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	<title>augusto-gil-lletget &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
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	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "augusto-gil-lletget"</description>
	<pubDate>Sat, 05 Dec 2009 05:40:13 +0000</pubDate>

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<title><![CDATA[¿Dónde acaba la familia?]]></title>
<link>http://elduendedelaradio.com/2009/11/16/%c2%bfdonde-acaba-la-familia/</link>
<pubDate>Mon, 16 Nov 2009 20:59:17 +0000</pubDate>
<dc:creator>El Duende de la Radio</dc:creator>
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<description><![CDATA[...Y aunque estas jovencitas no pudieron ir a la fiesta, también descienden del mismo tronco y perte]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><div id="attachment_2837" class="wp-caption aligncenter" style="width: 310px"><a href="http://elduendedelaradio.wordpress.com/files/2009/11/sl730109.jpg"><img class="size-medium wp-image-2837" title="SL730109" src="http://elduendedelaradio.wordpress.com/files/2009/11/sl730109.jpg?w=300" alt="" width="300" height="225" /></a><p class="wp-caption-text">...Y aunque estas jovencitas no pudieron ir a la fiesta, también descienden del mismo tronco y pertenecen a la gran familia</p></div>
<p>Se preguntó siempre <strong>el Duende</strong> a lo largo de su vida dónde empieza y dónde termina la familia. Sospecha que sólo en los países  latinos se estira el concepto tanto como para amparar  a tíos, primos, tíos abuelos, sobrinos, sobrino segundos… En España desde luego es difícil saber su límite. El Duende ya casi no conocía a su familia materna, porque gran parte de sus ramas se han desparramado. Pero acudió a ella y la familia respondió con creces.</p>
<p>Una de las pocas razones por las que  al Duende le hubiera gustado ser millonario sería para recomprar el <strong>Monte el Rincón</strong>, una hermosa finca  recortada por los ríos <a href="http://www.guiadegredos.com/valle-del-tietar.html" target="_blank"><strong>Tiétar</strong> y <strong>Arbillas</strong></a>, en el límite sur de la provincia de <strong>Ávila</strong>, que fue el territorio de su infancia compartido con esta familia. Casi todos los descendientes de su bisabuelo Augusto Lletget, que fue quien lo compró en 1871, se reunieron el pasado sábado para la presentación del libro de la prima/tía/tía abuela Mary. En el acto, al Duende se le olvidó parafrasear,  a propósito de la autora, lo que  <strong><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_de_Unamuno" target="_blank">Unamuno</a> </strong>decía de<strong> Dios</strong>: <em>si no hubiera prima Mary, habría que inventarla. </em>Aunque sólo fuera para comprobar el juego que dio su abuela Rosa, tronco común de donde procedían la mayoría de los asistentes.</p>
<p>Por la noche, el Duende soñó que el <strong>Monte el Rincón</strong> era ahora suyo. Lo que en realidad acabó siendo un caserío destartalado era en el sueño como <strong><em>Brideshead </em></strong> o <strong><em><a href="http://www.youtube.com/watch?v=7h-e4CnBgZA" target="_blank">Manderley</a>, </em></strong>esas propiedades que aparecen en la literatura y en el cine ingleses con una enorme mansión perfectamente mantenida por una nube de sirvientes. En ella coinciden multitud de familiares de distintas generaciones y todos son ricos, guapos, y elegantes. Unos juegan al billar, otras al crocket, otros se van a pescar, el más exótico, como el tío <a href="http://es.wordpress.com/tag/augusto-gil-lletget/" target="_blank"><strong>Augusto Gil Lletget</strong></a>, que era ornitólogo, prepara la taxidermia de un martín pescador, aquel monta el telescopio para mirar las estrellas por la noche, algunos escuchan tangos de <a href="http://www.guiadegredos.com/valle-del-tietar.html" target="_blank"><strong>Garde</strong>l</a> en la vieja gramola manual con aguja de <strong><em>La voz de su amo, </em></strong>cuya caja de hojalata es hoy una preciosa reliquia, las tías montan a caballo a lo amazona y con sombrerito, otros más cazan pluma, un grupo pasea por el bosque  mientras la pareja de primitos más despabilada se  cita con <strong>Cupido</strong> en el pajar para estudiar   anatomía de sus cuerpos y, de paso, eliminar toxinas. La vida misma.</p>
<p>La vida de mentira, claro, donde luego te sientas a la mesa y unas doncellas con guante blanco te sirven faisán relleno con ciruelas y malvavisco. Nada parecido a la realidad. El Monte el Rincón que el Duende conoció era ya decadencia. Como mucho, carillas, patatas revolconas o macarrones con chorizo en una vajilla desportillada. Eso sí, la vajilla  de cerámica talaverana, y con el nombre de la finca en cada plato. Poco importaba. Era sobre todo el descubrimiento de la naturaleza, el poder correr a tu albedrío por el campo, ver parir a las vacas y a las ovejas, chapotear en los arroyos, comer el pan y quesillo de las acacias y trepar por los madroños del jardín mirando  desde allí al Almanzor,  buscar galápagos , observar a las grullas y compartir un cacho de pan y queso con tu amigo el pastor al amor de una fogata. Y todo eso, con muchos primos y tíos alrededor. Nada parecido a las películas de aristócratas ingleses o a <strong><em>Los cuatro robles </em></strong>de <strong>Escarlata O´Hara</strong>, pero sí algo bello y muy entrañable para ir llenando el macuto de la memoria sentimental.</p>
<p>Decía el señor de <strong><a href="http://www.bookaffinity.com/book/bearn-o-la-sala-de-las-munecas-llorenc-villalonga" target="_blank">Bearn</a> </strong>en la muy recomendable novela del mismo nombre que <em>no hay mas paraísos que los perdidos. </em>Añade el Duende: o los que están por llegar. Paraíso es al cabo, lo que el cerebro almacena y el corazón ilusionado procesa como perfume de la vida.  La finca cambió de manos. Era un préstamo que la fortuna había hecho a la familia sin más mérito aparente que la de tener un antepasado boyante. El Monte el Rincón se diluyó en la lejanía, pero no pasó nada, porque quedó el recuerdo de aquel tiempo y nacieron a cambio otros muchos pequeños paraísos. Uno de los sobrinos que corrían por allí es hoy el traumatólogo Fernando Baró, que después de no verse con el Duende durante casi medio siglo le va a arreglar ahora un hueso. Otro es catedrático y decano de la <strong>Facultad</strong><strong> de Derecho de Santander</strong>.  Aquella es bióloga, este arquitecto, el de mas allá ingeniero de caminos…Entre estos sobrinos nietos lejanos hay  una profesora de colegio llamada Inés por la que dan ganas meterse en el túnel del tiempo y volver a matricularse en primaria. <em>Tempus fugit,</em> y entretanto la familia, como mandó el Señor, creció y se multiplicó.</p>
<p>Por cierto,  el Señor no tuvo en cuenta que en España el personal se apunta a un bombardeo, y olvidó recordarnos en qué grado se acaba la familia. Y así pasa lo que pasa, que presenta un libro una novel madurita y acude casi tanta gente como si fuera un <strong>Nobel </strong>de los de <strong>Estocolmo</strong>.</p>
</div>]]></content:encoded>
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<title><![CDATA[El pájaro indultado]]></title>
<link>http://elduendedelaradio.com/2007/12/30/el-pajaro-indultado/</link>
<pubDate>Sun, 30 Dec 2007 10:06:38 +0000</pubDate>
<dc:creator>El Duende de la Radio</dc:creator>
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<description><![CDATA[ Volvía a casa el Duende  por un camino rural entre encinares del Valle del Tiétar, en el término mu]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p> Volvía a casa el Duende  por un camino rural entre encinares del <b>Valle del</b> <b>Tiétar</b>, en el término municipal de <b>Candeleda, </b>provincia de <b>Ávila</b>. Empezaba a caer la tarde del veintinueve de diciembre. Paisaje invernal: había sido un día algo neblinoso, y el pasto, medio aterido por las heladas y arrebatado por la sequía, pintaba entre verde y gris. Las grullas, que se pasan el día picoteando bellotas en las dehesas, graznaban en lo alto mientras volvían volando en escuadra a los arenales del <b>pantano del Rosarito, </b>donde pernoctan.<b> </b>  Iba el coche del Duende despacio, pero aún asi alcanzó a un flamante <strong>BMW</strong> de color negro que avanzaba más lentamente, casi sin moverse. El camino era estrecho, imposible adelantarlo. El conductor del BMW no se percataba de que obstruía el paso. Iba mirando a derecha e izquierda, escudriñando el horizonte y como esperando algo. El Duende aguardó pacientemente: no suele lanzar señales acústicas ni luminosas en estos casos, prefiere que el pelmazo advierta por sí sólo que está molestando. Nada, ni por casualidad echaba un vistazo al retrovisor.</p>
<p>De repente el coche se detuvo. También lo hizo el del Duende. Buscó entonces el motivo, y pudo ver al lado izquierdo del camino, junto a la cuneta, un pajarillo que picoteaba entre los hierbajos. Mi amigo <b>Cheles</b>, que es del cercano pueblo de <b>Navalcán</b>, al otro lado del Tiétar y ya en la provincia de <b>Toledo, </b>lo hubiera designado en su jerga local. No se si era un <i>tintín </i>o un <i>chamarreto, </i>pero era del tamaño de un gorrión y tenía el plumaje del pecho de un cierto color óxido, casi anaranjado. Los libros de aves le dirían pinzón o petirrojo, no lo sabe el Duende, pero en todo caso estaba claro que el pobre corría peligro. Porque por la ventanilla de aquel BMW empezó a asomar un tubo de acero pavonado en negro. Por un instante pensó el Duende que se trataba de un sofisticado prismático monocolular, no se le ocurría que el conductor pudiera tener otras intenciones que observar la naturaleza. Pero cuando empezó a declinar hacia el suelo su ángulo de observación se dio cuenta de que era el cañón de una escopeta. Y el infeliz <i>tintín </i>o <i>chamarreto, </i>buscándose el sustento sin imaginar la que se venía encima.</p>
<p>No le gusta al Duende molestar, insisto. Pero instintivamente se acordó de su tío <b>Augusto Gil Lletget</b>, hermano de su madre y eminente ornitólogo, muerto al poco de nacer el Duende, que certificó muchos de sus interesantes  estudios sobre las aves en esta zona. Y soltó una ráfaga de luces que le llegó al presunto cazador/abusador.</p>
<p>No se si le bastó el aviso al del BMW para recapacitar. El caso es que escondió el cañón, cerró la ventanilla y reemprendió el camino. Por un momento pensó el Duende en los excesos del llamado instinto cazador que lleva dentro el hombre. Pero el espíritu del tío Augusto le dijo que no se metiera en jardines, que bastante alegría era que se hubiera salvado aquel pájaro. Y que, aún ignorando si era un <i>tintín</i> o un <i>chamarreto -</i>error inexcusable en alguien de su familia- aquel era un buen pretexto para  pintar más feliz el año nuevo que estaba a punto de comenzar.   </p>
</div>]]></content:encoded>
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