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	<title>elvira-navarro &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
	<link>http://en.wordpress.com/tag/elvira-navarro/</link>
	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "elvira-navarro"</description>
	<pubDate>Tue, 29 Dec 2009 18:28:30 +0000</pubDate>

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<title><![CDATA[Entrevista con Elvira Navarro]]></title>
<link>http://criaturascreadoras.wordpress.com/2009/10/16/entrevista-con-elvira-navarro/</link>
<pubDate>Fri, 16 Oct 2009 20:15:44 +0000</pubDate>
<dc:creator>ipesmujer</dc:creator>
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<description><![CDATA[Elvira Navarro, entrevista realizada para Aloa Comunicación. En la foto, Xenia Dyakonova y Elvira Na]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><em>Elvira Navarro, entrevista realizada para Aloa Comunicación.</em></p>
<p><img class="aligncenter size-medium wp-image-252" title="Elvira Xenia3[1]" src="http://criaturascreadoras.wordpress.com/files/2009/10/elvira-xenia31.jpg?w=300" alt="Elvira Xenia3[1]" width="300" height="226" /></p>
<p><em>En la foto, Xenia Dyakonova y Elvira Navarro.</em></p>
<p>Tiene publicado un libro titulado <em>La ciudad en invierno </em>(Caballo de Troya, 2007; Debolsillo, 2008), compuesto por cuatro relatos más o menos largos, aunque puede leerse como una novela. Artículos y cuentos han aparecido en publicaciones como Ínsula, Turia, Calle 20, El Duende de Madrid, Crítica, El Perro y en el diario Público. Ejerce la crítica literaria en las revistas Qué Leer y El otro lunes, y en el blog La tormenta en un vaso, y ha trabajado como profesora de escritura creativa para el Ayuntamiento de Madrid impartiendo un taller en la Biblioteca Municipal La Chata. Coordina para Fuentetaja cursos de relato corto en Internet, y ha ganado algunos premios de relato breve, entre los que destaca el Certamen de Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Madrid en el año 2004. Entre 2005 y 2008, disfrutó de una beca de creación del Ayuntamiento de Madrid en la Residencia de Estudiantes. También colabora con algunas editoriales redactando informes de lectura, corrigiendo pruebas y escribiendo contracubiertas.<strong></strong></p>
<p><strong>Entrevista</strong></p>
<p><strong>Licenciada en filosofía, ¿ayuda tener esa base formal, esa formación, a la hora de escribir o no necesariamente?</strong></p>
<p>Es un arma de doble filo. La filosofía te permite localizar muy rápidamente un pensamiento detrás de un libro pero por otro lado la teoría para la narrativa y creo que para el arte en general es una especie de corsé. En el momento en el que se convierte en un corsé te está impidiendo la inocencia, naturalidad y espontaneidad que tiene la escritura. Un personaje no puede estar constantemente parándose, reflexionando. Si en un libro, como en filosofía, pones constantemente en entredicho el sentido común, la historia no avanza.</p>
<p> </p>
<p><strong>A raíz de este encuentro internacional de escritoras, cómo definirías la situación de las mujeres en función del género en la literatura.</strong></p>
<p>Creo que claramente el canon sigue siendo masculino. Porque los emisores de canon suelen ser hombres. El canon es una manera de formar poder y los que ocupan puestos de poder ahora mismo son los hombres. Creo que sería estupendo que las mujeres ejerciéramos el poder de otra manera: no haciendo canon, ya que todo canon conlleva un fascismo implícito demoledor.</p>
<p> </p>
<p><strong>Qué pasa por la cabeza de una escritora cuando a los 31 años ya ha sido reconocida públicamente su obra con galardones como el premio Jaén de novela o Nuevo Talento Fnac.</strong></p>
<p>Siento agradecimiento y alivio también. Pasas mucho tiempo escribiendo y cuando dedicas tanto tiempo a algo si al final no se materializa en algo debe ser muy frustrante. Yo agradezco no estar frustrada.</p>
<p> </p>
<p><strong>¿Este último, de la multinacional de venta de cultura, implica además que tu obra tiene cualidades para llegar a un público masivo?</strong></p>
<p>Yo juego a dos bandas y no lo hago de manera premeditada. Por un lado me gusta un tipo de literatura más digresiva, más densa, más explicativa y a veces voy por ese camino, pero por otro lado a mí esa cosa que hoy tiene tan mala prensa que es contar historias a mí me parece un arte muy noble. Incluso me parece una cortesía con el lector mantenerlo enganchado y además creo que las ideas y lo que se quiere contar se vehicula mucho mejor si se hace desde ahí, digan lo que digan. Me sale de forma natural la contadora de historias que llevo dentro.</p>
<p> </p>
<p><strong>Después de “La ciudad en invierno” llega en noviembre “La ciudad feliz”. ¿Qué significa este espacio urbano para ti?</strong></p>
<p>La ciudad, una Valencia ficticia en la que me invento lugares, representa mi niñez, la ciudad en la que viví y por la que empecé a escribir. El vínculo es muy fuerte. Por otra parte la ciudad es el espacio donde las cosas son posibles o no. Donde vive la comunidad.</p>
<p> </p>
<p><strong>¿Y una forma de inspiración, o no?</strong></p>
<p>Yo escribo principalmente a partir de mis vivencias. No salgo a la calle a buscar historias. Cuando salgo evidentemente surgen historias pero principalmente recalo en lo que yo he vivido y a partir de ahí escribo. Además necesito que haya una distancia, no escribo sobre lo inmediato. A lo mejor dentro de 10 años escribo sobre el Madrid de la actualidad, donde vivo ahora.</p>
<p> </p>
<p><strong>Y qué tiene más importancia, la ciudad, la comunidad, o el individuo.</strong></p>
<p>Yo escribo siempre desde el personaje. Para mí lo fundamental en la escritura es tener al personaje, que marca además el tono.</p>
<p> </p>
<p><strong>En noviembre se publicará “La ciudad feliz”, tu segundo libro. ¿Las próximas novelas que lleguen, nos seguirán mostrando esa ciudad de Valencia desde otras perspectivas?</strong></p>
<p>No. Llevo bastante adelantado mi tercer libro en el que habrá varias ciudades: Talavera de la Reina, Madrid y París pero ya salgo del proyecto de las ciudades: “La ciudad en invierno” y “La ciudad feliz”. Cambio de tercio. Salgo de la infancia y me planto en la edad adulta, cambio de tono, cambio de narrador. Lo cambio todo. Es un libro más modesto. <strong></strong></p>
<p>Hay dos tipos de libros: unos que son los que se escriben con esfuerzo y otros que salen de manera muy espontánea, como si estuvieran esperándote. Suelen ser de carácter bastante autobiográfico y este tercer libro es de estos.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Elvira Navarro (Huelva, 1978)]]></title>
<link>http://criaturascreadoras.wordpress.com/2009/09/12/elvira-navarro-huelva-1978/</link>
<pubDate>Sat, 12 Sep 2009 18:48:52 +0000</pubDate>
<dc:creator>ipesmujer</dc:creator>
<guid>http://criaturascreadoras.wordpress.com/2009/09/12/elvira-navarro-huelva-1978/</guid>
<description><![CDATA[7 de octubre, 20,00h. Palacio del Condestable Tiene publicado un libro titulado La ciudad en inviern]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><strong>7 de octubre, 20,00h. Palacio del Condestable</strong></p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-148" title="Elvira Navarro" src="http://criaturascreadoras.wordpress.com/files/2009/09/elvira-navarro.jpg?w=300" alt="Elvira Navarro" width="300" height="200" />Tiene publicado un libro titulado <em>La ciudad en invierno </em>(Caballo de Troya, 2007; Debolsillo, 2008), compuesto por cuatro relatos más o menos largos, aunque puede leerse como una novela. Artículos y cuentos han aparecido en publicaciones como Ínsula, Turia, Calle 20, El Duende de Madrid, Crítica, El Perro y en el diario Público. Ejerce la crítica literaria en las revistas Qué Leer y El otro lunes, y en el blog La tormenta en un vaso, y ha trabajado como profesora de escritura creativa para el Ayuntamiento de Madrid impartiendo un taller en la Biblioteca Municipal La Chata. Coordina para Fuentetaja cursos de relato corto en Internet, y ha ganado algunos premios de relato breve, entre los que destaca el Certamen de Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Madrid en el año 2004. Entre 2005 y 2008, disfrutó de una beca de creación del Ayuntamiento de Madrid en la Residencia de Estudiantes. También colabora con algunas editoriales redactando informes de lectura, corrigiendo pruebas y escribiendo contracubiertas.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Elvira Navarro recomienda "Cuentos reunidos", de Clarice Lispector]]></title>
<link>http://masacreenlosjardines.wordpress.com/2008/10/24/elvira-navarro-recomienda-cuentos-reunidos-de-clarice-lispector/</link>
<pubDate>Fri, 24 Oct 2008 10:26:20 +0000</pubDate>
<dc:creator>Masacre en los Jardines</dc:creator>
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<description><![CDATA[   Afirma Marguerite Duras en Escribir que los hombres poseen un “derecho a decir” absolutamente des]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:center;">
<div style="text-align:center;"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Verdana, sans-serif;"><span style="font-size:x-small;"><img class="size-full wp-image-174 aligncenter" src="http://masacreenlosjardines.wordpress.com/files/2008/10/31094321.jpg" alt="" width="125" height="150" /> </span></span></span></div>
<p><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Verdana, sans-serif;"><span style="font-size:x-small;"></p>
<p style="margin-bottom:0;line-height:.46cm;widows:2;orphans:2;" lang="es-ES" align="justify">
<div style="margin-bottom:0;line-height:.46cm;widows:2;orphans:2;" lang="es-ES"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Verdana, sans-serif;"><span style="font-size:x-small;"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Verdana, sans-serif;"><span style="font-size:x-small;"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Verdana, sans-serif;"><span style="font-size:x-small;"> <span><span style="font-family:Verdana, sans-serif;"><span style="font-size:x-small;color:#333333;">Afirma Marguerite Duras en <em>Escribir </em>que los hombres poseen un “derecho a decir” absolutamente desconocido por las mujeres. El decir, ya lo sabemos, es un legislar sobre el mundo: no es raro que en cualquier reunión de amigos los hombres acaben apoderándose de la conversación, que además suele versar, en virtud de ese poder, sobre cosas y no sobre sentimientos. Esto que digo es un tópico y, como tal, tiene algo de verdad y algo de mentira. Si tiro de él es porque la verdad que encierra, esa brecha que se abre en la sobremesa del restaurante entre los sectores femenino y masculino, a mí me interesa juntarla con lo que Agustín García Calvo va diciendo sobre las mujeres, a saber: que nosotras ocupamos, o hemos ocupados durante mucho tiempo, el lugar de la indefinición, que es el que escapa al lenguaje, a la legislación masculina. Que presentarnos desenfocadas ha sido la única manera de huir del dominio de los hombres: lo informe es la libertad contra la que se estrella el Poder. </span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></span></div>
<p><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Verdana, sans-serif;"><span style="font-size:x-small;"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Verdana, sans-serif;"><span style="font-size:x-small;"><span style="color:#000000;"><span style="font-family:Verdana, sans-serif;"><span style="font-size:x-small;"></p>
<p style="margin-bottom:0;line-height:.46cm;widows:2;orphans:2;" lang="es-ES" align="justify"><span><span style="font-family:Verdana, sans-serif;"><span style="font-size:x-small;color:#333333;">Todo esto es muy general y casi místico, lo sé; sin embargo, aplicado a Clarice Lispector funciona. La escritora brasileña escribió desde su sexo con exclusividad, y la región que logró alumbrar no es la de la sometida (entiendo lo de “sometida” en una doble acepción: la de la evidente y clásica esclava del marido, y la de la liberada mediante la asunción de roles masculinos), sino la de la libertad que pregona García Calvo, esa libertad ingobernable mediante las palabras (uno de los ejes de la narrativa de Lispector es precisamente el de los límites del lenguaje), y desde la que es posible vivir. Es decir: donde nadie arrebata el ser, ni lo categoriza. </span></span></span></p>
<p style="margin-bottom:0;line-height:.46cm;widows:2;orphans:2;" lang="es-ES" align="justify"><span><span style="font-family:Verdana, sans-serif;"><span style="font-size:x-small;color:#333333;">Por lo demás, los cuentos de Clarice Lispector son, salvo algunos pasajes de <em>Cerca del corazón salvaje</em> y <em>Aprendizaje o el libro de los placeres</em>, lo mejor de su obra.</span></span></span></p>
<p style="margin-bottom:0;line-height:.46cm;widows:2;orphans:2;" lang="es-ES" align="justify"><span><span style="font-family:Verdana, sans-serif;"><span style="font-size:x-small;"><span style="color:#333333;"><span style="font-size:xx-small;"><strong>Elvira Navarro</strong> nació en Huelva en 1978. Desde los dieciocho años reside en Madrid, donde se licenció en Filosofía por la Universidad Complutense. Ganó el primer premio de narrativa en el Certamen de Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Madrid en el año 2004, y entre 2005 y 2008 disfrutó de una beca del Ayuntamiento de Madrid y la Residencia de Estudiantes. La editorial Caballo de Troya publicó en marzo de 2007 su primer libro, </span><span style="font-size:xx-small;"><em>La ciudad en invierno,</em></span><span style="font-size:xx-small;"> por el que fue elegida Nuevo Talento Fnac. </span></span></span></span></span></p>
<p> </p>
<p></span></span></span></span></span></span></span></span></span> </p>
<p></span></span></span></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[El invierno humano, por Masacre]]></title>
<link>http://masacreenlosjardines.wordpress.com/2007/09/13/el-invierno-humano/</link>
<pubDate>Thu, 13 Sep 2007 07:31:36 +0000</pubDate>
<dc:creator>Masacre en los Jardines</dc:creator>
<guid>http://masacreenlosjardines.wordpress.com/2007/09/13/el-invierno-humano/</guid>
<description><![CDATA[“Los peores miedos, hijo mío, son los miedos inexplicables, los miedos sin causa ni razón, los miedo]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><span style="font-size:13pt;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13pt;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13pt;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13pt;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13pt;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13pt;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13pt;font-family:Garamond;"></span><span style="font-size:13pt;font-family:Garamond;"></p>
<h6>
<p style="text-align:center;"><img border="0" width="160" src="http://i228.photobucket.com/albums/ee234/matiascand/elviranavarro.jpg" alt="Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket" height="266" style="width:134px;height:224px;" /></p>
</h6>
<p><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></span></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></p>
<p align="right" style="line-height:19pt;text-align:right;margin:0;" class="MsoNormal"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">“Los peores miedos, hijo mío, son los miedos inexplicables, los miedos sin causa ni razón, los miedos sin pies ni cabeza, los miedos que vienen de dentro a afuera, que nacen en la sangre y no en el aire: el miedo a la oscuridad, el miedo a la soledad, el miedo al tiempo; los miedos que no se pueden evitar porque su substancia es nuestra propia y más íntima substancia”</span></p>
<p align="right"><strong><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Camilo José Cela</span></strong></p>
<p align="right"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Mrs. Cadwell habla con su hijo</span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Nos hemos encontrado con esta Ciudad en invierno (Elvira Navarro, Caballo de Troya, 2007) y no nos caen los anillos al decir que ya era hora. ¿De qué?, exclamará el profano. Copien: de que una escritora  —presumiblemente grande como siga así— haya por fin soltado su “puto rollo”, que diría un buenísimo amigo de este blog; un rollo bien contado, inteligente, punzante, de picador de hielo atravesando un órgano vital. Esta ciudad de Navarro es un libro que omite certeramente en lo contado —para dejar al lector hacer su trabajo— y no lo hace en su función de espejo ardiendo, puesto que no hay medias tintas en ninguna página. No les mentimos, de verdad. Decíamos que ya era hora, nos acordamos. Hora feliz (nos ponemos asiáticos) de que a una escritora no haya que adscribirla a esa especie de inmundicia intelectual que perpetran año sí año también las Emilia Pardo Bazán de la literatura española. Esas adorables y coquetas pregaldosianas, por ponernos folklóricos. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">¿Por qué hemos elegido este libro como primera reseña genuina de nuestra Masacre en los jardines, si no es estrictamente un libro de cuentos? Porque aquí no nos consideramos radicales suicidas, ni nos da vergüenza declararnos fans fatales de las hibridaciones genéricas, las inclasificaciones, el territorio a caballo entre dos géneros que se guardan su frasquito de veneno en la túnica para cuando llegue el momento de usarlo con su hermano mayor o menor (no de calidad ni edad, pese a lo que digan algunos). <em>La ciudad en invierno</em> tiene una interesante virtud estructural: puede leerse unitariamente, dentro de su antizoologismo (bonito palabro, oigan: no está en la jaula de la novela, tampoco del cuento; está probablemente en la jaula del texto vivo, que no es jaula tal); o como un caleidoscopio de instantes plenos de sentido e intuición psicológica. </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Viajamos con Clara, la protagonista, en su crecimiento. Algunas veces, sí, desde las alturas, en ese narrador que ofrece sus meandros, sus vericuetos (y personalmente diremos que nos gusta cuando un narrador opera un trabajo visible y no formulario), en una suerte de informe científico de la gestación de la culpa. En <em><span style="font-family:Verdana;">Expiación</span></em>, el primer texto, se apunta la inminencia de Clara hacia lo oscuro de la futura ciudad, del invierno, del callejón vivo y tan en sombras (terribles siempre en su mirada, porque Clara es hipersensible a los detalles). Pero en <em>Expiación</em> Clara está lejos de la ciudad invernal aún, solo se abisma a su primer sentimiento de culpa por una tía que la hace sentir sucia, mala por estar quieta en una piscina y abandonarse a no hacer nada “de provecho”. Culpa, siempre culpa en Clara, a la que secuestran del instinto natural del juego por la vía expeditiva. Hay que agradecerle a Navarro su buen hacer con la mirada para los detalles, de ese saber hablar de la niña (o el niño, todos hemos sentido ese gusano de la angustia) que se siente otra.  </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">“El agua deja sobre la burbuja de corcho gotas muy pequeñas, de forma ovalada, que apenas resisten el vaivén imperceptible con el que la niña procura mantenerse a flote”. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Este libro salta. Este libro (en otro de sus aciertos) deja huecos para completar. Es honesta y deliberadamente antiestructural, con la maravilla de poder ver que una autora sabe elegir sus instantes de fuego y no se entrega a la intrascendencia. En <em><span style="font-family:Verdana;">Cabeza de huevo</span></em>, el segundo texto, el lector ha rellenado el territorio entre el antes y el ahora. Cualquiera afirmaría honestamente: Clara era una niña mala (habría que ver cómo se usa ese término y en según qué lugares) pero yo no siento aversión por ella, yo he sido así. La culpa, sin embargo, no se ha borrado de su cuerpo adolescente: desde ese querer impuesto a su tía del primer relato, a la lucha en el conocimiento de sus propios límites, a huir de la culpa inducida por el otro (la tía, el sistema social, el rígido código racionalista de reglas, directrices, pautas, prohibiciones que atrapan al ciudadano). Así que Clara, as de la baraja, clave de sol, cierra ese texto huyendo ante el horror de lo privado, de lo que ocurre en el invierno de la ciudad. Porque <em>La ciudad en invierno</em> es lo que no se ve de toda ciudad: un mendigo, un callejón, una cuchillada, esa habitación con poca luz donde alguien toca el piano quedamente o está llorando, la pobreza; todo lo que Clara percibe nauseabunda y hermosamente al mismo tiempo. Aquí ha sentido asco por ese ciego carnívoro, que además de ser un punto de giro muy interesante, especifica lo terrible de su poder de percepción. Lo social no entra en el invierno —tomado como lugar vedado a las normas, lo escondido—; lo social no controla a Clara en ese piso. Clara, junto a su amiga, ha buscado la culpa consciente, saberse mala por sus propios méritos, el poder de uno en lo ilimitado: nadie ve a las dos amigas dar el punto y final, amarse en un fragor sexual aún por gestarse; nadie la culpa. No conviene desvelar el final.  </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">“Clara permanecía callada. Sentía un profundo asco por haber estado gozando con aquella voz cuyo cuerpo, con solo mirarlo, le producía arcadas. Deseaba herir a aquel cretino; herirlo con la misma rabia con que en otro tiempo había estrellado huevos en las cabezas de las viejas desde su azotea”.</span><em><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></em></p>
<p align="justify"><em><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span></em><em><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">El invierno</span></em><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> y <em><span style="font-family:Verdana;">La ciudad</span></em>, las dos partes del tercer texto La ciudad en invierno, presumiblemente el más capital del libro, nos han hecho recordar que en las noticias, cuando uno se atreve a mirarlas, apenas se dan noticias de violaciones. Si el hecho deriva en muerte de la víctima, se da cuenta de ello someramente. Es como si ciertas variantes del horror se pusieran de moda. Ahora <em>mola</em> escuchar noticias de violencia de género, son el top ten del mal social (ya somos mayorcitos para malinterpretarnos, aviso). Lo social no introduce en el imaginario colectivo la violación, ahorra, cauteriza al espectador. Si solo es una mujer o una chica violada, lo social omite narrativizar precisamente por ahorrar el horror del invierno, porque la violación se constituye como una cosa que es imposible nombrar en términos explicables. No permite acotaciones. En el horror humano hay cosas así: la violación resulta complicada –por no decir inútil- de significar, como lo fue Autswitch o el genocidio de Ruanda. El índice de horror de <em><span style="font-family:Verdana;">La ciudad en invierno</span></em> llega a un punto álgido en estos dos textos: ahora la función estructural se invierte, el texto se proclama misterioso y elusivo a un tiempo (Clara sueña con un bosque de coníferas, un espacio vacío para constituirse después de “eso” sin nombre, su propio invierno). Navarro construye una malla de representación inteligente, de pequeños detalles, que anuncian la inminencia de una Clara al otro lado de una barrera infranqueable, el punto de formación final de su mirada hacia el mundo: esas alimañas del campo por las que le pide a sus padres no dormir sola; ese cuadro con la caza de los ciervos; o la luz y la cabaña del bosque, una reproducción casi siniestra de esa otra escena en las huertas de Valencia, frente a su violador, como un bucle condenado a repetirse en ella. </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Cuando en <em><span style="font-family:Verdana;">La ciudad</span></em> se nos habla de cómo Clara cayó del pretil asistimos a la significación de lo vacío, de ese lugar sin asideros donde ya no hay nada (Navarro, muy acertadamente, ha introducido un fallo en la memoria de la adolescente). Lugar sin suceso, tiempo terrible ese que ni Clara cuando despierta en el hospital, ni nosotros, sabemos lo que ha pasado. La caída del pretil es un salto hiperbólico, por exceso, a la vida (a lo invisible y perturbador de ella), una mirada escindida para siempre, un hielo en las manos. En el invierno de la ciudad, en lo que Clara puede percibir y está vedado a la media, también hay fallas, hay callejones por los que ella cae, como una trapecista en formación. Clara no tiene camino de vuelta. Nadie lo tiene. </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">No hay mejor manera de hablar de <em>Amor</em>, el último trozo de existencia de nuestra Clara, que mostrándoles un fragmento con el que el libro hace la cuadratura del círculo. El camino de Clara hacia un territorio otro de vida, una suerte de amor o iniciación ya demasiado antiguo, un deseo que ha nacido con moho. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">“Clara sale del barrio viejo, atraviesa el río y los nuevos bulevares, y se encamina hacia la autopista. Cuando al fin se gira, él ya no está”. </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">Al lector le toca decidir exactamente, sin efectismos morales, quién es Clara: una víctima, una infeliz, la hermosura, el mal, un azar biológico abocado a la incapacidad de aceptarse, un espejo de lo que la narcosis colectiva no quiere ver, oír y escuchar. Navarro ha hecho de Clara un caleidoscopio terrible; su mosaico incompleto de lo humano. Eso es lo grande de La ciudad en invierno.  </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"></span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;">La ciudad en Invierno (Elvira Navarro, Caballo de Troya, 2007)</span></p>
<p align="justify"><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span><span style="font-size:10pt;font-family:Verdana;"> </span></p>
<p align="justify" style="line-height:19pt;text-align:justify;margin:0;" class="MsoNormal">&#160;</p>
<p></span></span></span></span></p>
</div>]]></content:encoded>
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