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	<title>novela-rusa &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
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	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "novela-rusa"</description>
	<pubDate>Mon, 07 Dec 2009 16:27:23 +0000</pubDate>

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<title><![CDATA[GÓGOL  Y    SAN   PETERSBURGO]]></title>
<link>http://misiglo.wordpress.com/2009/04/01/gogol-y-san-petersburgo/</link>
<pubDate>Wed, 01 Apr 2009 13:25:37 +0000</pubDate>
<dc:creator>jjulio</dc:creator>
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<description><![CDATA[  &#8220;¿Qué fascinó a Gógol en San Petersburgo? &#8211; se pregunta Nabokov en su gran monografía ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p> </p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-6862" title="gogol-1-filmplusorg" src="http://misiglo.wordpress.com/files/2009/04/gogol-1-filmplusorg.gif" alt="gogol-1-filmplusorg" width="300" height="512" /></p>
<p>&#8220;¿Qué fascinó a <strong>Gógol</strong> en <strong>San Petersburgo</strong>? &#8211; se pregunta <strong>Nabokov </strong>en su gran monografía sobre el escritor ruso(<em>Littera).-</em> Los numerosos letreros de tiendas. ¿Qué más? El hecho de que los transeuntes hablasen solos y &#8220;gesticulasen en voz baja&#8221; mientras caminaban. A quienes gusten investigar este tipo de cosas puede resultarles interesante descubrir el tema de los letreros de tiendas profusamente expuesto en sus últimas obras y a los transeúntes que hablaban entre dientes en el personaje de <strong>Akaki Akákievich</strong> de &#8220;<strong>El abrigo</strong>&#8220;. Estas conexiones son un poco demasiado fáciles y, por ello, probablemente falsas&#8221;.</p>
<p><em>Hoy, que se celebra el bicentenario del nacimiento de</em> <strong>Nikolái Gógol</strong> , <em>venido al mundo</em> <em>el 1 de abril de 1809 en la luminosa ciudad</em> <em>mercantil de</em><strong> Sorochintzy</strong>, <em>provincia de</em> <strong>Poltava</strong>, <strong>Pequeña Rusia</strong>, <em>releo aquellos paseos de este</em> <em>escritor del que ya hablé hace meses</em> en <a href="http://misiglo.wordpress.com/2008/07/28/la-nariz-de-gogol/"><strong>Mi Siglo</strong> </a> aludiendo a su asombroso relato &#8220;<strong>La nariz</strong>&#8220;. &#8221;Las impresiones &#8211; <em>recuerda </em><strong>Nabokov</strong>- no hacen buenos escritores; los buenos escritores se las inventan en su juventud y después las utilizan como si hubiesen sido reales en un principio. Los letreros de las tiendas del <strong>San Petersburgo</strong> de finales de los años veinte fueron pintados y multiplicados por el propio <strong>Gógol</strong> en sus cartas con el fin de transmitir a su madre &#8211; y tal vez a su propia imaginación &#8211; el significado simbólico de la &#8220;capital&#8221; en contraposición a las &#8220;ciudades de provincias&#8221; que ella conocía. (&#8230;)<img class="aligncenter size-full wp-image-6881" title="gogol-3-por-tullio-pericoli" src="http://misiglo.wordpress.com/files/2009/04/gogol-3-por-tullio-pericoli.png" alt="gogol-3-por-tullio-pericoli" width="462" height="719" /></p>
<p> Las murmuraciones de los transeúntes eran de nuevo simbólicas; esta vez, un efecto auditivo cuyo propósito era el de reproducir la febril soledad de un pobre hombre en una muchedumbre opulenta. Era <strong>Gógol</strong>, y sólo <strong>Gógo</strong>l, el que hablaba solo mientras caminaba, pero el monólogo era repetido como un eco y multiplicado por las sombras de su mente. Pasando, por así decirlo, a través del temperamento de <strong>Gógol, San</strong> <strong>Petersburgo</strong> adquirió una reputación de rareza que mantuvo durante casi un siglo, perdiéndola cuando dejó de ser la capital de un imperio (&#8230;) Su auténtica rareza, sin embargo, quedaba demostrada y expuesta cuando un hombre como <strong>Gógol </strong>caminaba por la <strong>Avenida Nevski</strong>.(&#8230;) <strong>Gógol,</strong> el ventrílocuo, tampoco era del todo real. Como un colegial caminaba con perversa perseverancia por el lado equivocado de la calle, llevaba el zapato derecho puesto en el pie izquierdo, emitía sonidos matutinos de patio en medio de la noche y distribuía los muebles de su habitación de acuerdo con una especie de lógica de &#8220;<strong>Alicia a través del espejo</strong>&#8220;. No es de extrañar que<strong> San</strong> <strong>Petersburgo</strong> revelase su excentricidad cuando el ruso más raro de <strong>Rusia</strong> recorría sus calles&#8221;. <em>La ciudad vertía también su</em> <em>expresionismo en la prosa de</em> <strong>Gógol</strong>: &#8220;La acera pasaba a gran velocidad bajo él, los carruajes con sus veloces caballos parecían inmóviles, el puente se estiraba y se rompía en medio de su arco, había una casa puesta al revés, una garita de centinela se dirigía tambaleándose hacia él, y la alabarda del centinela junto con las letras doradas del letrero de una tienda y unas tijeras pintadas en él parecían brillar en la pestaña misma de su ojo&#8221;.</p>
<p><em>Así describía</em> <strong>Gógol San Petersburgo</strong> <em>y así la ciudad parecía mirarle a él.</em></p>
<p><em>(Imágenes: 1.-caricatura de Gógol.-filmplus.org/ 2.-caricatura de Gógol.-por Tullio Pericoli)</em></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[Sobre "La muerte de Iván Ilich" de León Tolstoi]]></title>
<link>http://heroesybatallas.wordpress.com/2008/05/29/sobre-la-muerte-de-ivan-ilich-de-leon-tolstoi/</link>
<pubDate>Thu, 29 May 2008 00:31:39 +0000</pubDate>
<dc:creator>condottierolvm</dc:creator>
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<description><![CDATA[Y se murió Iván Ilich.  Terminamos de leer la novela del escritor ruso ILeón Tolstoi la semana pasad]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Y se murió Iván Ilich.  Terminamos de leer la novela del escritor ruso ILeón Tolstoi la semana pasada y conocimos la historia de un hombre en el lecho de muerte.  Su muerte llegó un día en que aparentemente su carrera, su casa y su vida parecían funcionar a la perfección.  Tenía una nueva casa y la había transformado a su gusto y antojo (recuerden que aunque la mona se vista de seda&#8230;).</p>
<p>Pero un accidente se encargó de cambiar el rumbo de su perfecta vida.  Ahora, Iván Ilich estaba enfermo y con el paso de los días se percató que los dolores dificultaban su labor como juez; además de, su relación con esposa e hijos.  Iván Ilich así, se percata que su vida no era ni perfecta, ni feliz, y tampoco estaba completa.  Reconoce ahora que está a punto de morir y que no desea morir; que le teme a la muerte porque no ha disfrutado la vida.  Que desea luchar contra la muerte al verse abandonado por los 45 años que había vivido sin haber alcanzado la felicidad.</p>
<p>Porque si 45 años pasaron tan rápido para un juez exitoso, los últimos 3 meses que le quedan de vida durarán la eternidad.</p>
<p>La novela es uno de los clásicos rusos más importantes de la historia moderna, y es uno de los ejemplos del existencialismo ruso de la época de finales del siglo XIX.</p>
<p>Una obra recomendable y obligatoria para conocer al hombre, su historia y sus dilemas.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[Diario de un escritor.]]></title>
<link>http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2008/05/22/diario-de-un-escritor/</link>
<pubDate>Thu, 22 May 2008 13:40:01 +0000</pubDate>
<dc:creator>Alguien</dc:creator>
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<description><![CDATA[Entre los años 1873 y 1881, Fiódor Dostoievski, con su reputación ya bien asentada tras la publicaci]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><img class="alignleft" style="border:0 none;" src="http://www.agendadeprensa.com/cultural/links/65y.jpg" alt="" width="145" height="200" /><span style="font-size:10pt;font-family:Arial;">Entre los años 1873 y 1881, <strong><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fi%C3%B3dor_Dostoyevski" target="_blank">Fiódor Dostoievski</a></strong>, con su reputación ya bien asentada tras la publicación de algunas de sus obras más importantes (<strong><em>Crimen y Castigo</em></strong>, <strong><em>Los Demonio</em>s</strong>), vuelca en el periodismo una gran parte de sus energías, primero a través de colaboraciones en la revista “<em>El Ciudadano</em>”, de la que es además director, y posteriormente en entregas mensuales que él mismo edita. De todos estos textos, que se agruparon después de su muerte en forma de libro, junto con otros fragmentos periodísticos, con el título de “<strong><em>Diario de un escritor”</em></strong>, la edición de<em> Alba</em> recoge lo que más interés puede tener hoy para nosotros, con traducción, selección, introducción y notas de <strong>Víctor Gallego Ballestero</strong>. El libro contiene notas biográficas de la vida de su autor en Petersburgo, y nos muestra a un agudo cronista de la realidad rusa, preocupado, por ejemplo, por el maltrato a los niños o los conflictos psicológicos que afloran en algunos célebres procesos judiciales de aquellos años. Aunque la ideología conservadora que profesaba en esta época se transparenta en juicios destemplados y una defensa a ultranza de la autocracia, el genio del gran fabulador y diseccionador del alma humana desborda a cada paso esta visión simplista y nos regala la complejidad del mejor Dostoievski. La obra contiene además algunos geniales relatos cortos como <strong><em>Bobok</em></strong>, <strong><em>La mansa</em></strong> o <em><strong>E</strong><strong>l sueño</strong></em><strong> <em>de un hombre ridículo</em></strong>, y recuerdos y observaciones de gran interés sobre escritores rusos de la época.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-left:35.4pt;text-align:justify;"><span style="font-size:10pt;font-family:Georgia;">“La lengua es, sin discusión, la forma, el cuerpo y el envoltorio del pensamiento [...], y, por decirlo de algún modo, la palabra última y definitiva de la evolución orgánica. De donde se deduce que, cuanto más ricos sean los materiales y las formas que adquiero para expresar mi pensamiento, más feliz seré en la vida, más precisas y comprensibles serán mis razones tanto para mí mismo como para los demás, más facilidades tendré para dominar y vencer; podré decirme más rápidamente a mí mismo lo que quiero decir, lo expresaré con mayor profundidad y con mayor profundidad también comprenderé lo que quería decir; mi espíritu será más fuerte y más sereno y, por supuesto, seré más inteligente. [...] Ni que decir tiene que cuanto más rico, flexible y variado sea nuestro conocimiento de la lengua en que hemos decidido pensar, más facilidad, variedad y riqueza habrá en la expresión de nuestro pensamiento”.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:9pt;color:#333333;font-family:Arial;">© “Diario de un escritor” de Fiódor Dostoievski. Editorial Alba, Barcelona 2007</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size:9pt;font-family:Arial;">Ficha del libro │ <a href="http://www.albaeditorial.es/php/sl.php?shop.showprod&#38;numusr=7455%2F6751&#38;lang=1&#38;m=Eur&#38;ref=97884-84283546&#38;fldr=89" target="_blank">Editorial Alba</a></span></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[Vida y destino]]></title>
<link>http://eltigredecovaleda.wordpress.com/2007/12/13/vida-y-destino/</link>
<pubDate>Thu, 13 Dec 2007 17:31:35 +0000</pubDate>
<dc:creator>eltigredecovaleda</dc:creator>
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<description><![CDATA[Al pasado sábado terminé de leer las 1113 páginas de Vida y destino, la monumental novela del escrit]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><img class="alignright" alt="Portada de la novela" src="http://www.labitacoradeltigre.com/edu-images/vida_y_destino.jpg" />Al pasado sábado terminé de leer las 1113 páginas de <em>Vida y destino</em>, la monumental novela del escritor ruso (en realidad ucraniano) y judío Vasili Grossman. A pesar de que transcurre en un escenario histórico que por diversos motivos me resulta muy querido y que he frecuentado a lo largo de los años (véase, por ejemplo, mi <a title="Reseña de Stalingrado, de Antony Beevor, en Lengua en Secundaria" href="http://www.lenguaensecundaria.com/resenas/stalingr.shtml">reseña de <em>Stalingrado</em>, de Antony Beevor</a>), me ha costado bastante esfuerzo terminar el libro. Admito que en esta dificultad pueden haber influido mis malos hábitos, pues hace mucho que no leo una de esas novelas &#8220;totales&#8221;, al estilo de <em>Guerra y paz</em>, tantas veces comparada con la de Grossman. Por otra parte, soy muy consciente de que una obra de estas características no se puede abordar de cualquier manera, pues <em>Vida y destino</em> acoge de mala gana la mezcla con otras lecturas y exige del lector una atención y una disposición de ánimo que tal vez me ha faltado en ciertas ocasiones.</p>
<p>Con todo, creo que la de Grossman es una novela un tanto irregular. Es cierto que ello no disminuye en modo alguno su valor como testimonio, y que tampoco ha de afectar negativamente a la valoración de la novela desde la perspectiva de un historiador de la literatura, pero aunque sea indiscutible que la novela de Vasili Grossman contiene momentos sublimes, de una grandeza asombrosa y una intensidad emocional casi insoportable, también me parece evidente que en la inmensidad del relato (más de doscientos personajes y unos veinte escenarios distintos), hay algunos vacíos difíciles de llenar. Por ejemplo, las conexiones entre los personajes de esa enorme multitud literaria no siempre son tan sólidas como debieran, y la técnica narrativa, de una soltura y libertad admirables por muchos otros conceptos (no sé si la analogía estará un poco cogida por los pelos, pero me ha recordado al estilo de Baroja), puede llegar a causar cierto desconcierto en el lector.</p>
<p><!--more--></p>
<p>No se me oculta que tales reproches son semejantes a los que se han hecho a otros monumentos de la historia de la literatura universal (al <em>Quijote</em>, sin ir más lejos también se le han encontrado fallos de estructura, y no digamos de estilo), y no tengo ningua intención de insistir en ellos, pues <em>Vida y destino</em> es una novela que aplasta cualquier crítica que se le pueda hacer gracias a sus indiscutibles méritos: su enorme ambición literaria, las dimensiones colosales del mundo novelístico que retrata y, sobre todo, los admirables valores que definen la perspectiva adoptada por el autor para reflejar los atroces momentos históricos que tuvo que vivir.</p>
<p>Pues, en efecto, la enorme variedad de personajes, historias y escenarios que configura la novela cobra unidad por obra de una visión humanizadora, de una afirmación radical de esperanza y de confianza en la bondad del corazón humano. Habrá siempre sufrimiento y dolor, parece decirnos Grossman, pero en las peores circunstancias imaginables un corazón bondadoso sabrá imponerse a la crueldad generalizada y realizar una acción que salvaguarda la dignidad de la condición humana. En otro contexto, o si fueran otros su autor y la época en que se sitúa la acción novelística, podría parecer una perspectiva ilusoria e ingenua, pero los acontecimientos que se relatan en <em>Vida y destino</em> tienen lugar en medio de una de las carnicerías más despiadadas que ha conocido la especie humana, como parte de un episodio que muchos historiadores consideran crítico en el desarrollo de la historia contemporánea: <a title="La Batalla de Stalingrado, en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Stalingrado">la batalla de Stalingrado</a>, a orillas del Volga, entre junio de 1942 y febrero de 1943.</p>
<p>En realidad, la acción novelada se circunscribe a un período más breve, que comprende los momentos más encarnizados del combate, a partir del otoño de 1942 y hasta la caída del VI Ejército alemán de Von Paulus, cercado entre las ruinas de Stalingrado. Grossman conoció bien la implacable dureza de esa batalla, como cronista que fue del <em>Estrella Roja</em>, el periódico oficial del ejército soviético, así que su afirmación de la bondad como elemento esencial de la condición humana no tiene nada de ingenuo, y sí mucho de reivindicación apasionada. Es cierto que en muchos momentos de esta vibrante novela patriótica (pues también <em>Vida y destino</em> lo es), la esperanza en lo humano está asociada a los valores del sacrificio, la determinación y la capacidad de resistencia demostrados por el pueblo y los soldados soviéticos, capaces de vencer, casi <em>in extremis</em>, a la poderosísima maquinaria militar alemana, pero la intensidad emotiva y la expresividad de los episodios narrados por el autor les otorgan una representatividad universal.</p>
<p>Conviene precisar, no obstante, que <em>Vida y destino</em> no es una novela de guerra, y de hecho los escenarios bélicos ocupan una parte relativamente pequeña de su desarrollo. La mirada del autor abarca los campos de batalla (con secuencias realmente poderosas, de una intensidad narrativa admirable, en lugares que todo buen aficionado a la historia militar reconocerá, como el barranco Tsaritsa, la <a title="Colina Mamaev Kurgan en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mamaev_Kurgan">colina Mamaev Kurgan</a> o la fábrica Octubre Rojo), pero también las viviendas, las calles y los parques de varias ciudades rusas, las estepas calmucas en que las tropas de refresco soviéticas esperan la ocasión de entrar en batalla, los barracones y las cámaras de gas de los campos de exterminio nazi, los aeródromos de la aviación rusa, los <em><a title="Campos de concentración nazis en la Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Konzentrationslager">lager</a></em> alemanes destinados a los prisioneros de guerra, los campos de trabajo del <em><a title="Gulag en la Wikipedia (en inglés)" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Gulag">gulag</a></em> soviético en la taiga siberiana, la siniestra prisión moscovita de la Lubianka, etc. El sufrimiento, el hambre, la violencia y el dolor habitan en todos o en casi todos esos escenarios, pero también el coraje, la gallardía, la esperanza y, a menudo, unos signos de bondad inesperados y por ello mismo conmovedores: una campesina ucraniana que acoge en su isba a un prisionero ruso, medio muerto de hambre; una mujer de Stalingrado, enloquecida por el dolor, y aun así capaz de ofrecer un trozo de pan a un cautivo alemán; la médico militar Sofia Ósipovna Levinton, prisionera en un campo de exterminio, que en la inminencia de la muerte en las cámaras de gas siente por fin satisfechas sus ansias de maternidad en la compañía de un niño judío; Grékov, un valiente oficial soviético que, sabiendo que su posición es insostenible, permite que la joven telegrafista Katia Véngrova la abandone para reunirse con el hombre del que está enamorada.</p>
<p>Ninguno de los personajes de la novela está presente en la totalidad de los escenarios en que se desarrolla la historia. De hecho, ocurre más bien al contrario, pues la mayor parte de las vidas transcurren en uno o dos escenarios. Esta circunstancia, unida a la dispersión que impone la inmensa geografía rusa y a la abundancia de personajes (y hay que tener en cuenta, además, que la singular complejidad de los nombres rusos, con sus patronímicos y sus caraterísticas formas de enunciación, obliga al lector a un esfuerzo de atención suplementario), hace inevitable en ciertos momentos una sensación de fraccionamiento del universo narrativo. La unidad esencial del relato queda a salvo, no obstante, por la intrincada red de relaciones biográficas que se establece entre los personajes, lo cual permite que en torno a los miembros de la familia Sháposhnikov gravite una parte esencial de los acontecimientos de la novela.</p>
<p>Así, por ejemplo, Abarchuk, el primer marido de Liudmila Nikoláyevna Sháposhnikova, es uno de los internos del campo de trabajo ruso en Siberia; Nikolái Grigórievich Krímov, comisario del Ejército Rojo durante la batalla de Stalingrado, y posteriormente detenido y torturado en la prisión de Lubianka, estuvo casado con Yevguenia Nikoláyevna Sháposhnikova, a su vez amante del coronel Piotr Pávlovich Novíkov, uno de los héroes de la contraofensiva rusa en Stalingrado; Yevguenia, por otra parte, es amiga de la ya citada Sofia Ósipovna Levinton, que cayó prisionera junto a Mijaíl Sidórovich Mostovskói, preso en un campo de concentración alemán. Otra de las hermanas Sháposhnikov, Marusia, está casada con Stepán Fiódorovich Spiridónov, director de la central eléctrica de Stalingrado, y la hija de ambos, Vera Spiridónova, es la novia del teniente Víktorov, uno de los pilotos del escuadrón de cazas de la fuerza aérea rusa que se disponen a combatir contra la Luftwaffe. Por último, Seriozha Sháposhnikov, hijo de Dmitri Sháposhnikov, está destinado en el frente de Stalingrado, en una de las posiciones más peligrosas, allá donde Grékov y sus hombres se enfrentan a la aniquilación.</p>
<p>Esta decisión de organizar toda la estructura novelística en torno a la peripecia vital de un núcleo familiar responde a un evidente propósito de entroncar con la tradición literaria rusa (y a este respecto la mención de <em><a title="Guerra y paz en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_y_paz">Guerra y paz</a></em>, de <a title="León Tolstói en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Liev_Tolst%C3%B3i">León Tolstói</a>, resulta inevitable), pero también a una finalidad probablemente más esencial para su autor: la de captar y transmitir lo que significa para el ser humano individual, más allá de abstracciones y grandes principios históricos, el dolor y el sufrimiento de la guerra. A través de la perspectiva familiar y entrañable que adopta Grossman, al lector le es más fácil comprender la angustia de Liudmila ante la muerte de su hijo Tolia, la exhortación febril (&#8220;Vive, vive, vive siempre&#8230;&#8221;) con la que finaliza la carta de Anna Semiónovna a su hijo Vitia, y tantos otros episodios, teñidos de un patetismo que, más que a Tolstói, recuerda al admirable humanismo de <a title="Antón Chéjov en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ant%C3%B3n_Ch%C3%A9jov">Antón Chéjov</a>. No es casualidad, creo yo, que sea justamente Chéjov el escritor preferido en una novela donde hasta los soldados atrapados en las trincheras de Stalingrado entretienen sus ratos de ocio con discusiones sobre Balzac o Stendhal.</p>
<p>Lo familiar en <em>Vida y destino</em> es inseparable de lo cotidiano (digamos que es la forma más emotiva de lo cotidiano), y continuamente se manifiesta en el relato, incluso en los momentos de soledad y aislamiento de los personajes, a través de sus pensamientos y recuerdos, o bien mediante cartas y diversos testimonios y evocaciones de las conversaciones con amigos y parientes. La figura de la madre que abraza a su hijo, tan cara a la iconografía tradicional rusa de los iconos, aparece una y otra vez en algunos de los episodios más emocionantes de la novela, elevado a la categoría de símbolo de la bondad inherente a la naturaleza humana: la angustiosa búsqueda de Anatoli Sháposhnikov (Tolia) por parte de su madre, la carta que Anna Semiónovna dirige a su hijo, la pasión con la que Sofía Ósipovna Levinton acoge al niño judío en el trance final de la cámara de gas, el episodio de la mujer que cuida a un soldado alemán herido, uno de los miembros del mismo pelotón de ejecución destinado al exterminio de sus familiares. Este último episodio, que se narra en el capítulo 16 de la segunda parte de la novela, dentro del testimonio del &#8220;loco santo&#8221; Ikónnikov-Morzh, un interno del campo de prisioneros alemán, forma parte de uno de esos interludios reflexivos tan esenciales en la configuración del universo narrativo de <em>Vida y destino</em> y en la caracterización de las intenciones de su autor:</p>
<blockquote>
<p>Esa bondad, esa absurda bondad, es lo más humano que hay en el hombre, lo que le define, el logro más alto que puede alcanzar su alma. La vida no es el mal, nos dice.<br />
Esta bondad es muda y sin sentido. Es instintiva, ciega. Cuando la cristiandad le dio forma en el seno de las enseñanzas de los Padres de la Iglesia, comenzó a oscurecerse; su semilla se convirtió en cáscara. Es fuerte mientras es muda, inconsciente y sin sentido, mientras vive en la oscuridad viva del corazón humano, mientras no se convierte en instrumento y mercancía en manos de predicadores, mientras que su oro bruto no se acuña en moneda de santidad. Es sencilla como la vida. Incluso las enseñanzas de Jesús la privaron de su fuerza; su fuerza está en el silencio del corazón humano (p. 519).</p>
</blockquote>
<p>Aunque en una narración tan amplia y poblada sea difícil señalar protagonistas en sentido estricto, destaca entre todos los personajes la figura del físico teórico Víktor Pávlovich Shtrum, esposo de Liudmila, a quien la mayoría de comentaristas de la novela han considerado como reflejo del propio autor, con el que comparte rasgos biográficos de singular relieve: intelectual judío de formación científica, primero encumbrado por el régimen soviético y luego considerado sospechoso de actividades contrarrevolucionarias, Shtrum es un testigo privilegiado de la historia rusa de la época: conoce gracias a sus contactos muchas de las interioridades del poder soviético, tiene trato directo con sus autoridades (en un curioso episodio recibe una llamada telefónica del propio Stalin), se ve obligado a evacuar su centro de trabajo a causa del avance de las tropas alemanas sobre Moscú y pierde a su madre, Anna Semiónovna, a consecuencia de la limpieza étnica llevada a cabo por los nazis en tierras ucranianas, en una acción muy semejante a la que sufrió la propia madre de Vasili Grossman. Precisamente el capítulo 18 de la primera parte de la novela (pp. 94-110), narrado en forma de carta en la que la mujer se despide de su hijo al comprender el destino que le espera, es uno de los momentos más emotivos e impresionantes de una novela especialmente pródiga en ellos.</p>
<p>Independientemente de su condición de reflejo más o menos directo del autor, como criatura novelística Shtrum es un personaje interesantísimo. La omnisciencia que es el signo característico del narrador de <em>Vida y destino</em> cobra en el caso de Víktor Pávlovich todo su sentido, pues la novela analiza meticulosamente las ideas, pensamientos y emociones del físico. Para un hombre íntegro y honrado, pero al mismo tiempo tendente a la abstracción y muy pagado de sí mismo, que sabe cuán fácil es perder el favor de las autoridades soviéticas por un comentario de más, una frase imprudente o un chiste, los más nimios detalles de su relación con la familia y con los compañeros de trabajo son objeto de un finísimo escrutinio, que la novela refleja con gran precisión. En Shtrum (y, en menor medida, también en el personaje del comisario político Krímov) se advierte con claridad una dialéctica que recorre toda la novela: la confianza en los ideales originales de la Revolución, pero al mismo tiempo el rechazo a los abusos del autoritarismo y el poder aplastante del Estado, con episodios como las hambrunas ucranianas derivadas de la colectivización o la terrible represión del año 1937, obsesiones constantes en los pensamientos de Shtrum; la abierta contradicción existente entre el proclamado internacionalismo del sistema soviético y el creciente e insidioso antisemitismo de sus autoridades; por último, la esperanza patriótica en la victoria sobre el nazismo, pero al mismo tiempo el horror ante la represión de las purgas, las confesiones obtenidas por medio de la coacción y la tortura, y las condenas de &#8220;diez años sin derecho a correspondencia&#8221;, como eufemismo de las ejecuciones secretas.</p>
<p>He escrito &#8220;dialéctica&#8221;, pero también podría haber escrito &#8220;ambivalencia&#8221;, pues llama la atención no tanto el esfuerzo de Grossman por preservar los ideales de la Revolución rusa (posición perfectamente defendible, a mi modo de ver, desde el punto de vista personal de un hombre en su día comprometido con aquéllos), como la actitud un tanto ambigua ante la figura de Stalin, la cual, por cierto, no libró al autor del ostracismo ni de la censura ni de la incautación de casi todos los manuscritos de su novela tras la muerte del jerarca soviético y la condena de sus métodos en el célebre <a title="Discurso Secreto en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Discurso_Secreto">discurso secreto</a> que pronunció Nikita Jruschov, durante el <a title="XX Congreso del PCUS en la Wikipedia" href="http://es.wikipedia.org/wiki/XX_Congreso_del_PCUS">XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética</a> en 1956. En efecto, hay momentos en <em>Vida y destino</em> en que el lector puede tener la sensación de que las purgas del 37 o los desastres de la colectivización ocurrieron sin que Stalin o la jerarquía soviética parecieran haberse enterado de ello. Quizás la postura del autor sea entendible en su contexto (pues otra actitud hubiera sido propia de un suicida), o acaso tenga una explicación más compleja: al fin y al cabo, en la URSS de los años 1942-1943, la figura del <em>padrecito</em> Stalin fue un emblema galvanizador de la resistencia patriótica y del esfuerzo de guerra, y no hace falta recurrir a historiadores estalinistas para encontrar señales de admiración (el ya citado <em>Stalingrado</em> de Antony Beevor o el <em><a title="La guerra no estaba ganada de antemano" href="http://www.labitacoradeltigre.com/2005/08/05/la-guerra-no-estaba-ganada-de-antemano/">Por qué ganaron la guerra los aliados</a></em> de Richard Overy son ejemplos elocuentes) hacia la voluntad y determinación mostrada por el líder ruso en tales circunstancias.</p>
<p>Lecturas ideológicas al margen, hay un aspecto de la novela sobre el que difícilmente se puede discutir: el valor de la ficción narrativa creada por Vasili Grossman como instancia ordenadora de la realidad, que aporta una vía de conocimiento e interpretación tan valiosa (o quizás más, en ciertos aspectos) como las que puedan derivarse de la investigación histórica, el análisis económico o las especulaciones psicológicas en torno a los grandes protagonistas de los hechos que narra la novela. A este respecto, hay que destacar que el enfoque adoptado por el escritor para encuadrar la materia narrativa de <em>Vida y destino</em> -la particular mezcla de lo épico con lo cotidiano y lo doméstico, la valoración de las vidas y los destinos individuales por encima de los colectivos, el elogio de un vitalismo paradójico e indomeñable que sobrevive a las imposiciones totalitarias, el respeto hacia la dignidad del ser humano, sea un interno en los campos de trabajo siberianos, un famélico soldado alemán que se rinde a las tropas rusas, un heroico resistente de Stalingrado o un revolucionario de la primera hora, recluido en una celda de la Lubianka- constituye por sí mismo una forma de análisis e interpretación de la realidad, de la que se derivan consecuencias artísticas, morales e ideológicas muy profundas (y es evidente que el régimen soviético era perfectamente consciente de ello, como prueba la decisión con la que se aplicó al secuestro de los manuscritos de <em>Vida y destino</em>, para evitar que la novela pudiera verse publicada).</p>
<p>Pero es que además la novela, por vía de la omnisciencia narrativa que es una de sus señas de identidad más conspicuas, llega con la ficción a terrenos a los que jamás podría acercarse ninguna otra herramienta del conocimiento humano: por ejemplo, a la experiencia casi inconcebible de los prisioneros judíos en el interior de las cámaras de gas, en una larga e intensísima secuencia que constituye el momento culminante de la novela y uno de los episodios literarios más impresionantes que yo haya leído en mi vida. Me refiero, claro está, a los capítulos 46-49 de la segunda parte, aquellos que relatan el exterminio de un grupo de judíos en las cámaras de gas de Auschwitz, que tienen una intensidad emotiva irresistible y, al mismo tiempo, están narrados con una delicadeza y contención admirables. Así finaliza el capítulo 49:</p>
<blockquote>
<p>Sofia Ósipovna Levinton sintió el cuerpo del niño derrumbarse en sus brazos. Luego volvió a separarse de él. En las minas, cuando el aire se intoxica, son siempre las pequeñas criaturas, los pájaros y los ratones, las que mueren primero, y el niño con su cuerpecito de pájaro se había ido antes que ella.<br />
&#8220;Soy madre&#8221;, pensó.<br />
Ése fue su último pensamiento.<br />
Pero en su corazón todavía había vida: se comprimía, sufría, se compadecía de vosotros, tanto de los vivos como de los muertos. Sofia Ósipovna sintió náuseas. Presionó a David contra sí, ahora un muñeco, y murió, también muñeca (p. 707).</p>
</blockquote>
<p>Mientras leía este episodio, sentía una especie de vértigo emocional, una mezcla de horror y fascinación que se nota físicamente por todo el cuerpo y que deja la boca seca, las manos temblorosas y los ojos febriles. No siempre llega <em>Vida y destino</em> a semejante nivel de intensidad y capacidad de convicción, aunque tal vez haya que agradecérselo a su autor, porque de otro modo la lectura de la novela sería una experiencia traumática. Por esas páginas, y por tantas otras de esta inolvidable novela que es <em>Vida y destino</em>, el escritor ruso se merece un lugar de honor en la Historia de la Literatura, con mayúsculas.</p>
<p class="notasbib">Vasili Grossman, <em>Vida y destino</em>, Barcelona, Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores, 2007, 1113 páginas.</p>
<p class="adicional">Como he señalado a lo largo de la reseña, la novela ha sido objeto de encendidos elogios. Véanse, entre otras, las reseñas de <a title="Reseña de Vida y destino por Alejandro Gándara, en El Mundo" href="http://www.elmundo.es/elmundo/2007/09/28/escorpion/1190974371.html">Alejandro Gándara</a>, <a title="Reseña de Vida y destino, por Almudena Grandes, en ABC" href="http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=8126&#38;num=818&#38;sec=32">Almudena Grandes</a>, <a title="Reseña de Vida y destino, por Luis Fernando Moreno Claros, en El Pas-Babelia" href="http://www.elpais.com/articulo/semana/triunfo/libertad/elpepuculbab/20070922elpbabese_7/Tes">Luis Fernando Moreno Claros</a>, <a title="Reseña de Vida y destino, por Antonio Muñoz Molina, en Letras Libres" href="http://www.letraslibres.com/index.php?art=12503">Antonio Muñoz Molina</a> y <a title="Reseña de Vida y destino, por Rafael Narbona, en El Cultural" href="http://www.elcultural.es/HTML/20070920/LETRAS/LETRAS21225.asp">Rafael Narbona</a>.</p>
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