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	<title>iorella-faltoyano &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
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	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "iorella-faltoyano"</description>
	<pubDate>Fri, 04 Dec 2009 07:26:18 +0000</pubDate>

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<title><![CDATA[El amigo que estaba loco por el cine]]></title>
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<pubDate>Thu, 06 Dec 2007 08:24:58 +0000</pubDate>
<dc:creator>El Duende de la Radio</dc:creator>
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<description><![CDATA[ Se habían llegado no se si las mañanas o el tranvía de Olga a Logroño para hacer allí el programa c]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p> Se habían llegado no se si <em>las mañanas</em> o <em>el tranvía de Olga </em>a <strong>Logroño</strong> para hacer allí el programa cuando se percató el Duende de que entre los invitados estaba la actriz <strong>Fiorella Faltoyano</strong>, ya fichada en la sección Imborrables de su memoria desde aquella turbadora ducha que se da con <strong>José Sacristán</strong> en <strong><em>Asignatura pendiente</em></strong><em>. </em>Fiorella no es una estrella deslumbrante, pero sí tiene el encanto de la  mujer de muy buen ver que te puedes encontrar como vecina del piso de al lado, cosa que no ocurre con <strong>Michelle Pfeiffer </strong>o <strong>Nicole Kidman</strong>, que normalmente viven en <strong>Santa Mónica</strong>, en <strong>Malibú</strong> o en los <strong>apartamentos Dakota de Nueva York</strong>. O sea, lejos de la vida del Duende.</p>
<p> Se presentó éste como discreto admirador de Fiorella, y se quedó literalmente estupefacto cuando ella le dijo no sólo que ya le conocía, sino que traía muchos y afectuosos recuerdos para él del padre Cayo. El padre <strong>Cayo Fernández de Gamboa</strong> era un sacerdote marianista con aspecto de sargento de la <strong>Wermacht</strong>. Rubio, alto y fuerte, nos daba clase de latín en el colegio. El padre Cayo estaba algo duro de oído, y era arriesgado confesarse con él. Como profesional competente, no absolvía sin conocer el pecado, y para un tímido como el Duende era un trago vocear las debilidades de la carne ante la mirada expectante y las risas contenidas de sus rijosos compañeros. <em>¡Más alto!-</em>reclamaba el confesor- <em>¡Diga más alto!</em> Uno de esos compañeros era <strong>Fernando Méndez-Leite, </strong>un excelente amigo con ciertas peculiaridades. Fernando llevaba un cuaderno donde ponía semanalmente a toda la clase notas de amistad. <em>Figuerola -</em>me decía- <em>esta semana tienes un ocho, por haberme prestado los apuntes. </em>Eso le daba a uno mucha moral. La otra originalidad de Fernando era su pasión por el cine, heredada de su padre. No sólo se conocía el cuadro técnico y el reparto de todas las películas estrenadas, sino que además gustaba de recitar lo que él llamaba <em>el ciclo evlutivo</em><strong> </strong>de cada una de ellas.</p>
<p>Había entonces tres categorías en las salas de cine. De estreno, de reestreno y de barrio. Las películas se estrenaban primero y luego pasaban a cines de la misma cadena pero de  menos nivel y más baratos. Por ejemplo, le preguntabas a Fernando por <em>el ciclo evolutivo de <strong>Ben Hur, </strong></em>y él tiraba de erudición y recitaba como un lorito. Estreno: <strong>Palacio de la Música. Reestreno. Bilbao, Vergara, Bellas Artes, Odeón, Lido</strong>&#8230;A él le encantaba parecer tan sabio. Realmente, necesitábamos muy poco para sentirnos  algo.</p>
<p>Pero aquel precoz cinéfilo era además conocido por su desaliño, su torpeza en los andares y su aversión al deporte. Y aquello le granjeó -ya se sabe lo poco caritativos que son los niños- el apodo de <em>la Pava. </em>Bueno, pues era <em>la Pava</em> el que le había contado a Fiorella que ese Duende de la radio era su compañero de colegio, y que ambos sufrimos al padre Cayo. Sin embargo, no le había contado a su amigo lo que hubiera inhabilitado para siempre su viejo apodo. Sería muy feo, muy torpe y muy pava, sí, pero lleva diez años de pareja de Fiorella Faltoyano. Un logro más de su apasionada afición al cine.</p>
<p>Estas mañanas soleadas de diciembe invitan a pasear por el centro de Madrid. Ayer el Duende entró en su programa desde el <strong>Senado</strong>, que celebraba jornada de puertas abiertas. Y después brujuleó por la <strong>Plaza Mayor</strong> y sus aledaños, viendo figuritas de nacimiento y observando el bullicioso tráfago que presagia un largo puente. A las puertas del <strong>Teatro Albéniz</strong>, junto al establecimiento que presenta los mejores nacimientos napolitanos que se venden en Madrid, estaba Fernando fumándose un puro. Ahora es profesor de la <strong>Escuela de Cine</strong>, y dirige teatro. Estrenaban <strong><em>Agnes de Dios</em></strong><em>, </em>de <strong>John Pielmeier</strong>, un drama del que se ya se hizo una película,y que interpretan Fiorella, <strong>Cristina Higueras</strong> y <strong>Ruth Salas</strong>. Nos saludamos afectuosamente, recordando el encuentro en Logroño bajo la advocación del padre Cayo. La vida, tan imprevisible y estimulante. Me invitó a ver la obra, que ha adaptado y dirigido con mucho cariño. Bromeamos con la suerte. La suya, de haber dado con Fiorella. Y la del Duende, que es seguir conservando tantos amigos y con tan nutrido anecdotario. </p>
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