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	<title>plan-schlieffen &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
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	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "plan-schlieffen"</description>
	<pubDate>Mon, 30 Nov 2009 17:46:47 +0000</pubDate>

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<title><![CDATA[Cuarto pecado: la guerra submarina sin cuartel]]></title>
<link>http://historiaencomentarios.wordpress.com/2008/10/28/cuarto-pecado-la-guerra-submarina-sin-cuartel/</link>
<pubDate>Tue, 28 Oct 2008 12:17:37 +0000</pubDate>
<dc:creator>Carlos</dc:creator>
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<description><![CDATA[“Con la guerra submarina sin cuartel Alemania cometió por segunda vez el mismo error, sólo que de ma]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;"><a href="http://historiaencomentarios.files.wordpress.com/2008/10/submarino_kiel.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-318" title="Submarino_Kiel" src="http://historiaencomentarios.wordpress.com/files/2008/10/submarino_kiel.jpg" alt="" /></a>“Con la guerra submarina sin cuartel Alemania cometió por segunda vez el mismo error, sólo que de mayor envergadura, que el que había supuesto el plan Schlieffen. De nuevo estuvo dispuesta a aceptar un mal seguro a cambio de una mera expectativa de obtener un beneficio incierto”.</p>
<p style="text-align:justify;">De inicio Sebastián Haffner nos plantea una acertada analogía entre el segundo y el cuarto “pecado capital”. La entrada del Imperio Británico en el conflicto fue fruto del empecinamiento alemán por derrotar más fácilmente a Francia ignorando la neutralidad belga. De la misma manera, tratar de someter a los ingleses por medio del empleo masivo de fuerzas submarinas iba a provocar que los EE.UU. declarasen la guerra al II Reich.</p>
<p style="text-align:justify;">Se repetía, pues, la misma situación: con el fin de derrotar a un enemigo se asume el riesgo de provocar –con total seguridad- la animadversión de otra potencia mayor. Si a esto añadimos que, como sucedió tanto en el caso francés como en el británico, el tan ansiado objetivo de dejar fuera de combate a un enemigo puede no cumplirse, el desastre es aún mayor. A causa de esta política El Imperio Alemán introdujo a Inglaterra y los EE.UU. en la Gran Guerra, y a cambio no consiguió nada: de dos contrincantes pasó a tener cuatro. No obstante, Haffner defiende que existieron importantes diferencias entre estos dos “pecado”: la guerra submarina sin cuartel fue un fallo aún más imperdonable que la invasión de Bélgica. En primer lugar porque se cometió el mismo error por segunda vez.</p>
<p style="text-align:justify;">En segundo término porque la posición de los EE.UU. en 1917 era bastante más clara que la del Imperio Británico en 1914: los americanos manifestaron repetidamente que en caso de guerra submarina declararían la guerra a Alemania, afirmación que nunca fue pronunciada en Londres cuando se planteo la cuestión belga. La entrada de Inglaterra en la Gran Guerra era una posibilidad; la de los Estados Unidos era segura. Finalmente el autor señala que la tercera diferencia consistió en la forma de tomar la decisión: mientras que el plan Schlieffen, rodeado de todo el secretismo militar, se ejecutó rápidamente, la guerra submarina se debatió durante dos años, siendo sometida a la voluntad del Reichstag y de la opinión pública.</p>
<p style="text-align:justify;">¿Cómo llegaron los alemanes a convencerse de que la guerra submarina sin cuartel era la mejor manera para ganar la guerra? La respuesta a esta incógnita hemos de buscarla en el tercer “pecado capital”: la huída de la realidad. Alemania, encerrada en su habitual idealismo, había renunciado a toda paz que no supusiera una victoria total. De esta manera, es lógico llegar a la conclusión de que solo ahogando el comercio marítimo británico se podía llegar a tal meta. Una vez conseguido ese objetivo el II Reich confiaba en poder mantener a los americanos lejos de Europa mediante un cordón submarino en el Atlántico.</p>
<p style="text-align:justify;">Sin embargo, aunque estuvieron cerca provocar el colapso de la flota inglesa, los alemanes no llegaron nunca a controlar los océanos. Sus enemigos, duramente golpeados por el impacto inicial de la guerra submarina sin cuartel, fueron poco a poco encontrando revulsivos ante el acoso germánico. De esta forma, las islas británicas nunca quedaron aisladas, y los americanos pudieron cruzar el Atlántico y luchar en suelo francés con el fin de derrotar a Alemania.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Bibliografía:</strong></p>
<p style="text-align:justify;">[1] <em>Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial</em>; Sebastian Haffner &#8211; Barcelona &#8211; Destino &#8211; 2006.</p>
<p style="text-align:justify;">[2] <em>Historia Universal Contemporánea II</em>; Javier Paredes (Coord.) &#8211; Barcelona &#8211; Ariel &#8211; 2004.</p>
<p style="text-align:justify;">[3] <em>La Primera Guerra Mundial</em>; Hew Strachan &#8211; Barcelona &#8211; Crítica &#8211; 2004.</p>
</div>]]></content:encoded>
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<title><![CDATA[Tercer pecado: Bélgica y Polonia o la huída de la realidad]]></title>
<link>http://historiaencomentarios.wordpress.com/2008/10/28/tercer-pecado-belgica-y-polonia-o-la-huida-de-la-realidad/</link>
<pubDate>Tue, 28 Oct 2008 08:13:05 +0000</pubDate>
<dc:creator>Carlos</dc:creator>
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<description><![CDATA[“A lo largo de cuatro años –más exactamente hasta el 29 de septiembre de 1918-, el gobierno alemán, ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;"><a href="http://historiaencomentarios.files.wordpress.com/2008/10/propaganda_belgica.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-313" title="Propaganda_Belgica" src="http://historiaencomentarios.wordpress.com/files/2008/10/propaganda_belgica.jpg" alt="" width="350" height="550" /></a>“A lo largo de cuatro años –más exactamente hasta el 29 de septiembre de 1918-, el gobierno alemán, secundado por el aplauso de la opinión pública, rechazó siempre en un tono casi indignado, como si de una exigencia inmoral se tratara, pactar una paz general sobre las bases de un <em>status quo</em>, sin vencedores ni vencidos”.El tercer capítulo de la obra de Haffner nos describe una Alemania heroica, sacrificada y fuerte, enfrentada a una misión que supera sus fuerzas. La alabanza a la capacidad de resistencia del pueblo y del ejército alemán es una constante a lo largo de estos párrafos. No obstante, el autor lamenta la ceguera existente dentro del II Reich: el no percatarse de que la victoria era imposible. Tras el fracaso del Plan Schlieffen, y con los británicos como enemigos, la guerra estaba perdida. A los germanos solo les quedaba llegar una paz entre iguales que les permitiera salir de ese conflicto sin demasiados daños que lamentar. Los dirigentes del Imperio Alemán tuvieron a lo largo de esos cuatro años varias ocasiones para firmar esa paz “sin vencedores ni vencidos” que tanto le convenía a su nación; sin embargo, rechazaron, una tras otra, las posibilidades que se les presentaban. Para la ceguera del II Reich solo valía la victoria, y esta era imposible. Ese es el tercer “pecado” denunciado por Sebastián Haffner en su libro: la huída de la realidad. Ahora bien, ese juego infantil de no querer afrontar a los hechos –soñar con una victoria imposible- fue acompañado de otras manifestaciones poco coherentes. Toca, pues, hablar de Polonia y Bélgica. De pronto estos dos territorios, que no le habían importado nunca a ningún alemán –habían interesado solo como lugar de paso para otras grandes conquistas-, se convirtieron, de la noche a la mañana, en partes fundamentales del proyecto imperial. A tal punto llegó esa obsesión que en más de una ocasión la paz “sin vencedores ni vencidos” se frustró por la incapacidad de los alemanes para renunciar a sus conquistas en esos territorios.</p>
<p style="text-align:justify;">Por tanto, Polonia y Bélgica son nombres propios que representan parte de esa huída de la realidad. Los dirigentes del Reich se agarraron con todas sus fuerzas a la idea de una Alemania victoriosa; sueño demente en el que, poco a poco, fueron ocupando su lugar los territorios de esas dos naciones. Mientras esto sucedía, a la nación se le acababa el tiempo: cada vez resultaba más difícil mantener la línea del frente. No obstante, durante cuatro años, la posibilidad de evitar la catástrofe fue rechazada por unos líderes borrachos de un triunfalismo inexistente.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Bibliografía:</strong></p>
<p style="text-align:justify;">[1] <em>Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial</em>; Sebastian Haffner &#8211; Barcelona &#8211; Destino &#8211; 2006.</p>
<p style="text-align:justify;">[2] <em>Historia Universal Contemporánea II</em>; Javier Paredes (Coord.) &#8211; Barcelona &#8211; Ariel &#8211; 2004.</p>
<p style="text-align:justify;">[3] <em>La Primera Guerra Mundial</em>; Hew Strachan &#8211; Barcelona &#8211; Crítica &#8211; 2004.</p>
</div>]]></content:encoded>
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<title><![CDATA[Segundo pecado: el Plan Schlieffen]]></title>
<link>http://historiaencomentarios.wordpress.com/2008/10/27/segundo-pecado-el-plan-schlieffen/</link>
<pubDate>Mon, 27 Oct 2008 16:44:28 +0000</pubDate>
<dc:creator>Carlos</dc:creator>
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<description><![CDATA[“La política alemana se encontraba ya ante un duro dilema. Debido lógicamente a sus errores previos ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;"><a href="http://historiaencomentarios.files.wordpress.com/2008/10/plan_schlieffen.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-276" title="Plan_Schlieffen" src="http://historiaencomentarios.wordpress.com/files/2008/10/plan_schlieffen.jpg" alt="" width="441" height="429" /></a>“La política alemana se encontraba ya ante un duro dilema. Debido lógicamente a sus errores previos tenía encima dos “guerras frías”: una contra Rusia y Francia por la hegemonía continental y otra contra Inglaterra por ocupar “un lugar bajo el sol”. Alemania estaba obligada a separar ambas cosas y reventar la Entente”. Y lo cierto es que, como afirma Sebastian Haffner en los siguientes párrafos de este segundo capítulo, casi lo consiguió. El II Reich estuvo muy cerca de mantener al margen de la guerra a Inglaterra, pero sus errores –el segundo “pecado”- lo impidieron.</p>
<p style="text-align:justify;">Las relaciones entre los germanos y las potencias continentales apuntaban inevitablemente hacia la guerra; una lucha en la que Alemania tenía posibilidades de alzarse con la victoria. Por el contrario, en el caso británico, la distensión comenzaba a dar sus frutos, por lo que es de suponer que los insulares se mantendrían al margen de una guerra europea. A Inglaterra no le interesaba poner en peligro su mastodóntica y frágil estructura comercial, y al II Reich no se le pasaba por la cabeza enfrentarse a tal potencial naval al tiempo que desarrollaba una guerra con Francia y Rusia. En definitiva, el enfrentamiento entre Austria y Serbia podía arrastrar al campo de batalla a alemanes, rusos y franceses, pero no tenía porque dar pie a la entrada de Inglaterra. Es más, al tratarse básicamente de una guerra en la Europa oriental, la situación de Francia era más que comprometida. Resultaba impensable que los ejércitos de la tricolor se plantaran en los Balcanes; la única misión de los franceses en la conflagración adveniente era atacar Alemania por su frontera occidental. Basándose en el testimonio de los miembros del gobierno inglés y de sus embajadores en París y Berlín, Haffner llega a afirmar que, salvo que se produjera una invasión germana del territorio francés, Inglaterra estaba dispuesta a mantenerse al margen del conflicto. Es decir, el Imperio Alemán debía contentarse con una guerra oriental, limitándose solo a defenderse en el oeste de los ataques franceses. Por tanto, se le presentaba a Alemania la posibilidad, no solo de mantener la neutralidad británica, sino también de mostrar al mundo como Francia se había apuntado –fruto de su revanchismo- a una guerra a la que no había sido invitada y en la que no tenía nada que hacer. En los primeros días de la guerra los militares tomaron el control de las operaciones en Alemania, fijando entre sus prioridades la materialización del Plan Schlieffen. Este contemplaba la invasión de Francia atravesando Bélgica y Luxemburgo con el fin de evitar las líneas defensivas francesas; así quedaba desbaratada toda la acción diplomática germana para con Inglaterra. Este acto no solo significaba la renuncia a un conflicto puramente oriental, sino que suponía una acción hostil hacia dos países que se habían manifestado neutrales ante la lucha que se avecinaba. A esto hemos de añadir el compromiso del Imperio Británico para con estas dos naciones europeas en peligro.</p>
<p style="text-align:justify;">Los militares alemanes con sus tácticas y envolventes lograron lo que con tanto esmero habían procurado evitar los políticos: la entrada de Inglaterra en la guerra. Ese fue el segundo “pecado” capital del II Reich: “ante la posibilidad de dejar fuera de combate a una gran potencia, Francia, el plan prefería arrastrar hacia el conflicto con toda seguridad a otra más fuerte, Inglaterra”. De esta manera, aún logrando un rotundo éxito en el frente francés –que como sabemos no se produjo-, la situación de Alemania en la Gran Guerra había empeorado.</p>
<p style="text-align:justify;">Hoy sabemos -al igual que Haffner cuando redactó en 1964 Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial- que las cosas hubieran sido muy distintas si los dirigentes del II Reich se hubieran inclinado por un conflicto oriental. Los hechos demostraron en esos años de lucha que Alemania estaba más que capacitada para defenderse de Francia en el oeste y resultar victoriosa en el frente este; sin embargo, la elección fue otra. Aún así, al Imperio Alemán se le presentarían otras ocasiones de alcanzar resultado favorable de cara al fin de la guerra. Oportunidades que, como veremos en los próximos “pecados”, tampoco aprovechó.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Bibliografía:</strong></p>
<p style="text-align:justify;">[1] <em>Los siete pecados capitales del Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial</em>; Sebastian Haffner &#8211; Barcelona &#8211; Destino &#8211; 2006.</p>
<p style="text-align:justify;">[2] <em>Historia Universal Contemporánea II</em>; Javier Paredes (Coord.) &#8211; Barcelona &#8211; Ariel &#8211; 2004.</p>
<p style="text-align:justify;">[3] <em>La Primera Guerra Mundial</em>; Hew Strachan &#8211; Barcelona &#8211; Crítica &#8211; 2004.</p>
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<title><![CDATA[Cuarto pecado: la guerra submarina sin cuartel]]></title>
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<pubDate>Sat, 13 Jan 2007 10:13:00 +0000</pubDate>
<dc:creator>Carlos</dc:creator>
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<title><![CDATA[Tercer pecado: Bélgica y Polonia o la huída de la realidad]]></title>
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<pubDate>Mon, 08 Jan 2007 13:00:22 +0000</pubDate>
<dc:creator>Carlos</dc:creator>
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<title><![CDATA[Segundo pecado: el Plan Schlieffen]]></title>
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<pubDate>Fri, 05 Jan 2007 23:12:58 +0000</pubDate>
<dc:creator>Carlos</dc:creator>
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