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	<title>relatos-breves &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
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	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "relatos-breves"</description>
	<pubDate>Tue, 08 Dec 2009 06:59:42 +0000</pubDate>

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<title><![CDATA[El pozo]]></title>
<link>http://escritoenelespejo.wordpress.com/2009/11/25/el-pozo-2/</link>
<pubDate>Wed, 25 Nov 2009 17:29:31 +0000</pubDate>
<dc:creator>aitzi28</dc:creator>
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<description><![CDATA[Recostada en la cama, hecha un ovillo por culpa del frío y la falta de calefacción, sólo notaba las ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><address>Recostada en la cama, hecha un ovillo por culpa del frío y la falta de calefacción, sólo notaba las gotas de lluvia que repicaban rítmicamente contra el cristal, y los destellos de luz que de cuando en cuando iluminaban mi pequeña habitación. Los truenos resonaban cerca, tan cerca que parecía que quisieran avisarnos de algo. No tenía ni pizca de sueño, por lo que tenía la mirada clavada en la nada, sumida en mis pensamientos.</p>
<p>Y de repente, él, ello, ocupó toda mi mente. No sé cómo me lo imaginé, como llegó allí, pero se instaló en mi cabeza y parecía imposible echarlo. Un rostro me vigilaba desde el otro lado del cristal, un rostro sin cuerpo. Ni siquiera tenía ojos, sino las cuencas vacías, de un negro tan profundo que me recordó a la primera vez que tuve el valor suficiente a asomarme al pozo de la antigua mansión de la abuela. Un negro tan intenso que supe al instante que si caía en aquel pozo caería por toda la eternidad, que mi cuerpo vagaría hacia lo profundo, más y más, y que jamás encontraría suelo. Un agujero en el que mi alma se consumiría poco a poco y la oscuridad penetraría en mí. Un vacío total.</p>
<p>Y ahora, el pozo había venido a mí. Porque aquel ser tenía nariz y boca, una boca cuarteada por el frío en la que exhibía una siniestra sonrisa, pero yo sólo podía ver los ojos. Bueno, la ausencia de ellos. Las cuencas. El vacío que venía a apoderarse de mí. No tardé en percatarme que las gotas repicaban a un ritmo conocido: el ritmo de mi corazón. Bum-bum, bum-bum. O tal vez del suyo. Tal vez aquel ser, aquello que había surgido de lo más profundo y macabro de mi mente, tenía corazón. Bum-bum, bum-bum. O tal vez no. Lo único que sabía con certeza era que estaba completamente aterrada por aquel pensamiento, que me había invadido la razón hasta tal punto que una parte de mí estaba convencida de que si me levantaba de la cama, si abandonaba la nula seguridad de las mantas y descorría las cortinas, me lo encontraría allí mirándome con aquel negro en sus ojos. Negro desesperación. Negro muerte.</p>
<p>Y entonces se me ocurrió otra cosa, algo que hizo que me estremeciera aún más. Aquel ser podría atravesar la ventana y plantarse en aquella habitación donde solo estaba yo. Y no me daría tiempo a abrir la puerta y salir con vida. Estaba atrapada. Si él quería, me tendría. Me estaba asomando peligrosamente al borde del pozo y no había cuerda que me protegiera en el caso de que resbalara. Y lo peor era que no podía controlar mi mente, que parecía como si alguien intentara torturarme desde el interior. Porque sabía que si simplemente pensaba en otra cosa, en las Navidades que se avecinaban, en algún conocido, aquel ser se iría. Y sin embargo notaba que las cortinas comenzaban a ondearse, una figura a surgir de la nada, y las primeras lágrimas a resbalar por mis mejillas. A la vez que un nuevo relámpago iluminaba mi habitación, aquel rostro había penetrado ya desde el exterior. Y comenzó a brotarle un cuerpo, negro como el carbón, algo sin forma pero aterrador; como si se tratara del miedo en estado puro. No tenía manos, no era más que una sombra, y sin embargo notaba como algo se enroscaba alrededor de mi cuello y comenzaba a quedarme sin aire.</p>
<p>Me hundía más y más en el pozo, caía hacia un destino incierto pero una muerte segura. Y aquel ser continuaba allí, mirándome, atravesándome, y aunque sabía que todo era cosa de mi imaginación, de mi mente, no podía doblegarla. Estaba perdiendo una batalla contra mí misma. La peor de las batallas, la última de ellas. Me estaba hundiendo en el pozo. Aquel ser se acercó otro paso hacia mi cama, y lo único que pude hacer fue imaginarme un par de garras que atravesaban mi alma. Antes de que pudiera pestañear siquiera, estaban allí, dos manos fantasmales, encorvadas. Mis peores pesadillas haciéndose realidad, a punto de asesinarme. Apenas me quedaba aire. Vencida por mi proia imaginación. Asesinada por mi propia imaginación. Hundida en el pozo. Cerré los ojos y dejé que ocurriera.</p>
<p>&#160;</p>
<p><span style="color:#000000;">-¡Tranquila, ahora te sacamos!-¿me hablaban a mí? ¿Me había caído realmente al pozo? ¡Pero yo estaba en mi cuarto! ¿Qué&#8230;? El ser había desaparecido, pero la lluvia y los relámpagos continuaban. Me levanté de la cama y me acerqué a la ventana. Al otro lado había una niña pequeña, llorando en la oscuridad de un pozo. ¡Ésa soy yo! ¡Soy yo! Alguien bajó por una cuerda y cogió a la niña por la cintura.</span></p>
<p><span style="color:#000000;"> </span></p>
<p><span style="color:#000000;">-¡Eh! ¡Estoy aquí! ¡Yo también estoy aquí!-¿qué ocurría? ¿Me escuchaban? ¿Qué estaba pasando? La niña se giró hacia mí, y sus ojos eran negros como el carbón, el vacío, la oscuridad del pozo. Me dejé caer de rodillas. En cuestión de segundos, lo vi todo claro: esperaría allí, en aquella minúscula habitación, hasta que alguien cayera al pozo&#8230; y entonces, entonces ocuparía su lugar, como acababa de ocurrir. Parte del pozo. Parte de la oscuridad y del vacío. Pero volvería a salir. Sólo era cuestión de esperar.</span></p>
</address>
</div>]]></content:encoded>
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<title><![CDATA[El pozo]]></title>
<link>http://escritoenelespejo.wordpress.com/2009/11/25/el-pozo/</link>
<pubDate>Wed, 25 Nov 2009 17:26:06 +0000</pubDate>
<dc:creator>aitzi28</dc:creator>
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<description><![CDATA[]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'></div>]]></content:encoded>
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<title><![CDATA[ Podrovnik]]></title>
<link>http://lamedores.wordpress.com/2009/11/23/podrovnik/</link>
<pubDate>Sun, 22 Nov 2009 23:16:26 +0000</pubDate>
<dc:creator>tirititrantran</dc:creator>
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<description><![CDATA[Son las 23:00 hora local, en la azotea del palacio Karla Podrovnik, sito en el centro de Varsovia, e]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Son las 23:00 hora local, en la azotea del palacio Karla Podrovnik, sito en el centro de Varsovia, en el 5 de la avenida Kopernika, cuatro de los integrantes de nuestro quinteto de asalto nos disponemos a penetrar por el tragaluz central de lo que antíguamente era el centro de reuniones del alto mando soviético en Polonia.<br />
Ahora, ésta gran mole, desde la cual se pueden ver los más importantes edificios estatales, pertenece a una de las facciones más importantes del usufructo de Kiev, la mafia Ukraniana.<br />
Todo empezó cuando, ya constituido nuestro grupo de trabajo y tras unos cuantos golpes de éxito a pequeños capitales particulares, Marta Petrova, &#8220;contratista&#8221; del cártel en cuestión, nos hizo llamar para un, según ella, suculento encargo.<br />
Me hicieron acudir a la reunión en el Podrovnik, con todo lo necesario para parecer que me disponía a arreglar algún problema informático de redes en el edificio, para no levantar sospechas. Esto fue, al final, toda una suerte puesto que así estreché lazos con mi posterior genial colaborador Jaznik, quien en ese momento me pertrechó de todo lo necesario para la ocasión, por un módico precio, y sin hacer preguntas.</p>
<p>El plan era sencillo, y como dijeron, pintaba suculento, muy suculento.</p>
<p>En plena transición al euro, los compradores del centro comercial del puerto de Riga, pagarían todo en metálico en las últimas compras de Nochebuena, y puesto que caía en sábado, el dinero se quedaría en la misma caja fuerte del centro hasta el Lunes, a cargo de la empresa de seguridad que poseía una importante sede en la macrosuperficie; incluso, putualizaron que si éramos espabilados, podríamos llevarnos todo lo que hubiera en los comercios subalternos. Ellos sólo exigían la mitad de lo que hubiera en la caja fuerte principal, en el sótano.</p>
<p>Siempre hice caso a mis corazonadas, y un amargo nudo en el estómago fue creciendo en mi interior cuando aquel enorme calvo trajeado, quien más tarde supe que era Hanus Novytarg -gracioso nombre; nuevo mercado, literalmente-, desde el otro lado de la gran mesa de nogal, con su traje italiano y su puro cubano, exclamó: &#8220;Veremos ahora de lo que sois capaces tu grupo, tú, y tu amiga la gordita, &#8230;¡já!&#8221;, tras lo cual cruzó una extraña mirada con Marta, sentada en un sillón cerca de la ventana.</p>
<p>En principio todo el mundo estaba entusiasmado, y me preguntaban por qué tenía yo aquella cara tan larga. Incluso nuestro nuevo fichaje Jaznik, necesario y muy valioso, se integró perfectamente en el equipo y trabajando con ahínco y en completo equilibrio con los demás, hacía bromas de lo fácil que podría resultar aquel golpe, y que además, al fin y a cabo, desplumaríamos a una gran empresa, propiedad de otro mafioso Letón, y casi todo sería dinero ilícito sin declarar.</p>
<p>El tal Hanus, uno de los malditos jefes de la organización, y Marta, nos facilitaron toda una serie de planos, los horarios de las guardias, e incluso los nombres y direcciones de los agentes de seguridad y las patrullas nocturnas de la policía. Demasiado fácil.</p>
<p>Los atenienses Kristos y Elena, atléticos, y muy eficaces, constituirían mi grupo de apoyo in situ, Hana se pondría a los aparatos de escucha, Jaznik se dedicaría a lo suyo y el control visual térmico de la superficie.</p>
<p>Aquello era coser y cantar: entrar por la ventilación, llegar al sótano 6 y forzar la caja fuerte después de reducir a los guardias de la cámara anterior,&#8230;Escaparíamos con el botín en uno de los coches de seguridad.<br />
Cuando ya tenía a los guardias durmiendo como corderitos, me comunicaron a gritos que saliese de ahí a toda prisa. Todo fue cuestión de segundos, Kristos acudió en mi ayuda,&#8230; yo les grité que escapasen.</p>
<p>Para Kristos y para mí, la aventura terminó al estrellarnos contra la verja del párking, que Jaznik debería haber abierto para facilitarnos la huída. Con varias costillas rotas y una contusión cerebral Jaznik, y yo con la nariz, costillas y clavícula fracturadas, comenzó nuestro suplicio en las comisarías y cárceles de un país en el que no nos habíamos criado.</p>
<p>Según las noticias, nos apresaron cuando tratábamos de forzar la segunda caja fuerte del megacomercio. La otra, sí, otra, en pleno centro de la oficina de seguridad, fue arrasada con un dumper de ochenta toneladas y los guardias fueron masacrados al paso de la devastadora mole &#8230;la otra mitad del equipo de asalto se encontraba en paradero desconocido con un botín posiblemente cercano al medio millón de euros, una miseria.</p>
<p>Los cargos eran abrumadores, claro que las pruebas que nos implicasen directamente, escasas, &#8230;lo peor, la pertenencia a banda de malhechores, armada, y complicidad en el asesinato de dos guardias de seguridad.</p>
<p>Aquellos años que pasé en las frías celdas de castigo, todas aquellas palizas, las vejaciones, la dura y difícil, valga la redundancia, diatriba de escapar de los ardides de los subgrupos de prisión y mi silencio,&#8230;mi silencio, debería yo cobrarlo con creces. En todo ese tiempo aun en aquellas inmundas y difíciles condiciones, uno tiene mucho, pero que mucho tiempo para pensar, y también se aprenden más de un par de cosillas interesantes, no sólo a sobrevivir.</p>
<p>Así que el rencor, la suerte y las buenas costumbres de la gente han hecho que ésta noche nos encontremos apunto de asaltar uno de los mayores depósitos de capital mafioso de Europa.</p>
<p>Jaznik nos da paso libre, soltamos las bombas de niebla infrarroja, Hana no necesita ver, élla nos guiará, el resto de dispositivos electrónicos pueden impedirse desde el ordenador de nuestro amigo, verdadero genio de la informática.<br />
Bajamos por la cuerda diez metros, Hana coloca una tirolina directa hacia el pasillo central del último piso, las máscaras son un engorro pero el gas, además de no dejar ver, es tóxico por inhalación. Hana no necesita ver.</p>
<p>Lo único que ven los vigilantes, lo único que miran los jefes mafiosos, lo único que escuchan, es el partido que acaba de comenzar en Lisboa, la gran final del Dinamo Kiev, contra el Spartak de Moscú,&#8230;insólito.<br />
La suerte; no podía ser más propicia, &#8230;el fútbol no falla para éstas cosas. Tenemos más de media hora para profanar éste santuario de corrupción. Hanus y su gentuza son gente de costumbres, él tiene un sitio privilegiado en el palco, ellos en el casino central de Varsovia.</p>
<p>Llegados a éste punto no tenemos más que forzar el gigantesco portón del despacho del gran hombre, una vez dentro puentearemos el sistema de infrarrojos y podremos ver tras los veinte minutos que tardará la niebla en depositarse en el suelo de mármol, para escapar cargados con nuestras bolsas llenas de sueños y promesas violetas,&#8230;billetes de quinientos euros marcados de difícil puesta en circulación.</p>
<p>Hana nos abre paso hacia la tenue luz del despacho en el que ya me encuentro por tercera vez. Ésta vez no recibiré un premio de consolación y una palmada en la espalda con sabor a amenaza en recompensa por mi silencio, ésta vez me acerco al ventanal desde donde la Petrova observara los cisnes sobrevolar el Vístula bajo los puentes, ésta vez respiro tranquilo saboreando el caramelo que me ofrece la voz de Jaznik que me indica por radio que tenemos vía libre, que sus sistemas han funcionado,que no se activó la alarma. Saboreando el dulzor de la voz de Elena indicándome que ha puenteado los infras, sintiendo el éxtasis de escuchar, de observar a Kristos y Hana,trabajar para abrir la pesada puerta de la vieja obra de arte que encierra nuestra venganza, la gatera por la que, si jugamos bien nuestras cartas, nos escapaemos hacia un mundo sin preocupaciones, llena de los amigos que proporciona la generosidad.</p>
<p>Salimos por donde entramos, como auténticos trapecistas,&#8230;justo cuando voy a cerrar el ventanuco de la cúpula por donde entramos, se escucha el estruendoso júbilo con su eco subir por el hueco abalconado del patio interior del fastuoso palacio. El Dinamo ha debido marcar,&#8230; dejo caer el cristal con su pesado marco dejando atrás el territorio ucraniano a mis espaldas.</p>
<p>Descendemos por la pared sureste , montamos en la potente furgoneta, y salimos zumbando en dirección al otro lado del río. Jaznik está entusiasmado, comenta el partido con detalle, el gol del delantero Andriy Sevchenko, su jugador favorito,&#8230;como él es ucraniano. No se cómo lo hace, prestar atención al partido, mientras nos mete y nos saca de un agujero de ratas, creo que si llegamos a saberlo, le habríamos pegado un tiro, sólo por proponerlo.</p>
<p>Ahora, más despacio bajamos enfilando hacia el puente por la avenida 3 de Mayo, luego volveremos otra vez hacia la avenida Juan Pablo segundo, pasaremos cerquita del casino,&#8230; es hora de ponerse los trajes de fiesta.</p>
<p>- Has estado fantástica, Hana!-le digo acercándome para besarla, ella me responde con una sonrisa.<br />
-No podemos decir lo mismo de tí- dice Kristos, a quien miro con desconcierto.-Si se llega a romper el cristal estamos perdidos, &#8230;¡¿En que estabas pensando, joder?!<br />
-Bueno, tranquilízate Kistos, además el plan era suyo, y si llega a haber alguien, él es el más capacitado para,&#8230;-lo apacigua Hana.<br />
-Eh, venga, todos hemos estado cojonudos.-dice Elena serena, casi sin acento.<br />
-Ok,Kuba, ya estás vestido, ahora repasa lo que ha pasado en el partido, atentamente, no podremos retener lo que nos ha dicho Matrix igual que si lo vemos.-Kristos en plan profesional.<br />
-Pero qué mas dará, -dice Matrix, Jaznik, divertido- ¡No se sabe ningún jugador!, jajajaajajaja!</p>
<p>Tras un paso a cámara rápida del partido y comentar lo más importante en lento y ver las repeticiones, cruzamos el río de vuelta, en dirección al casino, y la casa de Kristos. Nadie sabe nada de Matrix, pero saben que los demás estamos casi siempre juntos,&#8230;hoy no iba a ser menos.</p>
<p>-Bueno campeón, sabes una cosa, que yo bajé a salvarte el culo a aquel sótano de mierda, ..ahora sálvanos tú.-me dice Kristos nariz con nariz metiendome unos cuantos fajos en la americana.<br />
-Mira, precioso, lo nuestro ha terminado, mamón!-me sujeta Hana la cara con una mano, y me suelta un bofetón con la otra.<br />
Elena me riega con champán-¡Feliz viaje!-y abren la puerta de la furgoneta, no me da tiempo y caigo mal de la misma.</p>
<p>Con el traje más roto de la cuenta, demasiado cerca del casino, me incorporo dolorido, asustado.<br />
Mejor me guardo bien el fajo, los cuatro fajos de billetes, y me dirijo a algún bar de la zona a terminar de ver el partido y emborracharme, una paliza más no me hará gran cosa.<br />
.<br />
.<br />
.<br />
.</p>
<p>Aquella taberna con el olor de la manteca pegada en los ladrillos de las paredes y en la oscura madera de barra sillas y mesas era perfecto. Cuatro parroquianos encaramados a la barra , como sujetos a sus cervezas miraban el partido entre insultos y risas con el hombre que detrás de la barra sacaba brillo a un gran baso de cristal. Parados vueltos de las minas de Katowice, según su aspecto. El mayor y más viejo gritaba al de la barra que debía animar a los ucranianos, ya que habían sufrido el yugo ruso igual que nosotros, &#8230;el sudoroso y carnoso barman esgrimía que los ucranianos eran los responsables de que las minas de Katowice cerraran.<br />
Ninguno se percató de mi presencia hasta que dejándome caer en una silla cercana, dí un sonoro golpe en la mesa correspondiente con el brazo.</p>
<p>-¡Salud hombre!Dígame con quien va, con los ucranianos o los moscovitas-dijo afable pero inquisitivo el grandullón.<br />
-Déjalo Piotrek, dígame usted que quiere beber-dijo el barman-no ves que está hecho polvo?<br />
-Cerveza, y vodka, las rusas son unas zorras, &#8230;especialmente si son ciegas!-contesté gritado, dolido.<br />
-Claro que si hombre, a ver si marca el Dinamo, eh?-otro parroquiano.<br />
-¡Puto fútbol de mierda!-respondí.<br />
-Tenga hombre, beba, beba-me trajo el barman una buena cerveza y un baso grande de chupito con vodka y unos frutos secos.</p>
<p>El partido siguió sin más incidentes que la discusión de las minas y los gobiernos interrumpida por los ánimos de cada hinchada por cuando le correspondía, &#8230;yo mientras tanto ya había dado cuenta de cinco cervezas y otros tantos vodkas, &#8230;el primer platito de kikos seguía en su sitio, lleno.<br />
Una vez más la ruleta de la fortuna volvió a girar, y quiso que el árbitro desacertara pitando un penalti que no era en favor del Dinamo encendiendo el ambiente a menos de 5 minutos del final. Los ánimos se caldearon, ..y más aún cuando se convirtió la falta. Despacio, me acerqué hacia los hombres que me daban la espalda desde la barra, que gritaban efusivamente y con aspavientos. Lo necesitaba,&#8230;agarrando del hombro al grandullón le dí la vuelta y le solté un potente derechazo haciendo que cayese a los pies de la grasienta barra. A continuación casi me abandoné a mi destino, soltando un gancho aquí y allá sin tratar del todo de atinar,..de todos modos, aquellos tipos eran duros de veras.</p>
<p>Sobre un charco de sangre que fluyó de mis labios y nariz, vi como me quitaban los cien euros que llevaba en la cartera. Me incorporé y dirigí tambaleándome hacia la calle del río, para rodear la esquina de la ferretería y subir calle arriba, hacia el casino.</p>
<p>Algunos jubilados salían ya con sus perros a darles el paseo de después del partido, me miraron con desdén , el uno bajo el ala de su gorra de lana, el otro por encima de su bigote, los dos se saludaron y fueron juntos hacia el banco bajo un gran tilo comentando algo de la juventud de ahora.</p>
<p>Ahí salían contentos los gorilas por la puerta principal del casino, con las mujeres embutidas en minitrajes y largas botas de cuero, sus abrigos de piel en pleno verano. Una arcada, dos, &#8230; diez pasos más, &#8230;a ese traje gris de Armani le vomité encima, ..el codo derecho duro, del traje, se manchó con mi cara de roja sangre. Una señal, un chasquido de dedos. Dos hombres se me acercaron y de un empujón me tiraron bajo los contenedores del otro lado de la calle.</p>
<p>Cuando cierta gente se dio cuenta de que en los supermercados letones algún imbécil había estado comprando grandes cantidades de comida que luego levaba a los horfanatos, con un dinero robado hacía unos años a sus propios dueños&#8230;cuando se dieron cuenta que alguien compraba cantidades ingentes de plantas para llenar las pobres vidas de las pobres y viejas casas de los distritos más desfavorecidos, &#8230;¡Con los billetes marcados que les habían sustraído la noche de la gran final!&#8230;empezaron a preguntar, ..y no tardaron en dar con el subnormal que se había quedado en Varsvia tras semejante hazaña. Fue una suerte que los primeros en encontrarme fueran los hombres de Hanus, y no los lituanos.</p>
<p>Mi historia bajo gran dolor y amenazas no pudo ser otra que la verdad.</p>
<p>El dinero en cuestión estaba en mi cuchitril de las afueras, ..alguien me lo tiró encima cuando, yo borracho, casi me atropella con su gran mercedes con matrícula letona. Aquel hombre me señaló con el dedo delante de sus labios que callase.Yo me los metí en los pantalones, doscientos mil euros!!! Pero me acababa de dejar mi novia, mi querida novia Hana, justo después del gol de Ukraina,&#8230;le dio por ahí, dijo que se iba al mediterráneo con sus amigos griegos, que estaba harta de mis borracheras absurdas, ..si ni siquiera me gustaba el fútbol!</p>
<p>Así que me dió por aumentar mi borrachera,&#8230;quería ver el final del partido. Los del bar confirmaron el final de mi historia, sus gorilas también, &#8230;lo mismo hicieron floristas, tenderos, agraciados, y agraciadas.</p>
<p>-Eres imbécil, además toda tu desgracia es esa mujer,&#8230;deberías elegir mejor.-me dijo Marta con desprecio.<br />
-Que te hace pensar, Sra. Petrova, que tú eres mejor que ella-contesté entrecortado por el dolor.<br />
-A la vista está-contestó ella.<br />
-No todo lo que importa se vé, guapa.<br />
-Lo dicho, eres imbécil.<br />
-No tanto, acabo de acordarme de la matrícula, &#8230;creo que es letona.<br />
-Escupe, maldito polaco!<br />
-Boris, lávalo y suéltalo en los pantanos, no quiero volver a verte Kuba, si te veo haré que te maten.-zanjó Hanus la entrevista.</p>
<p>Todas las cosas tienen consecuencias en la vida,&#8230;las palizas que me dieron esos cerdos me han limitado en un treinta porciento la audición, y mi mano izquierda ya no es la misma,&#8230;Hana es ahora mis oídos y yo su vista, en los países donde no recuerdan nuestras caras, donde necesitan los sueños de color violeta y saben agradecerlos.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Cincuenta Piezas]]></title>
<link>http://lamedores.wordpress.com/2009/11/22/cincuenta-piezas/</link>
<pubDate>Sun, 22 Nov 2009 19:35:24 +0000</pubDate>
<dc:creator>gusapira</dc:creator>
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<description><![CDATA[Ella era poliédrica y él caleidoscópico: encajaron a la perfección. Sus ojos eran subrayados fluores]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Ella era poliédrica y él caleidoscópico: encajaron a la perfección.<br />
Sus ojos eran subrayados fluorescentes en color verde enredadera; allí quedaron prendidas cada una de sus vísceras, incluido el corazón.<br />
Nadie fue capaz de arrancarlo: el anclaje era obstinado y su solidez rotunda.<br />
Las historias sencillas merecen final feliz.<br />
********************************FiN***********************************</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[RELATO BUSCA FOTO]]></title>
<link>http://lamedores.wordpress.com/2009/11/20/relato-busca-foto/</link>
<pubDate>Fri, 20 Nov 2009 14:56:30 +0000</pubDate>
<dc:creator>Administrador</dc:creator>
<guid>http://lamedores.wordpress.com/2009/11/20/relato-busca-foto/</guid>
<description><![CDATA[Hoy os proponemos una votación para escoger una foto para un relato. Las dos fotos propuestas son la]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Hoy os proponemos una votación para escoger una foto para un relato.</p>
<p>Las dos fotos propuestas son las siguientes:</p>

<p>¿Cuál de ellas te gusta más para este relato?</p>
<p style="text-align:center;"><a title="Enlace Permanente a NO TE ASUSTES, POR FAVOR, MANTÉN LA CALMA" rel="bookmark" href="http://lamedores.wordpress.com/2009/10/30/no-te-austes-por-favor-manten-la-calma/"><span style="color:#0000ff;">NO TE ASUSTES, POR FAVOR, MANTÉN LA CALMA</span></a></p>
<p>            Si eres el primero en leer esta carta no te asustes. Ya sé que estoy de cuerpo presente y que hace muchos años que no ves un muerto, pero por favor, mantén la calma. Avisa a las autoridades y que ellas procedan a hacer lo que crean conveniente, sólo espero y deseo que hayan pasado más de 48 horas de mi muerte.</p>
<p>              Es a ti, estimado lector y descubridor de mi cuerpo inerte, a quien quiero dar las correspondientes explicaciones como compensación por el susto que te acabo de dar.</p>
<p>              El principal motivo de mi suicidio no es otro que mi hartazgo por esta vida y la gran losa que representa el pensar que voy a vivir para siempre. Sé que la mayoría de las personas estáis encantados con los avances científicos, en especial aquellos que son los acusantes de que llevemos cincuenta años sin una sola perdida humana en todo el planeta. La posibilidad de la autoregeneración mediante el  autotrasplante de células madre de cualquier órgano o tejido, juntamente con la posibilidad de reactivar cualquier órgano tras 48 horas de su paro, nos ha llevado hasta la muerte de la muerte.</p>
<p>              Pero yo, a mis 125 años,  me he cansado de vivir y no quiero seguir por más tiempo en este mundo.  Aquí, estimado lector, a quien ves tumbado sin pulso con siglo y cuarto sobre  sus espaldas, encontrándome en plenas facultades físicas y mentales, además podría decirse sin miedo a faltar a la verdad que en mejores facultades que cuando tenía 70 años, voy a resucitar a la muerte. No sé que efectos va a provocar en vosotros, que miedos o que fantasmas va a desenterrar, pero eso ya poco me preocupa.</p>
<p>              Espero que mi muerte os dé consciencia de la existencia de la parca, y os haga pensar en el  poco sentido que tiene la vida eterna. Estoy seguro que me tachareis de egoísta, vosotros, que no permitís más nacimientos. Vosotros, que estáis viviendo la vida de vuestros nietos y como vampiros chupáis la sangre de las futuras generaciones.  Precisamente vosotros, diréis que soy egoísta además de cobarde.</p>
<p>              Ciertamente, buscareis motivos en mi biografía y haberlos haylos.  Sí, el hecho de que yo perdiera a mi esposa antes de la revolución genética tiene mucho que ver, nunca me acostumbré a vivir sin ella. Es más, nunca he querido vivir sin ella y sin embargo mi cobardía ha hecho que la sobreviva casi otra vida entera. Pero que más da cuales sean mis verdaderos motivos, que más da qué es lo que me ha llevado a despertar a la muerte. Lo verdaderamente importante es que no quiero seguir aquí.</p>
<p>              Estimado amigo, solo una última cosa. A mi ya poco me importa la trascendencia de mi muerte, ni tan siquiera me preocupa la trascendencia de mi vida. Poco me importa lo que a partir de ahora ocurra, pero te dejo en herencia la responsabilidad de su repercusión. Las autoridades esconderán mi muerte, no la contabilizarán, así que tú eres el depositario de hacer que mi acto sea el detonante de que el hombre vuelva a ser hombre. Ahora tú conoces el secreto de cómo saltarse los controles del <em>estoy-vivo</em> que nos obligan a llevar las autoridades. En ti reside que des a conocer como me he suicidado para que mi muerte dé esperanzas a otras personas. No sé quien eres, desconozco que piensas, solo sé que viniendo a morir a este lugar esta vez soy yo quien juega a los dados con la humanidad.</p>
<p>              Suerte, y disculpa todas las molestias  que te voy a ocasionar.</p>
<h1 style="text-align:center;"><span style="color:#ff0000;"> </span></h1>
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<h1 style="text-align:center;"><span style="color:#ff0000;">A VOTAR:</span></h1>
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<a name="pd_a_2280211"></a><div class="PDS_Poll" id="PDI_container2280211" style="display:inline-block;"></div><script type="text/javascript" language="javascript" charset="utf-8" src="http://static.polldaddy.com/p/2280211.js"></script>
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</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[UNA SIMPLE HISTORIA DE AMOR (Pablo y Magda)]]></title>
<link>http://lamedores.wordpress.com/2009/11/18/una-simple-historia-de-amor-pablo-y-magda/</link>
<pubDate>Wed, 18 Nov 2009 05:06:39 +0000</pubDate>
<dc:creator>peptrempat</dc:creator>
<guid>http://lamedores.wordpress.com/2009/11/18/una-simple-historia-de-amor-pablo-y-magda/</guid>
<description><![CDATA[UNA SIMPLE HISTORIA DE AMOR (Pablo y Magda) &nbsp; Pablo amaba a Magda. &nbsp; Se habían conocido po]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><a href="http://lamedores.wordpress.com/files/2009/11/black-white-rose.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-1723" title="black &#38; white rose" src="http://lamedores.wordpress.com/files/2009/11/black-white-rose.jpg?w=300" alt="" width="300" height="237" /></a></p>
<p><strong>UNA SIMPLE HISTORIA DE AMOR (Pablo y Magda)</strong></p>
<p>&#160;</p>
<p>Pablo amaba a Magda.</p>
<p>&#160;</p>
<p>Se habían conocido por casualidad en la calle cuando ella tropezó llevando aquellos zapatos de tacón alto. Su tobillo se torció y Pablo la ayudó a levantarse y amablemente la llevó a un hospital cercano donde le diagnosticaron una leve torcedura de pronta recuperación. Enseguida hubo un intercambio de miradas que afectó al pequeño Cupido que todos llevamos dentro y el flechazo fue inevitable. Al cabo de unos días ya paseaban juntos y se intercambiaban mensajes vía SMS durante las horas de trabajo. Luego llegaron los apasionados besos a la luz de la luna, las dulces palabras de amor y las sutiles caricias de pasión sin llegar a más por respeto o tal vez por pudor. Sólo deseaban estar el uno al lado del otro en todo momento sin importarles el resto de la humanidad.</p>
<p>&#160;</p>
<p>Con el tiempo Pablo empezó a proponerle una relación más íntima, pero Magda siempre derivaba la conversación hacia otros derroteros, cosa que exasperaba a Pablo. No obstante su amor hacia ella era tan intenso que lo aceptaba como un mal menor. Pensaba que Magda no era como cualquier chica y que seguramente quería estar convencida de sus sentimientos antes de dar un paso adelante. Tiempo habría para demostrarle que la cosa iba en serio.</p>
<p>&#160;</p>
<p>Magda era una auténtica belleza, y más a los ojos de Pablo. Su pelo color pajizo, sus ojos azules y sus carnosos labios daban buena fe de ello. De mediana estatura y cuerpo esbelto, con pechos bien contornados y porte elegante, era la chica ideal con la que siempre había soñado. Por su parte, Pablo era un chico de complexión atlética, con un rostro de facciones duras aunque agradables, tez morena y saludable y unos grandes ojos de negro intenso que hechizaban a Magda. Podía decirse que cuando estaban juntos eran el vivo retrato de la pareja perfecta.</p>
<p>&#160;</p>
<p>La pasión que sentía Pablo por Magda le ocasionaba una excitación difícil de contener y aunque los besos y caricias que le propiciaba eran recibidos por ella con sensual ternura, él ansiaba más. Acariciar su pelo, degustar de su boca y el suave tacto de sus pechos era el néctar de los dioses, más cuando intentaba ir más allá, ella con sutileza le hacía desistir ofreciéndole sus manos y su boca para que él se sintiera en el paraíso hasta llegar al éxtasis final del orgasmo. Luego Pablo insistía con amor en devolverle el regalo, pero ella siempre se negaba con una pícara sonrisa de felicidad en su boca. Parecía como si Magda se sintiera satisfecha sólo con verle a su lado, relajado de nuevo.</p>
<p>&#160;</p>
<p>&#160;</p>
<p>Lo que Pablo en un principio interpretaba como un acto de moralidad extrema, se fue convirtiendo en obsesión. No se sentiría nunca completamente dichoso del todo si ella no aceptaba estar en las mismas condiciones de placer, gozando tanto como él, por lo que decidió proponerle una prueba de su amor. Se dijo a sí mismo que fuese cual fuese la decisión de Magda, seguiría siendo su chica. No concebía un mundo sin ella.</p>
<p>&#160;</p>
<p>Magda amaba a Pablo.</p>
<p>&#160;</p>
<p>Desde el primer día supo que aquel apuesto joven era el hombre de su vida. Sabía de su infancia, de su trabajo, de sus amores de adolescente. Él se lo había contado todo durante aquellos felices meses en que lo único que le importaba era estar a su lado y le preocupaba que su amor pudiera terminar algún día y de que había muchas posibilidades de que eso ocurriera. No podría resistirlo. Estar lejos de Pablo sería morir en vida y precisamente esa amarga sensación la consumía por dentro cada vez que él le proponía una relación más íntima. Una relación de pareja estable con todas sus consecuencias.  </p>
<p>&#160;</p>
<p>Pablo le había insistido y a pesar de sus reticencias, sabía que aquello sería inevitable. No podía ocultar por más tiempo la pasión que sentía por él y era consciente de que su relación peligraba, aunque también se sentía inmersa en un pozo de dudas pensando si precisamente una vez cumplidos sus deseos, aquello se terminaría con una desilusión que acabaría poniendo fin a todo lo que ahora tenía y que jamás tuvo. La idea la horrorizaba a tal extremo que no la podía dejar dormir por la noche, pero…¿qué otra opción le quedaba?</p>
<p>&#160;</p>
<p>Al final accedió a sus deseos y para preservar la intimidad, le propuso ir a su casa. Pablo se sentía feliz y excitado. Magda temblaba y se preguntaba si aquello no sería la antesala del final de su relación.</p>
<p>&#160;</p>
<p>El apartamento de Magda era pequeño, con austera decoración aunque con gusto refinado. Nada más entrar, Pablo empezó a besar a Magda apasionadamente. No podía reprimir su excitación y el mero hecho de saber que por fin Magda se iba a entregar a él en cuerpo y alma, le hacía sentir dichoso. Sin embargo Magda reaccionó de una manera un tanto sorprendente. De forma delicada lo apartó con ambas manos renunciando así a aquellos besos y caricias que tanto le gustaban, al tiempo que lo empujaba en dirección al sofá que presidía aquella estancia, hasta que Pablo no tuvo más remedio que sentarse a la espera de sus misteriosas intenciones.</p>
<p>&#160;</p>
<p>Magda empezó a quitarse la ropa ante los atónitos ojos de Pablo. Su frágil cuerpo fue adquiriendo forma a medida que las prendas iban cayendo al suelo, hasta que no quedó absolutamente nada por quitar, quedándose desnuda por completo. La suerte estaba echada.</p>
<p>&#160;</p>
<p>Pablo amaba a Magda.</p>
<p>&#160;</p>
<p>La desnudez de Magda no hizo más que aumentar su deseo. El amor que sentía era inconmensurable y observando su ruborizado rostro, ahora oculto por ambas manos, pensó que su amada se lo estaba pasando mal.</p>
<p>Se levantó del sofá y se dirigió hacia ella. Magda seguía temblando.</p>
<p>Pablo no dijo nada, pero sus manos hablaron por él. Delicadamente acercó su rostro al de Magda que estaba llorando y empezó a besarle las lágrimas que le caían abundantemente por sus mejillas. Luego le besó los labios y el cuello mientras acariciaba sus hombros hasta bajar a aquellos pechos que tantas sensaciones de pasión le proporcionaban. Magda seguía temblando, aunque el miedo empezara a diluirse para transformarse en excitación. Deseaba con todas sus fuerzas que aquello no terminara nunca, sin embargo Pablo siguió convencido de que aquello era la antesala de su futura felicidad. La quería incondicionalmente y aquel era el mejor momento para demostrárselo.</p>
<p>Siguió descendiendo por su cuerpo y depositando sus ardientes besos en vientre, ombligo y caderas hasta situarse frente al tan ansiado sexo de su amada que le había sido vetado hasta aquel momento.</p>
<p>&#160;</p>
<p>Sólo aquel pequeño apartamento fue testigo del amor que se desprendía de aquella hermosa pareja. Pablo había encontrado a la mujer de su vida y nada ni nadie los podría separar nunca. Eso pensaba cuando empezó a besar delicada, sutil y deliciosamente el pene de Magda.</p>
<p>&#160;</p>
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</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Morir por nada]]></title>
<link>http://elenaazcarate.wordpress.com/2009/11/17/morir-por-nada/</link>
<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 09:43:59 +0000</pubDate>
<dc:creator>Elena Azcárate</dc:creator>
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<description><![CDATA[La sangre sobre la nieve es más roja. Un reguerillo caprichoso se  extiende a mis pies. Es bonito. T]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>La sangre sobre la nieve es más roja. Un reguerillo caprichoso se  extiende a mis pies. Es bonito. Tengo la punta de la nariz helada y los dedos casi rígidos pero esta sensación de adormecimiento es agradable.</p>
<p>Un crimen pasional no se comete todos los días. Lo más gracioso es que no la quiero. Ni un poco. Solo buscaba un consuelo. Yo no contaba con que ella planteara separarse para venirse conmigo. Ni me ha dado tiempo a decirle que a un soltero empedernido no le gusta esa idea. A su marido menos. Ella nunca le mencionó así que cómo hubiera podido imaginar que me seguiría sigilosamente y que, a traición, me clavaría un cuchillo por la espalda en medio de un parque nevado. En provincias pequeñas no ocurren estas cosas.</p>
<p>Ya no siento nada pero mis ojos alcanzan a ver las sinuosas formas que dibuja la sangre al discurrir por la nieve. Es tan roja&#8230;</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Hitzak soberan daude]]></title>
<link>http://escritoenelespejo.wordpress.com/2009/11/17/hitzak-soberan-daude/</link>
<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 00:09:25 +0000</pubDate>
<dc:creator>aitzi28</dc:creator>
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<description><![CDATA[Eskuetatik ihes egin digun errealitateari begira geratzen gara eternitatea izan litekeen instant bat]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Eskuetatik ihes egin digun errealitateari begira geratzen gara eternitatea izan litekeen instant batez. Barrena hustu zaigula dirudi, udazkeneko haize bortitzak eramanda. Segundoak aurrera doaz. Gure oinetan pilatzen den hareak laztantzen gaitu. Euri tanta bat. Aspaldi esperotako ekaitz baten lehena. Zeru beltzari so&#8230; Denok dauzkagu aterkiak gurekin, baina euriak ez digu axola. Geure malkoekin nahasten dira euri-tantak: agian hobe.</p>
<p>Munduko tristura guztiak itsasoan amaitzen omen du. Gure saminak oraintxe hartu du bere bidea. Luzaroan ibiliko da hara eta hona noraezean eta, hala ere, ur gazian galtzen denean gure bihotzean kateaturik jarraituko du.</p>
<p>Beste zauri bat: bat gehiago.</p>
<p>Berdin dio.</p>
<p>Ohituak egon beharko genuke jadanik, hau ez delako gertatzen den lehen aldia; ez delako azkena izango, tamalez.</p>
<p>Ambulantzia baten sirena hotsa, urrunean. Badator, azkenik. Beranduegi agian. So geratzen natzaio momentu batez. Ez da mugitzen. Ez ditut bere begi orlegiak nire soinean sentitzen. Ez du arnasarik hartzen. Hila dago. Amesgaizto bat da. Eta ezin naiz esnatu.  Errealitatearen amesgaiztoan kaiolatua bizitzeaz nazkatu naiz. Salto egingo nuke, mundutik at geratu, ihes egin.  Saltoaren beste aldean heriotza besterik ez nuke aurkituko, ordea. Hala ere, askok hautatzen dute bide hau azken aldian; bigarren kalea, beti ilun dagoena. Argitasuna bera baino erakargarriagoa dirudien ihesbidea.</p>
<p>Sirena hotsa, gertuago. Hemen dator anbulantzia.</p>
<p>-Zer gertatu da?-itsaslabarrari begira geratzen gara denok azken malkoek aurpegian behera irrist egiten dutelarik. Han daude infernu nahiz zeruko ate izan daitezkeen arroka maltzurrak. Hitzak soberan daude.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[...Y retumba un cascabel]]></title>
<link>http://escritoenelespejo.wordpress.com/2009/11/15/y-retumba-un-cascabel/</link>
<pubDate>Sun, 15 Nov 2009 18:00:56 +0000</pubDate>
<dc:creator>aitzi28</dc:creator>
<guid>http://escritoenelespejo.wordpress.com/2009/11/15/y-retumba-un-cascabel/</guid>
<description><![CDATA[&#8230;Porque el relato más escalofriante es el que resulta más real&#8230; Hay momentos, durante la]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><div><span style="font-family:Segoe UI;">&#8230;Porque el relato más escalofriante es el que resulta más real&#8230;</span></div>
<p><span style="font-family:Garamond;font-size:small;">Hay momentos, durante las frías noches, en los que me parece escuchar el inequívoco sonido de un cascabel. Envuelta entre miles de mantas, intentando cubrir tal vez algo más que mi propio cuerpo, noto un escalofrío que recorre mi espalda, y que me advierte de que él continúa estando fuera. Me incorporo con pesadez, como si el miedo portara cadenas de hierro, y no puedo evitar un sobresalto al contemplar mi demacrado rostro en el espejo. El reloj ha dejado de marcar la hora, demostrando claramente que el tiempo se detiene en el país de las pesadillas. Saco un pie fuera del calor, de la protección de las mantas, y de repente tengo la sensación de que algo está a punto de arrastrarme por debajo de la destartalada cama. Afortunadamente no pasa nada, pero eso no evita que me aleje del oscuro vacío con rapidez.</p>
<p>Sé que tengo que asomarme a la ventana, verificar si realmente es su cascabel el que ha sonado, el que me atormenta, pero el miedo, el puro terror es superior a mí. Acerco una duditativa mano a las cortinas, que se balancean incluso antes de que pueda rozarlas, intentando avisarme de que el lobo espera al otro lado. Necesito salir de aquí.</p>
<p>Me acerco a la puerta y descubro aterrorizada de que la llave no está en la cerradura. Siempre, antes de ir a dormir, solía dejarla ahí. Miro al suelo, pero no están. Un nuevo escalofrío me advierte que pueden estar bajo la cama. Tal vez&#8230; las hayan cogido. Me agacho y me quedo mirando el colchón, todas las ropas tiradas y el bolso. Más que mirarlo, parezco desafiarlo: &#8220;no te atrevas a dejar salir lo que quiera que habite bajo mi cama&#8221; Alargo mi mano y palpo el frío suelo de madera, buscando unas llaves que no aparecen por ningún lado. Los latidos de mi corazón son fuertes, rápidos, como el ritmo de un támbor. &#8220;ojalá no toque nada debajo de la cama. Ojalá que no haya nada.&#8221; Soy prisionera de mi propio miedo.</p>
<p>Las llaves no aparecen. Vuelvo a escuchar el sonido del cascabel.</p>
<p>De un salto me meto en la cama, apago la luz y me oculto con disimulo bajo las sábanas. Cómo si pudieran protegerme. Si él ha venido a por mí, ya no puedo hacer nada. Sólo esperar a que todo acabe. Me percato consternada que el retumbar del cascabel se va acercando, y a la par comienzo a escuchar unos lamentos que me apuñalan el corazón y me hielan el alma. Oigo crugir la madera; está aquí, en la habitación, observándome, disfrutando de mi dolor.</p>
<p>Me atrevo a mirar por encima de la sábana, y durante un breve instante me parece distinguir dos ojos rojos sobre mi cama, dos ojos que indican que no hay salida. El sonido del cascabel no cesa, y se convierte en el mensajero del miedo mientras continúa acercándose peligrosamente hasta plantarse junto a mi oído.</p>
<p>&#8220;Todo se ha acabado&#8221;, parece decir. Quiero gritar, pero me he vuelto muda. Quiero huir, pero ya es tarde. Noto cómo una mano retira las mantas realmente despacio, mientras con la otra impide que me mueva. Las primeras lágrimas ruedan libres por mi mejilla.</p>
<p>-No papá no&#8230; otra vez no, por favor&#8230;</span></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Foto de familia]]></title>
<link>http://escritoenelespejo.wordpress.com/2009/11/15/foto-de-familia/</link>
<pubDate>Sun, 15 Nov 2009 17:59:13 +0000</pubDate>
<dc:creator>aitzi28</dc:creator>
<guid>http://escritoenelespejo.wordpress.com/2009/11/15/foto-de-familia/</guid>
<description><![CDATA[El frío que inundaba el ambiente no era nada comparado con el frío que sentía en su interior. Las úl]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>El frío que inundaba el ambiente no era nada comparado con el frío que sentía en su interior. Las últimas lágrimas que resbalaban por su mejilla parecían haberse convertido en hielo, afiladas cuchillas heladas que querían arañar su pálida piel; o tal vez su misma alma. Sacó un delicado pañuelo de su bolsillo e intentó arreglarse el desaguisado que sus lágrimas habían causado con el maquillaje de sus ojos. Al hacerlo, un papel cayó distraido al suelo, y se agachó con rapidez para recogerlo y volverlo a depositar en el bolsillo. Quería apretarlo, rasgarlo o lanzarlo lejos, pero se sentía incapaz.</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Times New Roman;"><em>&#8220;Jamás me libraré de esto&#8230;&#8221;,</em> <strong>pensó, mientras alzaba la vista al cielo, buscando tal vez un perdón entre las impávidas nubes. </strong></span></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>-Cariño&#8230;-la temblorosa voz de su hermana hizo que cerrara los ojos para mostrar su aflicción. Porque esta mujer no lloraba por pena o aflicción; no lloraba al ver a su madre en el cajón de madera; no. Todo era teatro. Puro y frío teatro. Siempre se había considerado una buena actriz.-¿Estás bien&#8230;?</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Times New Roman;">&#8220;No, no estoy bien.&#8221;, <strong>quería decirle.</strong><em><strong> </strong>&#8220;No estoy bien porque sé que esto no acaba aquí, que dentro de un par de días, tres como mucho estaremos aquí de vuelta.&#8221;</em></span></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>-S-sí, tranquila&#8230; sólo es que&#8230; los dos&#8230; en tan poco tiempo&#8230;-dijo con voz entrecortada. Su padre había fallecido apenas una semana antes. </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>-Deberías irte a casa, María. </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>-¡No!-gritó rápidamente, y abrió los ojos y la boca al sorprenderse de su impulsiva respuesta. Su hermana Joanna pareció sorprenderse también.-Qui-quiero quedarme un poco más&#8230; con mamá&#8230;-dijo, volviendo al teatro. </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>La razón de que no quisiera irse era bien distinta. No lo había visto. Todavía no lo había visto. Todavía no había venido, y ya estaba tardando más de lo normal. Joanna se alejó con su marido y, poco a poco, todos se fueron marchando. Pero ella no, ella no podía irse; no sin verlo.</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Times New Roman;"><em>&#8220;Maldito&#8230;&#8221;, </em><strong>pensó. </strong><em>&#8220;¿por qué no has venido? ¿Dónde estás? ¡¿Dónde estás?!&#8221;</em></span></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Y, de repente, lo vio. Allí estaba, con la gabardina de siempre, el sombrero que evitaba que pudiera verle el rostro. Pero daba igual. Tenía que ser guapísimo. Sí. Un hombre realmente bello. Incluso era capaz de distinguir su verdosa mirada penetrante en aquella sombra. Se acercó un par de pasos, y fue capaz de oler hasta su perfume. No era un hombre; era un Dios. Y era para ella. La estaba poniendo a prueba, y ella la estaba superando. Se alejó del ataud de su madre con los ojos brillantes, fijos en él. Quería decirle que le quería, que lo amaba con una intensidad que jamás había creído posible. Él ya sabía que haría cualquier cosa por verlo de nuevo&#8230; </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>&#8230; y ya lo había demostrado. Dos veces. Y lo seguiría demostrando hasta que dejase la seguridad de los árboles y se acercase a ella, hasta que la rodease con aquellos fuertes brazos; hasta que la besase, y la poseyera por siempre. Hasta que fuera realmente suyo.  Pero todavía no. Por lo visto, todavía no era la hora.</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Sacó de nuevo el papel del bolsillo y, tras cerciorarse de que no había nadie más alrededor, lo desdobló; era una foto de familia, una que habían sacado en la boda de su hermana Joanna. El rostro de su padre estaba completamente tachado. Alrededor del de su madre había un círculo. Sacó su lápiz de ojos del bolso y pintó el rostro de su madre con la mano firme, mirando de vez en cuando al desconocido y exhibiendo una franca sonrisa. Después, rodeó con un círculo el rostro de su hermana Joanna y, con paso zalamero, se alejó del cementerio hacia su coche. </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong><br />
</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;color:#ffffff;font-size:medium;"><strong>****</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>-¡Pues claro que no me importa que te quedes algunos días, María! Eres mi hermana, y entiendo por lo que estás pasando. Además, estando sola&#8230;</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>-Muchas gracias, Joanna.</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> <em>acabas de sentenciar tu propia muerte, &#8220;cariño&#8221;. </em>- como odiaba que la llamase así. Le parecía tan pasteloso. Y viniendo de la boca de su hermana, que hasta que había conseguido atrapar (porque se quedó preñada, que si no&#8230;) a su actual marido había sido más borde que ninguna. Y ahora llamándola &#8220;cariño&#8221;. Cariño por aquí, cariño por allá&#8230; Pero ya no más. Nunca más.</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>-Si necesitas cualquier cosa, pídela, eh&#8230; las hermanas estamos para ayudarnos.</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>-Oh, sí. </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Times New Roman;"><strong> <em> y tú me vas a ayudar, ayudar a conseguir a ese hombre, porque lo quiero, ¡por que lo necesito!</em></strong></span></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Pero algo ocurrió que María no se esperaba. Aquella noche, cuando se metió a la ducha, su hermana decidió lavar la ropa que había llevado al entierro, porque su hermana siempre había sido una descuidada, y, seamos sinceros, tampoco había sido muy limpia.</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Y lo encontró. Metió la mano en el bolsillo y, en cuanto sus dedos rozaron el papel, sintió un escalofrío que le hizo retroceder instintivamente. Una corazonada. Algo malo. No sabría explicarlo.</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Desdobló el papel entre sus manos temblorosas, y se dejó caer en el borde de la cama porque las piernas decidieron que no eran capaces de soportar el peso de su cuerpo. Se quedó petrificada, los ojos fijos en la foto, en los dos borrones&#8230; y en el círculo.</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>-Cada vez que voy al cementerio aparece un hombre.-la gélida voz de su hermana la sorprendió, y ni siquiera se atrevió a girarse.-Pero yo no quería hacer esto, ¿sabes? Pero descubrí que sólo aparece cuando muere uno de nuestra familia&#8230; y entonces&#8230; no me quedó otra opción. </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>-María&#8230;</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>-Qué.-dijo, de forma cortante.-Suplica todo lo que quieras, grita si quieres, tu &#8220;cariño&#8221; no está en casa; nadie va a ayudarte ahora.-Joanna se giró lentamente, con los ojos desorbitados. Su hermana estaba desnuda, con una simple toalla cubriendo su cuerpo y un gran cuchillo de cocina en la mano. </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>-Por favor&#8230;-retrocedió un par de pasos mientras María avanzaba hacia ella con un terrorífico gesto de victoria en el rostro. Ella avanzaba, ella retrocedía. Pero&#8230; ¿por cuánto tiempo?</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Su pie izquierdo chocó con la mesilla de noche. Vino a su mente el recuerdo de una discusión con su marido, algo que ahora parecía de otro tiempo, de otra vida tal vez; de un Paraíso que se le había escapado de las manos desde el mismo instante en que sus dedos habían encontrado la superficie del papel. </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong><br />
</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><em><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>-¡¿Cómo se te ocurre traer un arma a casa?!</strong></span></em></div>
<div style="text-align:center;"><em><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>-A los Robinson les robaron la semana pasada, ¿y si pasa algo aquí qué, Joanna?</strong></span></em></div>
<div style="text-align:center;"><em><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong><br />
</strong></span></em></div>
<div style="text-align:center;"><em><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></em></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Todo fue muy rápido; se agachó temblorosa, y mientras veía cómo su hermana se abalanzaba sobre ella como un guepardo sobre la gacela, sacó la pistola del primer  cajón y disparó sin ni siquiera apuntar. Cuando abrió los ojos, vio a su hermana tambaleándose, una mano en el estómago, donde comenzaba a surgir una mancha roka que se expandía con rapidez. Cayó hacia atrás mientras murmuraba:</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>-Yo sólo quería&#8230; volverle a ver&#8230;</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong><br />
</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:medium;"><strong>****</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:medium;"><strong><br />
</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Lloviznaba levemente, pero no le importaba. Tenía la mirada fija en el ataud de su hermana, y la cabeza hecha un lío. Todo había pasado tan deprisa&#8230; Alzó la cabeza durante un instante sin ninguna razón, y se quedó de piedra al ver a un hombre vestido con gabardina y sombrero. Fue como si hubiera visto a un ángel; abrió los ojos desmesuradamente e, inconscientemente, llevó su mano al bolsillo de su traje; allí estaba, la foto. Lo supo en cuanto rozó el papel, aunque sabía perfectamente que lo había hecho trizas y lanzado a la papelera la noche anterior.</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong><br />
</strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong> </strong></span></div>
<div style="text-align:center;"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Miró hacia un lado y hacia otro y, al percatarse de que nadie le prestaba atención, desdobló el papel: el círculo que antes rodeaba su cara había desaparecido, y en su lugar aparecía rodeando el adusto rostro de su hermana. Sacó el lápiz de ojos del bolso y lo pintó de negro. Acto seguido, dibujo un círculo alrededor de la cabeza de su marido.</strong></span></div>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[En el balcón de la biblioteca]]></title>
<link>http://escritoenelespejo.wordpress.com/2009/11/14/en-el-balcon-de-la-biblioteca/</link>
<pubDate>Sat, 14 Nov 2009 18:44:48 +0000</pubDate>
<dc:creator>aitzi28</dc:creator>
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<description><![CDATA[El balcón de la biblioteca. Seis y media de la tarde. Hace frío. Lo que nadie jamás podrá decir es s]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>El balcón de la biblioteca. Seis y media de la tarde. Hace frío. Lo que nadie jamás podrá decir es si el frío estaba fuera, o en el interior de aquellos dos corazones. Dos chicas. A las que nunca les había faltado nada. Nada. Un bolso de Prada cae al vacío, más allá de la minúscula barandilla. Una de las chicas parece desear seguirlo. Acabar con todo. Olvidarse del coche nuevo que le ha prometido su padre, de su preciado perro, o de ese joyero que vale más que todo lo que hay en su interior. Parece que&#8230;<br />
-Nadia, no lo hagas.<br />
-No te acerques. ¡Mia, no te acerques más a mí!<br />
-No merece la pena, en serio. Podemos arreglarlo, ¡podemos olvidarlo! Podemos seguir adelante&#8230;<br />
-¡He dicho que no te acerques más, Mia!<br />
-Pero ¿por qué? Nadia, ¿por qué? ¡Lo tienes todo! ¡¡Todo!! No tienes más que señalar lo que quieras y lo obtienes en menos de un minuto. De la misma forma encontrarás una solución para esto&#8230;<br />
-¿Crees que el dinero lo es todo? No te enteras de nada, Mia, no te enteras de nada. NUnca te has enterado de nada. Porque esto no es algo de ahora, no es algo que acabe de cruzar mi mente. Estaba planeado.<br />
-¿Qué?</p>
<p>Una de las chicas avanza, la otra da un paso atrás. El abismo se cierne sobre ellas, sobre ambas, pero sólo una se sumergirá en él. El viento es cada vez más fuerte. Un relámpago ilumina el cielo a lo lejos.</p>
<p>-Mientras tú estabas feliz con John, Mia&#8230; no te dabas cuenta de cómo estaba yo. Salía corriendo de las clases para que nadie me viese llorar, me maquillaba a cada instante para que no se notara lo mal que me encontraba. Siempre hemos tenido dinero, sí; coches, los mejores. Bolsos, ropa, joyas&#8230; incluso todos los chicos que queramos, porque se acercarán a nosotras para que les paguemos algunos caprichos. Pero eso no es lo que yo quería. Nunca es lo que he querido.<br />
-Nadia, pero ¿qué quieres? Yo puedo conseguírtelo, ¡yo puedo comprártelo!<br />
-¿Comprártelo? ¡¿ Comprártelo?! ¡Lo que yo quiero es algo que no se puede comprar!</p>
<p>Otro relámpago, más cerca. Seguidamente, un trueno. Empiezan las primeras gotas. Lágrimas. Un paso hacia adelante. Otro hacia atrás. El abismo se relame con la gravilla que cae desde el balcón. Dentro de poco saboreará un nuevo manjar.</p>
<p>-¿Qué es lo que quieres? ¡¿QUÉ ES LO QUE QUIERES?!<br />
-Quiero saber. Saber lo que se siente.<br />
-¿Qué?<br />
-Quiero saber lo que se siente&#8230; al matar a una persona.</p>
<p>Un empujón. Un simple empujón. Y el Abismo se ha cobrado ya a otra víctima.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Ya no está el arpón]]></title>
<link>http://lamedores.wordpress.com/2009/11/09/ya-no-esta-el-arpon/</link>
<pubDate>Mon, 09 Nov 2009 11:27:52 +0000</pubDate>
<dc:creator>Xammar</dc:creator>
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<description><![CDATA[Me llamo George Macallan y sé cuál es el sentido de la vida, pero eso se lo contaré más tarde. Nací ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><img src="http://lamedores.wordpress.com/files/2009/11/baltico4.jpg?w=300" alt="báltico" title="báltico" width="300" height="166" class="aligncenter size-medium wp-image-1661" /></p>
<p>Me llamo George Macallan y sé cuál es el sentido de la vida, pero eso se lo contaré más tarde. Nací en el condado de Berkshire, en una granja pequeña e ineficiente. Mi primer recuerdo de este mundo es el grito que dio mi padre cuando me vio por primera vez. Algo así como fuckin’ shit. Todavía percibo el énfasis en la efe y en la te.<br />
Mis padres eran profundamente religiosos. Practicaban una variante local de calvinismo. Hasta los dieciséis años viví en un cilindro de vidrio de 180 centímetros de altura y unos 70 de diámetro. Me alimentaban por esporas. Eso podría explicar mi tendencia a la seborrea. Un orificio mínimo sobre mi cabeza me ayudaba en el suministro de oxígeno.<br />
Mi primer contacto con las letras fue a los ocho años. Tía Margaret solía sentarse a varios metros del cilindro y fingía leer pasajes del Digesto de Justiniano. Mi latín nunca fue muy bueno y me consta que mi tía no sabía leer.<br />
Mayor provecho obtuve con el Berkshire Morning. Tía Margaret sujetaba pacientemente cada ejemplar ante mis ojos e iba pasando las páginas cada cinco segundos. Ese fue mi primer contacto con la lectura rápida.<br />
Yo sentía un enorme interés por las páginas de internacional. Después supe que “internacional” para el Berkshire Morning eran los demás condados de Inglaterra. En la granja interesaba sobre todo la sección de actualidad local: las carreras de orugas, la geopolítica euroasiática y las peleas de cobras con escorpiones. Por este orden.<br />
Según me contó el abuelo, las peleas de cobras con escorpiones tenían la peculiaridad de que nunca eran auténticas peleas. En un recinto amurallado con sacos de avena se depositaba a los contendientes y al árbitro. Era una profesión muy bien pagada la de árbitro. La cobra siempre se mostraba indiferente ante el escorpión e iba a por el árbitro. A su vez el escorpión se guiaba por el calor&#8230; e iba a por el árbitro. Mi abuelo me contó que había un juez externo que velaba por el cumplimiento de las reglas de cada combate. Para este menester apuntaba con una escopeta a cada nuevo árbitro.<br />
Cuando cumplí dieciséis años me retiraron el cilindro de vidrio. Necesité seis meses para aprender a caminar y bastantes más para habituarme a dormir tumbado. Los siguientes fueron unos años oscuros en mi vida. Me encerraron en una especie de estancia cálida, llena de heno, arañas y algún ratón. Aquello se parecía mucho a una cuadra. Valoré enormemente la compañía de Laura Cristina y María Angélica, las vacas lecheras de la granja. Los tres nos llevamos muy bien&#8230;<br />
Un atardecer otoñal, poco después de alcanzar mis veintiuna primaveras, supe, por unos berridos, que mis padres habían contraído una gonorrea y un poquito de sífilis. Sus prácticas sexuales siempre fueron un misterio para mí, como también el mundo exterior lo había sido hasta ese atardecer.<br />
Ante la ausencia de mis padres, bajó a darme de cenar mi abuela Judith, que se conservaba magníficamente, a pesar de sus 91 años. Con ella venía su madre, Mary Ann, con algunos achaques ya. Ambas desconocían el modo en que se me suministraba la comida y tuvieron la temeridad de abrir la puerta de la estancia. Supe que era mi momento. Mi espíritu aventurero se sobrepuso a mi artritis y salí empujando la puerta y corriendo no sé en qué dirección. Como llevaba cinco años sin ver la luz del día corrí con los ojos cerrados. Desde algún punto indeterminado me alcanzaban los lamentos de Laura Cristina y María Angélica.<br />
Ya dije que la granja era pequeña. Un árbol me ayudó a detener mi trayecto aleatorio. Fue algo impactante. La sangre en la cara me animó a abrir los ojos. Ante mí había un camino de grava que serpenteaba entre otros árboles. Lo seguí a gatas. Avanzaba con lentitud. Ya empezaba a oscurecer. Vislumbré algo similar a una carretera. Eso me recordó una foto que vi un día en el Berkshire Morning. Un señor que levantaba un dedo junto a una carretera para que algún vehículo motorizado se detuviera y lo llevara más rápido por ahí. Yo quise irme más rápido por ahí. No recordaba qué dedo levantaba aquel señor, así que levanté uno de los del medio, para ser equitativo con mis otros seis dedos.<br />
Algo que reconocí como un camión se detuvo. Un señor barbudo, de unos 120 kilos, se bajó apresuradamente. Con la misma premura me cruzó la cara ayudándose de la culata de un rifle de caza. La compasión afloró en su alma. Supongo que mi aspecto habría dado lástima a cualquier forma de vida basada en el carbono. Después de escupirse en las manos, me frotó la cara para quitarme los restos de sangre; la reseca del trompazo contra el árbol y la fresca del culatazo. Me agarró como a un saco de estiércol y me depositó dulcemente en el asiento de copiloto. Dormí varias horas. Al despertar ya había amanecido.<br />
–Comamos algo –dijo. Paró el camión en un descampado. Lo que sucedió entonces todavía perturba mi ánimo. No entraré en detalles. Creo que el camionero tenía un herpes. Todavía me acompañan los picores.<br />
No sé de dónde saqué mis fuerzas, pero recuerdo que lo golpeé con ruido y furia y con temor y temblor&#8230;<br />
Corrí no sé cuántos kilómetros hasta dar con un pueblecito. En la plaza del mercado un hombre vociferaba pidiendo voluntarios para tripular un barco ballenero. Mi espíritu de aventura superó a mi temor al agua, elemento que según los griegos (algunos griegos) es un componente básico del cosmos. Mi rechazo cerval de la autofagia como modo de subsistencia acentuó mi valentía. Me alisté como voluntario.<br />
Embarcamos en Fowey. Los meses siguientes los dediqué a aprender las tareas rudas del marino, las maneras rudas del marino y el rechazo a las atenciones rudas del marino.<br />
Aproveché los días de sopor y espera para leer. Leí <em>Love Among the Chickens</em>, de Wodehouse, <em>Le Parnasse satyrique du XVe siècle</em>, de Schwob, un ejemplar destartalado del <em>Doktor Faustus</em>, de Mann y una edición en rústica de la <em>Histoire contemporaine</em>, de Anatole France. Me interesé por la astronomía, la mecánica de fluidos, la física de partículas y sufrí una radionovela española de guión netamente cursi, con actores pomposos y solemnes, dramas vitalicios y vocalización desesperante.<br />
Las diferentes nacionalidades de mis compañeros espolearon mi interés por sus respectivos idiomas. Esos meses me sirvieron para aprender rudimentos de finlandés, húngaro, ruso, francés canadiense y sánscrito.<br />
Una partida de cartas supuso el fin de mi aventura. Habíamos llegado al Báltico, estábamos cansados, apáticos, irritables y semiconscientes. El capitán estaba borracho en la bodega rodeado del afecto de sus marinos predilectos y compartiendo el poco ron que quedaba.<br />
Balfour, Smith, Roskófinsky y Maluhá me acompañaban con los naipes. Todos abandonaron, salvo el ruso y yo. Era todo o nada. Había apostado mi ropa de abrigo. Perdí. Me irrité, protesté, me negué a ceder. Podíamos ver el hielo en los amarres y las junturas. Se había levantado una niebla densa. Salimos a cubierta, dispuestos a rompernos los dientes. Aunque eso ahora ya no importa, Roskófinsky me traicionó. Me arponeó desde tres metros de distancia. En menos de dos segundos fui de popa a proa. Antes de detenerme ya no había mundo a mi alrededor. No sé si estoy muerto aunque sí sé que no estoy vivo. Ya no está el arpón. Veo formas difusas a mi alrededor, en todas direcciones. He caminado durante horas hacia ellas sin alcanzarlas nunca. Parecen siempre a la misma distancia. Desde hace unos minutos, si es que puede hablarse de ‘tiempo’ aquí y de un ‘aquí’, hay una forma negra a unos metros de mí que se acerca muy poco a poco.<br />
Se preguntarán cómo demonios he podido escribir esto si en este no-lugar no hay papelerías. Ni yo mismo lo sé.<br />
Iba a contarles el sentido de la vida, pero no queda ‘tiempo’. Esta cosa negra se está tragando mis piernas. No siento dolor ni temor. Echo de menos el afecto de Laura Cristina y María Angélica, incluso añoro al cilindro de vidrio.<br />
¿Quién habrá ganado la pelea de escorpiones contra cobras de este año? </p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[SILENCIOSO CÓMPLICE]]></title>
<link>http://lamedores.wordpress.com/2009/11/08/silencioso-complice/</link>
<pubDate>Sun, 08 Nov 2009 10:15:51 +0000</pubDate>
<dc:creator>lindasta07</dc:creator>
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<description><![CDATA[Mares de olivos, océanos de olivares que se pierden en el horizonte&#8230;Impasibles al paso del tie]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Mares de olivos, océanos de olivares que se pierden en el horizonte&#8230;Impasibles al paso del tiempo, en su memoria albergan infinidad de historias ocurridas muchos años atrás, convirtiéndose así en eternos guardianes de secretos jamás desvelados.</p>
<p>Aquel robusto y centenario olivo fue testigo directo de la apasionada e insospechada relación entre los dos jóvenes.<br />
Cada tarde, Antonio y Rosa se citaban bajo la sombra del viejo árbol. Se refugiaban el uno en los brazos del otro, aislándose completamente del mundo, mientras las horas transcurrían con una excesiva rapidez. Cuando la luz del día comenzaba a desaparecer llegaba el triste momento de regresar –por separado- a la realidad de sus vidas.</p>
<p>Antonio era el nuevo profesor de la escuela. Hacía poco más de un año que había llegado a aquel apartado pueblo y su relación con los lugareños era simplemente cordial. No tenía amistades conocidas . Su trato con el alumnado, sin embargo, era excelente. Los niños le querían. El joven era una persona dialogante e infinitamente más próxima que Don Manuel -“El Maestro”-. Su jubilación provocó un gran alborozo entre los más pequeños porque era un hombre arisco y autoritario. A pesar de su dilatada experiencia, este hombre jamás supo comprender que a los niños hay que saber entenderlos, escucharlos, y que la labor de un educador no se basa en el simple adoctrinamiento.</p>
<p>La llegada de este joven de capital, adecuadamente preparado para la docencia, creó una gran expectación -y cierta desconfianza- entre un amplio grupo de personas del pueblo. Las personas mayores eran sus principales detractores ya que seguían anclados en las tradiciones y en el pasado y cualquier soplo de aire fresco resultaba, a priori, cuanto menos, peligroso.</p>
<p>Hacía un par de años que se oyeron, por última vez, replicar las campanas de la iglesia de Santa María anunciando una boda. Aquello fue un auténtico acontecimiento que, aún a día de hoy, se recuerda con cierta nostalgia. Todos los habitantes del pueblo – alrededor de 58, según el censo de la época- fueron invitados al enlace entre Rosa y Don Fulgencio.<br />
Ella era la muchacha más pretendida por los mozos del lugar. Su vida no había sido fácil y quedó huérfana a temprana edad, sola y sin familia directa en el pueblo, fue recogida por unos vecinos sin descendencia que siempre la trataron como a una cenicienta.<br />
Don Fulgencio era un regordete terrateniente, 17 años mayor que la hermosa joven, que gozaba de gran influencia en la región. Entre otras consideraciones que no vienen al caso, porque prácticamente todas las tierras del pueblo y aledaños le pertenecían. Rosa encontró en este hombre su tabla de salvación y la protección que tanto necesitaba, aunque con él jamás conoció el verdadero amor.</p>
<p>Las furtivas citas entre Antonio y Rosa se hicieron cada vez más frecuentes. Al inicio de su relación los encuentros eran esporádicos, fundamentalmente por el temor a ser descubiertos pero, con el paso del tiempo, los amantes fueron perdiendo la prudencia y su irrefrenable pasión fue en aumento. La consecuencia de aquello fue un embarazo, evidentemente, ni buscado ni deseado.</p>
<p>Los meses pasaron y, en el frágil cuerpo de la muchacha, comenzaba a evidenciarse un levísimo aumento de volumen. Don Fulgencio achacó aquello a los cambios alimentarios de su mujer y continuamente le recriminaba cuando se sentaban juntos a la mesa a la hora del almuerzo. Rosa se encontraba sola ante un laberinto al que no veía salida alguna y una tremenda depresión la abrazó mortalmente.</p>
<p>Urdió un plan secreto. El robusto y centenario olivo sería su silencioso cómplice&#8230;</p>
<p>Aquel anochecer del 5 de septiembre, poco después de la que sería su última cita con Antonio, una gruesa soga alrededor de su fino cuello la liberó de su desesperación para siempre.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[CARONTE]]></title>
<link>http://lamedores.wordpress.com/2009/11/04/caronte/</link>
<pubDate>Wed, 04 Nov 2009 17:56:23 +0000</pubDate>
<dc:creator>Yuka</dc:creator>
<guid>http://lamedores.wordpress.com/2009/11/04/caronte/</guid>
<description><![CDATA[Me llamo Juan y soy enterrador. Mi padre también lo era, y mi madre era hija de otro. Vivo en una ca]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><a href="http://lamedores.wordpress.com/files/2009/11/caronte4.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-1760" title="CARONTE" src="http://lamedores.wordpress.com/files/2009/11/caronte4.jpg?w=300" alt="" width="300" height="219" /></a></p>
<p>Me llamo Juan y soy enterrador.<br />
Mi padre también lo era, y mi madre era hija de otro.<br />
Vivo en una casa pequeña junto al cementerio de un pueblo grande, y mis paseos siempre son entre panteones, calles de nichos, jardines con jarrones de crisantemos, coronas y cipreses.<br />
Por mi trabajo he tenido que enterrar muchas penas y procuro darle a todos un final digno sea cual fuera su vida.<br />
He aprendido que la Muerte y la Vida son dos partes de una misma persona, el sepelio sólo es el lazo que ata un principio y un final. Desde el mismo día que nacemos comenzamos a morir. Que la Muerte es del mismo color para todos, ricos o pobres, de un lugar o de otro .Que podemos dudar de Dios, de nuestra propia vida o nuestra existencia pero nadie duda de que la Muerte nos alcanzara en algún momento. Podemos tener muchas cosas en la Vida pero nadie puede sobornar a la Muerte Lo que nos diferencia a unos y a otros es la forma en como la queremos interpretar: como un final, como una nueva estancia como un inicio de un largo viaje o como una llegada. Pero incluso eso son cosas de la Vida que no pertenecen a la Muerte.</p>
<p>Pero la muerte no es exclusiva del hombre, ni tampoco la pena, ni los vacíos que se quedan cuando nos dejan.<br />
Cuando morimos también dejamos penas y tristezas en otros, en otras pequeñas criaturas que nos quisieron, que nos necesitaron, que nos dieron su vida a cambio de unas caricias.</p>
<p>Este es el campo santo de una ciudad pequeña, de pueblo grande con gente que vive sin agobios, sin estrés, sin tanta prisa que ahogue. Pero también envejecen, también mueren Conozco los nombres de cada lápida, de cada uno de mis silenciosos vecinos y sin embargo apenas conozco a un puñado de vivos, y a casi a ninguno que pueda llamar amigo. No son muchos los que quieran relacionarse conmigo, mi presencia les trae recuerdos de un mal día.</p>
<p>Había pasado ya el uno de noviembre, pero aun se mantenían frescas la mayoría de las flores de los familiares que dejan para recordar a los suyos. Creo que ese es el único día que siento miedo de estar en un cementerio. No estoy acostumbrado a tanto bullicio.<br />
Esa mañana vi una sombra oscura que paseaba lentamente por las calles. Una silueta negra que arrastraba los pies por las baldosas de granito. Una figura negra que contrastaba con los colores brillantes de las flores de los difuntos.<br />
La muerte tiene muchos aspectos, pero conozco sus escalofríos y aquella figura oscura no me los provocaba.</p>
<p>&#8211; ¡señora! ¿Señora?—le llamé<br />
Se volvió a mirarme, Una anciana de rostro dulce y triste a la vez.<br />
&#8211; Se que esta por aquí—me dijo con voz serena.<br />
&#8211; ¿Quién señora? ¿Quien esta aquí? ¿A quién busca usted?&#8211; le pregunté mientras llegaba a su altura.&#8211; ¿le puedo ayudar?<br />
&#8211; no se preocupe, el vendrá pronto.<br />
¿Él? Nunca he visto nada extraño en el campo santo excepto lo que provocan los vivos.<br />
&#8211;¡¡Boby! Boby!—gritó débilmente, yo no imaginaba a quién podría llamar .Pero entonces lo vi. Vi a Boby caminar despacio hacia nosotros, con una mirada triste y vidriosa, con la cola gacha entre sus patas. Un precioso labrador, grande de cara noble y fiel con las orejas caídas y de color beige.<br />
&#8211; ¡vamos, por favor! ¡No podemos quedarnos aquí!—dijo la abuela acariciándole su enorme cabeza. Él le respondió con un inapreciable gruñido.<br />
&#8211;¡vamos!—dije yo—Es cierto no pueden quedarse aquí&#8211; y les acompañé despacio hacia la salida.</p>
<p>Tres días después volví a encontrarme con la misma anciana, en el patio de la entrada, sentada a la sombra espigada de los cipreses. Esperaba a Boby y me senté a su lado.</p>
<p>&#8211;Mi marido murió hace unos meses – me contó—Ya no lo recuerda usted, ¿verdad?</p>
<p>No, no puedo recordar a tantos familiares. Ni siquiera me atrevo a mirarle a la cara.Temo que no comprenda que yo solo hago mi trabajo.</p>
<p>&#8211;Es curioso como los animales, acaban conociéndonos y nosotros a ellos. – Continúo—Es curioso como acabamos sabiendo lo que quieren, lo que necesitan con solo mirarle a los ojos y ellos a nosotros.<br />
Encontramos a Boby en una cuneta de la carretera, alguien lo había abandonado.Seguramente por que era un cachorro demasiado grande&#8230;<br />
Mi marido y yo no tuvimos hijos y adaptamos al animal como uno. No hizo falta hacer esfuerzos para que rápidamente le cogiéramos cariño y sin duda él a nosotros.<br />
Durante años nos acompañaba a todas partes y nos recibía con una inmensa alegría ¡no se imagina usted cuan puede ser de grande un amor desinteresado!<br />
No soy capaz de explicarlo. Pero los animales nos enamoran, y nos quieren&#8230; Es un amor limpio y sincero. Nosotros a ellos y ellos a nosotros<br />
A los hijos se le quiere y es ley de vida que llegado el momento hagan la suya. Pero nuestros animales, su vida, nos la dan para siempre, sin miramientos, sin condiciones.<br />
Desde que murió mi marido, Boby me levanta cada mañana y no tarda en pedirme que demos un paseo hasta aquí. .Sé que le hecha de menos, igual que yo…<br />
Los animales expresan sus cosas, en otro idioma, en un lenguaje que solo entendemos los que los queremos.</p>
<p>Durante los siguientes cuatro meses y veintiún entierros después volví a ver a la anciana y a su perro varias veces, cerca del nicho 7- D-4. Algunas veces les saludaba, o charlaba un poco con ella, del tiempo, de las cosas de la vida… otras les respetaba su silencio.</p>
<p>Hace dos días, me tocó enterrar a la vieja viuda. ¡Pocas veces me ha dolido tanto el alma!</p>
<p>He visto después merodear a Boby por aquí, lento, triste y silencioso, en calle 7. Parece que supiera leer las letras plateadas del mármol negro de la lapida.<br />
Le he dejado, allí cerca un cuenco con agua fresca y un plato con los restos de la cena de anoche. Sé que ha comido.</p>
<p>Hoy hacia tan buena tarde que salí a pasear por el lado de las sombras de las calles. Corría el viento y la brisa traía olor a flores y a resina de los cipreses. Al doblar una esquina Boby se ha acercado tímidamente hasta a mí. Nos hemos sentado en un bordillo sin hacer ruido.<br />
La anciana tenía razón. Es fácil leer los pensamientos de los animales, adivinas lo que te dicen cuando los miras a los ojos:<br />
“¿Por qué me han dejado solo? ¿Por qué no me dejan ir con ellos?”</p>
<p>&#8211; no lo sé Boby, Yo trabajo para La Muerte, pero no consigo entenderla.</p>
<p>Boby seguirá por aquí, y el día que lo encuentre para enterrarlo no se si podré hacer mi trabajo.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[NO TE ASUSTES, POR FAVOR, MANTÉN LA CALMA]]></title>
<link>http://lamedores.wordpress.com/2009/10/30/no-te-austes-por-favor-manten-la-calma/</link>
<pubDate>Fri, 30 Oct 2009 10:23:30 +0000</pubDate>
<dc:creator>Ferran</dc:creator>
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<description><![CDATA[&nbsp; La carta &nbsp; &nbsp; Si eres el primero en leer esta carta no te asustes. Ya sé que estoy d]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>&#160;</p>
<div id="attachment_1729" class="wp-caption alignnone" style="width: 298px"><a href="http://lamedores.wordpress.com/files/2009/11/la-carta.jpg"><img class="size-medium wp-image-1729" title="la carta" src="http://lamedores.wordpress.com/files/2009/11/la-carta.jpg?w=288" alt="" width="288" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">La carta</p></div>
<p>&#160;</p>
<p>&#160;</p>
<p>Si eres el primero en leer esta carta no te asustes. Ya sé que estoy de cuerpo presente y que hace muchos años que no ves un muerto, pero por favor, mantén la calma. Avisa a las autoridades y que ellas procedan a hacer lo que crean conveniente, sólo espero y deseo que hayan pasado más de 48 horas de mi muerte.</p>
<p>Es a ti, estimado lector y descubridor de mi cuerpo inerte, a quien quiero dar las correspondientes explicaciones como compensación por el susto que te acabo de dar.</p>
<p>El principal motivo de mi suicidio no es otro que mi hartazgo por esta vida y la gran losa que representa el pensar que voy a vivir para siempre. Sé que la mayoría de las personas estáis encantados con los avances científicos, en especial aquellos que son los acusantes de que llevemos cincuenta años sin una sola perdida humana en todo el planeta. La posibilidad de la autoregeneración mediante el  autotrasplante de células madre de cualquier órgano o tejido, juntamente con la posibilidad de reactivar cualquier órgano tras 48 horas de su paro, nos ha llevado hasta la muerte de la muerte.</p>
<p>Pero yo, a mis 125 años,  me he cansado de vivir y no quiero seguir por más tiempo en este mundo.  Aquí, estimado lector, a quien ves tumbado sin pulso con siglo y cuarto sobre  sus espaldas, encontrándome en plenas facultades físicas y mentales, además podría decirse sin miedo a faltar a la verdad que en mejores facultades que cuando tenía 70 años, voy a resucitar a la muerte. No sé que efectos va a provocar en vosotros, que miedos o que fantasmas va a desenterrar, pero eso ya poco me preocupa.</p>
<p>Espero que mi muerte os dé consciencia de la existencia de la parca, y os haga pensar en el  poco sentido que tiene la vida eterna. Estoy seguro que me tachareis de egoísta, vosotros, que no permitís más nacimientos. Vosotros, que estáis viviendo la vida de vuestros nietos y como vampiros chupáis la sangre de las futuras generaciones.  Precisamente vosotros, diréis que soy egoísta además de cobarde.</p>
<p>Ciertamente, buscareis motivos en mi biografía y haberlos haylos.  Sí, el hecho de que yo perdiera a mi esposa antes de la revolución genética tiene mucho que ver, nunca me acostumbré a vivir sin ella. Es más, nunca he querido vivir sin ella y sin embargo mi cobardía ha hecho que la sobreviva casi otra vida entera. Pero que más da cuales sean mis verdaderos motivos, que más da qué es lo que me ha llevado a despertar a la muerte. Lo verdaderamente importante es que no quiero seguir aquí.</p>
<p>Estimado amigo, solo una última cosa. A mi ya poco me importa la trascendencia de mi muerte, ni tan siquiera me preocupa la trascendencia de mi vida. Poco me importa lo que a partir de ahora ocurra, pero te dejo en herencia la responsabilidad de su repercusión. Las autoridades esconderán mi muerte, no la contabilizarán, así que tú eres el depositario de hacer que mi acto sea el detonante de que el hombre vuelva a ser hombre. Ahora tú conoces el secreto de cómo saltarse los controles del <em>estoy-vivo</em> que nos obligan a llevar las autoridades. En ti reside que des a conocer como me he suicidado para que mi muerte dé esperanzas a otras personas. No sé quien eres, desconozco que piensas, solo sé que viniendo a morir a este lugar esta vez soy yo quien juega a los dados con la humanidad.</p>
<p>Suerte, y disculpa todas las molestias  que te voy a ocasionar.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[In: to Red!.  ]]></title>
<link>http://lamedores.wordpress.com/2009/10/30/in-to-red-en-tu-red/</link>
<pubDate>Thu, 29 Oct 2009 23:24:06 +0000</pubDate>
<dc:creator>annalammer</dc:creator>
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<description><![CDATA[“La sangre sobre la nieve es más roja. Me gusta el rojo”- Pensó mientras la herida inicial que se ha]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>“La sangre sobre la nieve es más roja. Me gusta el rojo”- Pensó mientras la herida inicial que se había infligido goteaba.</p>
<p>Le gustaba el contraste.</p>
<p>Había elegido el mejor momento.El mejor lugar.</p>
<p>Acababa de cumplir 18, justo ayer. Se había juzgado, y se había condenado por juzgarse.</p>
<p>Aquel rellano en medio de la nada desde donde veía la ciudad que le convirtió en victima de sí mismo era ideal.</p>
<p>Veía sus luces, contrastando con la noche que empezaba a caer.</p>
<p>Sus colores.</p>
<p>Las farolas.</p>
<p>Los coches como luciérnagas.</p>
<p>Más allá, en la distancia, un cartel de neón, en el que, difuminado, intuía algo similar a una falsa sonrisa con dientes perfectos, pero con labios secos, que pretendía animarle a vivir con la misma intensidad que le invitaba a criticar su existencia sin color definido.</p>
<p>Y aunque su  juez, definitivamente, era él,  se reafirmó en aquel espejismo de sonrisa artificial , dandose cuenta en una profunda  bocanada de aire, de  que  lo que  realmente  le estaba llevando al paredón venía simplemente  marcado por  vuestras opacas  y perdidas miradas distorsionadas y  fijas  en lo que os trataban de vender .</p>
<p>No obstante&#8230;</p>
<p>Ágil. Consciente.</p>
<p>Las gotas no le valían.</p>
<p>El blanco no le decía nada.</p>
<p>Vosotros tampoco.</p>
<p>&#8230;  con un dulce movimiento de cuchilla quiso pintarlo todo en rojo,  rojo pasión.</p>
<p><span style='text-align:center; display: block;'><object width='425' height='350'><param name='movie' value='http://www.youtube.com/v/l_hUAjCvz14&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;hd=0' /><param name='allowfullscreen' value='true' /><param name='wmode' value='transparent' /><embed src='http://www.youtube.com/v/l_hUAjCvz14&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;hd=0' type='application/x-shockwave-flash' allowfullscreen='true' width='425' height='350' wmode='transparent'></embed></object></span></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Concurso Lamedores en negro]]></title>
<link>http://lamedores.wordpress.com/2009/10/28/concurso-lamedores-en-negro/</link>
<pubDate>Wed, 28 Oct 2009 14:22:08 +0000</pubDate>
<dc:creator>Administrador</dc:creator>
<guid>http://lamedores.wordpress.com/2009/10/28/concurso-lamedores-en-negro/</guid>
<description><![CDATA[Proponemos una votación para el concurso Lamedores en Negro A continuación tenéis los microrelatos y]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Proponemos una votación para el concurso Lamedores en Negro</p>
<p>A continuación tenéis los microrelatos y podeís votar hasta 3 opciones….. A VOTAR!!!</p>
<a name="pd_a_2179213"></a><div class="PDS_Poll" id="PDI_container2179213" style="display:inline-block;"></div><script type="text/javascript" language="javascript" charset="utf-8" src="http://static.polldaddy.com/p/2179213.js"></script>
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		<a href="http://answers.polldaddy.com/poll/2179213/">View This Poll</a><br/><span style="font-size:10px;"><a href="http://www.polldaddy.com">survey software</a></span>
		</noscript>
<p>FELICIDADES TIRI&#8230; POR &#8220;SACRIFICIO&#8221; !!!!!</p>
<p>Y Gracias a todos los que habeís participado.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[GÉLIDA TRAICIÓN]]></title>
<link>http://lamedores.wordpress.com/2009/10/27/gelida-traicion/</link>
<pubDate>Mon, 26 Oct 2009 23:07:58 +0000</pubDate>
<dc:creator>lindasta07</dc:creator>
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<description><![CDATA[La sangre sobre la nieve es más roja. Una considerable mancha decora el manto blanco que cubre los a]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>La sangre sobre la nieve es más roja. Una considerable mancha decora el manto blanco que cubre los adoquines en esta mañana que huele a traición desde el alba.</p>
<p>Patrick, Jonas y yo hemos sido los primeros en llegar al lúgubre y todavía vacío callejón.</p>
<p>La espera se estaba haciendo tensa y ha comenzado una violenta discusión que ha terminado con el menor de los hermanos en el suelo. Inmediatamente me he inclinado y he intentado incorporar a un Jonas inerte. Nada que hacer.</p>
<p> Hemos iniciado una precipitada carrera calle arriba y, varios metros más adelante, he divisado como una persona giraba y cambiaba su rumbo. No he podido ver su rostro y me pregunto si sería nuestro contacto.</p>
<p> He sentido miedo al notar cómo en mi huida perdía algo que podía involucrarme en aquel turbio asunto.</p>
<p> Ya en la plazoleta he alcanzado a un Patrick también ensangrentado que me ha dicho: “El sobraba, ¿cierto?”</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Resurrección ]]></title>
<link>http://lamedores.wordpress.com/2009/10/26/resurreccion/</link>
<pubDate>Mon, 26 Oct 2009 13:43:12 +0000</pubDate>
<dc:creator>gusapira</dc:creator>
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<description><![CDATA[&#8220;La sangre sobre la nieve es más roja&#8221; Si no se me hubiera acercado tanto no habría podi]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><span style="color:#0000ff;"><br />
&#8220;La sangre sobre la nieve es más roja&#8221; Si no se me hubiera acercado tanto no habría podido usar mi cuchillo, firmemente empuñado, como siempre que salía a la calle, oculto bajo mi abrigo. Y los dos estaríamos vivos.</p>
<p>Tendría que haberle denunciado la primera vez que me pegó, pero las chicas de bien sabemos que un matrimonio no debe tirarse por la borda por una bofetada. Ni por unos puntos de sutura, o una fisura en las costillas, ni por tres.</p>
<p>Pero el protocolo de malos tratos se puso en marcha y pronto supe que ninguna orden de alejamiento podría protegerme. Pensé en cuantos hombres matan a sus mujeres con menos motivos y quince años en mi vida me pareció un precio barato.</p>
<p>Saldré de este entierro en vida, con la cuenta saldada y en el mundo habrá un hijo de puta menos. Deberíais hacer todas lo mismo. </span></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[CON LAS MANOS VACÍAS]]></title>
<link>http://lamedores.wordpress.com/2009/10/23/con-las-manos-vacias/</link>
<pubDate>Fri, 23 Oct 2009 13:37:50 +0000</pubDate>
<dc:creator>Miren</dc:creator>
<guid>http://lamedores.wordpress.com/2009/10/23/con-las-manos-vacias/</guid>
<description><![CDATA[Mares de olivos, océanos de olivares que se pierden en el horizonte&#8230; Podría pasar horas entera]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Mares de olivos, océanos de olivares que se pierden en el horizonte&#8230;</p>
<p>Podría pasar horas enteras escuchando a este anciano, se llama Horacio y es mi amigo. Cada día somos fieles a nuestra cita, nos encontramos en el mismo banco bajo el olivo centenario del parque. Me encanta escucharle, esa hora perdida entre el almuerzo y la vuelta al trabajo se me pasa rápidamente. Con su figura esbelta; su espalda recta, a pesar de sus muchos años y ese aspecto cuidado hasta el milímetro. Horacio tiene todo el aspecto un caballero con todas las letras, uno de esos caballeros de los que hablaba mi abuela… Traje impecable, flor en el ojal y modales exquisitos.</p>
<p>- Mi querida amiga, eso era este parque cuando yo tenía tu edad, un océano de olivos que no tenía fin. ¿Sabes que este viejo árbol bajo el que nos sentamos cada día tiene quinientos años de antigüedad? Afortunadamente ha sobrevivido al paso del progreso. Tuvieron el buen juicio de no talarlo al construir esa urbanización de chalets y dejarlo como un monumento vivo en el centro del parque.</p>
<p>- Es hermoso, es una tontería pero muchas veces tengo envidia de estos árboles que sobreviven siglos y siglos. Todo lo que han vivido, lo que han visto pasar a su alrededor. Me gustaría ser inmortal, ser como un viejo olivo o una vieja encina y sobrevivir en el tiempo.</p>
<p>- ¡Mi niña! -suspiró Horacio-. Lamentablemente nosotros no somos vegetales, nuestra vida es muy distinta. Los humanos jamás podríamos sobrevivir tanto, no es nuestra naturaleza. Fíjate en mí, tengo noventa y dos años, comparado con este árbol soy un jovenzuelo, y mi carga es ya muy pesada. Vivir tanto tiempo sería impensable, mi anhelo es ya irme y descansar.</p>
<p>- No diga eso Horacio, la vida es maravillosa.</p>
<p>- Si, pequeña, es maravillosa para vosotros los jóvenes que aún tenéis mucho que hacer aquí. Pero para un pobre viejo como yo la vida es una carga muy pesada. Ya no queda nada por hacer, las ilusiones se van apagando. Es muy triste sentir que prácticamente estás solo. Vas viendo partir con pena, dolor e impotencia a tus seres queridos. Primero se van los padres y eso es natural y en todo caso aceptable, es la vieja generación que tiene que dar paso a la joven. Pero cuando los años van pasando y vas dejando en el camino a tus congéneres, esposos … hermanos … amigos la vida se va volviendo un pesado lastre cargado de tristeza.</p>
<p>Hoy tengo las manos vacías, solo soy una carga para los que me rodean, no tengo nada que dar ni ofrecer, no puedo compartir vivencias con nadie que me entienda. El mundo gira a otro ritmo que no es el mío. Ya mi único deseo es partir con la esperanza de volver a reencontrarme con los que amé, volver a abrazar a mis padres, besar a mi esposa y jugar una partida de petanca con mis amigos.</p>
<p>Aquella conversación me estaba entristeciendo, no me gustaba hablar de esos temas, el tema de la muerte para mi era casi tabú.</p>
<p>- Pues a mi me gustaría ser inmortal. -Murmuré.</p>
<p>- No lo soportaríamos Margarita. Los humanos somos lo más parecido a los ríos. Nacemos vigorosos, ágiles, ligeros con una fuerza arrolladora y descontrolada; nos creemos capaces de comernos el mundo. Con la madurez nos hacemos más robustos, seguimos siendo fuertes pero nuestro paso es más sosegado y prudente. Así hasta que llegamos viejos y agotados a nuestro destino, el mar o el océano que no engulle. Mi único deseo es llegar tranquilo y sereno a ese océano.</p>
<p>Ha pasado un mes desde esta conversación y no he vuelto a ver a Horacio. No ha llovido, el tiempo es agradable, ni frío ni calor, hace algunos años que el otoño no muestra una cara tan amable. Es extraño que mi viejo amigo no acuda al parque. Siento el hueco frío del banco a mi lado y a pesar de la agradable temperatura noto un estremecimiento. Presiento que no volveré a ver a Horacio. Los ojos se me llenan de lágrimas, más que nunca soy consciente de las palabras del anciano. Empiezo a comprobar por mi misma lo que duele una pérdida y el hondo vacío, semejante a un pozo negro, que deja a nuestro alrededor. </p>
<p>Nunca he creído en un paraíso celestial, ni en un infierno donde purgar los pecados de nuestra vida. Si esto se acaba, ¡se acabó, señores! ¡Ya no hay más!. Pero hoy echo la cabeza hacía atrás, cierro los ojos, dejo que los rayos del sol penetren a través de la piel de mi cara y elevo al cielo azul una despedida. </p>
<p>“Hasta siempre Horacio, tus manos no se han ido vacías, en el tiempo que tuve el placer de conocerte siempre estuvieron llenas de cariño y sabiduría. Suerte con esa partida de petanca”.</p>
<p>FIN</p>
<p><span style='text-align:center; display: block;'><object width='425' height='350'><param name='movie' value='http://www.youtube.com/v/ZBe35NDrKWs&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;hd=0' /><param name='allowfullscreen' value='true' /><param name='wmode' value='transparent' /><embed src='http://www.youtube.com/v/ZBe35NDrKWs&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;hd=0' type='application/x-shockwave-flash' allowfullscreen='true' width='425' height='350' wmode='transparent'></embed></object></span></p>
<p>NOTA: DEDICADO A TODOS LOS ANCIANOS QUE JUNTO CON LOS NIÑOS SON LOS SERES MÁS DESPROTEGIDOS DE LA SOCIEDAD. </p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[El Viaje. Historias de la Raza (II)]]></title>
<link>http://adaniramos.wordpress.com/2009/10/21/el-viaje-historias-de-la-raza-ii/</link>
<pubDate>Wed, 21 Oct 2009 17:17:39 +0000</pubDate>
<dc:creator>El Enano Rojo</dc:creator>
<guid>http://adaniramos.wordpress.com/2009/10/21/el-viaje-historias-de-la-raza-ii/</guid>
<description><![CDATA[Pasaré poco tiempo más en Londres. Mis destinos y los del Clan me llevarán hacia Oriente, lejos. Des]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;"><span style='text-align:left;display:block;'><p><object type='application/x-shockwave-flash' data='http://wordpress.com/wp-content/plugins/audio-player/player.swf' width='290' height='24' id='audioplayer1'><param name='movie' value='http://wordpress.com/wp-content/plugins/audio-player/player.swf' /><param name='FlashVars' value='&amp;bg=0xf8f8f8&amp;leftbg=0xeeeeee&amp;lefticon=0x666666&amp;rightbg=0xcccccc&amp;rightbghover=0x999999&amp;righticon=0x666666&amp;righticonhover=0xffffff&amp;text=0x666666&amp;slider=0x666666&amp;track=0xFFFFFF&amp;border=0x666666&amp;loader=0x9FFFB8&amp;soundFile=http%3A%2F%2Fwww.goear.com%2Ffiles%2Fsst3%2Fc4324a4fb1d05a8de9af92de435aac60.mp3' /><param name='quality' value='high' /><param name='menu' value='false' /><param name='bgcolor' value='#FFFFFF' /></object></p></span></p>
<p style="text-align:justify;">Pasaré poco tiempo más en <strong>Londres</strong>. Mis destinos y los del Clan me llevarán hacia <strong>Oriente</strong>, lejos. Desde allí seguiremos en contacto, mi querido alumno. Mi querido vástago. Por ahora los motivos de mi viaje quedarán oscurecidos. Ya sabes que te amo.</p>
<p style="text-align:justify;">Recuerda siempre mantenerte en la <strong>ciudad</strong>. Actúa como te he enseñado. Sobre todo no te dejes ver. Aléjate de aguas estancadas y modera tu alimentación, sin descuidarla. Evita La Raza, en la medida de lo posible, pero aplica sus reglas, las reglas del <strong>Clan</strong>.</p>
<p style="text-align:justify;">Podrías venir conmigo pero aún no estás preparado. Serías mi punto débil y éste viaje no me gusta. En absoluto. Allí tendré un <strong>salvoconducto</strong>. Ningún documento, todo en persona. Destruye ésta comunicación en cuanto puedas, como te dije. También llevaré una reliquia del Clan para mi inmunidad en Oriente, y mostraré la cruz del maestrazgo si es necesario. Todo eso me protege. Además llevaré todas mis armas.</p>
<p style="text-align:justify;">Llevo largo tiempo observando a los nuestros. Algo tenebroso se levanta desde Oriente y tengo que saber qué es. Lo advertí en el momento en que <strong>Arcan </strong>me solicitó para éste viaje. Allí hallaré algo más de lo que busco, ahora lo sé. Hay algo más <strong>oculto </strong>aún que La Raza y tendré que bajar profundo para verlo con mis propios ojos. Con mis propios ojos muertos.</p>
<p style="text-align:justify;">Ya sabes que podrían darnos <strong>muerte </strong>por comunicarnos así, y ya sabes lo que pienso al respecto. Las runas no son importantes ya para nosotros, ni el resto de nuestros idiomas ancestrales, ni la escritura caligráfica. Aún no estás preparado y hay muchas otras prioridades. Ya te enseñaré nuestra escritura y desterraremos entre nosotros el lenguaje humano. Destrúyelo, repito.</p>
<p style="text-align:justify;">Puedes seguir con tus dibujos de <strong>gárgolas</strong>, que eso te distraiga. Sé que te estoy tratando como un crío, pero por primera vez en mucho tiempo, he vuelto a ser el que fui como <strong>neonato</strong>… Vuelvo a ser el hombre temeroso de la muerte.</p>
<p style="text-align:justify;">Este viaje no me gusta.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>Adiós</strong>.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[GENTE CIVILIZADA]]></title>
<link>http://lamedores.wordpress.com/2009/10/19/gente-civilizada/</link>
<pubDate>Mon, 19 Oct 2009 15:03:42 +0000</pubDate>
<dc:creator>peptrempat</dc:creator>
<guid>http://lamedores.wordpress.com/2009/10/19/gente-civilizada/</guid>
<description><![CDATA[GENTE CIVILIZADA   Para sorpresa de María, fue inmovilizada por numerosas manos que la agarraban con]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><img class="alignnone size-full wp-image-1548" title="164181732_d304d03010[1]" src="http://lamedores.wordpress.com/files/2009/10/164181732_d304d0301011.jpg" alt="164181732_d304d03010[1]" width="412" height="500" /></p>
<p><strong>GENTE CIVILIZADA</strong></p>
<p> </p>
<p>Para sorpresa de María, fue inmovilizada por numerosas manos que la agarraban con fuerza. Ya había pasado otras veces por aquella desagradable experiencia, pero nunca llegaría a acostumbrarse.</p>
<p>Sintió aquel agudo pinchazo en su cuello y se estremeció de dolor. Luego, como siempre, empezó a manar abundante sangre del orificio que le habían practicado en la yugular para ser depositada con cuidado en un cuenco. Al cabo de un rato empezó a sentirse débil y un poco somnolienta, pero antes de desplomarse, notó como le apretaban la herida hasta que ésta se cerró y dejó de sangrar. Luego la dejaron libre de nuevo y se alejó de allí vacilante y confusa. Estaba sedienta y fue en busca de agua.</p>
<p> </p>
<p>           <em>- Ya tenemos suficiente. No nos conviene que María se debilite mucho. Podría caer enferma.</em></p>
<p>           <em>- Déjame echar un trago.</em></p>
<p><em>           &#8211; Ni hablar. Ya sabes que tenemos que repartirla entre todos.</em></p>
<p><em>           &#8211; Tú siempre tan honrado. Haces bien.</em></p>
<p><em>           &#8211; Intento hacer lo correcto.</em></p>
<p><em>           - ¿Por qué le pusiste ese nombre tan raro?</em></p>
<p><em>           &#8211; ¿Te acuerdas de aquellos hombres tan extraños que vinieron a visitarnos hace cosa de tres veranos? No eran como nosotros, llevaban unas vestiduras que nunca habíamos visto y no hacían más que hablar en una lengua que no entendíamos. </em></p>
<p><em>           &#8211; Sí, me acuerdo.</em></p>
<p><em>           &#8211; Había una hembra que no hacía más que observarnos con sus ojos azules y que gritaba constantemente. Parecía que todo le daba miedo. Era gorda y su cara muy pálida. Cada vez que abría la boca era para exclamar ¡Jesús, María y José!</em></p>
<p><em>           &#8211; Lo recuerdo, eran todos muy divertidos. Llevaban unas cosas que se ponían delante de los ojos cada vez que veían algo que les llamaba la atención. Me daban muchas ganas de reír.</em></p>
<p><em>          - Si, pero según dice mi anciano y sabio padre, hay muchos como ellos. Parece ser que ya había visto a algunos de esos anteriormente. Fue él quién me dijo que María era un nombre de mujer.</em></p>
<p><em>         &#8211; Ya entiendo. Y por eso le pusiste ese nombre tan extraño a esa buey hembra, jajaja!!! Que ocurrencias tienes. –  </em>Exclamó divertido el joven guerrero Massai.<em>   </em> </p>
<p> </p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Peptrempat (17/10/09)</strong></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[¡Ya no tengo miedo!]]></title>
<link>http://lamedores.wordpress.com/2009/10/13/%c2%a1ya-no-tengo-miedo/</link>
<pubDate>Tue, 13 Oct 2009 10:26:57 +0000</pubDate>
<dc:creator>Yuka</dc:creator>
<guid>http://lamedores.wordpress.com/2009/10/13/%c2%a1ya-no-tengo-miedo/</guid>
<description><![CDATA[El 11 de mayo a las 11 de la mañana  lucía un sol brillante, pero hacia fresco   Ana caminaba por la]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>El 11 de mayo a las 11 de la mañana  lucía un sol brillante, pero hacia fresco</p>
<p> </p>
<p>Ana caminaba por la acera de la calle con paso firme y confiado ¡seguro! Era la primera vez en mucho tiempo que estaba completamente segura de  que  estaba haciendo  lo que debía.</p>
<p>Seria la primera vez que pisaría un palacio de justicia, la primera vez que estaría frente a un juez. Pero también la primera vez que no sentía miedo y era una sensación agradable.</p>
<p>Pisando fuerte ya estaba a mitad de la calle, ya podía ver las banderas oficiales ondeando en el balcón del palacio Y también veía a un puñado de gente en la misma puerta.</p>
<p>¡Respiró! ¡Ya no te tengo miedo!, pensó.  E ignoró a todos los que la miraban y comenzó a subir los escalones anchos de la entrada.</p>
<p> </p>
<p>&#8211; ¡eh! ¡Espera, tú!—le grito alguien detrás&#8211; ¡espera que tengo que hablar contigo antes de entrar ahí—repito con  desden.</p>
<p> Ana no dijo nada, solo le miró a los ojos. También era la primera vez que lo hacia en mucho tiempo.</p>
<p>&#8211;si quitas la denuncia, te dejaré en paz, ya no te diré nada nunca más, de verdad, ¡ve y quita la denuncia! Y te prometo que ya no volverás a verme.</p>
<p>&#8211;¿me lo prometes? ¿Me das tu palabra? –su voz fue profunda, y sonó poderosa.</p>
<p>&#8211; si, si, claro, &#8212; titubeo sorprendido – Te prometo que no volveré a decirte nada, ni a acercarme a ti, nunca más, ni a mirarte, si me perdonas, no volverás a verme, ¡te lo juro!</p>
<p>&#8211;¿me lo juras? ¡¿Por quien me lo juras?! – los ojos le brillaban.</p>
<p>&#8211; sí, te lo juro—retrocedió un paso asustado—si quitas la denuncia te juro que no te molesto más—y su voz no estaba tan serena,</p>
<p>&#8211; ¿tienes miedo? Pues yo no, ¡ya no te tengo miedo! ¡Maldito hijo de puta! ¡Y Ya no te creo! ¿Cuántas veces me dijiste esto antes? ¿Cuántas veces me dijiste que ya no me molestarías más? ¿Cuántas veces antes, me acosaste, me humillaste, me perseguiste, me amenazaste, me insultaste, y me juraste que no lo volverías hacer? ¿Cuántas veces me pediste después perdón y me prometiste que me dejarías en paz? ¿Cuántas veces te perdone, pensando que tal vez tenías razón: todo es culpa mía?, ¡¡soy tan torpe!! ¡Cuantas veces con tu voz dulzona me creí que todo eso podía ser por que me querías!!—</p>
<p> </p>
<p>Estaba abrumado, jamás la  había visto así. Nunca había escuchado aquella voz, ni había mirado esos ojos. Él se sintió acorralado.</p>
<p>&#8211;si, si pero, ya te juro aquí mismo, que esta vez es de verdad, yo es que…  esta vez es de verdad la ultima vez, que te…&#8211;</p>
<p>&#8211;¡sí!, tienes razón, &#8211; le interrumpió&#8211;  puedes estar seguro, que será la última ¡maldito cobarde! Solo ha habido, una paliza, pero ¡yo! sí te juro, ¡que es la última!</p>
<p> </p>
<p>Dio media vuelta y subió los cuatro escalones de mármol de la entrada. Sorprendida de si misma, pero satisfecha. Serena, firme, y segura de que estaba haciendo lo que debía.</p>
<p> </p>
<p>Unos minutos después, Ana estaba sentada en un banco duro de madera oscura, a la derecha frente al juez. Un hombre serio que imponía autoridad con su  toga negra y puñetes de encaje inmaculo. En una sala cuadrada, amplia con un estrado entarimado en forma de U. Y a ambos lados, abogados, fiscal, alguacil, secretario y otros señores autorizados. Pero ni siquiera miró que detrás había más bancos de madera con otras personas. Ella estaba sentada allí sola, pero no tenía miedo.</p>
<p>En el instante en que el alguacil, comenzó a exponer el caso, el tiempo se detuvo o corrió demasiado.</p>
<p>Debieron de pasar horas por que cuando  caminaba, de vuelta a casa recordaba todo y cada una de las palabras, y de las preguntas que se habían dicho en la sala. Las preguntas del fiscal, del abogado defensor, de las respuestas de los testigos, del llamamiento al comportamiento que le había hecho a uno de ellos, de los ojos del juez buscando los suyos y mirando a los de él , y recordaba la ultima pregunta y su respuesta :</p>
<p>&#8211; ¿Tiene algo que añadir a todo lo que se ha dicho en esta sala?</p>
<p>&#8211;No señor, yo solo quiero que me deje en paz. Que me deje vivir, y que él haga su vida y ni se acuerde de mí.</p>
<p>&#8211; Entonces todo queda visto para sentencia.</p>
<p> </p>
<p>Ana se tumbó en la cama y cerró los ojos. Era media tarde del  11 de mayo.</p>
<p>Ahora tocaba olvidar. Y ya había olvidado cuando  comenzó todo . Cuando fue la primera vez, que decidió poner fin a esta historia.</p>
<p>Olvidar la primera vez que la humilló en público, las de veces que la había desprestigiado delante de otros. Olvidar todos los insultos y las veces que le había dicho ¡No eres más que una mala puta que ni sirves ni pa follar!</p>
<p> La de veces que le recriminaba, con absurdos celos por simplemente acariciar su perro. Las veces que le había prohibido charlar con alguna amiga, o el temor por llegar sólo dos minutos tarde. Olvidar para siempre sus gritos, sus celos, sus insultos, sus amenazas…</p>
<p>Ahora se sentía con fuerza para volver a llevar su vida. De volver a encontrarse con sus amigos, a los que había tenido que dejar de lado.</p>
<p>Decidida a no volver a recordar todo lo que había sucedido en los últimos meses, como la seguía, la acechaba, a tener que mirar aterrada  detrás de ella y  que nunca debía ir por calles solitarias,</p>
<p>Olvidar  su última amenaza cuando le pasaba una hoja fría de la navaja por el rostro: ¡tú te quedarás marcada, siempre para mí!</p>
<p> </p>
<p>Ana no sabia cual sería la sentencia de juez,  pero sí sabia una cosa: volvería a denunciarlo y tantas veces como le provocara. No se rendiría. Le había visto temblar, le había visto titubear, le había demostrado a todos su cobardía, y le había dejado marcado para siempre su expediente y su reputación.</p>
<p> </p>
<p>Ya había oscurecido del todo, Y Ana se sentía cada vez más satisfecha, liviana, recompensada, libre, y más fuerte: ya no le tenía miedo, ni se lo volvería a tener jamás.</p>
<p>Tenía tantas gana de volver a vivir, de sentir la vida…!!!</p>
<p>Comenzó a dormirse poco a poco preguntándose si algún día encontraría un compañero…</p>
<p>-No importa, si no es así, me siento tan bien que no me importa estar sola . La soledad tampoco me da miedo.</p>
<p> </p>
<p>Meses después al final del verano llegó una carta certificada del juzgado. Había sido condenado. Dobló la carta la guardó en una caja de madera en el fondo de un cajón. Nunca volvió a abrirlo.</p>
<p> </p>
<p><a href="http://www.inmujer.migualdad.es/violencia-mujer/telefonosviolencia.html">http://www.inmujer.migualdad.es/violencia-mujer/telefonosviolencia.html</a></p>
<p><strong>016</strong>, teléfono para la violencia de género</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[La primera Gran Guerra]]></title>
<link>http://adaniramos.wordpress.com/2009/09/30/la-primera-gran-guerra/</link>
<pubDate>Wed, 30 Sep 2009 17:31:05 +0000</pubDate>
<dc:creator>El Enano Rojo</dc:creator>
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<description><![CDATA[Sólo unos pocos sobrevivieron. Estuvimos con un pié dentro del abismo, al borde de la extinción. Has]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p style="text-align:justify;"><span style='text-align:left;display:block;'><p><object type='application/x-shockwave-flash' data='http://wordpress.com/wp-content/plugins/audio-player/player.swf' width='290' height='24' id='audioplayer1'><param name='movie' value='http://wordpress.com/wp-content/plugins/audio-player/player.swf' /><param name='FlashVars' value='&amp;bg=0xf8f8f8&amp;leftbg=0xeeeeee&amp;lefticon=0x666666&amp;rightbg=0xcccccc&amp;rightbghover=0x999999&amp;righticon=0x666666&amp;righticonhover=0xffffff&amp;text=0x666666&amp;slider=0x666666&amp;track=0xFFFFFF&amp;border=0x666666&amp;loader=0x9FFFB8&amp;soundFile=http%3A%2F%2Fwww.goear.com%2Ffiles%2Fsst2%2F00768aeb0123bcfaf60c74c76a53dc5e.mp3' /><param name='quality' value='high' /><param name='menu' value='false' /><param name='bgcolor' value='#FFFFFF' /></object></p></span></p>
<p style="text-align:justify;">Sólo unos pocos sobrevivieron. Estuvimos con un pié dentro del abismo, al borde de la <strong>extinción</strong>. Hasta entonces nos creímos superiores pero muy pocos sobrevivieron para contarlo.</p>
<p style="text-align:justify;">La reunión de los hombres los hizo más fuertes, y nuestros métodos de <strong>caza </strong>quedaron obsoletos muy pronto. Sin darnos cuenta.</p>
<p style="text-align:justify;">Uno sólo de nosotros se bastaba para esquilmar una tribu, una manada, y entre nosotros nos dividíamos los caminos, cada palmo de tierra, cada hombre o mujer. No había reglas más que las de la depredación. Atacábamos en soledad y silencio y la comida abundaba. Controlábamos <strong>La Ira</strong>.</p>
<p style="text-align:justify;">Hasta entonces acechábamos cerca de cuevas o rios y aprovechábamos la <strong>noche</strong>, como no podría ser de otro modo. Para cuando echaban en falta a algún miembro ya habían partido y nosotros, tras ellos.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces ocurrió. Aprendieron a dominar la tierra, a alimentarse de ella para siempre, y advirtieron nuestra maléfica y peligrosa <strong>presencia</strong>. Pasamos de ser cazadores a ser presas. No hay documentos humamos sobre ésta guerra, pero existió. Por supuesto que existió. La <strong>escritura </strong>humana<strong> </strong>no tardaría en surgir.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>La Raza</strong> sufrió un aplastamiento brutal y casi inmediato, sin par en la historia. Ocurrió en todos los lugares a un tiempo, como si una única mente los guiara. Fué el despertar de los humanos. Nosotros quedamos casi extintos, extenuados, desterrados, asesinados a plena luz del día, quemados en la noche.</p>
<p style="text-align:justify;">Nos enseñaron un nuevo <strong>miedo </strong>y un nuevo <strong>dolor</strong>, miedo a la soledad, a la muerte si. A la <strong>muerte</strong>.</p>
<p style="text-align:justify;">Desde entonces tememos a los humanos y ya es tarde para considerarlos nuestros hermanos. Pagamos cara la afrenta. Pagamos caro el saber que no éramos los dueños del <strong>planeta</strong>. El mismo planeta nos lo recuerda cada día con el único ojo del que llamásteis Dios Sol.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero sin saberlo, los humanos nos dieron una segunda oportunidad: <strong>Las Ciudades</strong>. Una gran enseñanza: <strong>Los Clanes</strong>. Una habilidad: <strong>La ocultación</strong>. Un miedo: La extinción.</p>
<p style="text-align:justify;">Fué la primera Gran Guerra. Hubo algunas más.</p>
<p style="text-align:justify;">Bienvenidos a <strong>Las historias de La Raza</strong>.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[SEXPERIENCE   (Wolt Ihr das Bett  in Flammen sehen…?)]]></title>
<link>http://lamedores.wordpress.com/2009/09/22/sexperience-wolt-ihr-das-bett-in-flammen-sehen%e2%80%a6/</link>
<pubDate>Tue, 22 Sep 2009 10:07:36 +0000</pubDate>
<dc:creator>annalammer</dc:creator>
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<description><![CDATA[  La luna llena despertó el animal interior que ambos llevaban dentro. No mediaron palabra. En aquel]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p> </p>
<p><span style='text-align:center; display: block;'><object width='425' height='350'><param name='movie' value='http://www.youtube.com/v/TIKn3n7m3BI&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;hd=0' /><param name='allowfullscreen' value='true' /><param name='wmode' value='transparent' /><embed src='http://www.youtube.com/v/TIKn3n7m3BI&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;hd=0' type='application/x-shockwave-flash' allowfullscreen='true' width='425' height='350' wmode='transparent'></embed></object></span></p>
<p>La luna llena despertó el animal interior que ambos llevaban dentro.</p>
<p>No mediaron palabra.</p>
<p>En aquel antro con a penas luz, quizá atraídos por el olor que sin saberlo desprendían o quizá por el influjo de una hipnótica mirada, se encontraron frente a frente dejando que sus cuerpos y sus húmedas lenguas hambrientas se entrelazasen a ritmo de rock. En medio de la horrible acústica de la sala lo único bien ecualizado era el sonido de sus besos acompañados por el golpe seco y pesado de un aliento lleno de deseo.</p>
<p> </p>
<p>Embriagada por aquellos ojos de color indefinido, volviendo la espalda mientras con la mano derecha retiraba su negro pelo de los hombros, dejó la delicada  pendiente de su  cuello a la  entera disposición de aquel hombre de inquietante aspecto, sintiendo al instante la suave caricia inicial de la lengua que sutilmente lo recorría para disfrutar a continuación de la vigorosa embestida de la mordedura.</p>
<p> </p>
<p>Helena gimió de placer y en ese momento supo que había quedado atrapada en su red y estaba a su merced.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>La luz de la sala se hizo mientras en la calle apuntaba el alba y, Jay, con mirada penetrante y casi sin abrir la boca, asiéndola fuertemente por el pelo la susurro al oído inquisitivamente:</p>
<p> </p>
<p><em>- Mírame a los ojos cuando te hable.</em><em>, me oyes?</em></p>
<p> </p>
<p>Helena respondió desafiante con la mirada al reclamo de  los perturbadores ojos que minuciosamente la observaban.</p>
<p> </p>
<p><em>-Te llamaré y  vendrás. Vas a ser mía.</em></p>
<p> </p>
<p>Casi sin darse cuenta sus ojos pasaron del desafío a la sumisión.</p>
<p> </p>
<p><em>-De hecho, ya me perteneces</em>…dijo Jay con una abierta sonrisa mostrando todos sus dientes.</p>
<p> </p>
<p><em>“…Me perteneces, me perteneces, me perteneces….”</em></p>
<p>Aquellas palabras retumbaban atronadoramente en la cabeza de Helena cuando despertó en su habitación. Todo había sido un sueño, pensó mientras se dirigía al baño.</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>-<em>Tengo que dejar de leer Crepúsculo y ver True blood ya! Con Urgencia</em>! –se prometía a si misma mientras abría el grifo para lavarse la cara.-<em>Coño, que</em> <em>ya no tengo 15 años! .</em>Al levantar la mirada y ver su imagen en el espejo advirtió aquella pequeña señal en su yugular y un agudo escalofrío le recorrió el cuerpo.</p>
<p> </p>
<p>Sintió que la resaca no estaba haciendo ningún bien y paso el día tirada en la cama en una especie de duermevela hasta que llego la noche envolviéndola en un profundo sueño donde la voz del aire que entraba por la ventana a la vez que mecía en sensual baile las cortinas, parecía divertirse repitiendo en susurro sugerente constantemente su nombre: Helena…</p>
<p> </p>
<p>Atolondrada. .Perdida. Desorientada. Así despertó en medio de la noche encontrándose de repente en aquel agujero oscuro frente a él. Jay presionando con su pulgar los labios de Helena dijo:</p>
<p>-<em>No grites, no digas nada, no quiero que hables.</em></p>
<p><em>-Pero!-.</em></p>
<p><em>-Tsssssssssi! NADA…Mando yo. Ay Helena, mi Helenita</em>…-suspiró Jay mientras con su mano iba dibujando los caracoles de su pelo- <em>y eso ya lo sabes. Vas a ser obediente verdad?</em></p>
<p> </p>
<p>Agachando la mirada Helena asintió con la cabeza.</p>
<p>-<em>Así me gusta, voy a tratarte muy bien, ya lo veras</em>- Le dijo susurrante mientras le mordía los labios…<em>Eres mi muñequita, mi preciosa muñequita..¿Te gusta que te muerdan verdad?</em></p>
<p>-<em>Si..</em></p>
<p><em>-Pues te voy a morder mucho…</em><em>, tengo mucho que darte</em>-Le insinuó con voz sedienta mientras cogía fuertemente los pechos de Helena.- <em>Ven, cierra los ojos, confía en mí.</em><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Algo drogada por el efecto del veneno de aquellos mordiscos, Helena cerró los ojos y se entregó a los sentidos sin sentimiento. Al momento. A la orden.  Al deseo.</p>
<p>Entre el sudor y los fluidos se dejó envolver por aquel volcán de apariencia humana y dejando la mente en blanco decidió abandonarse al  placer arrastrada por la marea de ardiente lava que en ese preciso instante comenzaba a recorrer su garganta.</p>
<p> </p>
<p>(&#8230;A quien lo inspiró)</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>

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