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	<title>enrique-vila-matas &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
	<link>http://en.wordpress.com/tag/enrique-vila-matas/</link>
	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "enrique-vila-matas"</description>
	<pubDate>Sat, 26 Dec 2009 19:22:08 +0000</pubDate>

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	<language>en</language>

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<title><![CDATA[¿Una narrativa invisible?, por Enrique Vila-Matas]]></title>
<link>http://anayquiroga.wordpress.com/2009/11/29/%c2%bfuna-narrativa-invisible-por-enrique-vila-matas/</link>
<pubDate>Sun, 29 Nov 2009 23:47:35 +0000</pubDate>
<dc:creator>anaquiroga</dc:creator>
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<description><![CDATA[¿Una narrativa invisible? Por Enrique Vila-Matas En este texto, que forma parte de la Enciclopedia d]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><div><a href="http://www.lanacion.com.ar/899967"><strong>¿Una narrativa invisible?</strong></a></div>
<div><strong>Por Enrique Vila-Matas</strong></div>
<div>
<p>En este texto, que forma parte de la Enciclopedia del español en el mundo (Instituto Cervantes), el autor de <em>Doctor Pasavento</em> hace un crudo diagnóstico de la situación de los escritores hispanos más allá de sus fronteras</p>
<p>Si mis datos no están equivocados, la lengua española es la cuarta más hablada del mundo, detrás del chino, el inglés y el hindi. Eso ha producido una indudable expansión del español. El Instituto Cervantes sabe mucho<!--more--> de eso, pues conoce el aumento espectacular del interés por aprender nuestra lengua, lo que -como bien ha observado Bryce Echenique- no necesariamente va acompañado de una ampliación del horizonte cultural de los nuevos hispanohablantes, que muchas veces constituyen a lo más un contingente de lectores potenciales, susceptible, eso sí, de convertirse en público lector de nuestros libros de ficción. Por lo general, se aprende español para tener acceso a trabajos remunerados que requieren el conocimiento de esa lengua. Nadie niega que se ven películas de Almodóvar (que a veces parece querer decirnos que la Internacional Gay tiene su sede central en España) y se tienen ligeras nociones sobre Buñuel, Dalí o Lorca. Pero, por lo demás, son unas minorías muy minoritarias las que conocen algo de la literatura española actual. Hubo una cierta curiosidad por esa literatura en los años ochenta, coincidiendo con la aparición de la llamada nueva narrativa española y la consolidación de la democracia en España. Sin embargo, yo recuerdo haber participado en esa época, por ejemplo, en la Feria de Frankfurt o en el Salón del Libro de París (dedicados ambos eventos a la nueva y joven literatura española, savia fresca para la vieja Europa) y haber visto muchos escaparates de librerías decorados con imágenes tópicas de toros y flamenco. Particularmente lamentable, dentro del lanzamiento de nuestra literatura en Frankfurt, fue el pabellón dedicado a la tortilla española, el más visitado, con una afluencia de público (se invitaba a tortilla de cebolla a quien quisiera) muy superior a la de los stands de libros. Eran entonces la gran mayoría de escritores españoles muy jóvenes y activos y nadie intuía que tardarían muy poco en apoltronarse y ser seducidos por el mercado; fueron engullidos por la repentina necesidad de comprarse chalets con piscina o bien por llevar una vida de correctos académicos (imaginarios o no). Hoy en día no queda casi nada de aquella narrativa que pudo impactar en Europa. El gran problema que tienen los escritores españoles de hoy es la visibilidad internacional. En mi caso particular, yo creo que ese problema lo he roto de fuera hacia dentro, trabajando contra el superficial canon nacional que algunos críticos nefastos crearon en los años ochenta. En vista de que no encajaba en esa narrativa nueva española (donde se jaleaba la mera copia de los mejores estilistas del famoso boom latinoamericano), opté por escribir una literatura no nacional española. Y así Italia, Francia, México, Venezuela o la Argentina se acercaron a mi obra mucho antes de que ésta fuera mínimamente comprendida por mis conciudadanos. Me inscribí en una tradición literaria mestiza en la que caben germánicos como <strong>Claudio Magris</strong> y <strong>W. G. Sebald</strong>, franceses como Perec, mexicanos como <strong>Sergio Pitol</strong> y argentinos como el inefable <strong>Borges</strong>; la aportación española creo que me vino dada por la línea de <strong>Juan Benet</strong> y los experimentos literarios de <strong>Javier Marías</strong>. Lo hablaba, el otro día, con el crítico <strong>Pozuelo Yvancos</strong>. La gran batalla, hoy, de la literatura española (que es la catalana, la gallega y la vasca también) consiste en situarse en el mundo. ¿Por qué no tenemos visibilidad internacional? La respuesta nos lleva a un elemento contradictorio: los hispanoamericanos más visibles son los que publican en editoriales españolas. En los Estados Unidos entra con más fuerza un autor, por ejemplo, mexicano que un español (y si entra alguien español no es lo mejor de cada casa, sino historias bañadas en kétchup, no aptas para lectores literarios europeos). Hace tiempo que el boom dejó de existir, salvo en sus impresentables epígonos. Y sin embargo, nadie parece haberse dado cuenta de esto. Mejor dicho, el chileno-mexicano-catalán Roberto Bolaño dio un carpetazo genial a <em>Rayuela</em> y sus novelas adláteres, pero pocos parecen haberse dado cuenta de esto en España. Es significativo que <strong>Vargas Llosa</strong>, último reducto del boom , no haya leído a <strong>Bolaño</strong>. Hay que romper esa invisibilidad. Mi experiencia personal me indica que estoy traducido a veintidós idiomas, lo que me ha hecho viajar a muy diversos países y conocer de cerca el desconocimiento de la literatura española en casi todas partes. Sólo cinco o seis nombres de escritores en lengua española -best sellers causales aparte- son conocidos por el público literario europeo. El referéndum más cruel lo pasan los escritores españoles en Latinoamérica, donde, a diferencia de Europa, sólo dos o tres escritores ibéricos -más bien los más alejados del tradicional realismo hispánico y de la desfachatada copia de los autores del boom &#8211; interesan. Si comienzan por no interesar en Hispanoamérica, ¿cómo van a interesar al mundo?</p>
</div>
<p>* Publicado en <em>La Nación</em>, Suplemento <em>Cultura</em>, Buenos Aires, domingo 15 de abril de 2007.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[El último Joyce, por Enrique Vila-Matas]]></title>
<link>http://anayquiroga.wordpress.com/2009/11/20/el-ultimo-joyce-por-enrique-vila-matas/</link>
<pubDate>Fri, 20 Nov 2009 23:21:15 +0000</pubDate>
<dc:creator>anaquiroga</dc:creator>
<guid>http://anayquiroga.wordpress.com/2009/11/20/el-ultimo-joyce-por-enrique-vila-matas/</guid>
<description><![CDATA[Finnegans Wake, que el escritor publicó dos años antes de su muerte, no es una novela para leerla de]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><em>Finnegans Wake</em>, que el escritor publicó<em> </em>dos años antes de su muerte, no es una novela para leerla de un tirón, sino para abrirla en cualquier parte y sumergirse en su fascinante pluralidad, ambigüedad y lúdica riqueza. El lector teme que llegue el colapso y no estar a la altura que espera el libro: alguien en radical contacto con lo incomprensible y, por tanto, con el arte verdadero.</p>
<p>Como tengo insomnio, pasaré la noche con mi lenguaje nocturno. Me entretengo imaginando que soy un crítico, un especialista en ficción crítica. Y también imagino que me he pasado media vida leyendo <em>Finnegans Wake</em> en una edición de Faber</p>
<p><a href="http://www.elpais.com/articulo/portada/ultimo/Joyce/elpepuculbab/20091114elpbabpor_30/Tes">Nota completa</a></p>
<p>Más de Vila-Matas en <a href="http://http://www.enriquevilamatas.com/"><strong>www.enriquevilamatas.com</strong></a></p>
<p><strong><br />
</strong></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Artículo sobre Nocilla Experiencie, de Agustín Fernández Mallo]]></title>
<link>http://juansotoivars.wordpress.com/2009/11/14/articulo-sobre-nocilla-experiencie-de-agustin-fernandez-mallo/</link>
<pubDate>Sat, 14 Nov 2009 22:51:27 +0000</pubDate>
<dc:creator>jsoi</dc:creator>
<guid>http://juansotoivars.wordpress.com/2009/11/14/articulo-sobre-nocilla-experiencie-de-agustin-fernandez-mallo/</guid>
<description><![CDATA[Original publicado en Más que Palabras. Hace unas semanas se publicó Nocilla Lab, novela con que Agu]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Original publicado en <a href="http://www.masquepalabras.info/2009/11/nocilla-lab-agustin-fernandez-mallo/">Más que Palabras</a>.</p>
<p>Hace unas semanas se publicó Nocilla Lab, novela con que Agustín Fernández Mallo cierra la trilogía Nocilla. En aquel momento el autor concedió una entrevista digital a los lectores del diario El País, en la que formulé la siguiente pregunta: ¿Cuál es la crítica que más le ha dolido? (No vale ser humilde). El autor, quizás con excesiva elegancia, respondió: Hola Juan. Eso, prefiero no contestarlo. Gracias por tu comentario.</p>
<p>La pregunta quizás pareció demasiado fría o incluso mal encarada, pero no era esa mi intención. Leídos los tres volúmenes de la obra, mi interés era conocer la opinión de Fernández Mallo sobre sí mismo a través de su opinión sobre la peor crítica recibida. Convertido en figura pública desde que en 2006 publicase Nocilla Dream en Candaya, el salto en brazos de la crítica ha transportado a Fernández Mallo al ojo del huracán. Sobre cada una de sus novelas corre un río de tinta: tinta buena y tinta envenenada.</p>
<p>Por tanto, aceptando que Nocilla sea más que una obra y más que un producto de Nutrexpa, afrontar la crítica del mejunje requiere navegar esos ríos de tinta.</p>
<p>Se puede leer en los neones que nos encontramos ante el fenómeno literario del momento (aunque las tres palabras merecen recapitulación, especialmente quizás la segunda). En los callejones más oscuros, se percibe el murmullo que avisa de que todo es una absurda campaña de marketing de la editorial Alfagurara, que ha apadrinado el proyecto.</p>
<p>Pero sea un fenómeno literario o marketiniano, lo cierto es que abordar el acercamiento crítico a los últimos trabajos de Fernández Mallo requiere armarse de paciencia y drenar mucha tinta de los abarrotados depósitos de la máquina; leer cuanto se ha dicho del autor y su obra. Esta visión desde el aire, en lugar de la deseable microvisión de los libros, se debe a que, en mi opinión, la trilogía no es ningún evento literario, ni siquiera en el quebradizo panorama español, ni en la algo más vetusta actualidad hispanoamericana.</p>
<p>Las novedades que ofrece Agustín Fernández Mallo en sus novelas beben directamente de lo que erróneamente se simplifica bajo el epíteto de posmodernidad literaria, algo que de ningún modo nos pertenece a los de hoy puesto que perteneció a los que escribían cuando Mallo iba en pañales y yo no había nacido.</p>
<p>De todas maneras, y se abre turno de preguntas, ¿qué novedades? Comparado al Tristram Shandy que iluminó el siglo XVIII británico, ¿qué novedad real ofrece este libro que nos ocupa hoy? Puesto su valor literario y su audacia junto a la de Juan Benet o Juan Goytisolo, ¿cuánto se revaloriza la moneda literaria española? En el espejo del mismo Enrique Vila-Matas, que aparece retratado en el cómic que cierra heterodoxa narración ¿qué gana en su observación de su realidad Fernández Mallo que no haya fijado en el cristal antes su maestro u otros maestros contemporáneos de las cosas en apariencia insignificantes como Mario Levrero?</p>
<p>No me hago estas preguntas con la negación implícita ni con mirada soberbia sobre lo que he leído, no sé si la respuesta favorece a los detractores de Nocilla o a los que la untan en una rebanada de pan y disfrutan de ella en estas tardes de noviembre. El punto al que me llevan quizás deja la balanza del lado de los segundos: ¿acaso debe aportar una obra literaria algo tangible a lo que se ha hecho? ¿No ha habido ya demasiados genios como para poner una piedra más encima del rascacielos?</p>
<p>De esta forma, con estas preguntas, de ruido en ruido la lectura de la obra de Fernández Mallo deja de ser eso de lo que todos hablan y aboca a una soledad más tranquila. En tejado de nadie la pelota, encuentro en Nocilla Lab (por ir a lo concreto) talento y sensibilidad en una página y desperdicio de palabras en el siguiente. Fallos de principiante y aciertos de maestro. Pero hay que aclarar algo: esto es quizás muy bueno y valioso. Alguien dijo que tras la larga carrera de la literatura, en el siglo XXI el valor del talento está en el error. ¿Talento en Fernández Mallo? No creo que sea discutible leídas cosas como ésta: “la muerte, esa combustión que genera dos realidades, el humo que se va y la ceniza que se queda.”</p>
<p>Hallazgos así son numerosos en este laboratorio de la condición literaria que ha montado el físico metido a escritor y que abre sus puertas en las páginas de Nocilla Lab. También, y esto no debe hacer que cerremos el libro, las tonterías, los momentos bajos de expresión son numerosos. No creo que en conjunto sea la trilogía una obra de arte ni su autor un genio. Su expresividad pasa por numerosos momentos de angustia y la estructura, muy llamativa, no está enteramente justificada más que como evocación de un mundo fragmentario: el nuestro. Fernández Mallo debe más a la literatura que la literatura a Fernández Mallo, pero sigamos.</p>
<p>Una obra literaria de formas caprichosas y una nueva pregunta: ¿importa que el itinerario sea caprichoso para reconocer los encuentros casi constantes de este explorador? Sobre la escritura caprichosa nos dio la mayor lección el Finnegans Wake de James Joyce, sobre el que se montó también un andamio de acusaciones que aseguraban que era un mero divertimento del dublinés, y por tanto una obra despreciable.</p>
<p>Pero el lenguaje también es más grande que el hombre y lo lleva por lugares inesperados.</p>
<p>Terminemos. Como novela, Nocilla Lab no está a la altura de las precedentes, Experience y Dream. La ambición temática no concuerda con la deriva estética, son dientes muy pequeños para un filete muy grueso. Sin destripar nada a futuros lectores, el dilema humano que plantea Fernández Mallo triplica en peso al dilema literario, pero parece que es lo segundo lo que más le interesa, de manera que lo humano queda con aspecto de globo viejo y deshinchado.</p>
<p>Dicho todo esto: ¿por qué hay que leer Nocilla Lab? Por la misma razón que debe leerse la crítica sobre Fernández Mallo. Arrancado de la literatura en aras del ruido de los suplementos culturales, Fernández Mallo ha sido secuestrado por Fernández Mallo. Si la tarea de desandar estos caminos es más propia de un antropólogo que de un filólogo, será algo que decida cada cual. Pero en esta sociedad caprichosa y superficial, tan fragmentaria y escurridiza, ¿no será Nocilla una de las pequeñas Biblias portátiles de la nada?</p>
<p>Quizás estemos con Agustín Fernández Mallo, sus defensores y sus detractores, esperando a lo que viene de la incertidumbre en la misma plataforma petrolífera.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Finnegans Wake. El último Joyce.]]></title>
<link>http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2009/11/14/finnegans-wake-el-ultimo-joyce/</link>
<pubDate>Sat, 14 Nov 2009 06:16:49 +0000</pubDate>
<dc:creator>Alguien</dc:creator>
<guid>http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2009/11/14/finnegans-wake-el-ultimo-joyce/</guid>
<description><![CDATA[Finnegans Wake, que el escritor publicó dos años antes de su muerte, no es una novela para leerla de]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><strong>Finnegans Wake, que el escritor publicó<em> </em>dos años antes de su muerte, no es una novela para leerla de un tirón, sino para abrirla en cualquier parte y sumergirse en su fascinante pluralidad, ambigüedad y lúdica riqueza. El lector teme que llegue el colapso y no estar a la altura que espera el libro: alguien en radical contacto con lo incomprensible y, por tanto, con el arte verdadero</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:8pt;font-family:Tahoma;">Texto: <a href="http://www.elpais.com/articulo/portada/ultimo/Joyce/elpepuculbab/20091114elpbabpor_30/Tes" target="_blank"><span style="color:#333333;">Enrique Vila-Matas</span></a>. El País.com. 14.01.2009.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><img class="alignleft" style="border:0 none;" src="http://farm3.static.flickr.com/2653/4102504694_fed2a53262_m.jpg" alt="" width="148" height="240" />Como tengo insomnio, pasaré la noche con mi lenguaje nocturno. Me entretengo imaginando que soy un crítico, un especialista en ficción crítica. Y también imagino que me he pasado media vida leyendo <em><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Finnegans_Wake" target="_blank">Finnegans Wake</a></em> en una edición de <a href="http://www.faber.co.uk/work/finnegans-wake/9780571217359/" target="_blank">Faber and Faber</a> de 1939, siempre acercándome a ella con cautelosos sorbos, porque esta última novela de James Joyce no es para leerla de un tirón, sino para abrirla en cualquier parte y sumergirse en su fascinante pluralidad, ambigüedad y lúdica riqueza. Siempre que me acerco al <em><a href="http://books.google.es/books?id=CTrT6wh172AC&#38;dq=Finnegans+Wake&#38;printsec=frontcover&#38;source=bn&#38;hl=es&#38;ei=zET-SvGQJsTKjAfDi-iWCw&#38;sa=X&#38;oi=book_result&#38;ct=result&#38;resnum=6&#38;ved=0CCUQ6AEwBQ#v=onepage&#38;q=&#38;f=false" target="_blank">Finnegans</a></em> lo hago sabiendo que estoy ante el más denso de los tapices y con el temor de que una vez más, como lector, me llegue una sensación, primero, de estar al borde del colapso y, después, el colapso mismo.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Imagino también que soy descubierto, pero no temo que alguien pueda hacerme confesar que no he leído el <em><a href="http://www.trentu.ca/faculty/jjoyce/" target="_blank">Finnegans</a>.</em> Y es que, de entrada<strong>, se supone que nadie ha sido tan idiota como para leerlo de corrido</strong>. Y, además, se sospecha que en realidad es ilegible y se dice -es pintoresca la leyenda- que nadie ha podido leerlo nunca.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Me quedo recordando que siempre me acerqué al <em><a href="http://www.amazon.com/Finnegans-Wake-Classic-20th-Century-Penguin/dp/0141181265" target="_blank">Finnegans</a></em> con esa impresión de que no tardaría en llegar el inefable y puntual colapso y, además, con el temor a no estar a la altura de la clase de lector que espera este libro: <strong>alguien en radical contacto con lo incomprensible y, por tanto, con el arte verdader</strong>o, con esa &#8220;hora segunda insondable sin estrellas&#8221; de los textos más próximos a nuestra gran verdad, a la realidad brutal y muda, sin significado, de las cosas.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"> </span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Sea como fuere, nunca me faltaron los estímulos para regresar al libro de Joyce y a los prudentes sorbos. No sé cuántas veces me animé a releerlo diciéndome que no había nada de peligroso en volver al libro y que a fin de cuentas <strong>se trataba de una de las novelas favoritas de John Lennon</strong>. En más de una entrevista el músico dijo que el libro le parecía &#8220;so way out and so different&#8221; (excéntrico y diferente) y nunca, además, negó que no hubiera podido influenciarle a la hora de escribir la psicodélica letra de <em>I&#8217;m the Walrus,</em> composición (seguramente la mejor canción de Lennon) donde las palabras &#8220;<em>Goo goo g&#8217;joob</em>&#8221; podrían ser una referencia al &#8220;googoo goosth&#8221; que encontramos ya hacia el final del <em>Finnegans.</em></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Pero el hecho es que hasta ahora, siempre que he emprendido la lectura de este libro admirable, he acabado golpeado, tarde o temprano, primero por una sensación de colapso que se mezclaba con el pasmo por tan lúcido trabajo con el lenguaje, y luego por el colapso mismo, por ya ni hablar del consiguiente rubor al sentirme un negado para descifrar con precisión la espectacular exploración que hizo Joyce de los límites de la literatura.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Se me ocurre en pleno insomnio que en mi próxima relectura de <a href="http://www.jornada.unam.mx/2008/08/03/sem-james.html" target="_blank">algún fragmento del <em>Finnegans</em></a> podría contar con un método para atajar la llegada de esa onda extraña y horrible que siempre me anticipa mi desastre como lector del libro. El método podría parecerse al que empleo cuando leo el vaticinio de mi horóscopo y, por muy indescifrable y desconectado de mí que éste me parezca, siempre me las arreglo para que el párrafo oracular que me corresponde me acabe <em>diciendo</em> algo.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><img class="alignright" style="border:0 none;" src="http://farm3.static.flickr.com/2591/4101748575_b58c7998c8_m.jpg" alt="" width="163" height="240" />Se trataría de un método que me haría incluso más digeribles <a href="http://seikilos.com.ar/seikilos/traducciones/traducciones-de-fragmentos-de-james-joyce/fragmentos-de-finnegans-wake-de-james-joyce/" target="_blank">los fragmentos del <em>Finnegans</em></a> que decida abordar. ¿Abordo alguno ya esta misma noche? ¿Enlazo mi insomnio con el <em>Finnegans</em> en un viaje circular perfecto, adecuado a la estructura también circular del libro?</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Mientras lo pienso, leo el pronóstico para el signo Aries que apareció en el periódico de ayer (por la hora no tengo otro a mi alcance): &#8220;Gran comprensión y apoyo de un colaborador en un proyecto que responde a sus ambiciones&#8221;. Ya lo puedo leer las veces que quiera que, como no utilice mi particular método, no descifraré qué quiso decirme ayer el horóscopo. Porque, de entrada, no tengo &#8220;colaborador&#8221;, de modo que difícilmente pude contar ayer con su apoyo para el supuesto proyecto.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">&#8220;Comprensión y apoyo&#8221;, termino escribiéndole en un <em>email</em> muy escueto a <strong>Eduardo Lago</strong>, que es caballero de <a href="http://www.elpais.com/articulo/cataluna/orden/Finnegans/elpepiespcat/20080622elpcat_2/Tes/" target="_blank">la Orden del Finnegans</a> y vive en Nueva York, donde ahora son las siete de la tarde y, por tanto, es probable que no tarde en leer mi mensaje. Es tal vez, por mi parte, la conmovedora petición de auxilio de quien teme ahora naufragar ante su inmediato reabordaje del <em>Finnegans.</em> Lo cierto es que, gracias al descarnado y escueto y en parte emotivo mensaje, el pronóstico del horóscopo ha cobrado sentido. Y hasta creo que yo he salido ganando. Porque donde antes no había nada, ahora hay un pronóstico y una petición de comprensión y apoyo. Y un colaborador (un lector en la noche).</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">No queriendo dar muchos rodeos, <a href="http://www.letralia.com/transletralia/museyroom/index.htm" target="_blank">elijo el primer párrafo del <em>Finnegans</em></a><em>.</em> No pienso que sea tan desatinado aplicar técnicas de horóscopo (de <em>Whoroscope,</em> de Puthoroscopo, que diría Beckett) a la lectura del temible libro. Después de todo, el propio <em><a href="http://www.trentu.ca/faculty/jjoyce/fw-3.htm" target="_blank">Finnegans</a></em> (durante mucho tiempo <strong><em>Work in Progress</em> fue su título provisional</strong>) <em>anunció,</em> de forma no deliberada, palabras que luego cobraron inesperada vida y sentido. Como Quark, por ejemplo, que no significaba nada en concreto cuando a su autor le dio por incluirlo en su libro (&#8220;three quarks for muster mark&#8221;), pero que acabó relacionándose con la física cuántica a través del profesor Murray Gell-Mann, que extrajo directamente del <em>Finnegans</em> esa palabra, rompiendo así con la tradición de bautizar los descubrimientos de partículas con palabras derivadas de raíces griegas.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Sin más dilación, recomienzo, <strong>releo el primer párrafo</strong> del <em><a href="http://www.scribd.com/doc/7356808/James-Joyce-Finnegans-Wake">Finnegans</a></em> profético y encuentro ahí mi augurio para esta noche:</span></p>
<blockquote>
<p style="text-align:justify;"><strong><span style="color:#333333;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><em>&#8220;Correrrío,</em> pasada Eve and Adam, desde el viraje de la ribera hasta el recodo de la bahía, nos trae por un vicio <em>comodicio</em> de recirculación de vuelta al Howth Castle y <em>Enrededores&#8221;.</em></span></span></strong></p>
</blockquote>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"> </span><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">En cursiva quedan las palabras que no existieron nunca hasta que no abrí este libro por primera vez y leí su primer párrafo. Desde entonces han pasado tantos años que incluso tiempo hubo para un gran correrrío muy comodicio por los Enrededores. De hecho, he acomodado comodiciamente mi mente, estos dos últimos años, por los alrededores del Liffey. Y es que la ciudad de Dublín, que nunca pensé que podría siquiera algún día llegar a ver, he terminado por visitarla cuatro veces en el último año. Han sido cuatro correrríos siempre cerca del río Liffey, cuatro <em>riocorridos,</em> como los llama el mexicano Salvador Elizondo en su traducción joyceana.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><img class="alignleft" style="border:0 none;" src="http://farm3.static.flickr.com/2589/4101748703_da216d8f21_m.jpg" alt="" width="155" height="240" /></span><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">El <em>riocorrido</em> o correrrío -el <em>riverrun</em> para la mayoría de lectores de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/James_Joyce" target="_blank">Joyce</a> y una clara referencia al curso del río Liffey a través de Dublín- es antesala de la referencia a Giambattista Vico <em>(vicio</em> comodicio), quien concibió la evolución histórica como un viaje circular, exactamente lo que es el <em>Finnegans,</em> cuyo inicio -ahí está vicio (por Vico) operando como señal o advertencia &#8211; se halla enlazado con el final de la novela.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Mi lectura oracular de este fragmento dice sencillamente que me espera para esta noche &#8211; que es metáfora de toda mi vida &#8211; un <em>riverrun</em> de insomnio, un trayecto que irá desde el viraje de la ribera hasta el recodo de la bahía, en travesía semejante a la de aquel viaje iniciático que hice en mi primera visita a Dublín, cuando fui de <em><a href="http://www.dublintourist.com/virtual_dublin/city_centre/pearse_station.shtml" target="_blank">Pearse Station</a></em> hasta el pueblo de Howth donde, desde lo alto de su castillo, vi el territorio en ruinas por el que se extendían los Enrededores de <strong>este libro excéntrico y diferente</strong>, que habría podido acabar con la literatura. Después de todo, tras el terremoto que desató en el lenguaje, los más lúcidos sucesores de Joyce nos parecen hoy sobrevivientes caminando entre los cascotes, bajo un cielo insondable sin estrellas, deteniéndose ante las pocas hogueras -y aún gracias- que arden.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;"><em>El País, Babelia, 14 de noviembre de 2009</em>.<img class="alignright" style="border:0 none;" src="http://farm3.static.flickr.com/2562/3686885508_0d9723e902_o.gif" alt="" width="140" height="85" /></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;">Sitio oficial │<a href="http://www.enriquevilamatas.com/" target="_blank">www.enriquevilamatas.com</a><br />
<a href="http://www.enriquevilamatas.com/relecturas.html" target="_blank">Relecturas en Babelia</a>.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;">En Algún Día │<a href="../tag/enrique-vila-matas/" target="_blank">Enrique Vila-Matas</a>.</span></p>
<p>&#160;</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[La doble presencia de Ednodio Quintero]]></title>
<link>http://espaciocandaya.wordpress.com/2009/11/05/la-doble-presencia-de-ednodio-quintero/</link>
<pubDate>Thu, 05 Nov 2009 15:17:27 +0000</pubDate>
<dc:creator>edcandaya</dc:creator>
<guid>http://espaciocandaya.wordpress.com/2009/11/05/la-doble-presencia-de-ednodio-quintero/</guid>
<description><![CDATA[Dos escenas. Dos encuentros. Un escritor público y otro privado. Conversamos con el narrador venezol]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;"><img class="aligncenter size-full wp-image-26" title="ednodio quintero" src="http://espaciocandaya.wordpress.com/files/2009/11/diapositiva1.jpg" alt="ednodio quintero" width="354" height="244" /></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Dos escenas. Dos encuentros. Un escritor público y otro privado. Conversamos con el narrador venezolano, a propósito, de la publicación de <a href="http://www.candaya.com/combates.htm" target="_blank"><em>Combates</em> (Candaya, 2009)</a> en España. Presentación junto a Enrique Vila-Matas en Casa América Catalunya y una charla íntima en un céntrico café de Barcelona. Dos versiones que conjugan en lo mismo: escribir es un placer.</strong></p>
<p><span style="color:#ff0000;">Por Cristián Guerra Bravo</span></p>
<p><span style="color:#ff0000;"><!--more--><br />
</span></p>
<p style="text-align:justify;"><em>“Me he arrastrado como un reptil sonámbulo, acumulando puestas de sol, arena en los ojos, retazos de miradas. Humo en la garganta. Polvo y semen en lo profundo de mis huesos. Siempre de espaldas a mí mismo. Ciego y sordo a los llamados de mi sangre…”. </em></p>
<p style="text-align:justify;">Estamos en Barcelona. En Casa América de Catalunya. El narrador Enrique Vila-Matas lee -en voz alta- el primer cuento, “Sobreviviendo”, –a modo de presentación- del libro <em>Combates </em>(Candaya, 2009) del escritor y ensayista, Ednodio Quintero (Venezuela, 1947), que se presenta por estos días en diversas ciudades de España. <a href="http://espaciocandaya.wordpress.com/2009/10/19/presentacion-de-combates-de-ednodio-quintero/" target="_blank"><span style="color:#0000ff;">(Ver programa aquí)</span></a></p>
<p style="text-align:justify;">Y Vila–Matas continúa leyendo, sin detenerse ,“Sobreviviendo”, mientras el público sigue atento, concentrado, en la voz del catalán, y al mismo tiempo, en la prosa de Quintero: <em>“… En los momentos de peligro, saltando a la manera de los sapos, y dejando tras de mí un rastro efímero –como las pisadas de la brisa en una montaña de rocas y de sal… recién llegado del otro lado de la noche, susurra a mis oídos las sílabas enrevesadas de mi nombre”.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><img class="alignleft size-full wp-image-27" title="CombatesDeEQuintero" src="http://espaciocandaya.wordpress.com/files/2009/11/combatesdeequintero.jpg" alt="CombatesDeEQuintero" width="227" height="174" />Pero hay dos escenas. Dos momentos –que tienden a fundirse- que retratan mi encuentro con el mejor narrador venezolano de su generación, según ha precisado el escritor español. Ahora me transporto a un céntrico café, a un costado de la Plaza Catalunya. Lo tengo frente a frente, no precisamente para un combate, sino para conversar íntimamente; lejos del público, de los flashes y de las lecturas en voz alta. Y de los merecidos aplausos, por supuesto.</p>
<p style="text-align:justify;">Pedimos dos cafés cortados y la charla se inicia. Ahora estamos sólo Ednodio Quintero, la grabadora encendida y yo.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Escritor a pulso</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Ednodio Quintero nació en los andes venezolanos, en una zona montañosa. Seca, inhóspita, lejos de ese paisaje suizo, verdoso, de montañas nevadas, que muchos se imaginan. Ahí se crió Quintero. Y él lo retrata con una sabrosa anécdota: “<em>Hace un tiempo, en una feria del libro, me encontré con una vieja amiga argentina que no veía hace muchos años, y que había estado en el lugar donde nací. Me ve y se me acerca llorando y me dice: “lograste salir de ahí”. Y claro, logré salir”. </em></p>
<p style="text-align:justify;">Quintero siempre estuvo cerca de los libros, y fue precisamente la lectura -como ese amigo inseparable- que lo salvó de aquellas experiencias desoladoras. Por su padre, que ejerció la política, tuvo la posibilidad de establecerse en diversas ciudades de Venezuela, de hecho, estudió los seis años de primaria en seis pueblos diferentes. Lugo estudió Bachillerato. <em>“Siempre fui lector. Todo lo que me conseguía lo leía, hasta el Código Civil. Durante el bachillerato, un primo cura que había estudiado en Roma Derecho Canónico, en su casa contaba con una biblioteca y él me invitaba a leer. Leí a  muchos autores alemanes y franceses. Pero aun no tenía una vocación por la literatura”</em>, me cuenta.</p>
<p style="text-align:justify;">En tercer año –inesperadamente- bajó sistemáticamente sus calificaciones. Pensaron que estaba loco, que era una cosa de la adolescencia. Y lo mandaron al campo a reforzarse. Fue un destierro. <img class="alignright size-medium wp-image-14" title="portadacombates2p" src="http://espaciocandaya.wordpress.com/files/2009/10/portadacombates2p.jpg?w=198" alt="portadacombates2p" width="198" height="300" /></p>
<p style="text-align:justify;">Pero los libros – y esas lecturas salvadoras- estuvieron siempre presentes.</p>
<p style="text-align:justify;">En el campo se encontraba su padre, que estaba muy viejo, arruinado –me sincera. No era un proyecto muy grato para él: “<em>No hacía prácticamente nada. Ayudaba por las mañanas a ordeñar las vacas, pero no trabajaba la tierra, no tenía la fuerza, ni la vocación. Pero tuve la suerte de estar cerca de un padrino muy culto, que había estudiado algunos años medicina, hablaba idioma y que poseía una gran biblioteca, en el segundo piso de una casa muy bonita”. </em></p>
<p style="text-align:justify;">Su padrino lo apreciaba. Le regalaba todos los títulos que le pedía. Catorce, quince libros, los que quisiera. Pasó un año leyendo. Fue un época clave para el autor, según me cuenta: “<em>Desde ahí nació este amor por las letras. Era una lectura desordenada, leía de todo un poco. Leí, leí y leí y finalmente, bueno, como a los dieciséis años comencé a escribir, sin saber que iba a convertirse en una vocación de vida”.</em><br />
<strong>Pero durante una época de su carrera estuvo diez años sin publicar ¿A qué se debió?</strong><br />
<em>“Me sentía satisfecho con lo que había hecho –tenía cuarenta años- cuando ya había escrito varios libros de cuento. Pero eso le pasa a varios escritores, es raro que escribas durante cuarenta o cincuenta años. Es un trabajo solitario, más solitario que el amor”.<br />
</em><strong>¿Y escribía de vez en cuando?</strong><br />
<em>“Yo me consideraba escritor, pero no escribía, pero sí leía mucho. Leía a los clásicos griegos  y libros sobre la historia de la literatura. En esos diez años debo haber escrito cien páginas, y ahora de pronto de un arrebato, en tres meses, escribo cien páginas. También, mi peor enemigo, fue la pereza. Si hubiera sido menos perezoso, tendría el doble de producción. Y bueno, después retomé ese hilo perdido, y volví hacer lo que más me gusta: escribir”.</em></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Combatiendo</strong></p>
<p>Ednodio Quintero inició el sueño de Candaya. Un sueño que hoy es una realidad. <em>Mariana y los comanches</em>, de Quintero, inauguró la obra editorial del sello, y con ello el primer título de la colección de narrativa de Candaya.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>Combates</em>, la publicación que convoca  este encuentro con el autor, precisamente, es la última obra editada por editorial Candaya. Este libro reúne los relatos de madurez de Quintero. Experiencias esenciales que parecen nacer de la alucinación y el delirio: la caída, la huida, el regreso, la metamorfosis, el cuestionamiento de la propia identidad. Son cuentos que sacuden de forma radical todos los sentidos.</p>
<p style="text-align:justify;">Enodio Quintero dejó de escribir cuentos hace diez años. Y no es un dato menor: <em>“Por lo mismo, me ofrecieron desde México, una editorial, realizar una compilación de mis cuentos, pero por diversos problemas, al final el proyecto no se concretó. Y hace menos de dos años, coincidí con Olga y Paco (editores de Candaya) en la feria del libro de Guadalajara. Fui invitado a un encuentro con Rubem Fonseca y Sergio Pitol. Me pidieron los cuentos, y yo se los envié; y cuando Paco los maqueteó, le salió un volumen muy grande. Al final decidimos partir el libro en dos. Publicando inicialmente mis últimos cuentos”</em>, me enfatiza.</p>
<p style="text-align:justify;">Es así que con <em>Combates </em>(1995-2000) –relatos que se escribieron durante catorce años- Candaya inicia la publicación de los Cuentos Completos del escritor venezolano. <em>Ceremonias </em>(1974-1994), también en Candaya, recogerá el resto de su producción cuentista.</p>
<p style="text-align:justify;">Entre sorbos de café, Quintero dice que, si le dan a elegir un cuento de este volumen, prefiere por lejos, &#8220;El combate&#8221;. <em>“Prefiero de todos, ese cuento. Es un cuento muy fuerte. Es como autobiográfico, simbólicamente, claro. Ahí logré lo que un escritor debe hacer cuando maneja el lenguaje como símbolo. Estaba pasando por una situación muy difícil, y me sentía así: desnudo ante un enemigo acorazado y desconocido”. </em><br />
<strong>No sabes a lo que te enfrentas…</strong><br />
<em>“Claro es real, pero como imprevisible”.</em><br />
<strong>“En otro tigre”, un cuento que me gustó mucho, se percibe ese plan de autodefensa del protagonista, esa estrategia ante el enemigo, cuando ese enemigo puede ser tu propio amigo….</strong><br />
<em>Sí. Este cuento es una reescritura, inventada por supuesto, de un capítulo de “María” de Jorge Isaacs. Obviamente, yo le agrego otros elementos, como el erotismo por ejemplo. Pero esa es una clave para leer este cuento. En la universidad donde yo trabajo, hay un profesor de literatura, que conozco hace muchos años, que a sus alumnos les da a leer ambos relatos”. </em><br />
<strong>Después de publicar en España ¿En qué ha cambiado tu carrera?</strong><br />
<em>Yo no hago carrera literaria como lo haría un escritor joven en la actualidad. Yo he tenido la suerte de no haber vivido de la literatura. Entonces, en ese sentido no ha cambiado tanto. De todas maneras, publicar en España me abre otros horizontes, y eso me alegra mucho. Además, me he hecho de muchos amigos, y  la labor de Olga y Paco para mí es algo espectacular. Ellos le ponen demasiado corazón a su proyecto editorial, y en particular, porque han publicado varios autores venezolanos”.</em></p>
<p style="text-align:justify;">Para Ednodio Quintero no vivir de la literatura es una suerte. El escribir es su placer máximo. <em>“Lo único que sé hacer es escribir”</em>, me sincera cuando su café ya se acaba. Para él las concesiones en esta carrera no existen. No se desespera por ganar premios literarios, ni volverse loco por vender más y más ejemplares de sus libros. <em>“Todo lo hago por placer. Es un lujo que me puedo dar porque vivo de mi sueldo de profesor universitario. Pero eso no quiere decir que yo sea descuidado con la promoción de mis libros. Si se venden muchos libros, mejor para la editorial y mejor para mí. Pero no es algo que me atormente”.</em></p>
<p>El café se ha terminado.<br />
<em><br />
“… Corrí hasta la terraza, desde la cual se divisaba, en picada, la maldita ciudad. Yo era dueño de un corazón helado y solitario, el mío. Tomé impulso y me lancé al vacío. Ahora vuelo con las alas desplegadas, rumbo al sur. Siempre tuve sueños de halcón”</em>.</p>
<p style="text-align:justify;">Enrique Vila-Matas concluye su discurso leyendo, en voz alta, el último relato de <em>Combates</em>, “Owner of a lonely heart”. Ahora los cuentos de Quintero, en España, vuelan por sí solos. Son los lectores, que irán estos relatos encontrando en el camino, los que les darán respiro.</p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#666699;"><strong>Combates (1995-2000)<br />
Ednodio Quintero<br />
Ed. Candaya<br />
Barcelona, 2009</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#666699;"><strong><a href="http://dobletaller.com/" target="_blank"><span style="color:#ff0000;">©2taller</span></a><br />
</strong></span></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Book 949 Enrique Vilas-Matas - Bartleby &amp; Co.]]></title>
<link>http://deucekindred.wordpress.com/2009/11/02/book-949-enrique-vilas-matas-bartleby-co/</link>
<pubDate>Mon, 02 Nov 2009 07:29:39 +0000</pubDate>
<dc:creator>deucekindred</dc:creator>
<guid>http://deucekindred.wordpress.com/2009/11/02/book-949-enrique-vilas-matas-bartleby-co/</guid>
<description><![CDATA[Apologies for the size of the pic &#8211; it was all I could find! Talent is a weird thing. Sometime]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><img class="aligncenter" title="cover" src="http://static.guim.co.uk/sys-images/Books/Pix/covers/2004/08/12/batleby.gif" alt="" width="128" height="195" /></p>
<p>Apologies for the size of the pic &#8211; it was all I could find!</p>
<p>Talent is a weird thing. Sometimes it&#8217;s very obvious that a person is talented as their works are a sort of proof, but what about those people who were talented but never wrote anything down or created one sole piece of work and yet were still recognised for it?</p>
<p>Enrique Vila-Matas examines this in the book Bartleby &#38; Co.  For those who don&#8217;t know Bartleby, who was created by Herman Melville, is the public servant who calmly refused to carry out any of the tasks that his boss assigned him despite this quiet anarchy Bartleby still dedicates his life to staying in his office.  Vilas-Matas (under an alter ego who is bored with his office job) gives us a list of eighty-six writers, philosophers, painters and poets who followed the philosophy of the no and their reasons for giving up writing are quite bizarre suicide, lack of ideas a surplus of ideas, death of an influential relative each &#8216;excuse&#8217; gets more weirder than the last,. my personal favourite being Paranoid Perez who would relay his ideas to friends only to find out a few months later that his rival Jose Saramago would publish a book based on Perez&#8217;s initial idea!</p>
<p>There quite a few known people as well Socrates, Salinger, Pynchon (although this focuses more on his reclusive rather than his body of work) Kafka, Rimbaud and each story is both fascinating and grotesquely humorous. It also proves that talent and fame has many forms and that silence is truly more powerful than speech itself.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Alejandra Pizarnik, sense números rodons]]></title>
<link>http://espaidellibres.wordpress.com/2009/10/23/alejandra-pizarnik/</link>
<pubDate>Fri, 23 Oct 2009 08:00:30 +0000</pubDate>
<dc:creator>Espai de llibres</dc:creator>
<guid>http://espaidellibres.wordpress.com/2009/10/23/alejandra-pizarnik/</guid>
<description><![CDATA[Quan encara no s&#8217;havia convertit del tot en la gran figura a imitar de les lletres hispano-fra]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;">Quan encara no s&#8217;havia convertit del tot en la gran figura a imitar de les lletres hispano-franceses, <strong>Enrique Vila-Matas</strong> va publicar un llibre d&#8217;articles on feia una cosa prou interessant, o si més no curiosa: commemorava els aniversaris de 52 personatges il·lustres de la literatura universal, però ho feia escollint dates que no eren rodones. Així, assenyalant-nos del 99 aniversari del naixement d&#8217;Antonin Artaud o el 422 de John Donne, Vila-Matas ens recordava que, més enllà de centenaris i oficialitats, qualsevol moment és adequat per dedicar un pensament, i també un homenatge, als nostres escriptors desapareguts. El llibre, potser un dels menys llegits del seu autor, es deia <em>Para acabar con los números redondos</em>, i el podeu trobar a Pre-Textos. </p>
<p style="text-align:justify;">Continuant amb aquesta idea d&#8217;en Vila-Matas, però portant-la fins a la seva conclusió lògica, se m&#8217;acudeix que potser avui nosaltres podriem comemorar, directament, un no-aniversari: el no-aniversari de la mort de la poeta argentina <strong>Alejandra Pizarnik</strong>, que va morir per pròpia mà el 25 de setembre de l&#8217;any 1972.</p>
<p style="text-align:justify;">No sé gaire cosa d&#8217;<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alejandra_Pizarnik" target="_blank">Alejandra Pizarnik</a>. Sé que és només tenia 36 anys quan es va suïcidar, i que va publicar set llibres poemes, i que la seva poesia és una de les més personals dins allò que podriem anomenar el surrealisme de segona (o potser tercera) generació.  Voltant per pàgines <a href="http://cvc.cervantes.es/actcult/pizarnik/biografia.htm" target="_blank">com aquesta</a> del Centro Virtual Cervantes, veig que pertanyia a una família d&#8217;arrels russes i jueves, que va viure a París quan allà hi vivien també Julio Cortàzar i Octavio Paz, que va traduir a Marguerite Duras, que abans que poeta va provar de ser pintora i que, pel que sembla, va mantenir una relació sentimental amb la dona d&#8217;Adolfo Bioy Casares, la també escriptora Sivina Ocampo. (Però que ningú no s&#8217;espanti: l&#8217;Adolfo i la Silvina feien un matrimoni molt poc convencional.) Tota la seva vida va patir greus problemes psicològics, i els seus darrers anys els va passar entrant i sortint d&#8217;hospitals psiquiàtrics. </p>
<p style="text-align:justify;">Fa un parell d&#8217;anys, Lumen va publicar tota la seva obra poètica dins el volum<em> Poesía 1955-1972</em>, i també va editar els seus <em>Diarios</em>. Tots dos llibres els  podeu trobar a la nostra biblioteca. I si voleu, <a href="http://amediavoz.com/pizarnik.htm" target="_blank">en aquesta pàgina</a> podeu llegir també alguns d&#8217;aquests poemes, com ara «Salvación»:</p>
<blockquote>
<p style="text-align:justify;">Se fuga la isla.<br />
Y la muchacha vuelve a escalar el viento<br />
y a descubrir la muerte del pájaro profeta.<br />
Ahora<br />
es el fuego sometido.<br />
Ahora<br />
es la carne<br />
&#8230;la hoja<br />
&#8230;la piedra<br />
perdidas en la fuente del tormento<br />
como el navegante en el horror de la civilización<br />
que purifica la caída de la noche.<br />
Ahora<br />
la muchacha halla la máscara del infinito<br />
y rompe el muro de la poesía.</p>
</blockquote>
<p style="text-align:justify;">O com «Sombras de los días a venir»:</p>
<blockquote>
<p style="text-align:justify;">Mañana<br />
me vestirán con cenizas al alba,<br />
me llenarán la boca de flores.<br />
Aprenderé a dormir<br />
en la memoria de un muro,<br />
en la respiración de un animal que sueña.</p>
</blockquote>
<p style="text-align:justify;">O com aquest estrany «Cold in hand blues», que és un d&#8217;aquests poemes que semblen comunicar-nos un destí sencer en només sis línies:</p>
<blockquote>
<p style="text-align:justify;">y qué es lo que vas a decir<br />
voy a decir solamente algo<br />
y qué es lo que vas a hacer<br />
voy a ocultarme en el lenguaje<br />
y por qué<br />
tengo miedo</p>
</blockquote>
<p style="text-align:justify;">Definitivament, avui és un bon dia per recordar a Alejandra Pizarnik.</p>
<p style="text-align:justify;"><img class="aligncenter size-full wp-image-2831" title="pizarnik" src="http://espaidellibres.wordpress.com/files/2009/10/pizarnik.jpg" alt="pizarnik" width="456" height="620" /></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Hoy 13 de octubre de 2009, en Calle Real]]></title>
<link>http://callerealfm.wordpress.com/2009/10/13/hoy-13-de-octubre-de-2009-en-calle-real/</link>
<pubDate>Tue, 13 Oct 2009 07:45:20 +0000</pubDate>
<dc:creator>callerealfm</dc:creator>
<guid>http://callerealfm.wordpress.com/2009/10/13/hoy-13-de-octubre-de-2009-en-calle-real/</guid>
<description><![CDATA[¿Os gustó el especial de ayer de Calle Real? Hoy nos encaminamos a la Calle Real número 1.033 con la]]></description>
<content:encoded><![CDATA[¿Os gustó el especial de ayer de Calle Real? Hoy nos encaminamos a la Calle Real número 1.033 con la]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Sublinhados XXX]]></title>
<link>http://cadeiraovoltaire.wordpress.com/2009/10/12/sublinhados-xxx/</link>
<pubDate>Mon, 12 Oct 2009 10:47:16 +0000</pubDate>
<dc:creator>cadeiraovoltaire</dc:creator>
<guid>http://cadeiraovoltaire.wordpress.com/2009/10/12/sublinhados-xxx/</guid>
<description><![CDATA[&#8220;É um perfeito estúpido, mas a sua hospitalidede é-nos muito útil. Walter Benjamin, por exempl]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>&#8220;É um perfeito estúpido, mas a sua hospitalidede é-nos muito útil. Walter Benjamin, por exemplo, aproveitou-a para começar a trabalhar no desenho de uma máquina risonha que será capaz de detectar qualquer livro que seja pesado e aborrecido e não caiba, nem sequer miniaturizado, numa maleta.&#8221;</p>
<p>Enrique Vila-Matas, História Abreviada da Literatura Portátil, (Assírio &#38; Alvim, 1997,  p.78)</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Doctor Finnegans y Monsieur Hire.]]></title>
<link>http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2009/10/10/doctor-finnegans-y-monsieur-hire/</link>
<pubDate>Sat, 10 Oct 2009 07:26:42 +0000</pubDate>
<dc:creator>Alguien</dc:creator>
<guid>http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2009/10/10/doctor-finnegans-y-monsieur-hire/</guid>
<description><![CDATA[El argentino Sergio Chejfec se debate entre las estrategias novelísticas presumiblemente antagónicas]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><strong>El argentino <a href="http://parabolaanterior.wordpress.com/" target="_blank"><span style="color:#000000;">Sergio Chejfec</span></a> se debate entre las estrategias novelísticas presumiblemente antagónicas de Joyce y de Simenon. Entre la narración como arte y como discurso. El mundo interior y el exterior. En su novela Mis dos mundos se muestra cómplice de ambas tendencias y las combina abriéndose a prometedores territorios literarios</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:8pt;font-family:Tahoma;"><span style="color:#333333;">Texto:</span> <a href="http://www.elpais.com/articulo/portada/Doctor/Finnegans/Monsieur/Hire/elpepuculbab/20091010elpbabpor_22/Tes" target="_blank"><span style="color:#333333;">Enrique Vila-Matas</span></a>. <span style="color:#333333;">Babelia. 12.10.2009.</span></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;font-family:Tahoma;"> </span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><img class="alignleft" style="border:0 none;" src="http://farm3.static.flickr.com/2585/3999372172_c725419517_m.jpg" alt="" width="216" height="216" />Es medianoche y suena de fondo <em><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Bela_Lugosi%27s_Dead" target="_blank">Bela Lugosi&#8217;s Dead</a></em> y ni siquiera la música me impide pensar en esa realidad &#8220;bárbara, brutal, muda, sin significado, de las cosas&#8221; de la que hablaba Ortega. Miro por la ventana y veo la vida inerte y me parece que ese tipo de realidad bárbara y muda es especialmente percibida hoy por quienes piensan que en el mundo ya no existe la simplicidad inherente al orden narrativo, ese simple orden que consiste en poder decir a veces: &#8220;Cuando hubo pasado aquello, pasó esto, y luego pasó lo otro, etcétera&#8221;.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Nos tranquiliza la simple secuencia, la ilusoria sucesión de hechos. Sin embargo, hay una gran divergencia entre una confortable narración y la realidad brutal del mundo. &#8220;Todo se ha vuelto ahora no narrativo&#8221;, decía Musil, frecuentador de un universo multidimensional, fragmentario, de un mundo sin posibilidades reales de acceder a un orden como el que acaso pudo alguna vez existir y que Rilke creyó entrever en <em><a href="http://www.agapea.com/libros/Los-apuntes-de-Malte-Laurids-Brigge-isbn-8420634050-i.htm" target="_blank">Apuntes de Malte Laurids Brigge</a>:</em> &#8220;Que se narrara, lo que se dice narrar, esto debió hacerse en otros días. Yo nunca he oído narrar a nadie&#8221;.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Soy consciente de que a lo sumo -hijo de mi tiempo- no he alcanzado a oír más que simples balbuceos pretendidamente cabales, y quizás por eso siempre me pareció sumamente cínico o irónico oír hablar, por ejemplo, de &#8220;nueva narrativa&#8221; o de pendejadas por el estilo. Sin embargo, estoy tan convencido del divorcio entre la confortable narración de algo y esa realidad no narrativa del mundo actual como del progresivo resurgimiento de la narración en la escena central de la cultura. Es decir, que del mismo modo que creo que la no narratividad (al menos desde el punto de vista convencional) de <em><a href="http://books.google.es/books?id=CTrT6wh172AC&#38;dq=Finnegans+Wake&#38;printsec=frontcover&#38;source=bn&#38;hl=es&#38;ei=YjDQSumqEtKr4Qb1jaGmAw&#38;sa=X&#38;oi=book_result&#38;ct=result&#38;resnum=4&#38;ved=0CBkQ6AEwAw#v=onepage&#38;q=&#38;f=false" target="_blank">Finnegans Wake</a></em> de Joyce es puro arte, también considero sumamente artístico, por ejemplo, un libro con tanto ingenio narrativo como <strong><em><a href="http://www.casadellibro.com/libro-les-fiancailles-de-monsieur-hire/877774/2900000893183" target="_blank">Monsieur Hire</a></em></strong> de Simenon.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">¿Me contradigo? ¿Acaso Joyce y Simenon son tan compatibles? Que <em><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Finnegans_Wake" target="_blank">Finnegans Wake</a></em> es puro arte me parece una evidencia. He vivido en variadas ocasiones, en mis obstinadas relecturas parciales de este libro, la sensación <em>inenarrable</em> (y nunca mejor dicho) de percibir que estaba ante el tipo de escritura que mejor se relaciona con la verdad de la vida incomprensible. Y aquí ahora sólo recordaré que Beckett decía que los escritores realistas engendran obras <em>discursivas</em> porque se centran en hablar sobre las cosas, sobre un asunto, mientras que el arte auténtico no hace eso: el arte auténtico es la cosa y no algo sobre las cosas: <em>&#8220;Finnegans Wake</em> no es arte sobre algo, es el arte en sí&#8221;.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><img class="alignright" src="http://farm4.static.flickr.com/3433/3996844959_9d54cf510e_m.jpg" alt="" width="159" height="240" /></span><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">¿Y <em>Monsieur Hire?</em> Quizás se aleje ligeramente del &#8220;arte en sí&#8221; y sea una obra <em>discursiva,</em> sí, pero en ella todo es narrado con una enigmática sencillez fácil (valga la redundancia), precisamente con la simplicidad inherente al orden que echamos tan en falta en la realidad de hoy, tan poco solidaria con aquellas antiguas estructuras narrativas que Rilke sospechó que alguna vez existieron.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Siempre me he forzado a la contradicción para evitar conformarme con mi propio gusto. Y por eso no puedo más que admirar a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/John_Banville" target="_blank">John Banville</a> que siempre ha defendido el estilo por encima de la trama, pero permite que a Benjamin Black, el seudónimo con el que se desdobla, le preocupen cosas como argumento, personajes, diálogo. A veces Banville se refiere a Black, que es admirador de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Georges_Simenon" target="_blank">Simenon</a>, como mi &#8220;gemelo idiota&#8221;, pero cuando le preguntan cómo cree que Black califica a Banville, responde: &#8220;Sé que le llama <em>el pretencioso&#8221;.</em></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">En cierto sentido, los libros esencialmente narrativos puede que sean los gemelos idiotas de los pretenciosos libros que tratan de acercarse al arte verdadero. Pero está en el fondo todo entrelazado y no tiene por qué haber una división radical, tan sólo una lábil frontera. Por esa frontera se pasean precisamente dos de los muchos &#8220;dos mundos&#8221; que aparecen en <em>Mis dos mundos,</em> la novela de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sergio_Chejfec" target="_blank">Sergio Chejfec</a> que despertó poderosamente mi atención hace unos meses y que acabo de releer.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Alguien ha insinuado con malicia que algún día lo que quede de Banville sean tan sólo <strong>las novelas que publicó con el seudónimo de Black</strong>. A nadie, en cambio, se le ha ocurrido sugerir lo contrario, lo que demuestra que todo el mundo sospecha que la vía Finnegans -por llamarla de algún modo- tiene menos posibilidades de subsistir en el tiempo que la vía Hire. Y, sin embargo, eso no evita que para algunos la ruta Finnegans sea la más noble y la más afín al lenguaje caótico de la realidad y a ese <em>vago flotar</em> de nuestras vidas del que hablaba Kafka; es decir, la más afín a la realidad bárbara y muda, sin significado, de las cosas.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><a href="http://www.revistadeletras.net/sergio-chejfec-toda-escritura-es-una-combinacion/" target="_blank">Chejfec</a> está más cerca de la ruta Finnegans, pero aborda la historia de su novela mediante un hilo Hire, es decir, que se atiene a las convenciones de lo narrativo, aunque al mismo tiempo </span><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"> </span><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">pone en marcha desde dentro -como dinamita pura- un mecanismo narrativo que, por su lectura implacable de la realidad, nos acerca a la verdad <strong>muda del vago flotar kafkiano</strong>. Leemos la trama al mismo tiempo que ésta se va creando. Los mismos pensamientos parecen surgir condicionados por la prisión de sentido que crean las propias palabras, tal como ha explicado el propio Chejfec al decir que en su libro las frases están empujadas hacia la expansión, porque existe un mensaje, pero está constreñido por la fórmula, por la ecuación de la propia frase.</span><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"> </span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><img class="alignleft" src="http://farm3.static.flickr.com/2483/3996845011_b49e1d49e1_m.jpg" alt="" width="184" height="240" /></span><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Recuerdo q</span><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"> </span><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">ue hoy, hacia el final de mi relectura, hacia el final de mi nuevo paseo meditativo </span><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">por los mundos variables del parque brasileño en el que se esconde una decepción -éste sería un resumen aceptable del <a href="http://laperiodicarevisiondominical.wordpress.com/2009/08/19/sergio-chejfec-el-desvio-y-la-quietud/" target="_blank">argumento del libro de Chejfec</a> -, he visto reaparecer de golpe la disociación entre una confortable narración y la realidad bárbara, y la he vuelto a ver justo cuando el narrador dice que, al contrario del pasado, está seguro ahora de que si se pusiera a escribir en el <strong>Café do Lago</strong> nada temblaría ni cambiaría a su alrededor y que a lo mejor esa sería la prueba de que &#8220;la realidad ya no es solidaria con su actividad&#8221;. Ahí están los dos mundos de Chejfec, que no son sólo -como tanto se ha dicho- el mundo interior y el exterior, sino también el mundo de esa realidad muda e inenarrable que hoy en día tan disociada está ya de la actividad de la escritura. Y también el mundo del momento, asociado al del pasado: un mundo narrativo que parece comentar el tono lento de la luz en las sombras de ese parque o laberinto brasileño, ese tono apagado que parece pertenecer a un misterio en realidad inútil, <em>inenarrable;</em> un misterio tan grande como la propia novela, que avanza como subrayando estas palabras de Edmond Jabès: &#8220;Mirad, no tengo rostro, lo que exhibo es la cara del instante&#8221;.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-1224-2004-09-18.html" target="_blank">Chejfec</a> se decanta más por el lado Finnegans que por el Hire, aunque adopta la actitud de hábil cómplice de las dos tendencias. Ha tenido que divertirse mucho simulando narratividad para emitir un discurso que, a diferencia de otros autores con los que se le relaciona (Sebald, Saer, Aira, Handke), no pretende transmitir nada que no sea una temeraria trama que, al igual que nuestras vidas, se construye instante a instante, siempre perseguida por el pasado. Es desde luego admirable su coraje de escritor, ya que, al situarse con <em><a href="http://www.candaya.com/misdosmundos.htm" target="_blank">Mis dos mundos</a></em> tan cerca del arte en sí y tan cerca de la verdad descarnada de la vida sin sentido, se arriesga una vez más a no disfrutar de la inmediata aceptación de la que gozan el resto de sus colegas más contemporizadores. <em><a href="http://www.candaya.com/misdosmundos.htm" target="_blank">Mis dos mundos</a></em> es Finnegans con el rostro de Hire, lo que abre un espacio muy interesante para la novela del futuro.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><a href="http://www.candaya.com/misdosmundos.htm">Ficha del Libro</a>.<a href="http://www.candaya.com/misdosmundosselecciondetextos.htm" target="_blank"></a><br />
<a href="http://www.candaya.com/misdosmundosselecciondetextos.htm" target="_blank">Algunos fragmentos de <em>Mis dos mundos</em></a>.<br />
<a href="http://www.candaya.com/dosiermisdosmundos.pdf" target="_blank">Dosier de prensa</a> (PDF)<img class="alignright" style="border:0 none;" src="http://farm3.static.flickr.com/2562/3686885508_0d9723e902_o.gif" alt="" width="140" height="85" /></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><em> </em></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;">Sitio oficial │<a href="http://www.enriquevilamatas.com/" target="_blank">www.enriquevilamatas.com</a><br />
<a href="http://www.enriquevilamatas.com/relecturas.html" target="_blank">Relecturas en Babelia</a>.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;">En Algún Día │<a href="../tag/enrique-vila-matas/" target="_blank">Enrique Vila-Matas</a>.</span></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Difusa deontología del escritor [7]]]></title>
<link>http://lasoledaddeldeseo.wordpress.com/2009/10/09/difusa-deontologia-del-escritor-7/</link>
<pubDate>Fri, 09 Oct 2009 05:06:07 +0000</pubDate>
<dc:creator>jsdemontfort</dc:creator>
<guid>http://lasoledaddeldeseo.wordpress.com/2009/10/09/difusa-deontologia-del-escritor-7/</guid>
<description><![CDATA[1. No es labor del escritor juzgar la extrañeza de la vida o sus relaciones sinérgicas, sino amerita]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><strong>1.</strong></p>
<p>No es labor del escritor</p>
<p>juzgar la extrañeza de la vida o sus relaciones sinérgicas, sino ameritar su comprensión, pues contra lo que se piensa, que una vida se nos destile &#8220;comprensiblemente&#8221; es labor que debemos merecer.</p>
<p>Dicho esto,</p>
<p>se entenderá que habitar la casualidad como forma de vida es cosa que sólo se le debería permitir a las personas menores de siete u ocho años.</p>
<p>Porque lo hemos dicho cien veces: la casualidad no existe,</p>
<p>aunque tampoco es cierto su contrario.</p>
<p>O sea, no hay una causalidad estricta, pero sí una casuística con reglas de repetición o probabilidades.</p>
<p>Y así se me reveló esta idea el miércoles, que los sensacionales errores de la vida son como un premio que no es un premio,</p>
<p>como una confirmación de la sospecha: la sospecha de que la vida no tiene por qué ser peor que la ficción.</p>
<p><strong>2.</strong></p>
<p>Yo diría que la cosa empezó mal</p>
<p>porque hasta las once y media de la mañana -del miércoles- no conseguí dormirme (me distraje con una incomprensible tertulia radiofónica).</p>
<p>Me desperté a las dos del mediodía</p>
<p>titubeando a tropezones contra los muebles y sufriendo la inteligibilidad del habla entrecortada,</p>
<p>y es por ello que no me quedó más remedio que ducharme con rapidez y vestirme y salir a la calle a hacer unas gestiones que tenía pendientes</p>
<p>(Gestiones que conseguí resolver parcialmente).</p>
<p>Me fui después a un par de bibliotecas a devolver un montón de libros que ya tenía leídos y a sacar otro montón (que, obviamente, tengo sin leer -todavía-).</p>
<p>A este respecto</p>
<p>leo ahora (jueves de madrugada) unos versos de<strong> Philip Larkin</strong>,</p>
<p>del poema <em>A Writer</em>, que dicen:</p>
<blockquote><p><em>&#8220;He knew, of course, no actions were rewarded&#8221;</em> <strong><span style="color:#0000ff;">[1]</span></strong></p></blockquote>
<p>verso que en aquel momento de la tarde del miércoles no tenía el menor sentido, pero que  fue cogiendo sensatez según pasaban las horas.</p>
<p>Leí con placer las crónicas inventadas que de Barcelona hizo <strong>Vila-Matas</strong> en los años noventa ["Desde la ciudad nerviosa"] mientras estaba, como cada miércoles por la tarde (según es mi costumbre), en el Lletraferit.</p>
<p>Es obvio que todo lo que cuenta <strong>Vila-Matas</strong> es inventado y que jamás salió de su gabinete (supongo que tendrá gabinete y no despacho) para comprobarlo; y es que, de hecho, no le hacía falta.</p>
<p>Y esto lo supo quizá sabiendo aquello de lo que alertaba<strong> Larkin</strong>.</p>
<p>Le contestaría<strong> Larkin</strong> en el poema<em> A writer</em>, diciendo:</p>
<blockquote><p><em>&#8220;He lived for years and never was surprised&#8221;</em> <strong><span style="color:#0000ff;">[2]</span></strong></p></blockquote>
<p>Lo que significa que en la vida hay lo que ponemos nosotros.</p>
<p>Y esto depende de nuestros ojos. Otra vez <strong>Larkin</strong>:</p>
<blockquote><p><em>&#8220;It was a gift that he possesed alone: </em></p></blockquote>
<blockquote><p><em>to look the world directly in the face&#8221;</em> <strong><span style="color:#0000ff;">[3]</span></strong></p></blockquote>
<p>Claro que <strong>Vila-Matas</strong> lo pone en otros términos.</p>
<p>Él dice que:</p>
<blockquote><p><em>&#8220;la realidad imita a la literatura&#8221;</em> <strong><span style="color:#0000ff;">[4]</span></strong></p></blockquote>
<p><strong>3.</strong></p>
<p>Todo esto se comprenderá más fácilmente si seguimos con los hechos:</p>
<p>De vuelta a casa descubrimos que la muchacha no había venido la casa y que todo estaba habitado por el justificado desorden de los días anteriores.</p>
<p>La muchacha no había llamado, ni avisado, ni nada.</p>
<p>Como andaba muy cansado me acosté una media hora y a las siete y media volvimos a salir de casa.</p>
<p>Ángela me aseguró que había que coger le autobús 41 para llegar a una presentación de una revista a la que nos proponíamos ir, al lado de la Diagonal.</p>
<p>Y cogimos el autobús 41, que fue subiendo por Plaza Universidad y luego por Plaza Urquinaona y más tarde se adentró por Arc de Trionf (exactamente la dirección contraria) y nos apeamos.</p>
<p>Ángela, preocupada, me dijo que cogiésemos un taxi.</p>
<p>Yo me detuve y pensé en un verso de<strong> Miquel Partí i Pol </strong>que había leído esa misma tarde:</p>
<blockquote><p><em>&#8220;Mireu-me bé: sóc l´altre&#8221;</em> <strong><span style="color:#0000ff;">[5]</span></strong></p></blockquote>
<p>Entonces cogí a Ángela de la mano y nos quedamos parados en una esquina. Y me imaginé a mi y a Ángela, a esos dos que la realidad designa y que se iban a una presentación de una revista de poesía y dije en alto:</p>
<p><em>&#8220;no, qué va, para qué vamos a ir&#8230;, ya irán los otros, los de mentira&#8230;&#8221;</em></p>
<p>Ángela me miró, pero no con la preocupación de observar las consecuencias del equívoco sino con una extraña magia en los ojos.</p>
<p>Y sin tener que decir nada caminamos de la mano, en silencio.</p>
<p>Y subiendo una calle, sin querer, me detuve. Levanté la vista.</p>
<p>Y vi esto:</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-3514" title="IMG01532" src="http://lasoledaddeldeseo.wordpress.com/files/2009/10/img01532.jpg" alt="IMG01532" width="416" height="336" /></p>
<p>Ambos fuimos conscientes entonces <em>claramente</em> de cómo no es una cuestión de azares en la vida, ni de premios ni  favores, ni recompensas, ni milongas, ni chácharas ni recelos.</p>
<p>Todo eso es la excusa del idiota. Y del mal escritor. Y de las malas personas, las que no confían ni someramente en sus propios recursos y por ello recurren a la responsabilidad ajena, echándole a la vida la culpa de todo.</p>
<p>Sucedió entonces no que nos hubiésemos confundido, sino que habíamos obligado a la realidad a que se equivocase para complacer a nuestros deseos.</p>
<p>Porque algo he de decir, y es que cuando volvimos a casa</p>
<p>(después de haber estado bebiendo varias jarras de cerveza para celebrar la sapienza del talento de los ojos que saben acertar qué es lo mejor)</p>
<p>y miramos el portátil, mis ojos no se extrañaron al comprobar que claramente en la web del TMB (transportes públicos de Barcelona) decía que el autobús que tendríamos que haber cogido era<em> exactamente</em> el 41,</p>
<p>el mismo autobús que <em>justamente</em> habíamos cogido nosotros y que, en contra de llevarnos a una (supuesta) fiesta de la literatura (al simulacro),</p>
<p>nos había llevado a la literatura misma (a la convincente realidad de la vida);</p>
<p>lo que significa que:</p>
<p>el escritor debe tener la mirada bien limpia y las córneas no apuntando a su ombligo sino siempre hacia el cielo,</p>
<p>por si acaso se le aparece el verso, la rima, el símbolo o la (pre)cuela de su novela misma.</p>
<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-3515" title="IMG01578" src="http://lasoledaddeldeseo.wordpress.com/files/2009/10/img01578.jpg" alt="IMG01578" width="341" height="272" /></p>
<h3 style="text-align:center;"><span style="color:#0000ff;"><span style="text-decoration:underline;">CONTENIDO EXTRA:</span></span></h3>
<p>Hablando de cosas que tienen que ver con los ojos</p>
<p>y que ratifican que es cosa necesaria del artista el tener unas córneas decisivas,</p>
<p>el jueves a la tarde/noche (esta tarde) estuvimos viendo <em>&#8220;Imperium Karnaval&#8221;</em>, la inauguración de la exposición de las nuevas pinturas del pintor francés <strong>Stephan Guillais</strong>, en el <span style="text-decoration:underline;"><a href="http://www.setba.net"> Setba Zona d´art</a></span>,</p>
<p>un espacio precioso con inmejorables vistas en la Plaza Real (nº 10, 1º, 2ª)</p>
<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-3516" title="IMG01568" src="http://lasoledaddeldeseo.wordpress.com/files/2009/10/img01568.jpg" alt="IMG01568" width="341" height="272" /></p>
<p>Ya sólo con la declaración de principio de Stephan debería quedarles todo claro:</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-3517" title="IMG01572" src="http://lasoledaddeldeseo.wordpress.com/files/2009/10/img01572.jpg" alt="IMG01572" width="426" height="340" /></p>
<p>Transcribo (por si acaso no se lee bien):</p>
<blockquote><p><em>Pintar como uno descarga un camión lleno de muebles antiguos y frágiles. Pintar como cazar con arco y flecha en su jardín.</em></p>
<p><em>Meterse deliberadamente del lado equivocado para poder volver con regalos y un relato que ya no es más una historia pero que sin embargo cuenta algo. La delgada melodía interior que se desliza entre lo que llamamos dos instantes.</em></p>
<p><em>Pintar como se pintaban las cavernas o acaparándose de todo, poco importa.</em></p>
<p><em>Quedaremos frente a la imagen para por fin hablar con nosotros mismos.</em></p></blockquote>
<p>Subrayen en sus cerebros esta idea: se crea desde la tradición, y se crea para revelarnos a ese otro que somos nosotros mismos. Es el único modo de ser modernos, tomando en consideración a los clásicos.</p>
<p>Aquí, un ejemplo, el autoretrato de <strong>Guillais</strong> que a mí me ha impresionado profundamente:</p>
<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-3518" title="IMG01559" src="http://lasoledaddeldeseo.wordpress.com/files/2009/10/img01559.jpg" alt="IMG01559" width="341" height="272" /></p>
<p>Lo de que el arte nos acompaña, refleja e ilumina es totalmente cierto, ningún cuadro me ha impresionado de tal manera como este</p>
<p>(y ruego disculpen la baja calidad de la foto, tomada con la Blackberry, pues no consigue mostrar la hondura del cuadro)</p>
<p>desde que vi en Santander el autorretrato de <strong>Basquiat</strong> hace dos años.</p>
<p>Y no es gratuita la mención porque ambos tienen una marcada filiación por lo ancestral, lo profundamente humano y esa severidad gozosa del saber que uno está vivo.</p>
<p>Hay muy pocos pintores proteicos y que se fijen en lo fundamental, y Stephan es uno de ellos. Por suerte.</p>
<p>Y si quieren más razones para ir a ver la exposición, fíjense qué detalle tan de <em>Harold &#38; Blúm</em>,</p>
<p>una antigua ducha de mármol blanco haciéndole la fiesta a uno de los cuadros:</p>
<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-3521" title="IMG01563" src="http://lasoledaddeldeseo.wordpress.com/files/2009/10/img015631.jpg" alt="IMG01563" width="341" height="272" /></p>
<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-3519" title="IMG01564" src="http://lasoledaddeldeseo.wordpress.com/files/2009/10/img01564.jpg" alt="IMG01564" width="341" height="272" /></p>
<p>Y ahora algunos de los cuadros:</p>
<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-3523" title="IMG01551" src="http://lasoledaddeldeseo.wordpress.com/files/2009/10/img01551.jpg" alt="IMG01551" width="341" height="272" /></p>
<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-3522" title="IMG01555" src="http://lasoledaddeldeseo.wordpress.com/files/2009/10/img01555.jpg" alt="IMG01555" width="341" height="272" /></p>
<p>Y la gente:</p>
<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-3527" title="IMG01556" src="http://lasoledaddeldeseo.wordpress.com/files/2009/10/img01556.jpg" alt="IMG01556" width="341" height="272" /></p>
<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-3526" title="IMG01557" src="http://lasoledaddeldeseo.wordpress.com/files/2009/10/img01557.jpg" alt="IMG01557" width="341" height="272" /></p>
<p style="text-align:center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-3525" title="IMG01558" src="http://lasoledaddeldeseo.wordpress.com/files/2009/10/img01558.jpg" alt="IMG01558" width="341" height="272" /></p>
<p><span style="color:#0000ff;"><strong>[1]</strong></span>, <span style="color:#0000ff;"><strong>[2]</strong></span> y <strong><span style="color:#0000ff;">[3] </span></strong><strong>Philip </strong><strong>Larkin</strong>. <span style="text-decoration:underline;">A Writer</span>, de <em>Early Poems (1938-45)</em>, incluido en &#8220;Collected Poems&#8221;. Marvel Press y Faber &#38; Faber. London-Boston. 1990.</p>
<p><span style="color:#0000ff;"><strong>[4] </strong></span><strong>Enrique Vila-Matas</strong>. &#8220;La agenda de la mujer doble&#8221;, en <em>Desde la ciudad nerviosa</em>. Ed. Alfaguara. Madrid. Octubre de 2000.  [p. 119]</p>
<p><strong><span style="color:#0000ff;">[5]</span></strong> <strong>Miquel Marti i Pol</strong>. <span style="text-decoration:underline;">Poema sin título</span>, de <em>Vint-i-set Poemes en tres temps (1970.1971)</em>, incluido en &#8220;Poesía completa&#8221;. Edicions 62. Barcelona. Marzo de 2008.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[TRAYECTO 320 9 DE OCTUBRE 2009]]></title>
<link>http://eltranviafm.wordpress.com/2009/10/08/trayecto-320-9-de-octubre-2009/</link>
<pubDate>Thu, 08 Oct 2009 04:23:17 +0000</pubDate>
<dc:creator>eltranviafm</dc:creator>
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<description><![CDATA[¡Cuarenta años de Anagrama! Este nuevo trayecto de El Tranvía homenajeará a un hombre al que hemos t]]></description>
<content:encoded><![CDATA[¡Cuarenta años de Anagrama! Este nuevo trayecto de El Tranvía homenajeará a un hombre al que hemos t]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA["Impostura": ¿aprender es recordar?]]></title>
<link>http://kozmicbooks.wordpress.com/2009/10/07/impostura-%c2%bfaprender-es-recordar/</link>
<pubDate>Wed, 07 Oct 2009 10:59:34 +0000</pubDate>
<dc:creator>jeffreyabbot</dc:creator>
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<description><![CDATA[&#8220;Impostura&#8221;: pequeña novela de Vila-Matas que se devora en poco más de una hora, fue fin]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><img class="alignleft size-full wp-image-1154" title="vila-matas6" src="http://kozmicbooks.wordpress.com/files/2009/10/vila-matas6.jpg" alt="vila-matas6" width="217" height="291" />&#8220;Impostura&#8221;: pequeña novela de Vila-Matas que se devora en poco más de una hora, fue finalista del Premio Herralde en 1983.  Según el <a href="http://www.enriquevilamatas.com/autobiografia.html" target="_self">autor</a>, <em>una buena historia algo desaprovechada por su &#8220;impericia&#8221; juvenil</em>. Imagino que una de las ventajas de ser un buen (y reputado) escritor es poder despachar de esta manera tus propias obras años después de publicadas.</p>
<p>La verdad es que a mi me ha parecido una pequeña historia muy interesante. Empieza como un misterio basado en una impostura (un ladrón de tumbas amnésico, que pasa sus días en un manicomio, aprovecha su parecido con un profesor desparecido durante muchos años para hacerse pasar por él y labrarse un futuro) para acabar como una historia vital del secretario del mismo manicomio (Barnaola) y la búsqueda de su (propia) identidad.</p>
<p>Interesante a muchos niveles, desde el juego de la impostura ¿quién es en realidad el desmemoriado? ¿Claudio Nart, ladrón de cementerios, impostor reconocido? ¿el profesor Bruch, falangista desaparecido en el frente ruso cuando batallaba con la División Azul contra los soviéticos? hasta las vicisitudes del director de la institución y su secretario Barnaola (especialmente de este) para entender qué está pasando y hacia dónde se dirigen sus vidas.</p>
<p>También es una muestra, fina e irónica,  de los momentos más grises del franquismo en Barcelona. Pero eso no es más que un extra, un <em>bonus</em> que para nada es importante en la novela. Un añadido más, para hacer interesante una novela de tan pocas páginas. Pocas veces obtenemos tanto por tan poco. Una ganga literaria, vamos.</p>
<p>En definitiva, un interesante punto de partida para reflexionar sobre quienes somos. ¿Somos lo que recordamos? ¿recordamos lo que somos?</p>
<p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-1107" title="impostura" src="http://kozmicbooks.wordpress.com/files/2009/09/impostura.jpg?w=98" alt="impostura" width="98" height="150" /><strong>Impostura</strong><br />
Enrique Vila Matas<br />
ISBN 978-84-339-1707-2<br />
PVP sin IVA 6.36 €<br />
PVP con IVA 6.61 €<br />
Nº de páginas 118<br />
Colección  Narrativas hispánicas</p>
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</div>]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[El lector activo.]]></title>
<link>http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2009/10/04/el-lector-activo/</link>
<pubDate>Sun, 04 Oct 2009 09:25:48 +0000</pubDate>
<dc:creator>Alguien</dc:creator>
<guid>http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2009/10/04/el-lector-activo/</guid>
<description><![CDATA[Texto: Enrique Vila-Matas. El País.com. 27.09.2009. La lectura es un arte, aunque muchos autores de ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;"><span style="font-size:8pt;font-family:Tahoma;">Texto: <a href="http://www.elpais.com/articulo/cataluna/lector/activo/elpepuespcat/20090927elpcat_9/Tes" target="_blank"><span style="color:#333333;">Enrique Vila-Matas</span></a>. <span style="color:#333333;">El País.com. 27.09.2009.</span></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><img class="alignleft" src="http://farm3.static.flickr.com/2440/3979741488_ebb626ce5e_o.jpg" alt="" width="187" height="196" />La lectura es un arte, aunque muchos autores de hoy lo ignoran, ya que andan atareados complaciendo lo que se espera de ellos: intrigas trilladas, personajes que hablen como en las series más mediocres de televisión, estilo de tiralíneas. Claridad se les reclama, y que no embrollen. Que respiren con naturalidad y no ensombrezcan las mañanas.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Ostentadora del gusto general, <strong>la mayoría lectora</strong>, que cuenta con la reveladora <em>complicidad</em> del sufragio de los que no leen, <strong>actúa como si hubiera vencido en las urnas</strong> y eso le permitiera ahora imponer la figura del lector pasivo y someter cualquier lectura individual a la más burda lectura general, prisión de todos.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Tiene este horror su lógica si se piensa que entre los lectores de hoy triunfa aquella comodidad que ya en los años treinta llevó a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cyril_Connolly" target="_blank">Cyril Connolly</a> a ironizar sobre los perezosos: &#8220;Con independencia del talento que inicialmente posean, se condenan a ideas y amistades de segunda mano&#8221;.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Hasta donde alcanza la memoria, mi icono clásico del lector activo es una lectora, <strong>Anna Karenina</strong>, viajando de noche en el tren de Moscú a San Petersburgo. Justo en el momento en el que <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Le%C3%B3n_Tolst%C3%B3i" target="_blank">Tolstoi</a> parece haber suspendido ligeramente la intriga, Anna se coloca en las rodillas un almohadón y, envolviéndose las piernas con una manta, se arrellana cómodamente. Después, pide a <em>Aniuska </em>una linterna, que sujeta en el brazo de la butaca, y saca de su bolsita roja un cortapapeles y una novela inglesa.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">En mi recuerdo, el momento es pura iluminación. Asocio la linterna de Anna con aquella peculiar luz propia, cuya necesaria existencia percibiera <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Paul_Val%C3%A9ry" target="_blank">Paul Valéry</a> cuando en sus <strong><em>Cuadernos</em></strong> consideró plausibles un tipo de obras que contaran con la iluminación propia del lector, es decir, un tipo de obras <strong>escritas sin pensar en darle algo a quien lee</strong>, sino, al contrario, pensando en recibir de él: &#8220;Ofrecer al lector la oportunidad de un placer -trabajo activo- en lugar de proponerle un disfrute pasivo. Un escrito hecho expresamente para recibir un sentido, y no sólo un sentido, sino tantos sentidos como pueda producir la acción de una mente sobre un texto&#8221;.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Décadas después, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Roland_Barthes" target="_blank">Roland Barthes</a> recogería el guante y diría que para devolverle su porvenir a la escritura había que darle la vuelta al mito: &#8220;El nacimiento del lector se paga con la muerte del autor&#8221;. Exageró, pero con su idea dejó entretenidas a dos generaciones de estudiosos y demostró, además, que del acontecer implacable que conduce a la muerte nada nos distrae tanto como la lectura activa. La famosa muerte. La he visto esconderse en los relojes <em>en <strong>La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy</strong>,</em> esa novela con la que <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Laurence_Sterne" target="_blank">Laurence Sterne</a> llenó de salud la relación del escritor con el lector: &#8220;A medida que prosiga usted en mi compañía, el ligero trato que ahora se está iniciando entre nosotros se convertirá en familiaridad, y ésta, a menos que uno de los dos falle, acabará en amistad&#8221;.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><img class="alignright" style="border:0 none;" title="Greta Garbo en Anna Karenina." src="http://farm4.static.flickr.com/3472/3978970313_154eb33771_m.jpg" alt="" width="179" height="216" /></span><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Puede que fallarle a tipos como al gran <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Laurence_Sterne" target="_blank">Sterne</a><strong> </strong>sea el<strong> error de tantos lectores de ahora</strong>, consumidores de sucedáneos de la literatura. Pero anima saber que hay indicios del regreso del lector activo. Algo comienza a moverse en medio del barullo de las novelas esotéricas y otros engendros, y se diría que hasta incluso pierde ya fuelle la estúpida exaltación del lector pasivo, que esconde en realidad la exaltación de los que no leen. <strong>Reaparece el lector con talento</strong> y parece que comienzan a replantearse los términos del contrato moral entre autor y público. Respiran de nuevo los escritores que se desviven por un tipo de lector que sea lo suficientemente abierto como para permitir en su mente el dibujo de una conciencia extraña, incluso radicalmente diferente de la suya propia.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">La secuencia central de toda lectura activa contiene el gesto más profundamente democrático que conozco. Es el gesto de quien sabe abrirse al mundo y a las verdades relativas del otro, a la sagrada revelación de una conciencia ajena. <strong>Si se exige talento a un escritor, debe exigírsele también al lector</strong>. Porque el viaje de la lectura pasa muchas veces por terrenos difíciles que reclaman tolerancia, espíritu libre, capacidad de emoción inteligente, deseos de comprender al otro y de acercarse a un lenguaje distinto del que nos tiene secuestrados. Como dice <strong>Vilém Vok</strong>, no es tan sencillo para un lector sentir el mundo como lo sintió Kafka: un mundo en el que se niega el movimiento y resulta imposible siquiera ir de un poblado a otro.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Las relaciones entre lector y escritor remiten tanto a un mundo radicalmente negado para el movimiento como a la escena más opuesta: dos aislados poblados kafkianos, acercándose. <strong>Una novela es una calle de dos direcciones</strong>, animada por dos talentos; una calle en la que la tarea que se requiere a ambos lados es, al final, la misma. Leer, cuando se lleva a cabo con linterna propia, <strong>es tan difícil y apasionante como escribir</strong>. Tanto quien escribe como quien lee, aun entreviendo el fracaso, buscan la revelación certera de lo que somos, la revelación exacta de la conciencia personal de uno mismo, y también de la del otro. Y aquellos que sitúan la lectura al nivel de la experiencia pasiva de ver televisión lo único que hacen es vejar a la lectura y a los lectores. De hecho, las mismas destrezas que se necesitan para escribir se precisan también para leer. <strong>Los escritores fallan a los lectores</strong>, pero también ocurre al revés y los lectores les fallan a los escritores cuando sólo buscan en éstos la confirmación de que el mundo es como lo ven en su pequeña pantalla. Los nuevos tiempos traen esa revisión y renovación del pacto exigente entre escritores y lectores. Cabe esperar, parafraseando a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Henry_James" target="_blank">Henry James</a>, que pronto pueda decirse que unos y otros trabajan con lo que tienen, y sus grandes dudas son su pasión, y esa pasión es precisamente su gran tarea.<img class="alignright" style="border:0 none;" src="http://farm3.static.flickr.com/2562/3686885508_0d9723e902_o.gif" alt="" width="140" height="85" /></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;">Sitio oficial │<a href="http://www.enriquevilamatas.com/" target="_blank">www.enriquevilamatas.com<br />
</a></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;">En Algún Día │<a href="../tag/enrique-vila-matas/" target="_blank">Enrique Vila-Matas</a>.</span></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Nothing At All]]></title>
<link>http://andrewgallix.com/2009/10/03/nothing-at-all/</link>
<pubDate>Sat, 03 Oct 2009 15:56:35 +0000</pubDate>
<dc:creator>agallix</dc:creator>
<guid>http://andrewgallix.com/2009/10/03/nothing-at-all/</guid>
<description><![CDATA[This review of Jean-Yves Jouannais’s Artistes sans oeuvres: I Would Prefer Not To appeared in the Ti]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;"><img class="alignnone size-full wp-image-11" title="409692229_e75d124f7c_t" src="http://gallix.wordpress.com/files/2007/11/409692229_e75d124f7c_t.jpg" alt="409692229_e75d124f7c_t" width="100" height="27" /></p>
<p style="text-align:justify;">This review of <strong>Jean-Yves Jouannais</strong>’s <em>Artistes sans oeuvres: I Would Prefer Not To</em> appeared in the <a href="http://entertainment.timesonline.co.uk/tol/arts_and_entertainment/the_tls/"><strong><em>Times Literary Supplement</em></strong></a> dated 25 September 2009 (No 5556, p. 30):</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Nothing At All</strong></p>
<p style="text-align:justify;">With his bovine-sounding surname, Félicien Marboeuf (1852-1924) seemed destined to cross paths with Flaubert. He was the inspiration for the character of Frédéric Moreau in <em>L&#8217;Education sentimentale</em>, which left him feeling like a figment of someone else&#8217;s imagination. In order to wrest control of his destiny, he resolved to become an author, but Marboeuf entertained such a lofty idea of literature that his works were to remain imaginary and thus a legend was born. Proust  — who compared silent authors <em>à la</em> Marboeuf to dormant volcanoes — gushed that every single page he had chosen not to write was sheer perfection.</p>
<p style="text-align:justify;">Or did he? One of the main reasons why Marboeuf never produced anything is that he never existed. Jean-Yves Jouannais planted this Borgesian prank at the heart of <em>Artistes sans oeuvres</em> when the book was first published in 1997. The character subsequently took on a life of his own, resurfacing as the subject of a recent group exhibition and, more famously, in <em>Bartleby &#38; Co.</em>, Enrique Vila-Matas&#8217;s exploration of the &#8220;literature of the No&#8221;. Here the Spanish author repays the debt he owes to Jouannais&#8217;s cult essay (which had been out of print until now) by prefacing this new edition.</p>
<p style="text-align:justify;">Marboeuf has come to symbolize all the anonymous &#8220;Artists without works&#8221; past and present. Through him, Jouannais stigmatizes the careerists who churn out new material simply to reaffirm their status or iinflate their egos, as well as the publishers who flood the market with the &#8220;little narrative trinkets&#8221; they pass off as literature on the three-for-two tables of bookshops. In so doing, he delineates a rival tradition rooted in the opposition to the commodification of the arts that accompanied industrialization. A prime example is provided by the <em>fin-de-siècle</em> dandies who reacted to this phenomenon by producing nothing but gestures. More significantly, Walter Pater&#8217;s contention that experience — not &#8220;the fruit of experience&#8221; — was an end in itself, led to a redefinition of art as the very experience of life. A desire to turn one&#8217;s existence into poetry — as exemplified by Arthur Cravan, Jacques Vaché or Neal Cassady — would lie at the heart of all the major twentieth-century avant-gardes. &#8220;My art is that of living&#8221;, Marcel Duchamp famously declared, &#8220;Each second, each breath is a work which is inscribed nowhere, which is neither visual nor cerebral; it’s a sort of constant euphoria.&#8221;</p>
<p style="text-align:justify;">Jouannais never makes the absurd claim that creating nothing is better than creating something: like Emil Cioran, he has little time for what he calls the &#8220;failure fundamentalists&#8221;. He does not dwell on the Keatsian notion (also found in Rousseau and Goethe) that unheard melodies are sweeter, or wonder why the attempts at a merger between life and art have so often resulted in death. Jouannais&#8217;s &#8220;Artists without works&#8221; are essentially of a sunny disposition. They are dilettantes, driven solely by their own enjoyment; cultural skivers who never feel that they owe it to posterity, let alone their public, to be productive. They let time do its work and are often militantly lazy — like Albert Cossery, the francophone writer of Egyptian origin who, on a good day, would fashion a single carefully crafted sentence, or the American artist Albert M. Fine who is quoted as saying: &#8220;If I did anything less it would cease to be art&#8221;. It is this divine indolence which differentiates <em>Artistes sans oeuvres</em> from darker essays on the subject.</p>
<p style="text-align:justify;">Some of the most interesting passages in the book concern those larger-than-life figures (Félix Fénéon, Arthur Cravan, Jacques Vaché, Jacques Rigaut, Roberto Bazlen) who entered the literary pantheon as characters in other writers&#8217; novels rather than through their own. Cravan, Vaché and Cassady — who embodied respectively the spirits of Dada, Surrealism and Beat — published virtually nothing during their lifetimes. Naturally, phantom works abound here, from Stendhal&#8217;s numerous unfinished novels to the unpublished manuscripts of the Brautigan Library (modelled on the library in Richard Brautigan&#8217;s <em>The Abortion</em>) through to Roland Barthes&#8217;s criticism, which provided him with the perfect excuse not to write the novel he dreamed of. Jouannais also considers summarizers such as Fénéon, whose &#8220;elliptical novels&#8221; were no longer than haiku, or Borges, who compiled synopses of fictitious novels so that no one would have to waste time writing or reading them. In fact, the Argentinian&#8217;s entire oeuvre — haunted as it is by the possibility of its own silence — is reinterpreted as a paradoxical &#8220;pre-emptive production&#8221; designed to spare the already overcrowded bookshelves of the Library of Babel. Borges&#8217;s Pierre Ménard (along with Bouvard, Pécuchet and Bartleby) is, of course, one of the patron saints of the copiers, another category surveyed in these pages. The destroyers (Virgil, Kafka, Bruno Schulz et al.) who seek to cover their aesthetic tracks only get a brief look-in, Jouannais being more interested in the long line of erasers starting with Man Ray&#8217;s 1924 &#8220;Lautgedicht&#8221; (an obliterated poem) and including such works as Robert Rauschenberg&#8217;s &#8220;Erased de Kooning Drawing&#8221;, Yves Klein&#8217;s infamous empty exhibition or Walter Ruttmann&#8217;s &#8220;blind&#8221; film. The author argues convincingly — in a style both eloquent and elegant — that Cravan&#8217;s proto-Dadaist provocations, Rigaut&#8217;s suicide or Brautigan&#8217;s notorious kitchen shoot-outs should be construed as poetic gestures in their own right. Deliberately misquoting Flaubert, he concludes that the works of these so-called &#8220;Artists without works&#8221; are &#8220;present everywhere and visible nowhere&#8221;, which may explain why they are so often misunderstood.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[el más triste de los hombres]]></title>
<link>http://nosquedalapalabra.wordpress.com/2009/09/28/el-mas-triste-de-los-hombres/</link>
<pubDate>Mon, 28 Sep 2009 21:31:18 +0000</pubDate>
<dc:creator>labalaustra</dc:creator>
<guid>http://nosquedalapalabra.wordpress.com/2009/09/28/el-mas-triste-de-los-hombres/</guid>
<description><![CDATA[  Al principio, Bartleby escribió extraordinariamente. Como si hubiera padecido un ayuno de algo que]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"> </span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Al principio, Bartleby escribió extraordinariamente. Como si hubiera padecido un ayuno de algo que copiar, parecía hartarse con mis documentos. No se detenía para la digestión. Trabajaba día y noche, copiando, a la luz del día y a la luz de las velas. Yo, encantado con su aplicación, me hubiera encantado aún más si él hubiera sido un trabajador alegre. Pero escribía silenciosa, pálida, mecánicamente.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Una de las indispensables tareas del escribiente es verificar la fidelidad de la copia, palabra por palabra. Cuando hay dos o más amanuenses en una oficina, se ayudan mutuamente en este examen, uno leyendo la copia, el otro siguiendo el original. Es un asunto cansador, insípido y letárgico. Comprendo que para temperamentos sanguíneos, resultaría intolerable. Por ejemplo, no me imagino al ardoroso Byron, sentado junto a Bartleby, resignado a cotejar un expediente de quinientas páginas, escritas con letra apretada.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Yo ayudaba en persona a confrontar algún documento breve, llamando a Turkey o a Nippers con este propósito. Uno de mis fines al colocar a Bartleby tan a mano, detrás del biombo, era aprovechar sus servicios en estas ocasiones triviales. Al tercer día de su estada, y antes de que fuera necesario examinar lo escrito por él, la prisa por completar un trabajito que tenía entre manos, me hizo llamar súbitamente a Bartleby. En el apuro y en la justificada expectativa de una obediencia inmediata, yo estaba en el escritorio con la cabeza inclinada sobre el original y con la copia en la mano derecha algo nerviosamente extendida, de modo que, al surgir de su retiro, Bartleby pudiera tomarla y seguir el trabajo sin dilaciones.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">En esta actitud estaba cuando le dije lo que debía hacer, esto es, examinar un breve escrito conmigo. Imaginen mi sorpresa, mi consternación, cuando sin moverse de su ángulo, Bartleby, con una voz singularmente suave y firme, replicó:</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">-Preferiría no hacerlo.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Me quedé un rato en silencio perfecto, ordenando mis atónitas facultades. Primero, se me ocurrió que mis oídos me engañaban o que Bartleby no había entendido mis palabras. Repetí la orden con la mayor claridad posible; pero con claridad se repitió la respuesta:</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">-Preferiría no hacerlo.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">-Preferiría no hacerlo -repetí como un eco, poniéndome de pie, excitadísimo y cruzando el cuarto a grandes pasos-. ¿Qué quiere decir con eso? Está loco. Necesito que me ayude a confrontar esta página: tómela -y se la alcancé.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">-Preferiría no hacerlo -dijo.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Lo miré con atención. Su rostro estaba tranquilo; sus ojos grises, vagamente serenos. Ni un rasgo denotaba agitación. Si hubiera habido en su actitud la menor incomodidad, enojo, impaciencia o impertinencia, en otras palabras si hubiera habido en él cualquier manifestación normalmente humana, yo lo hubiera despedido en forma violenta. Pero, dadas las circunstancias, hubiera sido como poner en la calle a mi pálido busto en yeso de Cicerón.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"> </span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;">Fragmento de Bartleby, el escribiente, de Herman Melville. </span></p>
<p> </p>
<p><span style="color:#000000;">Fuente l <a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/melville/bartleby.htm" target="_blank">Ciudad Seva. (Texto completo)</a></span></p>
<p><span style="font-size:medium;color:#800000;"> </span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="font-size:medium;"><span style="color:#000000;"><em>&#8220;I would prefer not to&#8221;</em></span></span></p>
<h5><span style="font-size:medium;"><span style="color:#000000;"><em> </em></span></span></h5>
<p><span style="font-size:medium;color:#800000;"> </span></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Escribir la vida]]></title>
<link>http://ornat.wordpress.com/2009/09/28/escribir-la-vida/</link>
<pubDate>Mon, 28 Sep 2009 00:51:22 +0000</pubDate>
<dc:creator>ornat</dc:creator>
<guid>http://ornat.wordpress.com/2009/09/28/escribir-la-vida/</guid>
<description><![CDATA[-Ya lo comprendo -me ha dicho adoptando un afectado gesto reflexivo-. Usted es escritor. Como su her]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><img class="aligncenter size-full wp-image-133" title="vila-matas" src="http://ornat.wordpress.com/files/2009/09/vila-matas.jpg" alt="vila-matas" width="300" height="400" /></p>
<p>-Ya lo comprendo -me ha dicho adoptando un afectado gesto reflexivo-. Usted es escritor. Como su hermano mayor. ¿Verdad que no me equivoco?</p>
<p>-No, señor, no soy escritor -le he contestado, reaccionando de inmediato.</p>
<p>-¿Y los papeles escritos que le he visto? Los papeles sobre los que se ha quedado dormido.</p>
<p>-Me dedico a contarme a mí mismo mi vida. Eso es todo.</p>
<p>-¿Y eso no es ser escritor?</p>
<p>-No quiero ser escritor, sino escribir, que es algo muy distinto. No sé si capta usted la sutil diferencia.</p>
<p>-No, yo no capto nada. ¿Cómo voy a hacerlo si soy imbécil? ¿Es eso lo que trata de decirme? Pero permítame ahora una pregunta. ¿Puede saberse por qué la vida se la cuenta usted sólo a sí mismo?</p>
<p>-Pero es que no sé si me entenderá. Yo tengo unas ideas muy especiales.</p>
<p>-Ya estamos otra vez. Claro que puedo entenderlo. Dígame lo que tenga que decirme y no se preocupe más por lo que pueda yo entender.</p>
<p>-Pues a mí me parece que la vida en sí no existe.</p>
<p>-¿Y qué existe, pues?</p>
<p>-Quiero decir con esto que la propia vida no existe por sí misma, pues si no se cuenta, esa vida es algo que apenas transcurre, pero nada más. ¿Me sigue?</p>
<p>-Le sigo.</p>
<p>-Yo pienso que para apresar y comprender la vida hay que contarla, aun cuando sólo sea a la almohada o a uno mismo.</p>
<p><em><strong>[Lejos de Veracruz, </strong>de Enrique Vila-Matas<strong>].</strong></em></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Hoy 18 de septiembre de 2009, en Calle Real]]></title>
<link>http://callerealfm.wordpress.com/2009/09/18/hoy-18-de-septiembre-de-2009-en-calle-real/</link>
<pubDate>Fri, 18 Sep 2009 07:55:06 +0000</pubDate>
<dc:creator>callerealfm</dc:creator>
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<description><![CDATA[¡Hola a todos! Hoy y mañana podéis regalar vida donando sangre en la Plaza de los Belgas de Collado ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[¡Hola a todos! Hoy y mañana podéis regalar vida donando sangre en la Plaza de los Belgas de Collado ]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Enrique Vila-Matas, Asasina cultivată]]></title>
<link>http://insemnaridinsubterana.wordpress.com/2009/09/17/enrique-vila-matas-asasina-cultivata/</link>
<pubDate>Thu, 17 Sep 2009 15:42:38 +0000</pubDate>
<dc:creator>insemnaridinsubterana</dc:creator>
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<description><![CDATA[Ce poţi spune despre o carte voit fără stil care îşi conţine propria recenzie? Despre o metaficţiune]]></description>
<content:encoded><![CDATA[Ce poţi spune despre o carte voit fără stil care îşi conţine propria recenzie? Despre o metaficţiune]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Educando mujeres correctas.]]></title>
<link>http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2009/09/12/educando-mujeres-correctas/</link>
<pubDate>Sat, 12 Sep 2009 08:10:39 +0000</pubDate>
<dc:creator>Alguien</dc:creator>
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<description><![CDATA[Fleur Jaeggy es deliciosamente maligna y a todas luces distinta. En su libro autobiográfico Los herm]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;"><strong><span style="color:#000000;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Fleur Jaeggy es deliciosamente maligna y a todas luces distinta. En su libro autobiográfico <a href="http://www.tusquetseditores.com/titulos/la-flauta-magica-los-hermosos-anos-del-castigo" target="_blank"><span style="color:#000000;"><em>Los hermosos años del castigo</em></span></a><em>, </em>una niña de catorce años trata de vivir su propia novela de formación mientras se mira en el espejo de la realidad.</span></span></strong></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#333333;"><span style="font-family:Tahoma;font-size:8pt;">Texto: <a href="http://www.elpais.com/articulo/semana/Educando/mujeres/correctas/elpepuculbab/20090912elpbabese_10/Tes" target="_blank"><span style="color:#333333;">Enrique Vila-Matas</span></a>. Babelia. 12.09.2009.</span></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><strong><img class="alignleft" style="border:0 none;" title="Fleur Jaeggy." src="http://farm3.static.flickr.com/2529/3911960458_934475b603_m.jpg" alt="" width="169" height="240" />Fleur Jaeggy</strong> va siempre a lo esencial y, como si tuviera bien aprendida la involuntaria lección de Kafka, consigue muchas veces en una sola página, y a veces en una sola línea, que se haga visible de golpe, a modo de repentina revelación, la estructura desnuda de la verdad. Ese pavoroso desvelamiento siempre llega acompañado de la inevitable crueldad, jamás desligada de la rutinaria, aunque secreta, vida de la verdad. Tal vez por eso se dice a veces de esta escritora que es tan peligrosa. Pero es que su arte, al dejar sólo en pie lo esencial, no tiene a veces salida más natural que la inteligencia y la crueldad. La frialdad la añade la propia Jaeggy, y acaso sea éste el rasgo suplementario más destacado de su estilo; un rasgo que acude siempre sigiloso a su cita con las frases simples -algunas terriblemente sencillas- y que, en el fondo, es también su trazo más divertido.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">&#8220;Una cierta glacialidad también revela sentimientos&#8221;, dijo en cierta ocasión, y a algunos nos recordó a Walser confesando en <em>Jakob von Gunten</em> que habría querido decir muchas cosas pero no encontraba palabras para expresar sus sentimientos. Y rematando así su confesión: &#8220;Fuera, en el patio, la nieve caía en copos grandes y húmedos&#8221;. Y también nos recordó a Javier Rodríguez Marcos cuando dijo que en Jaeggy, &#8220;desechado todo sentimentalismo, es justamente el frío del ambiente el que otorga valor a los sentimientos cuando éstos aparecen: el mismo valor que cobra en una morgue cualquier señal de vida&#8221;.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Cabe suponer que aquel día, cuando ella habló de <em>glacialidad,</em> habló en serio. Pero a algunos nos hizo reír. De felicidad inesperada. Porque para algunos su timidez fue como un oasis de calor en pleno Ártico, como un aviso que hubiera venido a recordarnos que en Jaeggy, después de todo, su rasgo más definido de estilo es esa huella de humor helado que a la larga deja siempre una rara marca de agua veraniega en sus lectores.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><img class="alignright" style="border:0 none;" src="http://farm3.static.flickr.com/2474/3911178853_e8f0b2f5a8_o.jpg" alt="" width="130" height="200" />No está de más, si uno se acerca por primera vez al mundo del frío de Fleur Jaeggy, tener en cuenta la recomendación de Flavia Company, su traductora en <em><strong>El temor del cielo</strong>:</em> &#8220;Olvídese de todo lo que ha leído y de todo lo que va a leer. Jaeggy es distinta&#8221;. Y suavemente terrible, habría que añadir. Sospecho que le gusta desenmascarar públicamente la estupidez. En un penoso coloquio sobre Robert Walser en París fui testigo de cómo era justamente despiadada con los ilustres escritores que en el escenario no paraban de decir tópicos acerca del escritor suizo. Jaeggy es deliciosamente maligna y a todas luces distinta, y la mejor forma de acercarse a ella por primera vez es acudir a su libro de siete relatos, <em>El temor del cielo,</em> donde se encuentra un cuento, &#8216;Sin destino&#8217;, que junto con otro relato impresionante, &#8216;Los gemelos&#8217; (también en el mismo libro), me parece la más eficaz y rápida entrada en su mundo tan personal. Hay incluso una leyenda que habla de que &#8216;Sin destino&#8217; suele convertirse en un relato siempre memorable para quien lo lee. ¿Accederá Marie Anne a dejar en manos de unos ricos señores a su pequeña hija, a la que en realidad detesta? El desenlace del cuento nos deja alelados, mirando nuestro destino. Mejor dicho, mirando por dónde ha pasado nuestro destino. Es un final que define muy bien el tipo de inteligencia, inseparable de una extrema libertad mental, que exige la lectura de Jaeggy.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Pero lo mejor siempre llega con su novela breve <em><a href="http://shangrilatextosaparte.blogspot.com/2007/02/carpeta-fleur-jaeggy-iv-los-hermosos.html" target="_blank">Los hermosos años del castigo</a>,</em> que pude releer ayer con renovada admiración. Este libro se desarrolla -es un decir- en el ambiente severo y claustrofóbico de un internado para jovencitas de buena familia en Appenzell, en la Suiza alemana, años cincuenta. Que el libro <em>se desarrolla</em> es sumamente discutible, ya que en el retrógrado Bausler Institut de Appenzell nada en realidad se mueve, nada se agita. Y ya no sólo eso, sino que la gélida educación para futuras amas de casa perfectas -perfección y locura están relacionadas, piensa Jaeggy- parece encogerlo todo, incluidos los sueños. En medio del ambiente claustrofóbico de este libro autobiográfico, una niña de 14 años trata de vivir su propia novela de formación mientras se mira en el espejo de la realidad de su escuela: sórdida fábrica de esposas correctas y de caligrafías de letra redonda y frases simples.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">La verdad es que pasé años dedicado a admirar en secreto el delicado hilo de las frases simples y tal vez por eso, cuando me encontré por primera vez con <em><a href="http://www.tusquetseditores.com/titulos/la-flauta-magica-los-hermosos-anos-del-castigo" target="_blank">Los hermosos años del castigo</a>,</em> las primeras palabras (&#8220;A los catorce años yo era alumna de un internado de Appenzell&#8221;) me recordaron al portentoso y simple comienzo de Karen Blixen en su libro de memorias: &#8220;Yo tuve una granja en África, a orillas de los montes Ngong&#8221;. Vivir en las frases simples. Ese deseo de otro tiempo regresó ayer cuando reencontré la sencillez dulce pero potente de Jaeggy: &#8220;A los catorce años yo era alumna de un internado de Appenzell. El lugar por el que Robert Walser había dado muchos paseos cuando estaba en el manicomio, en Herisau, no lejos de nuestro instituto. Murió en la nieve. Hay fotografías que muestran sus huellas y la posición del cuerpo en la nieve. Nosotras no conocíamos al escritor (&#8230;) Es una verdadera lástima que no hubiésemos conocido la existencia de Walser, habríamos recogido una flor para él. También Kant antes de morir, se conmovió cuando una desconocida le ofreció una rosa&#8221;.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><img class="alignleft" style="border:0 none;" src="http://farm3.static.flickr.com/2591/3911178877_237ff058c2_o.jpg" alt="" width="133" height="200" />Suiza como gran lugar apacible, lugar de formación de esposas perfectas y, en el fondo, monstruoso manicomio. El Instituto Benjamenta de la novela de Walser y el Bausler Institut de Jaeggy tienen puntos en común, y no es casual que la estructura de <a href="http://www.tusquetseditores.com/titulos/andanzas-los-hermosos-anos-del-castigo" target="_blank"><em>Los hermosos años del castigo</em></a> remita a la de <em>Jacob von Gunten.</em> Walser aparte, y tal vez porque dicen que la improvisación musical se genera en la misma región del cerebro que se utiliza cuando se escribe narrativa autobiográfica, la voz narrativa de <em>Los hermosos años del castigo</em> me ha parecido, en esta nueva lectura del libro, que se ajustaba muy bien al tono de improvisación musical que tiene la voz -modulación sometida a un juego pérfido- de la cantante del nada inocente grupo CocoRosie. Esa delicada voz de Jaeggy, tan falsamente cándida, nos va introduciendo en el instituto Bausler, oscuro hermano de sangre del manicomio de Herisau y perversa factoría de futuras mujeres correctas. Ambiente sobrio, calmo, terriblemente reprimido, y muy suizo, <em>très suisse.</em> &#8220;Je me suis suissidé&#8221;, recuerdo que decía alguien con toda la frialdad de este mundo. Voces bajas y constantes. Ya en el cuento &#8216;Los gemelos&#8217; se leía, como anticipando la explosión de locura que cerrará, al cabo de los años, la historia de aprendizaje en el Instituto de Appenzell: &#8220;Como si la existencia no fuera sino una secuencia de voces, un alternarse de voces bajas y constantes, bien educadas. Y finalmente una voz aullante, como fuera de sí, de poseso&#8221;.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Un ambiente sobrio y disciplinado y aparentemente cómodo, pero que va dibujando las frágiles fronteras entre la perfección y la locura, nos llevará hacia Fredérique, la &#8220;muchacha altiva&#8221; que es amiga de la narradora y será la voz suavemente aullante, desquiciada, que reencontraremos al final del fúnebre paraíso suizo. Muchos años después, cuando hasta el instituto se ha desvanecido ya de la memoria de todos, la narradora tendrá todavía un recuerdo para aquel lugar donde no aprendieron a ser correctas y buenas esposas y donde en realidad no aprendieron absolutamente nada, salvo a ser unas perfectas inocentes modernas, lo que a la larga les dejó un rescoldo infinito de odio hacia la contención y hacia las dulces cortinas de los interiores burgueses: &#8220;Le dije a <em>Fredérique</em> que tal vez habían sido nuestros pensamientos, o las emanaciones que habitan la edad de la inocencia, los que habían destruido el Bausler Institut. Y es que ella decía que la inocencia era una invención de los modernos&#8221;. -</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;"><a href="http://www.tusquets-editores.es/catalogo_titulo.cfm?titulo=2286">Ficha del Libro</a></span><a href="http://www.tusquets-editores.es/catalogo_titulo.cfm?titulo=2286"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;"><img class="alignright" style="border:0 none;" src="http://farm3.static.flickr.com/2562/3686885508_0d9723e902_o.gif" alt="" width="140" height="85" /></span></a></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;"><em>El País, Babelia, 12 de septiembre de 2009</em>.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;">Sitio oficial │<a href="http://www.enriquevilamatas.com/" target="_blank">www.enriquevilamatas.com</a><br />
<a href="http://www.enriquevilamatas.com/relecturas.html" target="_blank">Relecturas en Babelia</a>.</span>
</p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;">En Algún Día │<a href="../tag/enrique-vila-matas/" target="_blank">Enrique Vila-Matas</a>.</span></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Principios y números imaginarios]]></title>
<link>http://raulgil.wordpress.com/2009/09/08/principios-y-numeros-imaginarios/</link>
<pubDate>Tue, 08 Sep 2009 22:25:22 +0000</pubDate>
<dc:creator>Raúl Gil</dc:creator>
<guid>http://raulgil.wordpress.com/2009/09/08/principios-y-numeros-imaginarios/</guid>
<description><![CDATA[   Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros. Groucho Marx No es una novedad, pero esto]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:right;"><em>   Estos son mis principios. </em><em>Si no le gustan, tengo otros. </em>Groucho Marx</p>
<p style="text-align:justify;">No es una novedad, pero estos días me estoy acordando mucho de esta idea marxista (de Groucho, no de Carlos) por la cuál una persona puede ir adecuando sus principios, convicciones o creencias en función de lo que más le conviene, de lo que otros le piden/exigen, de lo que <em>se lleva</em> o simplemente de lo que interesa más en cada momento. No puedo con ello. Lo siento. No puedo. Tendré millones de defectos (ahora mismo seguro que, igual que a mí, se os están ocurriendo cientos de ellos) pero ése no lo tengo ni lo tendré nunca, porque perdería mi nombre y mi apellido, dejaría de ser quien soy, moriría&#8230;</p>
<p style="text-align:justify;">Mi compromiso político me ha enseñado muchas cosas buenas, muchísimas, pero también bastantes malas, nefastas. Una de ellas contemplar con una mezcla de estupor y cansancio que mucha gente (demasiada) no tiene ningún pudor en seguir el ideario de Groucho Marx, en cambiar sus principios con el comienzo de cada nueva semana, o cada vez que amanece, o en mitad de una conversación. Todo sea por permanecer, por sobrevivir (yo creo que eso es lo más parecido a la muerte, pero allá cada uno). Hay camaleones que no mutan tanto.</p>
<p style="text-align:justify;">Una interesante labor de investigación me ha llevado a descubrir que mi vida es una sucesión de números imaginarios (que son los que no tienen solución real), y eso me permite saber en qué fase estoy y cuál viene después (los valores de sus potencias se repiten cada cuatro). No es poco, porque así puedo tener cierto control sobre mi vida y la capacidad de anticiparme a algunas situaciones que antes no era capaz de dominar. Tras el descubrimiento me siento liberado, tranquilo, feliz (más si cabe), porque he comprendido de golpe buena parte de las cosas (buenas y malas) que me han ocurrido estos últimos años, y además puedo encarar el futuro inmediato con bastantes dudas, pero también con muchas certezas.</p>
<p style="text-align:justify;">Suenan los fuegos artificiales en Santoña justo en el momento en que termino de escribir este pequeño texto. Fuegos artificiales que me recuerdan que ya es día 9 y soy un año más viejo, aunque no está tan mal esto de cumplir años ahora que sé que mi vida no tiene solución real. Encima de la mesa tengo un libro de Enrique Vila-Matas, otro de Julio Cortázar y algunos cd´s de Antony and the Johnsons y Bob Dylan: «How many roads must a man walk down before you call him a man?»</p>
<p style="text-align:justify;"><span style='text-align:center; display: block;'><object width='425' height='350'><param name='movie' value='http://www.youtube.com/v/ced8o50G9kg&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;hd=0' /><param name='allowfullscreen' value='true' /><param name='wmode' value='transparent' /><embed src='http://www.youtube.com/v/ced8o50G9kg&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;hd=0' type='application/x-shockwave-flash' allowfullscreen='true' width='425' height='350' wmode='transparent'></embed></object></span></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[La brecha de Petersburgo.]]></title>
<link>http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2009/09/05/la-brecha-de-petersburgo/</link>
<pubDate>Sat, 05 Sep 2009 08:36:21 +0000</pubDate>
<dc:creator>Alguien</dc:creator>
<guid>http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2009/09/05/la-brecha-de-petersburgo/</guid>
<description><![CDATA[Texto: Enrique Vila-Matas. Babelia. 08.08.2009. ¿Petersburgo? La palabra quedó suspendida en el aire]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;"><span style="color:#333333;"><span style="font-family:Tahoma;font-size:8pt;">Texto: <a href="http://www.elpais.com/articulo/semana/brecha/Petersburgo/elpepuculbab/20090808elpbabese_18/Tes?print=1" target="_blank">Enrique Vila-Matas</a>. Babelia. 08.08.2009.</span></span><span style="font-family:Arial;font-size:10pt;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><img class="alignleft" style="border:0 none;" title="Andrei Biely" src="http://farm3.static.flickr.com/2611/3834008273_60269f2523_o.jpg" alt="" width="170" height="231" />¿<em>Petersburgo</em>? La palabra quedó suspendida en el aire, solitaria, única. Nadie en el plató de televisión podía negar haberla oído. Como de pasada, la había dejado caer Nabokov al nombrar  por sorpresa las cuatro obras maestras de la prosa del siglo: “Son, por este orden, <em>Ulises</em> de Joyce, <em>La Metamorfosis</em> de Kafka, <em>Petersburgo</em> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9i_Bely" target="_blank">Andrei Biely</a>, y la primera mitad del cuento de hadas de Proust, <em>En busca del tiempo perdido</em>”.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">¿<em>Petersburgo</em>? <strong>¿Quién era Biely?</strong> Corría el verano de 1965 y en aquellos días, todavía existía un cierto interés por esta clase de inocentes asuntos. Grove Presse no tardó en reeditar, a los pocos meses, aquella misteriosa y casi olvidada novela rusa de 1906. Pronto se supo que, aunque había sido adscrita inicialmente por los críticos de su tiempo a la corriente simbolista, <em>Petersburgo</em> jamás se había distinguido  por ser una obra fácil de clasificar. Y por sus experimentos con el lenguaje y su intento de abarcar la vida cotidiana de una ciudad entera, hasta había llegado a ser considerada como el <em>Ulysses</em> ruso. A mí me parece que es una de las novelas más extrañas y complejas que se han escrito nunca. La he releído estos días y no influye en lo que digo el estado de ánimo con el que abordara este libro el 6 de octubre de 1981cuando comencé a leerlo por primera vez y aún me sentía bajo los efectos narcóticos de varios ensayos franceses que lo situaban en la cima de la complejidad universal. Asombra ahora, al volver a leer <a href="http://www.alfaguara.santillana.es/libro/petersburgo/851/" target="_blank"><em>Petersburgo</em></a>, no sólo esa complejidad –tan admirable, sin duda-, sino la desbordante facilidad técnica con la que Biely superpone en el libro varias capas de interpretación y sobre todo la facilidad –propia de un genio- con la que sabe reunir tanta exuberancia de imaginación y verbo en un espacio urbano a fin de cuentas tan limitado como mortal, pues la gran ciudad de la Perspectiva Nevski se alimenta sólo de un gran ideal o, mejor dicho, de una moda.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">“-¿De qué moda?<br />
-¿Quiere que la defina con palabras? Es como un ansia general de muerte; me emborracho con ella”.</span>
</p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Sin perder el humor, <a href="http://www.alfaguara.santillana.es/libro/petersburgo/851/" target="_blank"><em>Petersburgo</em></a> dramatiza en clave de palimpsesto esa ansia general de muerte y poetiza el fin de un lenguaje (que Biely  manipula a fondo) y de una cultura que se agota ante nuestros propios ojos. El lenguaje y la necrópolis moderna parecen los centros de la narración. Pero no se sabe cuán realmente importante es el argumento. Porque Biely, al igual que sus maestros Shklovski y Eichenbaulm, era un teórico literario que distinguía entre fábula y trama. Para Biely, la <em>fábula</em> era el argumento, mientras que la trama era el <em>modo</em> narrativo que agrupaba los hechos contados. Y la fábula o pretexto para fraguar <em>Petersburgo</em> es sencilla, pariente lejana de <em>Los demonios</em> de Dostoievski: el frágil y joven pensador Nikolai Apolónovich recibe la orden de atentar con bomba contra su propio padre, el senador zarista Apolón Apolónovich Ableújov, de quien Biely nos dice, con pronunciada ironía, que es de ilustre procedencia, pues “tenía en sus orígenes a Adán”. </span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><img class="alignright" src="http://farm4.static.flickr.com/3642/3834008093_64993f81e6_m.jpg" alt="" width="120" height="240" /></span><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Seguramente no cuenta demasiado en este libro la <em>fábula</em> y sí en cambio la trama, entendida como una forma, como un <em>modo</em> <em>de contar</em>, tal vez un modo tan desaforado como sutil de llevar la contraria a una cierta línea recta ortodoxa, occidental. <strong>Releyendo<em> Petersburgo</em></strong>, he recordado unas palabras del diario de Eichenbaulm: “Shklovski está en lo cierto cuando dice que deberíamos escribir de nuevo libros incomprensibles como el zorro que gira bruscamente a un lado mientras que el perro continua su búsqueda todo recto”. De hecho, estas palabras ya resuenan como un eco al comienzo mismo de la novela de </span><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Biely: “La Perspectiva Nevski es (debo decirlo) rectilínea, siendo como es una avenida europea”. Atamos cabos. Aunque, si lo pensamos bien, ¿acaso no estamos en Oriente? ¿Por qué tendría que ser tan recta la Perspectiva?  En la trama, la  gélida ciudad de Petersburgo y su gran avenida, así como el sonámbulo deseo de parricidio y el ansia general de muerte, actúan como pretexto para hilar un discurso de novela policiaca, pero también de novela mística (a la que no le faltan los mundos paralelos), de novela política, de novela <em>intertextual</em>, de novela de corte vanguardista, y hasta de novela de costumbres. Es un libro palimpsesto que hoy, habituados como estamos a la plaga de novelas planas que nos invade, puede incluso llegar a sorprender más de lo que pudo hacerlo cuando, con su acento vanguardista, apareció en 1906 en Rusia.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">En<em> <a href="http://www.alfaguara.santillana.es/libro/petersburgo/851/" target="_blank">Petersburgo</a></em>, que anunciaba una promiscuidad de géneros que más tarde se abriría camino en la narrativa del siglo, se superponen numerosas escrituras, consecuencia de la visión que Biely tenía del arte: una visión como de <em>anamnesis</em>, de invasión de la conciencia artística por un superconsciente, de especie de desposeimiento de uno mismo. Sabiendo esto, quizás no nos resulte tan extraño que Biely sufriera en 1911, en Sils Maria, sobre el peñasco en que Nietzsche había tenido la intuición del eterno retorno, una especie de gran crisis nerviosa. Había experimentado el ascenso incandescente de las “lavas del superconsciente”. ¿Se separó de sí mismo? Todo indica que, a través de una fría ecuación intelectual, llegó a experimentar la misma apertura de mente que pueden facilitar ciertas drogas que logran nuestra conexión completa con el cosmos. Por una brecha de su cerebro, entró el mundo exterior, entraron los vivos y, sobre todo, una legión de muertos.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;"><img class="alignleft" style="border:0 none;" src="http://farm3.static.flickr.com/2453/3834801346_6a2f56097b_m.jpg" alt="" width="147" height="240" />El artista, aquel que sabe percibir  algo superior a su realidad, se exilia de sí mismo y el magma supra-natural penetra impetuosamente en él. Esta sensación de apertura, de fisura o de hueco, la describe Biely con frecuencia. En ella se inspiran varios episodios de <a href="http://www.alfaguara.santillana.es/libro/petersburgo/851/" target="_blank"><em>Petersburgo</em></a>: es el tema de la brecha que, al final del capítulo tercero, se forma en el cerebro del senador: “Algo, con un rugido semejante al del viento en la chimenea, succionó rápidamente la conciencia de Apolón Apolónovich a través del boquete azul del parietal: hacia más allá del infinito”</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Creo que nunca mi propia risa de lector ha llegado a conmoverme tanto. Mezcla estrambótica de humor oriental y trascendencia, siempre próxima a estallar, como la bomba contra el senador. La grieta, la fisura sobrenatural, la rotura, son imágenes cardinales en la temática de esta nerviosa novela.  Como texto policiaco, <strong><em>Petersburgo</em> gira en torno al posible atentado parricida y desgrana lentamente una acción inmóvil, de suspense y horror</strong> y, en definitiva, de angustiado eterno retorno. Como novela política, no está del lado de los terroristas, pero tampoco simpatiza con los poderosos; las mismas pesadillas atormentan a unos y otros y todos son agentes de destrucción, del mismo modo que Apolónovich padre y Apolónovich hijo son la misma cara de la misma moneda, o de cierta promiscuidad fisiológica: el uno imagina a su padre durante la cópula, y el otro sueña en abrir un agujero para espiar a su hijo.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Como novela<em> intertextual</em> (como novela de recapitulación de los temas esenciales de la biblioteca de su patria, porque también todo eso es <em>Petersburgo</em>)  es simplemente extraordinaria: Gogol, Pushkin, Dostoievski, Lermontov, Chejov, están discretamente presentes en la trama que resume, en un no menos discreto pero efectivo plano secreto, la historia de la línea más noble de la gran narrativa rusa. Como novela mística, por su parte, ofrece seguramente la cara más interesante y la más alucinante de este palimpsesto. El hombre es un vestigio de otra cosa. Biely <em>alude</em> a las otras realidades y a huellas olvidadas. Y con una prosa rítmica que nos embruja hace avanzar  su endiablada trama, es decir, su <em>modo</em> o forma extraña de estructurarlo cósmica y mentalmente todo; su <em>modo</em> de conducirnos con severidad –puntuada por un narrador irónico, cervantino- hacia esa ruina general en la que ya estábamos instalados, sin saberlo, antes de comenzar a leer tan grandísima obra maestra.<img class="alignright" style="border:0 none;" src="http://farm3.static.flickr.com/2562/3686885508_0d9723e902_o.gif" alt="" width="140" height="85" /></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;"><em>El País, Babelia, 08 de agosto de 2009</em>.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;">Sitio oficial │<a href="http://www.enriquevilamatas.com/" target="_blank">www.enriquevilamatas.com</a></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;"><a href="http://www.enriquevilamatas.com/relecturas.html" target="_blank">Relecturas en Babelia</a>.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;">En Algún Día │<a href="http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/tag/enrique-vila-matas/" target="_blank">Enrique Vila-Matas</a>.<br />
</span></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Là où on ne peut se perdre (par Jeanne #vasescommunicants)]]></title>
<link>http://leslignesdumonde.wordpress.com/2009/09/04/la-ou-on-ne-peut-se-perdre-par-jeanne-vasescommuniquants/</link>
<pubDate>Fri, 04 Sep 2009 17:33:40 +0000</pubDate>
<dc:creator>Nathanaël Gobenceaux</dc:creator>
<guid>http://leslignesdumonde.wordpress.com/2009/09/04/la-ou-on-ne-peut-se-perdre-par-jeanne-vasescommuniquants/</guid>
<description><![CDATA[Il est un lieu qui m&#8217;est chair, un endroit où tout repose et où tout se crée. Un espace où j]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;">Il est un lieu qui m&#8217;est chair, un endroit où tout repose et où tout se crée. Un espace où j&#8217;aime me perdre et me retrouver : ces « <a href="http://www.actes-sud.fr/ficheisbn.php?isbn=9782742720163">Lieux imaginaires</a> » (Alberto Manguel)</p>
<p style="text-align:justify;">Ces mots que je lis ici sur <a href="http://www.netvibes.com/autogeographies">Auto-géo-graphie-s</a>, là-bas dans ce <a href="http://www.tierslivre.net/spip/spip.php?rubrique27">TiersLivre</a> ou ailleurs encore via feedly et ali.</p>
<p style="text-align:justify;">Ces mots..<br />
Je pourrais vous sortir un florilège de citations venues de ce « pays des Arzélettres » (M. G. Dantec) pour vous écrire combien cela m&#8217;importe.<br />
Ainsi de Mallarmé pour qui « le monde existe pour aboutir à un livre » ou encore de ce proverbe chinois « Ouvre un livre, il t&#8217;ouvrira » ou de Paul Auster pour qui « les livres ont changé notre façon de voir le monde, d&#8217;appréhender les choses de la vie ».<br />
Il me semble alors, qu&#8217;en écho répond Cesare Pavese « Quand nous lisons, nous ne cherchons pas des idées neuves, mais des idées déjà pensées, par nous, à qui la page imprimée donne le sceau d&#8217;une confirmation. Les paroles des autres qui nous frappent sont celles qui résonnent dans une zone déjà nôtre – que nous vivons déjà – et la faisant vibrer nous permettent de saisir de nouveaux points de départ au dedans de nous. », in Le Métier de Vivre.</p>
<p style="text-align:justify;">Ces livres que je lis, ces citations que je note scrupuleusement dans un carnet, je les fais miens lorsque je suis dedans, comme on entre en librairie ou dans une bibliothèque. Je m&#8217;y sens chez moi et tout autant ailleurs. Chaque lecture m&#8217;est un voyage, une introspection, à la manière d&#8217;<a href="http://www.enriquevilamatas.com/">Enrique Vila-Matas</a>, pour qui « Voyager est, avant tout, une atmosphère, une expérience de la solitude, un sentiment extrêmement discret de mélancolie et de solitude », in Le Voyage Vertical.<br />
Ma littérature m&#8217;exile, m&#8217;isole et me promène vers des espaces que je ne connaissais pas jusqu&#8217;alors.<br />
Bien que ces pages me soient encore inconnues, je ne suis jamais perdue, parce que je reconnais ces lettres, je ressens ces écrits.. j&#8217;y suis, dans ces espaces de pleins et de déliés, de blancs et de paragraphes – et j&#8217;y coule des heures heureuses qui effacent ce temps qui nous est conté.</p>
<p style="text-align:justify;">Ainsi, j&#8217;ai suivi mon envie, puisque <a href="http://chezjeanne.free.fr/index.php?post/http://chezjeanne.free.fr/index.phppost/2009/07/07/bio/biblio-ndashgraphie-drsquoune-lectrice">je suis née dans les livres</a>, de me rendre à Nantes, pas comme Montano « venu à Nantes pour voir [s'il pouvait] oublier un peu [qu'il était] un malade de littérature. » (Enrique Vila-Matas, in Le Mal de Montano.), mais plutôt pour découvrir le métier de libraire au pays de Jules Verne.<br />
De rencontres en lectures, de voyages en livre aux voyages, ma barque m&#8217;a menée là où je suis aujourd&#8217;hui, aux portes d&#8217;un nouvel espace, le mien, pour pouvoir proposer, sur les routes et les chemins, des livres, dans une librairie ambulante.<br />
Là, point de frontière.</p>
<p style="text-align:right;"><a href="http://chezjeanne.free.fr/" target="_blank">Jeanne</a></p>
<p style="text-align:justify;"><em>Des lieux (imaginaires ou pas), des voyages (réels ou livresques), une passion Vila-Matas : merci à Jeanne pour ce joli texte qui a trouvé tout naturellement sa place ici  dans le cadre de <a href="http://www.paperblog.fr/2098953/des-vases-communicants-au-wikio/" target="_blank">&#8220;vases </a><a href="http://www.facebook.com/home.php#/group.php?gid=104893605886&#38;ref=ts" target="_blank">communicants</a>&#8220;.</em></p>
<p style="text-align:justify;">
<p style="text-align:right;">
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[En el centro de la fiesta]]></title>
<link>http://dadaisforever.wordpress.com/2009/08/21/en-el-centro-de-la-fiesta/</link>
<pubDate>Fri, 21 Aug 2009 14:09:49 +0000</pubDate>
<dc:creator>Luis Irles</dc:creator>
<guid>http://dadaisforever.wordpress.com/2009/08/21/en-el-centro-de-la-fiesta/</guid>
<description><![CDATA[A veces parece que estamos en el centro de la fiesta. Sin embargo en el centro de la fiesta no hay n]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">A veces parece</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">que estamos en el centro de la fiesta.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Sin embargo</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">en el centro de la fiesta no hay nadie.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">En el centro de la fiesta está el vacío.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Roberto Juarroz</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Cuando a Jorge Luis Borges le preguntaban cuál de sus libros prefería, contestaba que le gustaban más los ajenos, que estaba más orgulloso de sus lecturas que de sus obras. El lector superficial puede ver en las últimas novelas de Enrique Vila-Matas un catálogo de frases más o menos eruditas sobresaliendo sobre la trama; detrás está la admiración o burla hacia los escritores citados, hacia sus posibilidades de ver la realidad, como hace en el libro que nos ocupa al «París era una fiesta» de Hemingway, entre homenaje y mirada irónica.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Los libros que preceden a «París no se acaba nunca» eran complementarios entre sí: Bartleby y compañía se mueve alrededor de los escritores «sin obra», y la premiada «El mal de Montano» nos trasladaba al extremo opuesto, el de los escritores excesivos; en este libro asistimos a un tercer paso que parecía impensable. El protagonista &#8211;Vila-Matas en sus dos años parisinos, cuando aún era inédito y «algo imbécil», según dice él mismo­- transita las 230 páginas del libro para conseguir escribir una novela teniendo como referente unas pocas lecturas &#8211;Bartleby&#8211;, mientras que el escritor que novela todo este proceso incluye citas y referencias</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">a otros libros y escritores en prácticamente todas las páginas &#8211;Montano&#8211;. Gracias a esto, encontramos</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">un libro con un lenguaje visual mucho más marcado que en los anteriores, donde los bloques textuales pueden ser trasladados a imágenes con mayor facilidad, y más referencias hay al lenguaje del cine.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Con este libro que ayer mismo terminé de releer, Vila-Matas vuelve a demostramos que literatura y realidad no están separadas: quizá la realidad sea tan dolorosa que necesite un tamiz para soportarla; quizá ese tamiz perfecto sea la literatura, y quizá sea cierto que como Vila­Matas ha creado alrededor de sí tantos personajes e historias y sus novelas tienen tan fuerte componente autobiográfico, le cuesta marcar fronteras entre la ficción y lo real. Probablemente, y tal como proponía Montano, tales fronteras no existan o sean del todo inútiles.</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">La singularidad del autor dentro de la narrativa actual vuelve a demostrarse con este libro: a la hora de novelar su autobiografia parcial, deja tan aturdido al lector con estos límites, que uno sólo puede intuir el vacío o la materia que hay detrás de cada palabra. Sin embargo, ¿estamos seguros de que sea una au­obiografia? ¿Qué clase de libro es «París no se acaba nunca»?</div>
<div id="_mcePaste" style="position:absolute;left:-10000px;top:0;width:1px;height:1px;">Vila-Matas no necesita escribir una autobiografia: en cada uno de sus libros hay retratada una obsesión propia del autor, de la cual trata de liberarse publicándola; sólo hay que ir reuniendo con paciencia sus libros para, en el lejano momento de su muerte, agrupadas alrededor del vacío, en el lugar mismo de la fiesta. Y todo lo que en los libros quede fuera de esas obsesiones es la verdadera biografia de Vila-Matas.</div>
<div style="text-align:left;"><em>A veces parece </em></div>
<div style="text-align:left;"><em>que estamos en el centro de la fiesta. </em></div>
<div style="text-align:left;"><em>Sin embargo, </em></div>
<div style="text-align:left;"><em>en el centro de la fiesta no hay nadie. </em></div>
<div style="text-align:left;"><em>En el centro de la fiesta está el vacío. </em></div>
<h5><strong><em>Roberto Juarroz</em></strong></h5>
<div style="text-align:right;"><strong><br />
</strong></div>
<div><img class="aligncenter size-full wp-image-3303" title="vilamatas" src="http://dadaisforever.wordpress.com/files/2009/08/vilamatas.jpg" alt="vilamatas" width="499" height="321" /></div>
<h5 style="text-align:center;"><em>Enrique Vila-Matas</em></h5>
<div style="text-align:left;">Cuando a Jorge Luis Borges le preguntaban cuál de sus libros prefería, contestaba que le gustaban más los ajenos, que estaba más orgulloso de sus lecturas que de sus obras. El lector superficial puede ver en las últimas novelas de Enrique Vila-Matas un catálogo de frases más o menos eruditas sobresaliendo sobre la trama; detrás está la admiración o burla hacia los escritores citados, hacia sus posibilidades de ver la realidad, como hace en el libro que nos ocupa al «París era una fiesta» de Hemingway, entre homenaje y mirada irónica.</div>
<div style="text-align:left;"><span style="color:#ffffff;">-</span></div>
<div><img class="alignright size-full wp-image-3304" title="portada" src="http://dadaisforever.wordpress.com/files/2009/08/portada.jpg" alt="portada" width="260" height="386" /></div>
<div>Las novelas que preceden a «París no se acaba nunca» (Ed. Anagrama, 2003) eran complementarias entre sí: <em>Bartleby y compañía</em> se mueve alrededor de los escritores «sin obra», y la muy premiada «El mal de Montano» nos trasladaba al extremo opuesto, el de los escritores excesivos; en este libro asistimos a un tercer paso que parecía impensable. El protagonista &#8211;Vila-Matas en sus dos años parisinos, cuando aún era inédito y «algo imbécil», según dice él mismo­&#8211; transita las 230 páginas del libro para conseguir escribir un soberbio texto que tiene como referente unas pocas lecturas &#8211;Bartleby&#8211;, mientras que el escritor que novela todo este proceso incluye citas y referencias a otros libros y escritores en prácticamente todas las páginas &#8211;Montano&#8211;. Gracias a esto, encontramos un libro con un lenguaje visual mucho más marcado que en los anteriores, donde los bloques textuales pueden ser trasladados a imágenes con mayor facilidad, y más referencias hay al lenguaje del cine.</div>
<div><span style="color:#ffffff;">-</span></div>
<div>Con este libro, que ayer mismo terminé de releer por tercera vez, Vila-Matas vuelve a demostramos que literatura y realidad no están separadas: quizá la realidad sea tan dolorosa que necesite un tamiz para soportarla; quizá ese tamiz perfecto sea la literatura, y quizá sea cierto que como Vila­-Matas ha creado alrededor de sí tantos personajes e historias y sus novelas tienen tan fuerte componente autobiográfico, le cuesta marcar fronteras entre la ficción y lo real. Probablemente, y tal como proponía Montano, tales fronteras no existan o sean del todo inútiles.</div>
<div><span style="color:#ffffff;">-</span></div>
<div>La singularidad del autor dentro de la narrativa actual vuelve a demostrarse con este libro: a la hora de novelar su autobiografia parcial, deja tan aturdido al lector con estos límites, que uno sólo puede intuir el vacío o la materia que hay detrás de cada palabra. Sin embargo, ¿estamos seguros de que sea una au­obiografia? ¿Qué clase de libro es «París no se acaba nunca»?</div>
<div><span style="color:#ffffff;">-</span></div>
<div>Vila-Matas no necesita escribir una autobiografia: en cada uno de sus libros hay retratada una obsesión propia del autor, de la cual trata de liberarse publicándola; sólo hay que ir reuniendo con paciencia sus libros para, en el lejano momento de su muerte, agruparlas alrededor del vacío, en el lugar mismo de la fiesta. Y todo lo que en los libros quede fuera de esas obsesiones es la verdadera biografia de Vila-Matas.</div>
<div><span style="color:#ffffff;">-</span></div>
<div><strong><em>O. M.</em></strong></div>
</div>]]></content:encoded>
</item>

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