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	<title>penecas &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
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	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "penecas"</description>
	<pubDate>Wed, 02 Dec 2009 06:04:53 +0000</pubDate>

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<title><![CDATA[De cuando fuimos onomatopéyicos]]></title>
<link>http://ortegareyes.wordpress.com/2008/01/23/de-cuando-fuimos-onomatopeyicos/</link>
<pubDate>Wed, 23 Jan 2008 17:01:41 +0000</pubDate>
<dc:creator>ortegareyes</dc:creator>
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<description><![CDATA[Ahora se les llama universalmente “comics”; son materia de profundos estudios sociológicos, psicológ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="margin:0;" class="MsoNormal"><span style="font-family:Verdana;"><a rel="attachment wp-att-61" href="http://ortegareyes.wordpress.com/2008/01/23/de-cuando-fuimos-onomatopeyicos/portada-de-batman/" title="Portada de Batman"><img src="http://ortegareyes.wordpress.com/files/2008/01/comic-batama.jpg" alt="Portada de Batman" /></a></span></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p style="margin:0;" class="MsoNormal"><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;">Ahora se les llama universalmente “comics”; son materia de profundos estudios sociológicos, psicológicos y semiológicos; también son objeto de colección, subastándose algunos ejemplares en miles de dólares y son una fuente inagotable de inspiración para el cine. <span> </span>En fin, el comic se ha convertido en todo un fenómeno que ocupa la atención mundial.</span><span style="font-family:Verdana;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span><span style="font-family:Verdana;">Para quienes aprendimos a leer en los años cincuenta, este género tuvo un significado especial.<span>  </span>Era simplemente un refugio para encontrarnos con la fantasía, provocar sueños y conocer al héroe en el cual queríamos transformarnos.</span><span style="font-family:Verdana;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span><span style="font-family:Verdana;">Fue precisamente a mitad del siglo XX cuando la Editorial Novaro de México inició la producción y distribución de las versiones en español de los grandes comics norteamericanos.<span>  </span>Inicialmente esa editorial se manejaba bajo las denominaciones Ediciones Recreativas (ER) y Sociedad Editora Americana (SEA), fusionándose luego en la Editorial Novaro (EN).<span>  </span>La mayoría de sus ejemplares tenían la esquina superior izquierda en blanco y ahí ponían el emblema de la editorial, una estrella con ER, una bandera triangular con SEA y un águila con EN.<span>  </span>También competían en menor escala los comics de la Editorial La Prensa, también mexicana, cuyo logotipo era un león y a pesar de que tenían una menor calidad, sus títulos eran verdaderamente asombrosos.<span>  </span>En esos mismos años, el dibujante mexicano José G. Cruz fundó su propia editorial, incursionando en la producción de comics con gran éxito.</span><span style="font-family:Verdana;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span><span style="font-family:Verdana;">En Nicaragua, la librería del Dr. Ramiro Ramírez Valdez, que quedaba en la calle 15 de septiembre, comenzó a distribuir estos comics a todo el país, llevando la felicidad a miles de niños que esperaban como agua de mayo cada entrega de su serie preferida.</span><span style="font-family:Verdana;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span><span style="font-family:Verdana;">En Nicaragua, se les llegó a conocer como “paquines” “penecas” o “cuentos”.<span>  </span>El primer nombre puede haberse debido a una historieta que se produjo en México en los años cuarenta bajo el nombre de Paquín; aunque algunas personas porfían que se deriva del barbarismo fonético de pasquín.<span>  </span>Peneca por su parte era una revista Chilena para niños que se distribuía en pequeña escala en Nicaragua.<span>  </span>En San Marcos, no sé si en otras partes, se le conocía simplemente como “cuentos”.</span><span style="font-family:Verdana;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span><span style="font-family:Verdana;">En esos tiempos un cuento costaba un córdoba, que equivalía a una entrada al cine, sin embargo el primero podía leerse innumerables veces e incluso intercambiarse.<span>  </span>Era también la lectura preferida en las barberías; recuerdo que Chalo Vásquez tenía una antigua silla de barbero que servía de revistero a toda su colección disponible para los clientes.</span><span style="font-family:Verdana;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span><span style="font-family:Verdana;">Me gustaba mucho leer los cuentos de Tarzán, pues me intrigaba su capacidad de supervivencia en la selva y me impresionaban su amigos especialmente Tantor y mantenía la esperanza de algún día poder dominar su idioma: Kryga Tarzán Bundolo.<span>  </span>En cambio Superman me gustaba por sus contradicciones, un héroe invencible que podía ser fácilmente sometido con un pedazo de kriptonita verde y que tenía además un clon imperfecto: Bizarro y su mundo, que a veces pienso si nuestro país no se habrá convertido en él.<span>  </span>Batman con menos poderes pero con más ingenio y Robin su compañero de fórmula. El Llanero Solitario el gran justiciero y su inseparable amigo que en la versión en español salió ganando pues de Tonto pasó a Toro, el Llanero era un héroe tan noble que disparaba balas de plata y sólo acertaba a darles a los pillos en las manos. <span> </span>Red Ryder campeón en recibir golpes contundentes en la cabeza y a quien en la época actual más de alguna ONG lo hubiera quemado vivo por su relación con Castorcito. <span> </span>Roy Rogers era ameno pero definitivamente era más emocionante en el cine. Al inicio eran interesantes las aventuras del Halcón Negro y su equipo multinacional, incluyendo al simpático Chop Chop, sin embargo al adoptarlo Novaro lo cambió al Halcón de Oro y lo encasilló en la ciencia ficción, perdiendo su espíritu.<span>  </span></span><span style="font-family:Verdana;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span><span style="font-family:Verdana;">Otros títulos que leía eran La Pequeña Lulú y el famoso club de Tobi, Lorenzo y Pepita, El Conejo de la Suerte, La Zorra y el Cuervo, que tenía un anexo llamado Tito y su Burrito, Domingos Alegres, Cuentos de Misterio, Relatos Fabulosos, Fantomas. Julio Jordán el Detective Marciano, Daniel el Travieso, Flash, Clásicos Ilustrados, El asombroso Hombre Araña, Dientes y Orejas, Héroes del Oeste.</span><span style="font-family:Verdana;"> </span><span style="font-family:Verdana;">También leía, aunque no con tanta afición, Archie y sus amigos, Marvila, Relatos Fabulosos, Periquita, Tristán Tristón que era un soldado siempre metido en problemas.<span>  </span>Había otros que no me gustaban como Titanes Planetarios y los que por principios ningún muchacho leía, como Susy Secretos del Corazón, Confesiones de Amor y Romances Juveniles. <span> </span></span><span style="font-family:Verdana;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span><span style="font-family:Verdana;">Un caso especial era Santo el Enmascarado de Plata, de José G. Cruz, que venía en otro formato, como el del Readers Digest pero más voluminoso, más caro, de color sepia y cuyo mayor atractivo era el concurso de dibujos del Santo, cuyos ganadores se hacían acreedores de una máscara igual a la del personaje.</span><span style="font-family:Verdana;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span><span style="font-family:Verdana;">Algunos padres de familia restringían y en ciertos casos prohibían a sus hijos la lectura de estos cuentos.<span>  </span>Mi padre nunca me limitó la lectura de este género, sin embargo me animaba para que mi libro de cabecera fuera Corazón, de Edmundo de Amicis y hasta me había prestado su ejemplar, encuadernado elegantemente para él con su nombre en letras doradas en la portada.<span>  </span>En ese tiempo yo prefería ir de Metrópolis a Ciudad Gótica que de los Apeninos a los Andes.</span><span style="font-family:Verdana;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span><span style="font-family:Verdana;">En los años sesenta, mis hermanos Oswaldo y Ovidio se me unieron en la afición de leer cuentos y el flujo de títulos en la casa aumentó considerablemente.<span>  </span><span> </span>En esa época la editorial Novaro sacó una colección propia de series interesantes y educativas como Vidas Ilustres, Vidas Ejemplares, Mujeres Célebres, Leyendas de América, Epopeya, Aventuras de la Vida Real, todavía recuerdo los títulos de Lope de Vega, Luis Pasteur, Leona Vicario y Marie Curie.<span>  </span>También salieron unos títulos que venían en un color sepia, el Monje Loco y Tradiciones y Leyendas de la Colonia, cuyo número de Martín Garatuza nos lo aprendimos de memoria.<span>  </span>También apareció la colección de Viruta y Capulina que nos gustaba por los dicharachos que utilizaba.<span>  </span>De la colección de José G. Cruz, nos gustaban el Valiente y Juan sin Miedo.<span>  </span>También apareció Condorito, quien llevaba muchos años en Chile.<span>  </span>Otro héroe que causó sensación en los años sesenta fue Chanoc y su padrino Tsekub Bayolán, quien no se despegaba su botella de Calabar, compitiendo mano a mano con la serie de Hermelinda Linda y Aniceto Verduzco y Platanales.</span><span style="font-family:Verdana;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span><span style="font-family:Verdana;">El final de mi etapa de afición por los cuentos estuvo marcado por la aparición de Los Supermachos y Los Agachados de Rius, que con su humor crítico y mordaz nos encaminó hacia ese nuevo género.</span><span style="font-family:Verdana;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span><span style="font-family:Verdana;">No cabe duda que la influencia en nuestras vidas de parte de la lectura de los cuentos fue importante, además de propiciar nuestra creatividad, nos amplió considerablemente nuestro conocimiento y vocabulario.<span>  </span>Nos convertimos en onomatopéyicos pues no había carrera que emprendiéramos que no llevara el Roarrr de la aceleración, o el Screaaach al detenernos, el Gulp ante el asombro o el Slam al cerrar una puerta.<span>  </span>Más que los hijueputazos de los viejos, preferíamos las interjecciones de los cuentos: Atiza, Cáspita, Caracoles, Recórcholis, Rayos y Centellas, Bah.</span><span style="font-family:Verdana;"> </span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span></p>
<p><span style="font-family:Verdana;"></span><span style="font-family:Verdana;">De repente el fervor por la lectura de estos cuentos se esfumó de mi vida.<span>  </span>Ahora casi nunca los leo, salvo cuando voy a la barbería Independencia de don José Ruiz, en donde mientras espero leo uno o dos ejemplares de Condorito, que aunque repite los mismos chistes siempre tienen alguna gracia.<span>  </span>Parece mentira que Condorito a pesar de tener mi edad, siempre se mantiene en forma.<span>  ¡</span>Reflauta!.</span></p>
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