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	<title>kanu-bannerjee &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
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	<pubDate>Tue, 08 Dec 2009 18:48:39 +0000</pubDate>

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<title><![CDATA[Cine en serie - Aparajito (El invencible)]]></title>
<link>http://39escalones.wordpress.com/2009/03/02/cine-en-serie-aparajito-el-invencible/</link>
<pubDate>Mon, 02 Mar 2009 00:01:04 +0000</pubDate>
<dc:creator>39escalones</dc:creator>
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<description><![CDATA[EL AUTÉNTICO CINE INDIO (III) Segunda parte de la llamada trilogía de Apu de Satyajit Ray, Aparajito]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><img src="http://39escalones.wordpress.com/files/2009/02/aparajito.jpg" alt="aparajito" title="aparajito" width="373" height="280" class="aligncenter size-full wp-image-2085" /></p>
<p>EL AUTÉNTICO CINE INDIO (III)</p>
<p>Segunda parte de la llamada trilogía de Apu de Satyajit Ray, <em>Aparajito</em> (<em>El invencible</em>), proporcionó a su director el León de Oro en el Festival de Venecia de 1957. Si en la primera parte, vencedora en Cannes, Ray presentaba la desigual lucha por la supervivencia entre campo y ciudad, e incluso dentro de ésta, en esta segunda entrega la lucha continúa, aunque esta vez Ray nos ofrece la solución: no hay vencedor, no puede haberlo. El joven Apu (Pinaki Sengupta) y su familia viven en la ciudad sagrada de Benarés, enorme urbe que ha crecido demográficamente durante siglos gracias a la atracción espiritual y, como consecuencia también económica, que supone el obligatorio baño en las aguas del Ganges a su paso por las escalinatas de los templos de la ciudad y la afluencia masiva de ciudadanos hindúes para cumplir con los preceptos religiosos. Así, cientos de personas sin formación alguna ni tendencia real hacia lo religioso sobreviven fingiendo una santidad o una dedicación a lo espiritual que no es más que una forma de ganarse la vida. El padre de Apu (Kanu Bannerjee) es uno de ellos, un sacerdote ordenado por sí mismo que oficia y da consuelo a los visitantes del río y que sobrevive junto a su familia gracias a las dádivas de éstos.</p>
<p>Apu, en cambio, es de otra pasta. Una vez desaparecida su nostalgia por la derruida aldea y con el recuerdo de su hermana y la tía fallecidas enterrado en las profundidades de su dolor, se deja imbuir por el color, los olores y los sonidos de la gran ciudad. Mientras su padre pasa horas junto al río, Apu transita por mercados, plazas, callejones, puestos ambulantes, templos, murallas, descampados. Apu queda fascinado por lo que encuentra, por el mundo que hay más allá de los muros del ghetto en que vive. La aldea no es más que un espejismo del pasado, un origen incierto que poco a poco va borrándose de su memoria. Sin embargo, la repentina muerte del padre a causa de unas fiebres contraídas por la suciedad de las aguas, la imposibilidad de seguir viviendo en la ciudad obliga a la madre de Apu (Karuna Bannerjee) a hacer volver a la familia a un pueblo que ya no es el suyo. Apu se rebela, la aldea se le queda pequeña tras haber conocido las tentaciones de la gran ciudad, y el maestro local, que malvive enseñando a los pocos jóvenes que no han emigrado o han muerto de hambre, anima al joven a estudiar y a labrarse un futuro mejor. Apu conseguirá una beca para trasladarse a estudiar a Calcuta, y allí olvida a su familia, su casa y su pueblo. Su madre, enferma de muerte, no avisa de su situación al joven por no dispersar su atención de sus estudios, y muere sola, abandonada. Cuando Apu regresa al pueblo advertido de ello por un tío suyo, rompe definitivamente con la tradición y apuesta por la modernidad: renuncia a seguir la carrera de su padre como sacerdote y vuelve a Calcuta a proseguir sus estudios.<br />
<!--more--></p>
<p>Esta segunda película es la que realmente vertebra la trilogía. En ella tiene lugar el cambio de intérprete que da vida a Apu (de Pinaki Sengupta a Smaran Ghosal) y también supone el triunfo de la ciudad, de la vida moderna y agitada de un gran conglomerado urbano, sobre la vida rural dominada por la apatía, la resignación y la tradición religiosa. El crecimiento de Apu, su madurez, se liga así al desarrollo urbano. La ciudad es el futuro (no sólo para Apu, sino para el país), y el olvido progresivo e inevitable del joven con respecto a su pueblo y su familia es fácilmente interpretable en el mismo sentido: supone el abandono de la tradición, de la superstición y de la exposición a los rigores del clima como árbitros de la propia subsistencia como mecanismos que rigen el destino, y la aceptación de la propia autonomía como único criterio con el que intentar salir adelante. La división de Apu, ya desde la primera película, entre esos dos mundos contradictorios (tradición y modernidad, pueblo y ciudad, religión y laicismo, espíritu y libertad), termina derivando aquí a una victoria total del futuro. La urbe se identifica con el progreso, el pueblo con el pasado, con el punto de partida. Pero Ray no pretende olvidar, hacer tabla rasa: en cada momento en que Apu dude, cuando le pueda la desesperación o las dificultades, será el recuerdo de los suyos y el de su mísera aldea el que le dé claves para enfrentarse a los problemas, el que le dé fuerzas para encarar los reveses y salir airoso.</p>
<p>El poder de la mirada de Ray es emocionalmente devastador. En esta segunda parte incide en las mismas virtudes de su predecesora: gran belleza estética, lirismo combinado con crítica social, utilización magistral de silencios y rostros como muda expresión de emociones, gritos callados de desesperación o susurros de amor y esperanza que contrastan con el apabullante terremoto de sensaciones que es la mezcla de millones de vertiginosas vidas en un espacio relativamente reducido, una atención que se dirige al detalle, al gesto, a los ojos a punto de desbordarse, a la frustración manifestada en unos brazos caídos, al dolor de una madre moribunda que cuenta el silbido de los trenes que pasan cerca del pueblo esperando aquel en el que viaja su hijo para verla por última vez. Las mariposas que bailan en silencio en la oscuridad mientras ella se pone en pie con sus últimas fuerzas para recibir al hijo que cree que acaba de bajarse del último tren pero que duerme plácidamente en la ciudad sin saber siquiera que ella va a morir es una hermosa imagen de advertencia: progresa, India, lucha, avanza, corre, vive, pero no olvides; no corras como pollo sin cabeza hacia un futuro improvisado construido sobre una mera acumulación de riqueza. Por el contrario, recuerda, piensa, siente, vuelve a tus raíces, busca en el pasado la brújula que te impida perderte en el viaje hacia el futuro.</p>
</div>]]></content:encoded>
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