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	<title>peronismo &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
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	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "peronismo"</description>
	<pubDate>Sat, 26 Dec 2009 13:21:03 +0000</pubDate>

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	<language>en</language>

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<title><![CDATA[Esa mujer: Rodolfo Walsh]]></title>
<link>http://missvera.wordpress.com/2009/12/18/esa-mujer-rodolfo-walsh/</link>
<pubDate>Fri, 18 Dec 2009 17:44:16 +0000</pubDate>
<dc:creator>missvera</dc:creator>
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<description><![CDATA[El coronel elogia mi puntualidad: ­Es puntual como los alemanes ­dice. ­O como los ingleses. El coro]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><a href="http://missvera.wordpress.com/files/2009/12/funeral.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-94" title="funeral" src="http://missvera.wordpress.com/files/2009/12/funeral.jpg?w=250" alt="" width="250" height="300" /></a><!--more--><br />
El coronel elogia mi puntualidad:<br />
­Es puntual como los alemanes ­dice.<br />
­O como los ingleses.<br />
El coronel tiene apellido alemán.<br />
Es un hombre corpulento, canoso, de cara ancha, tostada.<br />
­He leído sus cosas ­propone­. Lo felicito.<br />
Mientras sirve dos grandes vasos de whisky, me va informando, casualmente, que tiene veinte años de servicios de informaciones, que ha estudiado filosofía y letras, que es un curioso del arte. No subraya nada, simplemente deja establecido el terreno en que podemos operar, una zona vagamente común.<br />
Desde el gran ventanal del décimo piso se ve la ciudad en el atardecer, las luces pálidas del río. Desde aquí es fácil amar, siquiera momentáneamente, a Buenos Aires. Pero no es ninguna forma concebible de amor lo que nos ha reunido.<br />
El coronel busca unos nombres, unos papeles que acaso yo tenga.<br />
Yo busco una muerta, un lugar en el mapa. Aún no es una búsqueda, es apenas una fantasía: la clase de fantasía perversa que algunos sospechan que podría ocurrírseme.<br />
Algún día (pienso en momentos de ira) iré a buscarla. Ella no significa nada para mí, y sin embargo iré tras el misterio de su muerte, detrás de sus restos que se pudren lentamente en algún remoto cementerio. Si la encuentro, frescas altas olas de cólera, miedo y frustrado amor se alzarán, poderosas vengativas olas, y por un momento ya no me sentiré solo, ya no me sentiré como una arrastrada, amarga, olvidada sombra.<br />
El coronel sabe dónde está.<br />
Se mueve con facilidad en el piso de muebles ampulosos, ornado de marfiles y de bronces, de platos de Meissen y Cantón. Sonrío ante el Jongkind falso, el Fígari dudoso. Pienso en la cara que pondría si le dijera quién fabrica los Jongkind, pero en cambio elogio su whisky.<br />
El bebe con vigor, con salud, con entusiasmo, con alegría, con superioridad, con desprecio. Su cara cambia y cambia, mientras sus manos gordas hacen girar el vaso lentamente.<br />
­Esos papeles ­dice.<br />
Lo miro.<br />
­Esa mujer, coronel.<br />
Sonríe.<br />
­Todo se encadena ­filosofa.<br />
A un potiche de porcelana de Viena le falta una esquirla en la base. Una lámpara de cristal está rajada. El coronel, con los ojos brumosos y sonriendo, habla de la bomba.<br />
­La pusieron en el palier. Creen que yo tengo la culpa. Si supieran lo que he hecho por ellos, esos roñosos.<br />
­¿Mucho daño? ­pregunto. Me importa un carajo.<br />
­Bastante. Mi hija. La he puesto en manos de un psiquiatra. Tiene doce años ­dice.<br />
El coronel bebe, con ira, con tristeza, con miedo, con remordimiento.<br />
Entra su mujer, con dos pocillos de café.<br />
Contale vos, Negra.<br />
Ella se va sin contestar; una mujer alta, orgullosa, con un rictus de neurosis. Su desdén queda flotando como una nubecita.<br />
­La pobre quedó muy afectada ­explica el coronel­. Pero a usted no le importa esto.<br />
­¡Cómo no me va a importar!&#8230; Oí decir que al capitán N y al mayor X también les ocurrió alguna desgracia después de aquello.<br />
El coronel se ríe.<br />
­La fantasía popular -dice-. Vea cómo trabaja. Pero en el fondo no inventan nada. No hacen más que repetir.<br />
Enciende un Marlboro, deja el paquete a mi alcance sobre la mesa.<br />
-Cuénteme cualquier chiste -dice.<br />
Pienso. No se me ocurre.<br />
­Cuénteme cualquier chiste político, el que quiera, y yo le demostraré que estaba inventado hace veinte años, cincuenta años, un siglo. Que se usó tras la derrota de Sedán, o a propósito de Hindenburg, de Dollfuss, de Badoglio.<br />
-¿Y esto?<br />
­La tumba de Tutankamón -dice el coronel-. Lord Carnavon. Basura.<br />
El coronel se seca la transpiración con la mano gorda y velluda.<br />
-Pero el mayor X tuvo un accidente, mató a su mujer.<br />
­¿Qué más? ­dice, haciendo tintinear el hielo en el vaso.<br />
-Le pegó un tiro una madrugada.<br />
­La confundió con un ladrón ­sonríe el coronel . Esas cosas ocurren.<br />
­Pero el capitán N. . .<br />
­Tuvo un choque de automóvil, que lo tiene cualquiera, y más él, que no ve un caballo ensillado cuando se pone en pedo.<br />
­¿Y usted, coronel?<br />
­Lo mío es distinto ­dice­. Me la tienen jurada.<br />
Se para, da una vuelta alrededor de la mesa.<br />
­Creen que yo tengo la culpa. Esos roñosos no saben lo que yo hice por ellos. Pero algún día se va a escribir la historia. A lo mejor la va a escribir usted.<br />
­Me gustaría.<br />
­Y yo voy a quedar limpio, yo voy a quedar bien. No es que me importe quedar bien con esos roñosos, pero sí ante la historia, ¿comprende?<br />
­Ojalá dependa de mí, coronel.<br />
­Anduvieron rondando. Una noche, uno se animó. Dejó la bomba en el palier y salió corriendo.<br />
Mete la mano en una vitrina, saca una figurita de porcelana policromada, una pastora con un cesto de flores.<br />
-Mire.<br />
A la pastora le falta un bracito.<br />
­Derby -dice. Doscientos años.<br />
La pastora se pierde entre sus dedos repentinamente tiernos. El coronel tiene una mueca de fierro en la cara nocturna, dolorida.<br />
­¿Por qué creen que usted tiene la culpa?<br />
­Porque yo la saqué de donde estaba, eso es cierto, y la llevé donde está ahora, eso también es cierto. Pero ellos no saben lo que querían hacer, esos roñosos no saben nada, y no saben que fui yo quien lo impidió.<br />
El coronel bebe, con ardor, con orgullo, con fiereza, con elocuencia, con método.<br />
-Porque yo he estudiado historia. Puedo ver las cosas con perspectiva histórica. Yo he leído a Hegel.<br />
­¿Qué querían hacer?<br />
­Fondearla en el río, tirarla de un avión, quemarla y arrojar los restos por el inodoro, diluirla en ácido. ¡Cuanta basura tiene que oír uno! Este país está cubierto de basura, uno no sabe de dónde sale tanta basura, pero estamos todos hasta el cogote.<br />
­Todos, coronel. Porque en el fondo estamos de acuerdo, ¿no? Ha llegado la hora de destruir. Habría que romper todo.<br />
-Y orinarle encima.<br />
­Pero sin remordimientos, coronel. Enarbolando alegremente la bomba y la picana. ¡Salud! -digo levantando el vaso.<br />
No contesta. Estamos sentados junto al ventanal. Las luces del puerto brillan azul mercurio. De a ratos se oyen las bocinas de los automóviles, arrastrándose lejanas como las voces de un sueño. El coronel es apenas la mancha gris de su cara sobre la mancha blanca de su camisa.<br />
­Esa mujer ­le oigo murmurar­. Estaba desnuda en el ataúd y parecía una virgen. La piel se le había vuelto transparente. Se veían las metástasis del cáncer, como esos dibujitos que uno hace en una ventanilla mojada.<br />
El coronel bebe. Es duro.<br />
­Desnuda ­dice­. Éramos cuatro o cinco y no queríamos mirarnos. Estaba ese capitán de navío, y el gallego que la embalsamó, y no me acuerdo quién más. Y cuando la sacamos del ataúd -el coronel se pasa la mano por la frente­, cuando la sacamos, ese gallego asqueroso&#8230;<br />
Oscurece por grados, como en un teatro. La cara del coronel es casi invisible. Sólo el whisky brilla en su vaso, como un fuego que se apaga despacio. Por la puerta abierta del departamento llegan remotos ruidos. La puerta del ascensor se ha cerrado en la planta baja, se ha abierto más cerca. El enorme edificio cuchichea, respira, gorgotea con sus cañerías, sus incineradores, sus cocinas, sus chicos, sus televisores, sus sirvientas, Y ahora el coronel se ha parado, empuña una metralleta que no le vi sacar de ninguna parte, y en puntas de pie camina hacia el palier, enciende la luz de golpe, mira el ascético, geométrico, irónico vacío del palier, del ascensor, de la escalera, donde no hay absolutamente nadie y regresa despacio, arrastrando la metralleta.<br />
­Me pareció oír. Esos roñosos no me van a agarrar descuidado, como la vez pasada.<br />
Se sienta, más cerca del ventanal ahora. La metralleta ha desaparecido y el coronel divaga nuevamente sobre aquella gran escena de su vida.<br />
­&#8230;se le tiró encima, ese gallego asqueroso. Estaba enamorado del cadáver, la tocaba, le manoseaba los pezones. Le di una trompada, mire -el coronel se mira los nudillos­, que lo tiré contra la pared. Está todo podrido, no respetan ni a la muerte. ¿Le molesta la oscuridad?<br />
­No.<br />
­Mejor. Desde aquí puedo ver la calle. Y pensar. Pienso siempre. En la oscuridad se piensa mejor.<br />
Vuelve a servirse un whisky.<br />
­Pero esa mujer estaba desnuda -dice, argumenta contra un invisible contradictor-. Tuve que taparle el monte de Venus, le puse una mortaja y el cinturón franciscano.<br />
Bruscamente se ríe.<br />
­Tuve que pagar la mortaja de mi bolsillo. Mil cuatrocientos pesos. Eso le demuestra, ¿eh? Eso le demuestra.<br />
Repite varias veces &#8220;Eso le demuestra&#8221;, como un juguete mecánico, sin decir qué es lo que eso me demuestra.<br />
-Tuve que buscar ayuda para cambiarla de ataúd. Llamé a unos obreros que había por ahí. Figúrese como se quedaron. Para ellos era una diosa, qué sé yo las cosas que les meten en la cabeza, pobre gente.<br />
­¿Pobre gente?<br />
­Sí, pobre gente.­El coronel lucha contra una escurridiza cólera interior­. Yo también soy argentino.<br />
­Yo también, coronel, yo también. Somos todos argentinos.<br />
­Ah, bueno ­dice.<br />
­¿La vieron así?<br />
­Sí, ya le dije que esa mujer estaba desnuda. Una diosa, y desnuda, y muerta. Con toda la muerte al aire, ¿sabe? Con todo, con todo&#8230;<br />
La voz del coronel se pierde en una perspectiva surrealista, esa frasecita cada vez más rémova encuadrada en sus líneas de fuga, y el descenso de la voz manteniendo una divina proporción o qué. Yo también me sirvo un whisky.<br />
­Para mí no es nada -dice el coronel­. Yo estoy acostumbrado a ver mujeres desnudas. Muchas en mi vida. Y hombres muertos. Muchos en Polonia, el 39. Yo era agregado militar, dése cuenta.<br />
Quiero darme cuenta, sumo mujeres desnudas más hombres muertos, pero el resultado no me da, no me da, no me da&#8230; Con un solo movimiento muscular me pongo sobrio, como un perro que se sacude el agua.<br />
­A mí no me podía sorprender. Pero ellos&#8230;<br />
­¿Se impresionaron?<br />
­Uno se desmayó. Lo desperté a bofetadas. Le dije: &#8220;Maricón, ¿ésto es lo que hacés cuando tenés que enterrar a tu reina? Acordate de San Pedro, que se durmió cuando lo mataban a Cristo.&#8221; Después me agradeció.<br />
Miró la calle. &#8220;Coca&#8221; dice el letrero, plata sobre rojo. &#8220;Cola&#8221; dice el letrero, plata sobre rojo. La pupila inmensa crece, círculo rojo tras concéntrico círculo rojo, invadiendo la noche, la ciudad, el mundo. &#8220;Beba&#8221;.<br />
­Beba ­dice el coronel.<br />
Bebo.<br />
­¿Me escucha?<br />
-Lo escucho.<br />
Le cortamos un dedo.<br />
­¿Era necesario?<br />
El coronel es de plata, ahora. Se mira la punta del índice, la demarca con la uña del pulgar y la alza.<br />
­Tantito así. Para identificarla.<br />
-¿No sabían quién era?<br />
Se ríe. La mano se vuelve roja. &#8220;Beba&#8221;.<br />
­Sabíamos, sí. Las cosas tienen que ser legales. Era un acto histórico, ¿comprende?<br />
­Comprendo.<br />
-La impresión digital no agarra si el dedo está muerto. Hay que hidratarlo. Más tarde se lo pegamos.<br />
­¿Y?<br />
­Era ella. Esa mujer era ella.<br />
­¿Muy cambiada?<br />
­No, no, usted no me entiende. lgualita. Parecía que iba a hablar, que iba a&#8230; Lo del dedo es para que todo fuera legal. El profesor R. controló todo, hasta le sacó radiografías.<br />
­¿El profesor R.?<br />
-Sí. Eso no lo podía hacer cualquiera. Hacía falta alguien con autoridad científica, moral.<br />
En algún lugar de la casa suena, remota, entrecortada, una campanilla. No veo entrar a la mujer del coronel, pero de pronto esta ahí, su voz amarga, inconquistable.<br />
­¿Enciendo?<br />
­No.<br />
­Teléfono.<br />
­Deciles que no estoy.<br />
Desaparece.<br />
­Es para putearme ­explica el coronel-. Me llaman a cualquier hora. A las tres de la madrugada, a las cinco.<br />
-Ganas de joder ­digo alegremente.<br />
­Cambié tres veces el número del teléfono. Pero siempre lo averiguan.<br />
­¿Qué le dicen?<br />
­Que a mi hija le agarre la polio. Que me van a cortar los huevos. Basura.<br />
Oigo el hielo en el vaso, como un cencerro lejano.<br />
­Hice una ceremonia, los arengué. Yo respeto las ideas, les dije. Esa mujer hizo mucho por ustedes. Yo la voy a enterrar como cristiana. Pero tienen que ayudarme.<br />
El coronel está de pie y bebe con coraje, con exasperación, con grandes y altas ideas que refluyen sobre él como grandes y altas olas contra un peñasco y lo dejan intocado y seco, recortado y negro, rojo y plata.<br />
­La sacamos en un furgón, la tuve en Viamonte, después en 25 de Mayo, siempre cuidándola, protegiéndola, escondiéndola. Me la querían quitar, hacer algo con ella. La tapé con una lona, estaba en mi despacho, sobre un armario, muy alto. Cuando me preguntaban qué era, les decía que era el transmisor de Córdoba, la Voz de la Libertad.<br />
Ya no sé dónde está el coronel. El reflejo plateado lo busca, la pupila roja. Tal vez ha salido. Tal vez ambula entre los muebles. El edificio huele vagamente a sopa en la cocina, colonia en el baño, pañales en la cuna, remedios, cigarrillos, vida, muerte.<br />
-Llueve -dice su voz extraña.<br />
Miro el cielo: el perro Sirio, el cazador Orión.<br />
­Llueve día por medio ­dice el coronel-. Día por medio llueve en un jardín donde todo se pudre, las rosas, el pino, el cinturón franciscano.<br />
Dónde, pienso, dónde.<br />
­¡Está parada! -grita el coronel­. ¡La enterré parada, como Facundo, porque era un macho!<br />
Entonces lo veo, en la otra punta de la mesa. Y por un momento, cuando el resplandor cárdeno lo baña, creo que llora, que gruesas lágrimas le resbalan por la cara.<br />
­No me haga caso -dice, se sienta­. Estoy borracho.<br />
Y largamente llueve en su memoria.<br />
Me paro, le toco el hombro.<br />
­¿Eh? -dice­ ¿Eh? -dice.<br />
Y me mira con desconfianza, como un ebrio que se despierta en un tren desconocido.<br />
-¿La sacaron del país?<br />
-Sí.<br />
­¿La sacó usted?<br />
­Sí.<br />
-¿Cuántas personas saben?<br />
­DOS.<br />
­¿El Viejo sabe?<br />
Se ríe.<br />
-Cree que sabe.<br />
­¿Dónde?<br />
No contesta.<br />
­Hay que escribirlo, publicarlo.<br />
­Sí. Algún día.<br />
Parece cansado, remoto.<br />
­¡Ahora! ­me exaspero­. ¿No le preocupa la historia? ¡Yo escribo la historia, y usted queda bien, bien para siempre, coronel!<br />
La lengua se le pega al paladar, a los dientes.<br />
-Cuando llegue el momento&#8230; usted será el primero&#8230;<br />
­No, ya mismo. Piense. Paris Match. Life. Cinco mil dólares. Diez mil. Lo que quiera.<br />
Se ríe.<br />
­¿Dónde, coronel, dónde?<br />
Se para despacio, no me conoce. Tal vez va a preguntarme quién soy, qué hago ahí.<br />
Y mientras salgo derrotado, pensando que tendré que volver, o que no volveré nunca. Mientras mi dedo índice inicia ya ese infatigable itinerario por los mapas, uniendo isoyetas, probabilidades, complicidades. Mientras sé que ya no me interesa, y que justamente no moveré un dedo, ni siquiera en un mapa, la voz del coronel me alcanza como una revelación.<br />
­Es mía -dice simplemente­. Esa mujer es mía.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Evita vive: Néstor Perlongher]]></title>
<link>http://missvera.wordpress.com/2009/12/18/evita-vive-nestor-perlongher-2/</link>
<pubDate>Fri, 18 Dec 2009 17:29:40 +0000</pubDate>
<dc:creator>missvera</dc:creator>
<guid>http://missvera.wordpress.com/2009/12/18/evita-vive-nestor-perlongher-2/</guid>
<description><![CDATA[﻿ 1. Conocí a Evita en un hotel del bajo, ¡hace ya tantos años! Yo vivía, bueno, vivía, estaba con u]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>﻿</p>
<p><a href="http://missvera.wordpress.com/files/2009/12/28evita4.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-85" title="28Evita4" src="http://missvera.wordpress.com/files/2009/12/28evita4.jpg?w=174" alt="" width="280" height="482" /></a><br />
1.</p>
<p>Conocí a Evita en un hotel del bajo, ¡hace ya tantos años! Yo vivía, bueno, vivía, estaba con un marinero negro que me había levantado yirando por el puerto. Esa noche, recuerdo, era verano, febrero quizás, hacía mucho calor. Yo trabajaba en un bar nocturno, atendiendo la caja hasta las tres de la mañana. Pero esa noche justo me peleé, con la Lelé, ay la Lelé, una marica envidiosa que me quería sacar todos los tipos. Estábamos agarrándonos de las mechas detrás del mostrador y justo apareció el patrón: &#8220;Tres días de suspensión, por bochinchera&#8221;. Qué me importaba, rapidito me volví para la pieza, abro&#8230; y me la encuentro a ella, con el negro. Claro, en el primer momento me indigné, además ya venía engranada de pelearme con la otra y casi me le tiro encima sin mirarla siquiera, pero el negro –dulcísimo– me dirigió una mirada toda sensual y me dijo algo así como: &#8220;Veníte que para vos también alcanza&#8221;. Bueno, en realidad, no mentía, con el negro era yo la que abandonaba por cansancio, pero en el primer momento, qué sé yo, los celos, el hogar, la cosa que le dije: &#8220;Bueno, está bien, pero ésta ¿quién es?&#8221;. El negro se mordió un labio porque vio que yo había entrado en la sofocación, y a mí, en esa época, cuando me venía una rabieta era terrible –ahora no tanto, estoy, no sé, más armoniosa–. Pero en ese tiempo era lo que podía decirse una marica mala, de temer. Ella me contestó, mirándome a los ojos (hasta ese momento tenía la cabeza metida entre las piernas del morocho y, claro, estaba en la penumbra, muy bien no la había visto): &#8220;¿Cómo? ¿No me conocés? Soy Evita&#8221;. &#8220;¿Evita?&#8221;–dije, yo no lo podía creer– . &#8220;¿Evita, vos?&#8221; –y le prendí la lámpara en la cara. Y era ella nomás, inconfundible con esa piel brillosa, brillosa, y las manchitas del cáncer por abajo, que –la verdad– no le quedaban nada mal. Yo me quedé como muda, pero claro, no era cosa de aparecer como una bruta que se desconcierta ante cualquier visita inesperada. &#8220;Evita, querida&#8221; –ay, pensaba yo–&#8221;¿no querés un poco de cointreau?&#8221; (porque yo sabía que a ella le encantaban las bebidas finas). &#8220;No te molestes, querida, ahora tenemos otras cosas que hacer, ¿no te parece?&#8221; &#8220;Ay, pero esperá&#8221;, le dije yo, &#8220;contame de dónde se conocen, por lo menos&#8221;. &#8220;De hace mucho, preciosa, de hace mucho, casi como del África&#8221; (después Jimmy me contó que se habían conocido hacía una hora, pero son matices que no hacen a la personalidad de ella. ¡Era tan hermosa!) &#8220;¿Querés que te cuente cómo fue?&#8221; Yo ansiosa, total igual tenía el encame asegurado: &#8220;Sí, sí, ay Evita, ¿no querés un cigarrillo?&#8221;, pero me quedé con las ganas para siempre de enterarme de esa mentira (o me habrá mentido el negro, nunca lo supe) porque Jimmy se pudrió de tanta charla y dijo: &#8220;Bueno, basta&#8221;, le agarró la cabeza –ese rodete todo deshecho que tenía– y se la puso entre las piernas. La verdad es que no sé si me acuerdo más de ella o de él, bueno, yo soy tan puta, pero de él no voy a hablar hoy, lo único que el negro ese día estaba tan gozoso que me hizo gritar como una puerca, me llenó de chupones, en fin. Después al otro día ella se quedó a desayunar y mientras Jimmy salió a comprar facturas, ella me dijo que era muy feliz, y si no quería acompañarla al Cielo, que estaba lleno de negros y rubios y muchachos así. Yo mucho no se lo creí, porque si fuera cierto, para qué iba a venir a buscarlos nada menos que a la calle Reconquista, no les parece&#8230; pero no le dije nada, para qué; le dije que no, que por el momento estaba bien, así, con Jimmy (hoy hubiera dicho &#8220;agotar la experienc ia&#8221;, pero en esa época no se usaba), y que, cualquier cosa, me llamara por teléfono, porque con los marineros, viste, nunca se sabe. Con los generales tampoco, me acuerdo que dijo ella, y estaba un poco triste. Después tomamos la leche y se fue. De recuerdo me dejó un pañuelito, que guardé algunos años: estaba bordado en hilo de oro, pero después alguien, no supe nunca quién, se lo llevó (han pasado tantos, tantos). El pañuelito decía Evita y tenía dibujado un barco. ¿El recuerdo más vivo? Bueno, ella, tenía las uñas largas muy pintadas de verde –que en ese tiempo era un color muy raro para uñas– y se las cortó, se las cortó para que el pedazo inmenso que tenía el marinero me entrara más y más, y ella entretanto le mordía las tetillas y gozaba, así de esa manera era como más gozaba.</p>
<p>2.</p>
<p>Estábamos en la casa donde nos juntábamos para quemar, y el tipo que traía la droga ese día se apareció con una mujer de unos 38 años, rubia, un poco con aires de estar muy reventada, recargada de maquillaje, con rodete&#8230; Yo le veía cara conocida y supongo que los otros también, pero era un poco bobo, andaba con Jaime que se estaba picando con Instilasa y yo le tenía la goma, se lo comenté en voz baja y él me dijo algo así como: &#8220;cortála loco sabés que sí&#8221;. Con los ojos en blanco, parecía hacerlo de modo impersonal. Nos sentamos todos en el piso y ella empezó a sacar joints y joints, el flaco de la droga le metía la mano por las tetas y ella se retorcía como una víbora. Después quiso que la picaran en el cuello, los dos se revolcaban por el piso y los demás mirábamos. Jaime apenas me daba un beso largo, muy suave, para eso sí que era genial, porque dos pendejos repálidos se rayaron totalmente entre lo gay y la vieja y se fueron. Pero estaban los blues en la puerta y a los cinco minutos se aparecieron todos con el subcomisario inclusive, chau loco, acá perdimos, menos mal que no había ningún menor porque Jaime había cumplido los 18 la semana pasada, pero igual loco, le habíamos pedido el rouge a Evita y estábamos casi todos pintados como puertas tipo Alice Cooper. Los azules entraron muy decididos, el comi adelante y los agentes atrás, el flaco que andaba con un bolsón lleno de pot le dijo: &#8220;Un momento, sargento&#8221; pero el cana le dio un empujón brutal, entonces ella, que era la única mujer, se acomodó el bretel de la solera y se alzó: &#8220;Pero pedazo de animal, ¿cómo vas a llevar presa a Evita?&#8221; El ofiche pálido, los dos agentes sacaron las pistolas, pero el comi les hizo un gesto que se volvieran a la puerta y se quedaran en el molde. &#8220;No, que oigan, que oigan todos –dijo la yegua– , ahora me querés meter en cana cuando hace 22 años, sí, o 23, yo misma te llevé la bicicleta a tu casa para el pibe, y vos eras un pobre conscripto de la cana, pelotudo, y si no me querés creer, si te querés hacer el que no te acordás, yo sé lo que son las pruebas&#8221;. (Chau, fue un delirio increíble, le rasgó la camisa al cana a la altura del hombro y le descubrió una verruga roja gorda como una frutilla y se la empezó a chupar, el taquero se revolvía como una puta, y los otros dos que estaban en la puerta fichando primero se cagaban de risa, pero después se empezaron a llenar de pavor porque se dieron cuenta de que sí, que la mina era Evita). Yo aproveché para chuparle la pija a Jaime delante de los canas que no sabían qué hacer, ni dónde meterse: de pronto el flaco del trafic entró en el circo y se puso a gritar: &#8220;Compañeros, compañeros, quieren llevar presa a Evita&#8221; por el pasillo. La gente de las otras piezas empezó a asomarse para verla, y una vieja salió gritando: &#8220;Evita, Evita vino desde el cielo&#8221;. La cosa es que los canas se las tomaron, largaron a los dos pendejos que encima se hacían muy los chetos, y ella se fue caminando muy tranquila con el flaco, diciéndole a la gente que estaba en el patio primero y después en la puerta: &#8220;Grasitas, grasitas míos, Evita lo vigila todo, Evita va a volver por este barrio y por todos los barrios para que no les hagan nada a sus descamisados&#8221;. Chau loco, hasta los viejos lloraban, algunos se le querían acercar, pero ella les decía: &#8220;Ahora debo irme, debo volver al cielo&#8221; decía Evita. Nosotros nos quedamos quemando un poco más y ya nos íbamos, entonces algunas tipas nos hicieron pasar a las habitaciones para que les contáramos –las mismas que hasta hacía una hora nos habían hecho una guerra que no podía ser–. Jaime y yo les hicimos toda una historieta: ella decía que había que drogarse porque se era muy infeliz, y chau, loco, si te quedabas down era imbancable. Claro, la gente no nos entendía, pero como no estábamos haciendo laburo de base sino sólo public relations para tener un lugar no pálido donde tripear, no nos importaba. Estábamos relocos y las viejas déle coparse con el llanto, nosotros les pedimos que ese bajón de anfeta lo cortaran, sí, total, Evita iba a volver: había ido a hacer un rescate y ya venía, ella quería repartirle un lote de marihuana a cada pobre para que todos los humildes andaran superbien, y nadie se comiera una pálida más, loco, ni un bife.</p>
<p>3.</p>
<p>Si te digo dónde la vi la primera vez, te mentiría. No me debe haber causado ninguna impresión especial, la flaca era una flaca entre las tantas que iban al depto de Viamonte, todas amigas de un marica joven que las tenía ahí, medio en bolas, para que a los guachos se nos parara pronto. La cosa es que todos –y todas– sabían dónde podían encontrarnos, en el snack de Independencia y Entre Ríos. Allí el putito Alex nos mandaba, cada vez que podía, viejos y viejas, que nos adornaban con un par de palos, así después a él le hacíamos gratis el favor y no le andábamos afanando el grabador o las pilchas. De ésa me acuerdo por cómo se acercó, en un Carabela negro manejado por un mariconcito rubio, que yo ya me lo había garchado una vez en el Rosemarie. Con las pibas estábamos haciendo pinta junto al puesto de flores, así que me llamó aparte y me dijo: &#8220;Tengo una mina para vos, está en el coche.&#8221; La cosa era conmigo, nomás. Subí.<br />
&#8220;Me llamo Evita, ¿y vos?&#8221; &#8220;Chiche&#8221;, le contesté. &#8220;Seguro que no sos un travesti, preciosura. A ver, ¿Evita qué?&#8221;. &#8220;Eva Duarte&#8221;, me dijo &#8220;y por favor, no seas insolente o te bajás&#8221;. &#8220;¿Bajarme?, ¿bajárseme a mí?&#8221;, le susurré en la oreja mientras me acariciaba el bulto. &#8220;Dejáme tocarte la conchita, a ver si es cierto&#8221;. ¡Hubieras visto cómo se excitaba cuando le metí el dedo bajo la trusa!<br />
Así que fuimos al hotel de ella; el putito quiso ver mientras me duchaba y ella se tiraba en la cama. También, con el pedazo que tengo, hacen cola para mirarlo nomás. Ella era una puta ladina, la chupaba como los dioses. Con tres polvachos la dejé hecha y guardé el cuarto para el marica, que, la verdad, se lo merecía. La mina era una mujer, mujer. Tenía una voz cascada, sensual, como de locutora. Me pidió que volviera, si precisaba algo. Le contesté no, gracias. En la pieza había como un olor a muerta que no me gustó nada. Cuando se descuidó abrí un estuche y le afané un collar. Para mí que el puto Francis se dio cuenta, pero no dijo nada. Cuando me lo terminé de garchar me dijo, con la boca chorreando leche: &#8220;Todos los machos del país te envidiarían, chiquito; te acabás de coger a Eva&#8221;. Ni dos días habían pasado cuando llego a casa y me encuentro a la vieja llorando en la cocina, rodeada por dos canas de civil. &#8220;Desgraciado –me gritó–. ¿Cómo pudiste robar el collar de Evita?&#8221;<br />
La joya estaba sobre la mesa. No la había podido reducir porque, según el Sosa, era demasiado valiosa para comprarla él y no me quería estafar. Los de Coordina no me preguntaron nada: me dieron una paliza brutal y me advirtieron que si contaba algo de lo del collar me reventaban. De esa esquina y del depto de los trolos los vagos nos borramos. Por eso los nombres que doy acá son todos falsos.</p>
<p>[ poesía relacionada:<br />
“El cadáver” ]</p>
<p>[Evita vive puede ser considerado un auténtico cuento maldito en la historia de la literatura argentina. Blasfemia, aguda comprensión del tema y osadía se unen en este texto que el autor fechó en 1975. Antes que en castellano se conoció en inglés, como "Evita Lives", traducido por E. A. Lacey e incluido en My deep dark pain is love, (selección de textos de Winston Leyland. Gay Sunshine Press, San Francisco, 1983). Luego se publicó en Suecia como "Evita vive", en Salto mortal ng 8-9, Jarfalla, mayo de 1985; y al fin en Cerdosy Peces n911, abril de 1987, y luego en El Porteño nº 88, abril 1989. La publicación de este cuento en Buenos Aires causó una polémica pública de la cual se hizo cargo una nota editorial firmada por el Consejo de Redacción de la revista El Porteño ("Un mes movido") en el número de mayo, publicándose además una respuesta de Raúl Barreiros ("Evita botarate los dislates"), entonces Director de Radio Provincia de Buenos Aires.]<br />
( Nota de &#8220;Prosa Plebeya&#8221;)</p>
<p>de &#8220;Prosa Plebeya&#8221;. Publicado por Colihue 1997. © Colihue &#8211; Herederos de <a href="http://www.literatura.org/Perlongher/npeva.html">Néstor Perlongher</a></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Santa Evita: Tomás Eloy Martínez]]></title>
<link>http://missvera.wordpress.com/2009/12/18/santa-evita-tomas-eloy-martinez/</link>
<pubDate>Fri, 18 Dec 2009 17:12:51 +0000</pubDate>
<dc:creator>missvera</dc:creator>
<guid>http://missvera.wordpress.com/2009/12/18/santa-evita-tomas-eloy-martinez/</guid>
<description><![CDATA[Santa Evita, Tomás Eloy Martínez, Planeta, 1995. El de Eva es un cuerpo capaz de contener toda la hi]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><a href="http://missvera.wordpress.com/files/2009/12/evaperon3.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-80" title="EvaPeron3" src="http://missvera.wordpress.com/files/2009/12/evaperon3.jpg?w=197" alt="" width="197" height="300" /></a></p>
<p><em>Santa Evita, Tomás Eloy Martínez, Planeta, 1995.</em></p>
<p>El de Eva es un cuerpo capaz de contener toda la historia, la cifra del país. Cuerpo vejado, violado, intervenido químicamente, cuerpo maldito, eternizado, cuerpo insomne, cuerpo con réplicas. Cuerpo peligroso, cargado de secretos, capaz de conjuras, cuerpo mortal y mortífero.</p>
<p>A TEM es un tema que le interesa, el de los cadáveres políticos y sus usos políticos.</p>
<p>La maldición de Carnavon, el arqueólogo que descubrió la tumba de Tutankamon.</p>
<p>El coronel enloquecido por ese cuerpo que abomina y desea dice: El poder es solo un tejido de datos, y vaya a saber cuàl de todos los que recojo me servirá un día para fines más altos (19)</p>
<p>La pregunta es siempre sobre el poder.</p>
<p>Si de él han sabido los gobernantes peronistas.</p>
<p>Cuenta cómo construye, está la ficción y el relato de su producción, que es omo una intriga dentro de la intriga. El narrador como detective, sigue pistas,  se arriesga, completa agujeros del relato con su imaginación, conjetura, se &#8220;enloquece&#8221; él también. Èl es un personaje.</p>
<p>Dice o le hace decir al embalsamador (a Juana, la madre de Eva): A un olvido hay que oponerle muchas memorias, a una historia real hay que cubrirla con historias falsas. Viva su hija no tenía par, pero muerta puede ser infinita (55)</p>
<p>Fuentes testimoniales, documentos.</p>
<p>Completa la imaginac ión, se lo permite, lo expone</p>
<p>El mapa del erotismo es el mapa del poder, dice TEM que dice el coronel.</p>
<p>A la historia la cuentan los personajes secundarios. Y las fuentes. Los protagonistas están muertos.</p>
<p>Por qué contar esta historia en los años del peronismo de Menem? algo de una &#8220;mística&#8221; muerta? por qué no en la época del boom, cuando estaban de moda el prodigio y sus exorcismos?</p>
<p>Algo quizás, como &#8220;borrar&#8221; a Perón para recuperar a Evita. El cuerpo de Perón &#8220;vaciándose de historia&#8221; mientras el de Eva se llenaba de eternidad.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Duelo de liderazgo en el centro izquierda.]]></title>
<link>http://ezequielmeler.wordpress.com/2009/12/10/duelo-de-liderazgo-en-el-centro-izquierda/</link>
<pubDate>Thu, 10 Dec 2009 12:00:30 +0000</pubDate>
<dc:creator>ezequielmeler</dc:creator>
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<description><![CDATA[&#8220;El conflicto político argentino, que en estos días se escenifica en el Congreso, no es un sub]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><a href="http://ezequielmeler.wordpress.com/files/2009/12/pinoypomelo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1679" title="pinoypomelo" src="http://ezequielmeler.wordpress.com/files/2009/12/pinoypomelo.jpg" alt="" width="232" height="202" /></a></p>
<p>&#8220;El conflicto político argentino, que en estos días se escenifica en el Congreso, no es un subproducto de la mala praxis de un gobierno o de una clase política. En pocas etapas políticas ha estado tan claro, como en los últimos años, que en el país existen poderosas fuerzas sociales, con alto grado de coordinación interna, que no aceptan la legitimidad de ninguna iniciativa que cuestione sus posiciones rectoras.&#8221;</p>
<p><a href="http://www.debate.com.ar/2009/12/04/2509.php">Edgardo Mocca</a></p>
<p>En su momento, no me pareció oportuno escribir sobre las diferencias y los ruidos en el campo progresista. Primero, porque ruidos y contradicciones hay en todos lados. Segundo, porque parecían temas pasibles de una amistosa resolución. Pero <a href="http://www.lapoliticaonline.com/noticias/val/59240/sabbatella-desembarca-en-capital-para-competir-con-pino.html">el desembarco de Sabbatella en Capital</a>, los <a href="http://ezequielmeler.wordpress.com/2009/12/09/el-nuevo-escenario-ii/">eventos recientes en la Cámara Baja</a>, y las <a href="http://www.revistadebate.com.ar/2009/11/13/2461.php">declaraciones públicas</a> de los dos principales referentes nacionales de dicho espacio, ahora claramente diferenciados, amén de expresar públicamente un malestar que muchos sabíamos subterráneo, sugieren un fraccionamiento que difícilmente suelde en una pieza. Y las implicancias de dicha fractura, dados los escasos márgenes de diferencia entre las principales fuerzas nacionales, sugieren ya una tendencia preliminar.</p>
<p style="text-align:center;">¿Egos en pugna o diferencias políticas?</p>
<p>La <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-130164-2009-08-18.html">expansión del Partido Encuentro al ámbito porteño</a>, pese a que <a href="http://www.revistadebate.com.ar/2009/11/13/2462.php">venía expresamente diferenciada de una candidatura de Sabbattella en persona</a>, desató las iras del entorno de Solanas. <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/130164-41883-2009-08-18.html">Claudio Lozano</a>, consultado al respecto, señaló que</p>
<p>&#8220;El criterio de Sabbatella es el mismo que fue característico del kirchnerismo desde 2005, que fue fracturar los polos progresistas en la ciudad y entregársela a Macri. No reconocer que ya hay un polo de acumulación política progresista, que es el Proyecto Sur, es repetir errores pasados.&#8221;</p>
<p>Más duro aún fue el propio <a href="http://www.revistadebate.com.ar/2009/11/13/2461.php">Solanas</a>, quien apuntó directamente a una maniobra oficialista, diseñada para debilitar su proyección electoral.</p>
<p>&#8220;Sabbatella, [...] nos ha sorprendido a todos. <strong>Él viene a desunir el espacio</strong>. La verdad, nosotros pudimos haber derrotado fácilmente al macrismo sin la obstinación de mucha gente, como Carlos Heller. Si parte de los votos de Heller hubieran venido a Proyecto Sur, le habríamos dado una paliza a Macri. La Ciudad tiene un referente progresista y es un referente nacional. Ustedes saben quién es.&#8221;</p>
<p>(Por supuesto, la respuesta tiene las iniciales P. S.)</p>
<p style="text-align:center;">Las diferencias.</p>
<p>Pero no es una candidatura, sino un criterio de construcción, lo que enfrenta a Solanas &#8211; Sabbatella. <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-136532-2009-12-06.html">Edgardo Mocca</a> lo señaló claramente:</p>
<p>&#8220;En el progresismo hay una discusión de fondo que subyace todas las decisiones tácticas coyunturales. Para una parte –centralmente referenciada en Pino Solanas– el kirchnerismo no merece ser defendido en ningún aspecto. Es puro simulacro encubridor del saqueo y el enriquecimiento personal. Por otra parte su final está a la vista y lo mejor para la centroizquierda sería prepararse para el nuevo capítulo de la política argentina que parece abrirse paso inexorablemente. Además, acompañar al kirchnerismo, aunque sea críticamente, pondría al progresismo en la línea de fuego de los grandes medios de comunicación “independientes” que ya han pasado a nominar como “complacientes” y hasta “cómplices” a quienes sostienen acuerdos programáticos parciales con la coalición de gobierno. Para otro sector, cuya referencia principal es Martín Sabbatella, sostiene que este gobierno ha abierto un interesante capítulo de transformaciones cuyos límites están fundamentalmente marcados por su base de sustentación política, fuertemente identificada con el pasado. Desde esa mirada, sostienen sistemáticas críticas a las insuficiencias oficialistas y, al mismo tiempo, apoyan activamente aquellas de sus iniciativas que concuerdan con los postulados programáticos de su fuerza. Ese fue el perfil de la fuerza, el Nuevo Encuentro, durante la última campaña electoral. Está de más decir que es una posición compleja y expuesta a muchos riesgos políticos. Pero la preocupación principal de este sector es crecer sosteniendo pautas identitarias claras.&#8221;</p>
<p>Mientras Solanas se dedica al doble juego de fustigar discursivamente a quienes propugnan la supuesta simplificación de un esquema binario que, mientras tanto, reafirma con su praxis política, <a href="http://parlamentario.com/noticia-25928.html">Sabbatella</a>, de hecho, ha reiterado su esfuerzo por diferenciar una posición propia en todos los debates legislativos recientes. Prueba de ello fueron sus advertencias en ese sentido con anterioridad a la elección de autoridades en la Cámara Baja, cuando apuntó que</p>
<p>&#8220;<a href="http://revista-zoom.com.ar/articulo3482.html">La centroizquierda tiene que fortalecer su tercer lugar en el parlamento y no diluirse en una alianza con la derecha. [...] La oposición no es todo lo mismo; es un error histórico que parte del progresismo constituya mayoría con la derecha. ¿Qué los uniría? ¿Sería una mayoría para llevar adelante qué proyectos? ¿Con qué rumbo?</a>&#8220;</p>
<p>(Idéntica postura mantuvo en el transcurso de su intervención en la Cámara de Diputados durante la sesión del 4 de diciembre, <a href="http://artepolitica.com/articulos/intervencion-de-sabbatella-camara-de-diputados/">aquí</a> recogida).</p>
<p>Por supuesto, puede considerarse que se trata de una diferencia táctica, pero a mi juicio no es el caso. Otra posibilidad, que no puede comprobarse a priori, reside en suponer que el margen para ensayar una acción de tales características no existe. De hecho, pese a la retórica utilizada, ésta parece ser la posición de Proyecto Sur, que ha asociado de manera recurrente en las últimas semanas al ex intendente de Morón con el kirchnerismo, elidiendo en cambio el papel que les cupo a sus propios negociadores en la nueva conformación de la Cámara Baja, tarea para la cual no dudaron en sentarse con Aguad, Pinedo, Bullrich y Carrió. A ellos apuntó el titular de Nuevo Encuentro en sus declaraciones recientes, tanto con anterioridad como con posterioridad a la elección de autoridades. Para <a href="http://www.telam.com.ar/vernota.php?tipo=N&#38;idPub=169920&#38;id=328791&#38;dis=1&#38;sec=1">Sabbatella</a>, cada vez más cercano a Heller, a Vilma Ibarra y a otros referentes del centro izquierda porteño,</p>
<p>&#8220;Si la centroizquierda hubiese conformado esa tercer pata que nosotros planteamos, no sólo hubiera sido más coherente ideológicamente sino que hubiera tenido más capacidad de negociación dentro de la Cámara.&#8221;</p>
<p>En todo caso, del futuro de la experiencia progresista, dada la paridad existente entre el gobierno y la entente opositora, parece depender <a href="http://www.debate.com.ar/2009/12/04/2509.php">algo más que la composición de unas cuantas comisiones</a>. Al mismo tiempo, la viabilidad de la ruta intermedia que proponen tanto Sabbatella como Solanas depende en buena medida de su capacidad recíproca para llevarla a la práctica. Este es, y ha sido siempre, el drama del progresismo vernáculo. En el fondo, el problema no reside en qué tan duros deben ser sus referentes frente al kirchnerismo, sino en su sonora incapacidad para definir los contornos sociales y populares de una propuesta que de cuenta de las disputas estructurales en curso. Para el observador, la comparación con sendos fracasos del pasado es inevitable.</p>
<p>Según todo parece indicarlo, la Capital seguirá siendo la vidriera de estos prospectos de poder, que refuerzan continuamente su ya inevitable dispersión.</p>
<p>Veremos. Por lo pronto, parece que la alternativa más consistente a la derecha real, centrada en torno a los dispositivos políticos de PRO, del radicalismo y de sus satélites, sigue disputándose al interior del peronismo. Pues es en ese espacio electoral -no siempre coincidente con su marco institucional, distorsión que apuntaba a corregir, en el fondo, la reforma política- y no en el progresismo, donde deberá afianzarse, tanto una eventual consolidación de Néstor Kirchner, como la -hoy por hoy, menos probable- pata peronista de un proyecto restaurador. El tema, claro, es para cuánto alcanza.</p>
<p>Ezequiel Meler,</p>
<p>Administrador.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Se conformó el bloque legislativo de peronistas díscolos]]></title>
<link>http://lanotadigital.com.ar/2009/11/28/se-conformo-el-bloque-legislativo-de-peronistas-discolos/</link>
<pubDate>Sat, 28 Nov 2009 19:24:07 +0000</pubDate>
<dc:creator>La Nota Digital</dc:creator>
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<description><![CDATA[Finalmente el Peronismo opositor definió las autoridades que representarán a su bloque a partir del ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[Finalmente el Peronismo opositor definió las autoridades que representarán a su bloque a partir del ]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[La Paz: Piden la unidad del peronismo entrerriano]]></title>
<link>http://lanotadigital.com.ar/2009/11/23/la-paz-piden-la-unidad-del-peronismo-entrerriano/</link>
<pubDate>Mon, 23 Nov 2009 03:51:15 +0000</pubDate>
<dc:creator>La Nota Digital</dc:creator>
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<description><![CDATA[Este fin semana se realizó en la ciudad de La Paz la Cena del Reencuentro de la Militancia. Fue un h]]></description>
<content:encoded><![CDATA[Este fin semana se realizó en la ciudad de La Paz la Cena del Reencuentro de la Militancia. Fue un h]]></content:encoded>
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<title><![CDATA[Mas testimonios del bombardeo]]></title>
<link>http://coronadosdegloria.wordpress.com/2009/11/18/mas-testimonios-del-bombardeo/</link>
<pubDate>Wed, 18 Nov 2009 22:56:59 +0000</pubDate>
<dc:creator>coronadosdegloria</dc:creator>
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<description><![CDATA[Nublado, probables lluvias ligeras&#8221;, prometía el Servicio Meteorológico en los diarios del jue]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Nublado, probables lluvias ligeras&#8221;, prometía el Servicio Meteorológico en los diarios del jueves 16 de junio de 1955. Ese día, a las 12.40, 29 aviones de la Marina bombardearon la Plaza de Mayo, la Casa de Gobierno y la residencia presidencial donde hoy se alza la Biblioteca Nacional. Los pilotos lanzaron unas diez toneladas de bombas con el propósito de matar a Juan Domingo Perón, el presidente que había sido reelecto en el 1951 con el 68 por ciento de los votos y que salió sano y salvo porque se refugió en los sótanos del Ministerio de Ejército. Final menos feliz hallaron más de 300 personas que dejaron la vida en la Plaza de Mayo y varios cientos que resultaron heridos.</p>
<p>Para ese 16 de junio estaba previsto un desfile aéreo en desagravio a la bandera que había sido quemada frente al Congreso cinco días antes, cuando la procesión de Corpus Christi, prohibida por Perón, reunió a unas 250 mil personas. El plan, al frente del almirante de Infantería de Marina Samuel Toranzo Calderón, consistía en bombardear la Casa de Gobierno y el Ministerio de Ejército. La Infantería de Marina iba a avanzar para tomar la Rosada con el apoyo de grupos civiles apostados en la Plaza. Se había previsto la toma de Radio Mitre y de la Central de teléfonos para difundir la proclama revolucionaria.</p>
<p>&#8220;Con la perspectiva actual, fue un acto de locura. Bombardear una casa para matar a una persona que presumiblemente está dentro es un disparate -cree Isidoro Ruíz Moreno, miembro de la Academia Nacional de la Historia y de las Ciencias Políticas y autor de La revolución del 55-. Lo que explica el momento es el clima que se vivía. Es como hablar de las Cruzadas sin conocer el sentido místico de la Edad Media. Se vivía un estado de guerra interno.&#8221; Ese jueves, el mal tiempo conspiraba pero el aviso según el cual el ministro de Ejército, general Franklin Lucero, había sido advertido de que iba a estallar una rebelión contra el gobierno hizo despegar igual a los aviones de la base de Punta Indio, que no contaron con la adhesión del Ejército esperada. Mientras tanto, civiles armados eran convocados por la CGT para dar la vida por Perón. &#8220;Hubo trabajadores peronistas en la defensa del gobierno que avanzaron sobre el Ministerio de Marina, luego de la convocatoria del secretario general de la CGT, Hugo Di Pietro -dice María Estela Spinelli, profesora de historia argentina contemporánea e investigadora del Instituto de Estudios Histórico Sociales (IEHS)-. Según el historiador estadounidense Arthur P. Whitaker, algunos recibieron armas que repartió la Alianza Libertadora Nacionalista y otros se armaron con palos. Ellos constituyeron la mayor parte de las víctimas civiles. Aníbal Olivieri (el ministro de Marina de Perón que no estuvo entre los promotores del alzamiento pero se quedó con los hombres de su fuerza y fue el que pidió la rendición) hizo alusión a los grupos civiles que habían sitiado el Ministerio de Marina y amenazaban incendiarlo, pero dijo que era gente del hampa y que, desde adentro, los marinos tiraron a matar. En mi interpretación, habla de estos grupos movilizados por la CGT y de la Alianza Libertadora. También hay un discurso de Perón donde pide a sus partidarios que no reaccionen: ´La lucha debe ser entre soldados´, les dijo. Aquí me surgió la idea del fatídico 16 de junio en que estalló en la Argentina la guerra civil, porque las víctimas no sólo fueron espectadores o transeúntes. Hubo partidarios del gobierno que fueron a luchar. ¿Las causas? Hay que buscarlas en el quiebre político y social producido por el peronismo en la sociedad, con la inclusión de las masas.&#8221;</p>
<p>Para Daniel Cichero, autor de Bombas sobre Buenos Aires, &#8220;las bombas de junio del 55 marcaron un comienzo en el uso de medios militares sobre objetivos civiles. Aunque algunos de los pilotos sigan considerando que atacaron un puesto de mando militar, las listas de víctimas hablan claro sobre quiénes llevaron la peor parte -dice -. El grupo motor de marinos liberales venía conspirando desde fines del 53, pero su organización se extendió al Ejército a través de la dirigencia nacionalista, una vez que detonara el conflicto con la Iglesia. En ese espacio político abierto de improviso convergieron figuras tan disímiles como el socialista Américo Ghioldi, el radical (Miguel Angel) Zavala Ortiz, el conservador Adolfo Vicchi, Mario Amadeo y Pablo Pardo, de la militancia católica. Ellos también , de alguna manera, arrojaron las casi 15 toneladas de bombas.&#8221; A la tarde, cerca de las 18, los marinos se dieron cuenta de que era inútil seguir resistiendo. Los pilotos aterrizaron en Uruguay y, con el compromiso de rendirse al Ejército y no al pueblo -para evitar ser linchados-, se entregaron. &#8220;Los militares que huyeron al Uruguay fueron dados de baja y se reintegraron después del golpe de septiembre. Un hito fundacional en nuestro largo camino a través de la impunidad&#8221;, dice Cichero.</p>
<p>La noche del 16, como represalia, se quemaron la Curia, la Catedral y ocho iglesias. Habría que esperar 90 días para que el fallido intento de golpe de estado trepara al carro de la victoria de la llamada Revolución Libertadora.<!--more--></p>
<p><span style="font-size:small;"><strong>Máximo Rivero Kelly</strong></span></p>
<p>Piloto que participó en los bombardeos</p>
<p>&#8220;Era un hecho necesario&#8221;</p>
<p>La noche del 15 de junio del 55, Máximo Rivero Kelly, el joven que había llegado a la base de Punta Indio como guardia de marina y llevaba seis meses en su nuevo puesto de teniente de corbeta en segundo grado, se fue a dormir sabiendo que al otro día rociaría sobre la Casa Rosada dos bombas de 50 kilos de trotyl. Se lo habían dicho después de cenar, en la biblioteca.</p>
<p>Había cumplido los 23 y la misión no le quitaba el sueño: &#8220;No me acuerdo bien cómo dormí. Pero debe haber sido con la actitud de la acción, como si uno tuviera una regata importante al día siguiente, un partido de fútbol, de tenis, de rugby o de lo que sea&#8221;, dice Rivero Kelly hoy, 50 años después de que su retrato apareciera en los diarios entre las caras de la veintena de hombres de la fuerza naval y de la aeronáutica que realizaron el bombardeo.</p>
<p>¿Se sentía un héroe?</p>
<p>Héroe no, pero sí creía que iba a ser protagonista de un hecho necesario e indispensable y que no se podía hacer de otra forma. Más que los hechos en sí -que hay un montón de libros que los describen de un lado y del otro-, lo más importante creo que es cómo se vivían las cosas en ese momento. Rivero Kelly, que fue número dos de la Armada durante el gobierno de Raúl Alfonsín y se retiró cuando asumió Carlos Menem, insistirá en que &#8220;el que no ha vivido la falta de libertad no se da cuenta de que daña al hombre en sí mismo, porque es su esencia. El gran drama de la época de Perón fue la ausencia de libertad&#8221;. Para el marino, había motivos válidos para el ataque: &#8220;La razón fue justa. No sé si los medios fueron los correctos, pero desencadenó que el gobierno peronista cambiara&#8221;.</p>
<p>¿Cuándo supo del plan?</p>
<p>Unos seis meses antes, quien era mi comandante me llamó a su cuarto -nosotros le decíamos camarote-, donde vivía en la Casa de Oficiales, y me cuenta qué era lo que se estaba planeando.</p>
<p>¿Qué le dijo?</p>
<p>Que se estaba planeando un golpe de estado para sacar a Perón.</p>
<p>A los 23 años, ¿qué pensó?</p>
<p>Que era necesario y yo iba a adherir completamente. En ese momento, uno era más romántico.</p>
<p>¿Pudo decir que no?</p>
<p>Podría haber dicho que no, por supuesto.</p>
<p>Pero no lo hizo. El 16 de junio de 1955, el teniente de corbeta Máximo Rivero Kelly cargó en el bolso del paracaídas el bremer lindísimo que se había comprado en Inglaterra y se subió a su avión North American (NA). &#8220;Teníamos que salir a las 8. Estábamos en una zona de mucha neblina y todo se domoró. Creo que salimos a las 10.45 hacia Buenos Aires&#8221;, dice. ¿Dónde soltó bombas?</p>
<p>Creo que bombardeé la Casa de Gobierno y fui atacado por los Gloster que derribaron a un avión sobre el puerto de Buenos Aires.</p>
<p>¿Cuántas bombas tiró?</p>
<p>Los aviones tenían dos bombas.</p>
<p>¿Tiró las dos?</p>
<p>Supongo que sí. Todas la bombas cayeron dentro de la Casa de Gobierno, eso es lo que sabemos. Y de todas las cifras que recibí, entre heridos y muertos del 16 de junio, creo que fueron 113. Hablaban de miles. En la Plaza de Mayo no había nadie. Nosotros teníamos órden de bombardear en picada. El único accidente con civiles que hubo fue un avión que bombardeó horizontal. Largó las bombas y una cayó en un trolebús. Me acuerdo de eso porque ahí se murió la novia de un amigo mío. Pero debieron haber muerto 20 personas. Fue lo único fuera de la Casa de Gobierno. El resto, según lo que nos contaron después, fue que estuvieron varios días sacando polvo de ladrillo rosado, pero eran bombitas así.</p>
<p>Dice así con las manos y da la idea del tamaño de una sandía. &#8220;Nunca fue una acción militar. Eran bombas de 50 kilos de trotyl. Yo creo que fue una acción psicológica fuerte sobre el centro del poder&#8221;, dice.</p>
<p>Pero hubo muertos. No fue pensada como una acción psicológica.</p>
<p>Yo diría que el que la pensó, pensó en una acción militar que desencadenara todo lo que vino.</p>
<p>¿El objetivo no era matar a Perón?</p>
<p>Es imposible matar a Perón con un bombardeo. Fue una operación psicológica porque como operación militar, no se puede tirar bombitas así.</p>
<p>¿Nunca se arrepintió de haber participado?</p>
<p>No. Además, a posteriori de la revolución, todos querían ser amigos nuestros porque estábamos en el bando de los ganadores.</p>
<p>El 16 de junio, Rivero Kelly aterrizó en Uruguay. &#8220;Como Napoleón (después de su destierro en la isla de Elba), estuve 100 días allí. El gobierno uruguayo nos dio cédula de identidad, un traje, una camisa, un piloto. Nos vistió completo y nos largó a la ciudad&#8221;, cuenta el marino que vivió en el hotel Plaza Ramírez de Montevideo, gracias a los fondos que sus padres le hacían llegar desde Buenos Aires.</p>
<p>&#8220;Volvimos en septiembre -sigue-. Mire, cuando Perón se va a Paraguay, se va en un hidroavión, en un Catalina paraguayo. El se había refugiado en una cañonera en reparaciones que estaba en los talleres nuestros. Cuando Perón se va, había dos aviones caza que lo escoltaban.&#8221;</p>
<p>Rivero Kelly piloteaba uno: &#8220;Cuando estamos llegando a Asunción, sale un DC3 a recibir al avión de Perón. Después me entero que el piloto de ese avión era (el dictador paraguayo Alfredo) Stroessner. Teníamos orden de que no se acercara nadie.&#8221;</p>
<p>Operado del corazón y padre de siete hijos, Rivero Kelly atrajo las miradas en los años 80, cuando hizo algo parecido a un mea culpa público. Bajo el título Reflexiones de un marino, escribió una carta en marzo del 87 que fue publicada por el diario La Nación: &#8220;Empezamos a creernos calificados y con derecho para defender o atacar ideas, concepciones, modalidades, prioridades, o sea, sintéticamente, para juzgar y por tanto condicionar a los gobiernos -decía la carta sobre el rol de la Armada-. Pero nuestra propia simbiosis nos fue llevando a creer que también podíamos intervenir para hacer mejor algo que creíamos que no se hacía bien.&#8221; Al tiempo debió presentarse ante la Cámara Federal de Comodoro Rivadavia por una causa donde se investigaban violaciones a los derechos humanos en la base Almirante Zar, de Trelew. Se trató del primer caso de un oficial en actividad de esa jerarquía que debió presentarse ante la justicia civil para responder sobre violaciones a los derechos humanos cometidas para combatir la subversión. En julio del 87 fue desprocesado: la Cámara Federal de Comodoro Rivadavia resolvió aplicar los beneficios de la ley de obediencia debida.</p>
<p>Cincuenta años después del 16 de junio, ¿hubiera hecho lo que hizo?</p>
<p>Ahora no, las cosas son diferentes. Pero situado en el contexto de esa época, las cosas que pasaban y en la forma de resolver los problemas, sí. La democracia no es democracia si no hay alternancia.</p>
<p><strong><span style="font-size:small;">Bernardo Gwiazda</span></strong></p>
<p>Conscripto del Batallón 4 de Infantería de Marina</p>
<p>&#8220;No tiré ni un tiro&#8221;</p>
<p>Nadie en el Bata Cuatro -como llamaban el Batallón 4 de Infantería de Marina- se lo tomó en serio cuando, un mes antes del 16 de junio del 55, a los colimbas les cambiaron los fusiles Remington de 1898 que usaban para la instrucción por unos belgas, semi automáticos. Bernardo Gwiazda, conscripto clase 34, bendecido con el 911 -número alto que le aseguró una bancante de dos años en la Marina-, hijo de inmigrantes polacos, hincha de Racing y por entonces estudiante de Ingeniería, no fue la excepción. Ni siquiera se enteró de lo que sus superiores habían pensado para él: tomar la Casa de Gobierno a punta de fusil mientras llovían bombas sobre la Rosada. &#8220;El servicio militar se hacía a los 20. Salí del Otto Krause y pasé un año sin poder trabajar. Nadie te daba empleo porque después te lo tenía que mantener durante el servicio militar -cuenta Gwiazda, mientras prepara la escena que lo tuvo como protagonista sobre una servilleta de bar en la que no faltan la Plaza de Mayo y los edificios que la rodean-. Los conscriptos de la Marina de Buenos Aires entraban a la ESMA, donde nos daban una instrucción y nos repartían. Fui a parar al Comando de Infantería de Marina y de ahí, al Batallón 4, que era casi una condena.Tenía que ser un cuerpo de excelencia militar. Estaba en Dársena Norte y su cercanía a la Casa Rosada le otorgaba importancia estratégica.&#8221;</p>
<p>En el Bata Cuatro, el franco peligraba por el solo hecho de no llevar el broche del uniforme lustado del lado de adentro y el mejor momento del día era, sin duda, la hora del mate cocido.</p>
<p>¿Cómo se vivió el 16 de junio allí?</p>
<p>Había tenido guardia, estaba dormido. Lo raro fue que hubo que formar anticipadamente. La gran extrañeza y conmoción fue que había que ir a la armería y sacar cada uno su arma. Pero esta vez, con munición de guerra.</p>
<p>¿Nunca lo habían hecho?</p>
<p>Jamás. A lo sumo de fogueo.</p>
<p>¿Nadie preguntó por qué?</p>
<p>No. Hasta los cabos tenían cierto grado de perplejidad. No todos debían estar informados. Salimos camino al Ministerio de Marina y no sé si llegamos, pero volvimos al batallón. Al rato, volvimos a formar y a armarnos. Presumo que tenía que haber cierta sincronía con la aparición de los aviones. Entramos al Ministerio de Marina por el portón lateral de la ex Cangallo.</p>
<p>Fue un comandante quien les dirigió la palabra. Frente a ese tumulto de uniformes verdes desconcertados dijo que había que pelear por la Patria y por el comandante. &#8220;´¿De qué me está hablando?´, pensaba yo -dice-. Volvimos a cargar los camiones y ahí escuchamos los bombazos. Ya la cosa tomaba un cariz de desconcierto y temor&#8221;.</p>
<p>¿Qué le pasaba por la cabeza?</p>
<p>Quería entender lo que sucedía. Creo que el único que sabía dónde íbamos era el camionero porque estacionó con la culata contra la Rosada para que bajemos, pero nos empezaron a disparar desde adentro. En una carta de lectores que mandé hace años a un diario puse que saltamos del camión hacia la lotería de la muerte.</p>
<p>Con apenas cinco meses de instrucción militar, Gwiazda bajó del camión y empezó a correr. &#8220;Me refugié detrás de coches de un estacionamiento -cuenta-. Pero no hubo un combate feroz. Nosotros no tirábamos. ´¿A quién le tengo que tirar?´ ´¿A un muchacho como yo que está del otro lado?´ ´¿Por qué?´, pensaba. Después vi soldados que venían avanzando desde el Ministerio de Hacienda.&#8221;</p>
<p>Disparó?</p>
<p>No tiré ni un tiro. No tenía miedo pero estaba pensando qué decisión tomar. Golpeé con desesperación las puertas de costado del Ministerio de Marina. Alguien se apiadó y abrió. En un momento yo estaba tirado en un pasillo y alguien estaba buscando un apuntador como yo, que era el que tenía un fusil ametralladora.&#8221;</p>
<p>Gwiazda miró para otro lado. Esa noche la pasó allí: &#8220;Conseguí un chocolate y un colimba amigo con quién me sigo viendo, cebolla. Cenamos cebolla con chocolate. El comandante de la Infantería de Marina era (Benjamín) Gargiulo y en el medio de la noche se escuchó un tiro. Al rato vino la versión de que se había suicidado. Al otro día, nos mandaron al calabozo civil.&#8221;</p>
<p>Sin argumentos, el batallón fue castigado mientras a la novia -hoy esposa- de Gwiazda un funcionario le decía: &#8220;Mire, acá en la lista no está. O está desaparecido o está muerto&#8221;.</p>
<p>El Bata Cuatro fue desmembrado y sus integrantes dispersados. A Gwiaza lo mandaron a la isla Martín García &#8220;a cuidar presos&#8221;.</p>
<p>&#8220;Había una expresión de Borges que decía que la tradición es esa forma de memoria y de olvido. Yo definiría a la historia como esa forma de memoria, de olvido y de ficción -agrega-. Porque cada uno la relata para que, de alguna manera, el mito le ayude con su visión de la historia. No quiero decir que sea en todos los casos intencionalmente deformada sino vocacionalmente creída. Es muy breve el tiempo histórico en que lo testimonial puede confrontar con la leyenda. Por eso trato de relatar los hechos en los que participé.&#8221;</p>
<p><span style="font-size:small;"><strong>Héctor Belloti</strong></span></p>
<p>Vendedor</p>
<p>&#8220;Me impactó la crueldad&#8221;</p>
<p>&#8220;Hoy va a pasar algo&#8221;, pensó Héctor Bellotti cuando salió de su casa, en Humberto I al 1.400. Todavía no eran las ocho de la mañana del 16 de junio del 55.</p>
<p>&#8220;Era uno de esos días oscuros, con mucha niebla y silencio en las calles&#8221;, recuerda este señor de abundante cabellera que no tuvo pereza en viajar desde su casa, en la localidad de 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires, hasta la Plaza de Mayo porteña para recordar lo que vio aquel jueves de luto.</p>
<p>&#8220;Tenía 25 años, estaba casado e iba a ser padre de mi primer hijo, Sergio, que es director de cine (Sudeste, La vida por Perón)&#8221;, empieza Bellotti, que ese 16 de junio se bajó del tranvía en Piedras e Hipólito Yrigoyen. Trabajaba en una importadora de artículos de ferretería a dos cuadras de la Plaza de Mayo.</p>
<p>&#8220;Cuando llegué a la empresa me dijeron que un cliente de La Boca había llamado. Era horrible ir justo ese día tan feo a La Boca -recuerda-. Antes de salir a visitar al cliente, pasé por el bar que había en Perú y Avenida de Mayo. Y demoré. Me puse a leer el diario, a tomar café y a demorar porque no quería ir a La Boca.&#8221; Finalmente cruzó la Plaza de Mayo y se tomó el tranvía.</p>
<p>&#8220;Cuando llegué, la gente estaba alterada. Me preguntaban: ´¿De dónde venís?´ ´¿Cómo hiciste?´ ´¿Qué tomaste?´ ´¿No te pasó nada?´. Empecé a pensar en mi mujer, Mabel, que estaba embarazada de cuatro meses y trabajaba en Molinos Río de la Plata, ahí cerca&#8221;, cuenta Bellotti.</p>
<p>Cuando quiso regresar al barrio, ya no circulaban tranvías ni trolebuses: &#8220;Me paré en el medio de la avenida Almirante Brown y le hice señas a un furgón. En ese instante pasaban aviones Gloster y se escuchaba el tableteo de ametralladoras que iban bajando por Plaza de Mayo&#8221;, repasa.</p>
<p>En su recuerdo, la gente salía a los balcones a ver qué sucedía &#8220;hasta que un Catalina pasó en vuelo rasante y no quedó ninguno afuera&#8221;- y sobre algunas avenidas, militantes de la CGT detenían a los trolebuses y los atravesaban para que nadie avanzara.</p>
<p>Bellotti encontró a Mabel en la puerta de su casa. Almorzaron con sus suegros y, en cuanto encontró una coartada, el hombre rumbeó para la Plaza. &#8220;Mi suegro tenía una hermana mayor que vivía sola en Tacuarí y Alsina. Cuando dijo: ´¿Cómo estará Cacha?´ Le dije: ´Vamos, yo lo acompaño´&#8221;, dice Bellotti recreando diálogos.</p>
<p>¿Por qué insistía con volver a la Plaza de Mayo?</p>
<p>La Plaza fue mudo testigo de 200 años de historia argentina. Desde French y Beruti para acá. Yo quería saber cómo era que se estaban atacando entre argentinos. Me impactó la crueldad. Era guerra. Los otros golpes de estado que yo había conocido habían consistido en gente marchando con una cornetita. Porque a la Casa Rosada la habían tomado en el 43 sin disparar un tiro.</p>
<p>Doña Cacha estaba bien, siguiendo los acontecimientos por Radio Colonia. &#8220;Bajo un minuto&#8221;, le dijo Bellotti a su suegro. &#8220;No se pierda&#8221;, recibió como respuesta. Durante las dos horas siguientes, Héctor Bellotti caminó en medio del horror: &#8220;Resbalando entre los vidrios llegué hasta la Recova. Había chicos jóvenes que se metían entre los soldados porque había dos trolebuses despanzurrados por las bombas que adentro tenían heridos -cuenta-. Yo no atiné a hacer nada por nadie. Ese día hubo mucha gente que no jugó al héroe. Las ambulancias no podían bajar hasta Leandro N. Alem. Quedaban en Balcarce. La gente subía los heridos barranca arriba.&#8221;</p>
<p>Cuando empezó a volver, era de los pocos que caminaban en sentido contrario a las columnas de obreros que se desplazaban hacia la Plaza: &#8220;Venían cantando y vivando a Perón. Son imágenes que no se me borraron más.&#8221;</p>
<p><span style="font-size:small;"><strong>Roberto Atilio</strong></span></p>
<p>Fotógrafo</p>
<p>&#8220;La gente corría y era ametrallada&#8221;</p>
<p>El 16 de junio del 55, Roberto Atilio caminaba por la calle Chile con cuatro compañeros -Pérez, Casarín, Vitorel y Tercic-, todos alumnos de tercer año del Colegio de Transportes de Buenos Aires, que estaba en Boedo e Independencia. Venían del velódromo, donde entrenaban martes y jueves para una competencia estudiantil que se iba a realizar en septiembre. Tenían 15 años y aún masticaban bajito la idea de ratearse del turno tarde para darse un paseíto por La Boca.</p>
<p>&#8220;Caminábamos por Chile pero se notaba algo raro en el ambiente -recuerda Atilio, detrás del escritorio de su estudio fotográfico de Villa Urquiza-. Empezaron a pasar aviones rasantes y escuchamos tableteo que después supe que era de ametralladoras. La gente corría y gritaba: ´Mataron a Perón´. A mí me corrió un escalofrío.&#8221;</p>
<p>¿Por qué se quedó?</p>
<p>No lo podía creer. Sentí pavor, después curiosidad y más tarde puteábamos por lo que veíamos.</p>
<p>¿Qué vio?</p>
<p>Nos fuimos arrimando hasta que llegamos al Cabildo. Lo que vi directamente fue gente que corría por la Diagonal y era ametrallada. No eran partícipes de un acto ni de una concentración. La imagen más patente era un auto incendiado. Había gente tirada en todos lados. Nos quedamos detrás de las columnas. Cuando vimos que empezaba a llegar gente armada me dio más miedo que el ruido de las bombas. Un camión de la Municipalidad bajó a mucha gente en la Plaza y le pedimos que nos llevara. Nos dejó en Chacarita. De ahí, haciendo dedo, llegué a mi casa. Conté todo y me puse a llorar.&#8221;</p>
<p>Atilio adjudica a los bombardeos del 16 de junio su temprana vocación por la fotografía: &#8220;Ese día supe que, de ahí en más, iba a querer registrar todo lo que viera. Porque aquello fue a mansalva -asegura-. Siempre consideré que el 16 de junio no fue dado a conocer con la magnitud que se vivió. Parece que en la actualidad ese acontecimiento no hubiera existido. Aunque de mi memoria no desaparecerá jamás.&#8221;</p>
<p><span style="font-size:small;"><strong>Andrés López</strong></span></p>
<p>Custodio de la residencia de Perón</p>
<p>&#8220;Yo les disparé a los aviones&#8221;</p>
<p>&#8220;Soy un orgulloso suboficial mayor retirado del glorioso Ejército Argentino -se presenta Andrés López, el hombre que estaba a cargo del destacamento militar de la residencia presidencial de Perón, en ese entonces el palacio Alzaga-Unzué, en Libertador y Salguero-. Estaba a las órdenes directas del general Perón.&#8221;</p>
<p>El 16 de junio del 55, Perón dejó la residencia minutos antes de la seis de la mañana. &#8220;Todos los días salía entre las seis menos cinco y las seis y cinco&#8221;, dice López que, cuando fue notificado de los bombardeos a Plaza de Mayo, decidió: &#8220;Me voy a quedar acá como si Perón estuviera adentro.&#8221;</p>
<p>Tenía cuatro suboficiales y veinte soldados a cargo: &#8220;Salí a la terraza del chalet con nueve hombres y el sobrino del general Perón, Mario Antonio Perón, que vivía con el General. Le di una pistola PAM y disparé a los aviones.&#8221; Según su relato, la residencia fue bombardeada tres veces: &#8220;Una bomba pegó contra el paredón de la Plaza Francia y no explotó. Otra cayó en Gelly Obes y Plaza Francia y mató a un barrendero y a una empleada doméstica que estaba en un balcón -enumera López-. Abrí fuego libre. Tirábamos luminosas perforantes. Después cayó otra bomba más en Pueyrredón y Las Heras y dañó algunas casas.&#8221;</p>
<p>La siguiente reunión de gabinete se hizo en la residencia. &#8220;Perón me mandó llamar y me agradeció frente a todos los ministros&#8221;, recuerda López con orgullo. En el living de su casa, dos perfiles en bronce de Evita y de Perón coronan el cristalero.</p>
<p>Días después del ataque, el Presidente convocó al custodio en el garage de la residencia. &#8220;Me dijo: ´López, quiero darle una atención por su cumplimiento del deber durante los bombardeos. Elija´ -cuenta que fueron las palabras de Perón frente a unas motos último modelo-. Y el mismo General dijo: ´Si tuviera que elegir, elijo la roja. Elija´&#8221;. &#8220;La roja&#8221;, obedeció López y se llevó una JAVA 500 que le había traído a Perón una comitiva checoslovaca.<br />
 <br />
Fuente: http://www.clarin.com/diario/2005/06/12/sociedad/s-993770.htm</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Testimonios de aquel día trágico]]></title>
<link>http://coronadosdegloria.wordpress.com/2009/11/18/testimonios-de-aquel-dia-tragico/</link>
<pubDate>Wed, 18 Nov 2009 22:41:29 +0000</pubDate>
<dc:creator>coronadosdegloria</dc:creator>
<guid>http://coronadosdegloria.wordpress.com/2009/11/18/testimonios-de-aquel-dia-tragico/</guid>
<description><![CDATA[El coronel Julio Telmo Pereyra Dante proviene de una familia de profundas raíces castrenses. Su abue]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>El coronel Julio Telmo Pereyra Dante proviene de una familia de profundas raíces castrenses. Su abuelo materno combatió en la Guerra del Paraguay. Su padre, coronel como él, estuvo a las órdenes del general Roca. Pereyra Dante no se resistió al mandato ancestral e ingresó como cadete en el Colegio Militar el 1° de marzo de 1929. Desde esa fecha, hasta su retiro en 1957 como coronel del arma de Infantería, se puede decir que la vida de este oficial transcurrió entre cuarteles y destinos diversos, estos últimos, a veces marcados por los inevitables rumbos de la política del país.</p>
<p>El 6 de septiembre de 1930, como cadete del Colegio Militar marchó contra el gobierno de Hipólito Yrigoyen, participó del tiroteo del Congreso y ocupó con su subunidad uno de los balcones de la Casa de Gobierno. &#8220;A tantos años de aquella revolución -afirma-, pienso que nosotros éramos chicos, de apenas 17 y 18 años y simplemente cumplíamos con una orden.&#8221;</p>
<p><strong>La logia del GOU </strong></p>
<p>Más tarde, la aparición de la figura de Perón no fue auspiciosa para la carrera de Pereyra Dante. &#8220;A mediados de 1943 -señala-, el teniente primero Jorge Lima me ofreció ingresar en el GOU (Grupo de Oficiales Unidos). Le pedí que me hiciera conocer los objetivos de esa logia. Prácticamente eran los que determinaban nuestros reglamentos, que yo cumplía al pie de la letra, así que me negué a firmar lo que se me ofrecía.&#8221;</p>
<p>La independencia de carácter y los firmes principios del oficial, tras el triunfo del movimiento revolucionario del 4 de junio del 43, y del ascenso de la estrella política del coronel Juan Domingo Perón, le traerían problemas. &#8220;Habiendo sido ascendido a capitán &#8211; aclara- fui destinado a Puerto Deseado. Me pregunto si no habrá sido por no haberme afiliado al GOU.&#8221;</p>
<p>Posteriormente, pasó a la Escuela Superior de Guerra, luego al Estado Mayor, y el 31 de diciembre de 1954, ascendido al grado de coronel, fue designado como Jefe de la División Reglamentos.</p>
<p>&#8220;Yo era antiperonista -admite- porque Perón no me gustó de entrada.&#8221;<!--more--></p>
<p>Por esa época tendría ocasión de ver de cerca a Perón. &#8220;Yo tenía un tío, el doctor Julio N. Dante, que tenía un departamento en la calle Agüero, con buena vista a la parte posterior de la residencia presidencial (el palacio Unzué). Allí, desde lo de mi tío, varias veces pude ver a Perón, paseando por la residencia abrazado a la chiquilina (Nelly Rivas) a la que llevaba del hombro, y que aparentemente había tomado el lugar de Eva Perón al morir ésta.&#8221;</p>
<p>El coronel Pereyra Dante tiene un vívido recuerdo de la jornada revolucionaria del 16 de junio de 1955. &#8220;Ese día habíamos ido con los coroneles Basail y Maffei a una exposición en el Departamento Central de Policía. Allí permanecimos un rato, y después de tomar un café y un cognac, volvimos hasta el frente del edificio del Ministerio de Ejército (actual Edificio Libertador) entrando por la puerta izquierda (la de los coroneles). Cuando ingresamos, más o menos al mediodía, el ascensorista nos contó que un rato antes había llevado a Perón al tercer subsuelo, luego al piso trece, y finalmente al tercero. Así nos enteramos de que se encontraba en el lugar.&#8221;</p>
<p>Sobre cómo fue que el líder justicialista se enteró del bombardeo que se venía, el coronel tiene su propia versión: &#8220;Previamente a la iniciación del bombardeo, concurrió al Ministerio de Marina (ubicado en Ingeniero Huergo y Sarmiento) el capitán de navío Dionisio Fernández. Allí los revolucionarios le hicieron saber lo que se estaba gestando y le ofrecieron que se uniera a ellos. Se negó a hacerlo, por lo que debieron encerrarlo en una habitación del edificio y lo dejaron allí solo. No se dieron cuenta, eso sí, de que en el cuarto había un teléfono. Fernández lo usó, llamó a su señora, le contó lo que ocurría y le pidió que llamara a la señora del capitán de navío Enrique Noguera Isler, por entonces ayudante de Perón. Fue así como Perón se enteró de la situación, del bombardeo y el ataque que se preparaba sobre Casa de Gobierno y huyó hacia el Ministerio de Ejército, el Edificio Libertador.&#8221;</p>
<p>&#8220;Yo fui a mi despacho y convoqué a una reunión de oficiales a las 12.30. A las 12.50 se sintieron tres explosiones. &#8220;Esos si que no son truenos&#8221;, me dije. Claro que no, había comenzado el bombardeo a Plaza de Mayo. Como yo tenía mi oficina en el piso trece, en el Estado Mayor, mirando hacia el río (en la esquina que enfrenta a la Aduana), nos corrimos hacia el frente del edificio para contemplar lo que ocurría en la Casa de Gobierno y lo que alcanzábamos a ver de la Plaza.</p>
<p>&#8220;Desde ese lugar -agrega-, pude observar los desastres del bombardeo, el ataque de los marinos desde la plaza Colón, así como las actividades de Perón y el general Franklin Lucero dentro del Edificio Libertador.</p>
<p>&#8220;Posteriormente -señala-, pude recorrer el lugar del ataque, apenas terminada la primera oleada del bombardeo. El espectáculo era dantesco. Los cadáveres yacían tirados frente a la Casa de Gobierno, dispersos en el pasto. Al pasar por Paseo Colón, observé las perforaciones del mármol, todo roto y lleno de escoriaciones. Había muertos por todos lados y un trolebús incendiado con gente atrapada adentro. Todo ocurría en fracción de segundos. Sólo había tiempo de observar. Del general Tomás Vergara Ruzo sólo se encontró su gorra.&#8221;</p>
<p>Pereyra Dante se refiere al general catamarqueño Vergara Ruzo, jefe de la Dirección General de Ingenieros, que se dirigía con su automóvil hacia el Ministerio de Ejército cuando una de las bombas alcanzó a su vehículo. El militar y su chofer murieron carbonizados.</p>
<p><strong>La &#8220;zambullida&#8221; de Perón </strong></p>
<p>Pereyra Dante continúa: &#8220;A Perón lo vi varias veces ese día dentro del edificio del Ministerio. Primero, cuando rodeado por tres militares armados espiaba el bombardeo y el ataque de los marinos desde la ventana de los baños de suboficiales y soldados. En ese momento lo vi tranquilo. Después sería otra cosa.&#8221;</p>
<p>Posteriormente, el oficial observaría al caudillo justicialista con un ánimo muy diferente. &#8220;Perón tenía que dirigir un mensaje al pueblo, alrededor de las 18, cuando ya se había ido tranquilizando todo el panorama y el intento revolucionario había fracasado. Se preparó para ello una sala del Ministerio de Ejército, un lugar colmado de gente donde pude ver cómo se estaban colocando los micrófonos para el discurso de Perón. Pude acceder al lugar acompañado por la vigilancia del edificio. Ahí estaba el mismísimo Perón, sentado en una mesa grande, preparando su discurso. Alrededor de las 17.45, de pronto, se sintió el furioso paso de uno de los aviones revolucionarios, el último que después de sobrevolar el centro de la ciudad se dirigía hacia Uruguay, y que realizó un breve y último ataque antes de retirarse. Al escuchar los disparos, como movido por un resorte, Perón saltó de su asiento y se tiró al piso, en un rincón, cerca de una columna donde había un busto de San Martín. Fue el único de los presentes que se cubrió. Los demás ni nos movimos. Después de que pasó este último avión se puso de pie, volvió a ubicarse ante la larga mesa, se alisó los pantalones y se sentó como si nada hubiera ocurrido. A las 18-concluye- Perón habló por radio y de allí pasó al salón contiguo, donde recuerdo que le hicieron entrega de un cuadro titulado: Decálogo del Soldado Argentino.&#8221;</p>
<p>Fuente: La Nación</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[El espia que aviso del golpe del 16 de junio ]]></title>
<link>http://coronadosdegloria.wordpress.com/2009/11/18/el-espia-que-aviso-del-golpe-del-16-de-junio/</link>
<pubDate>Wed, 18 Nov 2009 22:06:21 +0000</pubDate>
<dc:creator>coronadosdegloria</dc:creator>
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<description><![CDATA[&#8220;Cuídese del entorno, general. He escuchado que sobre mediados de junio se ha de registrar un ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>&#8220;Cuídese del entorno, general. He escuchado que sobre mediados de junio se ha de registrar un intento de asesinarlo. Está comprometida la fuerza aérea naval, que intentará bombardear objetivos militares, la Casa de Gobierno y la Residencia Presidencial.&#8221;</p>
<p>Ramón Landajo, el autor de ese informe que alertaba a Perón sobre los hechos que habrían de producirse en junio de 1943, luce hoy unos muy bien llevados 77 años. Hace mucho tiempo, cuando sólo tenía 14, su destreza como dactilógrafo le sirvió para que le fuera confiada una delicada tarea: copiar documentos que, entre fines de 1942 y junio de 1943, le entregaban los oficiales del GOU que se reunían, para discutir los lineamientos de la revolución de junio de 1943, en la casa de su padre, dentista de Pedro P. Ramírez, el general que asumiría la presidencia el 7 de junio de 1943.</p>
<p>Años después, ya dentro del entorno de Perón como una suerte de cadete que llevaba correspondencia o realizaba pequeñas tareas, Landajo logró ganarse la confianza y el afecto del líder, que solía entregarle un peso con cincuenta por semana para ir al cine o comprarse una pizza. La simpatía y la confianza iniciales fueron ratificadas después, cuando en 1947 Perón lo sumó a su plantel de colaboradores directos que manejaba él en forma personal.</p>
<p>Sin embargo, nada indicaba aún que aquel adolescente que había copiado sin preguntar páginas secretas de un momento clave de la historia argentina llegaría un día a convertirse en un agente encubierto del régimen peronista, para el que realizó delicadas misiones de inteligencia, infiltrando grupos opositores en Uruguay y también en México, durante las dos primeras presidencias de Perón.</p>
<p>Sin ir más lejos, desde su puesto de trabajo en la capital Azteca -adonde Perón lo había enviado en 1953 para que lo mantuviera informado sobre las actividades de los exiliados argentinos en campaña contra su gobierno-, Landajo le advirtió al entonces presidente, en mayo de 1955, sobre los planes en marcha para derrocarlo y matarlo en el mes de junio. &#8220;La información que recibió Perón de mi parte -dice Landajo, que hoy es comentarista político-gremial en la radio y se siente orgulloso del tiempo en que fue un hombre de la mayor confianza del general- fue corroborada por otros avisos que obraban en su poder, aunque el general Franklin Lucero desmintió mi información y la calificó de rumores desmañados o del invento de algún loco. El loco que informaba eso era Cepillo, apodo usado por mí como agente encubierto del general Perón.&#8221;<!--more--></p>
<p>Ya establecido en México e incorporado al diario Novedades y a su versión en inglés The News, como gerente de ventas, y como ejecutivo en XHTV canal 4 y la emisora XEW, el espía de Perón contaba con información privilegiada. &#8220;Pude estar al tanto del accionar de quienes conspiraban contra Perón utilizando la prensa internacional para desvirtuar los logros de su gobierno&#8221;, recuerda.</p>
<p>Landajo afirma que la conspiración de junio estaba bien orquestada. &#8220;Se realizaban en México reuniones entre militares comprometidos con el grupo de Gainza Paz, Lanz Duret, el coronel García Valseca; a veces estaba Joshua Powers, influyente personaje del periodismo mundial, titular de empresas que comercializaban el papel de diario y también controlaban los servicios de Editor Press, proveedora de los principales medios de información y cómics.&#8221;</p>
<p>Los contactos de Landajo con Perón fueron permanentes. A mediados de mayo del 55, fue convocado por el ex presidente de México Miguel Alemán, amigo personal de Perón, a su residencia en Los Pinos, lugar donde el espía recibía las comunicaciones telefónicas de su presidente. Esa vez la urgencia del llamado se debía a que Perón quería ratificar la información enviada por Landajo sobre la revolución en ciernes.</p>
<p>&#8220;A principios de junio, bastaba ir a los archivos de los diarios del mundo y ver los editoriales que publicaban medios de la importancia de The New York Times y The Economist -hilos que desatendieron en nuestro país- para ver la campaña que se venía desarrollando en contra de Perón. Eran verdaderos anticipos sobre cuanto iba a acontecer. El licenciado Venegas Anguiano, uno de los correos especialmente elegidos por Perón, viajó de urgencia a Buenos Aires, y a él le encomendé mi última información confeccionada sobre infidencias escuchadas durante una reunión en la embajada argentina. Allí, uno de los funcionarios, dijo que era seguro el asesinato de Perón en manos de alguno de sus más confiados acompañantes, comentario al que asintió con su cabeza el ministro consejero Negri ante el conocido ex jugador riverplantense Yacono, radicado por entonces en México, y su esposa, empleada del consulado argentino.&#8221;</p>
<p>Hombre de confianza de Perón, discutido sin embargo por algunos de los miembros del entorno del líder justicialista, Landajo recibió finalmente reconocimiento por los informes que advertían sobre los momentos duros que se avecinaban, en medio de las conspiraciones militares y el enfrentamiento con la Iglesia. &#8220;Tiempo después de los hechos de junio -afirma-, el teniente coronel Jorge Manuel Osinde me envió una carta donde me felicitaba por haber enviado información al presidente alertándolo de cuanto acontecía, y me reclamaba colaborara con él, ya que se sabía que estaba en puerta otro intento.&#8221;</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[Bombardeo en Buenos Aires: La mirada de Luis Alberto Romero]]></title>
<link>http://coronadosdegloria.wordpress.com/2009/11/18/bombardeo-en-buenos-aires-la-mirada-de-luis-alberto-romero/</link>
<pubDate>Wed, 18 Nov 2009 22:01:13 +0000</pubDate>
<dc:creator>coronadosdegloria</dc:creator>
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<description><![CDATA[Durante mucho tiempo, el 16 de junio de 1955 estuvo firmemente instalado en la memoria de peronistas]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Durante mucho tiempo, el 16 de junio de 1955 estuvo firmemente instalado en la memoria de peronistas y antiperonistas. Para ambos fue un comienzo: el de la ilusión de una Argentina democrática y liberal, o el de los duros tiempos de la proscripción y la represión. Sin embargo, en su momento, los actores tuvieron visiones más matizadas. Sin dramatizar demasiado los terribles sucesos, el presidente Perón proclamó en seguida el fin de la revolución y el comienzo de la pacificación nacional. Algunos dirigentes opositores, como Arturo Frondizi, también entendieron que la jornada abría una nueva posibilidad de diálogo y de discusión acerca del futuro del país.</p>
<p>Hoy debemos mirar las cosas desde otro ángulo. Los historiadores suelen equivocarse cuando sólo buscan en lo sucedido los gérmenes de lo que ha de venir, pero sería absurdo renunciar a ese instrumento privilegiado del conocimiento consistente en saber cómo prosiguieron las cosas. La historia posterior descubrió otros sentidos en aquella triste jornada en la que aviones militares arrojaron bombas sobre población civil. Ese nuevo sentido no se debió tanto, quizá, a los inmediatos sucesos de septiembre, cuando Perón, sus sostenedores y sus adversarios derrocharon prudencia, ni tampoco a los de noviembre, cuando la deposición de Lonardi interrumpió la política de &#8220;ni vencedores ni vencidos&#8221;. El gran cambio lo produjeron los sucesos de junio de 1956: el fusilamiento de militares y de civiles, por decisiones de distintos Consejos de Guerra, y sobre todo, los fusilamientos clandestinos de civiles en José León Suárez, de los que sólo se supo más tarde. Sensibilizados por nuestra experiencia posterior, hoy podemos ver en el 16 de junio de 1955 un momento significativo en la espiral de violencia política que caracterizó nuestra historia contemporánea y que en poco tiempo llevaría a prácticas no confesas, como el terrorismo clandestino de estado, y a consignas triunfalmente asumidas, del estilo de &#8220;el mejor enemigo es el enemigo muerto&#8221;.</p>
<p>Esto es algo que le ocurrió, en mayor o menor medida, a toda la sociedad argentina: quienes practicaron la violencia, la justificaron, la consintieron, la naturalizaron o, aun cuando la reprobaban, se indignaron menos por unas víctimas que por otras. Sin desconocer su vínculo con situaciones anteriores, ese tipo de violencia fue un fenómeno político y cultural que adquirió su temible dimensión en el siglo XX, en el contexto de una sociedad que había instaurado el principio de la soberanía de la ley y en el de un Estado que había asumido el ejercicio único de la violencia legítima. Por entonces, hacia el primer Centenario de la patria, en la Argentina ya había comenzado a hervir el caldero de las malas pasiones, según la expresiva frase de François Furet. Fueron varias y diferentes; ninguna por sí sola llevaba, inevitablemente, a una conclusión terrible, pero todas ellas, amasadas, son reconocibles en ese proceso complejo que, en su aceleración final, instaló la idea de que en política, dadas ciertas circunstancias, es admisible y legítimo matar al adversario.</p>
<p>Por entonces se acunó una nueva pasión nacionalista: la Argentina debía tener algún rasgo propio y esencial que permitiera establecer el límite entre quienes pertenecían auténticamente a la nación y quienes apenas eran sus metecos, obligados a agradecer lo que recibían sin pretender más, como lo declaró en 1902 la Ley de Residencia. Sobre ese estado de opinión, difuso y generalizado, el Ejército proclamó ser el custodio de los valores nacionales esenciales y se manifestó dispuesto a defenderlos contra sus enemigos, tanto exteriores como interiores. La Iglesia, por su parte, al declarar la esencial catolicidad de la Argentina, colocó fuera de su núcleo esencial a los no católicos, y también a masones, liberales, socialistas o simplemente cultores de la &#8220;vida moderna&#8221;. Finalmente, nuestros dos grandes movimientos políticos democráticos, el yrigoyenismo y el peronismo, marcaron otro límite para la nación, que dejaba afuera a los opositores políticos, la &#8220;antipatria&#8221;. La proscripción peronista de 1955 significó un nuevo y decisivo avance en ese camino.</p>
<p>Las malas pasiones se desplegaron, por pasos. Al principio sólo fueron palabras, pronunciadas inclusive por personas pacíficas. La glorificación de la gesta heroica, la camaradería en la cruzada o la dignidad de la muerte en combate fueron por mucho tiempo tópicos recurrentes de discursos políticos muy diferentes, que concluían en una consigna común: aniquilar el mal y así extirparlo. Es posible reconocerlos en la &#8220;Marcha de la libertad&#8221;, grabada en los sótanos de una iglesia de Buenos Aires, que por mucho tiempo presidió las celebraciones militares de la &#8220;Revolución Libertadora&#8221;. Palabras, quizá. Pero las palabras sedimentan en discursos, y en algún momento éstos habrían de terminar impulsando y legitimando las acciones. Mucho antes de que la revolución cubana le agregara una nueva y eficacísima raíz, este modo de entenderla estaba instalado en nuestra común cultura política. Hoy, el 16 de junio, las bombas, y la misma terrible letra de la Marcha de la libertad nos lo recuerdan.</p>
<p><strong>El autor es historiador, investigador y docente universitario. </strong></p>
<p>Fuente: Diario la nacion</p>
</div>]]></content:encoded>
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<title><![CDATA[Bombardeo en Buenos Aires:la mirada de Isidoro Ruiz Moreno]]></title>
<link>http://coronadosdegloria.wordpress.com/2009/11/18/bombardeo-en-buenos-aires-la-mirada-de-isidoro-ruiz-moreno/</link>
<pubDate>Wed, 18 Nov 2009 21:56:02 +0000</pubDate>
<dc:creator>coronadosdegloria</dc:creator>
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<description><![CDATA[Si por democracia se entiende el gobierno del pueblo, y por República la cosa de todos, la Argentina]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Si por democracia se entiende el gobierno del pueblo, y por República la cosa de todos, la Argentina en 1955 había dejado de ser una república democrática.</p>
<p>En efecto, la política oficial imperante excluía cualquier manifestación que se le opusiera. El presidente Juan Perón ejercía un poder absoluto, identificado con el partido que llevaba su propio nombre. Todos los opositores -desde socialistas, pasando por los radicales, hasta los conservadores- estaban excluidos de los cargos públicos. Se había llegado al extremo de reformar la Constitución para perpetuar a Perón en el gobierno. Ambas Cámaras del Congreso sesionaban bajo sendos grandes retratos del Presidente y de su difunta esposa, denominados por ley &#8220;Libertador de la República&#8221; y &#8220;Jefa Espiritual de la Nación&#8221;, y sus miembros acataban dócilmente la voluntad impuesta desde el Poder Ejecutivo, hasta extremos vergonzosos por la obsecuencia que mostraban.</p>
<p>Ni siquiera escapaba al control del partido gobernante el Poder Judicial y algunos camaristas y jueces mostraron una docilidad incompatible con sus funciones. En febrero de 1955, la Corte Suprema de Justicia entronizó un busto del general Perón en sus dependencias. Se le impedía a la ciudadanía expresar libremente sus ideas. La radio estaba totalmente controlada y casi todos los diarios sufrieron clausuras. La Prensa había sido expropiada en 1951, tras una frontal crítica al gobierno.</p>
<p>Por otra parte, regía desde ese último año el &#8220;estado de guerra interna&#8221;, contrario a la Constitución, que sometía a los disidentes a prisión, conforme a la voluntad del Poder Ejecutivo, y condenaba a pena de muerte a los militares que participaran en movimientos tendientes a desconocer la investidura de las autoridades. Los civiles apresados por sospechas de conspiración eran torturados para obtener nuevas capturas.<!--more--></p>
<p>La educación estaba rígidamente controlada para que los alumnos, a partir de la escuela primaria, leyesen libros que exaltaban la personalidad del matrimonio Perón. La &#8220;doctrina nacional&#8221;, que contenía la prédica del Presidente, era materia obligatoria en las universidades y hasta dependencias militares.</p>
<p>En 1953, tras el estallido de un par de bombas frente a la Plaza de Mayo (que causó media docena de víctimas), el propio Perón alentó a sus partidarios a que quemaran la sede de los Partidos opositores (Radical, Demócrata y Socialista) y el Jockey Club, como lo efectuaron ante la pasividad policial. Quienes criticaban el vandalismo resultaron arrestados.</p>
<p>La situación política, sumamente tensa, se agudizó a partir de 1954 cuando el gobierno acentuó su hostilidad contra la Iglesia Católica, que había censurado la conducta del general Perón respecto de estudiantes secundarias a quienes permitió el uso de la quinta presidencial de Olivos para sus esparcimientos, considerados (a veces exageradamente) como contrarios a la moral. El amancebamiento del presidente, de 60 años, con una adolescente de 15, con quien convivió en su residencia, fue un hecho que no pudo ser ocultado. Las críticas del clero hicieron que elementos hasta entonces adictos al peronismo, tanto civiles como militares, se sumaran a la oposición: eran los autodesignados &#8220;nacionalistas&#8221;, caricatura histérica del patriotismo, unidos a la doctrina oficial de repudio contra Gran Bretaña, Estados Unidos y la &#8220;oligarquía&#8221;, mote desdeñoso empleado por el Jefe de Estado y sus seguidores contra la clase alta de la sociedad argentina.</p>
<p>El episodio más resonante del enfrentamiento entre gobierno y opositores tuvo lugar con motivo de la tradicional procesión del día de Corpus Christi, en mayo de 1955, que estuvo prohibido por la autoridad (no podían realizarse otros actos públicos más que los de adhesión al Presidente), pero que se llevó a cabo mediante una impresionante concentración cívica en el centro de Buenos Aires, a la que concurrieron, por cierto, muchos que no eran católicos. El Ministerio del Interior contestó al desafío con la quema de una bandera argentina por parte de elementos policiales, para culpar a la Iglesia, dos de cuyos miembros jerárquicos fueron deportados.</p>
<p>Tal era la situación política del país en 1955, y la asfixiante atmósfera política habría de incidir en las conductas a seguir. La historia enseña que los dictadores creen que no deben ser sustituidos (generalmente no indican quién puede sucederlos) y que ninguno de ellos considera haber concluido su &#8220;etapa&#8221; ni que ha llegado el momento de traspasar el mando pacíficamente. La experiencia indica que deben ser desalojados de su posición por la violencia.</p>
<p>En ese clima de odio se planeó el ataque realizado el 16 de junio por integrantes de la Marina de Guerra y de la Fuerza Aérea contra la Casa de Gobierno (y no la &#8220;Plaza de Mayo&#8221;, como se confunde a veces por motivos tendenciosos). El bombardeo y el siguiente combate causaron 200 muertos, según declaró el propio presidente Perón.</p>
<p>Si fue una acción &#8220;un poco alocada&#8221; (según me expresó textualmente el propio jefe del alzamiento, almirante Toranzo Calderón) para restablecer las libertades que ampara la Constitución, ello se explica, si no se justifica, por el espíritu que reinaba.</p>
<p>Y ese día culminó con otra muestra de la misma violencia, de signo contrario e igualmente desmedido, como fue el incendio de las iglesias históricas del centro de la Capital Federal.</p>
<p>Tres meses después, como consecuencia directa del fracaso de la Armada, parte del Ejército, la totalidad de la Marina y muchos elementos de la Fuerza Aérea se levantaron a su vez en armas y depusieron al presidente Perón.</p>
<p><strong>El autor es miembro de las Academias Nacionales de la Historia y de Ciencias Políticas. Es además autor de la obra La revolución del 55 </strong></p>
<p><strong>Fuente: Diario la nación</strong></p>
</div>]]></content:encoded>
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<title><![CDATA[El día que bombardearon Buenos Aires]]></title>
<link>http://coronadosdegloria.wordpress.com/2009/11/16/el-dia-que-bombardearon-buenos-aires/</link>
<pubDate>Mon, 16 Nov 2009 22:13:03 +0000</pubDate>
<dc:creator>coronadosdegloria</dc:creator>
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<description><![CDATA[Cerca del mediodía, el presidente Juan Domingo Perón salió con cierto sigilo de su despacho en la Ca]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Cerca del mediodía, el presidente Juan Domingo Perón salió con cierto sigilo de su despacho en la Casa Rosada y se ubicó en el asiento trasero de un auto que arrancó, veloz, en dirección al sur. El viaje fue brevísimo. Perón entendió que el edificio Libertador, entonces Ministerio de Guerra, a sólo 150 metros, era un refugio adecuado para sortear el que al cabo sería el levantamiento golpista más cruento de la historia, a la vez que un intento de magnicidio carente de sutileza alguna, ya que para intentar matarlo se bombardearon desde el aire la Plaza de Mayo, la Casa Rosada, la avenida Paseo Colón, la Avenida de Mayo, el Congreso, la residencia presidencial (donde ahora está la Biblioteca Nacional) y todas las adyacencias. Las bombas y metrallas de la aviación naval causaron entre la población civil alrededor de 300 muertos y un millar de heridos -las cifras exactas nunca se conocieron-; esa misma noche, grupos armados vinculados al gobierno incendiaron la Curia y una docena de iglesias.</p>
<p>Aunque suele repetirse que desde la invasiones inglesas no había habido un bombardeo sobre Buenos Aires, la verdad es que ni siquiera lo hubo en el siglo XIX, cuando la ciudad fue, en todo caso, tomada: por sus formas, por su magnitud, por la ausencia de guerra y sobre todo por la decisión de atacar blancos civiles, los sucesos de junio de 1955 fueron tan cruentos como impares, tampoco comparables con el enfrentamiento de 1962 entre Azules y Colorados que dejaron algunos cráteres en el Parque Chacabuco.</p>
<p>Fue singular, a la vez, la reacción de Perón. A ningún otro presidente constitucional amenazado por un golpe de estado se le ocurrió, ni antes ni después, buscar protección en la comandancia del Ejército. Al principio el general vibró con el bombardeo en la oficina que lo cobijaba, la del general Franklin Lucero, ministro de Ejército. Pero allí fueron pocos minutos. El estallido de todos los vidrios de las ventanas lo convenció de la conveniencia de pasar al subsuelo.</p>
<p>El jueves 16 de junio de 1955 estaba previsto un desfile aéreo, con punto de observación privilegiado en la Plaza de Mayo, en homenaje a San Martín. Muchos pensaron que Perón lo miraría desde la terraza de la Casa de Gobierno, idea que al parecer nunca estuvo en sus planes. No se trataba, en rigor, de un festival aéreo políticamente aséptico, como no lo era entonces casi nada de lo que ocurría en esa Argentina polarizada, partida en mitades por el peronismo y el antiperonismo. Se pretendía que la memoria de San Martín había sido ultrajada por la marcha de Corpus Christi. &#8220;A las doce una formación de aviones Gloster Meteor de las unidades caza-interceptoras de la fuerza aérea volarán sobre la Catedral&#8221;, avisaba con diabólica mansedumbre un comunicado oficial (citado por Hugo Gambini en su Historia del Peronismo, La Obsecuencia, 1952-1955).</p>
<p>Más de cien mil personas habían participado el sábado anterior en el peculiar Corpus Christi, cuando el fervor religioso cedió paso a la reacción de sectores medios y altos contra la ofensiva anticatólica y la caminata se transformó en una inofensiva -aunque nutrida- manifestación opositora. Sobre el final se produjo el confuso episodio de la quema de una bandera argentina, supuestamente sustituida por la bandera vaticana en un mástil del Congreso.<!--more--></p>
<p><strong>Tensión con la Iglesia</strong></p>
<p>Perón sostenía desde 1954 un oscilante conflicto -el más grave que haya habido- con la Iglesia Católica, la cual, si bien había jugado antes un papel favorable a su régimen (inclusive con directivas pastorales electoralmente oficialistas), era la única institución importante que él no controlaba. El cambio de política se basó sobre el argumento de que la oposición se valía de la Iglesia para combatir al gobierno y aunque pretendía justificarse como una respuesta a algunos curas conspiradores (&#8220;traidores&#8221; y &#8220;falsos peronistas&#8221;), una serie de medidas oficiales, como la supresión de la enseñanza religiosa, la prohibición de usar símbolos religiosos en Navidad, las entonces desafiantes leyes de divorcio y de legalización de la prostitución, la eliminación de los feriados católicos y la amenaza creciente de quitarle el apoyo estatal a la iglesia mostraron que el verdadero cortocircuito había trepado a las cimas institucionales. En ese contexto, el 25 de mayo de 1955 -antecedente hace poco olvidado-, Perón se convirtió en el primer presidente en no asistir al tradicional tedeum en la catedral.</p>
<p>De tan trascendente, el enfrentamiento con la Iglesia produjo también conflictos de conciencia en las filas peronistas. Antonio Cafiero, quien en abril de 1955 renunció como ministro de Perón por no conseguir conciliar su peronismo con su catolicisimo, piensa hoy que efectivamente hubo una correspondencia del conflicto con la Iglesia y los sucesos del 16 de junio. &#8220;El conflicto impactó en la oficialidad joven de fe católica, afectada porque obviamente Perón tenía rasgos autoritarios, que no es lo mismo que totalitarios; y me imagino que las mujeres de esos oficiales debieron de jugar un rol trascendental&#8221;, dice Cafiero, quien hace 50 años siguió por radio, en su casa de San Cristóbal, el bombardeo, cuyos devastadores efectos materiales valoró al día siguiente cuando fue a verlo al presidente.</p>
<p>La marcha de Corpus Christi resultó responsabilizada por la propaganda oficial de la quema de la bandera, una asociación burda que sin embargo no sonrojaba a las radios y diarios regimentados por el temible secretario de Prensa y Difusión Raúl Apold. Posteriores investigaciones demostraron que el episodio fue armado. Efectivamente hubo una bandera argentina quemada, pero la incendió en soledad un agente policial, por orden del comisario de la seccional 6», para que el ministro del Interior, Angel Borlenghi, pudiese fotografiarse con Perón apreciando los restos, de acuerdo con la reconstrucción histórica hecha por Isidoro J. Ruiz Moreno. El tema trascendió, como lo demostraría sir Winston Churchill cuando dijo: &#8220;Perón es el primer soldado que ha quemado su bandera y el primer católico que ha quemado sus iglesias&#8221;. Y tuvo en los días siguientes graves consecuencias. Aparte de las movilizaciones oficiales (el martes la CGT organizó frente al Congreso un desagravio &#8220;al pabellón nacional y a la memoria de la señora Eva Perón&#8221;), un decreto de Perón removió al monseñor Manuel Tato y al diácono Ramón Novoa al responsabilizarlos por la marcha subversiva. Ambos fueron deportados a Roma. Cuarenta y ocho horas después, justamente el jueves, día del bombardeo, el Vaticano devolvió el golpe. Excomulgó, sin nombrarlos, a quienes habían expulsado a monseñor Tato. Es decir, a Perón, el firmante del decreto del 14 de junio.</p>
<p>Esa mañana, también, Perón había estado conversando durante una hora con el embajador norteamericano Albert Nuffer. Joseph Page, el más meticuloso biógrafo de Perón, cuenta en el segundo tomo de su obra, sobre la base de documentos desclasificados del Departamento de Estado, que -según Nuffer informó a Washington una semana después- Perón le había comentado durante ese diálogo que los problemas con la Iglesia conseguían aumentar su popularidad.</p>
<p>Habría sido durante la entrevista con el embajador cuando le avisaron a Perón que algo pasaba en la Escuela de Mecánica de la Armada (la hoy dramáticamente célebre ESMA) y en el entonces flamante aeropuerto de Ezeiza. Primeros reflejos: la ESMA fue rodeada de inmediato por tropas leales, algo que contribuiría con eficacia a trabar el plan golpista. Aunque la inteligencia oficial sabía que se planeaba el levantamiento -eso obligó al líder Samuel Toranzo Calderón, jefe del Estado Mayor de la infantería de marina, a adelantarlo-, desconocía el plan y el extraordinario grado de violencia previsto. De otro modo no podría entenderse la falta de recaudos defensivos hasta último momento. Al bombardeo debía seguirle un ataque de infantes de Marina a la Casa Rosada con el concurso de civiles, el posicionamiento de la flota de guerra en el Río de la Plata y la sumatoria sincronizada de tropas del Ejército aerotransportadas. Pero el Ejército, al cabo, no se plegó.</p>
<p>Era una mañana demasiado nublada para un ataque aéreo de precisión con el instrumental de la época, a tal punto que el general León Justo Bengoa no pudo volar por mal tiempo para levantar a sus subordinados en Paraná como se había establecido; no faltó quien lo interpretara como una deserción. Tres horas después de lo previsto, a las 12.40, los bombarderos iniciaron el ataque. La primera bomba, que cayó en el techo de la Casa Rosada, habría sido la única capaz de ser explicada -lo que no implica decir justificada- en el marco del objetivo golpista. Pero la siguiente dio en un trolebús que circulaba por Paseo Colón y mató a todos sus ocupantes, mientras la gente que estaba en la plaza corría con tanto desconcierto como desesperación. Poco más tarde, durante una nueva incursión aérea, la plaza ya era un tendal de cadáveres y personas mutiladas. Había feroces tiroteos, mientras la presencia de fuerzas del Ejército obligaba en otros puntos de la ciudad a las fuerzas rebeldes a replegarse en el Ministerio de Marina, que capitularía al caer la tarde, luego de sufrir una improvisada amenaza de invasión de civiles peronistas con palos movilizados por el sindicalismo en contra de una orden del general. A las cuatro todavía era atacada con metralla aérea la gente movilizada en camiones enviados por la CGT, que -relata Gambini- se dispersó en forma desordenada. Los aviones rebeldes terminaron en el Uruguay y los civiles atacantes se escondieron.</p>
<p>Perón desmintió la versión de su muerte, festejada en una prematura proclama revolucionaria que había llegado a propalarse por Radio Mitre, al hablarle a todo el país a las seis de la tarde. Dijo que la situación estaba controlada, pidió calma y elogió a los militares leales.</p>
<p><strong>Las consecuencias</strong></p>
<p>A diferencia de lo ocurrido en septiembre de 1951 con el levantamiento encabezado por el general Benjamín Menéndez (como consecuencia del cual Perón mantuvo preso durante años a una treintena de oficiales, entre ellos el general Alejandro Lanusse, quien en 1973 le devolvería el poder al peronismo), esta vez no hubo purgas ni persecuciones sino actitudes conciliatorias. Perón, que emergió debilitado y sería derrocado sin sangre tres meses después, no ordenó investigar los hechos del 16 de junio, cuyos pormenores fueron soslayados. Por eso nunca se aclaró del todo el número de víctimas (en Bombas sobre Buenos Aires, un libro reciente de Daniel Cichero, se intenta una identificación de las víctimas, que sumarían 229 muertos -entre ellos 19 militares- y 797 heridos -76 militares-, aunque el propio investigador relativiza su censo y lamenta la manipulación de cifras de ambas partes).</p>
<p>Historiadores no peronistas como José Luis Romero escribieron -con un enfoque semejante al expresado por Félix Luna- que el intento de golpe de junio fue &#8220;verdaderamemente descabellado&#8221; (Luna suele poner el acento en el error histórico de Perón de pelearse con la Iglesia sin necesidad). Hoy reitera Fermín Chávez, con una visión peronista, que se trató de &#8220;la misma conspiración antiperonista que venía de 1952 y 1953&#8243;. Para Alejandro Horowicz, autor de Los cuatro peronismos, fue, en esencia, un ataque pensado: &#8220;Una explícita advertencia de hasta dónde estaban dispuestos a llegar si Perón no renunciaba&#8221;.</p>
<p>Pero antes de caer y huir al Paraguay, durante esos noventa días, Perón probó de todo para sobrevivir, desde proclamar el final de la revolución peronista hasta autorizar a un único opositor, Arturo Frondizi (no así a Alfredo Palacios) a utilizar la radio del Estado para expresarse -concesión inédita- y ensayar una renuncia retórica revertida por el clamor cegetista, a fin de agosto, hasta la famosa arenga enfervorizada, en el otro extremo, del cinco por uno (&#8220;por cada uno de los nuestros que caiga caerán cinco de ellos&#8221;) que resucitarían como un ritual de guerra dos décadas más tarde los Montoneros sedientos de venganza. Cesaron también ese trimestre los ataques a la Iglesia, aunque eso sólo sucedió después del broche del trágico jueves 16 de junio, cuando la amenaza tantas veces enunciada desde los balcones del régimen se hizo realidad y fueron saqueados e incendiados en serie templos católicos: la Curia, la Catedral y las iglesias de Santo Domingo, San Francisco, San Ignacio, San Miguel, La Merced, del Socorro, San Nicolás de Bari, San Juan Bautista y la capilla San Roque. La impunidad acompañó a los grupos de choque peronistas, apenas unas horas después de que el presidente le anunciara al país que la situación estaba controlada. Luego del bombardeo, la quema de las iglesias consecutiva, de signo contrario, condensó en la misma jornada la irracionalidad a la que se había llevado desde el poder la convivencia nacional.</p>
<p>Fuente: La Nación</p>
</div>]]></content:encoded>
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<item>
<title><![CDATA[Envar Cacho el Kadri]]></title>
<link>http://facundoalvarez.wordpress.com/2009/11/14/envar-cacho-el-kadri/</link>
<pubDate>Sat, 14 Nov 2009 08:05:33 +0000</pubDate>
<dc:creator>El Autor</dc:creator>
<guid>http://facundoalvarez.wordpress.com/2009/11/14/envar-cacho-el-kadri/</guid>
<description><![CDATA[&#8220;Y ganaremos cada vez que algún joven sepa que no todo se compra ni se vende y sienta ganas de]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><span style='text-align:center; display: block;'><object width='425' height='350'><param name='movie' value='http://www.youtube.com/v/gZjin2mdiRc&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;hd=0' /><param name='allowfullscreen' value='true' /><param name='wmode' value='transparent' /><embed src='http://www.youtube.com/v/gZjin2mdiRc&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;hd=0' type='application/x-shockwave-flash' allowfullscreen='true' width='425' height='350' wmode='transparent'></embed></object></span></p>
<p><span style='text-align:center; display: block;'><object width='425' height='350'><param name='movie' value='http://www.youtube.com/v/FrkMGe8vxnE&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;hd=0' /><param name='allowfullscreen' value='true' /><param name='wmode' value='transparent' /><embed src='http://www.youtube.com/v/FrkMGe8vxnE&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;hd=0' type='application/x-shockwave-flash' allowfullscreen='true' width='425' height='350' wmode='transparent'></embed></object></span></p>
<p><em>&#8220;Y ganaremos cada vez que algún joven sepa que no todo se compra ni se vende y sienta ganas de querer cambiar el mundo.”</em> Cacho el Kadri</p>
<p><img class="alignleft" src="http://www.elortiba.org/ayer/envar0409.jpg" alt="" width="177" height="210" /></p>
<p>Tuve la suerte de ver y escuchar personalmente a Cacho en un acto de homenaje a los compañeros de la Resistencia Peronista fusilados el 9 de junio de 1956. El acto fue en la Facultad de Sociales de la UBA, en junio de 1998.  Cacho vino acompañando a Sebastian Borro, lider de la toma del Frigorifico Lisandro de la Torre y entre los dos nos aportaron sus vivencias de la resistencia, sus ideas y su energia militante en la dura pelea de aquellos tiempos, cuando el neoliberalismo parecia invencible. Recuerdo como Cacho con una observación breve y certera nos mostro concretamente el caracter movimientista del peronismo y las implicancias estratégicas e ideológicas de ese caracter movimientista. Como jóvenes de la decada del ´90 teniamos poco contacto con el &#8220;otro&#8221; peronismo, el que &#8220;no se compra ni se vende&#8221;  y Cacho nos dio una orientacion invalorable y un ejemplo de coherencia militante.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[Trabajadores del transporte subterráneo dejan sin transporte a 1.000.000 de trabajadores]]></title>
<link>http://buckmiller.wordpress.com/2009/11/13/la-cta-redobla-la-apuesta-y-se-endurece-por-la-libertad-sindical/</link>
<pubDate>Fri, 13 Nov 2009 16:07:44 +0000</pubDate>
<dc:creator>hljorge</dc:creator>
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<description><![CDATA[[ La alianza del Gobierno con la CGT -Confederación General del Trabajo- logró reunificar coyuntural]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><strong><img class="alignleft size-full wp-image-168" title="escudo_justicialista100pix" src="http://buckmiller.wordpress.com/files/2009/11/escudo_justicialista100pix.gif" alt="escudo_justicialista100pix" width="100" height="129" />[</strong> La alianza del Gobierno con la CGT -Confederación General del Trabajo- logró reunificar coyunturalmente las posiciones internas y enfrentadas de los dirigentes más importantes de la <span style="color:#6699ff;"> CTA</span> -Central de Trabajadores de la Argentina-, <span style="color:#6699ff;"> la central obrera que disputa el poder del gremialismo peronista ortodoxo</span>. <strong>] <a href="http://www.clarin.com/diario/2009/11/13/elpais/p-02040010.htm">clarin.com</a> <span style="font-weight:normal;">13, Noviembre 2009</span></strong></p>
<p>[ El secretario general de la Central de Trabajadores de la Argentina, Hugo Yasky, realizó declaraciones esta mañana donde <span style="color:#6699ff;"> volvió a reclamar la personería gremial para la CTA y los sindicatos</span> y adelantó que la Central presentará en los próximos días en el Congreso nacional un proyecto de ley para que el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación tome fuerza legal. ] <a href="http://www.cta.org.ar/base/"><strong>cta.org.ar</strong></a> 12/11/2009</p>
<p><strong>[ </strong><span style="color:#6699ff;">Se recrudeció la pelea gremial </span> y <span style="color:#6699ff;"> los delegados "rebeldes" <span style="color:#666666;"> (las comillas son mías)</span> <span style="color:#6699ff;"><strong> que responden a la CTA</strong> </span><strong>decidieron concretar para el martes próximo un nuevo paro del servicio de subtes que se extenderá por 24 horas y que afectará a un millón de usuarios</strong>. </span> <strong>] <a href="http://www.larazon.com.ar/notas/2009/11/07/02036019.html">larazon.com.ar</a></strong></p>
<p style="text-align:center;"><span style="color:#ffff33;"><strong> ESTO ES UNA INTERNA PERONISTA, TODO ESTO ES POR UNA PUTA INTERNA PERONISTA</strong></span></p>
<p><span style="color:#ff9933;"> De todas maneras, es bueno recordar algunos derechos que el gobierno está olvidando =</span></p>
<p style="text-align:left;"><strong> </strong></p>
<div id="attachment_160" class="wp-caption alignleft" style="width: 235px"><img class="size-full wp-image-160" title="225px-Crisólogo_Larralde_circa_1946" src="http://buckmiller.wordpress.com/files/2009/11/225px-crisologo_larralde_circa_1946.jpg" alt="225px-Crisólogo_Larralde_circa_1946" width="225" height="297" /><p class="wp-caption-text">Crisólogo Larralde - Art. 14 Bis</p></div>
<p><strong>Declaraciones, derechos y garantías de La Constitución de la Nación Argentina </strong>= <span style="font-weight:normal;"><strong>Art. 14 bis</strong>.- El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, (…) organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial. <a href="http://www.senado.gov.ar/web/interes/constitucion/capitulo1.php"><strong>senado.gov.ar</strong></a></span></p>
<p style="text-align:left;"><strong>Declaración Universal de Derechos Humanos &#8211; Asamblea General de las Naciones Unidas <span style="font-weight:normal;"><a href="http://www.un.org/es/documents/udhr/"><strong>un.org</strong></a> = <strong>Artículo 23. <span style="font-weight:normal;font-size:13px;">(&#8230;)  4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.</span></strong></span></strong></p>
<h5>
<p style="text-align:right;"><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cris%C3%B3logo_Larralde"><span style="color:#ffff33;"> http://es.wikipedia.org/wiki/Crisólogo_Larralde</span></a></p>
<p style="text-align:right;"><a href="http://buckmiller.wordpress.com/">Inicio</a></p>
</h5>
</div>]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[En el día de la Militancia el peronismo se convoca en Concordia]]></title>
<link>http://lanotadigital.com.ar/2009/11/10/en-el-dia-de-la-militancia-el-peronismo-se-convoca-en-concordia/</link>
<pubDate>Tue, 10 Nov 2009 22:45:06 +0000</pubDate>
<dc:creator>La Nota Digital</dc:creator>
<guid>http://lanotadigital.com.ar/2009/11/10/en-el-dia-de-la-militancia-el-peronismo-se-convoca-en-concordia/</guid>
<description><![CDATA[Sectores vinculados a Néstor Kirchner y Sergio Urribarri están organizando un acto en el Club Estudi]]></description>
<content:encoded><![CDATA[Sectores vinculados a Néstor Kirchner y Sergio Urribarri están organizando un acto en el Club Estudi]]></content:encoded>
</item>
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<title><![CDATA[]]></title>
<link>http://cosmoderna.wordpress.com/2009/11/10/183/</link>
<pubDate>Tue, 10 Nov 2009 12:59:31 +0000</pubDate>
<dc:creator>cosmoderna</dc:creator>
<guid>http://cosmoderna.wordpress.com/2009/11/10/183/</guid>
<description><![CDATA[por Gisèle Freund]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>por Gisèle Freund<br />
<img class="size-medium wp-image-182 alignleft" title="Si Evita viviera..." src="http://cosmoderna.wordpress.com/files/2009/11/0000013.jpg?w=262" alt="Si Evita viviera..." width="262" height="300" /></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>

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