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	<title>ciencia-y-fe &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
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	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "ciencia-y-fe"</description>
	<pubDate>Sat, 02 Jan 2010 12:12:00 +0000</pubDate>

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	<language>en</language>

<item>
<title><![CDATA[Frases celebres de Newton sobre la existencia de Dios]]></title>
<link>http://parameditar.wordpress.com/2009/12/21/frases-celebres-de-newton-sobre-la-existencia-de-dios/</link>
<pubDate>Mon, 21 Dec 2009 20:19:00 +0000</pubDate>
<dc:creator>lucho8922</dc:creator>
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<description><![CDATA[Isaac Newton &#8220;A falta de otra prueba, el dedo pulgar por sí solo me convencería de la existenc]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><a href="http://parameditar.wordpress.com/files/2009/12/newton.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-19" title="newton" src="http://parameditar.wordpress.com/files/2009/12/newton.jpg?w=300" alt="" width="300" height="270" /></a></p>
<p>Isaac Newton</p>
<p>&#8220;A falta de otra prueba, el dedo pulgar por sí solo me convencería de la existencia de Dios&#8221;</p>
<p>&#8220;Este bellísimo sistema compuesto por el Sol, los planetas y los cometas no pudo menos que haber sido creado por consejo y dominio de un ente poderoso e inteligente&#8230; El Dios Supremo es un Ser eterno, infinito, absolutamente perfecto.&#8221;  <em>Principia</em>.</p>
<p>En cierta ocasión Newton hizo que un hábil mecánico le hiciera un modelo del sistema solar. Bolas que representaban los planetas estaban engranadas juntas de modo que su movimiento en órbita fuera conforme a la realidad. Un día un amigo ateo visitó a Newton. Al ver el modelo, lo hizo funcionar, y exclamó lleno de admiración: “¿Quién lo hizo?” Newton respondió: “¡Nadie!” El ateo replicó: “¡Tú crees que soy un tonto! Por supuesto que alguien lo ha hecho, y es un genio.” Entonces Newton le dijo a su amigo: “Esto no es sino una imitación insignificante de un sistema mucho mayor cuyas leyes tú conoces, y yo no puedo convencerte de que este simple juguete no tiene diseñador y hacedor; ¡sin embargo, tú afirmas creer que el gran original del cual se tomó este diseño ha llegado a existir sin diseñador o hacedor!”</p>
<p>Comentario: Newton fue considerado uno de los mas grandes cientificos de la historia. ¿ Quien dijo que la fe y la ciencia son incompatibles?</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Quien apoya el aborto no puede comulgar...Un Obispo que habla como Católico...no como otros...]]></title>
<link>http://radiocristiandad.wordpress.com/2009/11/18/quien-apoya-el-aborto-no-puede-comulgar-un-obispo-que-habla-como-catolico-no-como-otros/</link>
<pubDate>Wed, 18 Nov 2009 11:56:10 +0000</pubDate>
<dc:creator>María Angel</dc:creator>
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<description><![CDATA[de † Crux- ε Et &#8211; Ω Gladius de cruxetgladiuss@gmail.com (†Crux-εEt-ΩGladius.) viva-chile.cl Mo]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><h2><a href="http://feedproxy.google.com/%7Er/cruxetgladius/%7E3/OvYRyOo8p60/quien-apoya-el-aborto-no-puede.html" target="_blank"><br />
</a></h2>
<div>de <a href="http://www.google.com.ar/reader/view/feed/http%3A%2F%2Fcruxetgladius.blogspot.com%2Ffeeds%2Fposts%2Fdefault" target="_blank">† Crux- ε Et &#8211; Ω Gladius</a> de cruxetgladiuss@gmail.com (†Crux-εEt-ΩGladius.)</div>
<div><a href="http://radiocristiandad.wordpress.com/files/2009/11/04-foto-1-autor1.jpg"></a></div>
<p style="text-align:center;"><img class="alignnone size-full wp-image-9147" title="04-foto-1-autor" src="http://radiocristiandad.wordpress.com/files/2009/11/04-foto-1-autor1.jpg" alt="" width="200" height="242" /></p>
<div style="text-align:center;"><a href="http://radiocristiandad.wordpress.com/files/2009/11/04-foto-1-autor.jpg"></a></div>
<div>
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<div>
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<h5><a href="http://viva-chile.cl/2009/11/quien-apoya-el-aborto-no-puede-comulgar-2/" target="_blank">viva-chile.cl</a></h5>
<h5>Mons. Juan Antonio Martínez Camino</h5>
<div style="text-align:justify;"><em> «Ningún católico puede aprobar ni dar su voto»</em> a leyes que atentan contra la vida. Así lo aseguró ayer el secretario general de la <em>Conferencia Episcopal Española</em> (CEE), el obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino. El portavoz de los obispos se remitía a la Encíclica de Juan Pablo II <em>«Evangelium vitae»</em>, de 1995, que especifica que no es lícito «tomar parte en una campaña a favor de una ley así, ni votar por ella».  Quienes apoyasen así estas legislaciones, se encontrarían en una «situación objetiva de pecado público», y añadió, en tono didáctico: <em>«Quien está en situación de pecado público no puede ser admitido a la Sagrada Comunión. ¿Está excomulgado? No, no por eso sólo. La excomunión es para los cooperadores directos y necesarios de un aborto efectivamente realizado».</em><br />
Así, ante una audiencia compuesta de periodistas y personalidades del mundo católico convocadas para inaugurar los <em>«Desayunos Informativos CEU»</em>, Martínez Camino explicó la diferencia entre <em>«retirar la comunión» </em>y <em>«excomulgar».</em>
<p>&#160;</p>
<p><strong>Una herejía, contraria a la fe</strong><br />
Más aún, según declaró, no sólo quedan excomulgados los colaboradores necesarios en un aborto sino también los que proclaman de manera pertinaz que <em>«es lícito quitar la vida a un ser humano inocente»</em>, porque enseñan una herejía, <em>«contraria a la fe divina y católica».</em><br />
El portavoz de la Conferencia Episcopal planteó entonces una pregunta: <em>«¿Quiere la Iglesia que las mujeres vayan a la cárcel?».</em> Y respondió: <em>«No, ni las mujeres ni nadie. Pero la vida del ser humano inocente ha de ser protegida. La mujer ha de ser tratada según sus circunstancias, y para eso está el criterio del juez, los eximentes y los atenuantes. En la inmensa mayoría de los casos la mujer es también una víctima. Pero, ¿y los que se lucran con el aborto? ¿Y los que obligan a las mujeres, con violencia?».</em></p>
<p>El obispo comparó después las escasas ayudas del Estado español a la familia, comparadas con las de Alemania o Luxemburgo, y recordó que <em>«el respaldo legal del aborto, su aceptación social, esa tragedia, como la describía Julián Marías, empezó el 18 de noviembre de 1920, en la Unión Soviética de Lenin, es decir, en un Estado totalitario, que se creía dueño de la vida».</em> Recordó también que desde 1933, el aborto formó parte de la política racista de la Alemania nazi, que lo impuso para las<em> «razas inferiores»</em>, y que Stalin implantó el aborto en Europa del Este. Luego, Occidente aceptó el aborto, <em>«debido a su ambiente, su visión materialista».</em><br />
Preguntado por la nueva <em>«píldora de los cinco días»</em>, explicó que <em>«no está prevista»</em> una valoración por parte de los obispos,<em> «pero eso no excluye que se haga»</em>. En opinión de Martínez Camino, sería muy parecida a la <em>«píldora del día después»</em>, al ser <em>«un abortivo en su intención, aunque no siempre en su realización».</em></p>
<p>Criticó el <em>«intento del Estado de imponer una moral a todos»</em>, algo que no sería lícito, afirmó, ni siquiera si se tratase de la moral católica.<br />
También condenó que <em>«se imponga a los profesionales de la salud una educación que conducirá a aumentar el aborto»</em>. Por el contrario, agradeció a los profesionales de la salud que ejercen la objeción de conciencia, por <em>«su coraje cívico y moral».</em><br />
A preguntas de los periodistas, explicó que no ha habido ningún contacto entre el Gobierno y la Iglesia con respecto a la futura Ley del Aborto, <em>«que yo sepa»</em>, y añadió: <em>«El derecho a la vida no es negociable».</em></p>
<p><strong>Revolución en los pasillos del congreso</strong></p>
<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2009/11/04-foto-2.jpg" target="_blank"></a></p>
</div>
<p style="text-align:center;"><img title="04-foto-2" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2009/11/04-foto-2.jpg" alt="04-foto-2" width="400" height="300" /></p>
<div style="text-align:justify;">Las declaraciones de Martínez Camino no dejaron indiferente a ningún partido político. En el grupo socialista en el Congreso, su secretario, Eduardo Madina, dijo no temer que las indicaciones del también obispo auxiliar de Madrid hagan reconsiderar el sentido de su voto a los diputados socialistas católicos porque<em> «saben que el voto es del PSOE».</em> En el grupo popular la valoración de las palabras del secretario de la Conferencia Episcopal se ha hecho desde otro prisma. El vicepresidente tercero del Congreso, Jorge Fernández Díaz, recordó que los católicos tienen sus <em>«normas»</em> y defendió que quienes tienen autoridad para definir qué es ser católico tienen <em>«el derecho y el deber»</em> de decirlo. Para Emilio Olabarría, uno de los siete diputados del PNV, las indicaciones del portavoz de los obispos constituyen <em>«una intromisión impropia de las funciones de la Conferencia Episcopal».</em> Desde CiU, que ha dado en el aborto libertad de voto a sus diputados, Pere Macìas, uno de los parlamentarios que votarán en contra de la reforma de la ley, ha dicho que le incomoda <em>«profundamente»</em> que la Iglesia pretenda ejercer este tipo de presión, que <em>«ni es oportuna ni la mejor para los tiempos que corren».</em>
<p>&#160;</p>
<p><strong>La Iglesia habla de aborto a los políticos</strong></p>
<p><strong>1. Congregación para la Doctrina de la Fe, 1974</strong></p>
</div>
<div style="text-align:justify;"><em>«Un cristiano no puede conformarse a una ley que en sí es inmoral; tal es el caso de una ley que admita la licitud del aborto. Tampoco puede participar en una campaña de propaganda de una ley, ni votar por ella. Más aún, no puede colaborar en su aplicación».</em></div>
<p><a href="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2009/11/04-foto-3.jpg" target="_blank"></a><strong>2. Congregación para la Doctrina de la Fe, 2002</strong></p>
<div style="text-align:justify;"><em>Los católicos «tienen la precisa obligación de oponerse a toda ley que atente contra la vida humana» (…) «No pueden participar en campañas de opinión a favor de semejantes leyes, y a ninguno de ellos les está permitido apoyarlas con el propio voto».</em></div>
<p><strong>3. Congregación para la doctrina de la fe, 2004</strong></p>
<div style="text-align:justify;"><em>A «un político católico», cuya «cooperación formal se hace manifiesta» mediante «campaña consistente y voto por leyes permisivas de aborto y eutanasia» no se le puede dejar comulgar «hasta que acabe con su situación objetiva de pecado».</em></div>
<p><em><strong>Nota:</strong> Este artículo fue publicado originalmente por La Razón, <a href="http://www.larazon.es/" target="_blank">www.larazon.es</a></em></p>
<div>Que la Virgen los acompañe siempre<img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3936819512393155137-4350263211559590707?l=cruxetgladius.blogspot.com" alt="" width="1" height="1" /></div>
<p><img src="http://feeds.feedburner.com/%7Er/cruxetgladius/%7E4/OvYRyOo8p60" alt="" width="1" height="1" /></p>
</div>
<p style="text-align:center;"><img title="04-foto-3" src="http://viva-chile.cl/site/wp-content/uploads/2009/11/04-foto-3.jpg" alt="04-foto-3" width="340" height="400" /></p>
<p style="text-align:center;">
</div>
</div>
</div>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[CREACION O EVOLUCION, ¿ALGUNO ESTA EQUIVOCADO?]]></title>
<link>http://abmiramontes.wordpress.com/2009/11/17/creacion-o-evolucion-%c2%bfalguno-esta-equivocado/</link>
<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 17:51:26 +0000</pubDate>
<dc:creator>abmiramontes</dc:creator>
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<description><![CDATA[Seguramente a ti como a mi se nos ha presentado la inquietud por conocer realmente el origen del hom]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Seguramente a ti como a mi se nos ha presentado la inquietud por conocer realmente el origen del hombre, y es que “suena tan ILOGICO que Dios haya hecho el universo en solo 6 días”; Sobre todo cuando en la escuela escuchamos acerca de la teoría de la Evolución de Darwin y aquella otra del origen de universo a través del BIG BANG, o la que dice que la vida comenzó a existir a partir de una primera partícula de Carbono, Hidrogeno, Nitrógeno y Oxigeno; el famosísimo  “CHON” (mejor conocido como asunción je je).<br />
Brota aquí la pregunta:  ¿por que entonces la Biblia nos dice que Dios hizo al hombre y nos narra la creación de una forma tan detallada?.<br />
Buscando respuestas nos podemos encontrar con frases que dicen algo pero no satisfacen nuestra curiosidad, desde el típico “abuelazo”:  “en la escuela te enseñan puras cosas del diablo”, hasta piadosas explicaciones tomadas de la misma Biblia “un día para Dios es como un siglo para el hombre”.<br />
Lo cierto es que la Biblia dice una cosa y la ciencia otra totalmente distinta ¿Cuál está en un error? Que debo creer? Lo que dice la Biblia… (aun que suene ilógico y científicamente obsoleto) o lo que dice la ciencia (aun que esto implique renegar de la fe en un Dios en quien si crees). ¿Ciencia o fe?&#8230;<br />
…¿y por que no las dos? Ya antes alguien se hizo esta pregunta;  un pensador francés Theilard de Chardin (Cherdàn para los amigos) sacerdote y geólogo francés que diseñó una teoría alterna; la Biblia no es un libro de geología ni de historia, sino de FE, por ello debe ser interpretado desde la FE, la ciencia en cambio es rigurosa y exige la búsqueda de la verdad.<br />
Theilard; investigando, descubre que,  efectivamente, todo parece indicar que las especies evolucionaron pero a paso muuuuuuy lento; sin embargo hubo acontecimientos que “apresuraron”  la evolución (un salto inexplicable en la cadena evolutiva) por ejemplo: de repente comienza a existir todo (¿por que? ¿Como? ¿De donde?);  de repente los elementos de nuestro amigo “CHON” se convirtieron en algo vivo (¿de donde salió esa vida?); de repente los antropoides ( o sea nuestros abuelos changos que todavía no eran hombres)comienzan a tener habilidades espirituales: Es aquí donde entra la acción de Dios; que continúa su creación.<br />
En pocas palabras,  La evolución es el “medio “ que Dios utiliza para actuar;  “…y dijo Dios; hágase la luz… y el big bang se hizo” y se crearon los astros los planetas, etc. etc&#8230;, y dijo Dios “sepárense las aguas de arriba de las aguas de abajo”&#8230; y el planeta se fue enfriando y separándose los continentes etc. etc.. .y dijo Dios “haya animales y plantas”… y entonces aparece el famosísimo “CHON” las especies inician como bacterias etc..   Finalmente dijo Dios “hagamos al Hombre a nuestra Imagen y Semejanza”  (y empezaron a trasquilar a un chango)…bueno. No exactamente, pero Dios fue adaptando a través de la evolución a una especie capaz de recibir un espíritu que en el futuro tuviera “INTELIGENCIA, VOLUNTAD Y LIBERTAD” y que por ello pudiera amar.   NOTA: Según esta teoría, la Creación no ha terminado, sino que el hombre se convierte ahora en ayudante de Dios en la creación; así se crean las culturas, las ciencias, las tecnologías, el internet y mas cosas que nos falta por crear, y entonces el Hombre es también ese MEDIO DIVINO  por el que Dios sigue creando.<br />
Así que nuestro compa Theilard reconcilio ciencia y fe, Creación y evolución, (Cristianizó a Darwin)  así que, tan cierto es el mensaje del Génesis (Dios creo al Hombre), como posible la teoría de Darwin (la evolución de las especies).<br />
Bueno, deseando que se interesen más por conocer, les dejo aquí una frase del buen Chardìn;<br />
 Llegará el día en que después de aprovechar el espacio, los vientos, las mareas y la gravedad; aprovecharemos para Dios las energías del amor. Y ese día por segunda vez en la historia del mundo, habremos descubierto el fuego.  Pierre Teilhard de Chardin.<br />
Jesús Abraham Miramontes. </p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[ Médico especialista en abortos tardíos admite en TV que está matando]]></title>
<link>http://radiocristiandad.wordpress.com/2009/11/09/medico-especialista-en-abortos-tardios-admite-en-tv-que-esta-matando/</link>
<pubDate>Mon, 09 Nov 2009 13:50:14 +0000</pubDate>
<dc:creator>María Angel</dc:creator>
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<description><![CDATA[&#8220;¿Estoy matando? Sí, lo sé&#8221;, afirmó con frialdad Curtis Boyd, un famoso médico abortista]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:center;"><img class="alignnone size-full wp-image-8980" title="ppdoctor061109" src="http://radiocristiandad.wordpress.com/files/2009/11/ppdoctor061109.jpg" alt="ppdoctor061109" width="250" height="198" /></p>
<p style="text-align:center;">
<p style="text-align:justify;">&#8220;¿Estoy matando? Sí, lo sé&#8221;, afirmó con frialdad Curtis Boyd, un famoso médico abortista de Texas frente a las cámaras de televisión de un canal local. Boyd es especialista en abortos tardíos hasta los seis meses de gestación y se dedica al negocio del aborto desde hace 36 años, cuando inauguró la primera clínica abortista de Texas.</p>
<p style="text-align:justify;">En un reportaje del canal WFAA-TV de Dallas a propósito de la apertura de su nueva clínica abortista, Boyd conmocionó a los televidentes cuando admitió que está matando cada vez que practica un aborto, pero lejos de mostrar algún reparo, justificó su &#8220;trabajo&#8221; alegando que piensa en los problemas de quienes buscan abortar.</p>
<p style="text-align:justify;">Boyd, que fue ordenado ministro baptista y ahora profesa el unitarismo, causó asombro al agregar que reza con frecuencia pidiendo que &#8220;el espíritu de cada embarazo&#8221; que interrumpe con el aborto &#8220;vuelva a Dios con amor y comprensión&#8221;.</p>
<p style="text-align:justify;">La apertura de su nueva clínica para abortos tardíos tiene muchos detractores, entre ellos los miembros del Catholic Pro-Life Committee que realizan vigilias en las afueras del centro para tratar de salvar vidas que solo esperan nacer.</p>
<p style="text-align:justify;">Boyd declaró en televisión que los abortos más difíciles son los que practica a niñas embarazadas y asegura haber &#8220;tratado&#8221; a niñas de nueve años de edad.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Fe y ciencia]]></title>
<link>http://parroquiaicm.wordpress.com/2009/11/01/fe-y-ciencia/</link>
<pubDate>Mon, 02 Nov 2009 05:53:58 +0000</pubDate>
<dc:creator>ferisitos</dc:creator>
<guid>http://parroquiaicm.wordpress.com/2009/11/01/fe-y-ciencia/</guid>
<description><![CDATA[]]></description>
<content:encoded><![CDATA[]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[El conocimiento del universo acerca de Dios]]></title>
<link>http://parroquiaicm.wordpress.com/2009/11/01/el-conocimiento-del-universo-acerca-de-dios/</link>
<pubDate>Sun, 01 Nov 2009 06:45:53 +0000</pubDate>
<dc:creator>ferisitos</dc:creator>
<guid>http://parroquiaicm.wordpress.com/2009/11/01/el-conocimiento-del-universo-acerca-de-dios/</guid>
<description><![CDATA[]]></description>
<content:encoded><![CDATA[]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Génesis: Segundo relato de la Creación: centralidad del Hombre]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/24/genesis-segundo-relato-de-la-creacion-centralidad-del-hombre/</link>
<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 11:49:21 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
<guid>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/24/genesis-segundo-relato-de-la-creacion-centralidad-del-hombre/</guid>
<description><![CDATA[Este post es continuación del artículo: Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j. Segundo ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;">Este post es continuación del artículo: <a rel="bookmark" href="../2009/10/22/astronomia-y-creacion/">Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p style="text-align:center;"><strong><em>Segundo relato de la Creación: centralidad del Hombre</em></strong></p>
<p style="text-align:justify;">Hay en el siguiente capítulo otra versión del proceso creativo en que no se distinguen días ni etapas, porque su interés radica en la actividad del Hombre y su modo de responder al Creador que ha hecho todo para su bien. En este resumen, más teológico, Dios forma primero al Hombre (sin la mujer) del barro, en un mundo árido, sin lluvia  ni hierba ni ser viviente alguno, modelando su cuerpo con sus manos, como un escultor que hace una imagen humana con maestría sublime. Dios infunde luego un “soplo de vida”, un aliento que convierte a la estatua inerte en ser viviente. No hay alimento para ese ser humano aislado, solitario, “<em>por no haber llovido Yahvé sobre la tierra ni haber Hombre que la labrase</em>” antes de que él exista. Una vez que existe el Hombre, Dios produce el entorno paradisíaco donde puede vivir feliz, “con árboles hermosos a la vista y de frutos sabrosos al paladar”, uniendo belleza y utilidad, culminando en el “árbol de la vida” (fuente de inmortalidad) y en el de la “ciencia del Bien y el Mal” como prueba de su fidelidad y sumisión al Creador.</p>
<p style="text-align:justify;">Dos modos de completar el relato de nuestro origen son especialmente significativos en esta segunda versión:</p>
<p style="text-align:justify;">Se afirma que el Hombre no está hecho para una existencia en soledad: <em>es persona y necesita relaciones personales</em>. Primeramente, Dios hace desfilar ante Adán a todos los animales del campo y del cielo, formados también del barro después de Adán y él <em>ejerce dominio</em> sobre ellos asignándoles un nombre adecuado (<em>conociéndolos</em> y determinando su proceder, pues el nombre &#8211; en el modo de pensar hebreo- indica lo que va a ser quien lo recibe: recordemos a Cristo dando un nuevo nombre a Simón Pedro).</p>
<p style="text-align:justify;">Pero entre todos los animales no se encuentra ninguno <em>semejante</em> al Hombre, por muy parecido que sea su aspecto físico. Antes se ha insistido en que el Hombre está hecho a <em>semejanza de Dios</em> –a pesar de que Dios no tiene descripción alguna que indique forma corporal- y ahora se niega la semejanza a seres que corporalmente no parecen muy distintos. Es una forma sencilla, pero profunda, de resaltar de nuevo la dignidad humana, basada en su racionalidad.</p>
<p style="text-align:justify;">En segundo lugar, la mujer no se forma del barro independientemente, sino que es “carne y hueso” del varón, de la intimidad cercana al corazón de Adán. Es esta relación original la que garantiza la unidad del género humano y establece también a la mujer como compañera <em>adecuada</em> del varón -no como una animal doméstico- con una mutua atracción que será superior aun a los lazos de dependencia respecto a los padres de cada uno.</p>
<p style="text-align:justify;">Cristo hará callar a los que le preguntan sobre la práctica  Mosaica del divorcio citando la norma bíblica “<em>serán dos en una sola carne</em>” y dando claramente la consecuencia del matrimonio indisoluble: “lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.  Solamente en esta enseñanza de Cristo se mantiene la dignidad sagrada de cooperar con Dios para que tengan vida en un entorno adecuado quienes van a ser también “hijos de Dios” siéndolo de quienes en amor se entregan mutuamente.</p>
<p style="text-align:justify;">La familia es la unidad básica de toda estructura político-social, y  -como afirmó ante las Naciones Unidas Juan Pablo II- “la sociedad es para la persona individual, no al revés”. Solamente el ser humano es “imagen y semejanza de Dios” con un destino eterno que le afecta en su persona, independientemente de consideraciones políticas o económicas de cualquier tipo. Nunca es lícito el rebajar a nadie al nivel de “cosa” útil para el progreso científico ni para otros fines que atentan contra sus derechos, dados por el Creador, no por entidades artificiales, sean democráticas o tiránicas.</p>
<p style="text-align:justify;">Nada tiene que aportar la ciencia a estas consideraciones teológicas, pero sí admite como indudable que la especie humana es una, que todos los miembros de la especie tienen igual naturaleza racional y son igualmente sujetos de derechos y deberes, y que el Hombre está hecho para vivir en sociedad.</p>
<p style="text-align:justify;">Sería equivocado el tomar la prohibición de comer el fruto del árbol  de la Ciencia del Bien y del Mal como una limitación del deseo de conocer que es parte de la naturaleza racional, ansiosa siempre de Verdad, Belleza y Bien. En el modo de hablar semítico, “conocer” tiene con frecuencia el significado de “dominar”, incluso cuando el varón “conoce” a su esposa cuando se une con ella para la procreación. Y en ambientes paganos de la época –y aun en ritos mágicos de nuestros días- simplemente el conocer el nombre de un agente sobrehumano parece ser la clave para poder controlarlo y exigirle favores. Es este <em>conocer</em> el que se prohíbe a Adán bajo pena de perder su inmortalidad, pues el intentar obtener tal control sobre Dios será una rebelión de independencia en actitud de igualdad, no de sumisión propia de la criatura. Ni puede el Hombre por sí mismo erigirse en norma arbitraria del Bien y el Mal.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>Conclusión</em></p>
<p style="text-align:justify;">No han perdido valor ni actualidad estas primeras páginas de la Biblia, ni tiene un creyente motivo alguno para ocultarlas como si fuesen pueriles y poco adecuadas a nuestro tiempo. Sus enseñanzas son, en nuestros días, tan importantes -o más- como lo fueron hace miles de años en un entorno pastoril primitivo o en las ciudades ya más recientes.</p>
<p style="text-align:justify;">El relato poético de la Biblia, que usa conceptos pre-científicos para subrayar ideas de orden, finalidad, dignidad humana, amor del Creador, se hace más impresionante todavía con los datos de la Cosmología moderna. Cuanto aquí se ha descrito es ya parte del acervo común de conocimientos que no se basan en una opinión u otra de algún autor concreto, ni en teorías más o menos plausibles y que están aún en fase de elaboración y búsqueda de pruebas experimentales. Esto es lo que he querido presentar en esta formulación de cómo entender nuestro entorno, no subrayando detalles concretos de explicaciones nimias de sucesión temporal evolutiva, ni para el universo ni para los seres vivientes, sino aceptando lo que es más importante: la centralidad del Hombre en un plan del Creador, inteligente y libre, de infinita generosidad dirigida a nuestro bien.</p>
<p style="text-align:justify;">Sería equivocado el intentar leer el Génesis como un libro de Cosmología o de Biología, para llegar a exigir que se nieguen las aportaciones de la ciencia en esos campos, sea cuando se habla de la evolución cósmica o de la evolución vital en la Tierra. Pero en un lenguaje sencillo se dicen grandes verdades, que no deben interpretarse en un concordismo superficial, ni tampoco olvidarse por un cientificismo miope. Es posible ver lo que cada modo de conocer aporta a nuestra comprensión de la realidad total del Universo y del Hombre, en una síntesis mutuamente enriquecedora, donde el centro está siempre en el Amor de un Creador que no crea por una decisión banal de entretenerse con los fuegos artificiales de millones de soles, ni con el corretear de animales sin conocimiento de su Creador.</p>
<p style="text-align:justify;">Si el Creador es personal –inteligente y libre- sólo el buscar relaciones personales con seres semejantes puede dar una razón suficiente del acto creativo. Y a eso estamos destinados según la Teología bíblica: a vivir, <em>sin límites temporales</em>, de la vida y felicidad “del Padre de quien descienden todos los bienes.”</p>
<p style="text-align:justify;"><strong> El Primer Crepúsculo de Adán</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Al ver la noche Adán, por vez primera,</p>
<p style="text-align:justify;">Que iba borrando y apagando el mundo,</p>
<p style="text-align:justify;">Creyó que al par del astro moribundo</p>
<p style="text-align:justify;">La creación agonizaba entera.</p>
<p style="text-align:justify;">Mas luego, al ver lumbrera tras lumbrera</p>
<p style="text-align:justify;">Dulce brotar, y hervir en un segundo</p>
<p style="text-align:justify;">Universo sin fin, vuelto en profundo</p>
<p style="text-align:justify;">Pasmo de gratitud, ora y espera.</p>
<p style="text-align:justify;">Un sol velaba mil: fue nuevo oriente</p>
<p style="text-align:justify;">Su ocaso, y pronto aquella luz dormida</p>
<p style="text-align:justify;">Despertó al mismo Adán, clara y fulgente.</p>
<p style="text-align:justify;">¿Por qué la muerte al ánimo intimida?</p>
<p style="text-align:justify;">Si así engaña la luz tan dulcemente</p>
<p style="text-align:justify;">¿Por qué no ha de engañar así la vida?</p>
<p style="text-align:justify;">Blanco –White</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Génesis: etapa de complementación para la vida humana: 4º al 6º día]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/24/genesis-etapa-de-complementacion-para-la-vida-humana-4%c2%ba-al-6%c2%ba-dia/</link>
<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 11:40:58 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[Este post es continuación del artículo: Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j. ETAPA DE]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Este post es continuación del artículo: <a rel="bookmark" href="../2009/10/22/astronomia-y-creacion/">Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p style="text-align:center;">ETAPA DE COMPLEMENTACIÓN PARA LA VIDA HUMANA: TRES DÍAS MÁS</p>
<p style="text-align:center;"><strong><em>Cuarto día: entorno astronómico</em></strong></p>
<p style="text-align:justify;">Si los tres primeros días establecen el marco general de la casa del Hombre, los tres siguientes muestran cómo se amuebla adecuadamente. Y si el primer día nos da la luz, el cuarto nos presenta con los astros.</p>
<p style="text-align:justify;">Han sido descritos tres días –con día y noche- <em>sin referencia a los astros</em> como marcadores de tales períodos de luz y oscuridad. Como se ha dicho en forma un tanto jocosa, para los israelitas primitivos no era de día porque salía el Sol, sino porque correspondía tener luz en ese período, e incluso podría decirse que la Luna es más útil que el Sol, pues sale de noche, cuando nos hace falta. El papel de tales astros es, primariamente, decorativo, <em>presidiendo</em> en forma majestuosa todo cuanto ocurre bajo su presencia. Son lámparas incrustadas en el firmamento invisible, como lo estarían también las estrellas, y tienen la función útil –sobre todo la Luna desde el punto de vista del calendario religioso- de señalar claramente día y noche, estaciones y años, con los tiempos para fiestas que todavía hoy se determinan por el ritmo lunar.</p>
<p style="text-align:justify;">Es este “ejército del cielo” el que sirve a Dios y al Hombre con su orden inmutable, como instrumentos hermosos, pero sin categoría divina en grado alguno. Así se distancia el relato bíblico de todas las religiones que adoran a los astros, como ocurría abiertamente en Egipto y en forma más o menos velada en otros muchos pueblos de aquel entorno y de otras culturas de todo el mundo. Incluso en salmos muy posteriores se hace necesario subrayar el papel de sirvientes del Sol y la Luna, acusando de ignorancia blasfema a quienes se dedican a observar desde las azoteas los aspectos cambiantes de los astros, en la astrología, una caricatura de la ciencia que aún perdura hoy en los pueriles horóscopos de los medios de comunicación de masas. El título bíblico de Dios como “el Señor de los Ejércitos” no es una proclamación belicosa, sino que se refiere precisamente al “ejército del cielo”, a los astros que se mueven según sus órdenes en un conjunto ordenado y perdurable.</p>
<p style="text-align:justify;">Con nuestra ciencia moderna hemos conseguido establecer la situación de la Tierra en el sistema solar, y abrir panoramas de inmensidad abrumadora al descubrir que el Sol, con su cortejo de planetas es solamente un “ciudadano” de la gran ciudad cósmica que llamamos la “Vía Láctea”, conteniendo más de 100.000 millones de soles en un disco que la luz tarda 100.000 años en atravesar. En una órbita a unas tres quintas partes del radio, somos llevados alrededor del núcleo (sólo observable con telescopios de “luz invisible”, infra-roja, u ondas de radio) en un año galáctico que dura 250 millones de años de nuestra experiencia. Y a distancias que la luz recorre en miles de millones de años, se encuentran tantas “vías Lácteas” como estrellas en nuestra ciudad. Nadie podía haber soñado –ni a principios del siglo XX- tanta grandeza espacial ni tanta riqueza de soles y planetas, todos tan lejanos que ni los mayores telescopios han logrado todavía ver estrella alguna sino como un punto sin dimensiones.</p>
<p style="text-align:justify;">Si esto es verdaderamente abrumador, es más maravilloso todavía el estudiar la evolución de la materia desde el comienzo explosivo del Big Bang. La Tierra –y, por tanto, nuestro cuerpo- es ceniza de estrellas, literalmente. De no haber existido generaciones previas de estrellas que sintetizaron, a partir del hidrógeno primitivo, el carbono, oxígeno, calcio, hierro, silicio… no existiría un entorno como el de nuestro planeta ni los materiales necesarios para una estructura viviente. Han sido los humildes servidores del plan divino en el “ejército del cielo” los que prepararon el barro terrestre, incluso el que fue el cuerpo de Dios hecho Hombre.</p>
<p style="text-align:justify;">Hacia 1920 decía un gran físico inglés, Eddington, que deberíamos ser capaces de entender algo “tan sencillo como una estrella”. Es la teoría de la evolución estelar la parte más completa y satisfactoria de la Astronomía actual, aunque todavía quedan muchos detalles por elucidar, sobre todo cuando hablamos de las etapas finales de estrellas de gran masa. Es verdad que las estrellas pueden describirse en términos de un proceso de contracción dominado por la gravedad de una masa, suficientemente densa y fría, que al comprimir los gases en su centro los calienta. A los 10 millones de grados comienzan reacciones nucleares que producen energía suficiente para contrarrestar el peso de las capas externas. Mientras hay combustible, a temperaturas crecientes, la estrella evita su derrumbamiento gravitatorio, pero al final es la gravedad la que siempre vence.</p>
<p style="text-align:justify;">Y si estrellas como el Sol tienen un final relativamente apacible, perdiendo sus capas exteriores y dejando un cadáver superdenso de carbono cristalizado, las de masa mucho mayor evolucionan más rápidamente hacia una inestabilidad interna que llega al derrumbe casi instantáneo de la mayor parte de la masa estelar, que se concentra en una esfera de pocos kilómetros de radio. El rebote explosivo lanza al espacio todos los materiales sintetizados en la evolución previa, y permite en pocas horas la síntesis de los elementos más pesados.  Así se enriqueció con “metales” (elementos más pesados que el Helio) la nebulosa de la que hace 4.500 millones de años se formó el sistema solar.</p>
<p style="text-align:justify;">No han sido en vano las etapas cósmicas de duración inimaginable ni es un derroche inútil la existencia de tantos astros que probablemente nunca serán visitados por el Hombre.  Una vez más, es digna de corearse con entusiasmo la aprobación del Creador al terminar el día cuarto: “y vio Dios que era bueno” el cielo con toda la variedad de astros y el suelo fértil cubierto de vivientes aunque sólo en el nivel más inferior, el de la vida vegetativa.</p>
<p style="text-align:center;"><strong><em>Quinto día: vida animal en entornos sin control humano</em></strong></p>
<p style="text-align:justify;">En paralelo con el segundo día, en que se abre un espacio habitable dentro de las aguas, se coloca en el quinto día  la vida animal en los océanos y la atmósfera. Con un ritmo de mayor rapidez y variedad creativa se nos describe una explosión de vida en el agua y en el aire, los dos elementos más cambiantes y –al mismo tiempo- menos cercanos al Hombre en cuanto a su capacidad de controlar y utilizar sus recursos. Una vez más se utilizan las potencialidades propias de la materia con una orden dada directamente a las aguas. “Hiervan de animales las aguas”, con formas tan increíblemente variadas como almejas y ballenas, pólipos y pulpos gigantes, humildes pescados de ríos y lagos o monstruos intuidos en las profundidades oscuras de los océanos. Y como otra explosión de agilidad, hermosura y variedad fantástica, el mundo de las aves, desde los gorriones -casi invisibles en su pequeño tamaño y color polvoriento- hasta las águilas que nos miran impávidas desde sus alturas. Un hervidero de vida que se perpetuará por la orden divina de fecundidad que es la primera <em>bendición</em> –no simple aprobación- dada por el Creador.</p>
<p style="text-align:justify;">Tal vez es la comunicación de vida la idea más insistente de la Biblia al hablar de Dios como <em>Vivo</em> y así distinto de todos los ídolos inertes. Aun sin barruntar el misterio de la intimidad de Dios en su Trinidad, donde la comunicación de todo el Ser infinito es la actividad esencial de las divinas Personas, siempre se subraya el aspecto vital de quien existe sin tiempo, sin haber tenido principio ni poder tener fin, porque para Dios <em>mil años son como un día</em>, y Él es inmutable, plenitud esencial de toda perfección. Porque Dios es vida y comunica vida, la existencia de seres fecundos, activos, nos muestra una nueva faceta del Creador, que sólo muy veladamente se conoce en el mundo astronómico, aun con toda su belleza. Relaciones de familia, ya presentes en forma conmovedora en el cuidado de las aves hacia la prole en sus nidos, apuntan a relaciones más profundas y significativas cuando aparezca el nivel máximo de vida en la Tierra.</p>
<p style="text-align:justify;">Hoy la ciencia nos presenta el panorama de vivientes como el resultado de un larguísimo proceso comenzado en las aguas de hace 3.500 millones de años. No sabemos dónde ni cuándo ni cómo apareció la primera célula: su complejidad desafía toda descripción en términos de un “azar” que no es fuerza física alguna ni puede ser causa de orden y estructuración complejísima. Tal vez en una charca litoral, o en fuentes termales o grietas volcánicas abisales, tal vez con la ayuda estructural de arcillas o minerales cristalizados, los aminoácidos que puede sintetizar el rayo en una atmósfera adecuada se unieron para producir la primera molécula con capacidad de reproducirse.  Esa vida no era vegetal –que definimos por la síntesis de nuevo material orgánico – sino dependiente de moléculas ya presentes en el entorno en que aparecen las primeras células. El misterio se cubre con frases que afirman el hecho, pero no ofrecen una explicación satisfactoria.</p>
<p style="text-align:justify;">Hace ya 50 años que, en Chicago, Urey y Miller simularon una posible atmósfera primitiva de la Tierra y consiguieron que chispas eléctricas formasen en ella los ladrillos básicos del organismo viviente. Otras simulaciones han dado resultados semejantes. Desde entonces no ha habido avance digno de mención. Aunque Sto. Tomás aceptaba la generación espontánea en términos filosóficos, como la actualización de potencialidades dadas por Dios a la materia para producir vida en las circunstancias adecuadas, sigue hoy vigente el dicho de la ciencia después de Pasteur y otros: “<em>Omne vivum ex vivo</em>”.</p>
<p style="text-align:justify;">Aunque se da por supuesto frecuentemente que en una charca primitiva con todos los elementos necesarios debió <em>necesariamente</em> comenzar la vida, y que lo haría de nuevo en esas condiciones, estamos tan lejos de producir una célula viviente en el laboratorio como lo estaban en la Edad Media. En un huevo de gallina hay todo lo necesario para construir millones de células de diversas clases, y el pollito se construye a sí mismo en tres semanas, sin material externo (excepto el aire) y sin escombros. Pero si usamos una batidora para que aquel huevo se convierta en  un puré sin estructura alguna, podemos estar seguros de que allí hay los materiales necesarios y nunca se forma espontáneamente una célula como debió ocurrir al comienzo de la evolución vital en la Tierra. De una manera más  o menos implícita se reconoce esta incapacidad cuando se proponen soluciones basadas incluso en vida originada en circunstancias desconocidas, en otro planeta, para venir luego a establecerse y desarrollarse en el nuestro, trasladando a otro entorno no comprobable la posible solución del problema.</p>
<p style="text-align:justify;">Toda la vida en la Tierra fue microscópica, unicelular, durante 3.000 millones de años, y casi todo ese tiempo apenas hubo oxígeno en la atmósfera. Solamente las plantas –algas unicelulares, cianofíceas o verdes, con clorofila&#8211; cubriendo grandes extensiones de los océanos, pudieron dar el entorno rico en oxígeno donde se observa la “explosión del Cámbrico”: un período breve a escala geológica (solamente unos millones de años) en que las capas sedimentarias muestran ya todas las formas básicas de seres vivientes que persisten hasta hoy.</p>
<p style="text-align:justify;">Es un misterio el porqué de tal variedad de familias, géneros y especies, primero en las aguas y luego en la tierra cercana a ellas: peces, anfibios, reptiles y aves. Hubo evolución puntuada por cinco grandes extinciones de origen cósmico o geológico, que tan sólo permitieron sobrevivir a menos del 10% de las formas desarrolladas en miles de millones de años.</p>
<p style="text-align:justify;">El parentesco básico de todas las formas de vida en la Tierra está bien establecido científicamente: los mismos aminoácidos, la misma simetría de moléculas orgánicas, el mismo modo de transmitir la información genética, son claras razones para afirmarlo. Pero no es menos cierto que el proceso evolutivo es muy difícil de explicar en detalle, y que la Biología no puede dar una razón suficiente para transformaciones específicas aunque deban ocurrir por cambios genéticos de apariencia fortuita.</p>
<p style="text-align:justify;">Recordemos que el método científico no puede demostrar <em>experimentalmente</em> la ausencia ni la presencia de un plan finalístico, ni siquiera cuando analiza un producto de la técnica humana. La pregunta sobre finalidad o la alternativa <em>azar-diseño inteligente</em> es de orden filosófico y debe dirimirse por consideraciones metafísicas, ausentes en la descripción evolutiva<em> que se mantiene dentro del ámbito de </em><em>la biología.</em> En ese campo sólo es posible intentar responder al <em>cómo</em> de la evolución, no a su razón de ocurrir como de hecho ocurrió.</p>
<p style="text-align:justify;">El registro fósil del desarrollo de los vertebrados nos permite aceptar como los más primitivos a los peces, seguidos de los anfibios y reptiles que culminaron en la presencia abrumadora de los dinosaurios durante 150 millones de años. Una gran catástrofe ecológica- casi ciertamente relacionada con un impacto de un asteroide de unos 10 kilómetros de diámetro en la península del Yucatán- terminó su imperio hace 65 millones de años, dejando como sus descendientes más modestos a los reptiles actuales y a las aves. Y es en este mundo menos amenazante donde pudo continuar el desarrollo vital, que se hace especialmente evidente en los mamíferos que proliferan en las tierras continentales.</p>
<p style="text-align:center;"><strong><em>Sexto día: animales terrestres y vida humana</em></strong></p>
<p style="text-align:justify;">El tercer día nos había dado tierra seca, cubierta de plantas. El sexto  puebla de animales los continentes, terminando el proceso de preparación para el Hombre.</p>
<p style="text-align:justify;">Para el pueblo a quien se dirigía el Génesis, originalmente de vida nómada pastoril, la riqueza consistía sobre todo en sus ganados: ovejas y cabras, vacas y bueyes, asnos y camellos, valiosos todavía aun en entornos de granjas y ciudades estables. Estos ganados se mencionan en primer lugar entre los animales terrestres, aunque se incluyen también los reptiles (científicamente anteriores) que el nómada encuentra en el desierto, como lagartijas o serpientes, y tal vez como cocodrilos en Egipto o en otras cuencas fluviales. Porque no parecen ser útiles al Hombre, su mención –como sin darles importancia, pero reconociendo su presencia- puede indicar su <em>impureza</em> que les hace inadecuados para el consumo humano, y que puede estar relacionada con ritos paganos en que serpientes son símbolos de culto a diosas de la fecundidad, o que es un rescoldo despectivo de la reverencia idolátrica dada en Egipto a cocodrilos y otros animales ausentes en Palestina. Sin otra distinción más detallada se mencionan <em>todas las otras bestias de la tierra</em>, aun las fieras salvajes, para dejar claro que todo ser viviente tiene su origen en la palabra omnipotente de Dios.</p>
<p style="text-align:justify;">La paleontología puede reconstruir parcialmente el desarrollo de los mamíferos, sobre todo después de la desaparición de los dinosaurios. Nuestro acervo de fósiles es siempre muy incompleto, pero permite encontrar formas progresivamente más cercanas a las actuales, por ejemplo para dar lugar al caballo, e incluso a los primates biológicamente más parecidos al Hombre. No es fácil encontrar formas intermedias ni procesos plausibles para ir desde un supuesto antecesor de la ballena –originalmente terrestre y del tamaño de un asno- hasta el enorme cetáceo de hoy, el animal más grande de toda la historia de la vida en nuestro planeta. Un mamífero que bucea a mayor profundidad que los submarinos nucleares y que puede estar sin respirar durante una hora, con un corazón que bombea mil litros de sangre en cada latido y con una capacidad insospechada de almacenar oxígeno en una espesa capa de grasa subcutánea. Realmente es necesario reconocer que tal evolución es un misterio.</p>
<p style="text-align:justify;">También es un misterio la programación instintiva que determina cómo una araña teje su tela o la abeja sus panales o un pájaro hace su nido y busca su alimento. Hasta qué punto puede el instinto –la programación transmitida genéticamente&#8211; incluir tendencias de imitación y aprendizaje, como se observan en primates actuales, es difícil establecerlo con claridad. No hay en todo ese mundo animal ninguna <em>cultura</em> que se comunique con símbolos sistematizados, sean visibles o audibles, ni indicación de conciencia refleja o iniciativa libre. Es posible hablar de los animales como “robots biológicos” de una complejidad asombrosa, pero con las limitaciones inherentes a la falta de verdadera consideración de alternativas de proceder que den lugar a una elección libre. Por lo cual no es posible hablar en este nivel de derechos o deberes, de responsabilidad personal.</p>
<p style="text-align:justify;">En esta narración bíblica Dios contempla su obra en este momento y -por última vez- da su aprobación <em>a lo que no puede menos de ser como Él lo ha decretado:</em> “Y vio Dios que era bueno” este mundo lleno de vida vegetal y animal.</p>
<p style="text-align:justify;">Una vez preparado todo el entorno adecuado, el Padre providente -que ha hecho el hogar para sus hijos- culmina su obra con un nuevo acto de especial solemnidad. No va a pronunciar un “Hágase” distante, ni a ordenar que el agua o la tierra utilicen sus potencias innatas para dar lugar a una forma superior de vida. Va a tomar una parte directamente activa en la formación del Hombre, que va a ser “Imagen y Semejanza” suya, ser viviente en un grado de actividad propia del Creador inteligente y libre. Por tanto, “hijo” en una forma especial, pues un hijo es una imagen viviente de su padre.</p>
<p style="text-align:justify;">Es una forma gramatical misteriosa la que hace de la palabra “Elohim” –Dios- un plural en esa lengua semítica del Génesis original, sobre todo cuando es tan obvia la insistencia en la unicidad exclusiva de Dios en todo el libro sagrado. También es plural el verbo que expresa ahora su acción, como si se diese una deliberación entre iguales de suprema majestad: “<em>Hagamos al Hombre a nuestra imagen y semejanza</em>”. Y se añade su especial dignidad como representante de Dios: “<em>Para que domine</em>” a todos los seres vivientes previamente creados, como lugarteniente del Creador, como hijo y heredero que no puede contarse entre las posesiones de un amo al enumerar sus riquezas.</p>
<p style="text-align:justify;">Se recalca este nuevo orden de existencia, intermedio entre el Creador y su obras anteriores, con una insistencia significativa y casi de asombro: <em>“Y creó Dios al Hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó Dios macho y hembra</em>”.  La distinción de sexos no es una distinción de naturaleza ni de dignidad, pues la pareja humana aparece desde el primer momento como salida de la mano de Dios con esa semejanza que da a todo ser humano su especial rango en la creación. No hay discriminación de castas ni de sexos en esta visión tan directamente positiva de lo que somos.</p>
<p style="text-align:justify;">Al hacer que exista el género humano, no hay la acostumbrada aprobación que ratifica la bondad de la obra: una omisión que sugiere que la bondad del Hombre dependerá de nuestra <em>libertad,</em> no de nuestras estructuras biológicas. Sí hay, en cambio, la bendición de fecundidad que se invocó sobe los animales terrestres y que va unida a la reiteración de su dominio: “<em>Procread y multiplicaos y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra</em>”. Todo está hecho para el Hombre, y el Hombre sólo para su Creador: no hay nada en el orden creado que tenga derecho a arrebatar a un ser humano su dignidad, superior a cualquier consideración utilitaria.</p>
<p style="text-align:justify;">La ciencia de hoy no puede menos de confesar que hay una diferencia cualitativa, no sólo cuantitativa, entre el Hombre y los demás seres vivientes del planeta. Todos los materialismos que quieren explicar lo que somos por razones de complejidad genética o estructuración cerebral se ven ante hechos innegables que contradicen esas explicaciones aparentes.  Ni el tamaño del cerebro se relaciona directamente con la inteligencia ni se dan iguales comportamientos en mellizos univitelinos (con idéntico ADN), aun en casos de siameses, que no sólo tienen la misma genética, sino necesariamente el mismo entorno, por compartir parte de sus órganos sin posibilidad de independizarse.</p>
<p style="text-align:justify;">Más positivamente, la actividad de pensamiento abstracto –la base de posibilidad de hacer ciencia, matemáticas, poesía- no puede atribuirse a ninguna de las cuatro fuerzas por las que la Física define a la materia. Ni es su resultado algo con propiedades físicas comprobables ni se admite su influencia en algo tangible fuera del pensante. Tampoco es una solución el apelar al éxito de la llamada “Inteligencia artificial”: aun en el supuesto de que hubiese los circuitos necesarios para un ordenador como resultado de evolución química al azar, necesitaríamos un “programa” para que se diesen actividades con algún resultado significativo. Y ese programa no puede atribuirse a la química ni tendría sentido sin un sistema <em>arbitrario</em> de simbolismos en términos de corrientes eléctricas transmitidas o bloqueadas por unidades equivalentes a los transistores.</p>
<p style="text-align:justify;">Nuestra semejanza al Creador, tan elocuentemente afirmada en el Génesis, no puede ser atribuida a nuestra estructura corporal, sino solamente a nuestra capacidad discursiva y racional, y a nuestra voluntad libre. Y esto no se explica por evolución genética, aunque sea aceptable que Dios preparase evolutivamente a la materia para darle el espíritu, única razón suficiente de ese nivel de actividad. Manteniéndose en su propia metodología, nada puede decir la ciencia en contra de esto, aunque siga siendo un misterio para todos el cómo de la <em>unión de espíritu y materia</em>. Es la relación mente-cerebro el campo de mayor dificultad al hablar del ser humano, y apenas se pueden mencionar progresos en ese estudio durante siglos, excepto para hacer notar que enfermedades <em>mentales</em> pueden ser el efecto de desequilibrios químicos o tumores cerebrales.</p>
<p style="text-align:justify;">Si queremos hablar con una comparación actual, también es un misterio –ciñéndonos sólo a la materia- el cómo compaginar los aspectos de partícula y onda en una realidad superior al hablar de las partículas elementales, o cómo hacer compatibles la Relatividad Generalizada y la Mecánica Cuántica en la cosmología. Hay datos abundantes e indudables que nos obligan a aceptar esas dualidades de comportamiento, pero realmente no entendemos cómo las cosas pueden ser así.</p>
<p style="text-align:justify;">Termina este primer capítulo del Génesis con una poética afirmación de que la vida animal se sostendrá, en todos los ámbitos, mediante un régimen vegetariano de alimentación.  Algo que no parece aplicable a los peces ni a animales claramente deficientes en su capacidad de procesar vegetales, como sería un león o un humilde mosquito o una sanguijuela.</p>
<p style="text-align:justify;">No es lógico atribuir la necesidad de comer carne a los efectos del pecado humano, como si el sufrimiento de animales -víctimas de otros animales- fuese culpa nuestra: millones de años antes del Hombre encontramos los más terribles predadores carnívoros entre los grandes dinosaurios. No es correcto el antropomorfizar a todos los vivientes para exigirles derechos y deberes, en una implícita atribución ética que los divide en “buenos y malos”.  Menos todavía es legítimo el suponer que animal alguno tenga una dignidad superior al Hombre, sea para adorarlo, o para anteponer su bienestar a las necesidades de una persona, aunque se quiera dar carácter humano -con la idea oriental de reencarnación- a cualquier forma de vida de nuestro entorno.</p>
<p style="text-align:justify;">El relato de la Creación termina con una base lógica que justifica la institución del <em>descanso sabático</em>: es el día séptimo el especialmente bendito y santificado por el descanso del Creador.  No porque su actividad le imponga la necesidad de recuperar fuerzas –un simple “Hágase” es lo que da origen a cuanto Él quiere- sino porque el Hombre va a necesitar ese reposo a intervalos regulares para no verse abrumado por su actividad hasta el punto de dejar de considerar su relación personal con el Creador.</p>
<p style="text-align:justify;">Si los días de la semana se toman del entorno cultural en que siete astros se mueven contra el fondo de las “estrellas fijas” de constelaciones aparentemente inmutables, en el Génesis quiere dárseles un significado más profundo por una relación original –aun antes de existir los astros- a lo que se presenta como acción providente de Dios preparando al mundo entero para el hombre. Por eso puede decir Cristo más tarde que <em>“el Hombre no está hecho para el Sábado, sino el Sábado para el Hombre”, </em>una máxima aplicable a toda norma externa que puede convertirse en límite para hacer el bien en todo momento.</p>
<p style="text-align:justify;"><em> </em></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Génesis: la estructuración básica: los tres primeros días]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/24/genesis-la-estructuracion-basica-los-tres-primeros-dias/</link>
<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 11:40:34 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
<guid>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/24/genesis-la-estructuracion-basica-los-tres-primeros-dias/</guid>
<description><![CDATA[Este post es continuación del artículo: Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j. ESTRUCTU]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Este post es continuación del artículo: <a rel="bookmark" href="../2009/10/22/astronomia-y-creacion/">Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p style="text-align:justify;">ESTRUCTURACIÓN BÁSICA: los tres primeros días</p>
<p style="text-align:justify;"><em>Primer día: luz y ritmo diario</em></p>
<p style="text-align:justify;">La primera etapa lógica de la labor de estructuración que se nos describe es el hacer que haya luz, pues nadie piensa en trabajar a oscuras. No se conoce la naturaleza física de la luz ni se habla de procesos que puedan producirla usando un combustible, ni se asocia necesariamente con la existencia de astros luminosos. La luz es una realidad previa a ellos y comienza a existir por un mandato escueto de Dios: “Haya luz”, y hubo luz. Con la alegría del artista que contempla su obra, “vio Dios que la luz era buena, y la separó de las tinieblas”. Así comienza el ordenado ciclo de día y noche, base del vivir normal del Hombre en las latitudes en que se escribía este relato.  <em>Ha transcurrido el día primero</em>.</p>
<p style="text-align:justify;">Nuestra ciencia del siglo XX ha llegado, laboriosamente, a descubrir la luz primera, antes del Sol y las estrellas, en un “Principio” que podríamos describir como caótico, rebosante de energía increíblemente densa y potente, capaz de sintetizar partículas y átomos de hidrógeno y helio en los primeros 20 minutos de existencia del Universo. Contra todo prejuicio que exigía un Universo eterno, es la Ciencia la que nos obliga a aceptar un comienzo <em>antes del cual “no hubo antes”</em>. Pero esa materia inicial, dotada de propiedades extremadamente bien ajustadas (en algunos casos hasta con la precisión de 50 decimales), se expande vertiginosamente en un “primer día” cósmico en que a la luz del Big Bang sigue la oscuridad de un cielo sin estrellas durante millones de años. Todavía podemos detectar y analizar el tenue calor de aquella gran hoguera que marca el comienzo de la historia cósmica hace 13.700 millones de años, y hemos encontrado sus cenizas en la abundancia prevista de hidrógeno, deuterio y helio. “Día y noche” en una escala inimaginable… porque Dios no está en el tiempo y no tiene períodos de espera cuando crea.</p>
<p style="text-align:justify;">El descubrimiento más fundamental e inesperado de la Cosmología moderna es el de Einstein en sus ecuaciones y de Hubble en su observatorio de Monte Wilson. Fue la “Teoría de la Relatividad Generalizada” la que obligó a admitir un Universo “finito pero ilimitado, en expansión o en contracción” en lugar del Universo estático, inmutable y eterno aceptado sin crítica por la casi totalidad de los astrónomos de hace un siglo.</p>
<p style="text-align:justify;">Podemos decir “sin crítica” porque se dejaban a un lado las objeciones obvias: un Universo infinito con infinita masa en todas direcciones, tendría potencial gravitatorio infinito en todos sus puntos, negando la posibilidad de fuerzas gravitatorias netas. Y un Universo eterno sólo contendría cadáveres de estrellas, pues todas habrían agotado sus combustibles.   Sólo una estricta “creación continua” de nueva materia podría resolver la segunda objeción, como se propuso en la década de 1950 por Hoyle, Bondi y Gold. Pero el descubrimiento de la radiación de fondo –el rescoldo del Big Bang- en 1965 por Penzias y Wilson (Premio Nobel por ese descubrimiento) y de cuasares solamente existentes en edades muy primitivas, avalaron la consecuencia lógica de la expansión descubierta por Hubble y anunciada en 1929: el Universo comenzó en un estado de altísima densidad y temperatura.  Y sus condiciones iniciales, con los parámetros de partículas y fuerzas, imponen una evolución hasta el presente, desde aquel “caos” primordial hasta la estructura majestuosa que hoy estudiamos con nuestros instrumentos de la tecnología espacial.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>Segundo día: entorno libre de agua</em></p>
<p style="text-align:justify;">En el relato bíblico tenemos a continuación una manera de describir el segundo día que nos hace sonreír por su trasfondo cultural casi infantil. Solamente se ha hablado de una masa ingente de agua, indomable y estéril, como si fuese una inmensa gota sin recipiente ni barreras.  Es necesario abrir un hueco en ese entorno, para que pueda darse una especie de caverna con aire y suelo donde edificar.</p>
<p style="text-align:justify;">La experiencia sencilla de lluvias que proceden de las alturas, y de aguas que afloran en pozos y manantiales, sugerían una división entre “aguas superiores e inferiores” que exigiría algún tipo de bóveda separando ambas zonas. Esta es la obra del segundo día: crear el “firmamento”, algo que contenga a esas aguas superiores siempre dispuestas, naturalmente, a caer y anegar los recintos inferiores. Tal firmamento cristalino, invisible pero resistente –el cielo- lo encontramos también en las cosmologías de Egipto y otros países cercanos.  Su importancia es previa a la existencia de astros, y el “abrir las compuertas del cielo” es la causa del Diluvio narrado más tarde. No es claro hasta qué punto esta concepción era aceptada como real o simplemente usada en términos poéticos: podía observarse la lluvia cayendo de nubes cercanas al suelo, sin un origen en las alturas de los astros, no –por tanto- tras un firmamento remoto. Pero la imagen era común.</p>
<p style="text-align:justify;">Naturalmente, no hay nada equivalente en nuestra descripción científica del Universo o del planeta Tierra. Podemos decir, en cambio, que es plausible pensar que la Tierra más primitiva era una roca seca y cubierta de cráteres –como la Luna- y que fue la caída de millones de cometas (bloques de hielo condensados en la nube pre-planetaria hace unos 4.500 millones de años) lo que dio a nuestro planeta sus océanos, que posiblemente cubrían toda su superficie durante muchos millones de años.  Esas “aguas superiores”, y la emisión de gases volcánicos del interior terrestre -con una cierta abundancia de vapor de agua-  han dado a la Tierra la posibilidad de tener vida, como el único entorno del Sistema Solar en que el agua existe en los tres estados durante miles de millones de años.</p>
<p style="text-align:justify;">Tal vez la sustancia más inesperadamente fecunda por sus propiedades físico-químicas es el agua, que actúa como el entorno fértil ideal, por ser un disolvente casi universal –incluso hay oro en el agua de los océanos- y por tener, bajo presiones normales, un estado sólido de menor densidad que la forma líquida. Gracias a este comportamiento inesperado el hielo flota, y los océanos no terminan siendo un bloque congelado desde el fondo hasta la superficie, impidiendo toda vida. Ni hay otro medio comparable en su adecuación para que se desarrolle la química del carbono (la <em>Química Orgánica</em>) cuya riqueza y complejidad verdaderamente única es la base de la genética y de todo metabolismo viviente.</p>
<p style="text-align:justify;">Es así lógico el seguir pensando que la abundancia cósmica del agua, en los cielos de la nebulosa solar y en las entrañas de la Tierra, establece el entorno privilegiado de nuestra casa habitable.  No vemos al agua como amenaza, siempre que se establezcan límites precisos a su presencia y actividad.  La intuición bíblica no es anticuada si la entendemos en términos de nuestra ciencia astronómica y biológica. Este sería el significado de nuestro <em>segundo día</em> científico, cuya labor recibe de nuevo la aprobación del Creador:”Y vio Dios que el firmamento era bueno”:</p>
<p style="text-align:justify;"><em> </em></p>
<p style="text-align:justify;"><em>Tercer día: suelo fértil y vida vegetal</em></p>
<p style="text-align:justify;">El tercer día nos presenta ya con un terreno habitable, con tierra firme y seca. Separa Dios las aguas, confinándolas en sus cuencas oceánicas, y como consecuencia tenemos los continentes. No conociendo geología, el confinar las aguas se ve como resultado de una orden divina, que restringe el ámbito de los mares señalándoles límites jurídicos, más que físicos. Tales fronteras, que se consideran y son perpetuas a escala temporal humana, garantizan un espacio habitable indefinidamente, con una sensación de alivio de no temer que ese océano –siempre temible y a punto de volverse caótico- se lance sobre la morada de la vida humana con efectos devastadores, como ocurre en el caso de un tsunami, aunque el escritor bíblico no conociese ese fenómeno.</p>
<p style="text-align:justify;">La geología reciente, confirmando la hipótesis audaz de Wegener, nos explica la formación de cuencas cambiantes a lo largo de eones, con placas continentales movidas por corrientes de convección de roca caliente y un tanto pastosa por efecto del calor del núcleo metálico (de hierro y níquel) del planeta. La presión de esas rocas del manto fractura la corteza rígida y delgada (de sólo unos 30 km. de espesor) dividiéndola en placas continentales, que chocan dando lugar a la formación de montañas y causando volcanismo y movimientos sísmicos en las zonas donde una placa se introduce por debajo de otra.</p>
<p style="text-align:justify;">Hace 220 millones de años todas las placas formaban un único continente –Pangea- que luego se dividió en dos (Laurasia y Gondwana) continuando su evolución para dar lugar al Himalaya por el choque de la India contra el sur de Asia, mientras el océano Atlántico se abrió con una gran brecha desde Islandia hasta la Antártida. Todavía podemos hoy medir (con la ayuda de espejos retro-reflectores dejados en la Luna) el lento crecimiento de unos tres cm. por año de la cuenca Atlántica.</p>
<p style="text-align:justify;">Y es, precisamente, este proceso tan lento e inexorable el que permite renovar tanto las rocas de la corteza como los gases atmosféricos, que reaccionan químicamente con los minerales de origen volcánico. El desgaste de rocas por erosión recicla esos materiales en un dinamismo que no parece haberse dado en una escala comparable en los otros planetas de tipo terrestre de nuestro sistema. Sin ese intercambio de materiales y fuerzas, no sería habitable nuestra casa común, la joya azul del Sistema Solar.</p>
<p style="text-align:justify;">Una vez hecha la estructura material donde Dios quiere colocar al Hombre, empieza el trabajo más minucioso de dotarla de todas las cosas más claramente necesarias para la vida humana. Y lo más obvio es que necesitamos alimento, que solamente puede encontrarse en niveles inferiores de vida. Con los datos de la experiencia sensorial –sin microscopios- vemos como la forma más elemental de vida la de nivel vegetativo. Así es lógico que Dios comience creando plantas en la tierra ya librada de la opresión de un océano ilimitado. Con una nueva forma de realizar sus fines, Dios exige a su creación que con sus operaciones propias contribuya al desarrollo de sus planes: “<em>Haga brotar la tierra hierba verde, hierba con semilla y árboles frutales, cada uno con su fruto</em>”.</p>
<p style="text-align:justify;">Tenemos de nuevo un modo de hablar que subraya el orden y la jerarquía de seres creados. La hierba verde será pasto para el ganado y alimento para los animales terrestres más útiles para el Hombre. La “hierba con semilla” nos indica la aparición de cereales que permiten que haya pan, el alimento por excelencia. Y los árboles con fruto, también con semilla que es garantía de su perpetuidad, ofrecen la variedad de utilizaciones que incluyen el vino, el aceite, los dátiles e higos que eran parte constante de la alimentación de los nómadas y seguían siendo alimento diario de los judíos ya en pueblos y granjas.</p>
<p style="text-align:justify;">Todo ello es resultado de esa orden que permite a la materia inanimada estructurarse en la maravilla que es una planta, capaz de utilizar minerales, agua, anhídrido carbónico y luz solar para sintetizar hidratos de carbono, azúcares, aminoácidos y lípidos cuya variedad sigue siendo motivo de asombro y nuevos descubrimientos, aun en nuestro tiempo.</p>
<p style="text-align:justify;">No sabían los escritores bíblicos que son las plantas verdes las que han enriquecido con oxígeno la atmósfera primitiva, ni que, sin su intervención continuada, en muy poco tiempo sería imposible habitar en nuestro planeta. Es la presencia de algas verdes en los terrenos sedimentarios de hace unos 2.000 millones de años la clave que explica que hace 600 millones de años haya habido una explosión de formas vivientes, cuando el nivel de oxígeno, ya comparable al actual, permitió el desarrollo de vida pluricelular, macroscópica.</p>
<p style="text-align:justify;">Dos pasos evolutivos -imprevisibles y tal vez de una probabilidad infinitesimal aun en edades cósmicas- dieron, primero, la capacidad de la función clorofílica a seres unicelulares anaeróbicos (para quienes el oxígeno era un veneno) y luego, al aumentar el nivel de ese gas con reacciones energéticas de enorme eficiencia, la capacidad de usarlo como clave de un metabolismo que permite la vida pluricelular, tanto vegetal como animal</p>
<p style="text-align:justify;">Por la imposibilidad aun de calcular que tales pasos evolutivos se den, hay científicos serios que consideran plausible la vida <em>solamente microscópica</em> en muchos otros planetas del universo, pero prácticamente imposible que se dé el desarrollo de algo tan complejo como un ratón, para no hablar ya de la vida humana.</p>
<p style="text-align:justify;">Con la alfombra viviente verde y fecunda cubriendo los continentes, termina el día tercero, que se cierra de nuevo con el juicio aprobador de Dios.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Génesis: situación inicial]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/24/genesis-situacion-inicial/</link>
<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 11:33:53 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[Este post es continuación del artículo: Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j. Génesis:]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;">Este post es continuación del artículo: <a rel="bookmark" href="../2009/10/22/astronomia-y-creacion/">Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p style="text-align:justify;"><em>Génesis: Situación inicial</em></p>
<p style="text-align:justify;">Si bien la traducción más frecuente de las palabras iniciales: “<em>En el principio creó Dios el Cielo y </em><em>la Tierra</em>…” nos presenta ya la idea de creación –que entendemos bajo la luz de veinte siglos de Teología- es posible que sea más exacta la fórmula “<em>Cuando al principio hizo Dios el Cielo y </em><em>la  Tierra</em><em>…</em>” sin una referencia clara a <em>creación</em> propiamente dicha, aunque tal significado es el común de la palabra <em>bará</em> que sólo se usa para Dios y como creación, que parece estrictamente afirmada más tarde (Libro II de los Macabeos). Pero no era un tema preocupante en la sociedad hebrea primitiva el que el mundo fuese o no eterno, sino que tuviese una dependencia unilateral con respecto a Dios, de quien recibe el ser morada adecuada del Hombre. Por eso el relato comienza con la idea central de ver a <em>Dios como causa de orden</em>, de estructuración inteligente para que el ser humano pueda existir y desarrollarse.</p>
<p style="text-align:justify;">La <em>parábola implícita</em> nos presenta a Dios como un Padre que quiere preparar una casa para sus hijos, y lo hace en forma sistemática, desde la estructuración general del edificio hasta el decorarlo y amueblarlo de la forma más atrayente y adecuada para que en ella pueda vivir y desarrollarse el Hombre. Es éste imagen viviente del Creador, su representante y colaborador en el perfeccionamiento de la obra que se le ofrece con Amor desinteresado. Nada se pide a cambio, sino la actitud lógica de agradecimiento y reverencia <em>por tanto bien recibido</em>, como dirá más tarde S. Ignacio en su <em>Contemplación</em> de la Creación providente con que terminan los Ejercicios Espirituales.</p>
<p style="text-align:justify;">Es ya significativo que el Dios bíblico no tiene nombre especial excepto el que afirma su divinidad. Es implícitamente <em>único</em>, por lo que no es necesario identificarlo con nombre especial como sería de esperar en el caso de una pluralidad de deidades. Y no se habla de un origen para explicar su existencia: antes de toda otra realidad está Él presente en el verdadero Principio de todo ser, no sólo en un principio de orden temporal, sino más profundamente en el orden lógico de causalidad y razón suficiente.</p>
<p style="text-align:justify;">El estado más primitivo de lo que no es Dios se describe como un “caos” en que confusión, oscuridad y vacío resumen la total negación de propiedad alguna positiva independiente de Dios. Aun el agua -condición básica de toda vida orgánica- se ve solamente como abismo sin límites, lugar inasequible para el Hombre, en turbulencia tenebrosa y aterradora. Es un modo de pensar que perdura en el subconsciente de ese pueblo originalmente de nómadas del desierto, que no se atreven a aventurarse lejos de la tierra firme y segura, y que se refleja en numerosos lugares de los Salmos.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero sobre ese océano inabarcable se cierne, como potencia capaz de dominarlo, el Espíritu de Dios. Espíritu que es aliento vital y que significa también la inteligencia y voluntad poderosa del Dios bíblico, Dios vivo, no como los ídolos de los pueblos del entorno pagano.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[El Génesis en términos de la ciencia moderna]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/24/el-genesis-en-terminos-de-la-ciencia-moderna/</link>
<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 11:33:28 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[Este post es continuación del artículo: Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j. EL GÉNES]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;">Este post es continuación del artículo: <a rel="bookmark" href="../2009/10/22/astronomia-y-creacion/">Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p style="text-align:center;"><strong>EL GÉNESIS EN TÉRMINOS DE LA CIENCIA  MODERNA </strong></p>
<p style="text-align:justify;">El deseo de saber <em>dónde estamos, de dónde venimos, a dónde vamos</em> es parte de nuestra búsqueda incesante de Verdad<strong>.</strong> En esta serie de preguntas puede darse también una concatenación lógica y temporal, que del presente inquiere acerca de una explicación antecedente, de un estadio siempre previo y más remoto, en una aparente serie interminable de causas cada vez más lejanas en el tiempo. Y como tal proceso es inconcebible lógicamente como infinito, finalmente tenemos que preguntar por un origen <em>antes del cual no hay “antes”, </em>con la aparente paradoja de decir que el tiempo mismo necesita haber tenido un comienzo.</p>
<p style="text-align:justify;">En las filosofías y mitologías de todos los pueblos cuyas concepciones cosmológico-teológicas conocemos, se evita el proceso sin fin, de causas y estados previos, apelando a un elemento básico, eterno y existente por sí mismo, que es de orden material. Es la Tierra, en un sentido amplio -que suele abrazar también a los astros visibles a simple vista- la que sirve de raíz de la que brotan incluso los dioses, frecuentemente personificaciones de astros o elementos básicos como el océano, el cielo, el fuego, el viento. Tales divinidades son originalmente víctimas de rivalidades en cuyos términos se explican diversas estructuras posteriores, hasta llegar al nivel de la vida humana.</p>
<p style="text-align:justify;">Aunque luego se hable de <em>dioses inmortales</em> (por ejemplo, en el Olimpo griego) las divinidades siguen siendo capaces de ignorancia, dolor, fracaso, imposiciones más o menos arbitrarias de dioses más poderosos. Son más “superhombres” que dioses en un sentido verdaderamente trascendente, e incluso son sujetos de vicios y maldades consideradas intolerables en la sociedad humana. Su poder es también limitado en el sentido básico de tener que usar algún tipo de “materia prima” para estructurarla en formas adecuadas para sus fines.  No se habla de “creación” en el sentido filosófico de “paso de nada a algo” que exige una Omnipotencia sin límite alguno. La propia subsistencia de los dioses requiere un aporte constante de alimento, sea en forma de sacrificios ofrecidos por sus adoradores o en algún tipo de manjar desconocido.</p>
<p style="text-align:justify;">Es en este entorno cultural donde el pueblo judío presenta un modo único de entender a la divinidad, no identificada con nada visible, libre de límites espacio-temporales, inmutable, omnipotente, de infinita sabiduría, santidad, justicia y generosidad altruista. Y estos atributos se plasman en un relato poético, con elementos comunes con las cosmogonías de pueblos circundantes, pero libre de todo materialismo o condicionamiento sugerido por la condición humana. Es en el relato del Génesis donde se enseña –en una parábola implícita- que Dios es Padre, que Él es la razón suficiente de existencia de todo cuanto hay fuera de Él, y que la creación es obra de su inteligencia y su Amor.</p>
<p style="text-align:justify;">Es un mensaje radicalmente nuevo, que se expresa en términos adecuados para una sociedad pre-científica, pero que mantiene su valor en nuestra época espacial. No para darnos respuestas a preguntas de Astronomía o Biología en un “concordismo” superficial,, sino para subrayar el orden, la armonía y la inteligibilidad de cuanto existe, condiciones básicas que hacen posible la misma ciencia de que hoy nos enorgullecemos. Y es precisamente esta ciencia la que nos permite re-expresar el Génesis con mayor riqueza de detalles que nos llevan a admirar al Creador conociendo más a fondo su obra.</p>
<p style="text-align:justify;">Con las palabras de Juan Pablo II en una carta dirigida al Director del Observatorio Vaticano: “Si las cosmologías del antiguo cercano Oriente pudieron ser purificadas y asimiladas en los primeros capítulos del Génesis, ¿podría la cosmología contemporánea tener algo que ofrecer a nuestras ideas sobre la creación?” (1 de Junio de 1988). Creo que la respuesta es muy claramente positiva: es la cosmología más moderna la que pone de relieve la grandeza maravillosa de la obra del Creador. Aunque implique en algún momento repetir lo ya expuesto en la introducción, el subrayar tales modos de pensar y los datos en que se apoyan será útil para apreciar el relato bíblico.</p>
<p style="text-align:justify;">Dada la extensión de este artículo lo vamos a dividir del siguiente modo:</p>
<ul>
<li><a href="http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/24/genesis-situacion-inicial/">Situación inicial</a></li>
<li><a href="http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/24/genesis-la-estructuracion-basica-los-tres-primeros-dias/">Estructuración básica: los tres primeros días</a></li>
<li><a href="http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/24/genesis-etapa-de-complementacion-para-la-vida-humana-4%c2%ba-al-6%c2%ba-dia/">Etapa de complementación para la vida humana: tres días más</a></li>
<li><a href="http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/24/genesis-segundo-relato-de-la-creacion-centralidad-del-hombre/">Génesis: Segundo relato de la Creación: centralidad del Hombre</a></li>
</ul>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Una Perspectiva Teológica]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/24/una-perspectiva-teologica/</link>
<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 11:32:54 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[Este post es continuación del artículo: Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j. Una Pers]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;">Este post es continuación del artículo: <a rel="bookmark" href="../2009/10/22/astronomia-y-creacion/">Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="text-decoration:underline;">Una Perspectiva Teológica</span></p>
<p style="text-align:justify;">La Teología cristiana nos ofrece un complemento inimaginable al punto de vista que hemos desarrollado, añadiendo algo que conocemos solamente por Revelación y que cae totalmente fuera del ámbito de posibles inferencias a partir de la ciencia o de nuestros esfuerzos filosóficos. El Creador, eterno y omnipotente, ha querido unir en una Persona única todos los niveles de existencia: divinidad, espíritu creado y materia. EL VERBO SE HIZO CARNE en una unión nueva y definitiva, para siempre, en el Dios-Hombre que constituye la suprema maravilla de la Creación. Adoramos el Cuerpo de Cristo, materia elevada a la vida íntima de la Trinidad por la Resurrección y Ascensión de Cristo, preludio y fuente de nuestra propia resurrección. Todo ha sido creado en Él, por Él y para Él, en un modo tan profundo que ahora podemos decir que <em>Cristo es la única razón suficiente de que se hay dado la creación</em>, y que Él unirá a sí en su Cuerpo Místico a todo ser humano que le acepta de acuerdo con el plan de salvación del Padre.</p>
<p style="text-align:justify;">Esta es la visión optimista del Génesis, que en términos poéticos describe la creación con la parábola de un Padre que prepara la morada para sus hijos. Los detalles del relato son distintos en los dos primeros capítulos, pero el mensaje es el mismo: todo viene a la existencia por acción divina, sin ayudas externas ni oposición alguna. Se da a la materia la capacidad de desarrollar vida en formas múltiples, y solamente el ser humano es objeto de una formación especial, de contacto directo con el Creador. Por su inteligencia y libertad –no por su forma corporal- es imagen viviente de Dios, es hijo. Y su dignidad le hace superior a todo otro ser creado en el Universo observable, al mismo tiempo que le permite cooperar con el Creador para desarrollar su obra. Nada puede aducirse en contra de esta concepción filosófico-teológica desde el punto de vista de la ciencia más moderna, sino al contrario: cuanto más conocemos al universo, más necesitamos de esa manera de entenderlo.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[El Universo y el Hombre]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/24/el-universo-y-el-hombre/</link>
<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 11:32:19 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[Este post es continuación del artículo: Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j. El Unive]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;">Este post es continuación del artículo: <a rel="bookmark" href="../2009/10/22/astronomia-y-creacion/">Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="text-decoration:underline;">El Universo y el Hombre</span></p>
<p style="text-align:justify;">Es ahora necesario analizar lo que es peculiar del ser humano, definido como Animal Racional: debemos buscar la razón suficiente del pensamiento abstracto (que permite hacer Ciencia) y de la actividad libre (base de la persona como sujeto de derechos y deberes). Y todo intento de explicar tal actividad fracasa si solamente hablamos de las cuatro fuerzas que definen a la materia, como ya queda indicado. Por tanto es lógicamente inevitable el aceptar una causa no-material, el espíritu humano, que no puede provenir de la materia por ningún tipo de reacción físico-química ni por evolución genética, siempre limitada a <em>variaciones de estructuras materiales</em>. El doble nivel innegable de funciones biológicas y racionales exige así una doble razón suficiente –materia y espíritu- sin que ello implique un dualismo de unión accidental y pasajera, sino más bien una misteriosa integración de ambos elementos en un YO que es el único sujeto de todas esas operaciones. Y si esto no es totalmente comprensible, no debe sorprendernos, pues ni la materia misma es totalmente comprensible en la descripción que de ella hace la Ciencia con su doble base de Relatividad General y Mecánica Cuántica, conceptualmente incompatibles aunque comprobadas ambas en múltiples experimentos y observaciones.</p>
<p style="text-align:justify;">La realidad humana permite aceptar que el Universo no es finalmente absurdo aunque la Ciencia nos asegure que su evolución futura llevará irremediablemente a la destrucción de todas sus estructuras: se apagarán las estrellas, la vida orgánica será imposible, y el estado final será de vacío, oscuridad y frío. Sin otro porvenir que el que desaparezcan todas las partículas en una energía diluida que irá aproximándose más y más al cero absoluto de temperatura, el científico materialista tiene que confesar que “cuanto más conocemos el Universo, más absurdo parece” (Weinberg). Ni se evita tal conclusión con los esfuerzos anti-científicos de postular un reciclaje sin base alguna en los datos experimentales: repetir un absurdo no lo justifica, sino que lo subraya.</p>
<p style="text-align:justify;">Solamente la dignidad del hombre como ser dotado de espíritu permite salvar a la materia de la futilidad, como dice S. Pablo. Lo que no es materia no tiene que perecer aunque se cumplan las leyes de la Termodinámica y se prevea ese estado final de máxima entropía. El Universo ha cumplido su cometido haciendo posible nuestra existencia, que es la única razón suficiente de que un Creador le haya dado el ser: un agente inteligente y libre –personal- solamente encontrará una razón de crear en la posibilidad de tener relaciones personales con otros seres también inteligentes y libres, como “imágenes y semejanzas” del Creador según las palabras del Génesis, destinados a participar de su modo de existir sin límite alguno espacio-temporal.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Límites de la Ciencia]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/24/limites-de-la-ciencia/</link>
<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 11:31:56 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
<guid>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/24/limites-de-la-ciencia/</guid>
<description><![CDATA[Este post es continuación del artículo: Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j. Los lími]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;">Este post es continuación del artículo: <a rel="bookmark" href="../2009/10/22/astronomia-y-creacion/">Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p style="text-align:justify;">Los límites de la Ciencia:</p>
<p style="text-align:justify;">Finalmente, conocida ya la metodología científica y su campo de aplicación, nos damos cuenta de sus limitaciones esenciales. La Ciencia no puede hablar de lo que no puede medir ni experimentar. No puede decir nada del juicio ético de una acción, ni del valor literario de una poesía, ni de la calidad artística de un cuadro. Todo lo que pertenece a las “Humanidades” –y esto abraza la mayor parte de la actividad humana- queda fuera del ámbito científico. Ni siquiera puede detectarse el contenido de información de un pensamiento, aun sobre la misma ciencia, y la actividad eléctrica de las neuronas no permite saber si lo que estamos pensando es banal, correcto o pura ilusión. Decir lo contrario sería tan absurdo como decir que los voltajes en los transistores de una televisión me indicarán si el programa es interesante o aburrido. Ningún experimento puede medir mi aprecio de una puesta de sol o de una flor, ni explicar por qué se dobla mi brazo <em>cuando yo quiero</em>.</p>
<p style="text-align:justify;">Cuando queremos entender un objeto encontrado en una tumba antigua no nos basta conocer cuáles son sus características físicas (tamaño, peso, dureza) ni su composición química. Queremos saber su razón de ser, su <em>finalidad,</em> que explique por qué fue hecho. Pero ningún experimento puede comprobar la finalidad, aun del producto más obvio de la tecnología humana, y no es posible introducirla con un número en un cálculo matemático. En Biología es imposible hablar de un órgano sin referencia a una función específica, sin la cual la estructura material carecería de sentido. El ojo, el corazón, el oído, se definen por su finalidad, que solamente puede inferirse a partir de <em>la adecuación para un fin</em> que determina los componentes del órgano y su modo de funcionar. Tenemos que dar el paso de Física a Metafísica cuando queremos entender los procesos propios de un organismo viviente: no nos basta describir cómo ocurren las cosas, sino por qué y para qué.</p>
<p style="text-align:justify;">Esto es verdad también cuando hablamos del Universo, de la totalidad de las estructuras materiales desde el átomo a la máxima escala cósmica. ¿Tiene una finalidad? ¿Por qué es como de hecho es? Más básicamente todavía: <em>¿Por qué hay algo en lugar de nada?</em> Físicos y astrónomos se han visto forzados a reconocer la necesidad de discutir el mundo a ese nivel: Como personas, no pueden quedar satisfechos con que se diga simplemente que el Universo existe, sin más. El raciocinio físico, tanto a partir de la teoría de Newton como de la Astrofísica moderna y la Relatividad Generalizada, lleva necesariamente a negar la infinitud espacio-temporal del Universo: con una masa infinita alrededor de cada punto del espacio, todos los puntos tendrán un potencial gravitatorio infinito y no podrán darse fuerzas gravitatorias netas. Y en un tiempo infinito todas las estrellas habrían agotado su combustible nuclear, dejando sin respuesta el por qué todavía brillan muchas estrellas. Hay que elegir entre un único hecho de creación en el pasado o la creación continua de nueva materia estelar durante un tiempo infinito. En ambos casos, la <em>creación</em> en sentido estricto –la aparición de una realidad que no existía previamente en forma alguna- tiene que postularse como la única razón suficiente que explica que aún haya estrellas visibles en enorme cantidad.</p>
<p style="text-align:justify;">La necesidad de un Universo  en el que la materia tiene las propiedades adecuadas para que la vida pueda desarrollarse y alcanzar el nivel de seres racionales, al menos en nuestro planeta, ha llevado a científicos a preguntarse qué consecuencias tendrían posibles variaciones de los parámetros físicos conocidos. Un y otra vez se concluye que aun cambios mínimos en la intensidad de las cuatro fuerzas, las masas de las partículas elementales, la masa de la Tierra o su distancia al Sol, harían imposible nuestra existencia. Los mismos límites serían aplicables si buscásemos vida fuera del sistema solar. El <em>Principio Antrópico</em> fuerte –enunciado por científicos, no por filósofos o teólogos- es esencialmente una afirmación de finalidad, inferida con respecto al mundo natural por la misma metodología que nos permite detectarla en artefactos humanos. El proceso de raciocinio a partir de las propiedades comprobadas de la materia, y las exigencias que limitan las actividades compatibles con la vida y su desarrollo a través de eones hasta el nivel humano, lleva a ver nuestra existencia como el factor que más estrictamente condiciona el modo en que el Universo tuvo que ser “ajustado” desde su primer momento para que produjese un entorno adecuado al menos en un lugar dentro del espacio inmenso.</p>
<p style="text-align:justify;">Tal ajuste se propone más claramente en Filosofía y Teología cuando se infiere la necesidad de un Creador, libre de condicionamientos espacio-temporales, el único agente que puede <em>crear</em> en el sentido total de esa palabra, <em>sin previo estado</em> que condicione el desarrollo del Universo actual. Si se pregunta acerca de qué hubo antes del Big Bang, la ciencia responde que <em>no hubo antes</em>, porque el tiempo es un atributo de la materia y estamos hablando de la aparición súbita de la materia <em>en su totalidad</em>. El Creador no puede ser simplemente otra causa física, actuando incluso según leyes de evolución que implican espacio y tiempo. Como ser inmaterial –espiritual- debemos atribuirle solamente las actividades propias de un ser personal, la Inteligencia y la Voluntad libre. Pero la inteligencia se muestra en actuar por un fin, con medios adecuados que se eligen libremente, y esto implica como conclusión obvia que el Universo fue creado para que existan <em>personas,</em> porque al Creador no puede entretenerle ver que se queman estrellas durante algún tiempo, ni el ver que unos robots orgánicos –animales sin inteligencia- se mueven sobre algún planeta también durante tiempos limitados.</p>
<p style="text-align:justify;">La Ciencia nunca podrá probar que tal Creador existe o no, puesto que ningún experimento es idóneo para hacerlo, pero nuestro raciocinio a partir de la contingencia y las limitaciones de todo lo que es materia es una base suficiente para inferir, con certeza lógica, que tal Creador es <em>la única razón suficiente posible de que haya algo en lugar de nada</em>, y de que ese <em>algo</em> sea adecuado para la existencia humana. El Creador, libre de límites temporales, tuvo que conocer con absoluta certeza todo lo que cada partícula atómica hace durante toda la evolución del Universo: para una mente infinita no puede haber nada desconocido. No hay lugar para azar cuando todo está presente claramente en un único AHORA, y el agente que “echó a andar” el universo le dio las condiciones iniciales necesarias y suficientes para obtener sus fines, sin posibilidad de ignorancia o error por razón de algún proceso imprevisto.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Pensamiento Científico y Metodología]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/24/pensamiento-cientifico-y-metodologia/</link>
<pubDate>Sat, 24 Oct 2009 11:27:53 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[Este post es continuación del artículo: Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j. Pensamie]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;">Este post es continuación del artículo: <a rel="bookmark" href="../2009/10/22/astronomia-y-creacion/">Astronomía y Creación, del P. Manuel Carreira, s.j.<br />
</a>Pensamiento Científico y Metodología:</p>
<p style="text-align:justify;">Tales afirmaciones se pueden concretar en los tres grandes principios del pensar racional: <em>el de Identidad, el de No-contradicción y el de Razón Suficiente</em>. Merecen una explicación detallada, aunque muy breve.</p>
<p style="text-align:justify;">El principio de Identidad, “Lo que es, es”, puede parecer una tautología sin valor alguno. Pero afirma la naturaleza real de las cosas, y -como consecuencia- su modo de actuar: las cosas hacen lo que hacen porque son lo que son, independientemente de mis gustos o prejuicios. Con un lenguaje más elegante y abstracto, <em>el obrar es consecuencia del ser</em>. Y en eso se basa el modo científico de definir sus objetos: se dan definiciones “operativas” indicando modos de comprobar la identidad de una partícula atómica por su masa, su carga eléctrica, su spin; o se define una estrella por su modo de producir energía, o un ser vivo por su metabolismo, auto-ensamblaje y reproducción. Y esto será aplicable en todo el ámbito del Universo, con la consecuencia importantísima de que el modo de proceder constante se enuncia como una “Ley de la Naturaleza”, inmutable y universal, porque no es una imposición externa sino la constatación de lo que la materia hace en unas determinadas circunstancias. El Oxígeno y el Hidrógeno en las mismas condiciones de presión y temperatura, aquí y en cualquier lugar del cosmos, siempre formarán la molécula de agua. No  tienen libre albedrío ni “espontaneidad” para actuar de otra manera.</p>
<p style="text-align:justify;">Esto significa que no se admiten como válidas Físicas distintas según los condicionamientos culturales  a lo largo de la historia. Ni se da valor de credibilidad científica a supuestos datos experimentales que no pueden ser obtenidos igualmente por otros científicos usando los mismos métodos y materiales del investigador que los publica. Solamente en plan humorístico se presentan tales casos en la <em>Revista de Resultados no-reproducibles, </em>que aparece como tal en Estados Unidos.</p>
<p style="text-align:justify;">El principio de No-Contradicción es el más básico del pensar racional: ante una cuestión propuesta en términos inequívocos, desde el mismo punto de vista y para un momento concreto, no es posible que valgan igualmente como respuesta el SI y el NO. Ni hay término medio entre ambos.  Lo contrario define al <em>absurdo</em>, cuya exclusión es el modo típico de llevar a término una demostración filosófica o matemática, no sólo científica. La idea, tan extendida hoy, de que todas las opiniones valen lo mismo, de que todo es “relativo”, es incompatible con la ciencia y con toda racionalidad. Ni vive nadie de acuerdo con ella: se quiere siempre encontrar el diagnóstico médico del mejor especialista, el cálculo correcto de un buen ingeniero, la respuesta legal del mejor abogado. Por eso Einstein, ya citado, exigía para hacer Ciencia la convicción de que el Universo es cognoscible porque no es absurdo.</p>
<p style="text-align:justify;">Historiadores de la Ciencia han hecho notar la falta de verdadero conocimiento científico en las grandes culturas del Oriente: China, Japón, la India. Tuvieron inventos importantes (la imprenta, la pólvora, la simbología matemática…) y arte maravilloso, pero no una <em>explicación racional</em> de la naturaleza. La razón que se propone es doble: en esas culturas hay una filosofía que menosprecia a la materia, ahogando el impulso de conocerla. Y, más básico, se piensa con una obsesión de que todo debe unirse en una síntesis en que hasta el SI y el NO contradictorios tienen que terminar fundiéndose en un único saber superior. Con tal actitud, la ciencia es imposible. En cambio pudo desarrollarse adecuadamente en el ámbito greco-romano, en que la racionalidad y el orden eran valores supremos, donde luego el Cristianismo añade la convicción de un Dios sapientísimo que hizo buena a la materia y la dotó de leyes que permiten estudiarla y describirla lógicamente.</p>
<p style="text-align:justify;">El tercer principio, el de Razón Suficiente, determina la metodología a seguir en toda ciencia. Ante un hecho indudable, un proceso que ocurre en nuestra experiencia, sea sólo de observación o un experimento, no basta decir <em>cómo ocurre</em>, sino que debemos preguntarnos <em>por qué ocurre. </em>No vale cualquier respuesta, ni –menos aún- el “porque sí”, evasivo irracional que no satisface ni a un niño de tres años. Lo que se aduce como respuesta debe constituir una razón <em>suficiente </em>por tener una conexión lógica con el resultado final que se intenta explicar, sea ya conocida tal relación o se proponga como una teoría coherente con el conocimiento científico del momento, aunque lo desarrolle tal vez en una dirección insospechada. Por falta de tal conexión no tiene crédito alguno como ciencia la Astrología, con sus supuestos influjos misteriosos de los astros sobre el comportamiento y la vida del Hombre. Por un simple cálculo matemático se demostró hace un siglo que el Sol no debe su brillo a la combustión química (del carbón, por ejemplo) ya que se habría agotado su combustible en menos tiempo que la duración de las civilizaciones humanas. La única razón suficiente para la longevidad el Sol se encontró al descubrirse la energía nuclear.</p>
<p style="text-align:justify;">Debemos ser exigentes cuando a nuestras preguntas se responde con un “porque sí” camuflado de “Azar”. El azar no es una fuerza física, ni puede medirse en un experimento ni puede probarse que influye en un proceso, ni puede introducirse en una ecuación, aunque se utilice el cálculo de probabilidades cuando no puede predecirse un resultado concreto. El único uso legítimo de ese término es para indicar que intentamos establecer una relación entre hechos <em>que no tienen relación alguna</em>, pero que ocurren tal vez simultáneamente en un lugar concreto. Me encuentro a un conocido, tras años sin contacto, al ir a tomar el tren a una estación y hora en que el amigo llega independientemente de un viaje que no tiene nada que ver con el mío. Es un encuentro por azar, pero ambos tenemos <em>razones independientes</em> para estar allí en ese momento. Como tal coincidencia no es previsible, expresamos la falta de conexión con esa palabra, que no tiene contenido explicativo sino que <em>niega</em> que haya una explicación. Es un “porque sí” disfrazado. Lo mismo vale cuando se pregunta por qué un rayo cósmico de una energía concreta impacta un cromosoma determinado en una célula viviente, causando una mutación genética, o cuando un meteorito elimina una forma de vida en un ambiente específico.</p>
<p style="text-align:justify;">En Ciencia se buscan razones explicativas de la máxima aplicabilidad a los diversos niveles de la naturaleza material. En el último siglo se ha llegado a la convicción de que toda la actividad de la materia se realiza de cuatro maneras, <em>cuatro interacciones o fuerzas</em>, y sólo cuatro: dos de alcance ilimitado (la gravitatoria y la electromagnética) y dos de alcance mínimo, la nuclear fuerte y la nuclear débil. Todo cuanto ocurre en la materia debe explicarse en términos de una o varias de esas fuerzas, de modo que, con la obvia definición operativa, podemos decir que <em>materia es todo y sólo aquello que puede ser afectado por esas fuerzas</em>. Tal concepto abarca partículas, energía, vacío físico, espacio y tiempo. La materia es cambiante y está sujeta al flujo temporal, que implica evolución. Leyes de conservación -del acervo total de masa-energía, de carga eléctrica neta, de momento lineal y angular, y de otras propiedades más misteriosas del mundo subatómico- limitan las posibilidades de la actividad de todo aquello que es accesible a nuestro estudio.</p>
<p style="text-align:justify;">Y aquí es, finalmente, donde debemos poner el <em>test</em> más exigente de la Ciencia tal como hoy se entiende: solamente tiene carta de ciudadanía científica aquello que <em>al menos en principio </em>puede ser comprobado experimentalmente. Es posible que falte la tecnología o los recursos económicos para hacerlo, pero tiene que ser <em>conceptualmente posible</em> la comprobación experimental. Una muestra de tal modo de pensar es que ningún avance teórico, por atrayente que sea, se premia con un Nobel hasta que sus predicciones se someten a la verificación directa en un experimento de indudable fuerza probativa y que tiene una conexión lógica con las ideas propuestas.</p>
<p style="text-align:justify;">Por tal criterio, es solamente ciencia ficción el hablar de “otros Universos”, que se definen como hipotéticas realidades materiales <em>sin interacción alguna con el universo observable. </em>Esto es así tanto si los supuestos universos deben coexistir con el único que podemos conocer como si deben aparecer misteriosamente como una consecuencia necesaria de su posibilidad matemática (en la Mecánica Cuántica) o por el eterno reciclaje de sistemas físicos en evolución.</p>
<p style="text-align:justify;">Es igualmente a-científico el afirmar como real cualquier parámetro de valor infinito, pues ningún instrumento puede medir nada por encima de un “techo” de respuesta que depende de las características finitas de sus componentes. Ni siquiera es posible un cálculo matemático si hay un factor infinito en una fórmula, y se toma como indicación de error conceptual el que una teoría lleve a la predicción de infinitos <em>reales </em>de cualquier tipo. Solamente aparece el infinito como un límite inalcanzable para un proceso cuyo final lógico no puede predecirse, como sería el caso en la simple suma de números enteros o en un colapso gravitatorio de suficiente masa en un agujero negro. Ni vale decir que tal estado sólo se alcanzaría en un tiempo infinito, ya que nunca sería posible decir que se ha logrado ya. Un ejemplo en sentido opuesto lo tenemos si se afirma que al comienzo del Universo (en el tiempo cero del Big Bang) la materia tenía densidad y temperatura infinitas: si comenzamos con esos valores, resulta imposible obtener ningún valor finito tras un tiempo arbitrariamente determinado, pues el infinito no puede disminuir ni por división ni por sustracción.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[¿Qué es la materia?]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/23/%c2%bfque-es-la-materia/</link>
<pubDate>Fri, 23 Oct 2009 16:00:15 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[Este post es parte del artículo Materia y Resurrección, de D. Manuel Carreira, s.j. ¿Qué es la mater]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Este post es parte del artículo <a rel="bookmark" href="../2009/10/23/2009/10/22/materia-y-resurreccion/">Materia y Resurrección, de D. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p><em>¿Qué es la materia?</em></p>
<p style="text-align:justify;">El modo en que la experiencia macroscópica vulgar nos presenta a la materia lleva a afirmar como sus características inevitables la extensión, masa, impenetrabilidad y localización necesaria y única.  A estas propiedades pasivas se unen otras de carácter activo, razón suficiente de las interacciones que aceptamos en los órdenes físico-químico y biológico; es fácil ver a éstos procederes como el resultado de “energías” que se conciben como menos materiales y de carácter accidental.  Finalmente se supone que partículas y energía se distinguen claramente entre sí y del marco espacio-temporal en que la materia actúa, sin que su actividad influya sobre el espacio o tiempo, ni sea afectada por ellos.  Así se concibe el mundo físico dentro del paradigma Newtoniano.</p>
<p style="text-align:justify;">A partir del s. XIX se establece la multiplicidad de 92 elementos químicamente irreductibles, que forman el Sistema Periódico.  Y con los datos de la desintegración radioactiva y los experimentos de Rutherford, muy pronto se llegó a la conclusión de que todos esos elementos están formados por tres partículas solamente: protón y neutrón en el núcleo (nucleones) y electrones en la periferia del átomo.  El número de protones determina la identidad del núcleo, mientras los electrones periféricos son responsables de la actividad química.  Hay dos nuevas fuerzas nucleares, fuerte y débil; la primera explica la cohesión de los protones y neutrones a pesar de la repulsión eléctrica de aquellos, mientras la fuerza débil da razón de las transformaciones de partículas observadas en la radioactividad.</p>
<p style="text-align:justify;">Si bien esta descripción es útil y fácil de imaginar, no es correcta si las órbitas y los electrones se consideran como miniaturas del sistema planetario.  Para explicar la estabilidad del átomo se requiere afirmar, contra las leyes del electromagnetismo, que un electrón acelerado (en órbita) no emite energía: de lo contrario, se precipitaría instantáneamente sobre el núcleo.  El estudio del espectro de luz emitido por cada átomo exige aceptar que los electrones sólo pueden existir en órbitas a distancias precisas del núcleo, perdiendo energía o absorbiéndola solamente en cambios de órbita.  Para dar razón de este modo de proceder discontinuo es preciso incluir en la imagen del electrón un aspecto nuevo: una “onda” cuya interferencia selecciona las órbitas permitidas.  Las partículas elementales dejan de ser pequeños perdigones con radio medible y localización precisa; parece que se convierten en algo irreal y que la misma noción de materia se desdibuja.</p>
<p style="text-align:justify;">Otras muchas partículas, de existencia efímera y propiedades extrañas, empezaron a proliferar en choques violentos.  Algunas, como el neutrino, sin masa detectable ni carga eléctrica, ni tamaño demostrable, pero dotadas de energía.  Otras, hipotéticas al principio, dotadas de nuevas “cargas” de índole desconocida -”color” y “sabor”- terminaron por ser consideradas reales, pero sin posibilidad de existencia independiente.  Y todas ellas, según la famosa ecuación de Einstein, son convertibles en pura energía, y pueden sintetizarse a centenares de la bruta energía de un choque.  No hay distinción clara entre lo que considerábamos más básico, la partícula, y algo que parecía accidental a ella, la energía.  Pero la energía no puede localizarse exactamente, ni es impenetrable, ni está individualizada, ni forma estructuras estables; al ser la energía una forma de materia, ya no pueden afirmarse tales características como esencialmente necesarias tampoco para las partículas que de ella se sintetizan.</p>
<p style="text-align:justify;">La Teoría General de la Relatividad establece una interacción entre la masa y el espacio vacío, borrando la distinción clara entre la materia detectable y su entorno: el vacío físico es una realidad material con propiedades electromagnéticas y geométricas medibles.  Incluso en la ausencia total de partículas y energía perceptible ese espacio es algo real, afectado por una curvatura que la masa causa y que roba energía a un astro que se mueve en órbita sin rozamiento alguno (producción de ondas gravitatorias).  Posiblemente haya que extender al espacio y al tiempo la estructura discontinua que se ha hecho necesario aceptar al hablar de partículas y energía.</p>
<p style="text-align:justify;">El comportamiento de las partículas, incluso de átomos enteros, sugiere su presencia simultáneamente en varios entornos, pues la trayectoria que siguen se ve influida por  rendijas u obstáculos enormemente distantes en comparación con su “tamaño” (difracción e interferencia de electrones, neutrones, etc.).   El efecto túnel, de gran importancia en la electrónica actual, se expresa afirmando el paso de un lugar a otro sin pasar por el medio, y sin gasto de energía ni intervalo de tiempo medible.  La individualidad de las partículas se pierde también, hasta el extremo que el insistir en ella imposibilita el cálculo correcto de resultados experimentales.  Incluso la idea de impenetrabilidad deja de ser aplicable, aun en escalas macroscópicas, cuando estrellas enteras pueden desaparecer en el pequeño volumen de un agujero negro, verdadero pozo sin fondo capaz de aceptar masas sin límite alguno.</p>
<p style="text-align:justify;">Nuevas teorías de unificación de fuerzas proponen espacios multi-dimensionales, aunque solamente sean directamenrte detectables las tres dimensiones espaciales de nuestra experiencia vulgar.  Distorsiones varias del vacío hacia esas direcciones inimaginables explicarían las diversas fuerzas, que, a su vez, son indistinguibles de energías y partículas que las actualizan en cada caso.  Casi puede sugerirse que la única realidad material es el espacio-tiempo del vacío físico, arrugado levemente en campos de fuerza e intensamente deformado en remolinos invisibles que aparecen como partículas, incluso con la producción espontánea y continua de pares “virtuales” que modifican los niveles de energía de un átomo (efecto Lamb).</p>
<p style="text-align:justify;">Finalmente, lo único que parece salvarse de nuestra concepción original, es la capacidad de actuar por medio de alguna de las cuatro fuerzas aceptadas por la Física.   Tal actividad puede no ejercerse, pero existe la posibilidad de hacerlo como la característica que define a la materia, sea en una estrella, en nuestro cuerpo, o en el mismo espacio vacío.  Ciertamente es  difícil entender a la materia, y no debemos negar fácilmente la posibilidad de que, por concesión divina, se comporte en niveles macroscópicos como vemos lo hace en nuestros laboratorios al nivel de lo increíblemente pequeño<a href="#_ftn1"><sup>[1]</sup></a>.</p>
<hr size="1" /><a href="#_ftnref1"><sup>[1]</sup></a> No pueden darse aquí todos los datos experimentales que justifican lo expuesto acerca del  comportamiento  de la materia.  Libros de Física de nivel universitario presentan esta información y las referencias adecuadas para       quienes quieran profundizar en el tema, verdaderamente fascinante, de la concepción actual de la realidad.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[¿Qué es el Hombre?]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/23/%c2%bfque-es-el-hombre/</link>
<pubDate>Fri, 23 Oct 2009 15:47:35 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[Este post es parte del artículo Materia y Resurrección, de D. Manuel Carreira, s.j. ¿Qué es el Hombr]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;">Este post es parte del artículo <a rel="bookmark" href="../2009/10/22/materia-y-resurreccion/">Materia y Resurrección, de D. Manuel Carreira, s.j.<br />
</a></p>
<p style="text-align:center;"><em>¿Qué es el Hombre?</em></p>
<p style="text-align:justify;">Como parte del mundo viviente, el Hombre es un organismo con los mismos componentes y funciones básicas de toda la vida en la Tierra.  Su vida vegetativa y sensitiva es equiparable a la de otros mamíferos, incluyendo el proceder instintivo para la supervivencia más elemental del individuo y de la especie.  Como todo ser viviente material, está también sujeto al desgaste, que obliga a la alimentación y continua sustitución de nueva materia en todos los niveles de funcionamiento del organismo.  Como consecuencia, los componentes físicos de cada órgano no pueden mantenerse indefinidamente, y en un espacio de algunos años puede afirmarse que todos los átomos del cuerpo en un momento dado han sido sustituidos por otros que son individualmente distintos.</p>
<p style="text-align:justify;">Como organismo pluricelular, también puede sufrir la pérdida de células completas o de conjuntos de ellas, así como la inserción de otras nuevas. Células que se extraen y cultivan en el laboratorio (por ejemplo, para recuperar la piel destruida en una quemadura) se incorporan al miembro afectado y pasan a ser parte nuestra en igualdad de condiciones con las que no han dejado nunca de serlo.  Injertos de órganos completos tomados de otro cuerpo, incluso no-humano, son parte normal de la experiencia médica de nuestros tiempos, así como las transfusiones de sangre y médula espinal.  Y es también algo común la utilización de elementos no biológicos para sustituir a riñones dañados, huesos, e incluso el corazón, en períodos más o menos largos de una intervención quirúrgica.</p>
<p style="text-align:justify;">En todos estos casos, se mantiene la identidad sustancial del cuerpo humano; tal identidad se afirma también a lo largo de toda la vida, desde la concepción hasta la muerte.  Es claro, como consecuencia, que la expresión “mi cuerpo” no designa un conjunto único e inmutable de átomos o células, sino que indica un modo de considerar a la materia como parte de un Yo de orden superior, aun en el plano de la vida biológica solamente.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero en el Hombre se da otro tipo de vida, que  nos especifica dentro del género “animal”.  Somos animales racionales, con actividad cognoscitiva y volitiva motivada por la tendencia universal a buscar Verdad, Belleza y Bien: algo que no se observa en los niveles previos de la escala evolutiva.  El pensamiento abstracto, sea en  Física y Matemática pura, o en Filosofía y Teología, ya no trata de los objetos materiales que impresionan nuestros sentidos.  El Arte, sea literario o plástico, produce una satisfacción nueva por relaciones de orden estático o dinámico que son difíciles de hacer explícitas, pero que se intuyen como el resultado de una inteligencia que escoge y organiza elementos diversos para un fin determinado.  Y del conocimiento de un fin y la elección de medios se deduce también la actividad libre y la responsabilidad, que son el fundamento de toda ética, derecho y estructura social.</p>
<p style="text-align:justify;">Por ser la consciencia raíz y parte del conocer y actuar humano, podemos decir que ella es el carácter distintivo del Hombre: sólo él, en el mundo animal, se conoce a sí mismo como sujeto último de su conocer y fuente de actividad libre.  Esta es la definición filosófica de la Persona.  Y a esta persona se atribuye el conjunto total de lo que somos y hacemos, desde nuestros cambios orgánicos hasta las decisiones más sublimes o culpables.</p>
<p style="text-align:justify;">Porque  la materia en Física se define tan sólo por su comportamiento posible según cuatro “fuerzas” (interacciones: gravitatoria, electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil), si la actividad racional es debida a la materia, debe encontrarse una explicación para ella en una de esas fuerzas o en sus combinaciones.  Esto no es posible sin un salto lógico totalmente a-científico: nada hay en las características de actuación de la materia que lleve consigo la presencia de consciencia, significado abstracto o libertad.  Afirmar lo contrario equivale a suponer una cualidad oculta y desconocida que haría ya conscientes y libres (en algún grado) a las mismas partículas elementales, y no solamente a todos los animales, aun microscópicos. Tal suposición es gratuita e inadmisible.</p>
<p style="text-align:justify;">Es necesario, por tanto, atribuir la actividad que la materia no explica a otro componente del Hombre de orden inmaterial: un “espíritu<a href="#_ftn1"><sup>[1]</sup></a> humano”. Pero si esta dualidad se impone por la estricta lógica del principio de razón suficiente, no es menos clara la evidencia de que el Hombre es uno, y que ambas realidades que lo componen actúan con un influjo mutuo constante que subraya su unidad.  El mismo desarrollo mental de un recién nacido viene condicionado por su cerebro, y por los estímulos sensoriales de su entorno; durante toda la vida, la condición del cerebro es un factor importantísimo para determinar la posibilidad de trabajo intelectual o de verdadera responsabilidad por nuestros actos.  También hay influjos innegables del espíritu sobre el cuerpo: nada es tan nefasto para la salud como una preocupación obsesiva o un sentimiento de culpabilidad y desesperación.</p>
<p style="text-align:justify;">Por ser inmaterial, no puede atribuirse el origen del espíritu a ningún tipo de evolución genética: un<em> emergentismo</em> filosófico estricto solamente es inteligible dentro de un monismo materialista.  Pero tampoco es admisible un espiritualismo que niega realidad a la materia, o la considera como una carga pesada y extrínseca al hombre, de la cual debe librarse el alma definitivamente en la muerte.  Tal dualismo es equivocado en nuestra experiencia íntima, además de ser filosóficamente ilógico. Ni es tampoco compatible con la verdadera fe en la Encarnación, que nos presenta a la muerte corporal de Cristo como el Sacrificio supremo que nos salva, precisamente porque ese Cuerpo santo y divino del Señor sufre la muerte de cruz.   Y sigue siendo el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía el medio maravilloso de su permanencia entre nosotros y el fermento de divinidad que nutre y desarrolla nuestra transformación en verdaderos miembros del Cristo Místico.   No es el Hombre un espíritu encarcelado en la materia, sino una realidad misteriosa en que ambos elementos constitutivos, tan dispares, sin perder su distinción se aúnan en algo de un orden nuevo y único.</p>
<p style="text-align:justify;">Aunque los términos de la filosofía tradicional aristotélico-tomista no son parte del dogma ni tienen que usarse necesariamente, por su importancia histórica y la abundancia de referencias a ellos en la Teología católica, es conveniente conocer su significado: alma y cuerpo son “sustancias incompletas”, de cuya unión se  constituye el Hombre como sustancia completa, porque el alma -espíritu- “informa” al cuerpo.  ”In-formar” es aquí un término técnico, que significa “constituir en un modo de ser determinado”: la materia deja de ser meramente materia, para existir a modo humano, bajo el control del espíritu, y para el bien total del ser completo.</p>
<p style="text-align:justify;">Ambos elementos constitutivos están ordenados el uno para el otro, y hay una dependencia mutua en el comenzar a existir y en el obrar, aunque cada uno tenga su actividad propia.  Por eso la madre que nos da el cuerpo es madre de la persona completa, y la muerte es también muerte de la persona: sólo así es posible entender el hecho central de nuestra fe, que la Persona divina del Hijo se hizo Hombre, que María es Madre de Dios, y que la muerte del Hijo del Hombre en la cruz es redentora por ser un acto de la Persona divina.</p>
<p><em> </em></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Muerte y Resurrección]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/23/muerte-y-resurreccion/</link>
<pubDate>Fri, 23 Oct 2009 15:47:24 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[Este post es parte del artículo Materia y Resurrección, de D. Manuel Carreira, s.j. Muerte y Resurre]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Este post es parte del artículo <a rel="bookmark" href="../2009/10/22/materia-y-resurreccion/">Materia y Resurrección, de D. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p><em>Muerte y Resurrección</em></p>
<p style="text-align:justify;">Ya que el espíritu no está sujeto a metabolismo ni enfermedad ni cambio físico alguno, no puede descartarse su pervivencia cuando el hombre muere, aunque se destruya el cuerpo y debamos decir que muere el Hombre.  Pero no tenemos datos que permitan intuir el modo de vida de ese espíritu, desligado de la materia y de sus contribuciones a la actividad humana: parece necesario (filosóficamente) caer en una especie de concepción pagana de un “reino de las sombras” -el “sheol” del Antiguo Testamento- en que apenas se puede hablar de verdadera supervivencia ni de una idea clara de continuidad y responsabilidad personal por la vida terrena.</p>
<p style="text-align:justify;">En los libros recientes del A. Testamento (por ejemplo, 2 Mac 7, 9-14) se da ya una solución nueva, que no hallamos en ninguna mitología ni religión fuera de Israel: se predice una vuelta a la vida de la totalidad humana, con la misma dualidad de cada persona individual, en unión de alma y cuerpo, que también implica la responsabilidad por los actos propios durante la vida mortal.  De esta forma se cumple el que Dios es “Dios de vivos”, porque para Él todos viven, y se cumple también el que el “Dios vivo” nos ha hecho a imagen y semejanza suya.  El cómo y el cuándo de tal resurrección queda velado tras el misterio de la Omnipotencia del Creador, que pudo hacer que existiese lo que no existía, y puede dar de nuevo la existencia y la vida a quienes han perecido.</p>
<p style="text-align:justify;">El modo de concebir la existencia tras la resurrección estaba, probablemente, limitado por una visión del Cosmos  que no  suponía cambio importante con el correr de los siglos, por no haber ideas claras de la actividad de la materia o de sus consecuencias.  Es este conocimiento el que ahora presenta el problema en una forma más acuciante:  el Universo tiene que agotar sus fuentes de energía para terminar en un vacío en que se mueven astros inertes en un frío y oscuridad total.  Las condiciones mínimas para la vida no pueden darse indefinidamente.  Y aunque el “Principio Antrópico” afirma la centralidad finalística del Hombre para determinar los parámetros de la materia y su evolución, la historia total del Cosmos no tiene sentido en el ámbito material:  todo ha sido creado para que sea posible la existencia del Hombre (vida inteligente), pero luego se destruye toda posibilidad de supervivencia para el Hombre mismo.</p>
<p style="text-align:justify;">La única explicación satisfactoria a este absurdo la encontramos en la fe: conocimiento recibido directamente de Dios por su libre revelación, no obtenido por ningún raciocinio ni sagacidad propia.  La muerte debe dar paso a un nuevo modo de vida, en que ya no hay muerte, ni necesidad de renuevo  de generaciones sucesivas.  El ser humano está llamado a ser, en cuanto a su existencia y actividad, “como los ángeles en el cielo”  ( Mc 12,25), independiente de la materia, libre del marco espacio-temporal en que se desarrolla la actividad física.  Esto afectará a la totalidad de la persona humana, dando valor permanente a todas nuestras acciones terrenas, y dando también sentido a la existencia de la raza humana y del Universo en su conjunto, librando aun a la materia de la “futilidad de la corrupción” (S. Pablo, Rom 8, 21).</p>
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<title><![CDATA[Resurrección - Vida Eterna]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/23/resurreccion-vida-eterna/</link>
<pubDate>Fri, 23 Oct 2009 15:46:46 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
<guid>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/23/resurreccion-vida-eterna/</guid>
<description><![CDATA[Este post es parte del artículo Materia y Resurrección, de D. Manuel Carreira, s.j. Resurrección ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;">Este post es parte del artículo <a rel="bookmark" href="../2009/10/22/materia-y-resurreccion/">Materia y Resurrección, de D. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p style="text-align:justify;"><em>Resurrección &#8211; Vida Eterna</em></p>
<p style="text-align:justify;">El Catecismo de la Iglesia Católica, especialmente en los números 638 a 644, insiste en el carácter histórico y objetivo del hecho de la Resurrección de Cristo.  Y en el nº 645 apunta a la transformación que cambia el modo de existir del Cuerpo del Señor: “no está situado en el espacio ni en el tiempo, pero puede hacerse presente a su voluntad donde quiere y cuando quiere”&#8230;”es soberanamente libre de aparecer como quiere” (diversos aspectos)..”pasa del estado de muerte a otra vida más allá del tiempo y del espacio”&#8230;”participa de la vida divina en el estado de su gloria, tanto que S. Pablo puede decir de Cristo que es “el hombre celestial”.</p>
<p style="text-align:justify;">En los números 988 y siguientes, se habla de nuestra resurrección: “El Credo cristiano&#8230;culmina en la proclamación de la resurrección de los muertos al fin de los tiempos, y en la vida eterna”.  “La ‘resurrección de la carne’ significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros ‘cuerpos mortales’ volverán a tener vida”.  Pero, como contraposición, leemos en el nº 996: “Desde el principio, la fe cristiana en la resurrección ha encontrado incomprensiones y oposiciones&#8230;.Se acepta muy comúnmente que, después de la muerte, la vida de la persona humana continúa de una forma espiritual. Pero ¿cómo creer que este cuerpo tan manifiestamente mortal pueda resucitar a la vida eterna?”</p>
<p style="text-align:justify;">La respuesta a esta pregunta, en los números siguientes, acentúa nuestra asimilación a Cristo, y afirma la universalidad de la resurrección con sus connotaciones de  estado definitivo, al fin de los tiempos, pero con premio o castigo según el proceder individual durante la vida en la Tierra.  Y se admite que el “cómo” sobrepasa nuestra imaginación y entendimiento: “no es accesible más que en la fe” (nº 1000). Sucede así porque nuestros conceptos e imágenes del cuerpo y su proceder se fundan sobre experiencias sensoriales unidas siempre al marco espacio-temporal.  No podemos comprender un modo de vida (que siempre significa actividad) si no hay un tiempo en que esa actividad se desarrolle.</p>
<p style="text-align:justify;">Es el mismo problema que afrontamos al hablar de la vida inmutable de Dios en su eternidad.  Pero es la ciencia actual la que subraya que el tiempo es un parámetro de la materia; que antes de la gran explosión primitiva “no hubo antes”, que el tiempo deja de tener sentido en el interior de un agujero negro.  Y tampoco sabemos realmente entender lo que estas expresiones científicas implican: aunque el formalismo matemático sea correcto, nos es imposible imaginar la realidad que implican las fórmulas.</p>
<p style="text-align:justify;">Volviendo  nuestra atención a la parte positiva de la enseñanza cristiana, se nos dice que el cuerpo resucitado de Cristo (modelo y fuerza activa para nuestra propia resurrección) existe fuera del entorno de espacio y tiempo, aunque puede hacerse presente en él a voluntad del espíritu.  Sin espacio y tiempo no hay actividad física, ni puede haber desgaste o muerte.  Tampoco puede ser la materia ordinaria barrera alguna para ese hacerse espacialmente presente, siempre posible por tratarse aún de  un verdadero cuerpo.  Los procederes antes descritos de las partículas elementales desafían ya nuestra comprensión científica, aunque están claramente comprobados y son reproducibles a voluntad; mucho más debe superarnos lo que Dios tiene reservado para los suyos en un modo de existir que no está ceñido por las leyes físicas.</p>
<p style="text-align:justify;">Tal vez el único punto que no parece tratarse explícitamente en el Catecismo sea el de la identidad corporal.  En el caso de Cristo, es obvio que El quiere probar tal identidad a sus discípulos, con señales inequívocas de las heridas.  Pero El había muerto en el pleno vigor de su Humanidad, y su cadáver  no había sufrido descomposición ni alteración drástica.   No  es lo mismo el caso de quien muere antes de su desarrollo orgánico, con deformidades congénitas o adquiridas, en la decrepitud de la vejez, con un cuerpo destruido por el fuego o simplemente por el lento deshacerse en la tumba.  Ni es tampoco claro el sentido de propiedad con respecto al cuerpo de quienes han tenido trasplantes de órganos o han pasado -directa o indirectamente-  a ser asimilados en parte por otros.</p>
<p style="text-align:justify;">Nada nos dice la fe de estos problemas, aunque la Tradición y la Teología insisten en la perfección del cuerpo resucitado, no solamente por su integridad física y desarrollo armonioso y completo, sino por su carácter “espiritual” que transparenta la gloria del alma  ya resplandeciente por la unión con Dios de los bienaventurados.  No es fácil reducir estas afirmaciones a un canon de belleza universal, ni a una estructuración que es independiente de espacio y, por tanto, de forma y extensión.  Una vez más, tampoco entendemos como Dios, Belleza infinita en su espiritualidad, es reflejado en la belleza del mundo material, aun corruptible.  Pero no se ve esto como una dificultad seria para aceptar la resurrección del cuerpo.</p>
<p style="text-align:justify;">En cambio, el identificar como propio un cuerpo  compartido, tal vez ya en vida, sí sugiere  problemas en que la Física puede ayudarnos a aclarar ideas.  Como  queda indicado, las partículas elementales son indistinguibles en nuestros experimentos: no puede decirse que tienen individualidad propia.  Todas son intercambiables con energía, y esta energía permite rehacer partículas semejantes o distintas de las originales.</p>
<p style="text-align:justify;">Si aceptamos la idea de un substrato universal -vacío físico- cuyas distorsiones aparecen como partículas o energía, exigir su identificación sería tan impropio como hacerlo con respecto a idénticos remolinos de las mismas gotas de agua en el mismo océano.  Y si una célula llevada de mi cuerpo al laboratorio es un animal independiente de mí, pero vuelve a ser parte de mi cuerpo al reintegrarla al organismo, no hay realmente una objeción válida si esa célula o células han sido en algún momento parte de otro cuerpo humano.<a href="#_ftn4"><sup>[4]</sup></a></p>
<p style="text-align:justify;">El nuevo Hombre, con su cuerpo “espiritualizado”, se afirma en la resurrección al fin de los tiempos.  Y esto da lugar a otra pregunta de difícil contestación: ¿qué tipo de vida tiene el alma desde el momento de la muerte hasta esa transformación escatológica?.  Hemos dicho que la persona humana no se da en su sustancialidad total sino en la unión de alma y cuerpo, y que no es imaginable una existencia humana satisfactoria sin la materia.  La respuesta tradicional, dentro de la Teología, se centra en la felicidad esencial del conocer intuitivamente y amar a Dios, con el gozo completo -también del cuerpo- reservado para el fin de los tiempos.</p>
<p style="text-align:justify;">En el mismo modo de concebir nuestra existencia futura se afirma que todo ser creado (aun espiritual, como los ángeles) necesariamente se encuentra en un flujo temporal, porque no puede poseer toda su esencia simultáneamente.  Hay, por tanto, un tiempo de espera entre la muerte y la resurrección, durante el cual no se verifica en su totalidad la transformación humana al modo de existir definitivo y glorioso, aunque sea posible, y se afirme explícitamente, la actividad cognoscitiva y volitiva propia del espíritu.</p>
<p style="text-align:justify;">Este modo de concebir nuestro paso a la eternidad es, ciertamente, suficiente para responder a objeciones intuitivas sin caer en ningún absurdo ni contradicción.  Ni es nuestra incapacidad de imaginar tal tipo de vida un obstáculo infranqueable: ya hemos indicado que no sabemos imaginar sino lo que nos dan nuestros sentidos en alguna forma.  Pero tal vez sea posible subrayar que el concepto tradicional de “tiempo” no es el que hoy nos da la Física: éste debe aplicarse exclusivamente al mundo de la materia.  Si podemos decir que lo no-material está fuera del tiempo, tendría sentido afirmar que no hay tiempo en la vida del espíritu, como sugieren las citas anteriores del Catecismo de la Iglesia Católica.</p>
<p style="text-align:justify;">En tal caso sería correcto decir que el alma, tras la muerte, no está en espera de la resurrección, como tampoco hay espera para Dios, aunque sí la hay para nosotros, inmersos en el tiempo.  Por tanto, hablando con precisión, no se daría nunca un estado de existencia separada de alma y cuerpo, <em>desde el punto de vista del alma</em>; no tendría operaciones vitales sucesivas un alma independiente, aunque siga siendo necesario expresar el flujo histórico de cada ser humano y de la humanidad entera como incluyendo diversas etapas siempre enmarcadas en el tiempo.  Recordemos que la eternidad no es un flujo temporal, al menos en el sentido que nosotros damos a estos términos, y que nuestras oraciones y la intercesión de los santos ocurren ante Dios en un “ahora” que para El es simultáneo en todo cuanto acontece. Lo mismo debemos aceptar como aplicable a nacimiento, vida, muerte y resurrección: sólo para quienes están en el marco espacio-temporal son episodios cuya cronología parece importante.<a href="#_ftn5"><sup>[5]</sup></a></p>
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<title><![CDATA[Materia y Resurrección]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/23/materia-y-resurreccion-2/</link>
<pubDate>Fri, 23 Oct 2009 12:03:01 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[Este artículo es continuación de: Implicaciones teológicas de la física moderna, por D. Manuel Carre]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;">Este artículo es continuación de: <a rel="bookmark" href="../2009/10/23/2009/10/22/implicaciones-teologicas-de-la-fisica-moderna/">Implicaciones teológicas de la física moderna, por D. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p style="text-align:center;">F -<em> Materia y Resurrección</em></p>
<p style="text-align:justify;">Según la Teología, la muerte debe dar paso a un nuevo modo de vida, en que ya no hay muerte, ni necesidad de renuevo  de generaciones sucesivas.  El ser humano está llamado a ser, en cuanto a su existencia y actividad, “<em>como los ángeles en el cielo</em>” (Mc 12,25), independiente de las limitaciones de la materia, libre del marco espacio-temporal en que se desarrolla la actividad física. Esto afectará a la totalidad de la persona humana, dando valor permanente a todas nuestras acciones terrenas, y dando también sentido a la existencia de la raza humana y del Universo en su conjunto, librando aun a la materia de la “<em>futilidad de la corrupción</em>” (S. Pablo, Rom 8, 21).  En la  Resurrección de Cristo se encuentra el paradigma de este nuevo modo de vida</p>
<p style="text-align:justify;">La predicción más insistente de Cristo en su catequesis de los Apóstoles es la de su Muerte y Resurrección. Y ninguna de sus obras maravillosas chocó tanto con la incredulidad de sus discípulos como su vida  tras la sepultura. Ni siquiera sus enemigos intentaron negar con prueba alguna el hecho del sepulcro vacío, ni pudieron hacer más que proferir amenazas para acallar el testimonio de los Apóstoles, que se presentaban, primariamente, como “<em>testigos de </em><em>la Resurrección</em>”.  No es necesario aquí dar detalles de los textos en que se afirma esta convicción de los Apóstoles y de la comunidad cristiana primitiva: ningún exegeta objetivo puede ponerlo en duda. Como dice S. Pablo, “<em>si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe&#8230;. y nosotros somos los más miserables de los hombres</em>” (1 Cor 15, 17-19).</p>
<p style="text-align:justify;">No tiene sentido la palabra misma <em>resurrección</em> si no se aplica a <em>lo que ha muerto</em>, y es el cuerpo material el que ha sufrido esa situación destructiva de su actividad vital.  Especialmente en el contexto de la cultura hebrea, tan apegada a lo terreno y a lo tangible, no puede concebirse que una existencia fantasmal se considere suficiente resarcimiento de la muerte más atroz.  Por eso se hace necesaria la comprobación casi grosera de que Cristo vive: ningún otro argumento es suficiente para Sto. Tomás. La centralidad de la Resurrección se afirma como el resultado de la experiencia directa de esos Apóstoles, que comieron y bebieron con el Señor después de su muerte en la Cruz, y que por esa experiencia se transformaron de cobardes incrédulos en testigos sinceros y valientes hasta la muerte.</p>
<p style="text-align:justify;">No hay explicación posible del Cristianismo en ninguna otra hipótesis, ni puede reducirse a ningún tipo de “<em>vivencia</em>” subjetiva, individual o comunitaria, lo que se atestigua como <em>hecho real, histórico, objetivo</em>.  Tal historicidad es explícitamente subrayada en el nuevo <em>Catecismo de </em><em>la Iglesia Católica</em>, contra toda interpretación simbólica o cuasi-mitológica, tan difundida entre intérpretes protestantes modernos.  No se justifica el hablar de un hecho “<em>meta-histórico</em>” para rebajar su objetividad: la constatación de la muerte de Cristo y de su vida subsiguiente es estrictamente una prueba de su resurrección, aunque el momento mismo en que acaeció no tuviese testigos presenciales.  Como nadie pone en duda la historicidad del nacimiento de una persona viva, aunque no haya testigos presenciales del hecho inicial.</p>
<p style="text-align:justify;">Las características de Cristo Resucitado pueden resumirse en dos palabras: es <em>Él mismo, transformado</em>.  Al mostrarse a sus discípulos, subraya la identidad, <em>especialmente corporal</em>:  no es un fantasma, sino que tiene carne y huesos; es el mismo Cuerpo, señalado por las huellas de los clavos y la lanza; tiene la capacidad de comer, y lo hace ante ellos, con gestos propios que llevan a su reconocimiento en Emaús.  Y es la misma Persona, que recuerda lo que les ha dicho, que les conoce como amigos, que se dirige por su nombre a cada uno de ellos.  La fuerza de convicción es total, y la maravilla de su nueva vida llega hasta la confesión de divinidad más explícita en el caso de Sto. Tomás.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero siendo el mismo Maestro de su previa experiencia de tres años, es también un nuevo “<em>Señor</em>” que muestra -sin alardes- su total dominio sobre la realidad material, incluido su propio Cuerpo.  Las paredes del Cenáculo no son barrera para su entrar o salir, ni se le puede ver o encontrar sino cuando y como Él quiere. Puede ser desconocido aun para sus íntimos, como si su Cuerpo fuese totalmente plástico bajo el control de su Espíritu. Y cuando, finalmente, tras cuarenta días de asombro, el Señor se despide de ellos en la Ascensión, ven cómo se eleva al cielo espontáneamente,  sin que peso o fuerza alguna pueda impedir su vuelo.</p>
<p style="text-align:justify;">La Teología de siglos, en su esfuerzo para expresar realidades tan nuevas, da nombres a este proceder inusitado de la materia: el Cuerpo de Cristo goza de “<em>sutileza, agilidad, incorruptibilidad, inmortalidad</em>”.  Con la concisión de S. Pablo: es un cuerpo “<em>espiritual</em>” (1 Cor 15, 44), libre de las limitaciones físicas propias de la materia ordinaria, pero todavía “Cuerpo”.  Y esta palabra no tiene sentido alguno sino como <em>estructura material</em>, básicamente compuesta de las partículas y energías que describe la Física.  Cualquier otra interpretación <em>inmaterial</em> es arbitraria y <em>contradictoria</em>.  Consecuentemente, se plantea un desafío a nuestro entendimiento: ¿<em>Es lo que afirmamos compatible con la idea de materia de </em><em>la Física</em><em> moderna</em>?</p>
<p style="text-align:justify;">El modo en que la experiencia macroscópica vulgar nos presenta a la materia lleva a afirmar como sus características inevitables <em>la extensión, masa, impenetrabilidad y localización necesaria y única</em>.  A estas propiedades pasivas se unen otras de carácter activo, razón suficiente de las interacciones que aceptamos en los órdenes físico-químico y biológico; es fácil ver a éstos procederes como el resultado de “<em>energías</em>” que se conciben como menos materiales y de carácter accidental.  Finalmente se supone que partículas y energía se distinguen claramente entre sí y del marco espacio-temporal en que la materia actúa, sin que su actividad influya sobre el espacio o tiempo, ni sea afectada por ellos.  Así se concibe el mundo físico dentro del paradigma Newtoniano.</p>
<p style="text-align:justify;">A partir del s. XIX se establece la multiplicidad de 92 elementos químicamente irreductibles, que forman el Sistema Periódico.  Y con los datos de la desintegración radioactiva y los experimentos de Rutherford, muy pronto se llegó a la conclusión de que todos esos elementos están formados por <em>tres partículas solamente</em>: protón y neutrón en el núcleo (<em>nucleones</em>) y electrones en la periferia del átomo.  Hay dos nuevas <em>fuerzas nucleares</em>, fuerte y débil; la primera explica la cohesión de los protones y neutrones a pesar de la repulsión eléctrica de aquellos, mientras la fuerza débil da razón de las transformaciones de partículas observadas en la radioactividad.</p>
<p style="text-align:justify;">Para explicar la estabilidad del átomo se requiere afirmar, contra las leyes del electromagnetismo, que un electrón acelerado (en órbita) no emite energía: de lo contrario, se precipitaría sobre el núcleo casi  instantáneamente.  El estudio del espectro de luz emitido por cada átomo exige aceptar que los electrones sólo pueden existir en órbitas a distancias precisas del núcleo, perdiendo energía o absorbiéndola solamente en cambios de órbita.  Para dar razón de este modo de proceder discontinuo es preciso incluir en la imagen del electrón un aspecto nuevo: una “<em>onda</em>” cuya interferencia selecciona las órbitas permitidas.  Las partículas elementales dejan de ser pequeños perdigones con radio medible y localización precisa; parece que se convierten en algo irreal y que la misma noción de materia se desdibuja.</p>
<p style="text-align:justify;">Otras muchas partículas, de existencia efímera y propiedades extrañas, empezaron a proliferar en choques violentos. Algunas, hipotéticas al principio, dotadas de nuevas “cargas” de índole desconocida –“<em>colo</em>r” y “<em>sabor</em>”- terminaron por ser consideradas reales, pero sin posibilidad de existencia independiente (<em>quarks</em>).  Todas las partículas son convertibles en pura energía, y pueden sintetizarse de la bruta energía de un choque.  <em>No hay distinción clara entre lo que considerábamos más básico, la partícula, y algo que parecía accidental a ella, la energía</em>.  Pero la energía no puede localizarse exactamente, ni es impenetrable, ni está individualizada, ni forma estructuras estables; ya no pueden afirmarse tales características como esencialmente <em>necesarias </em>tampoco para las partículas que <em>de ella se sintetizan.</em></p>
<p style="text-align:justify;">La  Teoría General de la Relatividad establece una interacción entre la masa y el espacio vacío: el <em>vacío físico</em> es una realidad material con propiedades electromagnéticas y geométricas medibles.  Incluso en la ausencia total de partículas y energía perceptible ese espacio es algo real, afectado por una curvatura que la masa causa y que roba energía a un astro <em>que se mueve en órbita sin rozamiento alguno</em> (producción de ondas gravitatorias).</p>
<p style="text-align:justify;">El comportamiento de las partículas, incluso de átomos enteros, sugiere su presencia <em>simultáneamente</em> en varios entornos, pues la trayectoria que siguen se ve influida por  rendijas u obstáculos enormemente distantes en comparación con su “tamaño” (difracción e interferencia de electrones, neutrones, etc.).   El efecto túnel, de gran importancia en la electrónica actual, se expresa afirmando <em>el paso de un lugar a otro sin pasar por el medio</em>. La <em>individualidad</em> de las partículas se pierde también, hasta el extremo que el insistir en ella imposibilita el cálculo correcto de resultados experimentales.  Incluso la idea de impenetrabilidad deja de ser aplicable, aun en escalas macroscópicas, cuando estrellas enteras pueden desaparecer en el pequeño volumen de un agujero negro, verdadero pozo sin fondo capaz de aceptar masas <em>sin límite alguno</em>. Y en esa situación se describe a la materia como “<em>fuera del espacio y el tiempo accesible a nuestros experimentos</em>”.</p>
<p style="text-align:justify;">Ya no es lógico negar que sea <em>materia real</em> el cuerpo de Cristo resucitado porque aparece dentro de un recinto cerrado, o porque parece ir de un sitio a otro en forma invisible, ni porque se sustraiga a comprobaciones experimentales a nuestro arbitrio.  Todas esas exigencias “de sentido común” se basan en una concepción primitiva de la Física.</p>
<p style="text-align:justify;">Nuevas teorías de unificación de fuerzas proponen espacios multi-dimensionales, aunque solamente sean directamente detectables las tres dimensiones espaciales de nuestra experiencia vulgar.  Distorsiones varias del vacío hacia esas direcciones inimaginables explicarían las diversas fuerzas, que, a su vez, son indistinguibles de las energías y partículas que las actualizan en cada caso.  Casi puede sugerirse que <em>la única realidad material básica es el espacio-tiempo del  vacío físico</em>, arrugado levemente en campos de fuerza, e intensamente deformado en remolinos invisibles que aparecen como partículas, incluso con la producción espontánea y continua de pares “<em>virtuales</em>” que modifican los niveles de energía de un átomo (<em>efecto Lamb</em>).</p>
<p style="text-align:justify;">Finalmente, lo único que parece salvarse de nuestra concepción original, es la <em>capacidad</em> de actuar por medio de alguna de las cuatro fuerzas aceptadas por la Física.  Tal actividad puede no ejercerse, pero existe la posibilidad de hacerlo como la característica que <em>define</em> a la materia, sea en una estrella, en nuestro cuerpo, o en el mismo espacio vacío.</p>
<p style="text-align:justify;">Ciertamente es  difícil entender a la materia, y no debemos negar fácilmente la posibilidad de que, por concesión divina, se comporte en niveles macroscópicos <em>como vemos lo hace en nuestros laboratorios al nivel de lo increíblemente pequeño</em>.  Esto es aplicable al cuerpo resucitado.</p>
<p style="text-align:justify;">El <em>Catecismo de </em><em>la Iglesia Católica</em>, especialmente en los números 638 a 644, insiste en el carácter <em>histórico y objetivo</em> del hecho de la  Resurrección de Cristo.  Y en el n<sup>o</sup>. 645 apunta a la transformación que cambia el modo de existir del Cuerpo del Señor: “<em>No está situado en el espacio ni en el tiempo, pero puede hacerse presente a su voluntad donde quiere y cuando quiere”&#8230;”es soberanamente libre de aparecer como quiere”</em> (diversos aspectos<em>)..”pasa del estado de muerte a otra vida más allá del tiempo y del espacio”&#8230;”participa de la vida divina en el estado de su gloria”</em>, tanto que S. Pablo puede decir de Cristo que es <em>“el hombre celestial”.</em></p>
<p style="text-align:justify;">En los números 988 y siguientes, se habla de nuestra resurrección: <em>“El Credo cristiano&#8230;culmina en la proclamación de la resurrección de los muertos al fin de los tiempos, y en la vida eterna”.  “La ‘resurrección de la carne’ significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros ‘cuerpos mortales’ volverán a tener vida”</em>.  Pero, como contraposición, leemos en el n1 996: <em>”Desde el principio, la fe cristiana en la resurrección ha encontrado incomprensiones y oposiciones&#8230;.Se acepta muy comúnmente que, después de la muerte, la vida de la persona humana continúa de una forma espiritual. Pero ¿cómo creer que este cuerpo tan manifiestamente mortal pueda resucitar a la vida eterna?”</em></p>
<p style="text-align:justify;"><em> </em></p>
<p style="text-align:justify;">La respuesta a esta pregunta, en los números siguientes, acentúa nuestra asimilación a Cristo, y afirma la universalidad de la resurrección con sus connotaciones de  estado definitivo, al fin de los tiempos, pero con premio o castigo según el proceder individual durante la vida en la Tierra.  Y se admite que el “<em>cómo</em>” sobrepasa nuestra imaginación y entendimiento: “<em>No es accesible más que en la fe</em>” (no. 1000). Nuestros conceptos e imágenes del cuerpo y su proceder se fundan sobre experiencias sensoriales unidas al marco espacio-temporal: no podemos comprender un modo de vida (que siempre significa actividad) si no hay un tiempo en que esa actividad se desarrolle. Es el mismo problema que afrontamos al hablar de la vida inmutable de Dios en su eternidad</p>
<p style="text-align:justify;">Pero es la ciencia actual la que subraya que el tiempo es un parámetro de la materia; que antes de la gran explosión primitiva “<em>no hubo antes</em>”, que el tiempo deja de tener sentido en el interior de un agujero negro.  Y tampoco sabemos realmente entender lo que estas expresiones científicas implican: aunque el formalismo matemático sea correcto, nos es imposible <em>imaginar</em> la realidad que implican las fórmulas.</p>
<p style="text-align:justify;">Volviendo  nuestra atención a la parte positiva de la enseñanza cristiana, se nos dice que el cuerpo resucitado de Cristo (modelo y fuerza activa para nuestra propia resurrección) <em>existe fuera del entorno de espacio y tiempo, aunque puede hacerse presente en él a voluntad del espíritu.</em> Sin espacio y tiempo no hay actividad física, ni puede haber desgaste o muerte.  Tampoco puede ser la materia ordinaria barrera alguna para ese hacerse espacialmente presente, siempre posible por tratarse aún de  un verdadero cuerpo.  Los procederes antes descritos de las partículas elementales desafían ya nuestra comprensión científica, aunque están claramente comprobados y son reproducibles a voluntad; mucho más debe superarnos lo que Dios tiene reservado para los suyos en un modo de existir que no está ceñido por las leyes físicas.</p>
<p style="text-align:justify;">Tal vez el único punto que no parece tratarse explícitamente en el <em>Catecismo</em> sea el de la identidad corporal.  En el caso de Cristo, es obvio que Él quiere probar tal identidad a sus discípulos, con señales inequívocas de las heridas.  Pero Él había muerto en el pleno vigor de su Humanidad, y su cadáver  no había sufrido descomposición ni alteración drástica.   No  es lo mismo en el caso de quien muere antes de su pleno desarrollo orgánico, con deformidades congénitas o adquiridas, en la decrepitud de la vejez, con un cuerpo destruido por el fuego o simplemente por el lento deshacerse en la tumba.</p>
<p style="text-align:justify;">Ni es tampoco claro el sentido de propiedad con respecto al cuerpo de quienes han tenido trasplantes de órganos o han pasado -directa o indirectamente-  a ser asimilados en parte por otros.  Pero es claro que todos los cambios orgánicos en la vida humana, con la sustitución constante de nuevas células y nuevos átomos en todos los órganos, no impide el que “<em>mi cuerpo</em>” sea identificado como el mismo desde la niñez hasta la vejez y la muerte.  Es <em>mi cuerpo</em> la estructura material hecha “<em>a medida</em>” para mi espíritu, y bajo su control a lo largo de toda la vida</p>
<p style="text-align:justify;">El identificar como propio un cuerpo  compartido, tal vez ya en vida, sugiere  problemas en que la Física puede también ayudarnos a aclarar ideas.  Como  queda indicado, las partículas elementales son indistinguibles en nuestros experimentos: no puede decirse que tienen individualidad propia.  Todas son intercambiables con energía, y esta energía permite rehacer partículas semejantes o distintas de las originales.  Si aceptamos la idea de un substrato universal -vacío físico- cuyas distorsiones aparecen como partículas o energía, exigir su identificación sería tan impropio como hacerlo con respecto a idénticos remolinos de las mismas gotas de agua en el mismo océano.  Y si una célula llevada de mi cuerpo al laboratorio es un animal independiente de mí, pero vuelve a ser parte de mi cuerpo al reintegrarla al organismo, no hay realmente una objeción válida si esa célula o células han sido en algún momento parte de otro cuerpo humano.</p>
<p style="text-align:justify;">Las consideraciones sobre lo que es la materia y su inimaginable flexibilidad de comportamiento, pueden también ayudar a nuestra comprensión teológica del misterio de la Eucaristía.  Nada hay de carácter físico que pueda comprobarse directamente (por eso no es estrictamente un <em>milagro</em>, en el sentido <em>apologético</em>) pero la afirmación de una presencia simultánea de un Cuerpo en diversos lugares, de la compenetración de todo el Cuerpo en cada partícula de ese “<em>Pan</em>” sacramental, de su independencia del entorno, no es absurdamente incompatible con el <em>concepto</em> de materia, sino una actualización misteriosa de sus más profundas potencialidades, descubiertas por la Física.  Si no podemos entenderlo -imaginarlo- podemos aceptarlo con humildad, como aceptamos sin comprenderlo el comportamiento de las partículas en la Mecánica Cuántica.</p>
<p style="text-align:justify;">Lo mismo debe tenerse en cuenta al hablar de los milagros de Cristo en la Palestina de hace dos mil años: hechos visibles, comprobados por testigos sinceros y <em>ofrecidos por Cristo explícitamente como sus credenciales de enviado de Dios</em>, dotado de autoridad y poder divino.  La transformación de agua en vino, la multiplicación de panes y peces, el caminar sobre las aguas, las curaciones instantáneas, muestran que la realidad material es <em>totalmente flexible en manos de su Creador</em>, que tiene siempre libertad total para crear o transformar sus estructuras o controlar la función de sus fuerzas.</p>
<p style="text-align:justify;">No puede limitarse al Creador y conservador de cada átomo o electrón por una supuesta necesidad determinística que exige, implícitamente, una materia <em>independiente de Él</em> en su continuación de existencia y en su actividad.</p>
<p style="text-align:justify;">Tampoco es científico el decir que <em>todo puede ocurrir</em> por una indeterminación total que excluye <em>un modo de proceder estable</em> para la materia, negando así toda posibilidad de que hecho alguno, por maravilloso que sea, pueda indicar la acción directa de Dios, además de negar la <em>posibilidad de verdadera ciencia</em>, que exige leyes fijas de proceder para poder predecir y calcular la evolución de un sistema dadas sus condiciones iniciales.</p>
<p style="text-align:justify;">Aun en la Mecánica Cuántica las <em>probabilidades</em> calculadas según la ecuación de Schroedinger se obtienen con <em>exacta</em> <em>determinación</em>, si bien no puede predecirse el resultado de un experimento concreto.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Futuro del Universo]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/23/futuro-del-universo/</link>
<pubDate>Fri, 23 Oct 2009 12:01:01 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[Este artículo es continuación de: Implicaciones teológicas de la física moderna, por D. Manuel Carre]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;">Este artículo es continuación de: <a rel="bookmark" href="../2009/10/23/2009/10/22/implicaciones-teologicas-de-la-fisica-moderna/">Implicaciones teológicas de la física moderna, por D. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p style="text-align:center;">E &#8211; <em>Futuro del Universo</em></p>
<p style="text-align:justify;">El desarrollo evolutivo del Universo a partir de la Gran Explosión inicial está marcado por el fenómeno de la expansión de un espacio que arrastra consigo a los cúmulos de galaxias.  No hay otra explicación física plausible para el corrimiento al rojo de las líneas espectrales, <em>en todas las longitudes de onda</em>, proporcional a la distancia de la fuente.  Aun los proponentes más reacios del estado estacionario reconocen, con contadas excepciones, que el universo al alcance de nuestros telescopios está aumentando de volumen según la Ley de Hubble, con una velocidad que es función lineal de la distancia, aunque todavía no podamos dar un valor exacto de tal velocidad (con un error menor de un 10%).</p>
<p style="text-align:justify;">La pregunta que se formula automáticamente respecto al futuro se centra en esta expansión. O bien continuará indefinidamente, sin llegar nunca a detenerse por completo (Universo <em>abierto</em>), o debe finalmente ceder ante la atracción gravitatoria e invertir el movimiento para dar lugar a una contracción catastrófica en una especie de Big Bang a la inversa (Universo <em>cerrado</em>). Ambos tipos de universo pueden tener topologías (propiedades geométricas) compatibles con un volumen <em>finito</em> en todo momento.  No es posible otra tercera solución a esta alternativa.</p>
<p style="text-align:justify;">La elección científica entre ambas posibilidades depende de la relación entre energía cinética de las galaxias y <em>energía potencial</em> de la masa gravitatoria que debe frenar la expansión.  Por tanto debemos medir con la mayor exactitud posible las velocidades de las galaxias como función de su distancia, y la densidad media del Universo en todas las formas detectables, aun indirectamente, de masa y energía.</p>
<p style="text-align:justify;">Todos los <em>datos experimentales</em> que actualmente poseemos, así como las <em>teorías más plausibles</em> de unificación de fuerzas y de condiciones iniciales, indican que <em>la expansión continuará sin fin</em>.  La materia visible apenas llega a un 2% de la masa crítica, que marca el límite entre expansión y contracción; la masa invisible puede ser, tal vez, 20 veces más.  No hay indicación alguna de que exista ni el valor crítico de densidad, ni menos aún un valor superior, necesario para la contracción.</p>
<p style="text-align:justify;">En ambas hipótesis se predice un futuro de destrucción de todas las estructuras materiales donde pueden darse condiciones para la vida, sea cual sea su entorno.  La hipótesis de contracción futura, a pesar de la falta de apoyo experimental, se invoca a menudo como preferible, por sugerir la posibilidad de un reciclaje que evite el estado final, irrevocable, de oscuridad, vacío y frío.  Pero no es compatible tal universo cíclico con las leyes físicas: en cada ciclo se da la conversión de masa en energía en las reacciones nucleares que permiten brillar a las estrellas, y ciclos subsiguientes tendrán más energía y menos masa, hasta terminar como universos abiertos.  Ni deja de ser extraño que el proceso de construcción y destrucción de estructuras se considere <em>menos absurdo por repetirse una vez tras otra.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><em> </em></p>
<p style="text-align:justify;">Debemos, pues, hablar -en términos físicos- de un Universo abierto, cuya cesación de actividad puede describirse en etapas de duración inimaginable, pero que no vuelve a la nada, aunque sea cada vez más diluido su contenido de materia en cualquier forma.   Desde el punto de vista humano, aunque sea más lógico hablar del fin de la vida en la Tierra, puede parecer que el Universo es aún comprensible mientras duren las estrellas.  Pero dentro de 10 billones de años habrá tan sólo cuerpos oscuros y fríos, vagando interminablemente en un espacio de volumen mil millones de veces mayor que el actual.   Es posible continuar las predicciones hasta edades trillones de veces más amplias, pero no cambia esencialmente el panorama de negrura y muerte, aunque se pueden llegar a destruir no solamente las estrellas y galaxias sino también los átomos y las mismas partículas elementales, para terminar en un vacío oscuro y frío con una densidad de energía siempre tendiendo a cero sin alcanzar nunca esa “nada” de la no-existencia.</p>
<p style="text-align:justify;">Ante estas predicciones científicas, es natural una reacción de desaliento y futilidad.  ¿Qué sentido tiene una realidad tan maravillosa como la que la ciencia nos muestra a nuestro alrededor, si todo va a destruirse? Incluso la existencia humana parece carecer de justificación si todos los logros de nuestra inteligencia y voluntad, la cultura, el arte, los hechos más heroicos, van a desaparecer sin rastro ni memoria en esa negrura final.  Hemos visto cómo el Principio Antrópico busca la finalidad cósmica en la existencia de vida inteligente; parece absurdo que la misma vida que justifica al Universo termine siendo destruida irremisiblemente por la evolución futura según las leyes que permitieron la aparición y desarrollo de la vida humana.</p>
<p style="text-align:justify;">El materialismo marxista tomaba como dogma básico la eternidad de la materia y su continuo desarrollo hacia formas siempre de mayor perfección.  Pero es precisamente la ciencia de la materia, la Física que describe las grandes estructuras cósmicas, la que niega ambas afirmaciones. La materia no es eterna en el pasado: ha tenido un comienzo.  Y su evolución futura no es hacia mayor esplendor y desarrollo, sino hacia una muerte térmica incompatible con la vida y finalmente con toda actividad, excepto las mínimas fluctuaciones del vacío cuántico.</p>
<p style="text-align:justify;">Nada tiene que decir la Teología que cambie las conclusiones de la ciencia, pero sí puede darnos un punto de vista más positivo cuando se trata del futuro de la vida humana.  Si queda establecido que en nuestra realidad personal debe aceptarse un componente esencial distinto de la materia, el espíritu o alma que nos distingue de los animales, puede aceptarse como consecuencia de su inmaterialidad una <em>posible</em> supervivencia fuera del tiempo y del espacio, aunque las estructuras materiales se destruyan.  Es verdad que no sabemos cómo sería tal existencia, pues toda nuestra actividad aparece como una función de la totalidad humana, alma y cuerpo.  Pero el no saber imaginarlo o explicarlo no es prueba de su imposibilidad.</p>
<p style="text-align:justify;">La revelación bíblica, en su elaboración secular, llega finalmente a esta afirmación de supervivencia más allá de la muerte individual.  No se pregunta acerca de los procesos físicos de un Universo evolutivo, desconocido hasta el siglo XX, pero en la destrucción del cuerpo no acepta la destrucción total del Hombre.  Esta idea es central dentro de la antropología cristiana, y la repiten y elaboran los tratados teológicos y formulaciones conciliares, hasta el <em>Catecismo de </em><em>la Iglesia Católica</em> de nuestros días.  Si es aplicable a la muerte personal, debe también admitirse para la muerte cósmica, que no nos afecta más que lo hace la descomposición de nuestro cuerpo.</p>
<p style="text-align:justify;">El punto de vista teológico nos ilumina la aparente paradoja de que el Universo parezca carecer finalmente de sentido.  No han sido en vano su existencia y evolución; su final no es un volver a la nada, ni tampoco una mera continuación, por inercia física, de un mero existir sin valor alguno. Ha cumplido su cometido dando oportunidad para la vida humana, que trasciende todo límite temporal, y así se libra la misma materia de la futilidad.</p>
<p style="text-align:justify;">La Teología, sin embargo, no se detiene aquí.  La materia humana -ceniza de estrellas-  se salva de ser destruida en la maravilla de la Resurrección, y el Cuerpo de Cristo, materia como la nuestra, está en el trono de la Trinidad, adorado por ángeles. Y es en el dogma de la resurrección donde la Física moderna, sorprendentemente, nos apoya con un concepto de materia mucho más rico, flexible e inimaginable que el basado en ideas de “sentido común”, que todavía limitan las disquisiciones de algunos teólogos, especialmente protestantes, pero también católicos, aunque influidos por la obsesión “desmitologizadora” del protestantismo moderno.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Evolución biológica hacia el Hombre]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/23/evolucion-biologica-hacia-el-hombre/</link>
<pubDate>Fri, 23 Oct 2009 11:58:29 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
<guid>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/23/evolucion-biologica-hacia-el-hombre/</guid>
<description><![CDATA[Este artículo es continuación de: Implicaciones teológicas de la física moderna, por D. Manuel Carre]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;">Este artículo es continuación de: <a rel="bookmark" href="../2009/10/23/2009/10/22/implicaciones-teologicas-de-la-fisica-moderna/">Implicaciones teológicas de la física moderna, por D. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p style="text-align:justify;">D &#8211; <em>Evolución biológica hacia el Hombre</em></p>
<p style="text-align:justify;">I- El Hecho de la  Evolución</p>
<p style="text-align:justify;">No es cometido de la Física el establecer los pasos por los que la materia inanimada da origen a la vida, ni describir las etapas de la evolución de especies hasta llegar al Hombre. Aunque la estructura viviente, organización complejísima de la materia, debe utilizar las fuerzas físicas para su cohesión y actividad, y deben ser cambios materiales en la programación genética los que dan lugar a nuevas formas, la Física moderna no contribuye directamente a solucionar los problemas más profundos: <em>la actividad de autoconservación y desarrollo de cada organismo, el paso de sencillas moléculas orgánicas a la complejidad de la célula, la formación de órganos enormemente especializados, el paso de vida no-inteligente a la vida inteligente del Hombre.</em></p>
<p style="text-align:justify;">El hecho de la aparición de la vida en la Tierra primitiva de hace unos 3.500 millones de años, y el hecho de su evolución, están bien establecidos y no pueden negarse <em>como datos</em>.  Pero seguimos sin conocer dónde ni cuándo ni cómo apareció el primer ser viviente, y es imposible por ningún análisis químico o clasificación de fósiles establecer si todo el proceso vital es explicable en términos de puro <em>azar</em> o si debemos aceptar una <em>direccionalidad </em>finalística. Es aquí donde un estudio lógico de conceptos puede dar luz que aclare supuestos conflictos entre Física y Teología.</p>
<p style="text-align:justify;">Si la Física comienza su trabajo con la aceptación de <em>cualidades activas</em> en la materia -fuerzas- que sirven como base explicativa de su estructuración a diversos niveles, también la Teología admite que Dios dio a toda la materia, creada por Él, <em>capacidades de actuar</em>: ya en el Génesis se describen las plantas como destinadas a producir fruto según su especie, y esta actividad cuasi-vital es la que sugiere a la ciencia medieval un influjo de la Tierra y los astros en la formación de metales e incluso en las características de cada persona.  Durante siglos se aceptó la realidad de una generación espontánea de organismos macroscópicos bien diferenciados, de tal modo que la materia, dotada por el Creador de estas capacidades, daría lugar a formas vivientes siempre que se encontrase en las circunstancias adecuadas.  Si desde el punto de vista humano tal evolución puede decirse que ocurre al azar en cuanto a las circunstancias concretas de tiempo y lugar, sigue en pie la afirmación de orden y causalidad querida por el Creador y prevista en su realización concreta.</p>
<p style="text-align:justify;">Se aceptaba un influjo del ambiente en características de tipo secundario de los vivientes. Así se suponía una cierta evolución intra-específica que explicaría las diferencias individuales, y que tenía el mismo carácter aleatorio, aunque podría ser manipulada por el hombre, por ejemplo para mejorar el ganado.  Sin datos de observación directa, no era lógico hablar de evolución de especies, y el relato del Génesis parecía ser la explicación correcta de la variedad de vida existente, variedad que nunca traspasa los límites específicos en tiempos asequibles a nuestra comprobación directa.</p>
<p style="text-align:justify;">II- Explicaciones propuestas</p>
<p style="text-align:justify;">Como consecuencia de los trabajos de Darwin y Wallace se presenta una alternativa que se mantiene hasta hoy en ambientes de materialismo reduccionista o de fundamentalismo bíblico: se contrapone una evolución de azar ciego a una finalidad dirigida por el Creador, como dos maneras antitéticas de explicar el mismo hecho: la diferenciación progresiva de las formas de vida a lo largo de la historia de la Tierra. Este dilema alcanza su máxima acritud al intentar explicar el último paso evolutivo, de los antropoides primitivos al Hombre, inteligente y libre. Es la disyuntiva vulgar entre “<em>el Hombre desciende del mono</em>” o “<em>fue hecho directamente a partir del barro</em>” del relato bíblico.</p>
<p style="text-align:justify;">El mecanismo evolutivo se describe en términos concretos como el efecto de mutaciones en el material genético -ADN- de las células que dan lugar a un nuevo organismo.  Tales mutaciones (cambios en algún punto de esa molécula complejísima) son debidas a factores químicos, térmicos o de impacto de partículas procedentes de materiales radioactivos o de la radiación cósmica.  La mayoría de las mutaciones son nocivas o indiferentes, pero alguna mejorará al organismo para su supervivencia en un entorno determinado. Esto lleva a una selección natural que finalmente da lugar a nuevas especies que ya no pueden reproducirse entre sí.  Por ser las mutaciones el resultado de hechos imprevisibles y no predispuestos por leyes físicas, es necesario admitir que la evolución es <em>aleatoria</em>, y no puede <em>demostrarse</em> finalidad  alguna concreta. La afirmación teológica de un plan divino que se desarrolla armoniosamente a través de los tiempos preparando la aparición del Hombre sería -para el científico materialista- tan sólo una forma poética y antropomórfica de interpretar los hechos, pero sin validez lógica.</p>
<p style="text-align:justify;">Es, una vez más, el concepto de azar el que da lugar a conflictos injustificados.  Es verdad que no hay correlación de leyes físicas que permitan establecer que tal rayo cósmico, con una energía concreta, impactará sobre un punto determinado de un gameto sexual para dar lugar a una mutación previsible y de efectos evolutivos donde pueda <em>observarse</em> un desarrollo finalístico. En este sentido restringido, es claro que tales cambios se dan aleatoriamente, y la evolución sigue trayectorias totalmente “<em>arbitrarias</em>” marcadas  por infinidad de sucesos microscópicos y también por extinciones macroscópicas y otros factores ambientales -épocas glaciales, volcanismo, deriva de continentes- que hacen imposible la predicción de su rumbo o la probabilidad de un desarrollo semejante, aun comenzando con las mismas condiciones iniciales en el mismo planeta. Pero esto no describe la realidad total, especialmente en relación con la vida humana.</p>
<p style="text-align:justify;">Como ya queda indicado, <em>el azar no es un agente físico, ni puede ser causa explicativa de ningún tipo de orden</em>. Esto es de importancia obvia cuando se quiere explicar la formación de órganos muy especializados, que necesitan ser perfectos en sus funciones para tener valor de supervivencia y selección.   Uno de los puntos más oscuros del proceso de evolución por mutaciones genéticas es la necesidad de <em>múltiples mutaciones</em>, cada una sin valor para el individuo en que ocurren, que deben acumularse simultáneamente para dar lugar a un nuevo órgano o comportamiento que sí tiene ventajas para la supervivencia.  Por eso se habla de un “<em>equilibrio puntuado</em>”, que supone largos períodos de estabilidad mientras se van incorporando multitud de cambios en el material genético, sin efectos visibles, hasta que en algún individuo de la especie se alcanza un conjunto crítico que produce el cambio evolutivo.  Incluso parece necesario suponer que el cambio se da simultáneamente <em>en un número amplio de individuos</em>, pues un único ejemplar de la nueva forma no tendría probabilidad de perpetuarla.</p>
<p style="text-align:justify;">De cualquier manera que se intente explicar en detalle la evolución, sigue siendo filosófica y teológicamente cierto que <em>para el Creador no hay azar</em>, ni puede haberlo.  Su conocimiento total de las propiedades y actividad de cada partícula o unidad de energía, en toda la historia del Universo, determina la elección de condiciones iniciales que producen en el correr de los tiempos aquellos efectos que Él busca, en todos los niveles de estructuración.</p>
<p style="text-align:justify;">Si es propio de todo actuar inteligente el escoger los medios para un fin, más debe esperarse tal determinación finalística de la infinita inteligencia y omnipotencia del Creador.  Pero esto no contradice la aleatoriedad desde el punto de vista físico y de experiencia humana, porque ninguna <em>comprobación experimental puede medir o detectar finalidad ni orden</em>, que no son cuantificables ni expresables en fórmulas matemáticas. La metodología científica no posee ningún instrumento para ello, aunque la pregunta sobre finalidad sea la más espontánea cuando encontramos un objeto arqueológico o para entender el <em>porqué</em> de un acontecimiento o comportamiento humano.</p>
<p style="text-align:justify;">III- La Naturaleza del Hombre</p>
<p style="text-align:justify;">Hay en el ser racional una nueva necesidad, superior a todo instinto animal, que le mueve a buscar <em>Verdad, Belleza y Bien</em>.  Aparece ya este modo de proceder en los restos arqueológicos más primitivos que pueden relacionarse <em>con certeza</em> con el ser humano: decoración de objetos y de cavernas, fabricación de utensilios complejos, de instrumentos músicos, cuidado de enfermos, enterramientos.  <em>Nada de esto es explicable en términos de supervivencia o adaptación al medio</em>, ni puede atribuirse a una programación genética, que puede dar razón de una nueva estructura orgánica o de un nuevo modo fijo de proceder, pero no es razón suficiente de un pensamiento, de un avance cultural, de la consciencia misma. Ni explica la <em>actividad libre</em>, que es nuestra mayor gloria y que nos separa claramente del proceder meramente animal.</p>
<p style="text-align:justify;">Esta libertad no debe buscarse como resultado de la <em>indeterminación cuántica</em> de la actividad de las neuronas cerebrales, pues tal actividad no explica el pensamiento abstracto ni por qué las decisiones humanas son libres (buscadas conscientemente, no aleatorias) mientras no lo son en un delfín o un elefante, con cerebros mayores que el del Hombre. La libertad es lo más opuesto al “porque sí” irracional del azar.</p>
<p style="text-align:justify;">Debe insistirse en una aceptación <em>constante y coherente del concepto de materia</em> que nos da la  Física actual.  La <em>definición operativa</em> de toda forma de materia se presenta en términos de sus <em>interacciones</em> con otra materia y, en la práctica, con nuestros instrumentos.  No puede atribuirse a la materia ninguna propiedad imaginada para resolver un problema, si no puede reducirse a una <em>actividad cuantificable</em>.  Esta actividad debe tener siempre como resultado algo también de índole <em>material</em>, con parámetros descriptivos en términos de masa, energía, carga eléctrica, etc. Nada de esto es aplicable al pensamiento ni a la libertad. Por eso no puede afirmarse que son de orden material ni debidas a las interacciones de la materia, aunque haya actividad cerebral concomitante, y el buen funcionamiento del cerebro sea necesario para pensar y ejercer la libertad.</p>
<p style="text-align:justify;">Es digna de mención la actitud casi universal de los físicos con respecto a poderes mentales que producirían efectos al exterior sobre la materia.  Ni la telepatía ni la telekinesia (capacidad de mover objetos a distancia), ni la levitación ni los fenómenos de tipo espiritista han logrado aceptación científica: hay un escepticismo enraizado en <em>la distinción entre el mundo de lo material y el de las actividades subjetivas de orden cognoscitivo-volitivo</em>.</p>
<p style="text-align:justify;">Si estas actividades fuesen atribuibles a fuerzas físicas, con resultados también físicos, sería ilógico negar posibles efectos en el entorno.  Pero, por criterio científico, es imposible atribuir la actividad racional a ninguna de las cuatro interacciones físicas, ni a sus combinaciones.  <em>Ningún parámetro cuantificable describe el contenido de un pensamiento abstracto, ni aspecto alguno de la vida humana en sus expresiones artísticas, éticas o religiosas, aunque su existencia e importancia no pueden negarse</em>.</p>
<p style="text-align:justify;">Aquellos que en un reduccionismo materialista niegan la libertad humana, <em>la afirman en su proceder</em>, exigiendo responsabilidades a otros y buscando reconocimiento por sus logros personales: una actitud totalmente absurda si nuestras acciones, vituperables o dignas de encomio, ocurriesen con la misma <em>necesidad ciega y automática</em> con que una piedra cae al suelo.</p>
<p style="text-align:justify;">Se dice algunas veces que <em>la materia se hace consciente de sí misma en el cerebro</em>.  En su significado literal, esta afirmación es claramente falsa: nadie sabe que tiene cerebro, ni qué hay en él, sin estudiar anatomía,  con la misma metodología experimental sobre el hombre -de disección y estudios microscópicos- que se necesita para estudiar el cerebro de cualquier animal.  Ni es nadie consciente de lo que hacen las neuronas cuando piensa, ni de ninguna otra actividad interna; <em>en la visión, somos conscientes del objeto externo que vemos, pero no de lo que ocurre en la retina, el nervio óptico o la zona visual del cerebro.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><em> </em></p>
<p style="text-align:justify;">Aunque se hable de que la consciencia y la inteligencia “<em>emergen</em>” de la materia cuando ésta alcanza un grado suficiente de complejidad, tal afirmación o simplemente se limita a constatar un <em>hecho</em>, que es la indicación de racionalidad <em>simultánea</em> con el desarrollo cerebral, o tiene que atribuirse la nueva forma de actuar a alguna <em>fuerza física</em>, con la implicación de que la consciencia debe encontrarse en algún grado en todos los niveles de la materia, hasta las partículas elementales. No conozco a ningún físico que haya propuesto esto seriamente.</p>
<p style="text-align:justify;">Por eso se debe aceptar como única explicación lógica la postura de la Filosofía y Teología: una realidad <em>inmaterial</em> es razón <em>necesaria y suficiente</em> de la racionalidad, y exige un acto de creación directa puesto que <em>no puede ser consecuencia de cambios físico-químicos</em> en ningún momento de la evolución meramente biológica.  Aunque el Hombre, como estructura del reino animal, tiene un parentesco innegable con las formas de vida de etapas previas, el paso a ser racional tiene que incluir una nueva realidad <em>del orden de existencia que es propio del Creador inmaterial. </em></p>
<p style="text-align:justify;">La frase bíblica, en que el Hombre se define como “<em>Imagen y Semejanza</em>” de Dios, expresa lo más profundo y valioso de nuestra esencia, fuente de conocimiento, consciencia, libertad, creatividad y responsabilidad.  Por eso somos personas, en el sentido en que el Creador es también personal -no una fuerza cósmica de evolución ciega- y podemos establecer una relación personal con Él.  <em>Esta es la única razón suficiente para que Dios decida crear.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><em> </em></p>
<p style="text-align:justify;">Quienes, aun desde la Teología, intentan descartar como resto de creencias mitológicas o de dualismo griego la existencia de seres espirituales creados, incluso del alma humana, deben darse cuenta de la arbitrariedad de negar <em>a priori</em> que Dios, <em>puro espíritu</em>, pueda dar el ser también a criaturas semejantes a Él en su independencia de espacio, tiempo y leyes físicas.  No hay razón lógica de negarlo, y la enseñanza bíblica y eclesial de veinte siglos  afirma reiteradamente su creación. No hay razón alguna para esperar que la Iglesia pueda cambiar esta doctrina, claramente presente en concilios, documentos papales y el <em>Catecismo de </em><em>la Iglesia Católica</em>; lo dicho recientemente por el Papa acerca de la aceptabilidad del hecho evolutivo, <em>explícitamente excluye el atribuir el espíritu humano a ningún cambio genético.</em></p>
<p style="text-align:justify;">Ni tiene sentido hablar de la Iglesia triunfante y la proclamación de la gloria de los santos si se considera que en su muerte han dejado de existir totalmente al deshacerse sus cuerpos.  No puede entenderse al Hombre como puro espíritu, pero tampoco como sola materia, aunque sea difícil explicar su unión e influjo mutuo en una realidad personal.</p>
<p style="text-align:justify;">Ambos monismos son incompatibles con la experiencia básica de la unidad del YO humano, y ambos son también inaceptables en el ámbito teológico al hablar de nuestra existencia después de la muerte.  Si es la persona humana la que sobrevive <em>tras una destrucción total</em> al deshacerse el cuerpo, sólo una segunda <em>creación</em> podría dar razón de que haya un verdadero viviente en la eternidad, que tendría que ser también “<em>animal racional</em>” con la misma estructuración esencial del Hombre que murió, pero que no podría lógicamente decirse es la misma persona que despareció en la tumba.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Actividad de la materia: regularidad y azar]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/23/actividad-de-la-materia-regularidad-y-azar/</link>
<pubDate>Fri, 23 Oct 2009 11:55:38 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[Este artículo es continuación de: Implicaciones teológicas de la física moderna, por D. Manuel Carre]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Este artículo es continuación de: <a rel="bookmark" href="../2009/10/23/2009/10/22/implicaciones-teologicas-de-la-fisica-moderna/">Implicaciones teológicas de la física moderna, por D. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p>C &#8211; <em>Actividad de la materia: regularidad y azar</em></p>
<p style="text-align:justify;">Toda ciencia busca la descripción de la realidad material en términos de “leyes” que permiten la predicción de estados futuros a partir de condiciones iniciales conocidas, o la inferencia de etapas anteriores que expliquen el estado actual observado. Tales leyes son <em>expresiones generalizadas de modos de proceder</em> que tienen como base última las propiedades mismas de la materia.  En consecuencia, las leyes son universalmente válidas en las condiciones en que pueden aplicarse.</p>
<p style="text-align:justify;">En el mundo de lo macrofísico se admite tal regularidad de proceder como obvia, aunque se habla de sistemas <em>caóticos</em> aun en el caso de los planetas del sistema solar o de otros conjuntos macroscópicos.  El significado de la palabra caos es, sin embargo, diverso del que sugiere su uso vulgar: solamente indica una dependencia tan fuerte de pequeños cambios en las condiciones iniciales del sistema que la predicción de su estado a largo plazo no puede ser cierta.  Así puede verse que la posición de Plutón, dentro de 100 millones de años, puede cambiar en 180 grados en su órbita, debido a perturbaciones de otros planetas, si las condiciones iniciales varían en unos pocos centímetros. Al no ser posible ese grado de exactitud (ni en posición ni en valores de masas y velocidades), no es predecible la situación futura sino con un margen de error muy amplio. Como es obvio, esta incapacidad de predicción cierta no es consecuencia de ningún tipo de azar o <em>indeterminación intrínseca</em> a la materia, sino solamente de la imposibilidad práctica de conocer con suficiente exactitud todos los factores a tener en cuenta en un sistema físico complejo.</p>
<p style="text-align:justify;">No hay en esto dificultad teológica relacionada con la actividad de la materia macroscópica o el concepto de indeterminación y azar.  Pero en la <em>microfísica</em> se afirma  que los fenómenos ocurren “sin causa”, aleatoriamente, y que tal comportamiento es intrínseco a la materia y no consecuencia de nuestras limitaciones cognoscitivas.  De ahí se infiere la imposibilidad de conocimiento cierto del futuro, <em>aun para Dios mismo</em>, porque tal conocimiento sería contradictorio con la interpretación probabilística de la ecuación de onda que describe un sistema cuántico.</p>
<p style="text-align:justify;">Sin entrar en detalles de interpretaciones en términos de parámetros objetivos y no probabilísticos (por ejemplo, de Bohm) es suficiente subrayar la  dependencia total de lo creado y contingente con respecto al Creador, tanto en el momento inicial de su existencia como en la conservación y actividad subsiguiente.  <em>No puede menos de conocer lo que ocurre quien hace posible el que ocurra</em>, en los detalles más mínimos, e indica una falta de lógica filosófica el suponer que <em>la actividad de la materia ya creada se da con independencia de quien la mantiene en la existencia</em>.</p>
<p style="text-align:justify;">El azar no es tampoco una razón explicativa de un fenómeno físico, pues no representa <em>fuerza alguna ni parámetro medible</em> de la materia.  El azar sólo expresa la <em>falta de relación lógica</em> entre propiedades o hechos que consideramos simultáneamente.  Puedo encontrarme con un amigo al que no he visto en mucho tiempo, y tal encuentro ocurre por azar si no hemos hecho planes de vernos en ese momento en ese lugar, aunque cada uno tenga sus razones para acudir allí.  Un meteorito puede caer <em>por azar</em> sobre una casa concreta, pues no hay ley física que relacione su trayectoria con la existencia de ese edificio. Ni hay ley que permita, <em>a priori</em>, predecir tal encuentro, que supone la actividad <em>libre</em> humana de haber construido la casa en tal lugar.</p>
<p style="text-align:justify;">En este sentido, el azar es una realidad continua en nuestra experiencia, pero no presenta un problema teológico: <em>para Dios no hay jamás azar</em>, ya que su omnisciencia conoce desde el primer momento toda la actividad de cada partícula de materia en toda la historia del Universo.  Más aún: al elegir crear la totalidad cósmica, el Creador elige las condiciones iniciales previendo en todos sus detalles más nimios el proceder de cuanto crea<em>; nada puede ocurrir por sorpresa para una inteligencia infinita que no se desarrolla en el tiempo</em>.  Ni es obstáculo para la ciencia tal conocimiento divino, sino <em>garantía de orden y cognoscibilidad</em>, ni deja de ser posible la ciencia por la <em>actividad libre</em> del ser humano, totalmente imprevisible.</p>
<p style="text-align:justify;">Es, pues, la Física moderna un punto de partida válido para encontrar<em> orden</em> en el Universo, compatible con el desarrollo científico y con la visión teológica de un Dios inteligente, para el que no hay azar y que no actúa arbitraria y caprichosamente al modo de los dioses paganos.  Es también una base correcta para admitir la existencia de un principio de actividad libre en el Hombre, que no contradice a las leyes de la materia, porque esa actividad <em>no es de orden material</em>, aunque se realice en el ámbito de un ser que pertenece también al mundo de la materia.</p>
<p style="text-align:justify;">Queda, incluso, abierta la <em>posibilidad </em>de una intervención <em>extraordinaria</em> del Creador en su mundo (<em>milagro</em>), no para derrocar sus leyes o hacer imposible la ciencia, sino para dar un nuevo elemento de conocimiento o relación personal del Hombre al Creador. Como obra excepcional tiene un fin sobrenatural y no destruye la actuación normal de la materia que es la base de la ciencia. Es posible también -en principio- la Revelación, <em>que no cambia ningún parámetro físico sino que comunica conocimiento</em>. Tal comunicación se da en al ámbito humano, y ni ese intercambio de información ni las actividades libres subsiguientes se ven como incompatibles con la Ciencia.</p>
</div>]]></content:encoded>
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<title><![CDATA[Macrofísica y Microfísica: Principio Antrópico]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/23/macrofisica-y-microfisica-principio-antropico/</link>
<pubDate>Fri, 23 Oct 2009 11:48:20 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[Este artículo es continuación de: Implicaciones teológicas de la física moderna, por D. Manuel Carre]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Este artículo es continuación de: <a rel="bookmark" href="../2009/10/23/2009/10/22/implicaciones-teologicas-de-la-fisica-moderna/">Implicaciones teológicas de la física moderna, por D. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p style="text-align:center;">B &#8211; <em>Macrofísica y Microfísica: Principio Antrópico</em></p>
<p style="text-align:justify;">La evolución de la materia desde el <em>Big Bang</em>, la Gran Explosión descubierta y demostrada experimentalmente por la Cosmología moderna, lleva a la formación de galaxias, estrellas, planetas y, últimamente, seres inteligentes <em>con una base orgánica material</em>, al menos en el planeta Tierra. El proceso ha necesitado un tiempo del orden de 14 eones (miles de millones de años) y depende de las propiedades de los elementos constitutivos de la materia y de sus leyes más básicas.  No conocemos en detalle muchos de los pasos evolutivos, pero podemos preguntarnos qué hubiese ocurrido de ser el cosmos, <em>ya en su momento inicial</em>, diverso de lo que de hecho fue.</p>
<p style="text-align:justify;">La pregunta no ha partido del ámbito filosófico o teológico sino del campo de la Física, y su respuesta se basa en cálculos matemáticos de procesos físicos a diversas escalas.</p>
<p style="text-align:justify;">Primeras sugerencias de Eddington acerca de coincidencias numéricas, independientes de sistemas de medida, elaboradas luego y ampliadas desde diversos puntos de vista por Dicke, Collins, Hawking, Carter, Barrow, Tipler, Wheeler y otros, desarrollaron cada vez con mayor detalle la idea básica de que la existencia de seres inteligentes, aun en un único lugar, <em>exige</em> <em>un Universo con un ajuste finísimo de propiedades desde el primer momento</em>.  La condensación en galaxias de la nube incandescente inicial no hubiese podido ocurrir de no ser la densidad del cosmos muy próxima al valor crítico (que permite una expansión hacia un volumen máximo al que se acerca asintóticamente) y la formación de elementos necesarios para la vida exige un equilibrio muy exacto de las intensidades de las cuatro fuerzas y los parámetros de las partículas elementales.</p>
<p style="text-align:justify;">No es posible calcular las consecuencias de cambiar <em>simultáneamente</em> todas estas propiedades para tener un tipo de materia radicalmente distinto, pero podemos demostrar que, en el entorno material en que existimos, cualquier cambio significativo lleva a condiciones incompatibles con el desarrollo de la vida hasta el Hombre (entendido simplemente como <em>Animal Racional</em>). Los argumentos detallados se basan en las interacciones necesarias para síntesis nucleares en las estrellas y las exigencias de macromoléculas para la información genética, con períodos evolutivos desde la vida microscópica a la humana que se infieren del registro paleontológico.  Pueden verse estos datos y elaboraciones científicas en referencias múltiples.</p>
<p style="text-align:justify;">Del conjunto de cálculos e inferencias científicas surge la pregunta general: )Por qué tiene el universo las propiedades que permiten su evolución hasta la vida inteligente?. Dos posibles respuestas tienen que contraponerse: o bien ocurre <em>por azar o por diseño</em>.</p>
<p style="text-align:center;">I &#8211; <em>AZAR</em></p>
<p style="text-align:justify;">La respuesta que lo atribuye al azar no es inteligible sin un cálculo de <em>probabilidades</em> en un conjunto de muchos universos, simultáneos o sucesivos, donde toda clase de parámetros variables producen combinaciones más o menos adecuadas a la vida inteligente.  <em>No puede hablarse de azar en un caso único,</em> y los que buscan esta solución afirman explícitamente una infinitud de universos que asegure que en uno de ellos se producirá un entorno donde la vida florezca, pues en un número infinito deben realizarse <em>todas las variaciones posibles.</em></p>
<p style="text-align:justify;">Es claro, sin embargo, que con esta hipótesis se viola la metodología científica, que no concede validez explicativa a ninguna solución que no tiene posible comprobación experimental, directa ni indirecta.  Si se habla de una multitud coexistente, tampoco se da razón de su existencia, que exige para cada uno de esos cosmos el recurso a una creación no explicable por azar ni por proceso físico alguno.</p>
<p style="text-align:justify;">Si se trata de un conjunto infinito sucesivo, o se supone un Universo eternamente reciclado, con cambios de sus constantes físicas en cada ciclo, o se atribuye su existencia a la afirmación <em>arbitraria</em> de que todo lo que es posible matemáticamente tiene que existir en la realidad. Muy brevemente se puede enjuiciar el valor de estas soluciones como hipótesis <em>científicas.</em></p>
<p style="text-align:justify;">Los <em>datos experimentales</em> y la aplicación de <em>leyes físicas conocidas</em> impiden la posibilidad de ciclos eternos; y la segunda hipótesis es claramente ilógica, pues nuestras ecuaciones son meramente un lenguaje simbólico para representar aspectos cuantitativos de la realidad, pero <em>no imponen su realización</em>. Ni la Mecánica Cuántica, interpretando la ecuación de Schroedinger en términos probabilísticos, ni la extrapolación de Everett exigiendo la realización de todas las probabilidades, pueden dar lugar a una comprobación experimental de sucesos múltiples como ramificaciones reales de un experimento de laboratorio; menos aún de los pretendidos “<em>universos</em>”.</p>
<p style="text-align:center;">II- <em>DISEÑO</em></p>
<p style="text-align:justify;">El recurso al <em>diseño</em>, con su connotación de una inteligencia y una decisión <em>finalística</em>, es implicado muy sucintamente por el gran físico John Archibald Wheeler. Partiendo de un hecho obvio, base de la ciencia de la materia, se constata la <em>mutabilidad</em> -variabilidad- de ésta, raíz de toda interacción y de todo cambio observable. La mutabilidad implica <em>ajustabilidad</em>: todo lo que puede existir de diversas maneras puede ser determinado <em>extrínsecamente</em> -ajustado- para que exista de una manera concreta.  Más todavía: <em>necesita</em> ser ajustado para existir de una manera y no de otra, pues de otro modo no habría razón suficiente de su modo real de existir en preferencia a otros posibles.</p>
<p style="text-align:justify;">Consecuentemente, es necesario un ajuste del Universo y sus parámetros más íntimos ya en <em>el primer momento</em> del Big Bang, que determine las características iniciales de modo que la vida inteligente pueda florecer en su desarrollo futuro.  Tal ajuste se relaciona con la vida inteligente no por un antropocentrismo anticuado, sino porque para la vida inteligente se necesita la máxima estructuración de la materia, <em>que restringe más estrictamente las posibilidades de variación.</em></p>
<p style="text-align:justify;">El agente de tal ajuste primitivo, hace miles de millones de años, se encuentra -para Wheeler- en nuestra actividad cognoscitiva actual.  Recurriendo al concepto de “<em>observador cuántico</em>” que hace real aquello que observa, propone una causalidad circular hacia el pasado: al observar ahora el Universo, determinamos que haya tenido las propiedades necesarias para que podamos ahora existir, de modo que nuestra actividad hace existir al Universo en forma adecuada ya antes de que se dé nuestra propia existencia.</p>
<p style="text-align:justify;">Resulta asombroso que tal raciocinio se presente como aceptable, ni en Física ni en sistema lógico alguno.  Aun en las interpretaciones más extremas de la Mecánica Cuántica, en que se llega a negar realidad a lo que no es observable en un experimento, nunca se afirma que tal observación condicione la existencia <em>del observador</em>, sino sólo de lo que puede observarse. Y no puede hacerse ciencia sin el presupuesto de objetividad ya mencionado por Einstein.</p>
<p style="text-align:justify;">Al llegar a este punto, es posible re-expresar el argumento en una sencilla formulación filosófica: todo lo <em>contingente</em> exige una determinación de su modo de existir, que tiene, finalmente, que atribuirse a un agente <em>necesario</em>, no contingente. Así nos encontramos de nuevo ante la necesidad lógica de un Creador omnisciente, conocedor de todas las posibilidades de creación, que diseña a la realidad que crea, <em>por referencia a un fin</em> buscado y querido libremente. Siendo de potencia infinita e independiente de la materia, su acto creativo no puede atribuirse a ninguna motivación de propio crecimiento o provecho. La respuesta filosófica y teológica es hermosa en su sencillez: la creación es un acto de amor y de bondad desinteresada de un Ser espiritual que busca la relación personal con seres capaces de conocerle y de gozar de su misma vida.</p>
<p style="text-align:justify;">Como dice Pagels, hablando del Principio Antrópico en sus diversas formas físicas, su única formulación coherente es la del <em>Principio Antrópico Teístico</em>: el Universo parece hecho para el Hombre (animal racional) <em>porque fue hecho para el Hombre</em>. Como expresión de finalidad, no es ya un principio estrictamente <em>científico</em>, pues no afirma nada susceptible de experimento ni de medida cuantitativa, sino un principio <em>filosófico</em>: una consecuencia meta-física de los datos de las ciencias de la materia, que siempre deben dar paso a otras consideraciones más amplias para explicar la realidad total, incluyendo una razón suficiente de que la realidad tenga un conjunto de propiedades concretas dentro de la ilimitada variedad posible.</p>
<p style="text-align:justify;">Una vez más debemos insistir en que no es la ciencia una fuente <em>directa</em> de información teológica pero no debemos olvidar nunca sus datos al tratar de la materia y sus parámetros y evolución. Sin un conocimiento actualizado de estos conceptos se puede reducir la discusión a un nivel tan abstracto que no tiene referencia a la realidad de un Universo que es también obra de Dios, empobreciendo así nuestra fe en su tendencia a conocer racionalmente y con mayor precisión los datos de la Revelación. <em>Este esfuerzo por entender la fe define a </em><em>la Teología</em> y  mantiene en un constante desarrollo de mayor profundización la enseñanza de los dogmas.</p>
</div>]]></content:encoded>
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<title><![CDATA[Admirable es el Señor en todas sus obras]]></title>
<link>http://rsanzcarrera3.wordpress.com/2009/10/23/admirable-es-el-senor-en-todas-sus-obras/</link>
<pubDate>Fri, 23 Oct 2009 11:45:13 +0000</pubDate>
<dc:creator>rsanzcarrera</dc:creator>
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<description><![CDATA[Este artículo es continuación de: Implicaciones teológicas de la física moderna, por D. Manuel Carre]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;">Este artículo es continuación de: <a rel="bookmark" href="../2009/10/23/2009/10/22/implicaciones-teologicas-de-la-fisica-moderna/">Implicaciones teológicas de la física moderna, por D. Manuel Carreira, s.j.</a></p>
<p style="text-align:center;">ADMIRABLE  ES  EL SEÑOR  EN  TODAS  SUS  OBRAS</p>
<p style="text-align:justify;">La totalidad de la obra de Dios forma un conjunto armonioso que refleja la perfección del que es esencialmente Verdad, Belleza y Bien.  El orden natural se dirige al sobrenatural en un único plan salvífico que eleva a las criaturas al nivel de existencia y vida de su Creador.  No hay nada que no pueda enaltecerse por esta transformación, excepto la aberración que constituye el pecado y que es el rechazar consciente y libremente el plan de Dios.  En la Encarnación, se ennoblece lo más humilde, la ceniza de estrellas que se preparó durante eones para formar la Tierra y los seres vivientes en ella. En el Hombre, la Imagen de Dios alcanza la identidad con Él en la Persona divina de Cristo, y en Él y por Él se eleva al Padre el himno de admiración y gratitud que resonará eternamente en el coro de cuantos han sido incorporados a Cristo como hijos en el Hijo.</p>
<p style="text-align:justify;">En el Espíritu de Vida se nos vivifica tan profundamente que ya <em>la vida humana participará del modo de existir, conocer y amar de esa Trinidad incomprensible</em>, pero que Dios ha querido revelarnos como barrunto de su realidad más íntima, que es el Amor “<em>que mueve el Sol y las estrellas</em>”, con la frase feliz de Dante. En el no-tiempo de esa nueva existencia nos gozaremos, como Dios, conociendo y admirando todo lo que el Creador ha hecho en todos los tiempos, desde el instante del Big Bang hasta el final previsto por la Cosmología física.</p>
<p style="text-align:justify;">También en ese <em>ahora</em> eterno entenderemos a la materia y a la vida; podremos maravillarnos de su riqueza y de la unión íntima de átomos y espíritu que se da en nosotros. Con la frase atrevida de S. Pablo, “<em>conoceremos como somos conocidos</em>” (1Cor 13, 12).  No es, por tanto, la historia evolutiva del Universo algo descartado como sin importancia, ni para Dios ni para los que con Él y en Él existen.</p>
<p style="text-align:justify;">Como última consecuencia de nuestra fe en la resurrección y pervivencia de todo el Hombre fuera del espacio y del tiempo, encontramos ya una respuesta hermosa y completa al sentido del Cosmos.  Su existencia, con toda su complejidad y derroche de estrellas y galaxias, ha florecido en la materia preparada para que Dios una a ella el espíritu.  El Hombre es la razón explicativa de que Dios cree: no por entretenerse en fuegos de artificio de átomos o estrellas, sino para encontrar en la creación una respuesta personal de adoración y amor, que solamente la criatura racional puede dar.  La infinita generosidad de Dios se extiende hasta la Encarnación y Redención, de modo que somos imágenes de Dios siendo imágenes del Dios hecho Hombre, Cristo Jesús.  “<em>Todo ha sido creado por Él y para Él, y en Él reside toda la plenitud</em>”, como leemos en el hermosísimo himno de S. Pablo en su carta a los Colosenses (Col 1,13-20).</p>
<p style="text-align:justify;">Todo nuestro conocimiento del mundo físico, decía Einstein, es incompleto y pueril, pero para él era “<em>lo más precioso que tenemos</em>”.  Desde la luz de la Fe, no es lo más precioso, pues este calificativo debe reservarse para el conocimiento de Dios y de su Amor, pero sí es algo hermoso y digno de todo aprecio. Conocer la obra de Dios en cualquier aspecto de su grandeza es una labor ennoblecedora, y puede y debe hacerse sin prejuicios ni miedos.</p>
<p style="text-align:justify;">Como ha dicho Carl von Weiszäcker,<em> “El primer sorbo de la copa de la ciencia aparta de Dios, pero cuanto más se bebe de ella, más claro se ve en su fondo el rostro del Creador”. </em>Podemos estar seguros de que ninguna verdad científica será obstáculo para nuestra Fe, y podemos confiar, por el contrario, que nuestro esfuerzo racional de entender lo que creemos -definición clásica de la Teología- se verá estimulado y ayudado por el conocimiento más íntimo de la realidad material.</p>
<p style="text-align:justify;">Nuestro trabajo científico es también un tributo a nuestra grandeza. Al inaugurarse el observatorio de Monte Palomar, en 1948, se dijo –muy acertadamente- que “<em>si el Universo que nos descubre la ciencia es verdaderamente asombroso, más maravillosa todavía es la mente humana, capaz de descubrirlo y entenderlo”.</em></p>
<p style="text-align:justify;">No ha llegado a término esta tarea, ni podemos imaginarnos lo9s avances que desvelarán niveles cada vez más profundos de la realidad, en lo grande yen lo más pequeño. Pero podemos estar seguros de que ninguna verdad científica será obstáculo para nuestra Fe, y podemos confiar, por el contrario, que nuestro esfuerzo por entender lo que creemos –definición clásica de la Teología- se verá estimulado y ayudado por el conocimiento más íntimo de la realidad material.</p>
<p style="text-align:justify;">Doy gracias a Dios porque me ha permitido conocer un poco su obra, y conocerle a Él en el Libro de la Naturaleza y en el de su Palabra. Los dos modos de conocer se complementan e ilustran mutuamente, y con estas dos alas, la Fe y la Razón, podemos volar cada vez más alto. Jamás nos ha dicho Dios ni su Iglesia que dejemos de pensar, ni menos aún que despreciemos la creación material: <em>quien nos ha hecho racionales, a Imagen suya, no puede exigirnos que dejemos de serlo para acercarnos a Él.</em></p>
</div>]]></content:encoded>
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