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	<title>haia-una-vez-un-circo &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
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	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "haia-una-vez-un-circo"</description>
	<pubDate>Thu, 03 Dec 2009 20:17:14 +0000</pubDate>

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<title><![CDATA[Música para filosofar]]></title>
<link>http://elduendedelaradio.com/2007/12/29/musica-para-filosofar/</link>
<pubDate>Sat, 29 Dec 2007 09:56:31 +0000</pubDate>
<dc:creator>El Duende de la Radio</dc:creator>
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<description><![CDATA[ En cuarenta y ocho horas ya estará sonando el concierto más esperado del año. En el Musikverein de ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p> En cuarenta y ocho horas ya estará sonando el concierto más esperado del año. En el <b><i>Musikverein</i></b><i> </i>de <b>Viena</b> su brillante y machista <b>Filarmónica</b> -sólo dos mujeres en una formación amplísima, y aún así hubo reparos para admitirlas- interpretará las consabidas polkas y valses de los múltiples <b>Strauss</b> y de los <b>Offembach</b>, <b>Lehar</b>, <b>Suppé</b>&#8230;Música perfumada como un bombón de licor.</p>
<p> Al Duende le parece un concierto empalagoso y tontorrón, pero reconoce que es un prejuicio envidioso. A él, como a muchos, le hubiera encantado dirigir una gran orquesta sinfónica, y nunca pudo. Cuando <b>Edward Heath</b>, amante de la vela y de la música clásica,  era primer ministro, se dio el gustazo de tomar la batuta y ponerse un día al frente de la <b>Sinfónica de Londres</b>. El Duende, casi imberbe,  y sin la fama, la influencia y la batuta del <i>premier </i>inglés,  se tenía que conformar con robar un largo macarrón de la despensa de su casa y modular con él para sí mismo lo que ponía en el pikú. La obertura <b><i>Egmont </i></b>y la <b><i>Quinta sinfonía </i></b> de <b>Beethoven</b> eran su programa favorito: se los sabía de memoria, y no fallaba en una sola entrada. Se sentía un excelente director de orquesta. Sin duda por ignorancia, ahora cree que sería capaz de dirigir ese famoso concierto que la Filarmónica de Viena toca como quien lava. </p>
<p>Sin embargo sólo lo sigue si le sorprende tomando un café en un bar o en la casa de un amigo. No lo busca, porqie le parece sólo un sonido de referencia.<b> </b>A la Navidad la anuncian los <b>Niños de san Ildefonso</b>, con ese tradicional sonsonete de la <b>Lotería de Navidad</b> que el Duende odia desde niño (nunca le dejó un duro, y  además le impidió escuchar la radio normal ese día. Sólo hay una tradición radiofónica más estólida, que es la retransmisión de los encierros de los <b>Sanfermines</b>). Al  Año Nuevo lo saludan los compases majestuosos de la orquesta más cara del mundo. La legión de japoneses que llena buena parte de la sala es feliz: aplaude la consabida <b><i>marcha Radezky</i></b> como los niños de nuestra tele jaleaban a <b>Gaby, Fofó y Miliki</b> cuando cantaban <b><i>Había una vez un circo. </i></b>Los ilustres profesores, normalmente tiesos y engreídos, les siguen el juego: hacen dos o tres chorraditas, felicitan el año a coro, venden un montón de CD y se forran ante los ojos de medio mundo. Y el maestro que los dirige, nomalmente una estrella deslumbrante del <i>star system </i>sinfónico, se consagra como uno de los <b>Midas</b> de la música.</p>
<p>Y aquí la sorpresa del Duende. Siempre creyó que entre divos andaba el juego, y que tal privilegio sólo se otorga a un consagrado de fama mundial. Pero nunca te acostarás sin saber una cosa más: confiesa el Duende que no tenía ni idea de quién era <b>George Prêtre, </b>el director francés ya octogenario en quien ha recaído este año el honor hiperbólico de encandilar a medio mundo con la música vienesa. <b>Woody Allen </b>tituló un libro suyo <b><i>Cómo acabar de una vez por todas con la cultura. </i></b>Y el polvoriento sabio que fuera <b>Marcelino Menéndez Pelayo </b>decía que la mayor pena de tenerse que morir es que siempre le quedan a uno muchas cosas por leer. Tenían razón. Qué desasosiego no abarcar nunca el mínimo  para considerarse un hombre ilustrado. Qué sinvivir.</p>
<p>Tampoco conocía el Duende el original espectáculo <b>Música y excusas </b>que el tenor <b>Enrique Viana</b>  se monta con  su voz y su arte, un piano virtuoso que le acompaña y textos de propia <b>Minerva</b>. Es una mezcla de ingeniososos monólogos de vanguardia trufados por arias belcantistas que desarrolla en hora y media de desparpajo y refinamiento musical. Muy recomendable.  El Duende lo disfrutó ayer, y sólo pudo llenar una de las miles de lagunas culturales genera diariamente esta sociedad tan inquieta. Lo que yo te diga, Woody. El talento creador, que no para, y que siempre le pilla a uno medio dormido y con estos pelos.    <i></i></p>
</div>]]></content:encoded>
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