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	<title>matias-prats-luque &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
	<link>http://en.wordpress.com/tag/matias-prats-luque/</link>
	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "matias-prats-luque"</description>
	<pubDate>Tue, 22 Dec 2009 22:30:31 +0000</pubDate>

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<title><![CDATA[Prats &amp; Prats]]></title>
<link>http://elduendedelaradio.com/2008/01/30/prats-prats/</link>
<pubDate>Wed, 30 Jan 2008 00:57:21 +0000</pubDate>
<dc:creator>El Duende de la Radio</dc:creator>
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<description><![CDATA[Erase una vez un Duende de siete añitos que las noches de invierno buscaba el calor en la chimenea d]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p align="center"><a href="http://elduendedelaradio.wordpress.com/files/2008/01/matias_prats.jpg" title="Matias Prats padre e hijo"><img src="http://elduendedelaradio.wordpress.com/files/2008/01/matias_prats.jpg" alt="Matias Prats padre e hijo" /></a></p>
<p>Erase una vez un Duende de siete añitos que las noches de invierno buscaba el calor en la chimenea de la casa de Jacinto. Jacinto guardaba la finca de la abuela del Duende, que fue señora de buen pasar, pero que pasó del todo antes de que naciera el Duende. Murió en 1943, y su nieto sólo la conoció en una foto enmarcada en terciopelo que descansaba encima del piano.  Su finca era preciosa. Sólo tenía la pega de pertenecer a muchos herederos sin el buen pasar de la Yaya. Eran otros tiempos. Un año se pifiaba la montanera. Al siguiente, el algodón. Después el tabaco. Luego las vacas. A continuación los melones, y las fresas. Entre medias, las sequías, varios ingenieros agrónomos en la familia, inversiones en maquinaria, los créditos de la caja de ahorros correspondiente y la muerte lenta de la explotación tradicional. Alguien dijo que si no se acababa con la finca se acabaría con la familia. Se vendió la finca y la familia, acostumbrada a encontrarse allí, se disolvió. Lo que más les unía era aquel campo de encinas tomillos y un buen regadío orillando el río <b>Tiétar</b>, con el <b>pico Almanzor</b> vigilando al fondo. El Duende entendió entonces el significado de los versos de <b>Machado</b>: todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar.</p>
<p>Pasaba el Duende, como decía, muchas horas en la casa de Jacinto. Y sentado en el escaño junto al hogar, imitaba las retransmisiones de Matías Prats, que para Jacinto era como la voz de <b>Jehová</b> sonando en un viejo receptor protegido por cortinillas. Se lo celebraban tanto como ahora el <strong>Candil</strong> festeja a la <b>Clamores</b>. Matías Prats era amigo y compañero del padre del Duende. Llamaba a casa a la hora de la siesta preguntando por él y le decían que había salido. <b>Matías Prats Cañete</b> -el hombre que un día, retransmitiendo una corrida, al ver que el toro había saltado al callejón dijo que había salido fuera de banda- no se inmutaba. Está bien -ironizaba- Cuando se despierte le dicen que me llame. Matías Prats, aparte de su excelente escuela, le transmitió a su hijo homónimo el sentido del humor.</p>
<p><b>Matías Prats Luque</b> que era hasta hace unos años hijo de una leyenda, ha pasado a ser leyenda él mismo. Rara cosa en esto de la comunicación, donde resistir más de un año roza la epopeya y el éxito aburre hasta a quien se forra con ello. Matías Prats es periodista, como su padre, y posee una voz magnífica, como su padre. Pero además ha cumplido siete mil informativos en la tele. No provoca los mismos desmayos que. <b>Clooney</b> o <b>Javier Bardem</b>, pero tampoco conoce el Duende a nadie que le denueste, lo que en este país apasionado donde las flores se cruzan con las dagas voladoras es casi milagroso. Siempre bien vestido, correcto, pulcro y contenido en sus expresiones, controla perfectamente desde la emoción al sentido del humor, que administra con mesura para proteger su credibilidad. La gente, que a veces simplifica, suele creer que lo serio necesita ser pelín aburrido. Fuera del plató, Matías no lo es en absoluto. El Duende ha compartido con él bolos y puede dar fe de que podría ser un excelente actor de comedia. Probablemente en su fondo de armario guarda un batín tan elegante como el <b>Cary Grant</b> o <b>David Niven</b>.</p>
<p>El Duende querría imitarle ahora, como hacía antaño con su padre. Quisiera hablar como él, sin alharacas ni artificios, sin impostaciones ni sobreactuaciones. Y ser familiar para todos. Hace años, una señora se prendó de Matías de tal forma que, sin conocerle más que del televisor, le nombró su heredero universal. El Duende no aspira a tanto, y se conformaría con el legado de un pollino, una cuba de vino, un sillón de barbería, un futbolín donde gane el <b>Atleti</b> o un balcón en el <b>Albaicín</b>.</p>
<p> Y si no le dejan nada, que le quieran casi tanto como queremos a Matías. Enhorabuena, amigo. ¿Sabes lo último? <b>San Pedro</b> está invirtiendo la leyenda. Y dice que la fama de aquél cordobés socarrón de gafas negras y fino bigote no le viene de radiar el gol de <b>Zarra</b>, sino de ser el padre de <b>Matías Prats Luque</b>.  </p>
</div>]]></content:encoded>
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