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	<title>cuclillo &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
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	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "cuclillo"</description>
	<pubDate>Sat, 05 Dec 2009 10:31:07 +0000</pubDate>

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<title><![CDATA[Don José, el cuclillo]]></title>
<link>http://camargorainlibros.wordpress.com/2008/06/13/don-jose-el-cuclillo/</link>
<pubDate>Fri, 13 Jun 2008 15:20:33 +0000</pubDate>
<dc:creator>camargorain</dc:creator>
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<description><![CDATA[En una de mis novelas, la que se llama &#8220;Animales y otros fenómenos eléctricos&#8221;, está est]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><h3 style="text-align:center;"><em></em></h3>
<h3 style="text-align:center;"><em></em></h3>
<h3 style="text-align:center;"><em><a href="http://camargorainlibros.wordpress.com/files/2008/06/animales400pixalto.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-33" src="http://camargorainlibros.wordpress.com/files/2008/06/animales400pixalto.jpg" alt="" width="225" height="400" /></a></em></h3>
<h3 style="text-align:center;"><em>En una de mis novelas, la que se llama &#8220;Animales y otros fenómenos eléctricos&#8221;, está este cuento despiezado, que se distingue porque es el más corto de todos los que forman el libro.</em></h3>
<p style="text-align:center;"><em>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</em></p>
<p> </p>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-variant:small-caps;" lang="ES-TRAD">Don José Cuclillo era un pájaro</span><span lang="ES-TRAD"> al que molestaban los ruidos. Le molestaba, claro es, el fragor de los automóviles que de vez en cuando transitaban por la cercana carretera comarcal, y le molestaba el remoto ruido del tren de mercancías que resoplaba allá a lo lejos, sólo un poco más acá del horizonte, así como el de su primo hermano, el retumbo del trueno apartado, anunciador de próximos aguaceros en los bochornosos atardeceres del verano, pero le molestaban también, ¡y de qué manera!, las distantes voces de los labradores, e incluso en determinadas ocasiones, cuando la primavera avanza y parece que va a llegar el estío, las cantarinas risas de las labradoras. Puestos a exagerar, porque don José, para esto de los ruidos, la verdad es que era un poco exagerado, bien podríamos decir que le molestaban los zumbidos de abejas y moscardones en su incesante ajetreo, y hasta el susurrar de las hojas en otoño, que ya es decir&#8230;, pero lo que más le molestaba, ¡ay!, lo que más le molestaba de todo, quizá porque era lo que más cerca tenía en aquella campestre paz a que desde pequeño estaba acostumbrado, eran los cánticos de los individuos de su clase, sus parientes cercanos y lejanos, las avecillas. </span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">A don Pepe, el cuco, le molestaba muchísimo el chirriante graznar de la urraca, el &#8220;guec guequec&#8221; del pardillo común, el cuchichí de la perdiz, el crotorar de mamá cigüeña y el mismísimo cucú de sus hermanos. A don José, a don Pepe, por expresarlo con claridad, le molestaba prácticamente todo. </span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">¡Ah!, no diría eso si hubiera encontrado a un pinzón real, un escribano palustre o un mirlo blanco, esos pájaros cuyos solemnes trinos, tan acordes con la espesura en que se producen, no tienen nada que envidiar al virtuosismo desplegado por algún avezado (¿y enamorado?) flautista. Don José, para mayor inri, ¡qué le vamos a hacer!, tampoco había conocido nunca a un pájaro órgano&#8230;</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">Lo que más le fastidiaba eran las horas previas al amanecer, esos momentos en que el reino alado, cuando aún es de noche, saluda al nuevo día.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–Pero&#8230;, ¿será posible? ¡Y todas las mañanas lo mismo!</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">Don José, puesto que con el jolgorio que se armaba resultaba imposible pegar un ojo, se internaba en la fronda renegando y maldiciendo con las mil y una maldiciones del libro en el que están escritas las más exageradas ofensas.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–¡Tañedores de ruido rosa!, ¡amantes del quodlibet&#8230;!, y digo poco: ¡biznietos de Satanás! Así os veáis atravesados por las más negras flechas de Orión, el cazador por antonomasia, y bla bla bla&#8230;</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">&#8230; y todo ello acentuado por la temprana hora, porque don José, como no es difícil imaginar, por las mañanas sufría de acidez y otros males estomacales. </span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">Y ya que hablamos de amaneceres, ¿qué decir de los ocasos, la hora preferida por las bandadas de estorninos para expresar sus sentimientos, cuando en su emigrar se posan en las copas de los pinos piñoneros? ¡Bueno!, aquello sí que era superior a su fuerzas&#8230;</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–No, no puedo, ¡no puedo! –decía don José horrorizado, y tapándose los oídos con las alas corría a esconderse en lo más recóndito de la selva.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–Y además, por si fuera poco&#8230;, ¡extranjeros!</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD"> </span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-variant:small-caps;" lang="ES-TRAD">Don José Cuclillo, que era un cuco serio</span><span lang="ES-TRAD">, un cuco muy puesto en su acallador papel, pasaba el día reprendiendo a sus semejantes para que no alborotasen.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–Señora tórtola, ¿no se da usted cuenta de que&#8230;?</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–Pero, don José, comprenda usted que tengo que emitir el grito nupcial. Si no, ¿cómo me iba a encontrar mi tortolito?</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">Don José, para algunas ocasiones, guardaba un mínimo de tolerancia.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–Vale, vale, pero, por favor, modere usted esa dinámica.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">Don José, el cuclillo, por aquello de sus aficiones, conocía las voces musicales. Decía dinámica en vez de volumen, y decía también sordina, en vez de silencio. Un piquituerto común, su más próximo vecino, un pájaro que era un poco sordo –o que se hacía el loco, eso no lo sabemos–, con ayuda de un amiguete, un verderón serrano, un verderón bastante descarado –todo hay que decirlo–, intentó un día introducirle en los arcanos de la polifonía.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–Ustedes, jovencitos, ¿nunca oyeron hablar del debido respeto a los mayores?</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–Pero, ¡hombre!, don José, no ponga usted esa cara. ¡Si sólo estábamos intercambiando impresiones!</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–Sí, sí, impresiones&#8230; ¿No conocen, por ventura, las más altas virtudes de la sordina?</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">Allí se montaba la gran polémica, pues de sobra es conocida la condición polemista de los verderones.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–¿Así que no cree usted en los dominios de la afinación y las proporciones?</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">Don Pepe, el cuco, los miraba con bastante mala uva.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–¿Querrán estos arrapiezos cachondearse de mí? –pensaba para su adentros.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–Pío pío pío&#8230;, pío pío pío&#8230;</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–¡Fui fui fui&#8230;!</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="EN-GB">–¡Prruit prruit prruit&#8230;!</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–Pío pío&#8230;, pío pío pío pío&#8230;</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">Don José, desesperado, se cambiaba de rama.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–¡Hablarme a mí de polifonía! ¡Atreverse a hablarme a mí de polifonía! No, si cuando yo digo que estamos todos locos&#8230;</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">Luego don José, para tranquilizarse, se echaba unos vuelos, en el curso de los cuales solía mirar de reojo hacia arriba, porque don José nunca descuidaba su cenit. Por allá arriba, muy lejos, sólo un poco por debajo de las nubes, planeaban con todo descaro los piratas del aéreo mundo de las aves, aquellos incansables trotamundos que a su justa fama de bandolerismo unen la de carroñeros, las rapaces&#8230;, porque, ¿qué decir de las rapaces, con sus estentóreos gritos de burla? Don José, cuando volvía a arborizar, las miraba desde su alta rama y renegaba por lo bajo, aunque prefería callarse. Don José, después de todo, era muy prudente y se hacía perfecto cargo de sus limitaciones.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–No, con esas no me meto. ¡Que griten, si quieren&#8230;! Por si acaso.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD"> </span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span style="font-variant:small-caps;" lang="ES-TRAD">Así estaban las cosas, cuando un día&#8230; </span><span lang="ES-TRAD">Sí, un día, un día en que a intempestiva hora, las cuatro de la tarde, sonó, a lo ancho y largo del bosque, el grito del cuco&#8230;</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–¡Cú&#8230; cú&#8230;!</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">&#8230; don José no pudo por menos de estremecerse.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–¡Y un congénere, además!</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">Don José, que con el paso del tiempo había afinado su oído –aquello fue su perdición–, remontó el vuelo dispuesto a buscar y encontrar al poco discreto cucúlido.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–¿De dónde viene? De allí&#8230; No, de allí&#8230;</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">Don José, de aquí para allá, no daba con el escondite del escandaloso pájaro, que una y otra vez&#8230;</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–¡Cú&#8230; cú&#8230;! ¡Cú&#8230; cú&#8230;!</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">Don José estaba a punto de volverse loco.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–¡Ay, Dios mío&#8230;, ay, Dios mío&#8230;! ¡Cuando lo encuentre&#8230;! ¡Cuando lo encuentre va a ver! ¡Sí, cuando lo encuentre&#8230;, que no le pase nada!</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">Don José voló y voló en todas las direcciones posibles, y al poco rato creyó adivinar la procedencia de los destemplados gritos.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–¡Ahora, ahora sí que te he pillado!</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">Don José se lanzó en picado hacia aquel grupo de árboles y&#8230;</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">¡Nunca lo hubiera hecho! De la espesura surgió un nuevo ruido, un horrísono ruido, un ruido que de ninguna manera se esperaba. Allí sí que sonó un ruido fuerte, sí, allí sí que se oyó un ruido inesperado, con lo poco que le gustaban los ruidos a don José&#8230;, ¡qué horror!, ¡pum&#8230;, pum&#8230;!</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">Don José, alcanzado en medio de su justiciero corazón por la redonda posta, no pudo por menos de pensar,</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–¡Qué fatalidad! ¡Ahora que estaba casi a punto de&#8230;!</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">Luego cayó como una piedra al suelo y, como dicen por ahí, entregó su alma.</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">El cazador que le había matado, un cazador anónimo y bajito, un cazador del montón, un cazador que andaba soplando uno de esos reclamos que venden en las tiendas de cazadores, al verlo, cuando se lo trajo su perro, se dijo,</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD">–¡Vaya!, un cuclillo&#8230; ¿Y qué hago yo ahora con un cuclillo?</span></h3>
<h3 class="MsoNormal" style="text-align:justify;margin:0;"><span lang="ES-TRAD"> </span></h3>
<p class="MsoNormal" style="margin:0;"><span lang="ES-TRAD"><span style="font-size:x-small;"><span style="font-family:Times New Roman;"> </span></span></span></p>
<p> </p>
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