algo similar a los clásicos empates de la política chilena  que, en el caso histórico de la elección de Federico Errázuriz Echaurren se resolvió por la compra de dos electores y el voto en el Parlamento de sus parientes. Mi abuelo, Rafael Rivas Vicuña, era un fanático de este tipo de desempates oligárquicos, por medio de los famosos tribunales de honor que, en 1920, dieron el triunfo a don Arturo Alessandri.</p>
<p>Que hay instituciones que debieran controlar la corrupción política y administrativa es un hecho indudable. La Contraloría General de la República existe desde el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo; los Tribunales de Justicia, desde el comienzo de la República; las Superintendencias han actuado durante todo el período de la democracia protegida; la Constitución da débiles facultades fiscalizadoras al Parlamento. En general, ante cada escándalo, a veces aumentados por la Prensa, se han aprobado sucesivas leyes de probidad; incluso, durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, se instalaron miembros de la Contraloría en cada Ministerio. Si la superación de la corrupción se redujera solamente a un asunto jurídico o de fiscalización tendríamos en Chile un Estado probo y transparente; desafortunadamente, este no es el caso.</p>
<p>Durante mucho tiempo hemos gozado de la leyenda urbana, transmitida por los historiadores, en el sentido de que Chile es una isla de honradez dentro de un continente corrupto, a causa del populismo. En Chile, los partidos políticos no pueden ser comparados con el PRI mexicano, ni siquiera con la Democracia Cristiana italiana – hoy fenecida a consecuencia de sus relaciones con la mafia, perseguida por los jueces italianos- con el COPEI y ADECO, de Venezuela, o con los liberales y conservadores colombianos, traspasados por los carteles de la droga y la parapolítica. En Chile, salvo Augusto Pinochet, la mayoría de los presidentes han tenido que trabajar, una vez dejado el poder, y muchos de ellos han vuelto a vivir como ciudadanos, en modestas casas para empleados públicos. Chile era un país pobre, pero honrado. Me atrevo a dudar que en la actual riqueza, producto del maná del cobre, siga siéndolo.</p>
<p>En un artículo anterior, llamado Corrupción y poder, creo haber probado que este bello mito republicano tiene mucho de falsedad. Es cierto que, como todo en la historia, hay períodos más corruptos que otros; no cabe ninguna duda de que el seudoparlamentarismo de 1891-1925 fue una época de alta corrupción: el binomio política-negocios estaba intrínsicamente unido; los parlamentarios eran a la vez abogados de los grandes capitales salitreros ingleses y nacionales y no pocas veces ellos mismos eran dueños de oficinas salitreras; el sindicato de Obras Públicas era, por cierto, mil veces más poderoso en la adjudicación de concesiones que el famoso GATE; los escándalos en ferrocarriles, de esa época, no eran muy distintos que los actuales – a lo mejor con menos millones de dólares-; la administración pública era el coto de caza de los partidos políticos- por ejemplo, al Partido Radical le correspondía la educación; a los balmacedistas liberales democráticos, los jueces, y así, suma y sigue; era una verdadera administración feudal – a cada tribu su territorio-. Con razón, el ex presidente Ricardo Lagos no se quiere someter a estos condotieri. Mucho me temo que Chile muy poco ha cambiado entre dos Centenarios: hoy, la Democracia Cristiana es dueña de las empresas fiscales – entre ellas la millonaria CODELCO, además de INDAP y una serie de servicios públicos- lo que resta se reparte entre el PPD, PS y PRSD.</p>
<p>Sólo faltaban las municipalidades y aquí le correspondió su parte a los catones de la UDI, que se regocijaban denunciando inmoralidades y escándalos de los gobiernos de la Concertación. Volviendo al estudio comparativo con el pasado, nada más corrupto que la comuna autónoma, que nació como un ideal, imitado de la democrática Suiza, y que terminó en la peor de las corrupciones; había municipalidades cuyos alcaldes y otros personeros aprovechaban para enriquecerse ilícitamente con las enormes facultades con que contaban estas instituciones edilicias, sobretodo las más ricas – en las provincias salitreras, Santiago, Valparaíso y Concepción- no pocas veces dejaban de lucrar con las patentes de los garitos de juegos o con los exámenes sanitarios de las trabajadoras sexuales. Me permito recomendar la lectura de Sinceridad, Chile 1910, del profesor Alejandro Venegas, la Historia política parlamentaria, de Manuel Rivas Vicuña, o Las crónicas del Centenario, de Joaquín Edwards Bello, donde podremos profundizar, en detalle, lo pestilente que era la famosa comuna autónoma.</p>
<p>Actualmente, aunque no se ha comprobado, al menos aparecen tres o cuatro municipalidades en tela de juicio por asuntos relacionados con la probidad. Además, hay un número importante de alcaldes, de todos los colores políticos, que han sido conducidos a la justicia por diversas causas de mal manejo administrativo.</p>
<p>Es evidente que Chile durante el período de la dictadura de Pinochet fue un país altamente corrupto; baste citar la venta de empresas públicas a precio de huevo, a funcionarios de la dictadura e, incluso, a un yerno del tirano, además del nepotismo, robo de bienes fiscales, contrabando de armas, falsificación de documentos públicos y otras lindezas. Nadie me acusará de antipatriota por denunciar esta corrupción, por el contrario, creo que al hacerlo sólo cumplo con un deber de ciudadano.</p>
<p>Desgraciadamente, el dictador consiguió, por medio de un pacto de terror, mantener el silencio durante largo tiempo esos latrocinios, no pocas veces con la complicidad de sus opositores. Para qué recordar la “razón de Estado”, invocada a raíz de los pinocheques, y cómo los personeros de la Concertación lo salvaron del justo juicio que el mundo dedica a los genocidas.</p>
<p>Lamentablemente, la democracia protegida, administrada por la Concertación, heredó el caramelo envenenado de la corrupción. No es el momento recordar la seguidilla de escándalos, desde el davilazo, pasando por las casas Copeva, Inverlink, coimas, Chiledeportes, ferrocarriles, subvenciones, y otros. Es cierto que el concepto corrupción es bastante ambiguo y se protege en la opacidad; generalmente se le asocia con el uso privado de dineros públicos, y sólo se acepta como hechos de corrupción aquellos que están tipificados en el código penal y deben ser tratados por la justicia. En todo el período de los gobiernos de la Concertación muy pocos casos han terminado en condena, y éstos con muy bajas penalidades.</p>
<p>La corrupción es mucho más que aquellos delitos comprobados y penados: abarca distintos campos, en parte es el lobby, el tráfico de influencias, el cohecho, la traición a la voluntad popular por medio de sistemas electorales inicuos y fraudulentos, a veces la malversación, el llamado desorden administrativo, la improvisación, el nepotismo, “las sillas musicales”, la feudalización de la administración pública, la aceptación de la compatibilidad entre cargos de directores de empresas privadas y en la alta administración pública. A la larga, esta es la mezcla entre política y negocios que más temprano que tarde terminan por descomponer la democracia.</p>
<p>En conclusión no creo, como Juan Egaña, que las buenas leyes hagan buenos a los hombres., que una mayor fiscalización, que por cierto es imprescindible, vaya a crear por sí sola, una administración, un Gobierno y un Estado probo. Para tener un Chile transparente y honesto es necesario que la política vuelva a ser una rama de la ética y no una forma más rápida de enriquecerse, según los postulados del neoliberalismo que centra el sentido de la vida humana en lograr la mayor rentabilidad en el menor tiempo posible: el mercado carece completamente de ética y por mucho que se le quiera regular, siempre buscará los mejores atajos para el enriquecimiento perpetuo.<br />
 </p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Qué es el fascismo y cómo combatirlo]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/04/11/que-es-el-fascismo-y-como-combatirlo/</link>
<pubDate>Fri, 11 Apr 2008 00:54:37 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
<guid>http://hernanmontecinos.com/2008/04/11/que-es-el-fascismo-y-como-combatirlo/</guid>
<description><![CDATA[Por: Javier García Fuente: www.marxismo.org El capitalismo es un sistema social que se basa en la ex]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: Javier García<br />
Fuente: www.marxismo.org<!--more--></p>
<p>El capitalismo es un sistema social que se basa en la explotación de la clase trabajadora a manos de una minoría de la sociedad, aquellos que poseen los medios de producción, es decir, los capitalistas. El dominio de esta minoría sobre la mayoría es garantizado por el estado que es el instrumento por el cual una clase impone su dominio sobre otra.</p>
<p>El estado burgués garantiza el dominio social de los capitalistas mediante su control del aparato del estado. El aparato ideológico del estado -la educación, la familia, la Iglesia, los medios de comunicación, las cúpulas sindicales y políticas reformistas, etc- garantiza la difusión de los valores e ideas de la clase dominante con objeto de impedir la concienciación política y por consiguiente, la lucha, de la clase dominada. El aparato ideológico tiene, por tanto, una función preventiva. Su misión es evitar el levantamiento de la clase dominada. </p>
<p>A pesar de que el capitalismo ha perfeccionado notablemente este aparato, en algunas ocasiones -los momentos en que se producen crisis revolucionarias- su control social no puede ser garantizado sólo por el dominio ideológico. Es entonces cuando actúa el aparato coercitivo -ejército, policía, Guardia Civil, etc- mediante la represión violenta de cualquier movimiento que desestabilice el dominio de los capitalistas. </p>
<p>Los modelos de su dominio</p>
<p>En condiciones normales, la burguesía domina mediante la democracia burguesa. Existen libertades formales, se puede votar, hay partidos y sindicatos, etc. Aquí el aparato dominante es el ideológico. Los capitalistas pueden prevenir cualquier levantamiento social mediante su dominio ideológico que se traduce en un bajo nivel de conciencia de las masas de trabajadores, en la domesticación de las cúpulas sindicales y políticas obreras, en el aislamiento de la vanguardia revolucionaria, etc. Este modelo se da normalmente en mayor o menor medida en países capitalistas desarrollados. </p>
<p>Otro modelo es la dictadura burguesa o bonapartismo. Aquí el aparato dominante es el policíaco-militar. La burguesía deposita su confianza no en los líderes políticos a su servicio, si no en una junta militar. Se suspenden las libertades, se persigue a los opositores, se reprime al movimiento obrero, etc. Existen muchos tipos de dictaduras burguesas. Por ejemplo, la dictadura de Primo de Rivera reprimió a la CNT y al movimiento anarquista, pero toleró a la UGT y al movimiento socialista. Las dictaduras latinoamericanas, sin embargo, sin dejar de ser dictaduras, emplearon métodos propios del fascismo: el aniquilamiento físico de la vanguardia obrera y, por tanto, la destrucción del movimiento obrero organizado. Hay dictaduras que duran poco tiempo (la de Primo de Rivera duró siete años) y otras que duran más (la de Franco, por ejemplo), dependiendo de las relaciones de fuerzas entre las clases. </p>
<p>El fascismo</p>
<p>El tercer modelo es el fascismo. El fascismo se distingue del bonapartismo en varios aspectos y por eso hay que estudiarlo separada y específicamente. El bonapartismo se basa exclusivamente en el aparato del estado. En cambio, el fascismo, descansa en una primera etapa, en un movimiento de masas, es decir, cuenta con apoyo social. Expliquemos esto. El fascismo sólo se puede dar en períodos revolucionarios, en períodos de grandes crisis sociales, cuando no es posible ningún arreglo pacífico entre las clases, cuando la salida no puede ser otra que o fascismo o socialismo. O lo que es lo mismo o victoria de la reacción o victoria de la revolución. </p>
<p>La burguesía, en estos períodos, juega a dos bandas. Por un lado, mantiene la apariencia democrática -parlamento, partidos, etc- y por otro, apuesta cada vez más por el fascismo. En un período revolucionario la clase trabajadora tiene muchas oportunidades para tomar una y otra vez el poder, destruir el estado burgués y transformar la sociedad. Si no lo hace -debido fundamentalmente a que la mayoría de los trabajadores siguen todavía a direcciones reformistas y no se ha construido un partido revolucionario de masas- las masas de la pequeña burguesía y el lumpenproletariado después de poner su confianza en el campo obrero y ser una y otra vez decepcionadas se pasan al campo contrario, al de la reacción burguesa. </p>
<p>La burguesía atrae a estas masas con una demagogia cuasi revolucionaria y las organiza paramilitarmente. Por ejemplo, el partido nazi alemán no sólo hizo propaganda contra los judíos, si no también contra los banqueros y el capital financiero. Distinguían entre el capitalista “bueno” que dirige su negocio y el capitalista usurero o prestamista que saca beneficio del negocio de los demás. Aunque los judíos no llegaban a representar ni un 1% de la clase dominante alemana, algunos de los banqueros más conocidos eran judíos, por lo que era fácil identificar al usurero con el judío. </p>
<p>Por otro lado, millones de alemanes estaban en paro, al mismo tiempo que el impago de los créditos y préstamos bancarios hacía que muchos pequeños comerciantes, tenderos, funcionarios, etc fueran cada día a la ruina. De esta manera los nazis con su demagogia racista atraían a sectores sociales que habían perdido la esperanza en que el proletariado organizado pudiera ofrecer una salida. </p>
<p>Esos sectores eran organizados paramilitarmente y realizaban acciones violentas contra militantes obreros, sedes de sindicatos, atacaban mítines etc. Esto es otra particularidad de los movimientos fascistas. En Alemania las SA y en Italia los Fascio di Combatimento dirigieron sus ataques contra los partidos y sindicatos obreros, por muy reformistas que fueran sus líderes. Muchos pequeño burgueses, lúmpenes y obreros que son enrolados en los destacamentos de combate fascistas creen honradamente que están llevando a cabo una revolución, creen que van a acabar con el sistema&#8230; La realidad es que están defendiendo los intereses de la clase dominante y del sistema. </p>
<p>Cuando el partido fascista adquiere una fuerza de masas, la burguesía liquida a los demás partidos burgueses y concentra todo su apoyo en el partido fascista, con objeto de facilitar su llegada al gobierno. Pero esta es la última fase en su estrategia de toma del poder. Antes de esto, los fascistas intentan dominar la calle fomentando el terror con sus acciones -palizas, intentos de asesinato, atentados, etc-. En un principio, estas acciones tienen un carácter individual y van dirigidas contra revolucionarios, minorías étnicas, gays, indigentes, etc. Más adelante conforme avance el proceso sus ataques van dirigidos hacia las organizaciones obreras, sus sedes y actividades. </p>
<p>Una vez que el partido fascista alcanza el poder, el proletariado es duramente reprimido. Sus organizaciones desaparecen y son perseguidas y no sólo sus líderes, si no cualquier militante es objeto de detención, tortura y asesinato. Los capitalistas se deciden por la opción fascista cuando la supervivencia del capitalismo entra en contradicción con la existencia de un movimiento obrero organizado. </p>
<p>El fascismo tiene corta duración. Cuando la burguesía ha aplastado al movimiento obrero y no necesita mantener un movimiento de masas fascista, el régimen evoluciona hacia una dictadura policiaco-militar normal. En esta fase, la clase dominante se puede encontrar con el problema de una posible rebelión de los elementos que cautivó con su demagogia cuasi revolucionaria. Por ejemplo, la burguesía alemana tuvo que liquidar físicamente a los cuadros de mando de las SA, muchos de los cuáles procedían del movimiento obrero y que pretendían apartar a Hitler del poder y expropiar a los capitalistas, en lo que llamaron la “segunda revolución”. Estos elementos desclasados fueron barridos por el régimen nazi en la famosa “noche de los cuchillos largos”.<br />
Como vemos, el fascismo es un modelo de dominio muy peculiar, que se distingue perfectamente de una dictadura bonapartista, aunque también conserve rasgos comunes. </p>
<p>Resumiendo:</p>
<p>1) el fascismo es un régimen de dominación del gran capital que surge siempre en períodos revolucionarios y como consecuencia de la incapacidad de la clase obrera de tomar el poder y transformar la sociedad.<br />
2) El fascismo se basa en un movimiento de masas organizado paramilitarmente formado por las masas desesperadas de la pequeña burguesía, elementos desclasados de la clase obrera y lúmpenes.<br />
3) Este movimiento surge en torno al partido fascista que utiliza a estos elementos captados entre la pequeña burguesía y la clase obrera como fuerza de choque en su estrategia de toma del poder político.<br />
4) Dicha estrategia pasa por diferentes fases hasta que el partido fascista adquiere una dimensión de masas. Entonces, la clase capitalista apuesta decididamente por el fascismo liquidando al resto de partidos burgueses.<br />
5) Cuando las organizaciones obreras han sido destruidas y el peligro ha pasado, los capitalistas purgan el partido fascista de elementos “revolucionarios” para permitir la evolución del régimen hacia una dictadura bonapartista basada en el estado.</p>
<p>Esta es la teoría marxista del fascismo expuesta de la forma más sencilla y resumida posible. Pero no todo el mundo está de acuerdo con esto. </p>
<p>Otras explicaciones del fenómeno fascista</p>
<p>- La teoría socialdemócrata del fascismo afirma que existen sectores de la clase dominante interesados en derrotar el fascismo. Ponen por ejemplo, el enfrentamiento entre el capitalismo alemán y inglés durante la 2ª Guerra Mundial o el repudio de algunos importantes magnates alemanes hacia el nazismo. Todo ello para llegar a la conclusión de que no se puede luchar contra el fascismo con métodos violentos o extralegales. El estado -los jueces, la policía, etc- son los que tienen que enfrentarse a los fascistas, no los trabajadores. El movimiento obrero debe unirse a los sectores progresistas de la clase dominante para combatir desde la legalidad al fascismo. La expresión política de esta unión es el Frente Popular, coalición entre partidos obreros y burgueses. Este planteamiento clásico de la socialdemocracia fue asumido por el estalinismo a partir de 1935 en el VII Congreso de la Internacional Comunista que aprobó la política de Frentes Populares. </p>
<p>- La teoría estalinista del fascismo originariamente era bien distinta. No diferenciaba entre los fascistas y los socialdemócratas a los que llamaba &#8220;socialfascistas&#8221;. Esto hacía imposible cualquier unidad de acción entre los obreros socialdemócratas y los estalinistas frente a los fascistas. Esta política era conocida como la política del &#8220;tercer período&#8221; que comenzó con el crak del &#8216;29 y que según los estalinistas iba a ser la crisis final del capitalismo. En ese período los socialdemócratas como habían demostrado otras veces iban a ser los salvadores del capitalismo como ocurriera en la revolución alemana de 1919 donde Rosa Luxemburgo y los dirigentes espartaquistas fueron asesinados por las tropas al mando del Gobierno socialdemócrata alemán. Los estalinistas llamaban a su táctica frente único por abajo, es decir, un frente de los trabajadores sin interferencias burguesas, lo cual es correcto, pero sin participación de la dirección socialdemócrata, lo que en la práctica impedía cualquier unidad de acción. El resultado de esta política fue que, por ejemplo, ante el peligro nazi, el PC alemán abrazó una política ultraizquierdista y sectaria que impidió por un lado, ganar a la base socialdemócrata y por otro lado, dividió el movimiento obrero, facilitando la llegada al poder de Hitler. </p>
<p>Cómo combatir el fascismo. Propuestas para el debate:</p>
<p>* Grupúsculos fascistas van a existir siempre. Conexiones con el aparato del estado también. Según un informe publicado en Madrid en 1994, el 13% de los miembros de BB.AA. eran miembros de las fuerzas de seguridad del estado. La cuestión es discernir cuando existe el peligro real del fascismo. O lo que es lo mismo, cuando un grupúsculo fascista puede adquirir una fuerza de masas. Para que esta variable pueda convertirse en realidad la sociedad tiene que entrar necesariamente en un período revolucionario. ¿Necesita la clase dominante el fascismo para seguir dominando? O lo que es lo mismo, ¿existe un peligro real de acceso al poder de los fascistas en Europa a corto y medio plazo? </p>
<p>* Existen diferentes grupos políticos de extrema derecha. Por ejemplo, el Partido de la Libertad (Austria) de Jorg Haider emplea una demagogía racista y xenófoba, pero no tiene encuadrados dentro de sus filas a bandas paramilitares. El Frente Nacional (Francia) de Le Pen o de la Alianza Nacional (Italia) de Fini han tenido o tienen estos elementos dentro de sus filas, aunque se desentienden de sus acciones. Entre estos grandes partidos y los grupos más abiertamente neonazis, ¿existe una diferencia esencial? </p>
<p>* Para luchar contra las bandas fascistas, crees que sería necesario exigir al Gobierno su prohibición. Es decir, ¿podemos fiarnos del estado para controlar la actividad de estos grupos o sólo podemos confiar en la fuerza de nuestra movilización? </p>
<p>* A la vista de la experiencia histórica, ¿que táctica debemos utilizar: Frente Popular, Frente Único o Frente Único por abajo?. </p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[El culto a la muerte como psicopatía política]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/04/03/el-culto-a-la-muerte-como-psicopatia-politica/</link>
<pubDate>Thu, 03 Apr 2008 16:16:14 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
<guid>http://hernanmontecinos.com/2008/04/03/el-culto-a-la-muerte-como-psicopatia-politica/</guid>
<description><![CDATA[Por:  Edgar Cherubini Lecuna Fuente:www.aladecuervo.net “¡Sueña en establecer el régimen del terror!]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por:  Edgar Cherubini Lecuna<br />
Fuente:www.aladecuervo.net<!--more--></p>
<p>“¡Sueña en establecer el régimen del terror! Y lo hará, se lo aseguro; puede hacerlo. Le aseguro que este hombre es una verdadera fiera capaz de producir una hecatombe, una espantosa matanza. Está loco, loco furioso. Y puede acercarse a cualquiera en cualquier momento. –Lo prenderemos –dijo el coronel con firmeza-. Estoy seguro de que lo prenderemos. – ¿Pero cómo? –preguntó el doctor Kemp”.</p>
<p>(H.G. Wells, El Hombre Invisible).</p>
<p>El hombre invisible</p>
<p>Se ha calificado al terrorista como un enemigo invisible, sin embargo, este tipo de nihilista fanático suele formar parte de movimientos religiosos o políticos que buscan, mediante hazañas, donde se mezcla el suicidio con el asesinato colectivo, un espacio visible en el espectáculo mediático internacional. Debido a su invisibilidad y al uso de la sorpresa para el asesinato de civiles inocentes, el terrorismo se alimenta del miedo, provocando así la inmovilidad, la incertidumbre y el desasosiego de los ciudadanos bajo su influencia. Su fin último es crear desesperanza.</p>
<p>Pero el hombre invisible tiene cuerpo, mente y corazón. Los movimientos sectarios extremistas, tanto de derecha como de izquierda, los fundamentalismos, las ideologías reduccionistas o de pensamiento único, utilizan el método fascista de parcelar la visión del mundo del individuo que ha sido captado para sus respectivas causas, sean nacionalismos, guerras santas o utopías revolucionarias. Éstas prometen a sus seguidores el espacio social y el poder de los cuales se sienten excluidos por sus propias carencias, deficiencias o frustraciones. Estos hombres y mujeres, generalmente con una baja autoestima, incompletos o inseguros, encuentran al fin un sentido de pertenencia en el grupo que los soporta y que, a través de técnicas de persuasión los reafirma, borrándoles la capacidad de juicio moral, perdiendo todo vestigio de criterio y capacidad de reflexión. Ya fanatizados y entrenados para asesinar, se les brinda un escenario y un motivo para morir, diluyéndolos en escuadrones y bandas asesinas, en la invisibilidad del combatiente suicida de una mitológica guerra santa, en el anonimato de un hombre-bomba o el de un francotirador que dispara sobre una multitud. Su leitmotiv no es otro que el odio a la vida.<br />
 <br />
André Glucksmann (Dostoievski en Manhattan) advierte además, que “el terror por el terror” se está haciendo autónomo. Vemos con más frecuencia, como lo reflejan los últimos intentos de atentados en Londres y en otras ciudades del mundo, que el terrorista “transgrede el marco del conflicto original, juega a título personal y no da cuentas de nada a nadie. El terrorista absoluto (un Estado, un grupo o un individuo) se considera eximido por principio de cualquier regla. Al desencadenar una violencia sin fronteras de la que no está libre nadie, el terrorismo se revela como una agresión contra la humanidad, contra la vida misma”.</p>
<p>Glucksmann afirma, que nos engañamos pensando que este fenómeno tiene su originalidad en los trastornados cerebros de los fundamentalistas islámicos. La voz que exclamaba “¡Jamás capitularemos, no, jamás! Nos pueden destruir, pero si lo hacen sepultaremos con nosotros al mundo, a un mundo en llamas”, no está tomada de un video de Bin Laden, eran los gritos de Hitler dirigiéndose a los jóvenes de las Hitler Jugend. Este vaciamiento de conciencia tiene sus antecedentes por igual, en el nazismo y los experimentos fascistas que se dieron en Europa.</p>
<p>La muerte como lema “¡Viva la muerte!”, fue lo que exclamó Millán Astray, general del ejército fascista al irrumpir el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca en el momento que Miguel de Unamuno dictaba una clase. Este le respondió: “Acabo de oír el grito necrófilo y sin sentido de ¡Viva la muerte!. Esto me suena lo mismo que ¡Muera la vida!”. Acto seguido el militar gritó de nuevo: “¡Viva la muerte!”, “!Muera la inteligencia!”. Las ideologías dogmáticas y sectarias se creen poseedoras de una verdad absoluta y por consiguiente se arrogan el derecho de aniquilar en forma física o política a quienes se opongan a ella o a sus objetivos, son la fuente de un terrorismo grupal o de Estado. Fernando Savater afirma que “un fanático es aquel que no quiere el doblegamiento del adversario sino su exterminio, es aquel que ya ha asesinado en su interior a todos los que no piensan como él”.</p>
<p>Yves Ternon, (L&#8217;innocence des victimes: Au siècle des génocides; L&#8217;Etat criminal), afirma que el genocidio es el acto final de un discurso de discriminación, de agresiones verbales, expropiaciones, hostigamiento, persecuciones, deportaciones y masacres. En cada etapa de la perpetración del genocidio el lenguaje se utiliza para deshumanizar a las víctimas, movilizar a las masas para destruirlas y luego negar la masacre. La función primera de esta perversión de las palabras es amortiguar el efecto de los actos sobre las conciencias y neutralizar el sentimiento de culpabilidad de los ejecutores.<br />
 <br />
Ternon considera que la retórica genocida “es un uso consciente e instrumento de una política criminal del Estado. La primera etapa del genocidio es la supresión de la identidad de la víctima, cosa que se consigue a través de las palabras cargadas de epítetos. A través de la deshumanización del enemigo, el discurso político y la propaganda identifican al grupo amenazado y preparan su destrucción. Las prácticas totalitarias sólo son posibles si antes, el lenguaje, las convierte en aceptables. Para destruir a un grupo es indispensable desnaturalizarlo previamente, rebajarlo a un nivel inferior al de lo humano: el del animal o el del objeto. Este procedimiento tiene sus reglas semánticas. Los insultos habituales de los lenguajes totalitarios al describir a los enemigos del régimen, en una perspectiva criminal, asocian la futura víctima a un “gusano”, a un “parásito”, a un “bacilo”, a un “tumor”, a un “cáncer”. Al transformar a su víctima en eso, el asesino invierte el sentido del crimen, desde lo negativo el acto deviene positivo, se convierte en una medida higiénica, profiláctica. El asesino no se siente asesino, se siente terapeuta” (Michel de Ursus, Mission Führer). Ese y no otro es el fundamento del discurso de todo gobierno fascista.</p>
<p>La muerte como emblema</p>
<p>El símbolo de la muerte lo usaron las SS (Shutz Staffel o Tropas de protección), después rebautizadas como Stosstrup Hitler (tropas de asalto de Hitler), conocida como “Orden Negra” u “Orden de la Muerte”.<br />
                                       <br />
Teniendo como insignia la calavera sobre unos huesos cruzados (Totenkopf) y un extraño culto ceremonial a la muerte para la iniciación de sus integrantes, se constituirían en el símbolo del terror y represión junto a la Gestapo (Geheime Staatspolizei: policía secreta del estado) adscrita a las SS. La Orden Negra en todo el sentido maligno que se le puede atribuir a tal título, fue una organización paramilitar al servicio directo y bajo las órdenes de Adolfo Hitler, que tenía como misión la protección del Führer, del partido nazi, así como la reseña, persecución y exterminio de judíos y disidentes. Se constituyeron en los “terapeutas” del régimen.</p>
<p>Es importante señalar que los nazis, durante la vigencia del Pacto de Cooperación Germano-Soviético de 1939, se inspiraron en Stalin y su régimen socialista, al realizar intercambios de información y “buenas prácticas” en métodos de espionaje y represión, así como en la gerencia y manejo de los campos de concentración para disidentes del comunismo que el dictador ordenó construir y donde fueron aniquilados más de 15 millones de opositores. Los nazis copiaron y perfeccionaron los métodos para intervenir todos los espacios físicos y espirituales de la población civil, para un eficiente terrorismo de estado y la manipulación de la información para sus fines. De allí nació la idea de los campos de concentración para el exterminio de seis millones de judíos. Igualmente persiguieron y aniquilaron a masones y a otros cientos de miles de disidentes, artistas e intelectuales que no comulgaban con las ideas nacionalsocialistas, ya que se consideraba el desacuerdo como “traición a la patria y al Führer”.</p>
<p>Militarismo: terror y muerte</p>
<p>Según Carlos Fazio (El fascismo clásico y los peligros actuales), existía una adhesión ciega a la voluntad del Führer-, se establecía &#8220;desde arriba&#8221; una relación de mando-obediencia entre el caudillo y la masa. Existió un culto del despotismo y de la autoridad estatal, un respeto de la &#8220;jerarquía&#8221; y de la &#8220;disciplina&#8221; en todos los dominios, donde la propaganda jugó un papel fundamental. “Ein Volk, ein Reich, ein Führer : un Pueblo, un Estado, un Conductor”. Un sometimiento total del pueblo al Estado fuerte y al partido. Y al caudillo fascista, &#8220;encarnación viva&#8221; de la nación y del Estado, &#8220;héroe popular&#8221; y la máxima de las multitudes nazis: &#8220;Führer ordenad, nosotros os seguimos&#8221;. Según Glucksmann, existe una matriz común entre el nazismo y el régimen soviético, se refiere al “terror” como la ultima ratio de cualquier estrategia totalitaria. “El terror de las bombas no perdonará las casas de los ricos ni de los pobres, las últimas barreras entre clases desaparecerán” &#8211; exclamaba Goebbels &#8211; “Los últimos obstáculos para la realización de nuestra misión revolucionaria caen junto a los monumentos de la civilización”. Al igual que el expansionismo soviético, “el fascismo histórico conformó una sociedad totalitaria en su interior y se expresó como un imperialismo agresivo y destructor hacia fuera. Un ultranacionalismo expansionista, militarista. A instancias de los jefes fascistas, los geopolíticos recrearon la teoría del &#8220;espacio vital&#8221; o lebensraum, conquistando territorios mediante guerras relámpago (Blitzkrieg) y/o preventivas. En 1936, la conquista militar de tierras extranjeras &#8211; la guerra colonial en Etiopía -, fue la &#8220;solución final&#8221; mussoliniana a la crisis económica de Italia; fue el mismo año de la Guerra civil en España, ganada por los ejércitos fascistas, con la ayuda de Hitler (recordemos a Guernica bombardeada y arrasada por la Lufwaffe). La filosofía del fascismo subrayó las virtudes de la guerra. “La vida como guerra permanente. Se vive para la lucha”. Lo que conduce al complejo de Armagedón como patología: puesto que los enemigos deben ser derrotados, debe venir una &#8220;solución final&#8221;. De donde proviene el culto al &#8220;heroísmo&#8221; y al &#8220;sacrificio&#8221;, que según los teóricos del fascismo es la disposición a morir en la guerra de conquista. El héroe fascista añora la muerte heroica. Los valores militares eran considerados buenos en sí mismos: &#8220;Nada ha sido alcanzado jamás sin derramamiento de sangre&#8221;. Según Goebbels, &#8220;la guerra es la forma más simple de consolidar la vida&#8221;. Los fascismos clásicos tuvieron un carácter religioso, en el sentido del sacrificio. Sacrificarse en nombre de la patria, de la &#8220;raza superior&#8221;, de la victoria del &#8220;superhombre&#8221;, se presentaba como el acto más sublime. Una religiosidad necrofílica” (C. Fazio).</p>
<p>El hombre nuevo</p>
<p>Según Wilhelm Reich, “La teoría racial no es creación del fascismo. A la inversa, el fascismo es una creación del odio racial y su expresión políticamente organizada”. Humberto Eco, en su enumeración de los rasgos del fascismo, afirma que el miedo a la diferencia es una característica de esta postura, el primer llamamiento de un movimiento fascista, o prematuramente fascista, es contra los intrusos. El Fascismo es, pues, racista por definición. El régimen nazi invocó la refundación de Alemania, la pureza nacionalsocialista, el rescate de la pureza alemana y sus tradiciones. Para Humberto Eco, el fascismo, “no poseía ninguna quintaesencia, y ni tan siquiera una sola esencia. No era una ideología monolítica, sino, más bien, un collage de diferentes ideas políticas y filosóficas, una colmena de contradicciones. La gnosis nazi se alimentaba de elementos tradicionalistas, sincretistas, ocultos”. Entre otras inclinaciones providenciales de la que Hitler se creía ungido, ordenó a Himmler la creación de la Ahnenerbe o secretaría para estudios de ocultismo, encargada de localizar y traer a Alemania reliquias y talismanes como las Calaveras de Cristal de los Mayas, la Piedra del Destino o roca de Job (actualmente se turna entre la abadía de Westminster y la de Scone en Inglaterra), la Lanza de Longinos (Viena), el Santo Grial (Francia) y el Arca de la Alianza, para empoderar al Führer y a su reino de mil años. De allí, que Himmler creó para satisfacer el delirio de Hitler y sus SS, un verdadero centro espiritual con jerarquía en base a círculos de lealtad y rituales negros, ubicado en la fortaleza triangular de Wewelsburg.<br />
No deja de despertar curiosidad que la svástica o cruz gamada, (Swástica en sánscrito, poderoso símbolo solar, eje del mundo y de la vida del misticismo hindú y de otras culturas protoeuropeas), fue copiada por los ideólogos del esoterismo nazi y adulterada al cambiar de dirección la rotación de los brazos, transformándola en un símbolo de destrucción y muerte.<br />
 <br />
Comenta Michel Tournier (Le roi des aulnes), que luego de la jornada trágica en que terminó su conspiración e intento de golpe de estado de 1923, Hitler conservó la bandera estampada con la cruz gamada, empapada en la sangre de los caídos (die Blutfahne) y que, a partir de 1933, era exhibida dos veces al año, los 9 de noviembre, para celebrar el fracasado golpe de estado con una marcha sobre la Feldherrnhalle de Munich, pero sobre todo en septiembre en ocasión del Reichsparteitag de Nuremberg que constituía la cúspide del ritual de masas del partido nazi. “Entonces, cual genitor que fecundase a una sucesión indefinida de hembras, la Blutfahne era puesta en contacto con los nuevos estandartes que aspiraban a la inseminación del Führer. El gesto del Führer, dando cumplimiento al rito nupcial de las banderas, es el mismo del reproductor guiando con su mano la verga del toro en la vía vaginal de la vaca” (M.Turnier). El gran oficiante del culto, el poseedor de estas “verdades” esotéricas, el visionario del futuro “Hombre Nuevo” y de una nueva raza de superhombres era el Führer quien, a la vez, encarnaba al Pueblo, al Estado y al Partido Nazi.</p>
<p>En su discurso del Reichsparteitag una noche de 1935, en una tribuna en forma de altar, colocada en medio del templo virtual que conformaban las columnas de luz de 150 reflectores apuntando al cielo, Hitler declaró que el Estado Nacional Socialista (es decir, él) se haría cargo de la patria potestad de los niños: “De ahora en adelante, el hombre alemán se educará progresivamente de escuela en escuela. Lo formaremos a nuestro cargo desde muy pequeño para ya no dejarlo hasta la edad de jubilación. Nadie podrá decir que hubo un período en su vida en que haya estado abandonado a sí mismo”. A partir de los diez años, las niñas entraban en el Jungmädelbund y los varones en el Jungwolk. A los catorce a la Hitler Jugend, donde recibían una formación escolar y una intensa formación paramilitar hasta los dieciocho años, centrada en sus aptitudes y temeridad, aquellos que no pasaban las duras pruebas físicas de arrojo y valentía eran descartados. De allí ingresaban a la Wehrmacht según fuera su inclinación hacia el ejército, la marina, la Lufwaffe o los Walfen-S.S.</p>
<p>El nazismo propuso la búsqueda espiritual del “hombre nuevo”, el cual resultó, en el reclutamiento y militarización de jóvenes, adolescentes y niños adiestrados para matar y morir, para no dar valor a la vida y para entregar las suyas en sacrificio bajo el grito: “Digan que para servirle y morir somos los Hitler-Jungen” (Werner Klose, Generation im Gleichschritt). Estos niños fueron convertidos en nihilistas fanáticos que consumaron las peores atrocidades y crímenes contra la humanidad.<br />
Sergio Correa, en su trabajo para la BBC (Auschwitz 60 años después), comenta que a pesar de que estamos acostumbrados a ver al régimen de Hitler como la culminación de la crueldad, “una de las características centrales del genocidio nazi fue la frialdad, la escala, el método y el rigor con que exterminaron a los judíos. Esto se ve claramente en la idea de &#8220;fábrica de la muerte&#8221; aplicada a Auschwitz, una suma de procesos rigurosamente calculados para matar eficientemente. Poco antes de ser condenado a la horca, el comandante del campo de exterminio, Rudolf Höss, escribió en su diario: &#8220;Por voluntad del Reichsführer de la SS, Auschwitz se convirtió en la mayor instalación de exterminio de seres humanos de todos los tiempos. Que fuera necesario o no, ese exterminio en masa de los judíos, a mí no me correspondía ponerlo en tela de juicio, quedaba fuera de mis atribuciones. Si el mismísimo Führer había ordenado la solución final del problema judío, no correspondía a un nacional-socialista de toda la vida como yo, y mucho menos a un comandante de las SS, ponerlo en duda&#8221;.</p>
<p>La necrofilia</p>
<p>Según Erich Fromm, un necrófilo (necrofilia: amor por lo muerto), posee “un rasgo de carácter que gusta de contemplar y manipular cadáveres, así como en particular, el deseo de desmembrarlos”. De allí que en su estudio sobre esta psicopatía y debido a su culto por la muerte, toma a Hitler como el perfecto ejemplo de un caso clínico de necrofilia. El perfil de Hitler ejemplifica además, los rasgos visibles del fanático y terrorista: durante su juventud fue perezoso y taciturno, incapaz de aprobar el primer año de arquitectura, abandonó la carrera sin tener objetivos claros en la vida. De adulto, sin afectos ni amistades duraderas (nunca amó ni respetó a ninguna mujer) y con signos de interrogación sobre su virilidad, siguió siendo un escapista, siempre culpando a los otros de sus fracasos, hasta que su vagancia encajó en las agrupaciones tumultuarias austriacas que en aquel tiempo comenzaban a propagar las ideas radicales del “socialismo nacional”, el racismo y el antisemitismo, comenzando así su carrera en la camorra y la demagogia. La primera guerra mundial le dio la oportunidad de ocultarse tras el uniforme militar y adoptar la máscara de una personalidad firme y autoritaria. Allí encontró el lugar donde pudo al fin identificarse, reafirmar su carácter y sus deseos de venganza contra la sociedad. En febrero de 1933, Hitler obtuvo poderes dictatoriales para sofocar el &#8220;estado de emergencia&#8221; con un &#8220;estado de excepción&#8221;. Primero se eliminaron las garantías individuales. Luego, una reforma constitucional aprobada con los votos del Partido Obrero Alemán Nacional Socialista y del Partido Católico del Centro, concentró todos los poderes en el Ejecutivo. Se pasó del Estado democrático al totalitario. Luego de haber consolidado en su persona todo el poder de la nación alemana, los objetivos de destrucción de Hitler como sabemos fueron la gente, pero también las ciudades.</p>
<p>Mientras su ejército devastaba a Europa (cuarenta millones de personas murieron en la Segunda Guerra Mundial), desde su sala de cine privada dedicaba horas a mirar documentales que le llegaban a diario sobre las matanzas y atrocidades en los frentes de batalla y de los millones de cadáveres producidos por sus campos de exterminio. Cuando ya la derrota era inminente, desde su bunker promulgó el Decreto de Tierra Quemada o Tierra Arrasada: “Antes que el enemigo ocupe el territorio alemán, todo, sencillamente todo cuanto es esencial para la continuidad de la vida será destruido. Todo será quemado, abatido o demolido, incluyendo registros, archivos, granjas, el ganado, los monumentos, palacios y edificios de ópera. Y si el pueblo alemán no está dispuesto a luchar por su supervivencia, tendrá que desaparecer también”. En su Anatomía de la destructividad humana, Fromm afirma que sus acciones, desde el asesinato sistemático de millones de judíos y disidentes, hasta la orden final para el aniquilamiento de todos los alemanes, “no pueden explicarse por motivos estratégicos, sino que son productos de la pasión de un hombre hondamente necrófilo. Hitler odiaba a los judíos, pero igualmente odiaba a los alemanes. Odiaba a los hombres, a las mujeres, a los jóvenes, a los niños, al género humano entero, a la vida misma”. Cuando las tropas rusas estaban a punto de tomar el bunker donde se refugiaba, mató a su fiel perro. Suicidarse ante él fue la prueba del amor nunca correspondido que Eva Braun le dio a este ser inestable, desconfiado y sin sentimientos. El mismo y parte de su estado mayor militar se suicidaron ese día, los que sobrevivieron fueron juzgados y condenados a muerte en Nuremberg. </p>
<p>Según Tournier, “la inversión maligna del símbolo devoró a la foria, al portador. El símbolo ultrajado se convierte en diábolo y en desgarramiento, pues hay un pavoroso momento en que el símbolo ya no acepta ser llevado por una criatura, devora al portador, a la cosa simbolizada“.</p>
<p>El origen del mal</p>
<p>Es una tragedia que la juventud alemana haya seguido a un líder necrófilo y encontrado un propósito en el nazismo, su organización y terrible eficiencia estadística para la muerte. Los aspectos esquizofrénicos (schizo, dividir y paren, psique) notorios en Hitler, Stalin y otros déspotas totalitarios y fascistas, así como en esta nueva raza de necrófilos que amenazan a la democracia y a la cultura occidental, se caracterizan por una total escisión entre pensamiento, afecto y voluntad.</p>
<p>Habría que buscar el origen del mal no sólo en el corazón del militarismo, del fascismo, del nazismo o de ese hombre invisible y nihilista que hoy aterroriza al mundo, sino por igual en el corazón de todos los hombres.</p>
<p>Como afirma el educador y filósofo japonés Daisaku Ikeda (Propuesta de Paz a la ONU), “El mal se hace presente al separar al ‘yo’ del ‘otro’. La esencia del bien es la aspiración a la unidad mientras que el mal se dirige hacia la división o a la escisión. La esencia del mal es crear fisuras en el corazón humano&#8221;. Podríamos decir entonces, que una de las causas que origina y propaga el mal en el mundo se anida y alimenta en el corazón de cualquier individuo cuando existe la desunión, la incomunicación, la subestima, la ignorancia, la intolerancia, el egoísmo, la arrogancia, la ira, la estupidez, la falta de compasión, la ausencia de amor.</p>
<p>Tratando de buscar una salida a través de las palabras para hacerle frente al mal y su temible carga de terror, desolación y muerte, debemos retomar el diálogo y la reflexión. Al final de la trágica historia de Wells, Griffin el hombre invisible, es herido de muerte y atrapado, al comenzar a materializarse su cuerpo, sus captores lo ven por primera vez y reconocen con asombro que esa amenaza invisible era un ser humano igual a ellos.</p>
<p>Debemos insistir en el diálogo y una estrategia inteligente que nos ayude a encontrar las respuestas para detener el mal y su espiral de odio, violencia y destructividad que anidan en el corazón de los que hoy nos amenazan con consignas de muerte.</p>
<p><a href="mailto:edgar.cherubini@gmail.com">edgar.cherubini@gmail.com</a></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[Izquierda y nacionalismo]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/03/11/izquierda-y-nacionalismo/</link>
<pubDate>Tue, 11 Mar 2008 22:35:10 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
<guid>http://hernanmontecinos.com/2008/03/11/izquierda-y-nacionalismo/</guid>
<description><![CDATA[Por: Miguel Riera Fuente: revista “El viejo Topo”. Entrevista con Félix Ovejero Lucas -En un artícul]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: Miguel Riera<br />
Fuente: revista “El viejo Topo”.</p>
<p><!--more--><br />
Entrevista con Félix Ovejero Lucas</p>
<p>-En un artículo publicado el El País hace unas semanas señalabas la incompatibilidad entre ser de izquierdas y ser nacionalista. Sin embargo, es un hecho evidente que hay personas que son de izquierdas y que también son nacionalistas.</p>
<p>-También hay gente que se dice de izquierdas y cree que está bien pegarle a su pareja. Que dos tesis sean incompatibles no quiere decir que no existan personas que sostengan las dos tesis incompatibles. También hay quien cree que el Sol da vueltas en torno a la Tierra, pero no por ello su creencia es correcta. Lo que trataba de decir es muy sencillo. Se resume en dos ideas.</p>
<p>La primera: la izquierda sólo puede defender ideas nacionalistas instrumentalmente, porque cree que el nacionalismo sirve a otros propósitos emancipadores más básicos. Y sucede que el nacionalismo, por definición, no puede ser instrumental, no busca razones ulteriores, porque entonces deja de ser nacionalismo. Para el nacionalismo los intereses de los míos, simplemente porque son los míos, tienen prioridad sobre cualquier otra consideración, vencen cualquier principio de justicia.</p>
<p>Y la segunda es que todas las razones instrumentales a las que se puede apelar, todos los valores que identifican a la izquierda (la igualdad, el control democrático, la libertad para elegir la propia vida), cuando se miran de cerca, tienen implicaciones antinacionalistas. En fin, la cosa es vieja: ¿qué tienen en común el tipo que vive en Pedralbes y el que vive en Cornellá? El azar de que dos personas formen parte de la misma nación no es una razón para que deban establecer vínculos morales o de interés especiales. Razón atendible quiero decir. Razones psicológicas hay muchas, incluso en situaciones de escasa identidad compartida. Al cabo, cuando en un grupo separas a los individuos por el número del DNI, los pares descubren afinidades, identidades, entre sí y diferencias con los impares. Y sienten que sus causas son las suyas.</p>
<p>-¿Por qué dices que cuando se miran de cerca valores como el control democrático o la igualdad se ve que contienen implicaciones antinacionalistas?</p>
<p>-Los Estados democráticos se conforman como unidades de justicia y de decisión política. Los ciudadanos mantienen derechos y obligaciones que los comprometen mutuamente y participan en las decisiones políticas. Los derechos son universales, los mismos para todos y se tienen en tanto que ciudadanos. No, como sucedía en el feudalismo, por pertenecer a cierto grupo o vivir en cierto territorio. Cuando hoy escuchamos a la izquierda recuperar ese léxico de los pueblos de España, como si fueran entidades naturales, sujetos de valoración moral, uno no puede por menos de pensar que se está volviendo al antiguo régimen, cuando los distintos territorios tenían privilegios, fueros en virtud de sus particulares acuerdos pactados con los reyes.</p>
<p>Basta con pensar en el trasfondo de la singular polémica que se desarrolla en Cataluña acerca de las balanzas fiscales. La discusión, por supuesto, tiene detalles técnicos que no es cosa de comentar ahora -aunque hay presentaciones razonablemente accesibles en Revista de libros y, algo más complicada, en Papeles de economía-, pero lo que me interesa destacar es la concepción general, el trasfondo. La propuesta de pagar por ingresos y recibir por necesidades es defendible para los individuos. Es un principio general de justicia que tiene validez general, viva cada uno donde viva. Pero Cataluña como tal no paga o recibe servicios. Es natural que un barrio acomodado tenga un saldo negativo, pero no porque &#8220;se explote al barrio&#8221;, sino porque los que viven por allí son ricos. El barrio no paga impuestos ni es explotado. Cuando se acepta ese léxico interclasista se está escamoteando que los catalanes no son una familia y, como siempre ha sucedido con la retórica nacionalista, por debajo de los intereses de la patria se encubren los conflictos de clase, las desigualdades. Lo que a alguien de izquierda le ha de preocupar no es que el catalán promedio pague más. Porque el catalán en promedio no existe, no paga impuestos. Hay uno que gana 999 y otro que gana 1, pero no hay un catalán promedio que gane 500. Si en un lugar se concentran muchos que ingresan 900, los pobres que vivan por allí no estarán por ello más explotados impositivamente. Al que recibe uno lo que le debe preocupar es que el que gana 900 pague lo que tiene que pagar y que él reciba lo que le corresponda y si es de izquierdas también le debiera preocupar que en Extremadura pase lo mismo. La cosa es más grave respecto a la democracia.</p>
<p>Cuando se sustituyen los ciudadanos libres e iguales por los pueblos y se añade la perpetua amenaza de que, si no nos gustan las decisiones, nos vamos, se pervierte el ideal democrático. La democracia presume que las decisiones adoptadas por todos, nos comprometen a todos. Si los ricos pudieran decir &#8220;si no nos gusta lo que se decide, nos vamos con lo nuestro y formamos otra comunidad política&#8221;, habríamos sustituido la democracia y la deliberación por la amenaza y la negociación, ya no se impondrían las mejores razones y los criterios de justicia, sino la fuerza.</p>
<p>Los representantes políticos se convierten en embajadores, esto es, deja de funcionar deliberación democrática, sustituida por el trapicheo de votos a para obtener beneficios para los &#8220;míos&#8221;. En democracia, si las condiciones de democracia se respetan, si todos pueden expresar sus puntos de vista, y sus derechos se garantizan, no cabe discutir la propia comunidad democrática. La democracia requiere que nadie pueda amenazar con escapar a las decisiones democráticas si no le complacen.</p>
<p>-Presumo entonces que en tu opinión expresiones como &#8220;España es una nación de naciones&#8221; o la idea de plurinacionalidad deberían carecer de sentido desde una perspectiva de izquierda&#8230;</p>
<p>-La única nación defendible normativamente, desde una sensibilidad emancipatoria, es la de los ciudadanos libres e iguales, la que arranca de las revoluciones democráticas. Es la que funciona como un ideal, la que nos sirve, por ejemplo, para criticar las democracias &#8220;realmente existentes&#8221; cuando pervierten la igualdad de poder entre los ciudadanos, por ejemplo, a través de unas formas de propiedad que aseguran amplios poderes discrecionales sobre aspectos importantes de la vida colectiva. Esa nación, francesa, republicana, permite realizar un ideal de justicia, aunque sea limitado territorialmente. Por supuesto que en ella conviven individuos con distintas biografías, con distintas características, algunas de las cuales pueden dar pie a algo parecido a pautas de comportamientos compartidos y relevantes desde el punto de vista de formas de vida comunes. Y no hay que pensar en que las más fundamentales sean las &#8220;nacionales&#8221;. Podemos pensar, por ejemplo, en mujeres, campesinos, jóvenes, grupos religiosos, hasta en quienes conviven en las mismas circunstancias climáticas y ecológicas, que, desde luego, condicionan los modos de vida y las culturas más que cualquier otra cosa. Pero lo que no tiene sentido es volver a la idea de reunión de pueblos, como si fueran unidades homogéneas, impermeables a la historia, a la biografía de las personas. Y esa es la idea de los nacionalistas: una esencia, un momento histórico, que es el que se privilegia, y lo demás es contaminación, invasión, pero no lo genuino, no lo verdaderamente &#8220;propio&#8221;, identidad verdadera. No importa si después, durante un siglo, se producen mil acontecimientos. No importa si el 65% de los catalanes actuales tenemos nuestras raíces fuera de Cataluña. Todo eso será simple injerto, corrupción de la pureza originaria.</p>
<p>No hay mejor ejemplo de eso que la absurda idea de &#8220;lengua&#8221; propia, de una lengua que es la de un territorio, sin que importe lo que hablan las personas de por allí. No hay la lengua propia de &#8220;Cataluña&#8221;, hay la lengua de los catalanes, que, por cierto, tienen como lengua mayoritaria y como lengua común el castellano. El hecho de que desde finales del siglo XV se imprimieran en Cataluña tantos o más libros en castellano que en catalán se podrá atribuir a que el castellano era lengua de cultura, pero el uso de las gentes en su prácticas de cada día, cuando compra, ama o se comunica, nada tiene que ver con imposiciones o reputaciones.</p>
<p>-¿Cómo definir entonces la nación?</p>
<p>-No conozco una definición satisfactoria de nación. Eso podría ser un problema de principio. Nos sucede con muchos términos. Nos pasa con &#8220;belleza&#8221; y, también, en teoría política, por ejemplo, al referirnos a tradiciones de pensamiento. Sin embargo, el problema no es ese. En principio, no hay por qué pensar que &#8220;nación&#8221; cae del lado de &#8220;liberalismo&#8221; o &#8220;belleza&#8221; y no del de &#8220;clase social&#8221; o &#8220;átomo&#8221;, conceptos perfectamente específicables. El problema es de algo más que palabras, apunta a problemas políticos reales. Cuando miramos las definiciones vemos que la mayor parte de ellas al final derivan en identidades esencialistas, en purezas raciales o culturales, en una lista de características que definen al ciudadano fetén, o bien en tautologías más o menos veladas, como sucede con la idea de &#8220;nación es un conjunto de individuos que creen que son una nación&#8221;, en donde se introduce la palabra a definir en la misma definición. En realidad &#8220;nación&#8221; no es un término analítico, sino de uso político. Tienen razón los estudiosos sobre estos asuntos, la mayor parte de ellos de izquierda, que nos han recordado que el nacionalismo inventa la nación, que se inventa una tradición, por lo general un momento en la historia de la comunidad, un momento que se recrea, que se falsea, y al que se le otorga una singular capacidad para caracterizar lo que es la genuina identidad nacional, con independencia de la evolución de las sociedades. Desde ahí, desde una identidad metafísica, se pretende sostener la existencia de un pueblo que porque tiene identidad se constituye en una unidad de soberanía. Al final, el único asidero firme que queda es la nación como una comunidad cultural homogénea.</p>
<p>Para alguien de izquierdas, las instituciones políticas no tienen que mantener otra identidad cultural que los principios cívicos que aseguren la capacidad de cada cual de elegir sus propias vidas, lo que incluye, si existe una comunidad significativa de hablantes, la posibilidad de educarte y de expresarte en la lengua que desees, la del país, es decir, la de sus ciudadanos, pero no, obviamente, que tengas asegurados interlocutores.</p>
<p>La paradoja de los nacionalismos hispánicos es que si quieren ser mínimamente democráticos, cívicos, sólo pueden persistir a costa de no realizar sus objetivos políticos soberanistas. Porque al día siguiente de la hipotética independencia del País Vasco o de Cataluña alguien se podría preguntar cuál debe ser la lengua oficial. El único modo de seguir con el proyecto de preservar la identidad sería imponérsela por la fuerza a los propios ciudadanos, lo cual, además de paradójico (identidad, por definición, tengo siempre), es cualquier cosa menos liberal, en el sentido más elemental de la palabra liberal. De modo que la conclusión se impone: si siguen apostando por el proyecto soberanista es que abandonan cualquier horizonte cívico, cualquier idea no étnica de ciudadanía, lo cual, claro, implica la condena del mestizaje y la inmigración. Eso, claro es, siempre bajo el supuesto de la honradez, de que ese estar instalados en la contradicción, buscando una meta que se sabe imposible conceptualmente, no sea un modo de seguir obteniendo rentas políticas o mercados políticos protegidos.</p>
<p>-Sin embargo, las élites políticas y mediáticas del ámbito de la izquierda no parecen albergar la menor duda de que Cataluña, Euskadi y Galicia son naciones, y se remiten constantemente a los pueblos catalán, vasco, gallego. Durante todo el verano Maragall ha estado insistiendo para que la Constitución reconozca formalmente la existencia de esas naciones&#8230;</p>
<p>-Eso forma parte de esa mitología recreada, que no resiste el trato con la realidad. El único modo de hacerla inteligible es apelando a la clásica tesis romántica que relaciona lengua con concepción del mundo, de ahí salta a la identidad, y de ahí a la soberanía. Ninguno de los pasos se aguanta. A eso se añade el mito no menos romántico de un momento glorioso roto por un invasor que debe ser expulsado, la España centralista. Como si cierto día, hace tres siglos, alguien hubiese decidido imponer su identidad. ¿Qué imposición cultural se puede hacer sin medios de comunicación y sin sistema de enseñanza, cuando hasta entrado el siglo XX la mayor parte de la población es analfabeta? Las cosas son más sencillas, pura demografía y flujos económicos que llevan a utilizar las lenguas de mayor uso. En el siglo XV, Castilla, que incluía por cierto Galicia, Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, tenía 4,5 millones de habitantes y la Corona de Aragón 850.000. En esas condiciones no resulta extraño que el castellano se extendiera y se mantuviera como lengua común y que prácticamente desde el siglo XVI el 80% de los peninsulares la utilizaran. Algo absolutamente excepcional en Europa, por cierto. En Francia, en tiempos de la revolución sólo uno de cada tres franceses hablaba francés; en Italia, en 1830, el italiano sólo lo hablaban el 3 %. En dos generaciones, en esos países la situación se había modificado radicalmente. Pasó lo mismo, y por las mismas razones, con las monedas nacionales y los sistemas de pesos y medidas. En todos esos casos fueron movimientos revolucionarios los responsables de los cambios. Y en España, hasta el franquismo, sucedía lo mismo. El Carlismo encarnaba los restos del feudalismo, del servilismo, nada de libertades ni de ciudadanía, al revés, atadura al terruño y barreras que impidan el oreo, entre ellas, muy conscientemente, las lingüísticas. Sobre esa herencia se encabalgan los nacionalismos. Lo que sucede es que los liberales y la izquierda tuvieron poco éxito.</p>
<p>Todo esto resulta tedioso recordarlo porque al fin y al cabo la historia no justifica nada. A lo sumo nos ayuda a entender por qué las cosas son como son, pero nada nos dice acerca de cómo deben ser. Pero es que es ese el terreno del &#8220;nacionalismo de izquierdas&#8221;. Se arranca de unos supuestos datos, la existencia de una identidad, y de ahí se pretende inferir un proyecto político, la necesidad de recuperar o de preservar la identidad. Hasta la guerra civil se ha dejado de ver como una guerra de clases para convertirse en una guerra del &#8220;pueblo español&#8221; agrediendo a las naciones. Así que lo primero es recordar que los datos no son así, pero es que además, de los datos, sean los que sean, no se sigue nada acerca de cómo deben ser las cosas. El truco para saltar de los hechos a los objetivos políticos pasa, como te decía, por relacionar la lengua con la identidad y ésta con la constitución de una unidad de soberanía. Lo primero, todavía en el terreno de los hechos, es falso: ningún lingüista informado sostiene hoy que una lengua conlleva una concepción del mundo en algún sentido relevante de la idea. Y lo segundo no se aguanta: quienes comparten una identidad no son sujetos de soberanía. No creo que a nadie se le ocurra pensar que las mujeres o los ancianos constituyan unidades de soberanía, por más que compartan identidad y una conciencia de identidad compartida seguramente superior a la de las &#8220;naciones&#8221;. Pero al final las cosas son más sencillas. En nombre de qué una identidad -inventada o no- justifica tratos especiales o desiguales, es decir, privilegios. Quien defienda que existen unos privilegios asentados en &#8220;la historia&#8221; debería estar dispuesto a defender el antiguo régimen, la aristocracia. La idea de que hay unos pueblos que han de tener un trato especial no puedo dejar de asociarla a lo que antes te decía del trato con los reyes, a desandar lo recorrido desde la revolución francesa. Pensamiento reaccionario en estado puro.</p>
<p>-Me temo que decir que la izquierda y el nacionalismo son incompatibles conduce directamente a cuestionar la naturaleza democrática del nacionalismo. Sin embargo, en este país se han acuñado expresiones como &#8220;nacionalismo democrático&#8221; o &#8220;nacionalismo moderado&#8221; frente al &#8220;nacionalismo radical&#8221;, o &#8220;violento&#8221;. ¿Qué opinas al respecto?</p>
<p>-Desde el punto de vista de los procedimientos democráticos hay una diferencia sustancial. Y eso es muy importante, fundamental: no hay democracia si a quien piensa diferente le niegas la dignidad como persona, que es lo que sucede cuando lo amenazas de muerte. Lo pones en el dilema de que pierda la vida o pierda su dignidad callándose para poder preservar la vida. El problema con el llamado &#8220;nacionalismo moderado&#8221; es que colapsa en un montón de paradojas que sólo puede salvar si recala en un nacionalismo étnico, identitario, que, de facto, vincula la ciudadanía a la pertenencia a una comunidad cultural. Quienes no participan de ciertos rasgos, de la identidad nacional que estipulan unos cuantos, no son genuinos miembros de la comunidad política, son menos &#8220;catalanes&#8221;, &#8220;españoles&#8221; o lo que sea. Por supuesto, la identidad nacional la deciden los nacionalistas sin que importe si se corresponde con lo que en realidad son los ciudadanos&#8230; Pero el problema no es de número, sino de principio democrático: el que la mayor parte de catalanes sea del Barça o católica, no quiere decir que las instituciones políticas tengan que apoyar al Barça o la religión católica.</p>
<p>A veces, para evitar recalar en esas tesis, que tanto nos suenan a los &#8220;genuinos españoles&#8221;, &#8220;unidades de destino&#8221; o &#8220;españoles de bien&#8221;, se habla de un nacionalismo cívico, como un conjunto de ciudadanos que comparten derechos y libertades. El problema es que entonces no se ve qué hay que objetar a ideas como el habermasiano &#8220;patriotismo constitucional&#8221;, al reconocimiento de una comunidad de ciudadanos libres e iguales que comparten principios de justicia. Un nacionalismo de esa naturaleza, genuinamente constitucional, en un contexto en donde no existe discriminación por &#8220;razones de identidad&#8221;, estaría llamado a ser paralítico políticamente. Por eso el nacionalismo no puede prescindir de una idea de nación que conduce directamente a la identidad nacional, que es, por supuesto, la que los nacionalistas estipulan.</p>
<p>No es casual que quienes han querido explorar la &#8220;hipótesis de la independencia&#8221; en serio se hayan encontrado con que, si jugaban a la idea de nación de ciudadanos y no querían excluir a la mitad de la población que quedaba fuera de juego, la &#8220;preservación de la identidad&#8221; se ponía en peligro. Dicho de otro modo: el único modo de preservar la identidad era saltándose a la torera los derechos democráticos. Y, por supuesto, los nacionalistas están dispuestos a hacerlo. Las preocupaciones por el mestizaje, por la pérdida de la pureza, no son excrecencias, rarezas, sino consecuencias lógicas del nacionalismo. Hay un camino inexorable que conduce directamente a la defensa de &#8220;concepciones del mundo&#8221; asociadas esencialmente a los pueblos, concepciones que deben estar presente hasta en las ONG, que, se llega a decir desde las instituciones, deben de tener &#8220;un componente nacional catalán&#8221;.</p>
<p>Por cierto que epistemológicamente no deja de resultar llamativo que aceptemos como buenas, como verdaderas, la terminología y las creencias de los propios nacionalistas, que únicamente tienen una función política. Piensa en algunos ejemplos. Uno &#8220;positivo&#8221;: hay un conjunto de individuos, los nacionalistas, que dicen que otro conjunto -más numeroso- de personas es una nación. De ahí se concluye alegremente que ese segundo conjunto es una nación, alehop!. Otro, normativo, y que, como ha mostrado Rodríguez Abascal en uno de los mejores libros que conozco sobre estas cosas, apunta al núcleo del nacionalismo: &#8220;la nación X tiene derecho a la soberanía por qué es una nación&#8221;. Una falacia, claro. También hay gente que cree que los humanos hemos sido traídos de otro planeta, pero que lo crean no hace a su creencia verdadera. El hecho de que los parlamentarios de Castilla-León, por poner un ejemplo, decidan autodenominarse marcianos, no los hará marcianos. Pero es que, incluso si aceptamos que su creencia es correcta, o que basta que la tengan para que sea verdad, de ahí, de una cuestión empírica, no se sigue ningún principio normativo, como el de soberanía. Y un último ejemplo entre positivo y normativo: el uso de &#8220;discriminación&#8221; o de &#8220;injusticia&#8221;. El que alguien diga de si mismo que está discriminado no prueba que esté discriminado, sino que él cree que está discriminado. Las nociones de justicia o de discriminación son precisables, objetivas. El que los ricos se sientan &#8220;discriminados&#8221; al pagar impuestos no quiere decir que lo estén. Las mujeres de la India están contentas con su situación, pero no por ello no dejan de estar discriminadas o sometidas a injusticias. Con independencia de lo que digan las victimas podemos reconocer la injusticia a la que estaban sometidos los negros que carecían de derechos en Sudáfrica o las mujeres de la India, o, aquí mismo, en virtud de otras circunstancias, cuando se les niega el acceso a determinadas posiciones en iguales condiciones de talento, o se las retribuye desigualmente.</p>
<p>-Pero, ¿qué pasa con el derecho de autodeterminación de los pueblos, que siempre ha formado parte de los programas de la izquierda desde sus orígenes?</p>
<p>-En efecto, Marx lo defendió en el borrador que había preparado para la I Internacional en 1865. Pero al año siguiente ya estaba aclarando que los beneficiarios eran las genuinas naciones, Alemania, Polonia, Italia, Hungría, en ningún caso las nacionalidades -y ese léxico es suyo- como la escocesa o la galesa. En el fondo, su pensamiento era puramente táctico, que es lo que no puede ser un derecho, algo sometido al &#8220;depende&#8221;. A Marx lo que le preocupan son los ideales emancipadores y lo que buscaba era espacios políticos amplios lo suficientemente consolidados en donde realizar los ideales de democracia radical y de justicia, de igualdad.</p>
<p>Y es que el derecho a la autodeterminación, en realidad el derecho a la secesión unilateral si queremos ser precisos, concentra todas las inconsistencias analíticas del nacionalismo. En el fondo arranca de una suerte de comparación con las separaciones matrimoniales: si alguien no quiere formar parte de una pareja, quién puede obligarlo. Aquí no habría ningún tipo de apelación a la identidad, ni a la esencia, sólo ejercicio de libertad. Desde el punto de vista liberal, en principio, no habría nada que objetar. El problema aparece en el momento de decidir quién puede decidir que se va, quién ejerce el derecho a la autodeterminación. Si seguimos con el argumento matrimonial-liberal, cualquiera que perdiera un hipotético referéndum podría decir al día siguiente que ese nuevo club, la nueva nación, no le ha pedido permiso para hacerlo socio. La pregunta es inevitable: ¿quién es el sujeto del derecho? La respuesta &#8220;la nación&#8221; no nos sirve si entendemos nación en el sentido de &#8220;es el conjunto de individuos que quiere ser una nación&#8221;, entendida esta última acepción como &#8220;voluntad de autodeterminarse&#8221;. En tal caso no hace falta derecho ninguno, no hace falta votar nada: sólo ejercen el derecho a separarse quienes se quieren separar. Si quiere evitar ese absurdo, al final, el nacionalismo tiene que recalar en argumentos esencialistas: habría pueblos más &#8220;naturales&#8221; que otros, que, ellos sí, tendrían fronteras naturales, no susceptibles de ser decididas voluntariamente, dentro de las cuales el derecho de autodeterminación ya no cabría. De modo que el supuesto derecho no parece muy claro: o bien recalamos en una falsedad, en un imposible, la idea de adscripción voluntaria a los estados, o bien en esencias nacionales, en comunidades naturales, comunidades de destino, en argumentos que niegan el principio que invocan.</p>
<p>Esa es una idea incorrecta sobre cómo son las cosas. Los Estados, cualquier Estado, no son asociaciones voluntarias, a nadie le preguntan si quiere ser miembro. La fronteras, todas, son resultado de geografía, guerras, conquistas, enlaces matrimoniales, flujos económicos y demográficos. Los Estados no son un club social en el que uno se apunta y se va cuando quiere. La idea del Estado como una sociedad de construcción voluntaria presume una suerte de &#8220;derecho&#8221; anterior a las leyes, natural, prepolítica. Las cosas son al contrario. Precisamente porque no son asociaciones voluntarias es por lo que importan la democracia y los derechos, que se dan dentro de un espacio jurídico, dentro de una comunidad política. En un club privado, los socios pueden fijar las reglas. Por ejemplo, pueden decidir que en un gimnasio no entren los hombres o prohibir la venta de alcohol. Es una asociación voluntaria y no hay nada que reprochar. No estás obligado a entrar y si no te gusta, te vas. En una comunidad política las cosas son distintas. Ahí no caben las discriminaciones, ni las identidades obligatorias, porque cualquiera ha de tener asegurada la posibilidad de poder decir lo que le parezca. Y lo mismo se puede ver desde el otro lado: si uno se puede marchar si no le gustan las decisiones adoptadas democráticamente, entonces la democracia no existiría. De otro modo nada tendríamos que objetar a los ricos, concentrados en una región, que deciden que no están de acuerdo en pagar impuestos, que los principios de justicia de la comunidad política no sirven para ellos, y que se van. La no voluntariedad de los estados, la democracia y la justicia, que se dan siempre en un espacio político, están unidas conceptualmente.</p>
<p>Por eso mismo, las cosas cambian cuando faltan los derechos, cuando ciertas personas, que comparten ciertos rasgos, los que sean, se ven privadas de derechos o discriminadas. Pero en ese caso el derecho deriva de la injusticia y acaba cuando desaparece ésta. Sólo en ese sentido reparador se puede habar de derecho de autodeterminación. Lo ha contado muy bien el que acaso sea el mejor especialista sobre estas cosas, un marxista analítico por cierto, Allen Buchanan, en Self-determination, un clásico contemporáneo.</p>
<p>Una ultima cosa, no hay que confundir el supuesto derecho a la autoderminación con el autogobierno. La izquierda es, muy básicamente, radicalidad democrática. Todas las conquistas, todas, de lo que hoy llamamos democracia han sido arrancadas por la izquierda. Pero el control democrático de los ciudadanos, la participación, no es una cuestión de metros, de proximidad espacial, sino de transparencia, de posibilidades de revocación, de control institucional. De hecho, la proximidad espacial, que acostumbra a ser de clase, lo que produce es clientelismo, acobardamiento de medios que sobreviven gracias a su buena relación con el poder local, opacas redes de influencia entre los poderosos que se han socializado juntos y resuelven con llamadas, despachos compartidos y cenas familiares lo que se tendría que resolver en el Parlamento. Basta con pensar en la naturalidad con la que transitan los escándalos políticos en los ámbitos locales y autonómicos. Se pasa por ellos como si nada. No hay la exigencia de responsabilidades que se da en el Parlamento o la vigilancia de la prensa de ámbito nacional. El autogobierno es control democrático: explicaciones, participación, vigilancia y renovación de cargos. Lo otro, agrimensura.</p>
<p>-Si la cuestión es tan evidente, ¿por qué entonces hay tanta gente en la izquierda que se dice nacionalista? Y otra cuestión: ¿por qué hay aún más gentes en la izquierda que se dicen no-nacionalistas pero que de hecho no sólo toleran los principios nacionalistas, sino que asumen sus puntos de vista, los comprenden?</p>
<p>-Repito lo que te decía al principio de nuestra conversación, que dos ideas sean contradictorias no quiere decir que no exista gente que mantenga las dos ideas a la vez. De lo que no cabe duda es del carácter reaccionario de los nacionalismos. Hobsbawm, una de las cabezas más claras de la izquierda, nos lo lleva recordando desde hace tiempo. En el caso español, la comunión entre nacionalismo e izquierda es un fenómeno muy reciente, hijo del antifranquismo, de la represión de cualquier manifestación cultural que no fuera en castellano y, acaso, esto ya es más conjetural, de la política del partido comunista de incorporar todas las causas, y del origen social de los cuadros políticos de la izquierda. Supongo que también contribuyó la coincidencia temporal con los movimientos de liberación nacional, que, por cierto, casi siempre pretendían crear Estados ilustrados, que unificaran las diversas culturas locales, muchas de ellas cargadas de elementos feudales, racistas o directamente irracionales, un poco al modo como sucedió en América Latina un siglo antes, cuando, después de la independencia, el castellano se impone a las miles de lenguas de las comunidades indígenas. Y quizá, por intentar decirlo todo, habría que pensar que la propia falta de pensamiento medianamente vertebrado, blando conceptualmente, a la vez que dogmático, ha favorecido en nuestra izquierda una disposición a mirar acríticamente todo lo que parecía &#8220;nuevo&#8221; y &#8220;rebelde&#8221;, aunque, como es el caso de nacionalismo, fuera antiguo y conservador.</p>
<p>Lo cierto es que, históricamente la izquierda, por sólidas razones ideológicas, ha sido antinacionalista, y el nacionalismo, salvo excepciones, pensamiento conservador, cuando no directamente reaccionario. Esto lo han dejado definitivamente claro los historiadores. En el caso vasco, pero también en el catalán. Pienso en los trabajos de Fradera, Marfany o Ucelay Da Cal, historiadores solventes, oreados en el circuito académico internacional. Y eso sucede en el diecinueve, pero también más tarde. No hay que olvidar que los fascistas italianos llegan a contemplar la posibilidad de hacer de Barcelona el origen del movimiento fascista en España aprovechando la existencia de un pensamiento nacionalista.</p>
<p>Pero desde el punto de vista ideológico, que es el que importa, no creo que quepan dudas. Entiéndase, hay que luchar para que los nacionalistas puedan defender sus ideas, pero eso no quiere decir que debamos defender sus ideas. Al revés, una vez asegurado lo primero, debemos examinarlas, discutirlas y criticarlas, empezando por recordarles que ellos son los portavoces de una ideología, no de una nación. Y sucede que cuando las examinamos encontramos pensamiento conservador, cuando no directamente imperial, expansionista, hasta recuperar la frontera máxima del momento del máximo esplendor.</p>
<p>Por lo general, y tratando de reconstruir de un modo inteligible la argumentación de la izquierda cuando se pone en modo nacionalista, se suele apelar a razones no nacionalistas, a preservar la identidad de los individuos, a la posibilidad de aumentar el compromiso cívico entre los ciudadanos o a un marco de referencia en el que cobran significado las elecciones. Eso es lo mismo que decir que lo que importa son otros valores, como la autonomía de los individuos, la igualdad o la libertad. Pero eso ya no es nacionalismo. Piensa, por ejemplo, en el caso de la identidad. Un nacionalista apela a ella por que es &#8220;lo nuestro&#8221;, lo que nos constituye, lo de siempre, el origen que se quiere destino. La identidad es una y por siempre. Un pensamiento de vuelo muy corto. Al cabo, si se trata de defender la identidad, habría que defender el franquismo. O es que cuarenta años de dictadura pasan sin dejar huella, por no hablar de los trescientos años de supuesta dominación españolista. Para el nacionalismo nada de eso afecta a la genuina identidad, que, claro, si no está contaminada por la historia, sólo puede resultar inteligible bajo alguna versión laica del alma como el Rh o una Eva mitocondrial de la propia nación. Alguien de izquierda, o simplemente sensato, empezará por recordar que siempre tenemos identidad, que si a todos nos da por consumir hamburguesas y jugar al béisbol seguiremos teniendo identidad. Después reparará en que lo que importa no es la identidad como tal, que también somos machistas por biografía, pero que lo mejor que podemos hacer en tal caso, desde los valores que importan para la izquierda, es escapar a esa identidad. De hecho, lo que interesa es una comunidad política que nos asegure la posibilidad permanente de revisar y escapar a cualquier cárcel identitaria, a la tiranía de los orígenes. Pues bien, si las cosas se miran de cerca, se ve que la nación y el nacionalismo no son el mejor modo -por no decir que son el peor- de asegurar la igualdad, el compromiso cívico o los marcos de elección de las personas y, mucho más obviamente, la sensibilidad de especie, que es el problema más importante y más olvidado.</p>
<p>Realmente lo que más me asombra en todos estos casos es el desarme ideológico de la izquierda, la incapacidad para mirar limpiamente las ideas y discutirlas, ese trato &#8220;comprensivo&#8221; con el nacionalismo cuando es lo que es. ¿Qué quiere decir respetar o comprender una ideología? ¿Hay que respetar el machismo o el fascismo? Se respetan las personas, se puede hasta comprender que tengan una ideología. Pero eso no corrige un milímetro que las ideas se discutan, que por cierto es el único modo de respetarlas, de tomarlas en serio. En esto la actitud del nacionalismo es particularmente tramposa con su reclamación de respeto. Cualquier crítica hiere su sensibilidad. La trampa es que pretenden hacer pasar la crítica a su ideología como la crítica al pueblo en nombre del cual pretenden hablar en exclusiva. Como si ese pueblo no fuese el resultado de flujos de gentes. Y es que, al cabo, como decía uno de los protagonistas del jorobado de Notre Dame: &#8220;unos llegamos ayer y otros anteayer&#8221;. Pero, ¡por Dios, cómo no vamos a poder criticar radicalmente a alguien que sostiene ideas tan profundamente reaccionarias! Lo verdaderamente inaudito es que la izquierda radical haya suscrito sin discusión alguna los puntos de vista del nacionalismo. Por lo menos discutirlos!</p>
<p>Con frecuencia se dice que en el fondo lo crítica a los nacionalismos periféricos no es más que una defensa de otro tipo de nacionalismo, el español. No crees que es así?</p>
<p>-Esa tesis se ampara en una falacia que consiste en sostener que la negación de un nacionalismo equivale a la afirmación de otro nacionalismo, el español. Eso es lo mismo que decir que no cabe la crítica al nacionalismo porque no hay punto de vista fuera del nacionalismo, que criticar a un nacionalismo implica necesariamente estar a favor de otro nacionalismo: si uno se opone a una propuesta nacionalista, es que lo hace para defender propuestas españolistas&#8230; Con la cobardía del ejemplo, que diría Pessoa: estar en contra de que sólo se impartan dos horas de clase en castellano, ya sería nacionalismo español. Si, por ejemplo, alguien propone cuatro horas, ya sería nacionalista español.</p>
<p>Si queremos ser respetuosos con las palabras y la lógica, la operación correcta es otra. Lo que sería españolismo, no es la negación de la propuesta nacionalista, sino la misma propuesta, pero cambiando los protagonistas. Para seguir con el ejemplo: dos horas de catalán y el resto en castellano. Eso sería nacionalismo españolista. Más en general, creo que ese es un saludable ejercicio intelectual, darle la vuelta a las propuestas y a las tesis. Clarifica mucho. Unos cuantos ejemplos: ¿qué pensaríamos de un partido que defendiera el GAL, que homenajeara a sus miembros, y defendiera la vuelta a la dictadura, y de otro, con responsabilidades de gobierno, que saliera en defensa de ese primer partido, que le abriera sus medios de comunicación y se apoyará en él para gobernar, mientras decía que hay que suprimir los estatutos de autonomía para resolver el conflicto que plantea la existencia del GAL? ¿y de alguien que le diese por defender la recuperación de la unidad de las comunidades hispánicas, de Latinoamérica y de buena parte de Estados Unidos, porque comparten una lengua y porque en otro tiempo, hace menos de doscientos años, formaban parte de España? Todo eso nos espeluznaría. Pues eso, mutatis mutandis, incluso con menos soporte empírico, forma parte de los supuestos centrales de la estrategia política nacionalista. Que uno se oponga a esas locuras en boca de los nacionalistas, obviamente, no lo lleva a defender estas otras locuras españolistas. Y sin embargo, buena parte de nuestra izquierda ni levanta el dedo: al revés pide respeto para las locuras. La verdad es que cuando preguntas a los amigos, &#8220;bueno, pero ¿a qué te refieres en concreto cuando hablas de españolismo?&#8221;, la respuesta más recurrente apela a cosas como el tamaño de la bandera de la plaza de Colón. No seré yo quien la defienda. Pero desde luego quien no la puede criticar es quien organiza actos políticos, de su propio partido, en donde se cantan más veces himnos nacionales que la internacional y se exhiben más banderas nacionales que rojas. En realidad, tengo la impresión de que si llega la república, se sentirían muy incómodos con la bandera tricolor.</p>
<p>A veces en realidad lo que esconde la crítica al españolismo es una simple crítica a la idea del Estado, a cualquier presencia del Estado, sea la que sea, tenga que ver con la cultura o no, como simple institución política. Algo también difícil de comprender para la izquierda. Su historia es la de una lucha por marcos, sometidos a control democrático, que permitieran realizar la justicia, la redistribución, asegurar que los poderosos no puedan someter a los débiles, la existencia de una ley que impida las dominaciones arbitrarias o despóticas, en la empresa, en la casa, derivadas de la fuerza o del dinero.</p>
<p>Hay otra confusión, de más calado, que también está en la trastienda de esa tesis: la confusión entre españolismo, centralismo, y control democrático. Los problemas de descentralización son en buena medida técnicos. Seguramente, para ciertos asuntos, por problemas de coordinación, y de economías de escala, lo mejor es un sistema centralizado y para otras cosas, un sistema reticular. Eso depende de los problemas a resolver. Pero es que, además, la descentralización nada tiene que ver con el autogobierno, con el control democrático de las instituciones ni, desde luego, con mayor o menor nacionalismo español. Resulta perfectamente imaginable un españolismo irrespirable y un sistema institucional máximamente descentralizado.</p>
<p>En realidad, un sistema máximamente descentralizado, de coordinación espontánea, como lo es el mercado, acaba en dos días con las culturas &#8220;nacionales&#8221;, porque la coordinación espontánea converge hacia equilibrios que se corresponden con las convenciones compartidas o, en su defecto, las mayoritarias. Si tú tienes que vender un producto o contar las noticias en un periódico o, simplemente, contar tu vida a cuatro tipos en un bar, lo harás en la lengua común. El proceso, además, es acumulativo, por necesidad de comunicarse, de acceder a información, de trabajo, de viajes. No es resultado del ejercicio de ningún poder, sino de millones de decisiones espontáneas&#8230; La expansión del castellano en EEUU es cualquier cosa menos acción teledirigida desde un poder central. Es lo que ha pasado históricamente con monedas y sistema de pesas y medidas y también con las lenguas. Nosotros mismos hemos sido testigos de cómo ha sucedido con las tarjetas de crédito, el sistema de teléfono, los formatos de vídeo y mil cosas más. Por información, comunicación o transporte los individuos tienen razones para utilizar los más utilizados por otros individuos. Y eso, que los economistas llaman economías de red, es descentralización en estado puro.</p>
<p>(*) Publicado originalmente en la revista española El Viejo Topo.</p>
</div>]]></content:encoded>
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<title><![CDATA[Las izquierdas políticas]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/03/11/las-izquierdas-politicas/</link>
<pubDate>Tue, 11 Mar 2008 19:57:47 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
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<description><![CDATA[Por: Marcelo Colussi Fuente: Diario “La Insignia”. Guatemala, octubre del 2004. Resulta bastante dif]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: Marcelo Colussi<br />
Fuente: Diario “La Insignia”. Guatemala, octubre del 2004.<!--more--></p>
<p>Resulta bastante difícil definir con precisión qué significa ser de izquierda. Decir que lo que no es de derecha suena, cuanto menos, ingenuo -las definiciones dadas por su contrario, más allá de sonoros retruécanos, no definen nada-.</p>
<p>Aunque, claro está, tampoco es para ahogarse en un vaso de agua: mal o bien existe una intuición de por dónde va la perspectiva. Ser de izquierda, en términos generales, es ser progresista, es no ser conservador. Y entra allí, por cierto, un amplio abanico que pueda dar para todo, o para mucho al menos.</p>
<p>Como toda expresión política, la izquierda -si es que efectivamente tiene una unicidad en su variada gama- da lugar a todos los matices humanos: posiciones más esquemáticas aquí, menos autoritarias allá, radical en algunos casos, pintoresca en otros, descabellada a veces, con una profunda convicción ética en ocasiones, oportunista otras veces. Es decir: hay para todos los gustos. Desde posiciones políticas de derecha (diríamos entonces: conservadoras), la izquierda puede ser vista como su opuesto; por tanto, lo que definiría es entonces su talante transformador. Esto dice algo, da un perfil, pero no termina de explicar la diversidad. Quizá, para ser objetivos en el análisis, no hay una izquierda, sino &#8220;izquierdas&#8221;, que no es lo mismo. Y en todo caso eso, esa pluralidad, más que hablar de una debilidad conceptual o filosófica, o política incluso, habla de la riqueza de las expresiones humanas y de su imposibilidad de subsumirlas bajo un único común denominador. ¿Quién es más de izquierda: los movimientos armados o los partidos socialdemócratas parlamentarios legalmente constituidos? ¿Los movimientos campesinos o los sindicatos obreros? ¿Son más de izquierda los planteos leninistas o los maoístas? ¿Son de izquierda los movimientos de homosexuales?, ¿y los movimientos anti guerra? ¿Son también de izquierda las reivindicaciones étnicas? ¿Y los partidos verdes? Y así llegamos al actual movimiento antiglobalizador. Sin dudas es de izquierda en términos políticos, culturales, humanos; aunque, lo sabemos, hay ahí una variopinta composición con mucha gente que no se siente, en términos estrictos, leninista ni maoísta, ni quiere serlo, ni lo será nunca. Gente, organizaciones, expresiones sociales que mantienen aspectos comunes mínimos: todos están contra un modelo económico capitalista neoliberal injusto, todos están -aunque sea algo vago decirlo así- por &#8220;otro mundo posible&#8221;. Las izquierdas, ya no tanto como formulaciones estrictamente políticas sino como proyecto de vida, como voces contrarias a modelos que promueven la exclusión social, no tienen una plataforma partidaria única. No la tienen ni podrán tenerla, ni es deseable en modo alguno que la tengan. La fuerza de la izquierda está en ser contestataria, en no ser dogma, en no ser conservadora; aunque -y esto abre otros caminos de análisis- muchas veces lo ha sido, tanto o más que la derecha. Lo que queda claro es que como proyecto de vida, de sociedad, de sujeto individual incluso (se hablaba del &#8220;hombre nuevo&#8221; tiempo atrás) no se restringe a un manual de acción. Queda claro también que los sujetos concretos de carne y hueso que se dicen de izquierda, todos (habrá que decir &#8220;todos y todas&#8221; para estar acorde con los tiempos que corren) pertenecen a su historia, a su medio.</p>
<p>Exactamente éso son los límites, lo que nos constituye en cada caso, y contra lo que no se puede ir más allá. El mismo Marx, el más profundo pensador de la izquierda, no pudo ir más allá de sus límites (¿por qué iba a poder?), y algunas de sus formulaciones -recontextualizables hoy día- nos lo podrían hacer ver ahora como un eurocentrista para el mundo actual, heredero aún de prejuicios raciales. Esto es: nadie es acósmico, nadie puede estar más allá de sus determinaciones históricas. Por eso, según desde donde se levante el discurso de la izquierda, será el tenor del mismo. La izquierda no puede ser unívoca; las luchas de transformación de los países capitalistas del norte desarrollado y próspero -donde el hambre, si lo hay, no tiene jamás los ribetes trágicos del sur- son distintas, cada vez más distintas de las de los pueblos famélicos del Tercer Mundo. En el norte se discute sobre la calidad de la vida; en el sur sobre su posibilidad. ¿Son distintas entonces las izquierdas del norte y del sur? Todas las expresiones de izquierda tienen algo común: buscan un mayor grado de justicia en el mundo. Pero parten de contextos distintos, por lo que sus cosmovisiones y proyectos son distintos también. En algunos países desarrollados se lucha hoy por una jornada laboral de cinco horas diarias, mientras en el sur el drama es la falta de trabajo; el tema ecológico en el norte significa que no se sabe qué hacer con tanta basura y la contaminación que produce tanta industria y tanto motor de combustión mientras que en el sur significa la pérdida de los bosques y la desertificación. Hoy día la izquierda puede levantar banderas contra el hiper consumo en el norte, mientras que en el sur el drama sigue siendo la falta de alimentos. Es decir: la marcha del capitalismo llevó a un desarrollo tan desparejo que se dio como resultado mundos distintos, por lo que las fuerzas progresistas, las fuerzas de la izquierda, tienen ante sí desafíos muy distintos según en cuál de esos mundos se ubiquen.</p>
<p>Ni el norte ni en el sur ser de izquierda es fácil, tranquilo, libre de problemas. Pero los estilos de represión de los discursos alternativos son igualmente distintos: en el norte es más fácil que la maquinaria social dominante los fagocite y los integre; en el sur lo más probable -esto no ha cambiado en lo sustancial en estos últimos años- es que los desaparezca físicamente, botando el cadáver en un descampado muchas veces. Y los retos de la izquierda son igualmente difíciles en uno y otro lado: ¿es más sencillo luchar contra los aparatos represivos del Estado o contra las grandes corporaciones multinacionales? ¿Es más fácil combatir el hambre o el hiperconsumismo? No es justo creer que sea &#8220;más fácil&#8221; luchar contra la corriente en un escenario que en otro; las luchas contra las injusticias son siempre eso: luchas. Ninguna tiene el triunfo asegurado, y en todos los casos el compromiso de enfrentar los poderes establecidos implica enormes riesgos. Si bien pueden cambiar las coyunturas, lo que no cambia es el espíritu de transformación. Eso, en definitiva, es ser de izquierda.<br />
 </p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[Las raíces de la burocracia]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/03/11/las-raices-de-la-burocracia/</link>
<pubDate>Tue, 11 Mar 2008 19:12:47 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
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<description><![CDATA[Por: Isaac Deutscher* Fuente:  Marx Spei Somos testigos de una clara tendencia al aumento de la buro]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: Isaac Deutscher*<br />
Fuente:  Marx Spei<!--more--></p>
<p>Somos testigos de una clara tendencia al aumento de la burocratización de las sociedades contemporáneas, independientemente de sus estructuras sociales y políticas.</p>
<p>Los teóricos y occidente nos aseguran que el ímpetu de la burocratización es tal, que vivimos ya bajo un sistema managerial que ha llegado a reemplazar casi imperceptiblemente al capitalismo. Por otro lado, tenemos el enorme, asombroso crecimiento de la burocracia en las sociedades post-capitalistas del bloque soviético, y especialmente en la Unión Soviética. Nos asiste toda la razón al tratar de elaborar alguna teoría de la burocracia que sea más completa y satisfactoria que el cliché tan de moda como en gran medida sin sentido de «sociedad managerial». Sin embargo, no es fácil abordar el problema de la burocracia; en esencia este problema es tan viejo como la civilización misma, aunque la intensidad con que ha aparecido a la vista de los hombres ha variado grandemente según las épocas.</p>
<p>Si he decidido hablar sobre las raíces de la burocracia, es por la razón de que, a mi entender hay que calar muy hondo para hallar las causas más profundas las causas primeras de la burocracia, al objeto de ver cómo y por qué esta lacra de civilización humana ha alcanzado proporciones tan aterradoras. Dentro del problema de la burocracia, del cual el problema del Estado constituye un paralelo aproximado, se concentra buena parte de esa relación entre individuo y sociedad, entre hombre y hombre, que ahora se ha convertido en moda calificar de “alienación”.</p>
<p>El término sugiere el dominio del «bureau», del aparato, de algo impersonal y hostil que ha adquirido vida y poder sobre los seres humanos… En el lenguaje diario, también hablamos de los burócratas sin alma refiriéndonos a los hombres que integran ese mecanismo. Los seres humanos que gobiernan el Estado parece como si carecieran de alma, como si fueran meros dientes del engranaje. En otras palabras, nos enfrentamos aquí, de lleno y directamente, con la reificación de las relaciones entre seres humanos, con la aparición de vida en mecanismos, en cosas. Lo cual nos lleva inmediatamente a la memoria, por supuesto, el gran complejo del fetichismo: en todos los ámbitos de nuestra economía de mercado, el hombre parece hallarse a merced de las cosas, de las mercancías, incluso del dinero. Las relaciones humanas y sociales se objetivan, en tanto que los objetos parecen adquirir la fuerza y el poder de las cosas vivas. La semejanza entre la alienación del hombre respecto al Estado y a los representantes del Estado, la burocracia, y la alienación del hombre respecto a los productos de su propia economía, es evidentemente muy estrecha, estando las dos clases de alienación parecidamente interrelacionadas. Existe una gran dificultad en pasar de las meras apariencias a la entraña misma de la relación entre sociedad y Estado, entre el aparato que gobierna la vida de una comunidad y la comunidad misma. La dificultad estriba en lo siguiente: la apariencia no es sólo apariencia, sino también parte de una realidad. El fetichismo del Estado y la mercancía está, por así decirlo, «incrustado» en el propio mecanismo de funcionamiento del Estado y el mercado. La sociedad se siente enajenada del Estado, a la vez que inseparable de él. El Estado es la carga que oprime a la sociedad, y también es el ángel protector de la sociedad, sin el cual no puede vivir.</p>
<p>De nuevo, algunos de los más oscuros y complejos aspectos de la relación entre sociedad y Estado se reflejan clara y curiosamente en nuestro lenguaje corriente. Cuando decimos «ellos», refiriéndonos a los burócratas que nos gobiernan, «ellos» que gravan con impuestos, que hacen las guerras, que realizan toda serie de cosas en las que la vida de todos nosotros se halla comprometida, expresamos un sentimiento de impotencia, de enajenación del Estado; pero somos asimismo conscientes de que sin el Estado no habría vida social, desarrollo social ni historia. La dificultad en distinguir la apariencia de la realidad estriba en esto: la burocracia desempeña ciertas funciones que son obviamente necesarias e indispensables para la vida social; sin embargo, también desempeña funciones que teoréticamente pueden calificarse de superfluas.</p>
<p>Los aspectos contradictorios de la burocracia han conducido, por supuesto, a dos concepciones filosóficas, históricas y sociológicas del problema, contradictorias y diametralmente opuestas. Aparte de muchos matices intermedios se dan tradicionalmente dos enfoques básicos sobre la cuestión de la burocracia y el Estado: el burocrático y el anarquista. Recordarán ustedes que a los Webbs(1) les gustaba dividir a la gente en aquellos que apreciaban los problemas políticos desde un punto de vista burocrático, o anarquista. Lo cual es, desde luego una simplificación, aunque sin embargo hay razones que abonan esta división. El enfoque burocrático ha tenido sus grandes filósofos, sus grandes profetas y sus sociólogos célebres. Con toda probabilidad el mayor apologista filosófico del Estado fue Hegel, así como el mayor apoloIogista sociológico del Estado fue Max Weber.</p>
<p>No cabe duda de que la vieja Prusia fue el paraíso de la burocracia y que, por consiguiente, no es algo puramente accidental el que los mayores apologistas del Estado y la burocracia procedieran de Prusia. De hecho, Hegel y Weber, cada cual a su manera y a niveles distintos de pensamiento teorético, son los metafísicos de la burocracia prusiana que generalizan partiendo de la experiencia de dicha burocracia prusiana y proyectan esa experiencia sobre la escena de la historia mundial. Por tanto, es necesario tener presente los postulados básicos de esta escuela de pensamiento. Para Hegel el Estado y la burocracia eran ambos el reflejo y la realidad de la idea moral, esto es, el reflejo y la realidad de la razón suprema, la realidad del Weltgeist, la manifestación de Dios en la historia: Max Weber, que en cierto modo es un descendiente, un nieto de Hegel (un nieto pigmeo quizás) incluyó la misma idea en el catálogo típicamente prusiano de las virtudes de Ia burocracia.</p>
<p>«Precisión, rapidez, claridad, conocimiento del expediente, continuidad, reserva, unidad, subordinación estricta, reducción de fricciones y de costos materiales y personales esas se consiguen al punto óptimo en la administración estrictamente burocrática, especialmente en su forma monocrática&#8230; la burocracia se atiene también al principio “sine ira ac studio»(2)</p>
<p>Acaso esas palabras no pudieran escribirse más que en Prusia. Naturalmente, esta lista de y virtudes puede muy fácilmente anularse con una lista semejante de vicios. Pero lo más sorprendente y, en cierto sentido, inquietante, es a mi entender que a Max Weber se le ha convertido recientemente en el faro intelectual de gran parte de la sociología occidental. (En una polémica, sostenida con el profesor Raymond Aron, el reproche más grave que me hizo fue el de que escribo y hablo «como si Max Weber jamás hubiese existido»).</p>
<p>Las raíces de la burocracia<br />
Isaac Deutscher*</p>
<p>página(s) : 1/10</p>
<p>Fuente Marx Spei</p>
<p>Somos testigos de una clara tendencia al aumento de la burocratización de las sociedades contemporáneas, independientemente de sus estructuras sociales y políticas. Los teóricos y occidente nos aseguran que el ímpetu de la burocratización es tal, que vivimos ya bajo un sistema managerial que ha llegado a reemplazar casi imperceptiblemente al capitalismo. Por otro lado, tenemos el enorme, asombroso crecimiento de la burocracia en las sociedades post-capitalistas del bloque soviético, y especialmente en la Unión Soviética. Nos asiste toda la razón al tratar de elaborar alguna teoría de la burocracia que sea más completa y satisfactoria que el cliché tan de moda como en gran medida sin sentido de «sociedad managerial». Sin embargo, no es fácil abordar el problema de la burocracia; en esencia este problema es tan viejo como la civilización misma, aunque la intensidad con que ha aparecido a la vista de los hombres ha variado grandemente según las épocas.<br />
Si he decidido hablar sobre las raíces de la burocracia, es por la razón de que, a mi entender hay que calar muy hondo para hallar las causas más profundas las causas primeras de la burocracia, al objeto de ver cómo y por qué esta lacra de civilización humana ha alcanzado proporciones tan aterradoras. Dentro del problema de la burocracia, del cual el problema del Estado constituye un paralelo aproximado, se concentra buena parte de esa relación entre individuo y sociedad, entre hombre y hombre, que ahora se ha convertido en moda calificar de “alienación”.</p>
<p>El término sugiere el dominio del «bureau», del aparato, de algo impersonal y hostil que ha adquirido vida y poder sobre los seres humanos… En el lenguaje diario, también hablamos de los burócratas sin alma refiriéndonos a los hombres que integran ese mecanismo. Los seres humanos que gobiernan el Estado parece como si carecieran de alma, como si fueran meros dientes del engranaje. En otras palabras, nos enfrentamos aquí, de lleno y directamente, con la reificación de las relaciones entre seres humanos, con la aparición de vida en mecanismos, en cosas. Lo cual nos lleva inmediatamente a la memoria, por supuesto, el gran complejo del fetichismo: en todos los ámbitos de nuestra economía de mercado, el hombre parece hallarse a merced de las cosas, de las mercancías, incluso del dinero. Las relaciones humanas y sociales se objetivan, en tanto que los objetos parecen adquirir la fuerza y el poder de las cosas vivas. La semejanza entre la alienación del hombre respecto al Estado y a los representantes del Estado, la burocracia, y la alienación del hombre respecto a los productos de su propia economía, es evidentemente muy estrecha, estando las dos clases de alienación parecidamente interrelacionadas. Existe una gran dificultad en pasar de las meras apariencias a la entraña misma de la relación entre sociedad y Estado, entre el aparato que gobierna la vida de una comunidad y la comunidad misma. La dificultad estriba en lo siguiente: la apariencia no es sólo apariencia, sino también parte de una realidad. El fetichismo del Estado y la mercancía está, por así decirlo, «incrustado» en el propio mecanismo de funcionamiento del Estado y el mercado. La sociedad se siente enajenada del Estado, a la vez que inseparable de él. El Estado es la carga que oprime a la sociedad, y también es el ángel protector de la sociedad, sin el cual no puede vivir.</p>
<p>De nuevo, algunos de los más oscuros y complejos aspectos de la relación entre sociedad y Estado se reflejan clara y curiosamente en nuestro lenguaje corriente. Cuando decimos «ellos», refiriéndonos a los burócratas que nos gobiernan, «ellos» que gravan con impuestos, que hacen las guerras, que realizan toda serie de cosas en las que la vida de todos nosotros se halla comprometida, expresamos un sentimiento de impotencia, de enajenación del Estado; pero somos asimismo conscientes de que sin el Estado no habría vida social, desarrollo social ni historia. La dificultad en distinguir la apariencia de la realidad estriba en esto: la burocracia desempeña ciertas funciones que son obviamente necesarias e indispensables para la vida social; sin embargo, también desempeña funciones que teoréticamente pueden calificarse de superfluas.</p>
<p>Los aspectos contradictorios de la burocracia han conducido, por supuesto, a dos concepciones filosóficas, históricas y sociológicas del problema, contradictorias y diametralmente opuestas. Aparte de muchos matices intermedios se dan tradicionalmente dos enfoques básicos sobre la cuestión de la burocracia y el Estado: el burocrático y el anarquista. Recordarán ustedes que a los Webbs(1) les gustaba dividir a la gente en aquellos que apreciaban los problemas políticos desde un punto de vista burocrático, o anarquista. Lo cual es, desde luego una simplificación, aunque sin embargo hay razones que abonan esta división. El enfoque burocrático ha tenido sus grandes filósofos, sus grandes profetas y sus sociólogos célebres. Con toda probabilidad el mayor apologista filosófico del Estado fue Hegel, así como el mayor apoloIogista sociológico del Estado fue Max Weber.</p>
<p>No cabe duda de que la vieja Prusia fue el paraíso de la burocracia y que, por consiguiente, no es algo puramente accidental el que los mayores apologistas del Estado y la burocracia procedieran de Prusia. De hecho, Hegel y Weber, cada cual a su manera y a niveles distintos de pensamiento teorético, son los metafísicos de la burocracia prusiana que generalizan partiendo de la experiencia de dicha burocracia prusiana y proyectan esa experiencia sobre la escena de la historia mundial. Por tanto, es necesario tener presente los postulados básicos de esta escuela de pensamiento. Para Hegel el Estado y la burocracia eran ambos el reflejo y la realidad de la idea moral, esto es, el reflejo y la realidad de la razón suprema, la realidad del Weltgeist, la manifestación de Dios en la historia: Max Weber, que en cierto modo es un descendiente, un nieto de Hegel (un nieto pigmeo quizás) incluyó la misma idea en el catálogo típicamente prusiano de las virtudes de Ia burocracia.</p>
<p>«Precisión, rapidez, claridad, conocimiento del expediente, continuidad, reserva, unidad, subordinación estricta, reducción de fricciones y de costos materiales y personales esas se consiguen al punto óptimo en la administración estrictamente burocrática, especialmente en su forma monocrática&#8230; la burocracia se atiene también al principio “sine ira ac studio»(2)</p>
<p>Acaso esas palabras no pudieran escribirse más que en Prusia. Naturalmente, esta lista de y virtudes puede muy fácilmente anularse con una lista semejante de vicios. Pero lo más sorprendente y, en cierto sentido, inquietante, es a mi entender que a Max Weber se le ha convertido recientemente en el faro intelectual de gran parte de la sociología occidental. (En una polémica, sostenida con el profesor Raymond Aron, el reproche más grave que me hizo fue el de que escribo y hablo «como si Max Weber jamás hubiese existido»).</p>
<p>Me hallo totalmente dispuesto a admitir que probablemente nadie haya estudiado tan profundamente como Max Weber las minucias de la burocracia. Es cierto que confeccionó un catálogo con las distintas peculiaridades de su desarrollo pero no logró entender plenamente su significado Todos sabemos el rasgo característico de esa vieja escuela alemana, la sedicente escuela histórica del derecho, que podía elaborar sobre un asunto cualquiera la industria burocrática incluida un volumen tras otro, pero que en raras ocasiones sabía observar el curso principal de su desarrollo.</p>
<p>En el otro extremo tenemos la concepción anarquista de la burocracia y del Estado, con sus representantes más ilustres -Proudhon, Bakunin y Kropotkin- y con sus varias corrientes secundarias, liberal y anarco liberales de distintos matices. Bien, cuando se mira de cerca a esta escuela se ve que representa la rebelión intelectual de la vieja Francia de la burguesía y de la vieja Rusia de los mujiks, contra sus burocracias. Esta escuela de pensamiento se especializa, por descontado, en elaborar catálogos de los vicios burocráticos. El Estado y la burocracia se consideran los eternos usurpadores de la historia. El Estado y la burocracia se consideran como la encarnación misma de todo mal de la sociedad, el mal que no puede erradicarse más que mediante la abolición del Estado y la destrucción de toda burocracia. Cuando Kropotkin deseaba mostrar la profundidad de la corrupción moral de la Revolución francesa, explicaba cómo Robespierre, Danton, los jacobinos y los hebertistas se pasaron de revolucionarios a hombres de Estado. A sus ojos, lo que viciaba la revolución era la burocracia y el Estado.</p>
<p>En realidad, cada uno de esos enfoques encierra una parte de verdad porque en la práctica el Estado y la burocracia han sido los Jekyll y Hyde de la civilización humana. Tanto uno como otra representaban en verdad las virtudes y los vicios de la sociedad humana y su desarrollo histórico en forma más abierta y decidida que ninguna otra institución. Estado y burocracia concentran en sí mismos esta dualidad característica de nuestra civilización; hasta el momento, cada progreso conseguido se ha visto rematado por un retroceso; cada avance obtenido por el hombre ha sido comprado al precio de una regresión; cada despliegue de energía humana creadora ha sido pagado con la mutilación o la atrofia de alguna otra facultad creadora. Considero que esta dualidad se ha puesto claramente de manifiesto en el desarrollo de la burocracia de todos los regímenes sociales y políticos.</p>
<p>Las raíces de la burocracia son ciertamente tan viejas como nuestra civilización, o incluso más viejas todavía, pues se hallan enterradas en la frontera entre la tribu comunista primitiva y la sociedad civilizada. Es ahí en donde encontramos el más remoto aunque muy distante antecedente de las masivas, elaboradas y burocráticas máquinas de nuestra época. Ellas se manifiestan en el preciso instante en que la comunidad primitiva se divide en conductores y conducidos, organizadores y organizados, directores y dirigidos. Cuando la tribu o el clan empiezan a darse cuenta de que la división del trabajo aumenta el dominio del hombre sobre la naturaleza y su capacidad para hacer frente a sus necesidades, descubrimos entonces los primeros gérmenes de burocracia que se convierten asimismo en el más temprano preludio de una sociedad clasista.</p>
<p>La división del trabajo comienza con el proceso de producción que también trae consigo la primera jerarquía de funciones. Es aquí donde tenemos la primera muestra del abismo que estaba a punto de abrirse en el curso de la civilización entre el trabajo mental y el trabajo manual. El organizador del primer proceso elemental de cuidado del ganado pudo haber sido el antecesor del mandarín, del sacerdote egipcio, o del moderno burócrata capitalista. La fundamental división entre músculo y cerebro trajo consigo las muchas otras subdivisiones entre agricultura y pesca, o comercio y artesanía o navegación. La división de la sociedad en clases se produjo en el curso del fundamental proceso de desarrollo histórico. En la sociedad, desde los albores de la civilización hasta nuestros días, la división básica no ha sido tanto la existente entre el administrador y el obrero, como entre el propietario y el hombre sin propiedad y esta división absorbía o dominaba a la primera. La administración ha estado subordinada en la mayoría de las épocas a los dueños de la propiedad, a las clases poseedoras.</p>
<p>A grandes rasgos, se podrían clasificar los varios tipos de relaciones entre la burocracia y las clases sociales fundamentales: el primero podría denominarse tipo egipcio chino; a continuación viene el romano bizantino, con su ramificación de una jerarquía eclesiástica en la iglesia romana; tenemos luego el tipo de burocracia capitalista de Europa occidental; el cuarto sería el tipo post capitalista. En los tres primeros tipos, y especialmente en la sociedad feudal y esclavista, el administrador está completamente subordinado al propietario, tanto más cuanto que en Atenas, Roma y Egipto se acostumbraba a reclutar la burocracia entre los esclavos. En Atenas la primera fuerza de policía se reclutó entre los esclavos porque se consideraba que era indigno de un hombre libre privar a otro hombre libre de su libertad. ¡Encomiable instinto! Nos hallamos aquí ante la casi ingenuamente más chocante expresión de la dependencia del burócrata respecto del dueño de la propiedad: el burócrata es el esclavo porque la burocracia es la esclava de la clase poseedora.</p>
<p>Dentro del orden feudal, la burocracia se halla más o menos eclipsada debido a que los administradores, o proceden directamente de la clase feudal, o son absorbidos por esa clase. La jerarquía social está, por así decir, incrustada en el orden feudal, y no hay necesidad de una máquina jerárquica especial para dirigir los asuntos públicos y disciplinar a las masas desprovistas de propiedad. Luego, mucho después, la burocracia adquiere un status mucho más respetable y sus agentes se convierten en «libres » asalariados de los dueños de la propiedad. A continuación pretende alzarse por encima de las clases poseedoras y ciertamente de todas las clases sociales. Y en algunos aspectos y hasta cierto punto, la burocracia consigue en verdad este supremo status. La gran separación entre la maquinaria del Estado y las demás clases aparece, naturalmente, con el capitalismo, en donde ya no existe Ia primitiva jerarquía y dependencia del hombre respecto del otro hombre claramente delimitatada, tan característica de la sociedad feudal. «Todos los hombres son iguales»: la ficción burguesa de la igualdad ante la ley hace esencial que deba funcionar un aparato de poder, una maquinaria estatal organizada con arreglo a una estricta jerarquía. Al igual que la jerarquía del poder económico sobre el mercado, la burocracia, en cuanto jerarquía política, debería ver que la sociedad no presenta la apariencia de igualdad que oficialmente pretende tener en tanta estima. Surge ahí una jerarquía de órdenes, intereses, capas administrativas, que perpetúan la ficción de la igualdad, y no obstante refuerzan la desigualdad.</p>
<p>¿Qué es lo que caracteriza a la burocracia en este estadio? En primer término la estructura jerárquica; a continuación el carácter aparentemente autosuficiente del aparato de poder incluido en ella. El enorme alcance, extensión y complejidad de nuestra vida social, se nos dice, hacen cada vez más difícil la dirección de la sociedad; sólo diestros especialistas que poseen los secretos de la administración son capaces de desempeñar las funciones organizativas. No, en verdad no nos hallamos muy lejos todavía del tiempo en que el sacerdote egipcio custodiaba los secretos que le conferían poder y permitían que la sociedad creyera que sólo él, el inspirado por la divinidad, podía estar al frente de los asuntos humanos. La arrogante burocracia, con su jerga mixtificadora que en muy gran medida constituye la causa de su prestigio social, no está al fin y al cabo demasiado alejada del sacerdocio egipcio y sus mágicos secretos. (A propósito, ¿no está también muy próxima a la burocracia estalinista con su obsesivo hermetismo?).</p>
<p>Muchas décadas antes de Max Weber, que se sintió tan impresionado por la esotérica sabiduría de la burocracia, Engels veía las cosas bajo un prisma más realista y objetivo: «El Estado -dice-, no es en modo alguno un poder impuesto a la sociedad desde fuera&#8230; Antes bien, es el producto de la sociedad en determinado estadio de desarrollo. Es el reconocimiento de que esta sociedad se halla inmersa en una contradicción para ella insoluble, de que ha llegado a dividirse en contradicciones irreconciliables&#8230; A fin de que &#8230; las clases con intereses económicos opuestos no se desgasten a sí mismas ni a la sociedad en estéril lucha, se ha hecho necesario un poder que se sitúe en apariencia por encima de la sociedad, que domine el conflicto y lo mantenga dentro de los límites del orden. Ese poder, que surge de la sociedad, pero que se sitúa por encima de ella y se vuelve cada vez más ajeno a ella, es el Estado».</p>
<p>Al fin y al cabo, podemos añadir nosotros, incluso el Estado de bienestar es sólo el poder que surge de la sociedad, pero que se sitúa por encima de ella y se vuelve cada vez más ajeno a ella. EngeIs continúa diciendo: «Los funcionarios, hallándose como órganos de la sociedad, en posesión de la fuerza y el poder públicos y del derecho de imponer tributos, se sitúan, a continuación, por encima de la sociedad.» Engels describe el proceso del surgimiento del Estado a partir de la comunidad primitiva. «Ellos (los funcionarios) no se contentan con la libre y espontánea consideración con que se obsequiaba a los órganos de la comunidad tribal&#8230; Poseedores de un poder ajeno a la sociedad, hubo de colocárseles en una posición de reverencia mediante leyes especiales que les aseguraran el disfrute de una aureola e inmunidad sociales» (3)</p>
<p>Empero, de nada sirve enojarse por el fenómeno de la burocracia: su fuerza es únicamente el reflejo de la fragilidad de la sociedad, que reside en la separación existente entre una amplia mayoría de trabajadores manuales y una reducida minoría que se especializa en el trabajo mental. El pauperismo intelectual del que todavía no se ha emancipado nación alguna reposa sobre las raíces de la burocracia. De esas raíces han nacido otras excrecencias, pero las raíces se han mantenido dentro del capitalismo y el capitalismo del bienestar e incluso han sobrevivido en la sociedad postcapitalista.</p>
<p>-II-</p>
<p>Quería iniciar esta segunda conferencia volviendo a una definición más rigurosa del objeto de nuestra discusión. No me interesa la historia general de la burocracia, ni deseo brindar un panorama de las variedades y modalidades del dominio burocrático que la historia muestra. El centro de mi atención es el siguiente: ¿Cuáles son los factores que han sido responsables históricamente del poder político de la burocracia? ¿Qué factores favorecen la supremacía política sobre la sociedad, de la burocracia? ¿Por qué, hasta el presente, ninguna revolución ha logrado desarticular y acabar con el poder de la burocracia? Al día siguiente de cada revolución, independientemente de su carácter y del ancIen régime que la haya precedido, surge una nueva maquinaria estatal, cual fénix de las cenizas.</p>
<p>En mi primera conferencia señalaba con un énfasis un tanto extremado el perpetuo factor que opera en favor de la burocracia, a saber, la división del trabajo en trabajo intelectual y trabajo manual, el foso existente entre organizadores y organizados. En realidad, esta contraposición es el preludio de la sociedad clasista; pero en el subsiguiente desarrollo social, ese preludio parece como si quedara soterrado por la división más fundamental entre el propietario de esclavos y el esclavo, el señor feudal y el siervo, entre el propietario y el carente de propiedad.</p>
<p>La considerable influencia de la burocracia, en cuanto grupo social distinto e independiente, se produjo sólo con el desarrollo del capitalismo y ello ocurrió así por una serie de razones económicas y políticas. Lo que favoreció la expansión de la burocracia moderna fue la economía de mercado, la economía monetaria y la continua y cada vez más honda división del trabajo, de la cual el capitalismo no es sino un resultado. En tanto el empleado del Estado era un recaudador del campo, o un señor feudal, o un auxiliar del señor feudal, el burócrata todavía no era burócrata. El recaudador del siglo dieciséis, diecisiete o dieciocho tenía algo de empresario, o era un sirviente del señor feudal o miembro de su séquito. La configuración de la burocracia como grupo distinto sólo se hizo posible con la extensión y universalización de una economía monetaria, en la que cada empleado de Estado recibe su salario dinerariamente.</p>
<p>El crecimiento de la burocracia halló un nuevo estimulo en la desaparición de los particularismos feudales y en la formación de un mercado a escala nacional. La burocracia nacional solo podía hacer su aparición sobre la base de un mercado nacional. En sí mismas, esas causas económicas generales del crecimiento de la burocracia sólo aclaran cómo se hizo posible la burocracia en su forma moderna, pero no alcanzan a explicar por qué se ha desarrollado y por qué ha adquirido su importancia política bajo determinadas circunstancias históricas. Para hallar una respuesta a esas cuestiones no hay que buscarla en cambios económicos, sino en estructuras socio políticas. Así, por ejemplo, tenemos el caso curioso de que Inglaterra, el país del capitalismo clásico, fue el menos burocrático de todos los países capitalistas, mientras que Alemania, el país capitalista subdesarrollado hasta el último cuarto del siglo diecinueve, fue el más burocratizado. Francia, que ocupaba una posición intermedia, ocupaba asimismo una posición intermedia respecto al poderío de la burocracia dentro de la vida política.</p>
<p>Si hubiese que buscar ciertas reglas generales acerca del ascenso y declive de la influencia burocrática en la sociedad capitalista, nos encontraríamos con que el poder político de la burocracia bajo el capitalismo ha estado siempre en proporción inversa a la madurez, el vigor y la capacidad para la autonomía de los estratos que constituyen una sociedad burguesa dada. Por otra parte, cuando en las sociedades burguesas altamente desarrolladas las luchas sociales han llegado a una especie de callejón sin salida, cuando las clases contendientes han cejado como si se sintiesen postradas tras una serie de luchas sociales y políticas agotadoras, la jefatura política pasa entonces casi automáticamente a manos de una burocracia.</p>
<p>En tales situaciones la burocracia no sólo se constituye en el aparato regulador del funcionamiento del Estado, sino también en el poder que impone su voluntad política a la sociedad. La verdadera cuna de la burocracia moderna fue, por supuesto, la monarquía absoluta preburguesa -los Tudor en este país, los Borbones en Francia y los Hohenzollern en Prusia-, la monarquía que mantenía el precario equilibrio entre un feudalismo decadente y un capitalismo en ascenso. El feudalismo era ya demasiado débil para mantener su supremacía, el capitalismo todavía era demasiado débil para imponer su dominio; una estasis en la lucha de clases, como se produjo entre el feudalismo y el capitalismo, permitió actuar a la monarquía absoluta como mediador entre los dos campos opuestos.</p>
<p>Cuanto más fuerte era la oposición entre Ios intereses feudales y burgueses y más irresolubles el conflicto entre ambos, más campo se abría allí a la burocracia de la monarquía absoluta para desempeñar el papel de árbitro. Dicho sea de paso, Inglaterra (y asimismo los Estados Unidos), fue el menos burocrático de los países capitalistas precisamente porque muy pronto, históricamente, ese antagonismo entre feudales y capitalistas quedó resuelto con la fusión gradual de los intereses feudales y capitalistas. Los notables feudo burgueses, las grandes familias aristocráticas inglesas, asumieron algunas de las funciones que en el Continente desempeñaba la burocracia. En cierto sentido, los elementos feudales embourgeoisés administraron el Estado sin convertirse en un grupo social distinto e independiente. También la historia de los Estados Unidos se vio libre de esa rivalidad entre intereses feudales y capitalistas, rivalidad que sirvió de estímulo para el crecimiento de la burocracia. Un caso completamente distinto y particular lo constituyó Rusia, donde el gran poder del Estado y la burocracia dimanaban del subdesarrollo de ambos estratos sociales: ni el elemento feudal ni la burguesía fueron nunca suficientemente fuertes para dirigir los asuntos del Estado. Fue el Estado quien, cual el demiurgo, creaba las clases sociales, unas veces influyendo en su formación y expansión, otras veces interponiéndose en su camino y desbaratándolas. De esta forma su burocracia no sólo se convirtió en árbitro, sino también en manipulador de todas las clases sociales.</p>
<p>Si hubiere de dar un subtítulo a mis observaciones posteriores, probablemente fuese uno muy general: sobre la burocracia y la revolución. Llegados a este punto, me gustaría aclarar una confusión, y temo que en el curso de ello chocaré con varias de las escuelas históricas existentes. Como ello es algo inevitable, plantearé el problema en su forma más audaz: ¿fue la revolución puritana inglesa una revolución burguesa? ¿Fue la gran revolución francesa de carácter burgués? Al frente de los batallones sublevados no había banqueros, comerciantes ni armadores. Quienes estaban en primera línea de la batalla eran los sans culottes, la plebe, los pobres de la ciudad, las clases medias más bajas. ¿Qué consiguieron? Bajo la jefatura de los hidalgos campesinos (en Inglaterra), y abogados, médicos y periodistas (Francia), abolieron la monarquía absolutista y su burocracia cortesana y se deshicieron de las instituciones feudales que obstaculizaban el crecimiento de las relaciones de propiedad burguesa. La burguesía había llegado a ser lo bastante fuerte y consciente de su poder como para aspirar a la autodeterminación política. No quería aceptar por más tiempo la tutela ni los dictados de la monarquía absolutista; quería gobernar la sociedad por sí misma. En el curso de la revolución, la burguesía fue impulsada hacia adelante por las masas plebeyas y al día siguiente la burguesía intentó dirigir la sociedad por sí misma, sin límite alguno. El proceso de la revolución, con todas sus crisis y antagonismos, con el constante trasiegue de poder desde las alas más conservadoras a las más radicales e incluso utópicas del campo revolucionario, llevó a una nueva situación política de estancamiento entre las nuevas clases incorporadas a la escena: las masas plebeyas, los sans culottes, los pobres de la ciudad, están cansados y agotados; pero la burguesía victoriosa, ahora la clase dominante, también se halla dividida internamente, fragmentada, exhausta tras la lucha revolucionaria, e incapaz de gobernar la sociedad. De aquí que en las postrimerías de la revolución burguesa observemos la aparición de una nueva burocracia de carácter un tanto distinto: vemos una dictadura militar que exteriormente casi parece la continuadora de la monarquía absolutista prerrevolucionaria o incluso una versión todavía peor.</p>
<p>El régimen prerrevolucionario contaba con su maquinaria estatal centralizada: una burocracia nacional. La primera demanda de la revolución fue la descentralización de esta maquinaria Con todo, esta centralización no había derivado de las malas intenciones del gobernante, sino que reflejaba la evolución de la economía que requería un mercado nacional y este «terreno abonado nacional», por así decirlo, nutrió las fuerzas burguesas que a su vez promovieron la revolución. Las postrimerías de la revolución acarrearon un remozamiento de la centralización. Así ocurrió bajo Cromwell y así fue bajo Napoleón. El proceso de centralización y unificación nacional y el nacimiento de una nueva burocracia fue tan asombroso que Tocqueville, por ejemplo, vio en ello nada menos que la continuación de la tradición prerrevolucionaria. Argüía que lo que la revolución francesa había hecho fue avanzar en la obra del ancien régime y, de no haberse producido la revolución, esta corriente habría seguido igualmente su curso. Este era el argumento de un hombre que tenía sus ojos puestos exclusivamente en el aspecto político del desarrollo, e ignoraba por completo su trasfondo social y sus causas sociales más hondas viendo la forma pero no la textura ni el color de la sociedad.</p>
<p>La centralización política continuó como siempre después de la revolución, aunque la naturaleza de la burocracia había cambiado total y absolutamente. En lugar de la burocracia palaciega del ancien régime, Francia tenía ahora la burocracia burguesa extraída de los diferentes niveles sociales. La burocracia burguesa establecida en tiempos de Napoleón sobrevivió a la restauración y halló al cabo, su jefe natural en el Rey Ciudadano.</p>
<p>La fase siguiente en que advertimos otro avance de la burocracia y un nuevo fomento de las tendencias centralistas del Estado, tiene nuevamente lugar en un momento de parálisis política de todas las clases sociales. En 1848 hallamos una situación en la que una vez más se hallan opuestos entre sí diferentes intereses de clase; en esta ocasión se trata del interés de la burguesía establecida y el del proletariado naciente. Hasta el día de hoy, nadie ha descrito este proceso de mutuo agotamiento mejor que Karl Marx, particularmente en El 18 Brumario. El demostró asimismo cómo la postración de todas las clases sociales aseguró el triunfo de la burocracia, o mejor, de su fuerza militar, bajo Napoleón III. A la sazón, esta situación no sólo era peculiar de Francia, sino asimismo de Alemania especialmente de Prusia-, en donde el callejón sin salida ofrecía múltiples variantes: los intereses feudales y semifeudales de los Junkers, la burguesía y la nueva clase obrera. Ello abocó en Prusia al imperio y dictadura de la burocracia de Bismarck. (Incidentalmente, Marx y Engels definieron al gobierno de Bismarck como un régimen bonapartista, aunque en Bismarck había aparentemente, desde luego, muy poco, o nada, de Bonaparte).</p>
<p>-III-</p>
<p>Tengo bien presente que en razón de lo vasto del tema, no puedo ir más allá de indicar en esquema los puntos principales que precisan de posterior elaboración. Quizá debiera avisarles de que no voy a tratar del socialismo reformista y la burocracia. Este, aun a pesar de su importancia política especialmente en este país, presenta desde mi punto de vista un interés teorético muy limitado. A mi entender constituye un capítulo de la rúbrica «Capitalismo y burocracia». El grueso de la economía continúa siendo capitalista, aunque esté nacionalizado el 15 o hasta el 25 por ciento de la industria, y en este caso la cantidad decide también la cualidad. Todo el ambiente de la vida social es capitalista, y un espíritu burocrático capitalista impregna todas las industrias incluyendo las nacionalizadas. Oímos un montón de quejas sobre «la burocracia en los ferrocarriles», o en las minas de carbón. Durante la reciente huelga, se nos presentó por la televisión a varios ferroviarios que nos informaban de que «las cosas no son ya como antes»; antes de la nacionalización de los ferrocarriles podían mantener una relación más personal entre ellos y sus empresarios, mientras que ahora la industria se ha hecho tan anónima que no existe vínculo entre los trabajadores y esta gran empresa de alcance nacional. Este «vínculo personal» era, desde luego, una fantasía de la imaginación de los obreros. ¿Qué tipo de relación personal había entonces entre un guardagujas y uno u otro de los amos de las cinco gigantescas compañías de ferrocarriles? Pero políticamente era importante que este ferroviario creyera realmente que en los Ferrocarriles Occidentales, del Sur, o del Centro, era algo más que un simple diente del engranaje: ahora se sentía alienado dentro de esta gran entidad en la que tenía que encajar, y para la que tenía que trabajar. Y esta «alienación», dentro de lo que cabe, es un problema común a todo tipo de cuerpos burocráticos, independientemente de cual sea su medio social, y yo sería el último en negar que hay ciertos rasgos comunes entre la burocracia de un sistema capitalista y uno postcapitalista.</p>
<p>Ahora quisiera referirme a aquellos problemas específicos de la burocracia que se promueven en una industria plenamente nacionalizada tras una revolución socialista, bajo un régimen que, al menos en sus orígenes es, en todos los sentidos, una dictadura proletaria. Evidentemente este problema afecta a un tercio del mundo, así que es lo suficientemente grave y estoy muy seguro de que muchos de ustedes verán todavía cómo llegará a adquirir validez al menos en dos tercios de la Tierra.</p>
<p>Una de las observaciones que se me ocurrían cuando examinaba algunas de las obras marxistas clásicas sobre la burocracia, era con cuánto optimismo incluso podría decirse con cuánta alegría lo enfocaban, al menos relativamente, los marxistas. Por no darles más que un ejemplo, Karl Kautsky se preguntó a sí mismo en una ocasión si la sociedad socialista se veía amenazada por todas las lacras de la burocracia. Recordarán ustedes, si han leído Los fundamentos del cristianismo, que Kautsky discute el proceso mediante el que la Iglesia cristiana se vio transformada de una fe de los oprimidos en una gran maquinaria burocrática imperial. Esta transformación fue posible dentro del ambiente de una sociedad que vivía del trabajo esclavista. Los esclavos de la antigüedad, desprovistos de toda conciencia activa de clase, estaban llamados a convertirse en esclavos de la burocracia. Pero la moderna clase obrera, lo bastante madura para derrocar el capitalismo, mantenía Kautsky, no permitirá que una burocracia se monte a sus lomos. Este no era simplemente un juicio personal de Kautsky, quien durante más de dos décadas, transcurridas entre la muerte de Engels y el estallido de la primera Guerra mundial, fue el portavoz más autorizado del marxismo y considerado como el verdadero sucesor de Marx y Engels. El mismo Engels, en varias de sus obras, en especial en el Anti Dürhing, se entregó a una idea que casi descartaba por adelantado la posibilidad de una burocracia bajo el socialismo: «El proletariado se hace con el poder del Estado y en primer lugar transforma los medios de producción en propiedad del Estado. Pero al proceder así, se pone fin a sí mismo en cuanto proletariado, y pone fin a todos los antagonismo de clase…» (4) Las sociedades anteriores precisaban del Estado como organización de la clase explotadora, como medio de mantener sometida a la clase explotada: esclavos, siervos y trabajadores asalariados. Bajo el socialismo, cuando el Estado se hace realmente representativo de la sociedad como un todo, se convierte en superfluo. Y con el completo desarrollo de las modernas fuerzas productivas, con la abundancia y superabundancia de bienes, no habrá necesidad alguna de mantener a los hombres y al trabajo en vasallaje. Creo que fue Trotsky quien utilizó una metáfora muy llana pero muy expresiva: el policía puede utilizar la porra para regular el tráfico o para dispersar una manifestación de huelguistas o parados. En esta simple frase se resume la clásica distinción entre la administración de las cosas y la administración de los hombres. Si suponemos una sociedad en que no exista supremacía de clase, el papel de la burocracia se reduce a la administración de las cosas, del proceso productivo y social, objetivo. No estamos interesados en la eliminación de todas las funciones administrativas (esto sería absurdo en una sociedad industrial en desarrollo), sino en circunscribir la porra del policía a su verdadera misión, la de despejar los embotellamientos del tráfico.</p>
<p>Cuando Marx y Engels analizaron la experiencia de la Comuna de París, no eran del todo conscientes de la amenaza burocrática que podía sobrevenir en el futuro, y se veían en apuros para suscribir las medidas que la Comuna había adoptado para garantizar una revolución socialista contra el recrudecimiento de un poder burocrático. La Comuna, subrayaron, había tomado una serie de precauciones que debieran servir de tipo y modelo para futuras transformaciones socialistas: la Comuna se eligió a través de elecciones generales y estableció un cuerpo de funcionarios electo, cuyos miembros podían ser depuestos en cualquier momento a petición del electorado. La Comuna abolió el ejército permanente y lo reemplazó por la milicia popular; asimismo fijó el principio de que ningún funcionario ganaría más que un obrero corriente. Esto debiera haber abolido todos los privilegios de una clase o grupo burocráticos. La Comuna, en otras palabras, constituyó el ejemplo de un Estado que había de comenzar a extinguirse desde el momento mismo de su implantación. No fue algo casual que, solamente unas pocas semanas antes de la Revolución de Octubre, Lenin realizara un esfuerzo especial para restaurar esta parte, por aquel entonces casi olvidada, de la enseñanza marxista acerca del Estado, del socialismo y la burocracia. Lenin expresó su idea del Estado en aquel famoso aforismo: bajo el socialismo, o incluso en una dictadura proletaria, la administración habría de llegar a ser tan simplificada que cualquier cocinero sería capaz de conducir los asuntos del Estado.</p>
<p>A la luz de toda la dolorosa experiencia de las últimas décadas, no deja de ser bien fácil descubrir cuantísimo menospreciaban los representantes del marxismo clásico el problema de la burocracia. Dos razones había a mi juicio, para que esto fuera así: Los primeros fundadores de la escuela marxista nunca intentaron realmente describir por adelantado la sociedad que emergía tras una revolución socialista. Analizaban la revolución en abstracto, por así decirlo, de la misma forma en que Marx no analizó en Das Kapital ningún sistema capitalista específico, sino el capitalismo en abstracto, el capitalismo per se; de igual forma pensaron sobre la sociedad postcapitalista o socialista en abstracto. Si consideramos que su análisis lo llevaron a efecto tantísimas décadas antes del intento efectivo, su método estaba científicamente justificado. La otra razón es, por así decirlo, psicológica. En nada les podía ayudar ver la revolución futura bajo el modelo de la mayor experiencia revolucionaria de su propia vida: la de 1848. La veían como un proceso en cadena de revoluciones europeas, tal como sucedió en 1848, extendiéndose al menos sobre Europa más o menos simultáneamente. (Aquí estaba aquel germen de la idea de revolución permanente, que en este aspecto no fue creación original de Trotsky, sino que estaba en realidad muy profundamente arraigada en el pensamiento del marxismo clásico).</p>
<p>Una revolución socialista paneuropea habría estado relativamente segura inmediatamente después de su victoria. Con muy poca tensión social difícilmente habría habido ningún conflicto civil, y sin guerras de intervención no habría habido necesidad de la reimplantación de ejércitos permanentes que son un importante factor de burocratización. También suponían que, al menos en las sociedades altamente industrializadas de Europa Occidental, la muy considerable proporción de la clase trabajadora constituiría un fuerte apoyo masivo para el gobierno revolucionario. Asimismo confiaban en que una vez que la clase trabajadora europea hubiese sido ganada para la revolución, por así decirlo, habría, como quien dice, permanecido fiel y leal a la misma. Esto, unido a la tradición democrática existente, supondría la más sólida garantía contra cualquier reavivamiento o formación de una nueva maquinaria burocrática. Cuando nos sentimos tentados de reprochar a los fundadores de la escuela marxista el menospreciar los peligros de la burocracia en la sociedad posrevolucionaria, hemos de tener presente la circunstancia de que consideraban como primera condición la abundancia de bienes, una condición previa y raison d’étre de cualquier revolución socialista. «La posibilidad de asegurar a cada miembro de la sociedad, gracias a la producción social, una existencia que no sólo sea enteramente suficiente desde un punto de vista material&#8230; sino que les garantice asimismo el ilimitado y completa desarrollo y ejercicio de sus facultades físicas y mentales esta posibilidad existe ya-, existe ciertamente», declaraba Engels enfáticamente hace cerca de noventa años en el Anti Dürhing.</p>
<p>No es hasta mediados de este siglo cuando nos enfrentamos con algunos intentos de revolución socialista en países en donde una producción trágicamente insuficiente convierte cualquier existencia material digna en algo casi imposible.</p>
<p>Indudablemente hubo en el marxismo una actitud ambivalente respecto al Estado. Por una parte y esto lo tenía el marxismo en común con el anarquismo una convicción basada en un análisis histórico extraordinariamente realista de que todas las revoluciones se frustran en el momento y hora en que no se deshacen del Estado; por otra, el convencimiento de que la revolución socialista tiene necesidad de un Estado para su objetivo de aplastar, abatir, el viejo sistema capitalista y crear su propia maquinaria del Estado que ejerciera la dictadura proletaria. Pero esa maquinaria no representaría, por primera vez en la historia, los intereses de una minoría privilegiada, sino los de una masa de trabajadores, los verdaderos productores de la riqueza de la sociedad. “El primer acto en que el Estado aparece realmente como el representante de la sociedad en su conjunto la toma de posesión de los medios de producción es al mismo tiempo su último acto independiente en cuanto Estado»(5). Desde ese momento la intromisión del Estado en las relaciones sociales se hace innecesaria. El gobierno de las personas queda sustituido por la administración de las cosas. Desaparece la función política del Estado. Lo que permanece es la dirección del proceso de producción. El Estado no será abolido de la noche a la mañana, como los anarquistas imaginan; irá “extinguiéndose” lentamente.</p>
<p>La realidad de la revolución rusa fue en todos y cada uno de los aspectos una negación de los supuestos del marxismo clásico. No se trataba, ciertamente, de la revolución en abstracto, fue bastante real. No siguió el modelo de 1848, no fue un cataclismo paneuropeo; quedó reducida a un salo país. Ocurrió en una nación en donde el proletariado lo formaba una escasa minoría e incluso esa minoría estaba desintegrada como clase por el proceso de la guerra mundial, la revolución y la guerra civil. También se trataba de un país extremadamente atrasado, de una pobreza impresionante, en donde el problema inmediato al que el gobierno revolucionario hubo de hacer frente no fue la construcción del socialismo, sino el crear las primeras bases para una vida civilizada moderna. Todo ello desembocó por lo menos en dos fenómenos políticos que llevaron invariablemente al recrudecimiento de la burocracia.</p>
<p>Ya he explicado cómo el predominio político de la burocracia siempre seguía a un estancamiento de la lucha de clases, a un cansancio de todas las clases sociales en el curso de las luchas sociales y políticas. Ahora, mutatis mutandis, observamos nuevamente después de la revolución rusa idéntica situación. Al principio de los años 1920, todas las clases de la sociedad rusa, -obreros, campesinos, burguesía, terratenientes, aristocracia-, estaban destruidas política, moral e intelectualmente exhaustas. Después de todas las pruebas de una década repleta con una guerra mundial, una revolución, guerras civiles y la devastación industrial, ninguna clase social es capaz de afirmarse. Lo que quedaba era sólo la máquina del partido bolchevique, que estableció su supremacía burocrática sobre la sociedad en su conjunto. A pesar de ello, cela change et ce n’est plus la méme chose: en su conjunto, la sociedad ha sufrido un cambio fundamental. El viejo abismo entre los propietarios y las masas sin propiedad da lugar a otra división de naturaleza distinta, pero no menos perniciosa y corrosiva: la división entre gobernantes y gobernados. Más todavía, después de la revolución adquiere una fuerza aún mayor que la que tenía cuando se hallaba soterrada bajo las distinciones de clase y la discordia de clase. Lo que nuevamente emerge a la superficie es la perenne, la más antigua división entre organizadores y organizados. El preludio a una sociedad aparece como epílogo. Lejos de “extinguirse”, el Estado posrevolucionario concentra en sus manos un poder mayor del que nunca había tenido antes. Por primera vez en la historia, la burocracia aparece omnipotente y omnipresente. Si bajo el sistema capitalista vimos que el poder de la burocracia halla siempre un contrapeso en el poder de las clases propietarias, aquí no vemos tales restricciones ni tales limitaciones. La burocracia es la directora de la totalidad de los recursos de la nación; aparece más independiente que nunca, separada, colocada realmente muy por encima de la sociedad. Ciertamente, lejos de extinguirse, el Estado alcanza su apoteosis que adopta la forma de una casi permanente orgía de violencia burocrática sobre todas las clases de la sociedad.</p>
<p>Retrocedamos por un momento al análisis marxista de la revolución en abstracto y veamos dónde y de qué forma el cuadro de la Rusia posrevolucionaria contradice este análisis. De haber existido una revolución europea en la que las mayorías proletarias hubieran ganado veloz y decisivamente, y ahorrado a sus naciones todos los trastornos sociales y políticos y las matanzas de las guerras y las luchas civiles, entonces muy probablemente no habríamos visto esa aterradora apoteosis del Estado ruso. En resumen: parece que los pensadores y teóricos del siglo diecinueve tendían a acortar determinados estadios de la futura evolución del capitalismo al socialismo. Lo que el marxismo clásico «enchufó uno en otro» fue la revolución y el-socialismo, como si dijéramos, mientras que entre la revolución y el socialismo era necesario situar un terriblemente largo y complicado periodo de transición. Incluso bajo las mejores circunstancias, ese período habría estado caracterizado por una inevitable tensión entre el burócrata y el trabajador. Sin embargo, una cierta prognosis de esa tensión podemos hallarla en el marxismo. En su famosa Crítica del programa de Gotha, Marx y Engels se refieren a dos fases del comunismo, la inferior y la superior. En la inferior todavía prevalece el “estrecho horizonte de los derechos burgueses” con su desigualdad y sus amplias diferencias de ingresos personales. Obviamente, si según Marx la sociedad bajo el socialismo necesita todavía asegurar el completo desarrollo de sus fuerzas productivas hasta que se cree una verdadera economía de riqueza y abundancia, entonces tiene que recompensar la destreza y ofrecer incentivos. El burócrata es hasta cierto punto el obrero especializado y no existe duda alguna de que se situará en el lado privilegiado de la escala.</p>
<p>La división entre organizadores y organizados adquiere más o menos importancia precisamente porque, al haber pasado los medios de producción de la propiedad privada a la pública, Ia responsabilidad de la administración de la economía nacional descansa ahora sobre los organizadores. La nueva sociedad no se ha desarrollado a partir de bases propias, sino que surge del capitalismo y todavía ostenta todas las características de dicha procedencia. No está todavía madura económica, moral ni intelectualmente para retribuir a cada cual según sus necesidades, y mientras cada cual tenga que ser pagado según su trabajo, la burocracia seguirá siendo el grupo privilegiado. Cualquiera que sea la terminología pseudomarxista de los actuales dirigentes rusos, la sociedad rusa dista todavía mucho hoy de ser socialista y realmente sólo ha dado el primer paso por la vía de la transición del capitalismo al socialismo. La tensión entre el burócrata y el trabajador, está enraizada en las diferencias entre el trabajo mental y el manual. Sencillamente, no es cierto que el Estado ruso de hoy pueda ser dirigido por cualquier cocinero (aunque todo tipo de cocineros intenten hacerlo). En la práctica se reveló imposible implantar y mantener el principio proclamado por la Comuna de París que sirvió a Marx como garantía contra el crecimiento de la burocracia, el principio ensalzado por Lenin en la víspera de octubre, según el cual el funcionario no debería ganar más del salario de un trabajador cualquiera. Este principio implicaba una sociedad verdaderamente igualitaria; y aquí viene parte de una importante contradicción en el pensamiento de Marx y sus discípulos. Evidentemente, el argumento de que ningún empleado del Estado, sea cual fuere la categoría de su función, no debe ganar más que un trabajador corriente, no puede avenirse con el otro argumento de que en una fase más temprana del socialismo, que todavía lleva el sello de los “derechos burgueses”, sería utópico esperar la «igualdad de distribución». En el Estado ruso postrevolucionario, su pobreza y el insuficiente desarrollo de las fuerzas productivas, la lucha por las recompensas hubo de ser cruel y feroz y, dado que la abolición del capitalismo estaba inspirada por un ansia de igualitarismo, la desigualdad resultó incluso más exasperante y curiosa. Se trataba también de desigualdad en un nivel de existencia abismalmente bajo, o mejor dicho, de desigualdad por debajo del nivel de mera subsistencia.</p>
<p>Parte de la teoría marxista de la extinción del Estado se basaba en un cierto equilibrio entre su organización centralista y el universal elemento de descentralización. El Estado socialista tenía que ser un Estado de comunas elegidas, consejos municipales locales, gobiernos locales y gobiernos autónomos, aunque todos habían de formar un organismo unificado necesario para un modo racional nacionalizado de producción. Esta concepción presuponía también una sociedad altamente desarrollada, lo que a comienzos de la centuria no era el caso de Rusia.</p>
<p>Durante el desarrollo de la sociedad postcapitalista, la tensión entre el trabajador y el burócrata puede mostrar algunos elementos sustancialmente creadores. El trabajador y el burócrata son igualmente necesarios para la transición al socialismo. Mientras las masas trabajadoras se hallan todavía en ese estado de pauperismo intelectual que han conllevado siglos de opresión e incultura, la dirección del proceso de producción debe corresponder al servidor del Estado. Por otra parte, en una sociedad verdaderamente postcapitalista la clase social fundamental la forman los trabajadores, y el socialismo es un asunto de trabajadores y no de burócratas. El equilibrio dinámico entre el funcionario y el trabajador encuentra su paralelo en la autoridad del Estado y en el control del Estado por parte de las masas. Esto asegurará asimismo el necesario equilibrio entre el principio de centralización y el de descentralización. Lo que hemos observado en Rusia ha sido un total desequilibrio. Como resultado de las circunstancias históricas objetivas y de los intereses subjetivos, la balanza se inclinó pesada, decisiva, absolutamente del lado de la burocracia. Lo que hemos visto en Hungría y Polonia en 1956 fue una reacción contra este estado estalinista de cosas, con una oscilación extrema del péndulo en la otra dirección y el apasionado, violento e irracional levantamiento de los obreros contra el despotismo burocrático, un levantamiento sin duda justificado por todas sus experiencias e injusticias, pero un levantamiento cuyas consecuencias llevaban de nuevo a un grave y peligroso desequilibrio. ¿Cómo veo, pues, las perspectivas y cómo veo la posterior evolución de esa tensión entre el obrero y el burócrata?</p>
<p>He indicado antes todos los defectos de perspectiva histórica de la concepción marxista clásica de la burocracia. Sin embargo, considero que básica y fundamentalmente esta concepción ayuda a habérselas con el problema de la burocracia mucho mejor que cualquier otra a la que me haya referido.</p>
<p>La pregunta que he de responder aquí es esta: ¿se ha constituido la burocracia, cuya apoteosis tras la revolución he descrito, en una nueva clase? ¿Puede perpetuarse como una minoría privilegiada? ¿Perpetúa la desigualdad social? Antes de seguir adelante me gustaría atraer su atención sobre un hecho muy obvio e importante, pero frecuentemente olvidado: toda la desigualdad que existe en la Rusia de hoy entre el trabajador y el burócrata es una desigualdad de consumo. Ésta es indudablemente muy importante, irritante y dolorosa; sin embargo, con todos los privilegios que el burócrata defiende brutal y obstinadamente, carece del fundamental privilegio de poseer los medios de producción. Los círculos oficiales todavía dominan la sociedad y la gobiernan despóticamente; sin embargo, carecen de la cohesión y la unidad que los convertirían en una clase independiente en el sentido marxista del término. Los burócratas gozan de poder y de cierta medida de prosperidad; sin embargo, no pueden legar su prosperidad y riqueza a sus hijos. No pueden acumular capital, ni inventarlo en beneficio de sus descendientes: no pueden perpetuarse a sí mismos ni a sus deudos y amigos.</p>
<p>Es cierto que la burocracia soviética domina la sociedad económica, política y culturalmente, más claramente y en mayor medida que ninguna clase poseedora moderna. Sin embargo, también es más vulnerable. No sólo no puede perpetuarse a sí misma, sino que ha sido incapaz incluso de asegurarse la continuidad de su propia posición, la continuidad de mando. Bajo Stalin, un destacado grupo de burócratas tras otro fue decapitado, un grupo destacado de dirigentes de la industria tras otro fue purgado. Vino luego Kruschev, quien dispersó el más poderoso centro de esa burocracia; todos los ministerios económicos de la capital fueron esparcidos y diseminados por toda Rusia. Hasta el día de hoy la burocracia soviética no ha logrado adquirir esa identidad psicológica, económica y social que nos permitiría definirla como una nueva clase. Ha sido igual que una enorme ameba cubriendo la sociedad postrevolucionaria. Es una ameba que carece de una vertebración social, porque no tiene una configuración definida, ni fuerza histórica que entre en escena al modo en que, digamos, apareció la antigua burguesía tras la Revolución francesa.</p>
<p>La burocracia soviética está asimismo desgarrada por una honda e íntima contradicción: domina como resultado de la abolición de la propiedad en la industria y la finanza, como resultado de la victoria de los obreros sobre el ancien régime y tiene que rendir homenaje a esa victoria; tiene que renovar su reconocimiento de que dirige la industria y las finanzas en representación de la nación, como representante de los trabajadores. Los directores soviéticos, aun privilegiados como son, tienen que mantenerse en guardia: conforme un número mayor de obreros recibe mayor educación, puede fácilmente llegar el momento en que los conocimientos, la honradez y competencia de los directores quede sometida a un estricto control. Medran gracias a la apatía de los trabajadores, que hasta el momento les han permitido dirigir el Estado en su representación. Pero esta es una posición precaria, una base incomparablemente menos estable que la santificada por la tradición, la propiedad y la ley. El conflicto entre el liberador origen del poder de la burocracia y el uso que hace de ese poder, engendra una tensión constante entre «nosotros» los trabajadores, y «ellos», la jerarquía política y directorial.</p>
<p>También existe otra razón para la falta de estabilidad y cohesión del grupo “managerial”, independiente de lo privilegiado que haya llegado a ser. Durante las últimas décadas la burocracia soviética ha estado en un proceso permanente de asombrosa expansión. Millones de personas de la clase obrera y en menor grado del campesinado entraban a formar parte de sus filas. Esta continua expansión actúa en contra de la cristalización de la burocracia, no sólo como clase, sino incluso como grupo social coherente. Sé, por supuesto, que una vez que un hombre de las clases humildes ha llegado a participar en los privilegios de la jerarquía, se convierte en burócrata. Esto puede que sea así en casos individuales y en la teoría abstracta, pero en conjunto la “traición a la propia clase” no es una cosa tan sencilla. Cuando el hijo de un minero o un trabajador se convierte en ingeniero o administrador de una fábrica, no se vuelve de la noche a la mañana completamente insensible a lo que acontece en su ambiente anterior, a la clase trabajadora. Todos los análisis muestran convincentemente que en ningún otro país como en la Unión Soviética existe una movilidad tan rápida de las profesiones manuales a las no manuales y a lo que los americanos denominan «los estratos de la élite». También debemos advertir que los privilegios de la gran mayoría de la burocracia son realmente muy poco envidiables. El administrador ruso goza del nivel de vida de nuestras clases medias bajas. Incluso los lujos de la reducida minoría situada en la cúspide de la pirámide no son particularmente envidiables, en especial si uno considera los riesgos -y todos sabemos ya cuán terribles fueron bajo Stalin-. Naturalmente, incluso pequeños privilegios contribuyen a la tensión entre el trabajador y el burócrata, pero no deberíamos confundir esa tensión con un antagonismo de clase, a pesar de ciertas similitudes que sometidas a un detenido examen resultarían ser sólo muy superficiales. Lo que observamos en este caso es más bien la hostilidad entre miembros de la misma clase, entre digamos un minero especializado y otro sin cualificar, entre el maquinista y un ferroviario menos especializado. Esta hostilidad y esta tensión contienen en sí mismas un tremendo antagonismo político, antagonismo que, no obstante, no puede resolverse con cualquier cataclismo de la sociedad. Sólo puede resolverse en primer lugar, con el aumento de la riqueza nacional, aumento que haría posible satisfacer como mínimo las necesidades fundamentales de las más amplias masas de la población. Podría resolverse con el aumento y mejora de la educación, porque es la riqueza material e intelectual de la sociedad la que conduce a la mitigación de la antigua división -la renovada y agudizada división entre organizadores y organizados. Cuando el organizado ya no es el callado, tosco y desvalido mujik, cuando el cocinero no es ya el antiguo pinche, entonces la sima que separa al burócrata del trabajador puede desaparecer. Lo que persistirá será la división de funciones, no de status social.</p>
<p>La antigua previsión marxista de la «extinción» del Estado puede antojársenos singular. Pero no juguemos con viejas fórmulas que formaban parte de un lenguaje al que no estamos habituados. Lo que Marx quería decir realmente era que el Estado debía despojarse de sus funciones políticas opresivas. Y opino que esto sólo llegará a ser posible en una sociedad basada en los medios de producción nacionalizados, libres de depresiones y alzas repentinas, libre de especulaciones y de especuladores, libre de las incontrolables fuerzas del antojadizo mercado de la economía privada; en una sociedad en que todos los milagros de la ciencia y la tecnología se destinen a usos pacíficos y constructivos; en que la automatización de la industria no quede obstaculizada por el temor a invertir en un sector y el miedo a una sobreproducción en otro; en que la jornada laboral sea más corta y el ocio más culto. ( ¡Y completamente distinto a nuestros embrutecedores y comercializados entretenimientos de masas!); y, finalmente pero no menos decisivo Ia sociedad libre de cultos, dogmatismos y ortodoxias; en una sociedad semejante, el antagonismo entre trabajo mental y trabajo manual desaparecerá, como lo hará la división entre organizadores y organizados. Entonces, y solamente entonces, se verá que si la burocracia era un débil preludio de la sociedad clasista, la burocracia caracterizará el cruel y feroz epílogo -pero al fin y al cabo epílogo de la sociedad clasista. _NOTAS</p>
<p>(*) Isaac Deutscher nació en Cracovia (Polonia) en 1907, de familia judía. En 1926 ingresó en el Partido Comunista Polaco. En 1931 creó el primer grupo de oposición al estalinismo. Fue expulsado en 1932. Motivo oficial, exagerar el peligro del nazismo. De 1942 a 1949 colaboró como periodista en el Economíst y el Observer, de Londres. Después, se niega a participar en el clima de la Guerra Fría, abandona el periodismo y empieza su labor de historiador. Murió en 1967 cuando preparaba una biografía de Lenin.</p>
<p>(1) Beatrice (1858 1943) y Sidney (1859 1947) Webb, matrimonio de sociólogos ingleses que ejercieron una gran –influencia en la evolución de la sociedad</p>
<p>(2) Max Weber: Essays in Sociotogy, PP. 214 5 Oxford Univexsity Press, Nueva York, 1958</p>
<p>(3) Marx Engels Werke, vol, 21, 1962. Der Ursprung der Familie, pp.165-66</p>
<p>(4) F. Engels, Anti Dühriri8ng. Londres 1943, p. 308</p>
<p>(5) F. Engels, op. cit., p. 309.<br />
 </p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[¿Qué significa ser de izquierda hoy?]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/03/11/%c2%bfque-significa-ser-de-izquierda-hoy/</link>
<pubDate>Tue, 11 Mar 2008 19:00:51 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
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<description><![CDATA[Por: Raquel Gutiérrez Aguilar Fuente: Rebelión.org. Ciudad de México-La Habana, abril-mayo de 2004. ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: Raquel Gutiérrez Aguilar<br />
Fuente: Rebelión.org.<!--more--></p>
<p>Ciudad de México-La Habana, abril-mayo de 2004. Ponencia presentada en el Foro sobre izquierda en América Latina, sábado 8 de mayo, Ciudad de México.<br />
Hay ocasiones cuando las ideas y los conceptos básicos que nos permiten volver inteligible la realidad parecen no tener la agudeza necesaria como para brindarnos una comprensión cabal de lo que sucede. Hay momentos históricos en los que no es fácil distinguir entre los distintos proyectos sociales y políticos defendidos por uno u otro grupo partidario y/o social. Según percibo, la noción de &#8220;izquierda&#8221; está actualmente entrampada en cierta opacidad. ¿Es de izquierda un movimiento social que derroca a uno o varios presidentes, como en Bolivia en el 2003, en Argentina a fines del 2001, en Ecuador en el año 2000, y no se propone tomar el poder? ¿Es de izquierda una propuesta política partidaria que nos propone contemporizar los intereses de ciertas fracciones del capital nacional, negociar los niveles de saqueo transnacional y atender en alguna medida necesidades básicas de la población?</p>
<p>En las siguientes líneas presentaré algunas notas esquemáticas para bosquejar un mapa que, espero, nos permita orientarnos en el panorama político y social de América Latina hoy. Siendo un tema tan amplio, tendré que manejarlo en un nivel bastante alto de abstracción lo cual, espero que no sea una debilidad demasiado grande.</p>
<p>Lo que el neoliberalismo ha hecho de y con los pueblos, de y con la riqueza social, de y con los derechos colectivos</p>
<p>Un primer elemento consiste en visualizar con claridad algunos rasgos de ese fenómeno al que llamamos &#8220;neoliberalismo&#8221; o &#8220;globalización neoliberal&#8221;, y que a veces, esconde más que aclara. La intención de precisar lo que entendemos por neoliberalismo, está en que sólo así sabremos qué esperar de la lucha por &#8220;derrotar al neoliberalismo&#8221;, que es a fin de cuentas aquello en lo que cualquier izquierda que se respete debiera concentrarse.</p>
<p>Más allá de la apertura de los mercados de bienes y capitales, de los múltiples mecanismos de supuesto &#8220;adelgazamiento del Estado&#8221; y &#8220;reformas estructurales&#8221;, de reformas fiscales y monetarias y de la construcción paulatina de un entramado legal &#8211; nacional e internacional- que busca la preservación del orden imperante; hay cuando menos tres elementos abstractos que permiten entender la lógica interna de la contemporánea ofensiva general del capital contra el trabajo que toma el nombre de neoliberalismo:</p>
<p>i) Por un lado, el neoliberalismo ha sido una ofensiva política y económica en toda la línea contra la población trabajadora de todos los países de América Latina. Con el neoliberalismo se ha establecido una nueva forma de &#8220;uso de la fuerza de trabajo&#8221; basada en su más radical depreciación, en su ampliación bajo modalidades anómalas e informales, en formas intensas de sobre-explotación que combinan maneras que parecían ya superadas de elevación de la plusvalía absoluta, con nuevos mecanismos de elevación de la plusvalía relativa. Es decir, el neoliberalismo se despliega en una sistemática y permanente pelea por imponer condiciones inadmisibles para el uso de la fuerza de trabajo y es, en este sentido, una continua acción de sometimiento de la capacidad de trabajo.</p>
<p>ii) El neoliberalismo ha consistido, también, en una gigantesca acción de despojo, de acaparamiento y monopolización de la riqueza social acumulada por generaciones. La ola de privatizaciones de empresas estratégicas de petróleo, energía eléctrica y agua anteriormente públicas, de la seguridad social y los fondos de pensiones, de la tierra y los servicios en todos los países de América Latina, con sus variantes locales de &#8220;capitalización&#8221;, &#8220;apertura de mercados&#8221; o directamente entrega al capital transnacional, es la forma como se ha llevado a cabo el saqueo.</p>
<p>iii) Además, el neoliberalismo ha ido de la mano con el desmantelamiento de las estructuras sociales que garantizaban la posibilidad de ejercicio de determinados derechos colectivos anteriormente reglamentados y que habilitaban ciertas formas de participación política, a través de los cuales no sólo se garantizaban algún nivel de participación social en el conjunto de la riqueza social sino que también, jugaban un papel en la posibilidad de los distintos segmentos sociales de influir en las políticas nacionales. A través de una sistemática destrucción del tejido social, el neoliberalismo ha buscado convertir a la sociedad en un conjunto controlable de ciudadanos aislados, manipulables e impotentes, concordantes con los planteamientos básicos de la democracia liberal formal. Tal destrucción e impotenciación ha ido paralela a innumerables esfuerzos de contención legal de la protesta, de limitación de los derechos de participación política -por la vía de la partidización de la sociedad- y de criminalización de la lucha social que pueden rastrearse en las distintas leyes de &#8220;seguridad&#8221; y reformas políticas promulgadas en casi todos nuestros países en los últimos 10 años.</p>
<p>Así, estas son las cuestiones que considero centrales para entender el significado de la ofensiva neoliberal: sorda guerra por imponer cierta forma de uso de la fuerza de trabajo, acaparamiento y despojo de la riqueza social acumulada y vaciamiento y anulación de la capacidad política de la sociedad.</p>
<p>Lo que la sociedad trabajadora está haciendo a partir de lo que han hecho con y de ella</p>
<p>Tras el desconcierto y parálisis producidos a raíz de esta violenta ofensiva neoliberal iniciada en los 80´s en todo el continente, alrededor del año 2000 podemos situar una especie de punto de inflexión histórico, marcado por la reconstitución de cierta capacidad de respuesta social para movilizarse y oponerse al régimen de inseguridad y empobrecimiento creciente que acarrearon las políticas de &#8220;reforma estructural&#8221;. Si el alzamiento zapatista de 1994 en México, que coincidió con la entrada en vigor del TLCAN anunció tempranamente con su estruendoso ¡Ya basta!, que la resistencia a los planes del capital seguía presente; es más o menos en el 2000 cuando comienzan a brotar con mayor fuerza múltiples acciones de lucha a lo largo de América Latina. El 10 de enero de 2000 se iniciaron los bloqueos de caminos en torno a Cochabamba, Bolivia, donde una subsidiaria de la trasnacional Bechtel acababa de apoderarse del agua, tradicionalmente escasa en la región. Once días después, el 21 de enero, 12,000 indígenas ecuatorianos rodeaban el Palacio de Justicia y el edificio del Congreso en Quito, exigiendo la salida de la presidencia de Jamil Mahuad, el nefasto presidente &#8220;dolarizador&#8221;, sucesor de otro presidente, Bucaram, también destituido unos años antes.</p>
<p>Esto fue el preludio de la Guerra del Agua en Bolivia, de la reactivación de la insurgencia indígena aymara, de la expansión de la capacidad de acción de la CONAIE y del Movimiento Nacional Pachakutik y del posterior levantamiento de Arequipa que defendió la empresa municipal de electricidad de la voracidad del capital. Igualmente en el 2000, los piqueteros se consolidaron en Salta y Jujuy y comenzaron a aparecer en el Gran Buenos Aires. En Brasil, el MST ocupaba nuevas haciendas y a través de él, como en muchas otras ocasiones, se movilizaban miles de personas.</p>
<p>En los años siguientes, hemos presenciado la expansión de esta tendencia. En Argentina, antes del estallido de diciembre de 2001, cuando un gigantesco motín civil destituyó a varios presidentes y estableció claramente que la sociedad argentina estaba dispuesta a poner límites al atraco transnacional de su población, hubo más de 300 acciones colectivas de corte de ruta, implementadas por esos anómalos y tumultuosos conglomerados humanos que son los piqueteros, esa especie de sans- coulottes, de personajes híbridos, ex obreros ahora pequeños comerciantes, en medio de redes familiares que se dedican a la producción en pequeña escala de alguna mercancía sin futuro en el mundo global; o jóvenes y mujeres lanzados al empobrecimiento más abyecto pero que aún así se las ingenian para sacar, cada día, un poco de alimento con el cuál sobrevivir: los nuevos pobres urbanos comenzaban, también, al igual que los indios mexicanos, bolivianos y ecuatorianos, a rebelarse.</p>
<p>Y esto sucedía cuando otra oleada de malestar indígena sacudía Bolivia:</p>
<p>nuevamente los bloqueos aymaras en el 2002, nuevamente la insurgencia cocalera. Y el MST, silencioso y tenaz, organizando y realizando sus ya incontables tomas de tierra, pero más importante aún construyendo de a poco sitios donde se pretende vivir, convivir y sobrevivir de manera diferente, digna y autónoma. Y en México la movilización y tenacidad de los ejidatarios y pobladores de Atenco echó a la basura el más grande proyecto económico del sexenio foxista: la construcción del nuevo super- aeropuerto de la ciudad de México.</p>
<p>El 2003 hemos visto una inusitada aunque todavía no muy definida movilización en Perú contra las políticas de Toledo y acudimos a la gigantesca acción de lucha por la defensa del gas que el pueblo aymara y boliviano protagonizaron en septiembre y octubre hasta hacer caer al emblemático presidente neoliberal, Sánchez de Lozada.</p>
<p>Así, resulta que si observamos todo este panorama, el balance no es malo: en tres países de América Latina han caído presidentes que han pretendido aplicar proyectos socialmente inadmisibles a partir de la decisión social de no soportar más sus decisiones; en otros más sin llegar a crisis políticas tan extremas, se han fondeado planes económicos de enorme importancia, en algunos más se han llevado a cabo amplias acciones de recuperación de tierras y territorios. En fin, a partir del 2000 presenciamos una nueva oleada de participación social, de movilización política a través de movimientos sociales de muy diversas clases y con creciente capacidad de intervención en el asunto público.</p>
<p>Sin entrar a describir los rasgos que caracterizan a estos llamados &#8220;nuevos movimientos sociales&#8221;, como su carácter territorial y su horizontalidad, su flexibilidad y su distancia a los cánones clásicos e institucionales de la política, pongo a consideración dos aspectos de su forma de acción política que me parecen relevantes para el objetivo de este trabajo:</p>
<p>En primer lugar, los movimientos sociales en toda América Latina parecen ir consolidando una gran capacidad de veto, es decir, si algo tienen en común las acciones de movilización social desarrolladas desde Argentina hasta México, pasando por Bolivia, Perú y Ecuador es que hombres y mujeres de las asociaciones más diversas y de múltiples sectores sociales, logran enlazarse en un determinado momento para expresar contundentes ¡NO´s! contra partes significativas de los proyectos políticos y económicos de las elites gobernantes: ¡no a la privatización del agua!, ¡no a la política de enajenación del ahorro privado propuesta por De la Rua!, ¡No a la privatización de la Empresa municipal de electricidad en Arequipa!, ¡No a la construcción del aeropuerto en las tierras colectivas de Atenco, México!, ¡No a la venta del gas en las condiciones impuestas por las transnacionales!</p>
<p>Así, un elemento común de todas estas luchas es su capacidad de vetar, de impedir el desarrollo de específicos proyectos de las transnacionales auspiciados por los distintos gobiernos locales. En cierto sentido, cada una de estas irrupciones de lucha social es una reactualización del ¡Ya basta! Zapatista de 1994. Todas ellas son acciones de movilización tumultuosa, multitudinaria y contundente que expresa que la población no está dispuesta a aceptar más la continuación de los planes neoliberales de saqueo y que tiene capacidad de defender lo que sabe que colectivamente le pertenece.</p>
<p>En segundo lugar, un segundo rasgo que aparentemente comparten todos estos movimientos, es la ausencia de un proyecto estructurado de un futuro distinto más allá de la enérgica oposición a aspectos puntuales de los planes del capital. En los casos de Argentina en 2001-2002 y de Bolivia en 2003 esto es notable. La sociedad movilizada se dota de una finalidad específica, la consigue aunque sea a medias a través de su tenaz y esforzada movilización y una vez asentada su capacidad y presencia -tras &#8220;hacerse sentir&#8221; como expresaba la gente de El Alto en octubre- la energía social parece nuevamente disiparse y la cohesión de la multitud, a primera vista, se debilita.</p>
<p>Cabe aquí hacernos la pregunta de si este rasgo de las movilizaciones, percibido como ausencia de un proyecto político más nítidamente visible, no es una mera apariencia que brota de la falta de agudeza de nuestros propios esquemas de intelección del acontecimiento real. Pienso que si entendemos la política sólo como el conjunto articulado de múltiples acciones desplegadas con el fin de hacerse cargo de la administración y el control del Estado, por cualquier vía, electoral o no; entonces inmediatamente salta la consideración de tal elemento como ausente de las ambiciones y perspectivas políticas puestas en marcha a través de las movilizaciones en ciertos países como Bolivia, Argentina y el zapatismo en México.</p>
<p>Sin embargo, si entendemos por política de izquierda ante todo, la masiva intervención colectiva en la definición de lo que ha de hacerse a nivel público; si consideramos política la confrontación social que busca establecer nociones distintas de lo que debe entenderse por bien común, entonces las luchas de estos movimientos tienen un contenido altamente político y, más bien, es posible que a través de algunos de sus rasgos constitutivos lo que estén planteando sea un cambio de civilización: el &#8220;mandar obedeciendo&#8221; que se replica explícitamente en Argentina y que de alguna manera se encuentra en la movilización boliviana reciente, habla de una ruptura con un fundamental principio liberal de la política que es la delegación de la soberanía colectiva en un representante. Además, los esfuerzos para llevar a cabo la resistencia o bien han tensado, politizado y conseguido la autonomía de ciertas estructuras sociales anteriormente manipuladas clientelarmente por las elites, o bien han empujado a la construcción y consolidación de nuevos organismos sociales para habilitar la intervención política de los ciudadanos que funcionan de manera no vertical, con casi ninguna jerarquía y donde se establecen formas de asociación y participación flexibles y muy comprometidas. Todo esto insinúa una especie de reconfiguración autónoma de la sociedad que fortalece y garantiza su capacidad de intervención en el asunto público.</p>
<p>Así, sumando la capacidad de veto ya alcanzada y el reforzamiento de estas redes sociales de participación y acción política, encontramos que quizá lo que vamos presenciando es el despliegue de una estrategia política del movimiento social que podemos denominar como de &#8220;cerco y construcción&#8221;: se ponen cercos al poder, físicos como en Bolivia o políticos como en Argentina, de tal manera que la posibilidad social de vetar partes específicas de los planes neoliberales se acrecienta y, al hacerlo, se construye capacidad social de intervenir en el asunto público, de dotarse de fines, de hacer política.</p>
<p>Ahora bien, una y otra vez he insistido en que los nuevos movimientos sociales vetan, impiden y obstaculizan a través de su movilización, puntos específicos de los planes neoliberales en marcha. Sin embargo, una debilidad suya está en la dificultad para lograr dotarse de nuevos fines políticos comunes y autónomos, una vez conquistado el objetivo inicial de la movilización. En cierta medida, esto sucedió en Argentina tras los levantamientos del 20 y 21 de diciembre: unos meses después se llevaron a cabo elecciones donde compitieron las elites partidarias y si bien Kirchner se ha visto empujado por los altísimos niveles de indignación y desconfianza social, a renegociar las condiciones de la sumisión y expoliación argentina frente al capital transnacional, todo esto marcha lenta y confusamente y no toca los aspectos fundamentales del dominio neoliberal de la sociedad argentina. En Bolivia sucede otro tanto: a casi siete meses de la huida de Sánchez de Lozada, el movimiento social no consigue obligar a Mesa a cumplir con el mandato que le dio cuando tomó posesión, si bien los planes de exportación del gas tampoco logran avanzar.</p>
<p>En este escenario se contraponen dos presencias políticas claramente diferenciadas. Por un lado, el ámbito de lo formal, con los institutos electorales reformados y creíbles en casi todos los países, que impulsan la contienda electoral como forma fundamental de participación política, y ahí dentro, ciertas versiones partidarias de izquierda ciertamente descoloridas. Y, por otro, los amplísimos espacios abiertos por las luchas sociales, que son vigorosas por momentos, aunque también discontinuas en el tiempo y, sobre todo, sostenidas por asociaciones flexibles y cambiantes que vetan proyectos, cercan al poder y tendencialmente construyen formas de socialidad y de intervención política distintas.</p>
<p>Ninguno de estos dos ámbitos parece tener propuestas políticas explícitas de por donde avanzar. Por el lado de lo que podemos llamar &#8220;izquierda partidaria&#8221;, ni en México ni en Brasil donde tenemos expresiones nítidas de esta tendencia, en un gobierno local y en el gobierno federal respectivamente, los partidos en cuestión presentan proyectos donde se propongan caminos de superación del neoliberalismo, entendido en sus múltiples significados de ofensiva global del capital. Tanto el PRD mexicano como el PT en Brasil, van ajustándose a lo que consideran &#8220;posible&#8221;, intentando negociar límites y ambicionando quizá lo que se podría entender como un &#8220;capitalismo regulado&#8221;. Estos partidos, y aquí presento una afirmación fuerte que someto a discusión, no tienen si quiera un programa reformista: se limitan a negociar modalidades menos duras de vehiculización de la política y los proyectos del capital transnacional.</p>
<p>Ahora bien, por el lado de lo que se viene llamando &#8220;izquierda social&#8221;, y específicamente, en el terreno de la política de los movimientos sociales que han estado poniendo en jaque a distintos gobiernos latinoamericanos en los últimos años, tras las explosiones recurrentes de furia contenida, tras la acción de veto e impedimento de ciertos planes, la formulación de propuestas estratégicas de superación del neoliberalismo parece avanzar con gran dificultad, aunque no la acción práctica de construir desde la base relaciones sociales y políticas distintas, potencialmente preñadas de vigorosas posibilidades de transformación.</p>
<p>Si tal ausencia de una propuesta política más general, tendencialmente superadora del dominio neoliberal es cierta, tanto en los movimientos sociales como en la llamada &#8220;izquierda partidaria&#8221;, lo que busco en la tercera parte de este trabajo es sugerir un criterio para, colectivamente, irle dando cuerpo a un posible horizonte de deseo común que pueda dar contenido a una política de izquierda.</p>
<p>La reapropiación social de la riqueza colectiva y de la vida como eje principal de un programa de izquierda</p>
<p>6. El elemento común que se expresa en casi todas las movilizaciones sociales en el continente, es que surgen de una pelea, de una conflagración por la propiedad y destino de ciertos recursos básicos, ya enajenados o en disputa: el agua en Cochabamba, la electricidad en Arequipa, los ahorros de los ciudadanos y otros recursos públicos en Argentina, el gas en Bolivia entera, la tierra y el destino de ésta en Atenco, México. Algunas de estas luchas son por evitar un despojo -Cochabamba, Argentina, Atenco, Arequipa-; otras son por impedir nuevas acciones de despojo que se sostienen en un saqueo anterior -Bolivia, 2003-.</p>
<p>Así, la propiedad de los recursos naturales o económicos está en el fondo de las más importantes movilizaciones recientes; y si bien, no es todavía la propiedad de los bienes saqueados lo que se ha puesto en entredicho a través de la lucha, o al menos no explícitamente y más bien los diversos movimientos han tenido como contenido la defensa de lo que todavía es, cuando menos, propiedad pública o colectiva; pareciera estar apareciendo una tendencia, al menos en Bolivia, hacia la disputa de la propiedad de los recursos naturales -que fue enajenada anteriormente.</p>
<p>En Bolivia actualmente, a partir de la crítica de la Ley de Hidrocarburos, es decir, de la ley que permitió el ingreso de las transnacionales al sector energético y que afianzó la entrega de tales recursos al capital extranjero, se comienza a bosquejar y a discutir la necesidad de la reapropiación social del petróleo y el gas; igual que se luchó por la reapropiación del agua en el 2000.</p>
<p>La idea de re-apropiación social de los recursos saqueados, como horizonte movilizador tiene enorme fuerza pues alude a los criterios básicos de lo que es moralmente admisible: no es moralmente admisible que en la explotación de un recurso natural como el gas, al pueblo boliviano sólo le corresponda el 18% del rendimiento, mientras que las transnacionales acaparan el 82% restante en forma de ganancia. Esto en el caso concreto de Bolivia, pero la idea de re-apropiación de la riqueza social puede sintetizar también la lucha de los obreros argentinos que ocupan fábricas, de los trabajadores mexicanos de la energía que impugnan la modalidad específicamente local de privatización de este sector industrial, etc.</p>
<p>Además, por expresarlo de alguna manera, la lucha por la re-apropiación colectiva de la riqueza social es una &#8220;consigna flexible&#8221;, es decir, no necesariamente se compromete con un programa de re-nacionalización aunque puede incluirlo; puede amparar un terreno previo de disputa de las condiciones del saqueo -impuestos a las transnacionales, modalidades de participación de capital extranjero, etc.- y puede también llegar a adquirir un contenido de mayor radicalidad como la &#8220;transformación social de la empresa recuperada&#8221; como se planteó para el Servicio Municipal de Agua (SEMAPA) en Cochabamba tras la guerra del Agua. De lo que se trata a partir de reflejar las múltiples luchas locales en el espejo de la pelea general por la re-apropiación social de la riqueza y de la vida, es de diagramarnos colectivamente una idea fuerza que nos permita reconocernos y distinguirnos entre luchadores de izquierda.</p>
<p>Un partido que no explica a sus militantes y a la población en general, los pasos que ha de dar para re-apropiar para usufructo público la riqueza social, que no se propone claramente la re-apropiación de derechos colectivos desmantelados o amenazados, es decir, que no se compromete con la reapropiación de la decisión sobre las condiciones de uso de la fuerza de trabajo, sencillamente no es de izquierda. Y aquí vale la pena una observación crítica sobre la política en México: las movilizaciones obreras más grandes del último periodo, aquellas en defensa del sector eléctrico nacionalizado, expresan su límite en la medida en la que no se proponen explícitamente la recuperación, la reapropiación de lo que ya ha sido expropiado por las transnacionales en términos de contratos de servicios múltiples ya firmados y de plantas de generación de energía ya entregadas. Y este límite lo encarnan, lastimosamente, tanto los parlamentarios del PRD como los compañeros del SME.</p>
<p>La lucha por re-apropiarse de la riqueza social, en sus múltiples formas, hoy acaparada por el capital transnacional, es sin duda una pelea llena de obstáculos y de dificultades. El neoliberalismo, en este sentido, es un sistema cerrado de afianzamiento de la propiedad privada: los convenios internacionales, los tratados comerciales, las leyes de protección a la inversión son auténticos candados del capital extranjero para protegerse de la eventualidad de que los pueblos se propongan recuperar lo que ha sido rematado.</p>
<p>En Bolivia hay ya una experiencia, aunque pequeña: el agua de Cochabamba, recuperada para el municipio en la Guerra del Agua del 2000, había sido ya entregada a la transnacional Bechtel unos meses antes. Hoy, Bolivia como estado enfrenta una multimillonaria demanda en tribunales internacionales por &#8220;ganancias no devengadas&#8221;, que presentaron los ejecutivos de dicho consorcio. Además, en los años 2001 y 2002 se hicieron amplios esfuerzos por empujar la transformación social de la empresa &#8220;recuperada&#8221;, que dejaron más preguntas pendientes que éxitos concretos acerca de cómo emprender este camino.</p>
<p>Pese a todo, y sobre todo viendo ahora la aguda crisis energética que está surgiendo en los países más australes de América, considero que la consigna de re-apropiación de los recursos públicos enajenados por el neoliberalismo está en el centro de la posibilidad de que articulemos, desde el movimiento social, y también desde la izquierda partidaria, un nuevo proyecto de izquierda, hoy.</p>
<p>Si la izquierda partidaria continúa simplemente ambicionando la ocupación del aparato del Estado por sí misma, sin tomar posición contundente sobre lo que es necesario hacer para viabilizar algún tipo de posibilidad de ampliar el bienestar social hoy sometido completamente a la lógica de la ganancia, sus propuestas seguirán sonando huecas al conjunto de la población y sus organizaciones se verán atrapadas en la más sucia corrupción.</p>
<p>Si los movimientos sociales esforzados y contundentes en sus batallas de resistencia cada vez más frecuentes y duras no comienzan a pasar a la ofensiva, afianzando el tejido social que han reconstruido en las acciones de resistencia, corren el riesgo de verse subordinados por los tiempos políticos del Estado y de la democracia formal y por la dispersión que siempre amenaza las acciones colectivas.</p>
<p>La estrategia de cerco y construcción que, considero, nos permite entender el conjunto de acciones que, como una gigantesca coreografía de la lucha, van desplegando los pueblos de América Latina, necesita un nuevo acorde que imprima un nuevo ritmo: la reapropiación de la riqueza enajenada, la recuperación social de los recursos públicos, de los derechos colectivos y políticos, bajo diversas modalidades, de muy diferentes maneras, puede actualmente servirnos de criterio para entender el contenido de la lucha de izquierda y avanzar en el cerco, que necesariamente tendremos que poner entre toda la población sencilla y trabajadora de nuestros países.</p>
<p>Necesitamos, considero, salir de la paradoja de la &#8220;cercanía al poder&#8221; expresada con claridad por el presidente de la CONAIE, Leonidas Iza, cuando explicaba la ruptura de la alianza política que esta organización hizo con el presidente Gutiérrez: &#8220;nunca hemos sido más débiles que cuando estuvimos en el gobierno&#8221;. Y en este asunto de la cercanía con el poder, si los movimientos sociales no tienen una serie de ideas estratégicas básicas de por donde avanzar, su acercamiento al poder, sus alianzas con otros partidos o incluso la formación de &#8220;instrumentos políticos&#8221; desprendidos de y controlados por los propios movimientos como se ha ensayado en Ecuador y en Bolivia, no darán los frutos esperados.</p>
<p>Necesitamos pues, colectivamente discutir ¿qué significa &#8220;terminar con el neoliberalismo&#8221;? Y responder a esta pregunta de la manera más concreta posible.</p>
<p>Hacernos tal interrogante es equivalente a preguntarnos, ¿qué queremos como sociedad? Ese mundo que sabemos que es posible porque estamos dispuestas/os a construirlo&#8230; ¿cómo creemos que tendrá que ser? Y como comenzamos a hacerlo hoy, en lo pequeño, en lo local, en la convivencia diaria; pero también en la lucha general por recuperar lo que ha sido producido por nosotros, por nuestro trabajo y que hoy, controlan y disfrutan sólo unos cuantos.<br />
 </p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Raíces de la abstención electoral]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/03/11/raices-de-la-abstencion-electoral/</link>
<pubDate>Tue, 11 Mar 2008 18:51:47 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
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<description><![CDATA[Por: Antoni Domènech   Fuente: sinpermiso.info, (15 julio 2007)   Ramona Sedeño y Casiopea Altisench]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: Antoni Domènech  <br />
Fuente: sinpermiso.info, (15 julio 2007)<!--more-->  </p>
<p>Ramona Sedeño y Casiopea Altisench transcribieron, resumieron y tradujeron al castellano para SINPERMISO la intervención, el pasado 11 de julio, de Antoni Domènech en la mesa redonda &#8220;Quina abstenció per a quina societat?&#8221; en la UPEC (Universitat Progresista d&#8217;Estiu de Catalunya).</p>
<p>Junto con Domènech, participaron en la mesa los politólogos Joan Font y Román Tormos.<br />
La abstención electoral es un fenómeno de tendencial incremento en casi todos los países del mundo en las últimas décadas, y particularmente en Europa y EEUU. A veces, adquiere rasgos espectaculares que atraen la atención de los medios de comunicación y de sus colaboradores habituales. Mucho se ha hablado del drástico incremento de la abstención electoral en Gran Bretaña (en donde pasó de menos del 24% en 1992 a más del 40% en 2001 en las elecciones parlamentarias), en EEUU (en donde, igual que en las elecciones al parlamento europeo, más de la mitad de la población no ha votado en las últimas y las penúltimas presidenciales). La tendencia es parecida en Francia (la alta participación electoral en las recientes presidenciales ha sido una sorpresa para todo el mundo, rápidamente mitigada por la vuelta a la abstención en las legislativas celebradas unas semanas después), en Italia o en Alemania. Y es un lugar común que la abstención electoral castiga sobre todo a las formaciones de izquierda, porque el origen social de la misma hay que buscarlo preferentemente entre las capas populares y trabajadoras. España, relativamente bisoña aún en esos asuntos, es un caso tal vez aparte, en ésta, como en muchas otras cosas. Pero también aquí parece confirmarse una ligera tendencia al incremento de la abstención en las elecciones legislativas, y una tendencia clara a su aumento en las autonómicas, en las municipales y no digamos en las europeas.</p>
<p>La gente no vota por motivos instrumentales<br />
¿Por qué vota la gente? Desde un punto de vista estrictamente instrumental, como es bien sabido, votar es irracional. La probabilidad de influir con el propio voto en el resultado de unas elecciones (las que fueren: legislativas, autonómicas, municipales) es bajísima, y aun cuando el valor subjetivo del &#8220;premio&#8221; –que gane el candidato que mejor representa nuestras opiniones o nuestros intereses— fuera muy elevado, una vez multiplicado por esa probabilidad bajísima, nunca compensaría el coste del esfuerzo de acudir a las urnas (por bajo que fuera ese coste).</p>
<p>La gente, pues, no vota por motivos instrumentales y estrechamente utilitarios o, como se dice en la jerga filosófica, &#8220;consecuencialistas&#8221;. Vota porque considera que el acto de votar, es decir, de codeterminar en régimen de igualdad los procesos de la vida política, es una acción valiosa por sí misma, con relativa independencia –luego entraré en eso— de las consecuencias que ella traiga. No quiere esto decir que las consecuencias no importen; importan, y, a veces, muchísimo. Lo único que sostengo, por el momento, es que las consecuencias del acto individual del sufragio no son lo único que importa, y que si así fuera, la gente no iría nunca a votar.</p>
<p>Eso vale también para el acto de la abstención militante, que considera la acción de votar mala en sí misma, con independencia de las consecuencias. El anarquismo clásico vio en la participación político-electoral un mal, que, fuere cualesquiera el resultado de la misma, no hacía sino reforzar, con un simulacro de libertad, la dominación burguesa. (Que los resultados pesan lo suyo, puede verse por el hecho de que en dos ocasiones cruciales –el 14 de abril de 1931 y el 16 de febrero de 1936, cuando lo que estaba en juego en España era la libertad republicana misma— los trabajadores anarquistas y anarcosindicalistas acudieron masivamente a las urnas.) En el otro extremo, tenemos el famoso non expedit decretado por Pío IX en 1874, que prohibía a los católicos participar en las elecciones, y en general, en la vida política, considerando la democracia y el ejercicio de la soberanía popular como un mal en sí mismo, vitando a cualquier precio, fueren cualesquiera las consecuencias. (Una vez más, que las consecuencias pesan lo suyo, puede verse por el hecho de que esa prohibición fue definitivamente revocada en 1919 por Benedicto XV, cuando una oleada revolucionaria barría Europa (que salvo, Francia e Inglaterra, desconocía hasta 1918 los regímenes plenamente parlamentarios con sufragio universal), a fin de levantar una fuerza política católica, con arraigo popular, capaz de oponerse al avance democrático del movimiento obrero y de operar en la esfera pública como partido de conservación del orden establecido, que tal fue el origen de la moderna democracia cristiana.</p>
<p>Conviene aclararse un poco sobre esas &#8220;consecuencias&#8221;, que parece que pesan y no pesan. Los filósofos, que somos en cierto modo los profesionales del asunto, solemos abusar de las distinciones conceptuales. Pero me permitiréis que haga aquí dos que me parecen necesarias para aclarar el enigma.</p>
<p>Dos distinciones conceptuales previas</p>
<p>La primera. La participación en una actividad social, un juego, por ejemplo, puede verse desde &#8220;fuera&#8221; o desde &#8220;dentro&#8221; del juego. Decimos a veces que jugamos a un juego (el ajedrez, pongamos por caso) por el puro placer que nos proporciona jugar. Y cuando lo estimamos desde &#8220;fuera&#8221;, podemos decir efectivamente sin falsedad que jugamos por &#8220;devoción&#8221;, que no nos importa realmente ganar o perder, sino que lo que nos proporciona verdadera satisfacción es la actividad misma de jugar al ajedrez: la prueba es que, si de verdad nos gusta el ajedrez, y salvo grave psicopatía, preferiremos el reto de perder todas las partidas jugando contra un consumado campeón al mortal aburrimiento de ganárselas todas a un torpe principiante. Ahora bien; visto desde &#8220;dentro&#8221; del juego, la cosa cambia: porque en las reglas constitutivas del juego –las que lo definen como tal juego, y lo hacen distinto de cualquier otro— está la &#8220;obligación&#8221; de ganar. Una vez puestos a la tarea, si no jugáramos con el firme propósito de ganar incluso al campeón del mundo –o si descubriéramos que las reglas del juego están sutilmente manipuladas para que siempre caigamos derrotados—, jugar al ajedrez perdería todo sentido, y por consecuencia, todo atractivo (también visto desde &#8220;fuera&#8221;). No es contradictorio, pues, decir, por un lado, que la motivación para participar en un juego no viene sino de la &#8220;devoción&#8221; por el juego mismo; y sostener, por el otro, que, una vez metidos en harina, ya dentro del juego, no podemos sino jugar espoleados por un deseo firme de ganar, porque en las reglas mismas constitutivas del juego está la &#8220;obligación&#8221; de ganar. Aquí se invierte, pues, la prioridad del viejo refrán: primero es la devoción, y sólo luego viene la obligación. Con la cautela de que, sin cabal cumplimiento de la obligación, se esfuma la devoción.</p>
<p>La segunda distinción conceptual sobre la que quiero llamar la atención es ésta: una cosa son las consecuencias de una acción estrictamente individual, y otra muy distinta las consecuencias de una acción individual –el sufragio siempre lo es— más o menos sólidamente incrustada en el marco de una acción colectiva socialmente organizada. Por seguir con uno de nuestros ejemplos extremos anteriores: que un anarquista o un católico individualmente –por razones morales perfectamente contrapuestas— se abstuvieran militantemente de votar, no podía tener la menor consecuencia sobre la configuración de la vida política en la España republicana o en la Italia de postguerra del tambaleante Víctor Manuel III. Sin embargo, y eso es lo que aquí importa destacar, la acción colectiva electoral de 2 millones de trabajadores libertarios españoles fue decisiva para el destino de la democracia republicana española en abril de 1931 y en febrero de 1936, para bien, y, para mal, en noviembre de 1933 (que abrió el llamado &#8220;bienio negro&#8221; de la II República).</p>
<p>Una hipótesis sobre la participación en los procesos electorales</p>
<p>Munidos con ambas distinciones conceptuales, podemos ahora arriesgar una hipótesis algo informativa sobre la participación en un proceso electoral. La siguiente:</p>
<p>Ceteris paribus, las gentes tienden a participar –la abstención militante o el voto en blanco o nulo son formas de participar— en las elecciones cuando:<br />
(1) Por motivos morales consideran que es su deber –su obligación, o su devoción, como &#8220;ciudadanos&#8221;, como &#8220;católicos&#8221;, como &#8220;trabajadores&#8221;, como&#8221;socialistas&#8221;, como &#8220;pacifistas&#8221;, como &#8220;ecologistas&#8221;, como &#8220;mujeres&#8221;, etc.— hacerlo: la participación, lejos entonces de ser un coste, puede llegar incluso a ser una fuente de satisfacción personal (como el trabajo bien hecho, hecho amoris causa). Participan, pues, de forma no individualmente instrumental ni puramente consecuencialista, como quien juega al ajedrez porque le gusta o le divierte o se siente bien haciéndolo.</p>
<p>(2) Ven su participación individual más o menos sólidamente incrustada en un marco de acción colectiva: el &#8220;nosotros&#8221; (&#8220;católicos&#8221;, &#8220;trabajadores&#8221;, &#8220;socialistas&#8221;, &#8220;pacifistas&#8221;, &#8220;ecologistas&#8221;, &#8220;mujeres&#8221;) no es un unicum sui generis, y su dimensión simbólica o expresiva no es una abstracción vana o una huera consigna, sino que se encarna socialmente en afiliaciones o contribuciones a partidos, sindicatos, asociaciones, clubes, o aun en la inclusión en variadas redes sociales, acaso más informales y laxas. Participan como parte de un &#8220;colectivo&#8221; (o de varios).</p>
<p>Y (3) creen que, en el juego de la política, la acción colectiva de la que su acto de sufragio es parte tiene posibilidades reales de influir, directa o indirectamente, en el resultado, es decir, en la configuración democrática de la vida social. Participan, esto es, sin perder la esperanza de incidir en el resultado, porque las reglas constitutivas del juego de la política democrática, como las reglas constitutivas del juego del ajedrez, impiden rendir esa esperanza, sin la cual el juego mismo carecería de todo sentido.</p>
<p>Los tres puntos se refuerzan mutuamente. La incrustación en un marco de acción colectiva más o menos organizada del punto (2) refuerza tanto las &#8220;obligaciones&#8221; y las &#8220;devociones&#8221; del punto (1), como la convicción del punto (3) de que es posible incidir en el resultado. A su vez, la esperanza política del punto (3) viene en apoyo de la voluntad de participar en el juego de la política expresada en el punto (1) (de la misma forma que la obligación constitutiva de ganar al ajedrez forma parte absolutamente esencial de su atractivo como juego, independientemente de que se gane o se pierda en él). Y se calla por sabido que, sin alguna capacidad de convicción moral individual como la expresada en el punto (1), nada de lo dicho en los puntos (2) y (3) sería factible: el homo oeconomicus en estado puro, si tal existiera, no votaría nunca, pasara lo que pasara.</p>
<p>Podemos aplicar este pequeño esquema conceptual a la explicación del indiscutible auge de la abstención electoral en el mundo entero en las últimas décadas.</p>
<p>Los politólogos y los sociólogos que han estudiado competentemente el asunto han insistido hasta ahora de forma convincente en lo que en nuestro esquema sería el punto (2). Es decir, han estudiado el debilitamiento, si se permite la palabra, catastrófico de la acción colectiva organizada popular en los últimos 30 años. Me ha parecido útil mencionar aquí, glosándolos brevemente, dos escritos recientes, verdaderamente importantes por la calidad y la meticulosidad de la investigación empírica que los sustenta.</p>
<p>Dos estudios empíricos del incremento de la abstención en las últimas décadas</p>
<p>Uno es el libro de Guy Michelat y Michel Simon, Les Ouvriers et la politique. Permanence, ruptures, réalignements (Presses de Sciences Po, París, 2004). Se trata de un importante estudio, resultado de cuatro décadas de investigación empírica sobre las actitudes políticas obreras en Francia.</p>
<p>Aunque la población trabajadora no ha constituido jamás un bloque ideológicamente homogéneo, sin embargo, sostienen Michelat y Simon, generó en Francia una peculiar organización simbólica, cuyos elementos centrales eran el sentimiento de pertenecer a la clase obrera y el de mantener una relación vital con los valores y las instituciones de la República. En los 60 y los 70, la cultura obrera &#8220;de clase&#8221; era robusta y arraigaba profundamente en los medios populares. Impregnaba las dinámicas sociales y las representaciones colectivas, nutriendo la relación de los dominados con la esfera de la política. El voto de clase era para la izquierda, y particularmente, para el partido comunista.</p>
<p>Esa politización de masa entró en crisis a fines de los 70, y culminó una década más tarde. La tasa de sindicalización se desplomó (como en todos los países de la OCDE, con las relativas excepciones de Alemania y las democracias escandinavas). El sentimiento de pertenencia a una clase disminuyó en ese grupo, mientras que se consolidaba, en cambio, entre el los empleados de grado medio y superior. La desbandada de los grupos primarios de trabajo y la dispersión de vidas antes en común (en la empresa, en el barrio o en familia), así como el incremento de las exigencias de individuación en un contexto más y más competitivo, tornaron lábiles y quebradizas las categoría populares recibidas. La crisis del empleo y la crisis urbana acumularon sus efectos destructivos. Además, la clase obrera no sólo vio sacudida su base de agregación social, sino también su mundo mental –su &#8220;imaginario&#8221;, como se dice ahora—. Si antes se asumía con orgullo, la condición obrera se desvaloriza ahora superlativamente.</p>
<p>Desaparecieron las formas tradicionales de solidaridad de clase, dejando al individuo más y más sólo ante la precarización e insegurización de la vida social y económica. El destino del obrero, dicen Michelat y Simon, dejó de ser el de la forja del futuro, para pasar a ser el de sobreviviente de una terrible catástrofe histórica, social y política. La abstención electoral masiva (cuando no el voto xenófobo a la extrema derecha expresamente negadora de los valores republicanos), fue el resultado.</p>
<p>Es verdad que los jóvenes en general, y los trabajadores en particular, vuelven a ser receptivos a los « temas de la izquierda », pero, concluyen nuestros autores, no han superado la ruptura de sus padres con la política instituida.</p>
<p>En un sentido parecido al de Michelat y Simon, pero en el marco de una investigación de alcance más limitado, los norteamericanos Benjamin Radcliff y Patricia  Davis estudiaron la correlación entre crecimiento de la abstención electoral y tasas de afiliación sindical (&#8220;Labor organization and electoral participation in industrial democracies&#8221;, en American Journal of Political Science, 2000, vol. 44:nº 1, págs.132–41):</p>
<p>&#8220;Las tasas de sindicalización determinan de manera importante la dimensión del cuerpo electoral, y así, la medida en que el conjunto de la ciudadanía se compromete con decisiones colectivas (&#8230;) El declive organizativo del trabajo (&#8230;) significa que el electorado otorga cada vez más una papel exagerado a los individuos de alto estatus. El resultado, en el supuesto de que los cargos electos responden más a quienes votan que a quienes no, serán políticas públicas menos consistentes con los intereses de la clase trabajadora.&#8221;</p>
<p>El segundo trabajo que vale la pena mencionar es el de Theda Skocpol. En un conjunto de investigaciones empíricas de carácter más general, porque abarcan al conjunto de la ciudadanía, y no sólo a la población trabajadora, la politóloga norteamericana ha llegado a resultados interesantes, y como interesantes, sorprendentes también. Skocpol ha estudiado lo que ella llama &#8220;la transformación de la democracia cívica americana&#8221;.</p>
<p>La República de EEUU posee una larga y sólida tradición histórica de asociacionismo civil a escala nacional, regional y local. Y Skocpol ha observado un cambio fundamental en esa tradición en los últimos 30 años.</p>
<p>El asociacionismo civil tradicional estuvo basado, hasta los años 60 del siglo pasado, en la construcción de densas redes organizativas de afiliados a escala nacional, con nutridas secciones locales y regionales aportadoras de recursos, motivación, y llegado el caso, movilización socio-política. Su funcionamiento de abajo arriba (la célebre grassroots democracy) hacía generalmente también las veces de escuela popular de virtud y de pericia cívicas.</p>
<p>El gran cambio que empezó a producirse en la segunda mitad de los años 60 fue, en cierta medida, un efecto perverso de las grandes luchas por los derechos civiles (&#8220;Tha transformation of American Civic Democracy, en Perspectives on Politics, vol. 2, Nº 1, marzo 2004, pág. 5):</p>
<p>&#8220;En vez de los viejos modos mayoritarios y federales de hacer las cosas, los nuevos movimientos de derechos dependieron inicialmente de cuadros activistas, y luego, de profesionales especialistas: tipos de líderes que podían tirar adelante aun con mayorías rezagadas (&#8230;) Sin embargo esas (&#8230;) organizaciones de derechos civiles empezaron como organizaciones &#8216;fundadas en el liderazgo, no en la afiliación&#8217;. Los activistas dedicados a organizar protestas y a cabildear ante el gobierno federal fueron los verdaderos fundadores y los arquitectos de esas asociaciones.</p>
<p>&#8220;Muchos efectos no pretendidos surgieron en Norteamérica de la administración indirecta de programas federales y estatales en el último tercio del siglo XX. Las secciones locales de antiguas federaciones basadas en la afiliación fueron perdiendo compromiso con la provisión de servicios a través de la ayuda mutua y del esfuerzo comunitario voluntario. Al propio tiempo, las multiplicadas organizaciones sin ánimo de lucro, profesionalmente dirigidas, incrementaban su plantilla y trataban de reclutar a políticos cívicamente activos, hombres de negocios y estrellas públicas para sus comités honoríficos.&#8221;</p>
<p>Entre las varias consecuencia interesantes de ese cambio estudiadas por Skocpol hay una que puede tener particular interés para la discusión en esta mesa:</p>
<p>&#8220;En el período entre 1965 y 1980, cuando el modelo de litigio profesionalmente dirigido cobraba cada vez más prestigio como modelo de asociación, los conservadores solían sentirse excluidos del &#8216;establishment&#8217; de Washington. Aunque luego eso habría de cambiar, los conservadores no veían tantas oportunidades como la izquierda liberal para organizar pleitos jurídicos o para cabildear en el Congreso y en las agencias gubernamentales. Por eso los organizadores de la derecha cristiana, del movimiento anticontrol de armas y del movimiento antiabortista pro-vida, apoyados en las aristas populistas del partido republicano, experimentaron con mezclas de litigio y captación de fondos profesionalmente dirigidos, de un lado, y federaciones de afiliados organizadas en red a través de muchos distritos electorales, del otro.&#8221;</p>
<p>Si quisiéramos rendir un pequeño homenaje a Gramsci, ahora que se han cumplido 70 años de su muerte –me parece que esta Universitat Progresista d&#8217;Estiu de Catalunya no debe ser el peor sitio para hacerlo—, podríamos decir que, en el proceso, los &#8220;intelectuales&#8221; de las causas populares han perdido &#8220;organicidad&#8221; con sus bases, mientras que, al contrario, los &#8220;intelectuales&#8221; de la derecha social no han hecho sino ganarla. El resultado de eso ha sido una desorganización de las bases sociales de las causas democráticas y populares, y al revés, una reorganización sin precedentes de las filas sociales del conservadurismo. El espectacular crecimiento de la abstención electoral –que es nuestro tema aquí— entre los sectores populares y democráticos es una de las consecuencias. </p>
<p>Como recuerda la propia Skocpol, el sociólogo John McCarthy, ha explicado en esos términos los éxitos recientes del movimiento antiaborista pro-vida en EEUU. Porque lo cierto es que el sentimiento popular ampliamente mayoritario era favorable a las tesis &#8220;pro-choice&#8221; de mantener con cierta cautelas la despenalización del aborto. Pero una bien organizada movilización conservadora multiplicó el impacto sobre la agenda política pública y sobre los legisladores, logrando más audiencia y capacidad de presión que los esfuerzos y los cabildeos de los litigantes a favor de las tesis pro-choice. McCarthy ha insistido en la enorme ventaja adquirida por unos movimientos sociales que, aunque minoritarios, pueden trabajar sobre instituciones sociales y redes sociales ya existentes –como el movimiento pro-vida y otros movimientos de la nueva derecha—, sobre los movimientos con &#8220;lábil infraestructura&#8221; puestos en marcha por organizaciones dirigidas por profesionales con técnicas como las de correo directo.( John D. McCarthy, . 1987. &#8220;Pro-life and pro-choice mobilization: Infrastructure deficits and new technologies&#8221;, en Social Movements in an Organizational Society: Collected Essays, eds. Mayer N. Zald and John D. McCarthy, New Brunswick, N.J.: Transaction Books, 1987, 49–66.)</p>
<p>Y la misma Skocpol ha estudiado en otro sitio el análogo fracaso del programa de Hillary Clinton en la primera mitad de los 90 para impulsar en EEUU la cobertura sanitaria pública –una necesidad ampliamente sentida por el grueso de la población—.(Boomerang: Clinton&#8217;s Health Security Effort and the Turn against Government in U.S. Politics. New York: W. W. Norton, 1996).</p>
<p>Todo eso por lo que hace a nuestro punto (2), es decir, a la participación política como acción individual incrustada en un marco de acción colectiva organizada.</p>
<p>La abstención como resultado de la percepción de la impotencia de la política democrática en el mundo actual<br />
Pero hay otro elemento muy importante que explica el incremento de la abstención, y que tiene que ver con nuestro punto (3), es decir, con las esperanzas de influir en el resultado del proceso electoral.</p>
<p>En las últimas décadas, entre los electores en general, y entre los electores europeos muy en particular, se ha perdido la esperanza en la capacidad no sólo de influir en los procesos políticos mediante la participación electoral, sino –más grave aún— se ha desplomado la esperanza de que los procesos políticos democráticos puedan influir en la configuración de la vida social y económica. Porque la gente sencilla se percata muchas veces de las cosas de la política –de las cosas importantes, quiero decir— con mayor acuidad y perspicacia que la que suelen atribuirle los comentaristas y los analistas políticos, y a menudo, con mejor sentido de realidad que éstos. ¿Quién no se acuerda aquí de aquella encuesta de la que resultaba que los españolitos de a pie consideraban que los bancos y las grandes empresas tenían mucho más poder que el Parlamento y el Gobierno de España, lo que dio pie, ya que no a otra cosa, a alguna que otra broma chocarrera y escurril de tertulianos radiofónicos?</p>
<p>Todos los estudios empíricos coinciden: la sensación dominante, desde luego en Europa, es que la política es impotente ante unos procesos de alcance mundial (la &#8220;globalización&#8221;) dirigidos básicamente por grandes imperios privados que no tienen que rendir cuentas a nadie (las empresas transnacionales) y por unos mercados financieros re-mundializados y re-desregulados, como antes de 1914.</p>
<p>El caso Lafontaine en el primer gobierno &#8220;roji-verde&#8221; de Schröder en Alemania (1998) es paradigmático. Un ministro de finanzas, presidente además del partido de gobierno de uno de los países más importantes económicamente del mundo, fue obligado a dimitir a los pocos meses de constituido el gobierno por presiones abiertas y nada recatadas del gran empresariado alemán (Daimler Benz) y de la City financiera de Londres.</p>
<p>Como sostuvo poco después Hermann Scheer, el antiguo diputado socialdemócrata alemán y gran experto en energías alternativas, en un libro espléndido e iluminador que fue un bestseller en su país, Die Politiker (Munich, Editorial Antje Kunstmann, 2003), los políticos no francamente dispuestos a romper con la lógica del capitalismo contrarreformado de nuestros días están inermes, y los Parlamentos apenas tienen margen de acción a medida que se extiende la &#8220;globalización&#8221;, que vacía de todo contenido a la participación política.</p>
<p>Antoni Domènech es catedrático de Filosofía de las Ciencias Sociales y Morales en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona. Su último libro es El eclipse de la fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista, Barcelona, Crítica, 2004. Es el editor general de SINPERMISO.</p>
<p>Traducción para <a href="http://www.sinpermiso.info/">www.sinpermiso.info</a>: Casiopea Altisench y Ramona Sedeño sinpermiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. No recibe ningún tipo de subvención pública ni privada, y su existencia sólo es posible gracias al trabajo voluntario de sus colaboradores y a las donaciones altruistas de sus lectores. Si le ha interesado este artículo, considere la posibilidad de contribuir al desarrollo de este proyecto político-cultural realizando una DONACIÓN</p>
<p>    <br />
     </p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Sobre la izquierda y sus contradicciones]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/03/11/sobre-la-izquierda-y-sus-contradicciones/</link>
<pubDate>Tue, 11 Mar 2008 18:47:38 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
<guid>http://hernanmontecinos.com/2008/03/11/sobre-la-izquierda-y-sus-contradicciones/</guid>
<description><![CDATA[Por: Martín Nicosia Fuente: rebelión.org &#8220;Es absolutamente justo evitar todo sacrificio inútil]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: Martín Nicosia<br />
Fuente: rebelión.org<!--more--></p>
<p>&#8220;Es absolutamente justo evitar todo sacrificio inútil , por eso es tan importante el esclarecimiento de las posibilidades efectivas que tiene la América dependiente de liberarse en forma pacifica,   para nosotros esta claro la solución de este interrogante , podrá ser el momento actual para iniciar la lucha o no ,pero no podemos hacernos ninguna ilusión , ni tenemos derecho a eso, de lograr la libertad sin combatir&#8221;</p>
<p>Ernesto &#8220;che&#8221; Guevara, &#8220;Crear dos, tres, muchos Vietnam es la consigna &#8220;<br />
• Algunas consideraciones sobre el momento actual</p>
<p>El capitalismo se reacomoda a nivel nacional, esta para seguir asegurando la reproducción del capital, adoptara las formas mas validas para cada momento, con lo cual, decir que el gobierno actual (administración Kichner) es mas de lo mismo es una inexactitud, inclusive, muchas de las cosas que Kirchner plantea, debemos verlas en función del 19 y 20 de diciembre del 2001, ya que sin estas jornadas y las posteriores movilizaciones y construcciones políticas y organizativas, seguramente las politicas del gobierno hubieran sido otras, por que a pesar de que el grado de movilización disminuyó considerablemente desde esos días a esta parte, la significación de la importancia de la movilización que implicaron esos hechos, sigue vigente en el inconsciente colectivo de amplios sectores de nuestro pueblo. En función de eso, desde las clases dominantes harán los cambios necesarios, para seguir garantizando la reproducción del capital. de todas maneras, no podemos no reconocer que el actual gobierno ha ido acumulando una serie de expectativas. Grandes sectores de nuestro pueblo, han depositado en Kirchner las esperanzas de la posibilidad de salir de la crisis, este estancamiento en el que nos encontramos es propio de lo que Lenin denominaría como &#8220;fe irracional del pueblo&#8221; (1) , sin embargo, sabemos que kirchner sigue avanzando en una política gestual, que no es menor pero que de ninguna manera va a avanzar en cambios profundos, por que esos cambios profundos implican poner en jaque toda la estructura de poder de las clases dominantes. Pero no debemos negar tampoco que esa política gestual esta construyendo una subjetividad de expectación en grandes sectores del pueblo argentino, pero como es sabido, cuanto mas grande son la esperanza y la ilusión, tanto o mas grande serán la decepción y la desilusión.</p>
<p>La nueva situación en curso y el estancamiento en el que nos encontramos, reclaman un análisis de profundidad, la dinámica de la sociedad y de la lucha de clases, demuestra una y otra vez, que condiciones objetivas que generen el descontento en las masas, la irrupción de nuevos métodos de lucha, y la protesta en sus diversas formas y contenidos, se seguirán gestando, cada vez con mas profundidad y con menos distancia en el tiempo.</p>
<p>• Dispersión y fragmentacion: Signos de influencia pequeño-burguesa</p>
<p>Partiendo de la situación actual, debemos tener en cuenta, de que en el estado de fragmentación y dispersión en que se encuentra la izquierda Argentina (existe una proliferación cada vez mas grande, de organizaciones cada vez mas chicas) y que mientras siga con posiciones dogmáticas y sectarias, y empantanadas en su reformismo claudicante no podremos salir nunca de este estancamiento en el que nos encontramos. Ese reformismo pequeño-burgués impregna toda comunicación entre las distintas organizaciones y sepulta toda posibilidad de incidir políticamente en la situación actual.</p>
<p>Las discusiones y debates resultan entonces, estériles, difícilmente podría lograrse de ellos una síntesis dialéctica que permita superar las diferencias ,por el contrario, muchas de esas discusiones ideológicas terminan por desunir aun mas a las distintas fuerzas, esto conduce a 2 errores que en muchos casos se interrelacionan : por una parte se piensa que el camino de la unidad debe transitarse evitando las discusiones teóricas y políticas, por otra las discusiones se vuelven abstractas, no se debaten seriamente proyectos, ni estrategias de poder, no se debaten métodos de trabajo entre las masa, etc., sino que se discuten mezquindades e ideologicismos revelando de una forma clara, la influencia pequeño-burguesa de la que es victima la izquierda en Gral. El caso es que esta influencia se vuelve predominante respecto al trabajo politico de estos partidos u organizaciones y se refleja, en el objetivo &#8220;estratégico&#8221; de muchas de las fuerzas de izquierda (PC, PO, MST), las elecciones, todo o casi todo el trabajo político tiene un horizonte estratégico bastante bien delimitado, toda esa acumulación política en diversos frentes tiene un objetivo claro, desemboca cada dos años n ese espacio &#8220;democrático&#8221; que ha &#8220;cedido&#8221; la burguesía, que son las elecciones. Así esa influencia pequeño-burguesa, se expresa desde sus concepciones político-ideológicas, hasta sus metodologías de trabajo, reproduciéndose así, en todos los niveles de la organización ese espontaneismo, al que remite toda variante del economicismo, como es el reformismo o política tradeunionista.</p>
<p>• Un eje de discusión equivocado</p>
<p>Plantean en sus declaraciones cada vez que surge el debate en torno a este tema, ¡que es un frente mas para dar batalla!, ¡que es una táctica mas dentro de su estrategia! Pero, a que se refieren con &#8220;táctica&#8221;, mas bien parece su estrategia, a que se refieren con una &#8220;una táctica mas&#8221;, acaso tienen otra, acaso todas sus &#8220;tácticas&#8221; no son orientadas en ese sentido, tomemos el caso mas concreto, del partido comunista y su &#8220;táctica&#8221; del &#60;&#62; y hay quien diría por lo bajo y con un guiño de ojo ¡ah y anticapitalista!, para el secretario general del partido comunista (&#8230;)&#8221; el camino pasa por la construcción de una alternativa al modelo neoliberal (&#8230;) para ello hay que levantar propuestas que constituyan un programa de emergencia capaz de aglutinar a vastos sectores populares: (&#8230;) aumentos sustanciales de salario y jubilaciones, la recuperación del área estatal de la economía, (&#8230;) no pago de la deuda externa, nacionalización de las AFJP (&#8230;) el control de cambios y del comercio exterior, medidas enfiladas a generar consumo, ampliar el mercado interno, el crecimientote la economía, la redistribución hacia debajo de los ingresos&#8221;. Además advierte al respecto el dirigente del PC, que &#8220;quienes alberguen dudas acerca del carácter revolucionario del programa mencionado deben considerar que el mismo exige afectar al núcleo central del capitalismo existente en nuestro país (&#8230;). (2) Sin embargo, lo que se trata de poner en debate no es la legitimidad de ese programa, ni la capacidad que tendría de poner en jaque toda la estructura del capitalismo Argentino dependiente, no se trata solo de debatir en torno a los programas en particular, de si &#8220;gobierno de los trabajadores y el pueblo&#8221; o &#8220;redistribucion de los ingresos hacia abajo&#8221;, sino mas bien y en general de los métodos de trabajo entre las masas, de las reales tácticas y lineamientos, para que esas consignas sean realmente adoptadas por las mayorías, contribuyendo así a la formación de una &#8220;voluntad colectiva, nacional y popular&#8221; (3) superando los residuos corporativos de la clase obrera y el pueblo, llegando a&#8221;un grado de conciencia capaz de permitir una iniciativa política que englobe la totalidad de los estratos sociales de una nación&#8221; (4) y para eso es necesario, mas que un conjunto de puntos programáticos, que objetivamente, no se diferencian mucho , mas que en algunas consignas y que son propios de una vocación de gobierno mas que de una vocación de poder. &#8220;El partido obrero plantea la nacionalización de la banca (&#8230;) establecer el salario mínimo al nivel de la canasta familiar (&#8230;) el reparto de las horas de trabajo (&#8230;) no pago de la deuda externa, etc.&#8221; (5) En gral no existen diferencias tangibles, mas que en sus concepciones ideológicas y sus floridas consignas políticas, entonces seguimos girando en torno al mismo debate &#8220;frente opositor antineoliberal y antiimperialista&#8221; o &#8220;frente opositor por un gobierno de los trabajadores y olvidamos lo fundamental, ¿para qué? Para las elecciones, con ese objetivo, y en función de él, la izquierda elabora sus tácticas, sus consignas, sus principios organizativos, etc. esto revela el carácter reformista de sus proyectos políticos y el abismo que existe entre la izquierda argentina y una estrategia de poder revolucionaria.</p>
<p>Porque sobre esta ultima se sientan las bases para la construcción de un partido revolucionario, de nuevo tipo, capaz de organizar y llevar a la clase obrera y al conjunto de las clases subalternas al poder, instaurando así la dictadura del proletariado, pero el estado burgués no puede sustituirse, por el estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la extinción, sino por regla general, mediante la revolución violenta&#8230;&#8221; (&#8230;) la necesidad de educar sistemáticamente a las masas en esta idea, precisamente, sobre la revolución violenta, es algo básico en toda la doctrina de Marx y Engels, la sustitución del estado burgués por el estado proletario es imposible, sin una revolución violenta&#8221; (6)</p>
<p>• La insurrección como regla general del Marxismo</p>
<p>Esta regla general del marxismo, parece haber sido olvidada por amplios sectores de la izquierda Que se han acostumbrados en 20 años de régimen parlamentario , a las normas jurídicas -políticas que imponen la burguesía , y si bien quizás no la descartan a veces como posibilidad en el discurso , la descartan de hecho en la practica . Desde sus concepciones analíticas y sus posturas ideológicas hasta sus practicas políticas y sus principios organizativos, pasan por alto esta regla general ,mas allá de algunas excepciones escoláticas que tienen que ver mas con el subjetivismo de algunos dirigentes e intelectuales que con una pretensión real.</p>
<p>• La Situación Actual como producto de un proceso</p>
<p>El pacifismo, en algunos hasta conservador de la izquierda , de sus partidos y de sus dirigentes , es la clave , para entender una parte de la realidad argentina Y su falta de alternativa política , como así también esta ultima , es en parte , el producto de un proyecto de carácter contrarrevolucionario , una ofensiva estratégica ,que se trata de aplicar desde el golpe militar de septiembre de 1955 y mas precisamente a partir de Ezeiza 73 y del 24 de marzo de 1976 , esta campaña ofensivas se llevo mas de 30.000 compañeros , tienen una característica particular , en los métodos utilizados y en la magnitud y el calibre de la violencia ejercida que &#8220;nos conduciría a una reflexión acerca del carácter social ,de su particular situación de guerra Tradicionalmente la guerra fue un atributos de las clases dominantes y en esa medida -en la lucha por un territorio -de los estados, por supuesto que [represión]y [terrorismo] no tienen ,al menos instrumentalmente la capacidad para definir una situación de lucha armada como la guerra , pero cuando la política armada estatal reemplaza la [[represión ]] por la [[aniquilación]] como única relación con el adversario ,nos encontramos en un espacio que las leyes de guerra comienzan a hegemonizar las acciones y las relaciones entre fuerza sociales en pugna &#8221; (&#8230;) el secuestro , la desaparición , comenzaron siendo los dos instrumentos típicos que fueron desplazando y subvirtiendo las formas institucionales tradiciones de la represión policial legitima del sistema , se convirtió en una política sistemática de aniquilamiento de los cuadros mas combativos del movimientos popular cuales quieran fueran sus orientaciones políticas&#8221; (8)</p>
<p>Partimos de una serie de supuestos para analizar y desentrañar el complejos conjuntos de características de esa situación de guerra y la magnitud de la ofensiva contrarrevolucionarias que logro abortar un proceso revolucionario en gestación y que produjo el &#8220;vació (político) generacional&#8221;(9) que sobrevino luego; los supuestos son los siguientes :</p>
<p>1: Todo régimen que se ve amenazado recurre al poded desnudo ,a la coerción , es decir a la violencia física ,tanto en su forma legal como ilegal .</p>
<p>2: El poder no es irracional ,ejerce la violencia sistemáticamente ,de un modo científico. (10)</p>
<p>3: Ante la existencia de una fuerza social en ascenso ,aunque contrariamente , la burguesía debe unificarse detrás de sus intereses de clase dominante.</p>
<p>• La Lucha de clases, con características de guerra permanente</p>
<p>De lo expuesto anteriormente podemos deducir , que la lucha de clases , mantiene siempre sus características de [[guerra]]&#8221;explicita (11) e implícitamente &#8221; abierta o encubierta , tanto en periodo de formación de una fuerza social revolucionaria y de su enfrentamiento con su antitesis contrarrevolucionaria , como también en los periodos de calmas &#8220;relativas &#8221; o de estancamiento. Así, como en la actualidad, con respecto a las democracias burguesas, y toda su &#8220;libertad de expresión &#8221; hay que tener en cuenta que incluso &#8220;en las mas tranquilas el ejercito puede permanecer invisibles en sus cuarteles ,pero que el resorte fundamental del poder de clase burgués aun en sistema parlamentario ,sigue siendo la coerción aunque aparezca como preponderante la cultura (12)</p>
<p>&#8220;la burguesía siempre mantiene, claro esta una política armada &#8220;porque absolutamente siempre se encuentra en pie de guerra contra el pueblo en Gral. , y cualquier germen que comience a cuestionar a cualquier nivel el orden vigente en particular &#8220;pero los instrumentos que manipulan en la implementación de su dominación , así como también los enfrentamientos sociales que esta provoca .expresan y revelan una trama social que ayuda a comprender las condiciones especificas en que intenta mantener esa dominación&#8221; (13)</p>
<p>El desafió, seria entonces comenzar a pensar asimilar a la lucha de clases como una guerra permanente , ese seria el primer paso para comenzar a elaborar una estrategia revolucionaria para la toma del poder ,porque como diría Lenin :&#8221;no basta con la lucha de clases ,es preciso pensar la lucha de clases , con estrategia proletaria &#8220;, al mismo tiempo debemos analizar exhaustivamente esas condiciones especificas de dominación , para obtener una claridad táctica a la hora de realizar el análisis concreto de la situación concreta , entonces debe quedar claro que en la elaboración de una estrategia revolucionaria debemos tener también , siempre presente la necesidad de construir una fuerza militar que haga posible los cambios(.) buscados. (14) &#8220;porque el enemigo, si de algo ha dado muestra ,es de su organización y coherencia y a un ejercito , solo puede oponérsele otro destacamento combatiente;&#8221; (15) Afirmar esto no es caer en un radicalismo belicista , sino simplemente ser realista y tratar de comprender la regla general del marxismo de una forma integral , dejando de lado todo mecanismo y dogmatismo , y tratando al mismo tiempo de aplicarlas desde un punto de vista , materialista sobre las condiciones especificas de la sociedad argentina de principio de del siglo XXI</p>
<p>El solo nombramiento de los términos volcados líneas arribas como &#8220;fuerza militar&#8221;"destacamentos combatientes &#8221; o ejercito popular , lucha armada , etc., irrita terriblemente los oídos de los tibios pacifistas que no conciben otro campo de batalla , mas que los que se encuentran por dentro de los marcos jurídicos-políticos burgueses; esta posición de los partidos de izquierda , se encuentran enormemente influenciada por el individualismo pequeño-burgués , que se ve reflejado , por ejemplo en su incapacidad política y hasta personal (en algunos casos)para realizar la tan ansiada unidad (obviamente estamos hablando de una unidad tan efímera y coyuntural como es la unidad electoral ) Esto revela, la estreches de horizontes de la izquierda tradicional en gral , que se limita únicamente (o por lo menos eso indica la realidad )elaborar una estrategia de gobierno y no de poder , esto ya a conducido históricamente a fuerzas de izquierda a buscar ser gobierno a cualquier costo , incluso cayendo en la conciliación con el gran capital y los sectores mas reaccionarios de la burguesía argentina . La falta de vocación de ,que estanca a la izquierda en sus concepciones reformistas ,sin dudas de una gran importancia , a la lucha (violentas) Revisten , sin dudas de gran importancia , a la hora de analizar el pro grama , ya que &#8221; el marxismo admite las formas mas diversas de luchas(.) El marxismo no rechaza categóricamente ninguna forma de lucha , el marxismo no se limita en un momento dado&#8221;. (16) Toda organización de izquierda que se plantee ser vanguardia ,o que ya se precie de tal ,debe saber combinar las diversas formas de luchas ,de todo tipo, en una sola estrategia revolucionaria, que tenga en cuenta esos objetivos ,&#8221;gobierno y poder&#8221;. Claro esta , el uno subordinado al otro, la relación entre política y violencia , legalidad e ilegalidad ,movimiento de masas y movimiento armado, se transforma en un verdadero desafió para la conducción revolucionaria&#8221; (17) Es interesante considerar que las ya clásicas democracias burguesas, no son instrumentos útiles para contener el ascenso y fortalecimiento del movimiento popular, en un continente en que las diferencias sociales ,en lugar de disminuir aumenta enormemente. &#8220;Los estrategas del imperio alertan a los E.E.U.U acerca de los peligros de los procesos electorales dentro de los marcos democráticos &#8211; burgueses&#8221; &#8211; y estos a su vez a los gobiernos serviles de cada país dependiente &#8211; &#8220;estos (procesos) que hasta hace (varios) años habían asegurado la reproducción del sistema de dominación, hoy pueden volcarse en su contra&#8221; (18) por primera vez se hace explicito algo que siempre estuvo ausente del discurso demócrata burgués : El aspecto militar del poder (19) , tener en cuenta este aspecto militar del poder, a la hora de elaborar una estrategia revolucionaria , es indispensable para cualquier partido u organización de izquierda, ya que todo partido político es por su misma definición un partido que lucha por el poder, y por lo tanto, todo partido debe tener también una estrategia militar para la toma del poder, la diferencia es que la estrategia militar de los partidos políticos de las clases dominantes, es una estrategia que cuenta con el ejercito institucional, si la burguesía tiene desde ya su propia estrategia militar, por que no vamos a poder tenerla las fuerzas de izquierda, sobre todo después que la historia ha demostrado una y otra vez, que la burguesía y sus diferentes fracciones están dispuestas a utilizar cualquier método, aun hasta los mas aberrantes. &#8220;Por otra parte, la experiencia latinoamericana ha demostrado suficientemente, que un gobierno de amplio respaldo popular, que inicie transformaciones sociales profundas, entrara tarde o temprano&#8221; ( en la actualidad mas temprano que tarde) &#8221; en conflicto con las clases hasta entonces dominantes y desde luego, con el ejercito, instrumento de su opresión de clase, eso fue lo que trágicamente ocurrió en el Chile de Allende y (&#8230;) en la Guatemala de Arbenz&#8221; (20) al igual que lo que ocurrió recientemente en la Venezuela de Hugo Chavez, claro esta , que con otro final.</p>
<p>Si a nosotros nos respetaran las conquistas populares logradas por la vía legal, &#8220;si pudiéramos legar en igualdad de condiciones a través de los medios de comunicación: televisión, prensa escrita, radio, etc., no nos cabe ninguna duda de que preferiríamos transitar por caminos en que la voluntad popular se expresara por la vía del voto y no por la vía de las armas &#8221; (21) es la burguesía quien cierra estos caminos, no solo impidiendo la comunicación entre las organizaciones políticas y el pueblo, si no además liquidando físicamente a sus militantes y cuadros, como ya hemos visto, cuando se ven amenazados sus intereses.</p>
<p>Es preciso prestarle la mayor importancia al aspecto militar del poder , esto es esencial, y es por eso como señalábamos anteriormente que cuando se desarrolla una crisis revolucionaria en el seno de la estructura del poder burgués, el elemento predominante se desplaza necesariamente &#8220;de la ideología hacia la violencia, la coerción, llega a ser a la vez determinante y dominante en la crisis (&#8230;) y el ejercito toma inevitablemente la delantera en la escena de toda la lucha de clases en la perspectiva de la instauración real del socialismo&#8221; (22) Tener en cuenta seriamente el aspecto militar del poder no es , bajo ningún punto de vista: sinónimo de aventurerismo, ni radicalismo, si no, mas bien, como señalábamos antes, es ser realista y asimilar la realidad de una manera dialéctica.</p>
<p>La falsa dicotomía Pacifismo-Revolucionismo distorsiona, muchas veces planteos como el de este trabajo, y es una completamente errónea, ya que entre estos dos elementos &#8220;existe un lazo no casual, intrínseco y necesario&#8221;, estos &#8220;tienen una raíz común, a saber: El culto a la espontaneidad&#8221; &#8220;los economistas y los terroristas rinden culto a dos polos opuestos de la corriente espontánea , los economistas, a la espontaneidad del movimiento netamente obrero &#8211; y de las luchas por reformas económicas e inmediatas &#8211; &#8221; y los terroristas a la espontaneidad de la indignación mas ardiente de los intelectuales, que no saben o no tienen la posibilidad de ligar el trabajo revolucionario con el movimiento obrero para formar un todo&#8221; (23) estas dos tendencias dentro del espontaneismo se reflejan en parte, en la situación de la izquierda Argentina y demuestra &#8220;la falta de preparación practica, la falta de habilidad en la labor de organización (&#8230;) el reducido alcance de todo el trabajo en general&#8221; (24).</p>
<p>&#8220;La actividad política tiene su lógica que no depende de la conciencia, de los que&#8221; (quizás) &#8220;con las mejores intenciones del mundo exhortan o bien al terror&#8221; o al aventurerismo &#8220;o bien a &#8216;imprimir un carácter político a la lucha económica misma; de buenas intenciones esta empedrado el camino al infierno y en el caso presente, las buenas intenciones no bastan para salvar del apasionamiento espontáneo por la línea del menor esfuerzo&#8221; (25) tanto de los que rebajan sus &#8220;tares políticas y de organización al nivel de los intereses inmediatos, tangible, concretos&#8221; y accesibles, como los que pretenden &#8220;hacer la &#8216;revolución política&#8217; sin necesidad de educar al proletariado en una lucha firme y empeñada&#8221;, contando solamente con el &#8220;garrote ya conocido&#8221; e igualmente &#8220;accesible&#8221; (26).</p>
<p>&#8220;Ambas tendencias, la Oportunista y la Revolucionista, capitulan ante los métodos primitivos de trabajo imperantes, no tienen fe en la posibilidad de librarse de ellos, no comprenden nuestra primera y mas urgente tarea practica: crear una organización de revolucionarios capaz de dar la lucha política con energía, firmeza y continuidad&#8221; (27) de esta manera la izquierda Argentina en general, realiza ese culto a la espontaneidad, de diferentes formas, y tan pronto como eso se revela, se hace &#8220;indudable que los métodos primitivos de trabajo están relacionados con el economismo y que si no nos libramos del economismo ( espontaneismo) en gral, (es decir de una concepción tan estrecha, tanto de la teoría del marxismo, como del papel de la socialdemocracia y de sus tareas políticas)&#8221; (28) esta estrecha concepción se despliega en un abanico de posibilidades, por Ej., en la actualidad, el reformismo pacifista del que caen presa algunas de las organizaciones de izquierda, trata de ocultarse detrás de floridas reivindicaciones y consignas netamente ideológicas, y detrás de la fraseología pseudo revolucionaria de sus respectivos dirigentes, partidos y/o corrientes políticas, es por eso que es preciso &#8220;distinguir (&#8230;) entre las frases y las pretensiones de los partidos y su naturaleza real y sus intereses reales, entre lo que imaginan ser y lo que en realidad son&#8221; (29) y comprender además que &#8220;el carácter de la estructura de cualquier institución esta, natural e inevitablemente determinada por el contenido de dicha institución&#8221; (30).</p>
<p>De lo expuesto aquí, se desprende una de las cuestiones esenciales, en la construcción política, un elemento clave del proceso de lucha de clases del proletario: La organización de revolucionarios, es decir, el partido revolucionario, la única herramienta capaz de destruir los métodos artesanos de trabajo y la estrechez de horizontes que imperan en la actualidad entre las organizaciones de izquierda, y que impregnan sus tácticas, sus proyectos, sus objetivos políticos, etc.</p>
<p>&#8220;El primer paso&#8221; &#8211; sostiene Lenin &#8211; &#8221; es fundar un verdadero partido revolucionario, dejando fura de este a que los sectores que tienen posiciones reformistas, pero insiste en que eso solo es una escuela preparatoria, el segundo paso, después de organizarse como partido, consiste en aprender a ejercer la dirección&#8221; (31) de la lucha de clases o lo que es lo mismo, aprender a conducir a los diversos sectores de las clases explotadas y oprimidas, sin cuya plena participación ninguna revolución seria posible, este primer paso, o primer momento en el quesurgen los partidos u organizaciones revolucionarias, en muchos casos, es un periodo donde se forman los capitanes del futuro ejercito, por lo general, se trata de &#8220;capitanes sin ejercito&#8221;, pero como plantea Gramsci: &#8221; en realidad es mas fácil, formar un ejercito, que formar capitanes, tan es así, que un ejercito ya existente seria destruido si le llegasen a faltar los capitanes, mientras que la existencia de un grupo de capitanes acordes entre si, con fines comunes, no tarda en formar un ejercito aun donde no existe&#8221;(32) La creación y el desarrollo de este partido de capitanes, no esta estrictamente ligado al desarrollo espontáneo del movimiento de masas, sino mas bien, su papel es &#8220;ser [el] portador de la conciencia de clase del proletariado, es decir, conciencia de su misión histórica&#8221;, esto requiere una cierta anticipación política y organizativa, ya que cuando el partido asume la responsabilidad &#8220;de que en cada fase y en cada momento de la lucha, toda la suma del poder presente, ya desencadenado, actuado del proletariado se realice y se exprese en la posición del partido, de que la táctica de la socialdemocracia no este nunca, en cuanto a decisión y energía, por debajo del nivel de la efectiva correlación de fuerzas, sino que se anticipe mas bien a ella&#8221;(33) &#8220;Entonces el partido transforma su carácter de postulado (&#8230;) introduciendo en el movimiento de masas espontáneo, la verdad que alienta en el y levantándolo de la necesidad económica&#8221; e inmediata &#8220;de su origen hasta la acción libre (&#8230;) el conocimiento se hace acción, la teoría se hace consigna, la masa que actúa de acuerdo con la consigna, se inserta cada vez mas robustamente, conciente y firmemente en las filas de la vanguardia organizada&#8221; (34) Como ya hemos visto, existe una clara diferencia entre partido revolucionario, y ejercicio de la dirección, que es lo que realmente constituye como tal a una vanguardia, poniendo en relieve, que el momento de la construcción orgánica, en la mayor parte de los casos no se identifica con el momento de la construcción practica de la vanguardia revolucionaria.</p>
<p>• El partido revolucionario en America Latina</p>
<p>&#8220;Lenin no concebía, sino un solo partido revolucionario, el partido conformado por los sectores mas avanzados de la clase obrera rusa, y por lo mismo, estaba convencido que este era el único partido capaz de convertirse en vanguardia de la clase obrera y de todo el pueblo, pero otras realidades históricas han ido modificando este enfoque.&#8221; &#8220;En la mayor parte delos países de América Latina, especialmente después del triunfo de la revolución cubana, que marca un hito fundamental en la historia de nuestro continente (&#8230;) junto a los partidos de la clase obrera, surgieron otros partidos o movimientos revolucionarios que, en los casos de Cuba y Nicaragua, se transformaron en la vanguardia efectiva de dichos procesos revolucionarios&#8221; (35) Las condiciones histórico-sociales han cambiado mucho desde principios del siglo XX ( es han experimentado transformaciones tan radicales en lapsos &#8220;relativamente&#8221; cortos de tiempo), e incluso nuestra ubicación geopolítica, hace que sea imprescindible el tener en cuenta las características propias del continente Americano, su idiosincrasia, sus culturas, sus tradiciones, etc., ya que &#8220;cada país, cada pueblo tiene su propia personalidad, de allí que cada proceso revolucionario, también contenga su propia originalidad, la cultura humana es precisamente rica, por esa diversidad que la caracteriza, cada comunidad tiene una historia que es única e irrepetible, que modela su temperamento y que la vincula al resto por sus valores esenciales&#8221;(36).</p>
<p>Es por eso que &#8220;además de los partidos comunistas, trotskistas y maoístas, que se han planteado como partidos clasistas, han surgido otras organizaciones revolucionarias, muchas de las cuales a pesar de levantar un proyecto proletario, difícilmente se podrían caracterizar, como partidos obreros, nuevos sujetos sociales han surgido en nuestro continente, y algunas de estas organizaciones representan mas a estos nuevos sujetos, que a la clase obrera&#8221; en particular (&#8230;) este fue el caso del movimiento 26 de julio en Cuba, del frente Sandinista de Nicaragua (&#8230;)y -salvando las diferencias &#8211; del peronismo revolucionario en la Argentina, para poner solo algunos ejemplos.&#8221;(37) Sin embargo, del mismo modo en que no se debe fetichizar el partido único (de la clase obrera), como se hizo durante muchos años , tampoco debe fetichizarze el pluralismo, es preciso tener criterios sobre la unidad bien definidos, ya que la unidad por la unidad, no sirve para nada, si no existe un objetivo claro hacia donde llegar, el problema de la &#8220;unidad&#8221; carece de sentido, &#8220;existe una hora para la unidad de las fuerzas revolucionarias o de izquierda y otra para la constitución de un amplio frente politico, este ultimo no debe constituirse, antes de que las fuerzas&#8221;de izquierda &#8220;hayan logrado una repercusión decisiva en el escenario politico&#8221; esta es una condicion Sine quanon, ya que &#8220;de otro modo se corre el grave riesgo de quedarse a la zaga de las fuerzas burguesas&#8221; (38) Al respecto nos aclara Fidel Castro sobre el rompimiento del pacto de Miami: (&#8230;) &#8220;nos quedamos solos pero realmente en momento valía mil veces mas andar solos que mal acompañados, (&#8230;) ¿por qué en aquella época, cuando nosotros éramos 120 hombres armados, no nos interesaba aquella unidad amplia (&#8230;) y sin embargo después, cuando nosotros teníamos ya miles de hombres, si nos interesaba la unidad amplia? Muy sencillo, por que cuando eramos120 hombres, la unidad les hubiera proporcionado abierta mayoría a elementos conservadores y reaccionarios (&#8230;) aunque estos estuvieran contra batista, en aquella unión, nosotros éramos una fuerza muy reducida, sin embargo, cuando al final de la lucha, ya todas aquellas organizaciones se convencieron de que el movimiento marchaba adelante, se interesaron por la unidad, y ya nosotros éramos una fuerza decisiva dentro de aquella unidad&#8221;(39) Entonces &#8220;cuando es que el estratega político cubano coloca en primer plano una política de frente amplio, solo lo hace cuando el movimiento 26 de julio, ha llegado a constituir una fuerza decisiva en el escenario político, sabe que si llega a promover una unidad, cuando todavía es excesivamente débil, corre el riesgo de quedarse a la zaga de las fuerzas burguesas&#8221;(40) y pequeño &#8211; burguesas y de sus respectivos proyectos políticos. (hecho que ocurrido en reiteradas ocasiones en la historia de algunas fuerzas de la izquierda tradicional, el Partido Comunista Argentino, es un caso paradigmático, en este sentido.)</p>
<p>De lo expuesto recién, se desprende la inconsistencia y la incoherencia de las política frentista de de PC, que pasa por alto la imprescindible y anterior tarea de construir los mecanismos y las herramientas para lograr una incidencia considerable en el escenario politico, del que nos encontramos objetivamente&#8221;casi&#8221;excluidos, y cada vez mas. Gracias al ofensiva mediatica, represiva, etc, de los sectores mas reaccionarios de la burguesia y a la incapacidad de construir esa &#8220;alternativa popular&#8221; de la que tanto se esgrime, &#8220;cuya amplitud e impresicion revela la incertidumbre y las divergencias existentes, respecto a la problemática que plantea&#8221; (41).</p>
<p>La aseveración socialismo o barbarie, que plantea Rosa Luxemburg a comienzos del siglo XX, tiene hoy mas vigencia que nunca, las &#8220;alternativas populares&#8221; son las mismas que estan planteadas desde hace 90 años (42) quedaron delimitadas dos estrategias del movimiento obrero y socialista mundial: La socialdemocracia con un programa de reformas &#8220;evolutivas&#8221; pacificas del sistema capitalista, y el comunismo como una estrategia de revolucion social: la destrucción del estado burgues y su sustitución, por un estado socialista, basado en la premisa marxista de dictadura del proletariado. Seguro que las correspondientes tácticas estaran condicionadas por las situaciones histórico-concretas en que se las emprenda, de las cuales surgirán nuevos problemas, que demandaran nuevas soluciones&#8221; (43)Pero de lo que no cabe ninguna duda, es que hoy como a principios del siglo XX, tanto en la Rusia de 1917, como en la Cuba de 1959, así como en la Argentina de 2004 las &#8220;Alternativas populares&#8221; siguen siendo las mismas: Reforma o Revolución.</p>
<p>NOTAS</p>
<p>1) V. I. Lenin, las enseñanzas de la revolución, Ed Anteo</p>
<p>2) Patricio Etchegaray, la izquierda en el nuevo contexto, Enfoques alternativos, nº16,julio 2003</p>
<p>3) Gramsci utiliza este termino estrechamente ligado al de hegemonía y a la capacidad de elaborar esta voluntad colectiva nacional y popular, asumiendo como propios los intereses del resto de las clases o sectores populares, transformándose asi en clase dirigente y hegemónica. 4) Carlos Coutinho, Introducción a Gramsci, Ed serie popular 5) Editorial: Propuesta de gobierno del partido obrero, prensa obrera nº 638 6) V. I. Lenin, El estado y la revolución, Ed Anteo.</p>
<p>7) Juan Carlos Marín, Los hechos armados , cap 1 , P 73</p>
<p> <img src='http://s.wordpress.com/wp-includes/images/smilies/icon_cool.gif' alt='8)' class='wp-smiley' /> Op cit, p 75</p>
<p>9) Este &#8220;vació generacional &#8221; se ubicaría entre principios de los 80y finales de los 90 y expresaría por una parte v, la perdida material de una importante cantidad de cuadros revolucionarios , y por otra la gigantesca ofensiva ideológica -cultural , que afecto de lleno a esas dos generaciones y lo no menos gigantesco ofensiva -económica &#8211; política , que termino por sumergir bajo la línea de la pobreza a mas de mitad de la población .</p>
<p>10)comprender esto es comprender que no fue ni la locura de Videla , ni el cinismo desvergonzado de Massera (expresión acabada de esta visión sobre la dictadura y de &#8220;su macabro&#8221; origen es el libro editado por la asociación madres de plaza de mayo )ni los sueños de autoritarismo de algunos sectores de las F.F.A.A, los que produjeron tal genocidios ,sino que fue la acción conciente y sistemática de la burguesía argentina, ejecutada claro esta, por sus principales cuadros armados</p>
<p>11) me refiero específicamente a la situación de guerra en el sentido &#8220;instrumental&#8221;al que se refiere Juan C. Marin en el texto ya citado , es decir una guerra civil abierta</p>
<p>12) Perry Anderson , Antinomias de gramsci ,new left review ,(traduccion mexicana), p75</p>
<p>13) Juan C. Marin ,Los hechos armados ,p75</p>
<p>14) Marta Harnecker, America latina , vanguardia y crisis actual ,p58</p>
<p>15) Armando de Magdalena .Apuntes para la revolución americana, p92.</p>
<p>16) V.I. Lenin, La guerra de guerrillas 17) M, Harnecker, América latina vanguardia y crisis actual, p32</p>
<p>18) Op cit, p 59</p>
<p>19) tradicionalmente se reconocían dentro de la sociedad solo tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial, a partir del documente Santa fe II, se le atribuye una especial importancia a lo que ellos denominan como Burocracia militar, este documento hace una distinción dentro de lo que considera régimen democrático: lo que denomina como &#8220;Gobierno temporal&#8221; formado por los funcionarios electos y &#8220;Gobierno permanente&#8221;, es decir la estructura institucional y las burocracias instaladas, que no cambian con las elecciones; diferenciando claramente entre : &#8220;Gobierno&#8221; y &#8220;Poder&#8221;.</p>
<p>20) M. Harnecker, Op cit p58</p>
<p>21) Op cit, p62</p>
<p>22) Perry Anderson, Op cit, p76</p>
<p>23) V. I Lenin, ¿Que hacer?, p85 24) Op cit, p 109.</p>
<p>25) Op cit, p 85</p>
<p>26) Op cit, p109</p>
<p>27) Op cit, p110</p>
<p>28) Op cit, p109</p>
<p>29) Karl Marx, El 18 brumario de Luis Bonaparte, Ed Ariel, p 51</p>
<p>30) V. I. Lenin, ¿Qué hacer?, p 105</p>
<p>31) V. I. Lenin, Discurso en defensa de la táctica de la Internacional Comunista</p>
<p>32) Antonio Gramsci, Maquiavelo y Lenin</p>
<p>33) Rosa Luxemburg, la huelga de masas</p>
<p>34) George Lucaks, Historia y conciencia de clase, Tomo I, p120</p>
<p>35) Marta Harnecker, El problema de la vanguardia en America Latina, p11</p>
<p>36) Armando de Magdalena, Apuntes para la revolución Americana, p7.</p>
<p>37) Marta Harnecker, El problema de la vanguardia en America Latina, p14</p>
<p>38) Marta Harnecker, Fidel Castro: del moncada a la victoria, p70</p>
<p>39) Fidel Castro, Comparecencia en la televisión el 1 de diciembre de 1961, Obras revolucionarias, Ed Era, p407</p>
<p>40) Marta Harnecker, Fidel Castro: del moncada a la victoria, p55</p>
<p>41) Roberto.R. Alvarez, La construccion de alternativas populares, cuad. marxistas nº13, mayo 2004.</p>
<p>42) A raiz del estallido de la 1º guerra mundial (1914) y , mas aun, del triunfo de la revolucion Bolchevique en Rusia (1917).</p>
<p>43) Roberto.R. Alvarez, La construcción de alternativas populares, cuad. marxistas nº13, mayo 2004<br />
 </p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[Izquierda institucional versus izquierda social]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/03/11/izquierda-institucional-versus-izquierda-social/</link>
<pubDate>Tue, 11 Mar 2008 18:43:49 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
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<description><![CDATA[Por: Massimo Modones Fuente:Books.google.cl Antes de preguntarnos que alternativa puede ofrecer la i]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: Massimo Modones<br />
Fuente:Books.google.cl<!--more--></p>
<p>Antes de preguntarnos que alternativa puede ofrecer la izquierda hay que entender lo que está pasando en la izquierda misma: de dónde viene, pero sobre todo, cómo se encuentra y hacia dónde se dirige.</p>
<p>En la izquierda europea actual existe, a mi parecer, una tendencia polarizante entre dos modelos: una izquierda institucional y una izquierda social. Considero, por otra parte, que una alternativa de izquierda podrá construirse solamente en la medida que esta tendencia se invierta. El espacio intermedio, el vacío, entre estos dos polos, es justamente el lugar donde se juega el futuro de una posible izquierda transformadora, portadora de una alternativa política y social.</p>
<p>Voy a ilustrar esta polarización en forma esquemática, a pesar de que habría que dedicarle mucho más espacio, para poder reconstruir tendencias históricas y analizar a fondo casos concretos, siguiendo los desplazamientos, en las prácticas y en los proyectos, de los diversas organizaciones de la izquierda, así como de sus seguidores dispersos (1). Porque la izquierda, a pesar de lo que se perciba en los medios de comunicación y por ende en gran parte de la opinión pública, va más allá de algunos partidos definidos como tales. Existen proyectos distintos y prácticas separadas, que no se manifiestan exclusivamente en forma partidaria, sino que por el contrario siempre más sensibilidades de izquierda se dirigen hacia otras formas y espacios de participación política y social, hacia lo que desde muchos lados se conoce como &#8220;izquierda social&#8221; (2).</p>
<p>Aunque una instantánea no permita captar a fondo los movimientos generales, me limitaré a generalizar, tratando de ilustrar la generalización mediante algunos casos significativos.</p>
<p>La izquierda institucional</p>
<p>La tendencia &#8220;institucional&#8221; se manifiesta en los principales partidos de izquierda europeos, en el gobierno como en la oposición, especialmente en los que pertenecen a la Internacional Socialista pero, como veremos más adelante, no solamente. Estos partidos han adoptado, y el proceso no ha concluido, un proyecto y unas prácticas políticas centradas en la dimensión &#8220;institucional&#8221;(3).</p>
<p>&#8220;Institucional&#8221; porque acepta las instituciones existentes, no solamente como marco sino también como único horizonte posible, y no sólo las estatales, sino también las instituciones económicas, sociales y culturales, desde la familia hasta el mercado. El &#8220;reformismo&#8221; de esta izquierda es limitado y acotado no solamente por la redistribución del poder a favor del capital a escala mundial, sino por una profunda subalternidad al pensamiento conservador, lo que tiene sus orígenes históricas en la derrota de los setenta y la ofensiva neoliberal de los &#8216;80. Nada más lejos del &#8220;reformismo&#8221; como lo entendía Pietro Nenni, quien en los años &#8216;60 convenció a la ala izquierda del PSI, encabezada por Riccardo Lombardi, a entrar en un gobierno con la Democracia Cristiana sobre la base de &#8220;reformas de estructura&#8221;. Si existe un reformismo en la izquierda institucional, es un reformismo débil, periférico, que no atañe el meollo de las estructuras de dominación. Al contrario la izquierda europea al gobierno ha demostrado su &#8220;arrepentimiento&#8221; histórico impulsando las contrareformas del Welfare State propuestas por la derecha. Lo que seguramente se ha perdido es el &#8220;reformismo social&#8221;, que era la esencia de la socialdemocracia &#8220;tradicional&#8221;. Las estrategias programáticas de la socialdemocracia gobernante -regulación económica, ortodoxia monetarista, reformas del Estado de bienestar, redefinición de las relaciones laborales- no logran despertar pasiones sociales, no resuelven el drama del desempleo y ahondan la fractura entre política y sociedad.</p>
<p>Más allá de esa aceptación general del status quo, esta izquierda es &#8220;institucional&#8221; porque centra su acción, en forma exclusiva, en la presencia, la influencia y la labor desde y al interior de las instituciones estatales. La actividad política, y aquí se manifiesta la tendencia general hacia la profesionalización y la institucionalización de los partidos políticos, se concibe exclusivamente a partir de los márgenes de maniobra desde los aparatos de gobierno, nacionales o locales. Lo que no quiere decir que, en determinados casos, estos márgenes no hayan sido utilizados en el sentido de una transformación y apertura de las propias instituciones, como, para poner un ejemplo latinoamericano, en el caso de Porto Alegre y del presupuesto participativo (4). Lo que parece evidente de la lectura de los programas y los documentos de varios partidos progresistas europeos, es que el eje y el lugar privilegiado de la acción política son las instituciones. Esto puede parecer paradójico, siendo que el poder de intervención del Estado se está restringiendo justamente allí donde se encontraban los instrumentos del reformismo, que permitían adecuar, aún sea parcialmente, el funcionamiento de la economía de mercado al interés colectivo. Además, esto contrasta con el énfasis puesta, en los mismos documentos de la misma izquierda europea, en la sociedad civil y la desestatalización. O sea, esta izquierda reconoce el acotamiento de su espacio &#8220;privilegiado&#8221; de movimiento y, al mismo tiempo, concentra sus esfuerzos y limita su proyecto a determinado uso de recursos públicos siempre más escasos.</p>
<p>Sobre este punto hay que subrayar que las transformaciones del Estado en la mundialización, más allá del debate sobre el final o la permanencia del Estado, deben ser vistas desde un punto de vista cualitativo, tratando de definir claramente donde reside y como se manifiesta hoy el poder estatal. Este acercamiento nos indica que una izquierda que opte exclusivamente por una tarea institucional y de gobierno está destinada, por ejemplo, a enfrentar el problema del control social de sociedades complejas (la llamada gobernabilidad), desde los códigos penales hasta las cárceles, la policía y la seguridad pública, sin poder recurrir a una política de lucha contra la exclusión para contrarrestar el aumento de la delincuencia. Está destinada a tomar decisiones como la de mandar tropas para combatir guerras bajo comisión, al estílo de la del Golfo y la de Kosovo. (5)</p>
<p>Esta izquierda es institucional, además, porque asume paulatinamente la forma de partidos de élites, de comités (según el clásico modelo de los partidos conservadores), porque sufre una hemorragia de militancia, porque depende siempre más del financiamiento publico y de las contribuciones de los grandes &#8220;benefactores&#8221; (6). Así que los lugares donde esta izquierda, identificada ya exclusivamente por los grupos dirigentes y a veces un solo líder, se mueve y actúa son siempre más espacios institucionales, &#8220;el palacio&#8221; suelen decir en Italia los críticos.</p>
<p>En eso la deriva corresponde a la concepción de democracia que el pensamiento conservador ha venido imponiendo, desde la academia hasta el sentido común. Los sistemas de partidos como pluralismo acotado y homogéneo, cerradas por los candados de leyes electorales ad hoc, con una tendencia preferiblemente bipartidista que favorecería las negociaciones y los consensos bipartisans (7) la eficiencia en la rotación sin sobresaltos. Tal sistema, que encuentra su modelo (algo excesivo y exótico, hay que reconocerlo, para las sensibilidades europeas) en el bipartidismo anglo sajón (demócratas-republicanos en los EE. UU. y conservadores-laboristas en Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda). Concibe la alternancia -lema y muletilla de políticos y politólogos- como antídoto contra las alternativas, el partido como agencia de reclutamiento de funcionarios públicos, una institución estatal, no uno instrumento de participación de los de abajo sino un instrumento de legitimación de las políticas públicas, instrumento para procesar y hacer digeribles platos amargos, sin provocar regurgitaciones.</p>
<p>En esta izquierda podemos ubicar -además de los partidos socialistas, socialdemócrata, de centroizquierda y progresistas- algunos partidos de perfil más radical. Por ejemplo el Partido Comunista Francés que, a pesar de una renovación doctrinaria, de cierto recambio de grupos dirigentes y de una atención hacia los movimientos sociales, sigue concibiendo su acción política casi exclusivamente a partir de su presencia en el gobierno (8). Así los movimientos sociales en Francia nacen sin que el PCF tenga una real influencia, como en el invierno del &#8216;95, que para muchos fue el comienzo del ascenso de la resistencia antineoliberal y a la globalización capitalista. Otro caso sería el del pequeño Partido de los Comunistas Italianos, nacido de una escisión del Partido de la Refundación Comunista, que hoy participa con 2 ministros en el gobierno D&#8217;Alema, sin tener un arraigo social significativo ni capacidades de extender su influencia política. Pero esta tendencia se percibe también en los Verdes, en Francia, Italia y Alemania donde están gobernando, como en otros casos. El caso de los Verdes es muy representativo en la medida en que nacieron como movimiento para volverse, en poco más de diez años, en partidos institucionales (9) El problema no es tanto estar en el gobierno, sino concebir el gobierno como único medio para hacer política, y esto se nota incluso desde la oposición, con el uso instrumental de la movilización social, limitada a las coyunturas políticas y a la lucha por el poder estatal. En determinadas coyunturas, estos partidos pueden acompañar a los movimientos sociales, ofrecerle un interlocutor institucional y una proyección política más trascendente, al mismo tiempo esta relación episódica y no orgánica hace que los partidos socialdemócratas y verdes pierdan progresivamente poder de convocatoria proprio -en gran medida ligado al sindicalismo tradicionalmente próximo- y ya no posean los recursos para encabezar y estimular las protestas sociales.</p>
<p>Siempre hubo una izquierda que enfocaba la lucha por las reformas en el mero marco de las instituciones existentes, como lo demuestra la aplicación burocrática del Welfare State desde el segundo posguerra, o la aceptación del modelo de fábrica fordista, en un plano más socio-económico. La crítica a los llamados partidos de integración de masas como instrumentos de regulación capitalista (10) fue patrimonio de la izquierda extraparlamentaria de los &#8216;70, en particular de las corrientes consejistas y trotkistas. El hecho novedoso hoy día es que esta tendencia institucional es absolutamente dominante en la izquierda política partidaria, al punto que pudiera parecer que no muy tarde -y este es evidentemente el objetivo de la derecha- toda la izquierda partidaria será institucional. Además, a diferencia de los años setenta, en los mismos partidos socialdemócratas no existe el mínimo cuestionamiento o perplejidad sobre este punto. La gran novedad está en la magnitud y la intensidad del fenómeno, al punto que muchos -los políticos y politólogos del pensamiento único, convencidos o resignados- pretenden que sea el único camino, o por lo menos la sola izquierda posible.</p>
<p>El referente ideológico de esta izquierda institucional son los principios de la &#8220;Tercera vía&#8221; avanzada por Tony Blair y teorizada por el sociólogo Anthony Giddens (11). Aunque no todos los partidos socialdemócratas adopten in toto los planteamientos terceristas, éstos representan la versión más acabada del revisionismo socialdemócrata de fin de siglo.</p>
<p>Izquierda social</p>
<p>Paralelamente y en contraste con esta tendencia se desarrolla otra: la izquierda &#8220;social&#8221;. Esta izquierda nace desde abajo y concentra sus fuerzas en las prácticas sociales: en los movimientos sociales coyunturales, en las redes de solidaridad y de defensa de los derechos humanos y sociales, en ese espacio de potencial economía alternativa llamado &#8220;Tercer Sector&#8221;, en los Centros Sociales como en otras experiencias de autogestión y autorganización, en la cooperación, en múltiples iniciativas ciudadanas y en las universidades. Se encuentra también en nuevas experiencias sindicales o resiste y se reorganiza en los sindicatos existentes, aún cuando éstos estén sometidos a la ofensiva patronal y estén en retirada como espacios de aglutinación social (12). Las metáforas más utilizadas para describir este conjunto heterogéneo son las de archipiélago, constelación y red, lo que lleva una idea de dispersión pero al mismo tiempo de relacionamiento.</p>
<p>En este universo coexisten las concepciones y las formas de organización más diversas. Una primera distinción obliga a separar las iniciativas de mera solidaridad o caridad de las que, aunque se expresen de la misma forma, son propias de la &#8220;izquierda social&#8221;. Los criterios que definen la &#8220;izquierda social&#8221; tienen que ver con la cosmovisión de los militantes, con los objetivos y las modalidades de su hacer política en la sociedad.</p>
<p>La izquierda social insiste en la independencia del Estado y de los partidos, en una construcción de poder desde abajo. Es la izquierda que asumió la derrota de un proyecto político general y se retira en lo social para reconstruirse o simplemente para hacer algo útil. De hecho se pueden distinguir tres corrientes de pensamiento al interior de la múltiples iniciativas de resistencia y solidaridad que constituyen la galaxia de la izquierda social. Dos de ellas son extremas y mayoritarias: la que se guía por una pulsión ética sin tener algún proyecto político -porque lo abandonó o nunca lo tuvo- y el ultraradicalismo sectario y trasnochado, que busca reproducir artificialmente el momento revolucionario. La tercera, minoritaria, mantiene un horizonte político y una visión de acumulación de fuerza en el mediano-largo periodo. Es una izquierda de &#8220;movimiento&#8221; que busca conquistar &#8220;posiciones&#8221;, para usar categorías gramscianas: aprovecha los conflictos y fomenta el espíritu de lucha y al mismo tiempo acumula experiencias y va ocupando lentamente el espacio social. Una parte todavía más pequeña busca revertir la derrota ideológica, alimentar un pensamiento crítico y alternativo, recuperar el marxismo y sigue pensando en el socialismo como alternativa a la barbarie, aunque no desdeñe los movimientos locales o las reformas limitadas, sin caer en ilusiones sobre su alcance real en relación al sistema en general. Alrededor de estas posiciones se desarrolla el debate interno a la izquierda social, cuya preocupación fundamental es cuidar su independencia de las instituciones -incluidos los partidos de izquierda-, alimentar una serie de luchas revindicativas y obtener logros concretos.</p>
<p>Así que la izquierda social es mucho más dispersa que la institucional. Quizá porque sea la expresión más reciente o porque sea la más novedosa (en sus manifestaciones aunque no en su proyecto, que incluye la caridad cristiana como la revolución permanente). Probablemente la razón es porque es su característica. En eso residiría su aspecto más novedoso y tendríamos que aceptar, en esta etapa, la dispersión, la falta de coordinación y de proyección política de los movimientos sociales y las otras formas de resistencia popular. En Europa, como en América Latina, es una realidad que respiramos cotidianamente. Es una de las consecuencias de la derrota y más que lamentarse, o buscar modelos donde no hay, habría que entender las raíces históricas y sociales de esta fragmentación y tratar de recomponerla. A pesar de estas consideraciones en toda la izquierda mundial existe un debate sobre las características de las luchas sociales en la actualidad. Se enfrentan los que ven el principio de un nuevo ascenso de masas, los que no ven todavía terminada la fase defensiva y los que plantean un nuevo modelo de lucha social alrededor de pequeños núcleos permanentes que, en determinadas coyunturas y por cortos periodos, pueden encabezar movimientos masivos. La crisis de los partidos de masas, el flujo de la militancia y el activismo hacia otras formas de lucha pone un problema a la dicotomía politización-despolitización que ocupa el debate político y sociológico. Al interior de una tendencia general a la despolitización ciudadana, existen nuevas formas de politización y de participación activa -un nuevo perfil del militante- que hay que explorar y estudiar (13) En este sentido, hay que considerar que el abstencionismo creciente en Europa expresa un rechazo hacia los partidos y al modelo democrático vigente que no siempre tiene como corolario un retiro de la vida pública sino que a veces manifiesta una crítica consciente y activa. Gran parte de la izquierda social acaba votando por los partidos de izquierda pero otra parte importante -la más ideologizada- elige la abstención como manifestación crítica. Un viejo debate de los setenta que hoy asume nuevos tonos y nuevos argumentos.</p>
<p>Otro aspecto característico de la izquierda social es que generalmente se ubica en un nivel reivindicativo, despreciando el poder político. Avanza ideas de resistencia y por ello insiste en la dimensión de la organización social, en una lógica defensiva, no raras veces gremial. Aquí pesa el vacío ideológico, la ausencia de un proyecto de sociedad. De hecho, los dos pilares del programa máximo de la izquierda social, una economía solidaria y la autogestión, aunque dibujan seguramente una visión alternativa, en la práctica corren el riesgo de restringirse a una subcultura para pocos y de reducirse a crear &#8220;islas&#8221; funcionales para contener la inconformidad o justificar y compensar la retirada del poder público en determinadas áreas. También a ese nivel se distinguen posturas encontradas, entre los que aceptan la dimensión revindicativa como el único horizonte posible y los que piensan que es un punto de arranque, necesario a la reorganización social, al cual naturalmente sigue, por la lógica intrínseca de las reivindicaciones, la politización de estas luchas y el cuestionamiento de todo el sistema económico y social.</p>
<p>La izquierda social es un espacio en construcción, con características gelatinosas que hacen difícil su cabal definición. A pesar de estos límites, hay que reconocer no sólo su existencia sino su creciente protagonismo en las luchas sociales contemporáneas. Hay que observar que lo que más define a la izquierda hoy no es ni un estílo de gobierno ni un programa alternativo -que a lo mejor nos permitiría hoy hablar de cosas más tangibles- sino que izquierda es hoy sobretodo una sensibilidad, un amor a la justicia y la libertad. Recurso extremo para tiempos difíciles y de retirada pero garantía de supervivencia. Recurso que va a revitalizar a la izquierda, que la izquierda existente lo quiera o no.</p>
<p>¿Anomalías?</p>
<p>Una y otra visión de la izquierda son productos de la misma historia, respuestas distintas a la derrota del pasado y los retos del presente. Reproducen un debate clásico y lo extremizan. Más allá de episódicas convergencias y acciones conjuntas, producen una absurda división del trabajo, fomentando la separación y los espacios reservados. Así, dejan un vacío y reproducen la creciente fractura entre la política y la sociedad, que es uno de los grandes rasgos de este final de siglo, el siglo de la política de masas. En esta polarización se disuelven las mediaciones, los puentes entre lo social y lo político; se pierde la característica fundamental de la izquierda del siglo XX, que acompañaba la lucha por el poder político a la lucha por la construcción del poder desde abajo.</p>
<p>Existen algunas excepciones, que desgraciadamente acaban por confirmar las tendencias generales. No toda la izquierda partidaria se puede definir como &#8221; institucional&#8221; y algunos partidos tratan de llenar el vacío. Por ejemplo, para mencionar solamente los casos más importantes: el PRC italiano, que trata de combinar la lucha social con la lucha política y la presencia institucional, en el parlamento como en los gobiernos locales; o el caso de Izquierda Unida en España, que se ubica en la misma línea; o la alianza entre la Liga Comunista Revolucionaria y Lucha Obrera en Francia; o el Partido del Socialismo Democrático (PDS) alemán, para mencionar los casos más significativos.</p>
<p>Pero la realidad muestra que todos estos partidos, todos estos intentos de evitar la polarización, viven grandes dificultades: IU con su estruendosa caída electoral; el PRC con su aislamiento político; LO-LCR sin la certeza de poder ir más allá del capital obtenido durante un gobierno de izquierda; la PDS con el eterno duelo entre sus dos almas. Todos reciben apoyos importantes, pero oscilantes y precarios, que pueden aumentar a raíz del malestar social que se percibe en Europa, como pueden disminuir por el cansancio y la desilusión que acompañan el malestar. Por el momento no muestran tener una capacidad expansiva tal que les permita impulsar una alternativa real.</p>
<p>Así que lo que debería desmontar la tesis de la polarización, lamentablemente la confirma: entre izquierda institucional e izquierda social se ahonda la distancia.</p>
<p>Contratendencias</p>
<p>Existen, sin duda, algunas contratendencias significativas. Del lado &#8220;institucional&#8221; aflora una resistencia a la institucionalización de la izquierda, desde las bases como entre las corrientes más radicales al interior de varios partidos. Por ejemplo, el caso de la minoría de los Democráticos de Izquierda en Italia que, a pesar de no tener un grupo dirigente fuerte, supo canalizar el malestar de los militantes y presentó una moción crítica opuesta a la del secretario general Walter Veltroni en el reciente congreso de Turín (14). Lo mismo podría decirse de la actitud de los sindicatos en Alemania y del sentido de la salida de Lafontaine del gobierno de Schroeder. En relación a la candidatura independiente de Ken Livingstone -después del escándalo de la elección interna- es significativo que sea apoyada por Tony Benn, líder histórico de la izquierda del Labour, sin olvidar que hace no mucho Arthur Scargill, dirigente de los mineros, encabezó una escisión que resultó en la formación del Socialist Labour Party (15). Y los ejemplos de estas tensiones internas podrían multiplicarse, demostrando que la tendencia institucional va a encontrar obstáculos y suscitar conflictos al interior de muchos partidos.</p>
<p>Siempre a contratendencia de la institucionalización podríamos señalar el caso francés. Aquí, aún cuando se puede discutir el alcance reformador del gobierno de Jospin, la izquierda plurielle -Verdes-Mouvement des Citoyens-PCF-PS-Radicales- mantiene una vivacidad y un debate interno muy peculiar. Algunos ven en esta experiencia la primera señal de un reflujo hacia posiciones más a la izquierda, considerando en particular la trayectoria del Partido Socialista desde 1981 hasta la fecha, con el declino del mitterandismo. Los deslindes y las críticas de Jospin a las tesis de Blair y Giddens han sido claros, aunque no perfilan nada más que una reivindicación de principios.</p>
<p>Desde el lado de la izquierda social, la contratendencia más evidente y relevante es la politicización de muchas luchas sociales. Sin insistir en ejemplos, hay que subrayar como en la izquierda social se empezó a articular, desde el invierno francés a la lucha contra el AMI, desde Seattle pasando por la red en favor de la Tobin Tax (ATTAC), un incipiente movimiento internacional antineoliberal y crítico de la globalización capitalista en curso</p>
<p>A manera de conclusión</p>
<p>La polarización y las características señaladas para el caso europeo pueden extenderse a la izquierda latinoamericana con algunas salvedades. En primer lugar, la experiencia de gobierno de la izquierda europea contribuyó a acentuar sus rasgos &#8220;institucionales&#8221;, aunque estos se puedan formar y se conservan incluso en la oposición. Mientras en Europa la corrientes más radicales y movimientistas se encuentran fuera de los principales partidos, en muchas izquierdas latinoamericanas siguen en su interior. Un ejemplo muy significativo es el Partido de los Trabajadores brasileño, donde la izquierda interna logró más del 40% de los delegados en el reciente Congreso de Belo Horizonte, pero también en el FMLN y el Frente Amplio, para citar otros partidos en ascenso electoral. Aquí se mantienen algunos vínculos fundamentales y no simplemente instrumentales entre partidos y organizaciones sociales y entre lucha institucional y lucha social.</p>
<p>A pesar de esto, las tendencias parecen ser las mismas. Podemos suponer que es solamente cuestión de tiempo, pero lo único cierto hoy día es que los márgenes de maniobra para mantener unos partidos de izquierda con arraigo y vocación social son mayores. Podría ser esta una razón para pensar que la alternativa, como expresión política y como construcción social de largo aliento, pueda madurar antes en el sur del mundo, allá donde cualquier proceso de institucionalización flota entre las olas amenazadoras de océanos de exclusión.</p>
<p>Lo cierto es que, por el momento, la izquierda europea es arrastrada por opuestas derivas, entre la acomodación del tercerismo, la resignación desmovilizadora y la consolación ilusoria, que magnifica el significado de las contratendencias (16). La construcción de una alternativa de liberación pasa por la rearticulación entre izquierda política y social, que frene la institucionalización, la dispersión y formule un horizonte común, una utopía posible que permita caminar.</p>
<p>NOTAS</p>
<p>1 Algunos textos recientes tratan de reconstruir estas trayectorias, cfr., por ejemplo, Donald Sassoon, Cento anni di socialismo. La sinistra nell&#8217;Europa occidentale del XX secolo, Editori Riuniti, Roma, 1997; Aldo Agosti, Bandiere Rosse. Un profilo storico dei comunismi europei, Editori Riuniti, Roma, 1999.</p>
<p>2 Cfr., por ejemplo, Marco Revelli, La sinistra sociale, Bollati Boringhieri, Roma, 1997.</p>
<p>3 Esta tendencia &#8220;institucional&#8221; es señalada por Eugenio Del Rìo, el cual por su parte parece apostar a &#8220;otra izquierda&#8221; cuyo perfíl corresponde grosso modo a mi definición de izquierda social, pero Del Rìo no profundiza su análisis a nivel de categorías y no evidencia la polarización entre estas dos izquierdas. Del Río, Eugenio, La izquierda. Trayectoria en Europa occidental, Talasa, Madrid, 1999.</p>
<p>4 Cfr. José Eduardo Utzig, &#8220;La izquierda en los gobiernos locales: el caso de Porto Alegre&#8221; en Beatriz Stolowicz, Gobiernos de izquierda en América latina. El desafío del cambio, Plaza y Valdés, México, 1999, pp. 41-64.</p>
<p>5 Sobre el impacto de la intervención en Kosovo cfr. el libro de Daniel Bensaïd, Contes et légendes de la guerre éthique, Textuel, Paris, 1999.</p>
<p>6 Y cuantos Kohl debe de haber en varios partidos de izquierda, acuérdense de Craxi&#8230;</p>
<p>7 Según la expresión usada en los EE. UU.</p>
<p>8 Alexandre Bilous, &#8220;PCF: un partito in movimento&#8221; en La rivista del manifesto, n. 4, Roma, marzo de 2000 , pp. 38-43.</p>
<p>9 François Vercammen, &#8220;Ahora, el verde-liberalismo&#8221; en Viento Sur, Madrid, octubre 1999.</p>
<p>10 Joachim Hirsch , Globalización, capital y Estado, UAM, México, 1996; y &#8220;Adiós a la política&#8221; en Viento del Sur, núm. 16, México, julio 2000.</p>
<p>11 Anthony Giddens, La tercera vía. La renovación de la social democracia, Taurus, México, 1999; y el anterior Más allá de la izquierda y la derecha, Cátedra, Madrid, 1998. La versión política de la tercera vía aparece en el documento conjunto Blair-Schroeder, &#8220;Europa: la tercera vía/el nuevo centro&#8221; en Memoria, n. 126, México, agosto 1999, pp. 5-13.</p>
<p>12 Existen muy pocas investigaciones sobre la &#8220;izquierda social&#8221; que retraten sus múltiples facetas, mientras abundan estudios de casos espécificos. Una excepción es el libro de Jean Christophe Brochier y Hervé Delouche, Les nouveaux sans-culottes, Grasset, París, 2000, que ofrece un panorama de la izquierda social francesa, una de las más organizadas y activas del viejo continente.</p>
<p>13 Rossana Rossanda, &#8220;Il militante del novecento&#8221; en La rivista del manifesto, n. 4, marzo 2000, pp. 6-8.</p>
<p>14 &#8220;Per un partito di Sinistra, per una coalizione riformatrice, per rinnovare i valori del socialismo europeo&#8221;, mimeo. Sobre este importante congreso, cfr. Lucio Magri, &#8220;Una resistibile discesa&#8221;, en La rivista del manifesto, n. 1, Roma, diciembre de 1999, pp. 4-9; Guido Moltedo, &#8220;DS: Immagini dal basso&#8221;, ibid. pp. 55-60; Riccardo Terzi, &#8220;La sinistra e il congresso dei DS&#8221; en Critica Marxista, n. 6, Roma, noviembre-diciembre 1999, pp. 7-11. La izquierda de los DS anima también una asociación plural que se propone reagrupar a distintas corrientes dentro y fuera del binomio DS-PRC: la Asociación para la Renovación de la Izquierda (ARS), &#8220;Ridare senso alla sinistra&#8221;, idid., pp. 43-58.</p>
<p>15 Se escribió mucho sobre Blair y el Labour, entre los artículo más recientes: Keith Dixon, &#8220;Dans les soutes du « blairisme »&#8221; en Le Monde Diplomatique, Paris, enero 2000; Verónica Faganand, &#8220;Ken Livingstone ¿el rojo?&#8221; en Viento Sur, Madrid, mayo 2000; Tariq Alí, &#8220;Blair: el Clinton inglés&#8221;, idib.; del mismo autor, &#8220;Quant&#8217;é nuovo Tony Blair&#8221; en La rivista del manifesto, n. 2, Roma, enero 2000, pp. 22-26; Ken Coates, &#8220;Le spine di Blair&#8221; en La rivista del manifesto, n. 5, Roma, abril 2000, pp. 23-28.</p>
<p>16 Actitudes señaladas por Perry Anderson en el editorial que abre la nueva época de la New Left Review, Perry Anderson, &#8220;Renewals&#8221; en New Left Review, Londres, n. 1, enero-febrero 2000, pp. 5-24. En la consolación, lo sobrestimación de la reacción izquierdista al neoliberalismo cae, desde una visión latinoamericana, un importante intelectual crítico norte-americano James Petras , La izquierda contrataca. Lucha de clases en América Latina en el neoliberalismo, Akal, Madrid, 2000.<br />
 </p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Después de ganar la guerra]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/03/11/despues-de-ganar-la-guerra/</link>
<pubDate>Tue, 11 Mar 2008 15:28:35 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
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<description><![CDATA[Por: Eric Hobsbawm Publicado en la revista “América Libre” Para aquéllos con buena memoria y una com]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: Eric Hobsbawm<br />
Publicado en la revista “América Libre”<!--more--></p>
<p>Para aquéllos con buena memoria y una comprensión de la historia y de las ambiciones de imperios previos-y de su inevitable declinación-resulta familiar, aunque sin precedentes. la conducta actual de los Estados Unidos.</p>
<p>Llevará a la militarización de los EEUU, a la desestabilización del Medio Oriente y al empobrecimiento, en todos los conceptos, del resto del mundo.</p>
<p>La presente situación mundial casi no tiene precedentes. Los grandes imperios globales que se habían visto antes, tales como el español, de los siglos XVI y XVII, y notablemente el Imperio británico de los siglos XIX y XX, tienen poco que comparar con lo que vemos hoy en el Imperio de los EEUU. El estado actual de globalización no tiene precedentes en su integración, su tecnología y su política.</p>
<p>Vivimos en un mundo tan integrado, en donde las operaciones ordinarias están tan atadas unas con otras, que hay consecuencias casi inmediatas a cualquier interrupción.-Por ejemplo, el SARS, que en pocos días llegó a ser un fenómeno global, y que partió de algún lugar desconocido de China. Siguió la interrupción del sistema mundial de transportes, de reuniones e instituciones internacionales, de mercados globales y aún de la economías completas, y todo esto sucedió con una rapidez inconcebible en períodos anteriores.</p>
<p>Está el enorme poder de una tecnología constantemente revolucionada en la economía, y sobre todo, en la fuerza militar. En los asuntos militares la tecnología es más decisiva que nunca. El poder politico a escala global, requiere hoy del dominio de esta tecnología, combinándose con un estado extremadamente grande. Previamente el problema del porte no era relevante: Gran Bretaña, que controló el imperio más grande de su época, era para los estandards del siglo XVIII y XIX, sólo un estado mediano. Holanda, en el siglo XVII, estado del porte de Suiza, llegó a ser un actor global. Hoy es inconcebible que cualquier estado, a menos que sea un gigante-por rico y tecnológicamente avanzado que sea-pueda llegar a ser un poder global.</p>
<p>Esta la naturaleza compleja de la política de hoy. Nuestra época todavía es una de estados-naciones-el único aspecto en donde la globalización no funciona. Pero es un tipo de estado muy peculiar, donde casi cada uno de sus habitantes ordinarios tiene un papel importante.. Antes quienes decidían gobernaban sin importarles lo que pensara el grueso de la población. Y a los finales del siglo XIX y comienzos del XX, los gobiernos podían confiar en la movilización de sus pueblos, algo que hoy, visto en retrospectiva es casi inconcebible. Lo que los pueblos piensen o estén dispuestos a hacer, está hoy más dirigida por ellos mismos, que lo que fue antes..</p>
<p>Una novedad clave del proyecto imperial de los EEUU es que todos los poderes e imperios anteriores sabían que no eran únicos, y que ninguno aspiró a la dominación global. Ninguno se creía invulnerable, aún cuando pudieron imaginar que ocupaban una posición central en el mundo-como fue el caso de China, o del imperio romano en su climax. La dominación regional era el peligro máximo percibido por el sistema de relaciones internacionales bajo el que vivió el mundo hasta el fin de la Guerra fría.. Una extensión global, que llegó a ser posible desde 1492, no podía confundirse con la dominación global.</p>
<p>El imperio británico en el siglo XIX, fue el único que realmente fue global en el sentido que oparaba a través de todo el planeta, en una extension que puede ponerse como un precedente posible al imperio americano. Los rusos, en el período comunista, soñaron con un mundo transformado, pero sabían bien, aún en la cumbre del poder de la Unión Soviética, que la dominación mundial era algo que estaba más allá de ellos, y al contrario de la retórica de la guerra fría, ellos nunca intentaron seriamente tal dominación.</p>
<p>Pero las diferencias entre las ambiciones de los EEUU y las que tuviera la Gran Bretaña de hace más de un siglo, son fuertes. EEUU es un país físicamente muy vasto con una de las más grandes poblaciones del globo, y que aún (a diferencia de la Unión Europea) crece debido a una inmigración sin límites. Hay diferencias de estilo. El imperio británico en su climax, ocupaba y administraba la cuarta parte de la superficie del globo (1), EEUU nunca ha practicado el colonialismo, excepto muy brevemente durante la moda internacional establecida por el imperialismo colonial a fines del siglo XIX y a principios del XX. En vez, EEUU ha operado con estados dependientes y satélites, sobre todo en el Hemisferio Occidental, en donde prácticamente no tiene competidores. Al revés de Gran Bretaña, desarrolló allí, en el siglo XX, una política de intervenciones militares.</p>
<p>Dado que el arma decisiva de los imperios mundiales fue la fuerza naval, el imperio británico ocupó bases marítimas y estaciones estratégicamente importantes en todo el mundo. Es por eso que en Gibraltar, en Santa Helena y en las Islas Falkland ondeaba y todavía ondea la Union Jack. Fuera del pacífico EEUU solo precisó de estas bases después de 1941, pero eso lo hizo solo de acuerdo con lo que podría haberse llamado la “coallition of the willings”. Hoy día la situación es diferente.. EEUU ha llegado a darse cuenta de la necesidad de controlar directamente un gran número de bases militares, o continuar controlándolas indirectamente.</p>
<p>Hay importantes diferencias en la estructura e ideología del estado doméstico. El imperio británico tenía un propósito universal, sino británico, aún cuando, por supuesto, sus propagandistas también vocearon algunos motivos más altruistas. Así, la abolición del comercio de esclavos, fue usada para justificar el poder naval británico, como hoy se usan los derechos humanos para justificar el poder militar norteamericano.. Por su parte, lEEUU, como la Francia revolucionaria y la Rusia revolucionaria, es un gran poder basado en una revolución universalista, y por eso se sostiene en la idea de que el resto del mundo deberá seguir su ejemplo, o bien, que está llamado a ayudar al resto del mundo a liberarse. Pocas cosas son tan peligrosas como un imperio que persigue su interés en la creencia de que al hacerlo le hace un favor a la humanidad.</p>
<p>La diferencia básica está en que el imperio británico, aunque global (y en algunos sentidos quizás más global que el de los EEUU ahora, ya que entonces controlaba los océanos en una extension como ningún país ahora controla los cielos), no tenía como objetivo el poder global o aún militar o el poder politico terrestre en regiones como Europa o América. El imperio perseguía los intereses británicos básicos, que eran sus intereses económicos, con la menor interferencia posible. Siempre estuvo consciente de las limitaciones del porte y de los recursos de Gran Bretaña. Y después de 1918 llegó a estar todavía más consciente de su decadencia imperial.</p>
<p>Pero el imperio de Gran Bretaña, la primera nación industrial, trabajó con un trocito de la globalización que el desarrollo de la economía británica hizo tanto por hacer avanzar. El imperio británico fue un sistema de comercio internacional en el que, a medida que se desarrollaba la industria en Gran Bretaña, esencialmente ésta descansaba en la exportación de manufacturas a los países menos desarrollados. A cambio, Gran Bretaña llegó a ser el más grande Mercado de productos primarios del mundo (2). Cuando dejó de ser la fábrica del mundo, se transformo en el centro del sistema financiero global.</p>
<p>No sucede así con la economía de EEUU. Ésta se mantiene a través de la protección de las industrias nativas, contra la competencia externa, en un mercado potencialmente gigantesco, lo que viene a constituir un elemento poderoso de la política de EEUU. Cuando la industria de EEUU llega a ser globalmente dominante, el libre comercio le calza, como le calzó a Gran Bretaña. Pero una de las debilidades del imperio norteamericano del siglo XXI es que en el mundo industrializado de hoy , la economía de EEUU no es la dominante (3). Lo que EEUU importa en grandes cantidades son manufacturas del resto del mundo, y contra esto, la reacción tanto de los negocios como de los votantes, es proteccionista. Hay una contradicción entre la ideología de un mundo dominado por el libre mercado de EEUU, y los intereses políticos de importantes elementos dentro de los EEUU, que se sienten debilitados por ella.</p>
<p>Una de las pocas maneras como esta debilidad puede ser superada es mediante la expansión del comercio de armas. Esta es otra diferencia entre el imperio norteamericano y el inglés. Especialmente desde la Segunda Guerra Mundial, ha habido un extraordinario grado de constante armamento en lEEUU, en tiempos de paz, que no tiene precedentes en la historia moderna. Ahí puede estar la razón de la preponderancia adquirida por lo que Dwight Eisenhower llamó “el complejo militar-industrial”. Durante 40 años, durante la guerra fría, ambos lados hablaron y actuaron como si hubiera una guerra efectiva o como ganarla. El imperio británico encontró su zenith en el curso de un siglo sin guerras internacionales mayores, de 1815 a 1914. Todavía más, a pesar de la evidente desproporción entre los EEUU y el poder soviético, este ímpetu de crecimiento de la industria de armamento en EEUU ,llegó a ser más fuerte antes del final de la guerra fría, y continuó así desde entonces.</p>
<p>La guerra fría transformó a los EEUU en el hegemon del mundo occidental. Pero así y todo, esto fue como cabeza de una alianza. No había ilusiones acerca de lo relativo del poder. El poder estaba en Washington y en ninguna otra parte. Entonces, Europa reconocía la lógica de un imperio mundial de EEUU, mientras que hoy el gobierno de Estados Unidos reacciona ante el hecho de que el imperio de EEUU y sus objetivos no son ya genuinamente aceptados.</p>
<p>No hay una “coallition of the willing”. En los hechos la política actual de los EEUU es la más impopular que haya tenido gobierno norteamericano alguno, quizás más impopular que la que haya sido antes la política de cualquier otro gran poder.</p>
<p>Los americanos dirigieron a la alianza occidental con el grado de cortesía tradicional en los asuntos internacionales, al menos porque los europeos estarían en la primera línea del frente contra los ejércitos soviéticos, pero esta alianza fue soldada permanentemente a una dependencia con respecto a la tecnología militar de EEUU. Los americanos se opusieron constantemente a un potencial militar independiente en Europa. Las raíces de la larga fricción entre los americanos y los franceses, desde los tiempos de De Gaulle, están en el rechazo francés a aceptar cualquier alianza eterna entre estados, y en su insistencia en mantener un potencial independiente para producir equipo militar de alta tecnología. Pero, con todo, la alianza fue, a pesar de tiranteces, una “coalition of the willing”.</p>
<p>Efectivamente, el colapso de la Unión Soviética dejó a los Estados Unidos como el único superpoder, que ningún otro poder podía o quería desafiar.. La emergencia repentina de un combatiente extraordinario y cruel, ostentoso del poder de EEUU, resulta difícil de entender, toda vez que no calza con las políticas imperiales probadas y desarrolladas durante la guerra fría, ni con los intereses de la economía de EEUU. Las políticas que se han impuesto recientemente en Washington les parecen a todos los de afuera tan locas que se les hace difícil entender qué es lo que se pretende realmente. Pero patentemente una afirmación pública de supremacia global mediante la fuerza militar, es lo que tendría en la cabeza la gente en posición dominante, o al menos casi dominantes, la que decide en Washington.. Su propósito permanece nebuloso.</p>
<p>Es posible que tenga éxito? El mundo es demasiado complicado para que cualquier estado solitario lo domine. Y con excepción de su superioridad en armas de alta tecnología, los EEUU descansa en un potencial de recursos disminuido o en disminución. Su economía, aunque grande, es una proporción en constante disminución de la economía global. Es vulnerable al corto y al largo plazo. Imaginen que mañana la OPEC dedida colocar todos sus bonos en euros en vez de dólares.</p>
<p>Aún cuando los EEUU mantiene algunas ventajas políticas, en los últimos 18 meses ha tirado la mayor parte de ellas por la ventana. Quedan los recursos menores de la dominación cultural americana, y el idioma inglés&#8230; Pero el recurso más importante del proyecto americano por el momento es el militar. El imperio americano está más allá de toda competencia en el lado militar, y es bien posible que siga así en el futuro previsible. Pero eso no significa que esto sea absolutamente decisivo, sólo porque es decisivo en guerras localizadas. Pero para fines prácticos, no hay nadie, ni siquiera los chinos que pueda dar alcance a la tecnología norteamericana. Pero aquí será necesario hacer algunas cuidadosas consideraciones sobre los límites de la superioridad tecnológica.</p>
<p>Por supuesto, los americanos no pretenden ocupar el mundo entero. Lo que quieren hacer es ir a la guerra, dejar detrás algunos gobiernos amistosos y regresar a casa. Esto no funcionará. En términos militares, la guerra de Irak fue muy exitosa. Pero, ya que fue puramente militar, descuidó qué hacer al ocupar un país -gobernarlo, mantenerlo, como lo hicieron los británicos con su colonia en la India. La “democracia” modelo que los americanos quieren ofrecer al mundo con Irak es un no-modelo, irrelevante para este propósito. La creencia de que EEUU no necesita de aliados genuinos entre los otros estados, o de un apoyo popular genuino en los países que sus militares estarán conquistando (pero que no pueden administrar efectivamente) es fantasía.</p>
<p>La guerra en Irak fue un ejemplo de la frivolidad del gobierno de EEUU. Irak fue un país que ha sido derrotado por los americanos y que rehusó someterse; un país tan débil que podría ser fácil derrotarlo de nuevo. Sucede que tiene recursos -petróleo-pero la guerra fue un ejercicio para demostrar poder internacional. La política de que hablan los locos de Washington, sobre una reformulación completa del Medio Oriente, carece de sentido. Si su objetivo es echar abajo el régimen de los Saudis, ¿qué están planeando en su reemplazo?</p>
<p>Si fueran serios en eso de cambiar el Medio Oriente, sabemos que lo único que tendrían que hacer es apoyarse en los israelitas. Bus padre se preparaba para eso, pero el actual habitante de la Casa Blanca , no. En vez, su administración ha destruido a uno de los dos gobiernos seculares en el Medio Oriente, y sueña en dirigirse contra el otro, Siria.</p>
<p>El vacío de la política es claro, desde el modo como los objetivos han sido explicados en términos de relaciones públicas. Frases como “el eje del mal”, o “el mapa carretero”, no son planteamientos politicos, sino ladridos que acumulan su propio potencial político. El sobrecogedor “newspeak” que ha empantanado al mundo en los pasados 18 meses, es la indicación de la ausencia de una política real. Bush no hace política sino actuación de escenario. Funcionarios como Richard Perle y Paul Wolfowitz hablan como Rambo tanto en público como en privado. Todo lo que cuenta es el aplastante poder de los EEUU. En términos reales eso significa que EEUU puede invadir a cualquiera que sea suficientemente pequeño, y a quien pueda vencer rápidamente. Esto no es una política. Ni funcionará . Las consecuencias de esto para los EEUU van a ser si muy peligrosas. Domésticamente, el peligro para un país que tiene como objetivo el control mundial, esencialmente por medios militares, es el peligro de la militarización. El peligro de esto ha sido seriamente subestimado.</p>
<p>Internacionalmente, el peligro es la desestabilización del mundo. El Medio Oriente es ya un ejemplo de esta desestabilización-mucho más inestable ahora de lo que estaba hace 5 o 10 años atrás. La política de EEUU debilita todos los arreglos alternativos, fornmales o informales, para mantener el orden. En Europa EEUU ha hecho naufragar a la NATO-no por accidente, sino por el trasvesti de hacer que la NATO sea una policía militar mundial para los EEUU. Ha saboteado deliberadamente a la Unión Europea, y también sistemáticamente ha tratado de arruinar otro de los grandes logros mundiales desde 1945, estados de bienestar social prósperos y democráticos. La crisis de credibilidad de los EEUU ampliamente percibida es un drama menor, desde que las naciones Unidas nunca han sido capaces de operar dada su total dependencia del Consejo de Seguridad y del uso que hace EEUU de su veto.</p>
<p>¿Cómo el mundo habrá de controlar-y contener-a EEUU? Algunos, que ven que no tienen el poder de oponérsele, prefieren juntarse con él. Más peligriosas son esas gentes que detestan la ideología que está detrás del Pentágono, pero apoyan los proyectos de los EEUU , sobre la base de que en el curso de su avance, eliminarán algunas injusticias locales y regionales. Esto podría llamarse un imperialismo de los derechos humanos. Se estimuló esto tras el fracaso de Europa en los Balcanes en los 1990s. la división de la opinión sobre la guerra de Irak mostró que había una minoría de intelectuales influyentes, entre los que se incluían Michael Ignatieff en los EEUU y Bernard Kouchner en Francia, que estaban preparados para respaldar la intervención pues creían era necesaria para contar con una fuerza ordenadora de los males del mundo. Pudiera alegarse favorablemente que hay gobiernos tan malos que su desaparición pudiera ser una ganancia neta para el mundo. Pero nunca esto puede justificar el peligro de crear un poder mundial que no está interesado en un mundo que no entiende, pero que si es capaz de intervenir decisivamente con fuerzas armadas donde quiera que alguien haga algo que a Washington no le gusta.</p>
<p>Sobre estos antecedentes deberíamos juzgar la creciente presión de la media-ya que en un mundo en donde la opinión pública es tan importante, está también fuertemente manipulada(4). Se hicieron intentos en la Guerra del Golfo (1990-91) , para evitar la situación de Vietnam, para no permitir a los medios accesos cercanos a la acción. Pero esto no funcionó, ya que había medios como CNN, en ese momento en Bagdad, reportando informando de hechos que no encajaban con la historia que Washington quería contar. Esta vez, en la guerra de Irak, el control tampoco funcionó, de modo que la tendencia ahora será encontrar caminos más efectivos. Esto puede tomar la forma del control directo, o la forma última del control tecnológico, pero la combinación entre gobierno y propietarios monopólicos podrá ser usada con mejores efectos que con Fox News (5) o Silvio Berlusconi en Italia.</p>
<p>Cuánto durará la presente superioridad de los americanos, es algo imposible de establecer.</p>
<p>Lo único en que los historiadores podemos estar absolutamente seguros es que el aliado histórico será un fenómeno temporal, como todos los otros imperios que han sido. En el curso de nuestra vida hemos visto el fin de los imperios coloniales, el fin del llamado Imperio de 1000 años de los alemanes, que apenas duró 12 años, el fin del sueño de revolución mundial de la Unión Soviética.</p>
<p>Hay razones internas para que el imperio de EEUU no dure, la más inmediata está en que la mayoría de los americanos no están interesados en el imperialismo ni en la dominación mundial, en el sentido de estar gobernando al mundo. De lo que si se interesan es en lo que ocurrirá con ellos dentro de los EEUU. Es tal la debilidad de la economía de los EEUU, que en algún momento tanto el gobierno como los electores decidirán que es más importante concentrarse en la economía que en seguir llevando adelante aventuras militares en el extranjero (6). Sobre todo cuando estas intervenciones militares han de ser pagadas en su gran extension por los mismos americanos, como no ocurrió en el caso de la Guerra del Golfo, y ni siquiera en una gran extensión de la guerra fría.</p>
<p>Desde 1997-1998, hemos estado viviendo en una crisis de la economía mundial. Esta no va a colapsar, pero de todos modos hará improbable que los EEUU puedan llevar a cabo sus ambiciones en los asuntos internacionales, cuando tienen tan serios problemas en casa. Aún para los estandards de negocios locales, Bush carece de una política económica para los EEUU. Y la política internacional de Bush no es particularmente racional para los intereses imperiales de los EEUU-y no, en absoluto, para los intereses del capitalismo de EEUU. De ahí la división de opiniones en el gobierno de EEUU.</p>
<p>El problema clave ahora es, ¿qué es lo que hará ahora EEUU, y cómo reaccionarán los demás países? ¿Algunos países -como Gran Bretaña -el único miembro genuino de la coalición-continuarán apoyando todo lo que esté en los planes de EEUU? Sus gobiernos deberán indicar que hay límites en lo que los americanos pueden hacer con su poder. La contribución más positiva hasta ahora ha sido hecha por los turcos, al decir tan simplemente que hay cosas para los que no estaban preparados, aún cuando deberían pagar por ello. Al momento la mayor preocupación es, si no se le puede contener-a cualquier costo, educar al menos y reeducar a los EEUU.</p>
<p>Hubo un tiempos en que el imperio de EEUU reconocía limitaciones, o al menos lo deseable de conducirse como si las tuviera.</p>
<p>Esto ocurría, ampliamente, por la sencilla razón de que EEUU tenía miedo de alguien-de la Unión Soviética. En la ausencia de esta clase de miedo, la conciencia de su autointerés y la educación pudieran tomar su lugar.</p>
<p>Edited by Victoria Brittain</p>
<p>Traducción: Federico García</p>
<p>________________________________________________<br />
* Eric Hobsbawm es historiador; entre sus obras Age of Extremes:</p>
<p>The Shorter 20th: 1914-1991 (Michael Joseph, London, 1994, paperback by Abacus, London, 1995)</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Ideología. Una introducción]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/03/11/ideologia-una-introduccion/</link>
<pubDate>Tue, 11 Mar 2008 10:53:10 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
<guid>http://hernanmontecinos.com/2008/03/11/ideologia-una-introduccion/</guid>
<description><![CDATA[Por: Salvador López Arnal Fuente: Diario “La Insignia”. (España, febrero del 2006). Sobre un texto  ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: Salvador López Arnal<br />
Fuente: Diario “La Insignia”. (España, febrero del 2006).<!--more--></p>
<p>Sobre un texto  Terry Eagleton, Editorial Paidós. Barcelona (España), 2005. 293 páginas. (Traducción de Jorge Vigil Rubio)</p>
<p>Ideología de Eagleton se abre con dos breves textos de Rorty de Contingencia, ironía y solidaridad. El segundo de ellos dice así: &#8220;Sobre la inutilidad de la noción de &#8220;ideología&#8221; véase la obra de Raymond Geuss, The Idea of a Critical Theory. Este ensayo, este deslumbrante ensayo del autor de Después de la teoría, puede leerse como un documentado intento de discutir la (satisfecha) tesis de Rorty sobre la inutilidad de este concepto, a pesar de que también él reconoce las bondades de este ensayo: &#8220;un estudio particularmente elegante y riguroso sobre el tema, con especial referencia a la escuela de Frankfurt&#8221; (p. 285).</p>
<p>Si el ser se dice de numerosas maneras, la noción de ideología no habla con menos registros. Ideología, como es sabido, es una noción particularmente polisémica. Eagleton da una lista con dieciséis significados (pp. 19-20), no todos ellos internamente consistentes. La categoría jugó un papel central en algunas discusiones del marxismo de los años sesenta y setenta. Autores como George Lichtheim, Adolfo Sánchez Vázquez o Raymond Williams, entre muchos otros, desde diferentes perspectivas y con resultados diversos, se aproximaron a esta noción. La crítica a las ideologías fue central en la filosofía de Althusser y en su defensa del carácter científico del marxismo maduro. Pero también en otras tradiciones la noción sobrevoló con frecuencia: en los intentos de Popper de delimitar la ciencia natural frente a teorías formales, metafísicas o bien frente a criticadas concepciones pseudocientíficas (acaso, ideológicas), o en la insistencia de Kuhn en el papel de los aspectos valorativos, culturales, acaso ideológicos, en los momentos de crisis, de revolución científica y de irrupción e instauración de nuevos paradigmas.</p>
<p>Que aquellas discusiones no siempre tuvieron una deseable precisión conceptual es cosa admitida; que la situación planteaba algunas aristas paradójicas a las propias tradiciones emancipatorias no fue tampoco asunto ignorado. Se pretendía, por una parte, construir teoría, no repetir litúrgicamente citas de clásicos, intervenir políticamente de forma informada, alejada de ideologismos o presupuestos poco analizados, pero, por otra parte, se sostenía la necesidad del compromiso político, de la pulsión y debate ideológicos, del humanismo con valores normativos, frente a concepciones tecnocráticas bien instaladas que, previamente al reiterado final de la historia, proclamaban gozosas el anhelado fin de las ideologías (que solía ser, eso sí, el feliz entierro de las ideologías adversas) y el indiscutible triunfo de lo único posible, del saber tecnocrático, que coincidía básicamente con las líneas, intereses, valores y reflexiones afines a los círculos mejor instalados. De ahí la sabia recomendación de Eagleton: la medida en que se está dispuesto a utilizar el término &#8220;ideología&#8221; en relación con las propias ideas políticas es un índice fiable de la naturaleza de la ideología política, atendible o no, de cada uno (p. 25).</p>
<p>¿Tiene sentido después de todo ello aproximarse a este concepto con alguna utilidad teórico-práctica, con alguna posibilidad de ganancia conceptual? ¿Puede aún servirnos esta noción? ¿No ha proclamado reiteradamente la misma izquierda la caducidad de esta categoría? ¿No condenamos por ideológicas las creencias asociadas al neoliberalismo omnimercantil o a &#8220;la teoría&#8221; del diseño inteligente? ¿Las teorías postmodernistas no han insistido acaso en la coincidencia del fin de la modernidad y del final de las ideologías? Este es precisamente uno de los temas centrales del ensayo de Eagleton: la explicación de esta paradoja, mostrar por qué en un mundo atormentado por conflictos ideológicos la noción misma de ideología se ha evaporado sin dejar huella en los escritos postmodernos y postestructuralistas, con la diferencia de que la vieja ideología del final de las ideologías era netamente de derechas (con una difícil intersección con la concepción marxiana y marxista de la ideología como falsa consciencia) y que, en cambio, el rechazo postmoderno adquiere en ocasiones tintes radicales. Eagleton responde a estas cuestiones en este ensayo que estructura en apartados como los siguientes: a) ¿Qué es la ideología? b) De la Ilustración a la segunda internacional. c) De Lukács a Gramsci. d) Discurso e ideología. Combina, pues, precisas discusiones analíticas y rigurosas miradas históricas a un tiempo: Ideología no es tan sólo una aproximación al devenir de este concepto sino una atenta mirada, lleva de matices y de ideas novedosas, sobre grandes debates de las últimas décadas del XX. Si se quiere una prueba concluyente del modélico hacer de Eagleton, basta mirar atentamente las páginas 42 y ss que dedica a las posiciones de Louis Althusser en este campo.</p>
<p>Hay varias presuposiciones (sin duda, ideológicas) en esta recomendación de Ideología. Confesaré una de ellas: este reseñador tiene predilección por ensayos que se enfrentan a sesudos asuntos filosófico-políticos, como sin duda es éste, y lo hacen con pertinentes descensos terrenales. Así, Eagleton señala de entrada que la consabida consideración de ideología como un conjunto particularmente rígido de ideas no se puede mantener por la simple razón de que no todos los conjuntos rígidos de ideas son ideológicos. El ejemplo es del propio autor: &#8220;Yo puedo tener ideas inflexibles poco comunes acerca de cómo cepillarme los dientes, sometiendo a cada uno de mis dientes a un número exacto de cepillados y utilizando sólo cepillos de dientes de color malva, pero seria extraño, en cualquier caso, llamar ideológica tal postura&#8221; (p. 24). Para Eagleton, algo más en serio, la fuerza del término reside en su capacidad para discriminar entre aquellas luchas por el poder que son de alguna manera centrales a toda forma de vida social y aquellas que no lo son.</p>
<p>Las conclusiones del ensayo está sucintamente expuestas en las páginas 281-284. Como, una vez más, lo decisivo no es la meta sino el camino hacia ella, no me resisto a dar aquí un pequeño adelanto:</p>
<p>1. La visión racionalista de las ideologías como sistemas de creencias conscientes y articulados es insuficiente, porque &#8220;pasa por alto las dimensiones afectiva, inconsciente, mítica, simbólica de la ideología&#8221;, pero ello no implica que las ideologías carezcan de un importante contenido proposicional o que proposiciones como las que formulan no puedan valorarse semánticamente.</p>
<p>2. Gran parte de las afirmaciones que sostienen las ideologías son verdaderas, dado que serían ineficaces en caso contrario, pero contienen también enunciados falsos: no por una cualidad inherente sino por su frecuente intento de ratificar y legitimar sistemas políticos injustos y opresivos.</p>
<p>3. La concepción sociológica que señala que la ideología es el cemento de una formación social, o una proyección cognitiva que orienta a sus agentes a la acción, tiene un efecto despolitizador, vaciando al concepto de todo conflicto y contradicción. La ideología nunca es mero efecto expresivo de intereses sociales objetivos, aunque tampoco todos los significantes ideológicos son independientes de estos intereses. La ideología contribuye a la constitución de intereses sociales, no sólo refleja pasivamente posiciones dadas de antemano.</p>
<p>4. Las ideologías no son entidades ultramundanas. Todo lo contrario: la ideología suele ser una fuerza social que constituye a los sujetos humanos en la raíz de su experiencia vivida y les dota de formas de valor y creencia relevantes para sus tareas sociales y para la reproducción del orden social.</p>
<p>5. No se impone fácilmente el optimismo en relación a la forma de rebajar la letal presión de las ideologías. El ámbito donde estas formas de conciencia pueden transformarse muy rápidamente es en la lucha política: cuando en un determinado lugar, de forma aparentemente modesta y local, algunos ciudadanos se ven llevados a una confrontación directa con el poder del Estado e instituciones dominadoras, su conciencia política puede modificarse de manera irreversible y definitiva. ¿Qué valor tiene entonces la teoría de la ideología? Contribuir a iluminar el proceso por el que puede llevarse a cabo en la práctica esta liberación respecto de creencias que versan, frecuentemente, sobre la muerte.</p>
<p>La traducción de Jorge Vigil Rubio hace justicia al texto de Eagleton. Tres breves comentarios: a) &#8220;performativo&#8221; acaso sería una palabra que deberíamos evitar en la lengua castellana. b) Hay un &#8220;sino&#8221; que falta en la página 23 (&#8220;Esto, como el lector advierte, no es en sí mismo &#8230; un punto de vista ideológico&#8221;). c) Hay una errata de &#8220;suprimidos&#8221; por &#8220;oprimidos&#8221; en &#8220;De hecho, la mayoría de los pueblos suprimidos a lo largo de la historia no han concedido de manera patente este crédito a sus gobernantes&#8230;&#8221; (p. 60) y un &#8220;reducible por &#8220;irreducible&#8221; en &#8220;La estructura del fetichismo de la mercancía es igualmente reducible a la psicología del sujeto humano&#8221; (p. 283).</p>
<p>En síntesis: si al igual que a este reseñador compungido, a alguno de ustedes les faltó tiempo o información y no leyó en su momento (original inglés, Verso, 1995; primera traducción castellana, 1997) este deslumbrante trabajo de Eagleton, no tengan duda alguna: regálenselo, no se arrepentirán se lo aseguro. Merece ser un clásico (y esto no es un sólo una creencia ideológica).<br />
 <br />
 </p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[La mirada burguesa]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/03/11/la-mirada-burguesa/</link>
<pubDate>Tue, 11 Mar 2008 10:43:21 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
<guid>http://hernanmontecinos.com/2008/03/11/la-mirada-burguesa/</guid>
<description><![CDATA[Por: María Toledano Fuente: Rebelión (20.11.04) La burguesía, desde su constitución simbólica como c]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: María Toledano<br />
Fuente: Rebelión (20.11.04)<!--more--></p>
<p>La burguesía, desde su constitución simbólica como clase social y su desde constitución (real/material) como clase dominante consolidada gracias a las variantes reaccionarias surgidas de la revolución francesa, ha construido un mundo de ilusiones tecnológicas y papel-moneda; capiteles y frisos de Delfos, cubiertos para el pescado y créditos; explotación de lo considerado inferior y elegancia natural; infusiones, exposiciones universales, derridianas tortillas que se deconstruyen (a sí mismas) y colonialismo (imperialismo) con su legislación comparada y su tráfico de esclavos correspondiente. Esta forma (burguesa) de definir y explicar el mundo conlleva, como no podía ser de otra forma, una manera de ver, de mirar: un punto de vista definitivo y causal sobre la realidad (delimitada por su propia percepción de lo existente). Este punto de vista es un lugar solitario, elevado y tranquilo (sic), un claro del bosque dominado por el silencio (por utilizar -no sin cierta ironía- metáforas burguesas hijas del literario pensar de Heidegger o Zambrano), desde el cual, el aire que se respira es más puro, las casas que se ven a los lejos son más confortables, las vacas suizas o normandas pastan en concordia con la naturaleza y una reflexión liviana (sofisticada) sobre el volumen de un vestido pintado por Tiziano o Rembrant permite entrar -sin más peaje que el reconocimiento por la comunidad que participa de esos ritos- en el paraíso del buen gusto, en el territorio de la denominada cultura.</p>
<p>Esta cultura burguesa, de larga tradición y difusión escolar, universitaria y mediática, se podría definir, sin pretensiones de totalidad y visto su actual (cada vez más escaso) valor de cambio, como un juego de reciprocidades y referencias, de guiños y complicidades que provocan una agradable sensación -un bienestar moral o paz interior en individuos de cualquier sexo (más hombres, dueños desde Atapuerca del bastón jerárquico), propensos a la melancolía y atormentados por la mala conciencia- al tiempo que sirve como legitimador, código de comportamiento cotidiano, del estado de mercado. Organizada por el capital en esta fase neoimperial, la cultura burguesa (o sus restos posmodernos, más peligrosos -si acaso es posible- dada la naturaleza elástica y flexible del pensar postindustrial) se manifiesta en cualquier hecho común de apariencia (nada) inocente: desde una exposición retrospectiva (siempre tiene que ser retrospectiva e histórica) de algún maestro del color del siglo XVII (con viajes a Madrid o Barcelona) hasta la forma de realizar, movimiento sincopado de cámara, un programa de televisión (presentado como documental: verosimilitud) sobre los crímenes en Iraq o Sierra Leona -salpicado de intensos planos cortos de las víctimas- sin contar en ningún momento el origen del conflicto. Sin ser sólo adorno y escaparate como se podría pensar a priori, un decorativo broche en una esbelta figura, la cultura burguesa exquisita y su proyección vulgata (museos, magnas exposiciones, Forums multiculturales, Camino de Santiago, etc.) son, en esencia, la reproducción espectacular del sistema de valores de la ideología dominante. Sus leyes son la novedad y la diferencia; sus ideologemas o fórmulas de consenso lingüístico están en la mente de todos (&#8220;película con música magnífica&#8221;, &#8220;un montaje provocador&#8221;, &#8220;sensible hasta llegar al corazón&#8221;, &#8220;reencuentro con uno mismo&#8221;, &#8220;un maestro desconocido del barroco&#8221;, &#8220;fuerza e intensidad en las imágenes&#8221;, etc.</p>
<p>Aquí, entre nosotros, gentes que malvivimos en la penumbra de cristales esmerilados con una moneda de oro que nos dejó la abuela, en la periferia oscura del capital, la diferencia entre Paolo Coelho, Dan Brown, Paul Éluard o Bertold Brecht, entre Antonio López, Miquel Barceló y Picasso o Rodchenko, entre la División Azul y las Brigadas Internacionales o, por concluir este juego de parejas, entre Ken Loach o Dogville y Mar adentro o Los lunes al sol la establece el diario El País y sus servicios asociados. Así es más fácil. Su mediación -deseada por muchos ya que ofrece un cálido diván para reposar y construir el universo simbólico de la verdad revelada- hace posible la traslación directa de los deseos expansivos del mercado a la inexistente oferta de la población. Donde no llega su onda expansiva y sus permanentes canales de transmisión, donde no llega el &#8220;hecho cultural&#8221; como diría un sociólogo a sueldo (y son legión), la sociedad anda en un estadio de barbarie inferior. Ya no se trata sólo de saber -es preferible no saberlo- que la nueva obra de García Márquez, Memoria de mis putas tristes, es un homenaje elíptico y difuso a Yasunari Kawabata (lo cuentan los diarios, lo repite el marketing). Ahora el juego, otra vuelta de tuerca, consiste en haber leído La historia del buen viejo la bella muchacha de Italo Svevo y compararla con el texto del colombiano. Canela fina.</p>
<p>Frente al valor de cambio de los artificios culturales como extensión de la ideología de la clase dominante, frente a la realidad imaginaria que es tomada por real (el mapa es, en este caso, todo el territorio), la resistencia revolucionaria -del jacobinismo a Guy Debord, del general Vo Nguyen Giap y la guerra de guerrillas a la última reflexión sobre el estado de excepción como estado permanente del gobierno de Agamben- ha levantado un esquema defensivo (una barricada roja y negra con una catapulta encima) con dos grandes columnas. A la izquierda, una gruesa pilastra historiada describe -igual que en esas egipcias o griegas que adornan plazas de países colonialistas- las batallas perdidas, infinitas derrotas, enfermedades, fusilamientos, torturas y penales de larga condena. En ésta se aloja, quizá sin razón, el cinismo moderno. El cinismo de la derrota, disfrazado de táctica y estrategia. Para esta versión defensiva/ofensiva de acercarse al futuro, el capitalismo cultural (versión light o socialdemócrata avanzada) ofrece -con tantos matices como se quiera- la variante del perdedor solitario de amores imposibles y familia desestructurada con un abanico de héroes maudits que van de los personajes de Dashiell Hammet al muerto Dimitrios de Eric Ambler, de la Velvet Underground a Stravisnky pasando por Van Morrison, de Woody Allen y Sam Peckinpah (Grupo Salvaje es una película marxista-leninista, se decía) a El diablo cojuelo y Torres Villarroel hasta llegar a Blade Runner interpretado con acierto por Juan Cueto. Sin estar incapacitados para la acción política, los representantes de este grupúsculo requieren de seres combativos a su lado, en su organización, en su contexto laboral y emocional, que les impida instalarse en la dispersión y la desesperanza..</p>
<p>El otro pilar -el más importante- se asienta sobre la verdad de los hechos probados y la valentía individual y colectiva para afrontar el desafío propuesto por el capital y su dominación. En este otro bajorrelieve están narrados los acontecimientos definitivos de la identidad de clase, la historia de los oprimidos y los ciegos, las victorias del movimiento obrero, las sonrisas de los mudos y de los que hablan una lengua directa sin juegos florales. Forman parte de esta tradición los héroes de la comuna de París, los asaltantes del Palacio de Invierno o los expedicionarios del Granma y todos aquellos (héroes modernos y desconocidos) que se atreven a decir &#8220;no&#8221; en cualquier contexto político, social o laboral. Gente seria capaz de disfrutar con las caprichosas formas de la costa da morte, mujeres y hombres capaces de sentir tranquilidad paseando por Florencia o Córdoba, capaces de emocionarse con la inocente sonrisa de un niño o con la incansable algarabía de un perro, con una flor pequeña o con el canto de los pájaros una mañana de abril. Gente seria, gentes de izquierda, gentes con valores. Sciascia habla de los puritanos y los libertinos llegada la hora revolucionaria. En este mundo descontrolado, sometidos a la presión psicológica del capitalismo y sus intereses, parece que hemos perdido el sentido y la referencia y, algunas veces, ya no sabemos ni quiénes somos, ni dónde se encuentra la revolución.</p>
<p>Perdida entre estas dos columnas, pasando frío y mirándose de soslayo en el espejo de su propio desconcierto, anda la izquierda social y política. Poco acostumbrados a intervenir en la esfera de lo concreto, en la creación de estructuras operativas y funcionales, los compagnons de la izquierda (incluso militantes de base) han abrazado un discurso pesimista y, en ocasiones, derrotista. Un pensamiento que, siendo lúcido y útil para la formulación de nuevos principios de actuación de la izquierda combatiente, impide la felicidad del sujeto que sufre la fiebre metapolítica. Si la felicidad consiste en una adecuación libre y armoniosa con el entorno, algo estamos haciendo mal. Sin felicidad -o algo parecido- es difícil proyectar vigor, reconstruir las maltrechas organizaciones. Formada para el disfrute de la cultura burguesa (en parte ha construido este espejismo referencial durante años), la élite de la izquierda pesimista, conocedora de los mecanismos y de los trucos, se encuentra a la deriva. El siguiente paso (lo dan pocos pero causa revuelo) consiste en engrosar, con disimulo, las filas &#8220;críticas&#8221; del neoliberalismo.</p>
<p>Este comentario, con la descripción ligera y algo anecdótica de las dos patas (existen más) de la izquierda -mientras el capitalismo arrasa el mundo-, podría parecer una autocrítica. Y lo es.<br />
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</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Los celadores de fe]]></title>
<link>http://hernanmontecinos.com/2008/03/11/los-celadores-de-fe/</link>
<pubDate>Tue, 11 Mar 2008 10:23:26 +0000</pubDate>
<dc:creator>Hernán Montecinos</dc:creator>
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<description><![CDATA[Por: Armando Chaguaceda Noriega Fuente: El Catoblepas, (Núm. 27, mayo 2004) (ensayo sobre el dogmati]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Por: Armando Chaguaceda Noriega<br />
Fuente: El Catoblepas, (Núm. 27, mayo 2004)<!--more--></p>
<p>(ensayo sobre el dogmatismo doméstico)</p>
<p>La Cuba del siglo XXI deberá fomentar, ante la siempre acechante presencia de un latente dogmatismo, una conciencia ciudadana que permita, al unísono, defender esencias y principios, y realizar un cuestionamiento constante de nuestras realidades</p>
<p>«Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un Colibrí&#8230;» José Martí, La América, Nueva York, mayo de 1884 [OC 8:288]</p>
<p>Cierto «marxismo» y una conocidísima religión poseen, de alguna forma, puntos coincidentes. De un lado son portadores de una ética trascendente, de un explícito sentido de justicia y una confesa vocación por los oprimidos, denunciando la explotación y el afán desmedido de riqueza. Pero por otra parte (y he ahí su arista más peligrosa) comparten cuerpos doctrinales absolutos, supuestamente definitivos, y un sentido teleológico de la conducción del orden y progreso sociales. Dentro de ellos todo se prevé y se responde, tanto que lo que se le oponga o distancie queda descalificado de antemano, no por erróneo sino por distinto y ajeno. A su interior todo es válido, fuera de ellos nada es permisible, correcto o digno de atención: tal parece ser su filosofía.</p>
<p>Son muy utilitarios y «consumibles» estos pensamientos. Sirven por igual a grandes masas irredentas, escasa o medianamente cultas (a quienes aportan la tranquilidad de lo predecible y lo exacto) o a «élites ilustradas», que no creen tanto en sus postulados como en la capacidad probada de las mismas como métodos de conducción, guía y control de la sociedad. Cofradías que pretenden, sobre todo, construirla a su imagen y semejanza, estrictamente reglamentada y regulada, porque se consideran el Non Plus Ultra del pensamiento humano.</p>
<p>El dogmatismo (del cuño que sea) es una modalidad de pensamiento profundamente esquematizado, basada en las verdades a priori y la interpretación de la realidad a partir de sus propios presupuestos establecidos. Su «solidez», apoyada en rígidas concepciones, le permite, aparentemente, imponerse en la discusión frente a otros discursos más realistas, científicos y que admiten (a diferencia del dogmático) no estar en posesión de la verdad absoluta. Ahí radica la ventaja táctica de los guardianes del dogma, de los celadores de la fe. Pero en su proyección estratégica, este pensamiento sucumbe porque es incapaz de autorreformarse, a partir de la retroalimentación con la realidad, aceptando la gradual caducidad de algunos segmentos de su cuerpo doctrinal, teórico. Por ello, al derrumbarse, lo hace estrepitosa y totalmente, revelándonos como nos dice la máxima que encabeza estas líneas, que ese algo esencial, contextualizable y contradictorio (pero real) llamado verdad, acaba imponiéndose por encima de sofismas y encubrimientos. Lo que ha pasado con el dogmatismo de cuño marxista es particularmente revelador.</p>
<p>Porque han quedado sus acólitos, en los momentos de crisis de las ideas y las procesos sociales, en una incómoda posición, baldados para la defensa de los presupuestos en los que real o simuladamente, creían. Entonces muchos claudican, pasando con altas dosis de nihilismo y desencanto, al campo de una viejo pensamiento conservador, o maquillándose con retoques de la escuela liberal o socialdemocratizante, casi siempre en la peor herencia de esas corrientes. Otros, en medio de la burla y la compasión de sus colegas y la sociedad, persisten enquistados en la defensa del modelo derrumbado, arguyendo traiciones y desviaciones que, aún siendo parcialmente ciertas, no bastan para explicar el fracaso total de un proyecto que terminó (por causas bastante mayores que la subjetividad de algunos hombres) abandonado por amplios sectores sociales.</p>
<p>Para otra parte de estos pobres seres, prendidos por el fantasma del desencanto y la confusión, va quedando la opción de vivir del recuerdo, de los «buenos viejos tiempos», o reducirse a la crítica desesperada del presente, sin abandonar el esfuerzo afanoso por subirse a su carro para tratar de sobrevivir. Y es que en su seno, las cohortes dogmáticas han abrigado siempre, cuando menos, a dos tipos de personas. Algunos, miembros honestos de esas colectividades, convencidos de una ideología original y esencialmente emancipadora, humildes seguidores de la praxis del pueblo, y del liderazgo político histórico-revolucionario. Otros, arrogantes o sumisos, pero inmersos en una lógica jerárquica donde rigen determinados rituales que van desde la obligada profusión de una imagen de falsa modestia, al ejercicio de una humillante y poco sincera autocrítica que destruye el alma pero salva el status a los circunstanciales «pecadores» que desoyeron, incumplieron o desafiaron la infalibilidad de la «verdad revelada».</p>
<p>Para nuestros dogmáticos, dotados de una visión estrechamente instrumental, esquemática y enajenante de la realidad, su visión de la situación política nacional e internacional puede pasar del excesivo y superficial optimismo (para el cual el capitalismo se encuentra siempre al borde del abismo) al pesimismo y la desconfianza revelados, por ejemplo, en el escaso conocimiento e información socialmente difundidos sobre los movimientos sociales, comunitarios y progresistas que emergen en el mundo actual. Quizás piensen que, al existir y desarrollarse fuera de las estructuras políticas tradicionales, estas fuerzas pudieran potenciar movimientos análogos de diverso signo ideológico opuestos a nuestro proyecto social. O tal vez se percaten que su reconocimiento y difusión reduciría las dimensiones y alcances de un estado absoluto, centralista y todopoderoso, como tradicionalmente lo conciben, alejado tanto de la visión martiana como de la de los clásicos marxistas que pretenden defender.</p>
<p>La primer suposición no es ni previsiblemente inevitable ni deseada lo que obliga a todas las fuerzas progresistas nacionales a prever e impedir su realización, combatiendo los intentos de estructuración y fortalecimiento de proyectos antinacionales de derecha. La segunda, perfectamente consecuente con la tradición burocrática y con el reduccionismo al que se pretende llevar a toda la teoría marxista, despojándola de su medular componente emancipador, amén de ocultar intereses particulares (jerárquicos y grupales) anclados a posiciones de interés material, obvia muchas cosas evidentes. Ante todo soslaya, menosprecia y reduce las capacidades del pueblo, auténticamente existente y revolucionario, cuya acción como ente transformador desprecian y temen tanto la tradición liberal cómo la estalinista. Para los burócratas el pueblo constituye (a pesar de sus públicas invocaciones y periódicas convocatorias) una masa acrítica, envuelta en una épica inducida y constante, al margen de las múltiples influencias particulares de una realidad cada vez más compleja, de la existencia de necesidades intereses y percepciones ciudadanas que, si bien no se opones o alejan de las posiciones oficiales, no reducibles al mundo político y menos aún a una especifica visión de este.</p>
<p>Sucede que para los dogmáticos domésticos la política no es un factor importante, inevitablemente presente en todas las esferas de la vida social, hacia el que todo ciudadano debe dirigir una atención y participación activas. Para ellos la política es un elemento exageradamente omnipresente, rector hasta de los más mínimos detalles de la vida personal, decisor en toda instancia (y no sólo en última), a la que se subordinan tanto las necesidades humanas como la realidad misma. Por eso el pensamiento dogmático pocas veces ha sabido anticipar los problemas (aún cuando realiza periódicos «diagnósticos» de la sociedad), señalando las deficiencias y necesidades de la misma, primando en sus predios un discurso apologético, descontextualizado y ajeno, que parece, por momentos, hacer perder a ellos mismos sentido de la realidad. La constante búsqueda de citas y referencias en el discurso de la máxima dirección del país para justificar y validar sus predicciones, convierten la educación política de las masas en torpes ejercicios de distorsión, reduccionismo y canonización de un pensamiento revolucionario sustancialmente liberador, constituyen, por esencia, una postura profundamente comprometedora de las reales dimensiones del mismo y por sus efectos, reaccionaria.</p>
<p>Podríamos reconocer parcialmente, algunos elementos positivos y válidos de este fenómeno. Presente en múltiples sectores de nuestra vida nacional, tanto en la producción teórica como en la propaganda, en la docencia cómo en los medios de difusión, no es posible reducirla únicamente a ciertas instituciones de rancia academia o a algún centro de formación de cuadros, aun cuando en esos lugares puedan sobrevivir y reproducirse modelos afines de pensamiento. El dogmatismo en el pensamiento político social cubano cuenta con una larga y lamentablemente sólidas tradición y raíces históricas que, para una lectura eficaz del presente y para el efectivo accionar emancipador del futuro, se torna análisis impostergable.</p>
<p>Es un ejercicio relativamente fácil, aunque a ratos desagradable, tratar de rastrear la presencia de este estilo del pensar incluso en los pasajes de la República Burguesa, tan llenos de luces y miserias como de mitos y zonas oscuras, intencionalmente echadas al olvido. Lejos de lo que comúnmente se encargan de recordarnos algunos miembros de cierta intelectualidad liberal, aséptica y desideologizada, también existió (y aun subsiste) un dogmatismo de derechas, pesimista y temeroso, descreído de las capacidades de autogobierno y de los valores morales del pueblo cubano. En su esencia este engendro miserable asumía como obligada la postración ante los designios del amo norteño o apostaba por tímidas versiones de un nacionalismo moderado, que debía contar, como condición sine qua non, con la anuencia del poderosos vecino. Para los defensores de estas teorías (el Ferrara de la Conferencia Americana de 1928, o el Lamar de Schweyer, autor de una racista Biología de una democracia, entre otros) la naturaleza inculta, holgazana y políticamente inmadura de los pueblos latinos, siempre propensos al vicio y la violencia, les obliga a aceptar el tutelaje de los yanquis, emporio de la civilización anglosajona. Y si alguien protestaba por la lacerante dependencia económica y la penetración del capital de Wall Street, se le podía recordar la radical diferencia entre los frutos de estos «faros de progreso» y la siempre amenazante flama de una «revolución de negros, guajiros y muchachada revoltosa, funesta para la paz publica y el progreso de las clases vivas del país».</p>
<p>Pero esa ideología, poderosamente sacudida y cuestionada por una Revolución del 30 cuyo legado se expresó en la quiebra del estatismo social, la emergencia de un nuevo sujeto revolucionario y el despertar del nacionalismo de izquierdas, logro sobrevivir reforzando su componente de escepticismo a partir de las decepcionantes realizaciones de posteriores gobiernos republicanos. Corrupción publica generalizada, traición de ideales por antiguos revolucionarios convertidos en hampones, y errores de proyección de los comunistas (aliados coyunturalmente a la figura cimera de terror político y la contrarrevolución cubana, Batista) hicieron posible la generalización hasta 1959 (y todavía algún tiempo después) de un axioma bastante aceptado: «no se puede tocar a los americanos.» Solo la definitiva consolidación del proceso revolucionario cubano, revelada en la gesta de Girón y la creciente y orgullosa autoafirmacion del sujeto revolucionario y sus capacidades que la misma implicó, desterraría esta forma del dogmatismo de derechas a espacios marginales en el tejido social, condenándolo a un desplazamiento y concentración, rencoroso y beligerante, a las tierras de la Florida.</p>
<p>Se hace entonces necesario explorar la presencia de otro tipo de dogmatismo, el que, presente en el pasado y forja de nuestras organizaciones revolucionarias de inspiración comunista, empaña su heroica impronta. El propio Mella, fundador del primer partido marxista leninista cubano, fue amonestado por sus correligionarios (después de realizar una huelga de hambre rechazada por el Partido) con el uso de métodos disciplinarios difícilmente educativos y edificantes, propios de «actitudes individualistas y pequeño-burguesas, alejadas de la lucha de masas». Cabe señalar sin embargo, que las raíces martianas del discóbolo universitario le impidieron convertirse en un dogmático, o en un calculador idólatra de la experiencia soviética. La ideología de Mella pudo ser auténticamente comunista porque era, ante todo, cubana y latinoamericanista, heredera de un antiimperialismo martiano, sabiamente rescatado del olvido, casual o intencionado, en el que la cultura mayoritaria de la Primera República lo había confinado. Y las manifestaciones de amistad sinceras a la patria de los Soviets, tendrían la misma sustancia de autenticidad que las ulteriores manifestaciones de apoyo a la lucha de Sandino y a los empeños de Lázaro Cárdenas, la solidaridad popular hacia la República española o con la lucha del pueblo soviético contra las huestes nazifascistas, y no serían resultado de móviles mezquinos u oportunistas.</p>
<p>Precisamente en el crisol de esa epopeya frustrada que significó la revolución del 30 directivas dogmáticas y descontextualizadas, de impronta implícitamente estalinista, debilitaron el movimiento revolucionario nacional, asombrando y confundiendo a una militancia de base abnegada y heroica, que con su férreo sentido de la disciplina, tuvieron que acatar la orden de no apoyar al «reformista Guiteras». De forma torpe un líder radical, ideológica y realmente revolucionario, que contaba con no pocos seguidores y espíritu organizativo, y cuyos esfuerzos (limitados por el entorno) representaron en su conjunto la mayor dosis de sensibilidad popular, decencia y valentía de un gobierno republicano, fue abandonado a su suerte. Y por si esto fuera poco se pasó incluso a atacarlo a través de los medios de prensa y difusión del entonces Partido Comunista. Estos hechos, unido a la posterior colaboración y apología brindadas al tirano Batista, cuya «apertura democrática» no logró lavarle las manos ensangrentadas en 1935, fueron posiciones que la historia y el pueblo no olvidaron jamás.</p>
<p>Ese pensamiento exclusivista y receloso, portador de una fe mística en la supuesta infalibilidad propia, no fue proclive a colaborar estrechamente con el Movimiento 26 de julio, legitimado con la sangre de miles de los hijos de la juventud cubana, hasta bien entrada la guerra de liberación. La decorosa denuncia realizada ante el golpe del 10 de marzo, una de las pocas voces coincidentes con la de aquel joven abogado y dirigente estudiantil, no se acompañaría con una serie de acciones lo suficientemente eficaces para poner en crisis al régimen. Estas tendrían que esperar hasta el verano de 1953, para verse materializadas por un desconocido movimiento de jóvenes, donde el peso dirigente de personas provenientes de la «pequeña burguesía» no parecía inspirar mucha confianza a los más ortodoxos comunistas.</p>
<p>La arrolladora impronta de la Revolución humanista, «verde como las palmas» y esencialmente «de los humildes, por los humildes y para los humildes» no tuvo en su matriz una hiperideologización absurda y fanática, alejada de las realidades nacionales. Porque fue la dinámica de compromiso con la gente común, la agresividad del imperialismo y en definitiva la inaudita compactación y desencadenamiento del tiempo, los contenidos y alcances del proceso los que dieron a este su carácter socialista. Aquí la Revolución parió su Partido, uno de masas nuevo y diferente, porque aquella no nació como construcción teórico practica de una secta de iluminados. Difícilmente hubiera podido llegarse a este tanto desde la visión estrecha de ciertos marxistas domésticos{1}, como desde los prejuicios de buena parte de la población, receptores de la propaganda norteamericana de guerra fría pero también testigo de errores históricos anteriormente señalados. El prestigio de líderes ejemplares como Jesús Menéndez y Aracelio Iglesias, el espíritu de compañerismo y sacrificio de muchísimos simples militantes, o la sabia rectificación de visiones y posturas hechas por dirigentes como Blas Roca no bastaban para captar toda la comprensión y apoyo populares, de la misma manera que no habían podido, al decir del Che, asaltar frontalmente un nido de ametralladora, es decir implicarse, de forma masiva y decidida, en la campaña armada en la gesta insurreccional.</p>
<p>Después ya todo fue más evidente. Las ORI, el sectarismo y la benevolencia con la que la dirección de la Revolución se condujo con los implicados, tuvieron un apreciable impacto en la mente de los cubanos, en momentos que se jugaba el destino de una Revolución que ya se confesaba socialista. De cualquier forma el proceso de fusión de las organizaciones revolucionarias continuó, señalándose las desviaciones verticalistas y burocráticas, para lo cual se contó con la compenetración de las militancias de base, involucradas sin distinción ninguna en la formación de las milicias revolucionarias, en las movilizaciones productivas y en las grandes tareas de la superación educativo cultural.</p>
<p>Durante algunos años el dogmatismo pareció replegarse, abrumado por la cotidianidad sorprendente de un proceso que se negaba a despojarse del calificativo «rebelde». Como acto obligado, la avanzada intelectual europea y latinoamericana hizo causa común con una Revolución que imaginaban (y percibían) total y permanente, amante de la digna frugalidad y de la cultura, multicolor y partera de un socialismo idealista e independiente, ajeno al calco soviético. Sartre se enamoró de los cubanos{2}, los mismos que aprendían de Marx sin olvidar a Agramonte, descubriendo (ante la sorpresa o reprobación de los asesores soviéticos) la prosa viva de un sardo universal como Gramsci, y ejercitaban su nuevo gusto literario con Los hombres de Panfilov sin renunciar a Heredia y Cervantes. El saldo intelectual en las jóvenes generaciones de obreros, campesinos y profesionales exigió tanto la inédita ampliación de carreras universitarias como la aparición de espacios de debate y debate de la valía de Revolución y Cultura, El Caimán Barbudo, Cuba Socialista y Pensamiento Crítico.</p>
<p>Pero a la altura de 1970, la fatal conjunción de elementos diversos que van desde el fiasco de los 10 millones, pasando por el exagerado idealismo en el funcionamiento económico hasta el fracaso de la experiencia guerrillera sudamericana (con el dramático desenlace del esfuerzo guevarista) y el mantenimiento de la hostilidad política, económica y militar estadounidense, impusieron dosis de pragmatismo y búsqueda de apoyo internacional a la dirección cubana. Y la alianza con la Unión Soviética, mantenida en la década del 60 bajo modestos perfiles (salvo en lo que a seguridad y defensa se refiere), se vio de pronto notablemente ampliada con la entrada en el CAME, el intercambio de delegaciones económicas, políticas y culturales, así como la «importación» de presupuestos y esquemas ideológicos correspondientes con la tradición burocrática stalinista-brezhneviana.</p>
<p>Luego, era lógico quienes aprovecharían la oleada de influencia soviética. Los manuales de Economía Política, Materialismo Histórico y Comunismo Científico, por solo mencionar algunas de los diversos compartimentos estancos con los que se pretendió dividir, congelar y sacralizar la totalidad viva del marxismo, hicieron entrada no desde la sana coexistencia y «competencia» con los Luckas, los Gramsci y los Althusser, sino en medio del abandono, el olvido editorial y la excomunión de estos últimos. Tristemente la experiencia de la extensión del dogmatismo, aunque no reedito fenómenos como el Realismo Socialista, si impuso por algún tiempo (que en las almas de algunas víctimas fueron plazos eternos) los estigmas derivados del Congreso Nacional de Educación y Cultura, traducidos en un intento de reducir lo artístico educativo a un utilitarismo anclado en lecturas burdamente ideologizadas, desconociéndose la complejidad multidimensional de los fenómenos, influencias y responsabilidades sociales de la cultura. Y aunque la vanguardia intelectual cubana legítimamente conectada, en su casi totalidad, con la política, logro deshacer esos entuertos, el saldo cobrado en la vida y obra de algunos creadores, así como la atmósfera de mediocridad y esquematismo (el denominado Quinquenio Gris) no han sido aún, desde mi juicio, lo suficientemente estudiados, y sobre todo socializados en su comprensión, fuera de determinados círculos intelectuales.</p>
<p>Sin embargo seríamos dignos miembros de su estirpe si, de forma reduccionista y dogmática, descalificamos totalmente las influencias sociales que un fenómeno tan complejo como este, inmerso en la autenticidad de un proyecto social vivo y masivamente apoyado, ha tenido. Esta formación esquemática fue en parte (y recalco solo en parte) algo inevitable cuando en los años 60 y 70, al emerger del analfabetismo gracias a la obra titánica de la alfabetización revolucionaria, enormes cantidades de cuadros noveles tuvieron que aprender el ABC de la conducción política, una concepción científica de la realidad y una metodología para la interpretación de los procesos sociales. A ellos este adoctrinamiento, aunque mecanicista, le dio una temprana visión del mundo a transformar, y los disciplinó dotándolos al mismo tiempo de una enorme fe en sus posibilidades. De esa cantera salieron, es cierto, no pocos oportunistas y conversos, pero también muchos abnegados y capaces cuadros, prestigiosos dirigentes cercanos al pueblo, en resumen modelos de revolucionarios coherentes con las concepciones guevaristas.</p>
<p>Pero si de «ponderar» la actual utilidad de esta cultura del dogma se trata, así cómo la valía y compromiso con la realidad revolucionaria de sus acólitos se trata, sería muy útil hacernos algunas preguntas y recordar sucesos más o menos recientes. Por ejemplo ¿dónde estaban en 1989, cuando ante la izquierda mundial parecía abrírsele un infranqueable abismo? Al pretender subordinar el pensamiento revolucionario cubano (disminuyendo el peso de su componente nacionalista y latinoamericano) a una lógica insertada en el campo socialista, concebido como «hermandad eterna e indestructible», se obviaba no solo la reversibilidad del socialismo europeo sino la inexistencia de un sentimiento y praxis internacionalista reales (exceptuando quizás al caso soviético) que fuese proporcional al lealmente dispensado por Cuba tanto a checos o polacos cómo también a buena parte del mundo subdesarrollado. Los defensores locales de ese socialismo real, tan «deseable, perfecto y universal», quedaron azorados sin saber que hacer, incapaces siquiera de interpretar el sesgo de los acontecimientos, persistiendo, en muchos casos, en la defensa dogmática del fracasado modelo, sobredimensionando el papel de humanos errores y traiciones. Para no hablar de los tristes ejemplos de travestismo que pasaron, cual veloces meteoros, de la extrema izquierda a las filas de una derecha ortodoxa y Neoliberal.</p>
<p>Porque en la cohorte de lúcidas respuestas, enfrentadas a la oleada de pensamiento conservador que se nos encimó, estuvieron ausentes. Estas brotaron no desde las coordenadas de los mentores del dogma, sino por la pluma de intelectuales hasta hoy comprometidos con la esencia (no con las coyunturas) del pensamiento emancipador, decididos a dar la pelea lejos del terreno de una superior posición administrativa, dispensadora de miedos o premios. Las oportunas y necesarias respuestas a la obra de Castañeda y Montaner, Vargas Llosa y Fukuyama, Jesús Díaz y Rafael Rojas, fueron obra de creadores que habían sido, en muchos casos, estigmatizados, recelados o censurados en diversos momentos de sus obras y carreras{3}. Sólo que la Historia (la misma que es, al decir de Marx, ora farsa ora tragedia) siempre se encarga de poner las cosas en su sitio, demostrando las verdades ocultas o tergiversadas.</p>
<p>Y cuando en 1993 se hace evidente la necesidad de salvar «la Patria, la Revolución, y las conquistas del Socialismo», tomando medidas que, aun permitiendo cierto retorno de fórmulas capitalistas, posibilitaron oxigenar la economía, impedir la descomposición social y sostener la independencia nacional, donde estaban ellos? Si poco antes, imbuidos en la «i-lógica» dogmática, negaban cualquier posibilidad de reforma (so pena de «destruir totalmente» el proyecto), cuando la dirigencia revolucionaria dando muestra de claridad y mesura políticas aceptó la necesidad de los cambios, muchos dieron un asombroso espectáculo. De la noche a la mañana sus posturas cambiaron, aparecieron (por oportunismo, debilidad de criterio o de argumentos) aplaudiendo sin reservas todo lo acaecido. Aunque estoy seguro que los tremendos casos de autocuestionamiento, de crisis de fe que individualmente pude apreciar, no deben haber sido, objetivamente, tan aislados y escasos.</p>
<p>En las circunstancias actuales el dogmatismo, pesar de su vapuleada y precaria sobrevivencia, pugna por recuperar su antigua preeminencia en predios nacionales, pretendiendo según parece reorganizar sus esquemas y mecanismos. En la esfera pública el debate generado en las coordenadas de la pasada década ha confluido con la explosión de talentos, creatividad y cultura popular expresada en la Batalla de Ideas. El esfuerzo por masificar la cultura, acotando en todo momento que no se trata de disminuir su calidad sino de ampliar colectivamente el destino de su «consumo», está dirigido no solo a incrementar las capacidades de apreciación artísticas y en general, la espiritualidad de los ciudadanos. Se debe traducir también (para corresponder cabalmente al esfuerzo y los recursos materiales y morales involucrados) en un incremento de la reflexión y el debate público nacional, hasta el momento reducido, en lo fundamental, a los intelectuales, sus instituciones y medios de expresión, o a la solicitud puntual de opinión sobre alguna transformación en la esfera socioeconómica. Potenciación esta que no se llevará a cabo cómo satisfacción de caprichos de sector, grupo o persona alguno sino como respuesta a necesidades objetivas de la nación, en perenne búsqueda de canales de monitoreo, retroalimentación y expresión de las necesidades, criterios e intereses populares.</p>
<p>En esa dirección los «aportes» del pensamiento dogmático no son solo facetas de una obra mediocre sino que constituyen (por su esencia) algo ajeno, diferente y opuesto a los proyectos de la máxima dirección revolucionaria. Porque en su práctica común y cotidiana, al pretender encontrar en sus palabras la respuesta a cada uno de los problemas emergentes, se esta comprometiendo este pensamiento, descontextualizando sus proyecciones. Y hace parecer extraños poderosos argumentos, al utilizarlos para explicar o justificar problemas y situaciones completamente alejadas al condicionamiento original que les dio lugar.</p>
<p>Lo que sucede es que el ideario de Fidel, sin dejar de estar –como él mismo reconoció en la conversación sostenida con Tomás Borge hace una década– epocal y socialmente condicionado ni considerarse a si mismo una especie de verdad universal y eterna, es expresión de un pensamiento político bastante dialéctico, que queda particularmente evidenciado en las proyecciones internacionales, la conducción de la alta política y, en general, en la dirección del Estado y proyecto social socialistas. Su composición (mezcla de lealtad a principios raigales y flexibilidad táctica) conjuga un grupo de elementos que permiten explicar desde la elevada capacidad y disciplina de trabajo (fruto de una severa formación en colegio jesuita, templada aún más con la estancia en prisión y la vida guerrillera) hasta su capacidad para imponerse en el debate agudo. Es interesante suponer la impronta dejada en su capacidad de polemizar por el desempeño en condiciones de lucha legal, haciendo el papel de oposición actuante y reconocida, donde sólo puede imponerse (si se decide estar del lado de los pobres) la fuerza de los argumentos, la verticalidad y decencia, la inteligencia y astucia políticas. Ha sido radical bajo la inspiración martiana de que serlo equivale a ir a la raíz (y no a los extremos, esos que siempre acaban tocándose) de los asuntos y problemas, en una realidad que nos impone el deber de transformarla.</p>
<p>En coordenadas opuestas el discurso dogmático, al que se suman lamentablemente no pocos cuadros noveles de reciente promoción, es sumamente esquemático, triunfalista y carente de flexibilidad, imaginación e, incluso, sentido de la realidad, al alejarse de las preocupaciones y códigos comunes de la gente. Se reduce muchas veces a «citar» de forma abusiva y fuera de contexto a las palabras del liderazgo histórico (en especial a Fidel) agrediendo de facto su valía, invocando constantemente consignas o eslogan «de moda» por encima del contenido y actitudes que estos deben reflejar y motivar. Si estas actitudes reflejan falta de cultura política y escasa dialéctica de pensamiento no cabe dudas que constituyen deficiencias enmendables con la preparación (y autopreparación) de los implicados, ampliándose tanto las capacidades perceptivas de la realidad circundante, nacional y mundial, cómo su impacto en la conciencia social. Pero si estas prácticas obedecen a tradiciones de oportunismo, arribismo y adulonería servil (con firmes raíces en la detestable politiquería del pasado neocolonial) deben ser combatidas por todos los medios y factores por su carácter profundamente contrario al proyecto de emancipación humana, prostituyendo la esencia y futuro de la Revolución. <br />
De tal forma la difusión de algunas visiones maniqueas sobre la realidad global, tales como presentar al Socialismo conocido como la solución inevitable para todos los problemas y contextos de la Tierra, entender al Capitalismo cómo colocado al borde de una inminente crisis terminal, o definir al sistema político estadounidense cómo fascista, comportan un evidente alejamiento de la propia visión fidelista o por lo menos de las enseñanzas de su método de análisis social. Esta dicotomía entre un discurso auténtico y dialéctico, esencialmente revolucionario y comprometido por un lado; y otro antitético, basado en la coyunturalidad justificativa y el dogmatismo, constantemente preocupado por invocar al primero para intentar legitimarse, nos obliga a realizar un esfuerzo por desenmascarar la mentira. Ejercicio este cuya importancia rebasa lo puramente académico y lo metodológico, para tributar con especial fuerza al campo de lo político, lo ideológico y lo ético. Analicemos a continuación algunos ejemplos concretos.</p>
<p>Las grandes dificultades de la humanidad, insolubles en los artificiales ambientes de las Cumbres y conferencias internacionales, son tan diversas que su solución sólo puede ser enfocada desde una visión proporcionalmente equivalente en cuanto a complejidad se refiere. Al respecto, abogando por un reconocimiento de la pluralidad de condicionamientos y necesidades, y ante el recurrente tema de la posibilidad de repetir el modelo y la experiencia cubanas en el caso venezolano, el líder de la Revolución señaló: «Un mínimo de planificación del desarrollo económico y de prioridades es indispensable. Pero pienso que en un país con los enormes recursos con que cuenta Venezuela, la Revolución Bolivariana puede alcanzar, en la mitad del tiempo, el 75% de lo que Cuba, país bloqueado y con infinitamente menos recursos que Venezuela, ha podido lograr desde el triunfo de la Revolución. (&#8230;) Una distribución racional de las riquezas mediante sistemas fiscales adecuados es posible dentro de una economía de mercado.»{4} Hoy más que nunca se torna evidente lo expresado por el Che cuando, al referirse a la Transición al Socialismo, lo concibió como un proceso complejo, mediato y consciente sobre el que las aproximaciones teóricas intentadas s encontraban aún en pañales.</p>
<p>Por otro lado tomemos cómo referente para nuestro análisis comparativo las diferentes visiones sobre el potencial desencadenamiento de una grave crisis económica mundial. Las implicaciones del 11 de septiembre, atacando la estabilidad económica y política internacionales, sacaron a la luz debilidades y fisuras del coloso norteamericano que se tradujeron rápidamente en descenso del consumo y las ventas, incremento porcentual del desempleo, alcanzando su máxima expresión en la quiebra de grandes empresas que (cómo la ENRON) constituían símbolos del poder americano, de una llamada «nueva economía» supuestamente alejada del fatal fantasma de la recesión. Todo eso está hoy bien claro.</p>
<p>Pero las manifestaciones de crisis, que pueden ser (cómo más de una vez ha sucedido) expresión de la capacidad de reacomodo y corrección del sistema, son percibidas de forma muy distinta por los agoreros del dogmatismo, y por una mente como la del presidente cubano. Sobre el particular, en contraposición a las predicciones comúnmente expuestas en espacios públicos, docentes y privados por esas «excelsas mediocridades», Fidel demuestra consecuencia con la visión marxista, científicamente fundamentada por la lógica histórica, que prevé la desaparición del modo de producción capitalista, cuando acota: «Ser conscientes del desastre que padece tal sistema no significa, sin embargo, ser obligadamente irreal, padecer exceso de optimismo o ver espejismos en medio de lo que todavía es un árido desierto. Los hombres que de alguna forma previeron un fragmento del futuro, como regla, veían la desaparición de las tragedias de su época mucho más cercana y próxima.»{5} Así no solo evade identificar la menor convulsión del sistema con los postreros estertores del mismo, sino que reivindica el papel consciente del sujeto que, en su práctica revolucionaria, debe finalmente desmontar las viejas estructuras del poder.</p>
<p>Y es posible poner aún un último ejemplo, derivado de las particulares visiones defendidas con respecto a la naturaleza del sistema norteamericano. Desde Tocqueville a nuestros días, sin poder obviar a Martí, el ejercicio político norteño ha estado signado por la existencia (en complementariedad aparentemente contradictoria) de un discurso y práctica política plutocráticos, clientelistas y corruptos inmerso en la lógica del dinero; y, oponiéndosele, el vital ejercicio de una opinión pública influyente, defensora de las libertades y derechos que pondera y legitima el ciudadano común. El constante pulso de estos dos componentes hace del sistema americano un complejo que goza de suficiente estabilidad, sancionado por reglas de juego compartidas por amplios sectores de la sociedad, lo que le permite proyectar al exterior una política agresiva, egoísta e imperialista, tradicionalmente irrespetuosa de las normas y principios rectores de las relaciones internacionales. Las criminales bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, o las agresiones a Viet Nam e Iraq, por un lado, así como las luchas (y posteriores conquistas) por los derechos civiles en los 60, el apreciable movimiento antibelicista actual o el importante apoyo de líderes y sectores comunitarios, religiosos y políticos a la lucha por el retorno del niño Elián, por el otro, constituyen indisolubles componentes del pensamiento y la praxis políticos estadounidenses, no reducibles a epíteto alguno.</p>
<p>Aún cuando la épica resistencia a la agresividad imperialista ha sido una constante cohesionadora de la nación, legitimando el discurso revolucionario y su liderazgo político a escala mundial, en nuestra sociedad no ha prevalecido ni la animadversión enfermiza al pueblo vecino (al que nos unen tanto sanos idealismos como los mundanos gustos de la música y el béisbol) ni la descalificación absoluta de sus valores cívicos. Acaso por ello un declarado heredero del legado martiano, a quién la verticalidad y prolongación de su enfrentamiento pudiera haber justificado visiones reduccionistas o peyorativas, ha optado por reconocer honesta y profundamente que:</p>
<p>«No creo que en Estados Unidos pueda instaurarse un régimen fascista. Dentro de su sistema político se han cometido graves errores e injusticias –muchas de las cuales aun perduran–, pero el pueblo norteamericano cuenta con determinadas instituciones, tradiciones, valores educativos, culturales y éticos que lo harían casi imposible. El riesgo está en la esfera internacional. Son tales las facultades y prerrogativas de un presidente y tan inmensa la red de poder militar, económico y tecnológico de ese estado que, de hecho, en virtud de circunstancias ajenas por completo a la voluntad del pueblo norteño, el mundo está comenzando a ser regido por métodos y concepciones nazis.»{6}</p>
<p>En el presente se puede apreciar la conjunción de diversos discursos actuantes en el enramado social cubano, procurando todos la difusión, materialización y entronización de sus valores. Un proyecto banalizante, orientado al consumo y la adoración del mercado, propone la búsqueda del éxito personal expresado fundamentalmente en el aumento de las comodidades y bienes materiales, «sospechosamente» reproductivo de las imágenes de confort y prosperidad del modelo Miami. No hay que poseer un elevado nivel de información o instrumental teórico particular para descubrir, en no pocos «productos» culturales al estilo del Show de Cristina o los culebrones de Televisa, asequibles en los bancos semiclandestinos, los ingredientes de ese mensaje sutilmente promotor de la lógica capitalista. Lógica que no puede ser eficazmente combatida privilegiando solo métodos represivos de la circulación de estas ideas y sus soportes materiales, por encima de la educación, el debate y la recepción crítica de la cultura norteamericana. </p>
<p>Otros intentos se enrumban a la promoción integral de patrones culturales que ofrezcan al ciudadano una vida basada en la realización personal y colectiva, con la satisfacción de las necesidades básicas materiales y el constante cultivo de la espiritualidad. Este modelo (oficialmente codificado como la Batalla de Ideas) cuenta con el sostenido apoyo gubernamental y comunitario, constituye en sí mismo un sistema no reducible al componente ideológico movilizativo, o a la ilustración cultural. A mi juicio de lo que se trata es de ofrecer una imagen distinta (más no utópica) de la vida, para lo cuál se trata tanto de aprovechar el capital humano potenciado durante estos 44 años y resistente a la erosión del Período Especial; cómo de acabar de resolver las carencias, ineficiencias y desestímulos cotidianos que dificultan la vida diaria de los cubanos y, por extensión, el propio desarrollo del deseado proyecto.</p>
<p>De prevalecer la tercera propuesta, el esquema dogmático de pensamiento, organización e «in-acción» sociales, estaríamos tolerando y cometiendo un error imperdonable. Porque las experiencias pasadas, aunque breves, fueron desgarradoras para el arte y la cultura, paralizantes para el pensamiento social. Además en la actualidad no gozaría de la justificación de la inexperiencia, por lo que su accionar tributaría a la contrarrevolución al enajenar el apoyo de la intelectualidad avanzada, doméstica o foránea, y concitar el rechazo o la indiferencia de una población más heterogénea, cansada del teque y la mentira, en un escenario constantemente cambiante. Lo que se necesita es renovar el compromiso con un discurso de razones y evidencias, prioritariamente dirigido a sectores como la juventud, respondiendo a un reto planteado tanto por la experiencia esteuropea cómo por el modelo neocolonizador norteamericano.</p>
<p>Considero que hoy, de forma un tanto sutil y velada, se mantiene un pulso entre el discurso dogmático y el revolucionario, que si bien se dirime a favor de este último en los predios académicos y en la preferencia de la gente, no tiene igual expresión en el dispar acceso a los medios de difusión masiva, el sistema de educación y los espacios de formulación y toma de decisión políticas. De hecho las riquísimas experiencias de consultas y debates públicos (como la de los Parlamentos Obreros de 1993 o las asambleas del proceso de reestructuración azucarero) continúan siendo puntuales, en contraste con una vocación de opinar, analizar y proponer inherente al ser cubano, visible en la calle y los ómnibus, en las universidades y las empresas.</p>
<p>La Cuba del siglo XXI deberá fomentar, ante la siempre acechante presencia de un latente dogmatismo, una conciencia ciudadana que permita, al unísono, defender esencias y principios, y realizar un cuestionamiento constante de nuestras realidades. Seríamos coherentes con el calificativo de Utopía que noblemente asignan, a nuestro proyecto, no pocos amigos de la esperanza anticapitalista y emancipadora. Utopía que es, según el interesante criterio de un conocido intelectual, una especie de horizonte movible, el continuo sometimiento a la crítica de las condiciones presentes que permita prefigurar un futuro mejor{7}.</p>
<p>En que momento nos encontramos. ¿Acaso en una fase acumulativa, de tregua o preparación que sirva al dogmatismo para intentar retomar el tiempo y los espacios perdidos? ¿Servirá para que los desideologizados, asépticos y cosmopolitas miembros de cierta hojarasca intelectual vayan acumulando el saldo (artificial o exacto) de nuestros errores, para llegado el momento ajustar cuentas a la totalidad del proyecto y de las diversas izquierdas que en su seno coexisten? Quedaremos los revolucionarios, eternos inconformes, resignados a malinterpretar, deformándolo, el consejo histórico de hacer y decir lo que mi tiempo exige diga y haga acopiando fuerzas en la espera de «mejores tiempos»?</p>
<p>Porque siempre queda abierta una serie de interrogantes. ¿Dónde se reserva el espacio de la duda, de la casualidad y la humana subjetividad? ¿No es acaso la Historia del hombre (y sus ideologías) un proceso constante de acumulación, de entrada y salida de nuevos y viejos conceptos, nociones, ideas desde una realidad que se transforma a si misma interminablemente? ¿Y no es hoy este mundo lo suficientemente diverso y contradictorio para pretender respuestas totalizadoras y apriorísticas?</p>
<p>Vuelvo a retomar nuestros ejemplos originarios, y al hacerlo creo poder reconocer que tanto el marxismo cómo la doctrina cristiana tienen en su haber, desde ya, prestigio y méritos insuperables. El segundo apostó, en la prédica original del Nazareno, por la instauración de un reino de la justicia, y anticipó (para bien y mal) el inicio de la expansión mundial de la civilización occidental. El primero, nacido en sus latitudes, pretendió transformarla, encauzando la explosión de riqueza y espiritualidad post renacentista por la vía del Socialismo, en aras de cuotas mayores de felicidad humanas. Y si de sus cauces brotaron dos de los mayores exponente de la opresión espiritual (la escolástica y el Stalinismo) esto solo demuestra la lógica insuficiencia de todo pensamiento que pretenda, de forma absoluta y totalitaria, comprender y ordenar a su imagen y semejanza la realidad universal.</p>
<p>Nos falta solo comprender con humildad (que es grandeza) que en este nuevo milenio no hay espacio para verdades universales. Que discrepar es defender con pasión y firmeza nuestras convicciones, pero dejando abierto el espacio del dialogo, de la recepción critica de lo expuesto por el otro. E incluso, asimilar con mesura y sin temor a confusiones, lo que de su discurso sea útil, coherente y no antagónico con nuestra ideología.</p>
<p>Sería no solo la mejor opción sino, tal vez, la única posible. Hay que confiar en la huella cotidiana de la realización revolucionaria, en su impronta en una cada vez más culta conciencia popular, reduciendo el temor a la subversión y la propaganda a los límites prudentes y legítimos, impidiendo la parálisis de nuestro pensamiento social. Podemos, con el peso de nuestra obra real y palpable, asumir la lección del Apóstol cuando nos enseña, desde el espíritu presente en las páginas indelebles de El presidio político en Cuba, que podrán acusar mercaderes y censores, sobrevenir traiciones y desgarramientos, reales asechanzas y magnificadas amenazas pero siempre debemos confiar en nuestras fuerzas y argumentos porque «la noción del bien flota sobre todo, y no naufraga jamás».<br />
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