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	<title>silvina &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
	<link>http://en.wordpress.com/tag/silvina/</link>
	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "silvina"</description>
	<pubDate>Fri, 01 Jan 2010 07:44:44 +0000</pubDate>

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	<language>en</language>

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<title><![CDATA[A New Life in New Mexico]]></title>
<link>http://traininghorses.wordpress.com/2009/11/23/a-new-life-in-new-mexico/</link>
<pubDate>Mon, 23 Nov 2009 20:20:55 +0000</pubDate>
<dc:creator>Tom Valter</dc:creator>
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<description><![CDATA[After several years of planning and construction, Tom and Nancy McCormick have their new home and ba]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>After several years of planning and construction, Tom and Nancy McCormick have their new home and barns built in New Mexico. It was time for their horses to come on over. But not without a fond good-bye from those of us who love them too.</p>
<p>Here&#8217;s Tom with his long-time friend, Silvina, an andalusian mare trained to Grand Prix.</p>
<p><a href="http://traininghorses.wordpress.com/files/2009/11/img_1908.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-609" title="IMG_1908" src="http://traininghorses.wordpress.com/files/2009/11/img_1908.jpg" alt="" width="500" height="333" /></a></p>
<p>Gustavo will miss his roping partner, Recheio Do Retiro, who&#8217;ll now be seen on trails in the New Mexico landscape.</p>
<p>Keeley Mircetic sends good thoughts and best wishes to her friend, Ultimo Do Retiro, a 2000 Lusitano Gelding who will now be Nancy McCormick&#8217;s trail partner in New Mexico.</p>
<p><a href="http://traininghorses.wordpress.com/files/2009/11/img_1879.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-613" title="IMG_1879" src="http://traininghorses.wordpress.com/files/2009/11/img_1879.jpg" alt="" width="500" height="333" /></a></p>
<p><a href="http://traininghorses.wordpress.com/files/2009/11/img_1888.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-610" title="IMG_1888" src="http://traininghorses.wordpress.com/files/2009/11/img_1888.jpg" alt="" width="500" height="333" /></a></p>
</div>]]></content:encoded>
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<title><![CDATA[Silvina Magari: La nueva musa de PRISA.]]></title>
<link>http://timonpress.wordpress.com/2009/08/09/silvina-magari-la-nueva-musa-de-prisa/</link>
<pubDate>Sun, 09 Aug 2009 13:50:31 +0000</pubDate>
<dc:creator>timonpress</dc:creator>
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<description><![CDATA[Desde que Orson Welles maravillara al mundo en 1941 con su obra maestra Citizen Kane, no ha dejado d]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Desde que Orson Welles maravillara al mundo en 1941 con su obra maestra <em>Citizen Kane</em>, no ha dejado de sorprenderme la capacidad de los medios de comunicación para dirigir las veleidosas filias musicales de la masa. Todos recordamos la manera en que Charles Foster Kane encumbra la carrera de cantante de su poco talentosa mujer, cuando ya se ha convertido en un todopoderoso magnate de la comunicación sin escrúpulos. De la misma manera parece que el monstruo mediático del fallecido Polanco ha manejado, a través de su engendro radiofónico Los 40 Principales, los gustos de la mayoría de los descerebrados españoles.</p>
<p>La lista de protegidos de PRISA es inmensa: Pereza, Amaral, La Oreja de Van Gogh, Pignoise, El canto del Loco, Nena Daconte, Bisbal, Chenoa y un largo etcétera. El padrinazgo de Polanco júnior parece indispensable si quieres triunfar en cualquier materia en España (incluso en política). Si no que se lo digan a Almodóvar, zaherido sin piedad por el crítico de cine del diario <a href="http://www.elpais.com/articulo/cultura/Almodovar/carga/cobertura/Pais/Festival/Cannes/elpepucul/20090527elpepucul_8/Tes" target="_self">El País.</a></p>
<p>Algo así está ocurriendo con el nuevo fenómeno petardo que promete tronar en todo el reino de Castilla. Se trata de Silvina Magari, una pija de Madrid que juega a ser pin-up 24 horas y que quiere ser cantante de éxito a lo Carla Bruni, ahorrándose los sinsabores de los vacíos en pubs de mala muerte. Para ello tiene una más que sobrada cobertura en el circo mediático de Polanco júnior y parece que la inoculación está empezando a causar efecto. Apuesto a que en Málaga, copia grotesca y esperpética del estilo moderno matritense, va a causar furor entre los petimetres, esnobs y decandentes del mundo <em>&#8220;homoartístico&#8221;</em> (Diputación mediante). No en vano corre el bulo de que ya es la prometida de un periodista pez gordo del grupo PRISA. Y es que cuando eres una artista sin talento lo mejor es asegurarse un buen cobijo mediático desde la entrepierna. Si no que se lo digan a María Lavalle&#8230; y hasta aquí puedo escribir.</p>
<p>A continuación os muestro una de sus actuaciones más recientes, donde podemos apreciar su talento y su inteligente locuacidad (el discurso introductorio no tiene desperdicio).</p>
<p><span style='text-align:center; display: block;'><object width='425' height='350'><param name='movie' value='http://www.youtube.com/v/3YKMJvHKnDE&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;hd=0' /><param name='allowfullscreen' value='true' /><param name='wmode' value='transparent' /><embed src='http://www.youtube.com/v/3YKMJvHKnDE&#038;rel=1&#038;fs=1&#038;showsearch=0&#038;hd=0' type='application/x-shockwave-flash' allowfullscreen='true' width='425' height='350' wmode='transparent'></embed></object></span></p>
<p><em>&#8220;&#8230;luego me di cuenta de que cantar bien era una chorrada&#8230;&#8221;. </em>Claro, lo mejor es follarte a un pez gordo que te encumbre al estrellato como Carla Bruni o Mariah Carey.</p>
<p>Para ser sinceros la muchacha está de buen ver aunque estoy convencido de que sin maquillaje y sin carnes al viento no pondría cachondo ni a un seminarista. La pobre se compara con Björk en su Myspace y es que confundir la seguridad en uno mismo con la arrogancia es algo muy propio de personajes con poco seso. La idiotez ya tiene nombre propio y se apellida Magari.</p>
<p>Su estilo musical a medio camino entre un Amaral petardo y Luz Casal con catarro, con tintes de Hidrogennese o Astrud al más puro estilo moderno (<em><a href="http://www.youtube.com/watch?v=cnFuX3JSav0&#38;feature=related">Ya no soy moderna</a>)</em>, denotan un intento vano de emular a Leonor Watling y los fenómenos de Russian Red o Anni B Sweet (malagueña), pero en español. Ni que decir tiene que su incontinencia verbal resulta alarmante y creo que necesita ser aleccionada para no dilapidar su carrera con esas diarreas verbales que denotan una absoluta estupidez y tara mental. Me gustaría asistir a una pelea en el barro entre la Silvina esta y su competidora más acérrima que es <a href="http://www.myspace.com/vinilavonbismark" target="_self">Vinila von Bismark</a> (vocalista de <a href="http://www.youtube.com/watch?v=hI2nWOy4NFE" target="_self">Krakovia</a>) mientras se reprochan: <em>&#8220;yo soy la primera  pin-up de España, no, yo, no, yo lo soy, no yo&#8221;.</em> Al menos Vinila es de Granada (y Andalucía me tira más)  y Krakovia es una pedazo de banda que ni siquiera han mentado en el circo de PRISA ni de refilón.</p>
<p>Labios rojos, ropa de los años 40, letras chorras, tetas grandes, culo en pompa, mucho morro y el apoyo de la mafia de PRISA, son la mezcla maestra para triunfar en la música en España. Si a esto le sumamos que González Sinde es ministra de cultura y que la televisión en España es un monumento a la idiotez, nuestro futuro se vislumbra parecido al de la película distópica <em>Idiocracy</em>.</p>
<p><em>&#8220;El éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo.&#8221;</em> Albert Camus</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[La estrecha (1)]]></title>
<link>http://lasminas.wordpress.com/2008/11/12/la-estrecha-1/</link>
<pubDate>Wed, 12 Nov 2008 16:45:54 +0000</pubDate>
<dc:creator>lasminas</dc:creator>
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<description><![CDATA[Si fuera por mí, la hubiera llevado a la parrilla de la esquina de casa, donde paran los tacheros y ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p class="MsoNormal" style="line-height:150%;margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Si fuera por mí, la hubiera llevado a la parrilla de la esquina de casa, donde paran los tacheros y los delincuentes. Se come mejor que en cualquier otro restaurante de Palermo, y sale menos de la mitad. Pero yo la quiero poner esta noche, es decir: tengo que representar un papel. Además, las luces bajas siempre vienen bien. Así que la llevo a un boliche de sushi que le gustaba a mi ex. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Silvina está vestida como para la ocasión. Pollera corta, botas y una remera escotada. La cara con un poco de maquillaje, no demasiado. Un delicado equilibrio entre la ropa de yiro y una indumentaria casual. Es evidente que quiere guerra pero no se anima a declararlo del todo. Primero pienso que es de precavida, por si a último momento quiere dar marcha atrás, pero después me doy cuenta de que no. Silvina tiene más de treinta, es divorciada, bastante golpeada por la vida (seguro que me va a contar todo apenas entre en confianza) y tiene el reloj biológico a punto de estallar. Está cansada de amadrinar hijos de amigas y pasar los fines de semana en su casa viendo películas románticas en dvd. No quiere cometer los errores del pasado, o sea: acostarse conmigo a la primera salida y que yo no la llame más. En lugar de hacer méritos para que una segunda cogida se me vuelva indispensable, Silvina es de las que prefieren dilatar la cuestión. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Abro la carta de vinos. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:center;margin:0;" align="center"><strong><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Times New Roman;">Brutus</span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:center;margin:0;" align="center"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">¿Qué tomás?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:center;margin:0;" align="center"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:center;margin:0;" align="center"><strong><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Times New Roman;">Silvina </span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:center;margin:0;" align="center"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Agua mineral.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:center;margin:0;" align="center"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">La conozco hace unos meses y nunca me enteré de que sea abstemia. Eso no hace más que confirmar mi impresión inicial. Silvina se empeda al toque. Le debe haber pasado en unas cuantas citas: toma tres copas de vino, se mama y termina encamada andá a saber con quién. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:center;margin:0;" align="center"><strong><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Times New Roman;">Brutus</span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:center;margin:0;" align="center"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">¿Ni siquiera una copita?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:center;margin:0;" align="center"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:center;margin:0;" align="center"><strong><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Times New Roman;">Silvina</span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:center;margin:0;" align="center"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">(Ríe)</span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:center;margin:0;" align="center"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">¿Me querés emborrachar?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:center;margin:0;" align="center"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:center;margin:0;" align="center"><strong><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Times New Roman;">Brutus</span></span></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:center;margin:0;" align="center"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Adivinaste.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:center;margin:0;" align="center"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Me mira a los ojos como para saber si es en joda, pero no. Cambia de tema. La noche es larga y todavía nos queda mucho de qué hablar.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;margin:0;"><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;"> </span></p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Comienzo]]></title>
<link>http://lasminas.wordpress.com/2008/11/11/comienzo/</link>
<pubDate>Tue, 11 Nov 2008 21:48:28 +0000</pubDate>
<dc:creator>lasminas</dc:creator>
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<description><![CDATA[Tengo 30 años, soy soltero aunque con varias convivencias encima. Mi vieja es una mujer muy dulce, a]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Tengo 30 años, soy soltero aunque con varias convivencias encima. Mi vieja es una mujer muy dulce, a la antigua, que los fines de semana me cocina los ravioles como a mí me gustan. Alguien que le hace honor al género, que hoy en día viene tan alicaído. Mi viejo, que en paz descanse, me echó de una patada en el culo a los 18. Hoy se lo agradezco. Él me hizo lo que soy.</p>
<p>Vivo solo, en un departamento de Palermo. A la noche como pizza, hamburguesa o empanadas. Tengo una chica que me viene a hacer la limpieza. Es muy fea, pero labura bien. Cuando invito a una mina, la llamo para que me haga una repasada extra, pero siempre dejo algo de mugre a la vista como para no mal acostumbrarlas. A veces con unos platos sucios alcanza. Si la mina se ofrece a lavarlos, la relación va por buen camino. Si se escandaliza, resta puntos. Puede sumarlos de vuelta sólo si coge bien. </p>
<p>Aunque hoy en día, eso es bastante difícil de encontrar. La anorgasmia es el mal de nuestra generación. Como no saben disfrutar, tampoco se preocupan demasiado por el goce del otro. Desde mi última convivencia, con Carolina, aprendí a desconfiar de las mujeres. Conozco sus caprichos, sus excusas y sus trampas. No pienso dejarme caer otra vez.</p>
<p>Mañana salgo con Silvina, una compañera del laburo que me viene histeriqueando desde que la conocí. Mirada va, mirada viene, desde el principio supe que era para mí. Divorciada, 33 años, busca el amor de su vida y yo quiero coger. Tengo la sensación de que ella también. Esta tarde hablamos de sexo. Dijo que le gustan los hombres salvajes. Así, con esas palabras.</p>
<p>Vamos a ver.</p>
</div>]]></content:encoded>
</item>
<item>
<title><![CDATA[Capítulo VII - El bosque]]></title>
<link>http://caminodelaemperatriz.wordpress.com/2008/08/03/capitulo-vii-el-bosque/</link>
<pubDate>Sun, 03 Aug 2008 20:48:15 +0000</pubDate>
<dc:creator>alevs13</dc:creator>
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<description><![CDATA[La expedición se ponía en movimiento muy temprano por las mañanas, ni bien aparecían los primeros ra]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>La expedición se ponía en movimiento muy temprano por las mañanas, ni bien aparecían los primeros rayos de sol, y se detenía cada tres horas unos minutos para descansar. Continuaban el viaje después de almorzar y la travesía a veces llegaba a durar doce o catorce horas por día. La noche los encontraba siempre exhaustos pero unidos y esperanzados. El camino maravillaba a todos por el perfume de la vegetación, el verde intenso de las hojas y el sentimiento de emoción al explorar por primera vez un terreno desconocido. A estas alturas, ya se encontraban bien internados en el bosque y los árboles dominaban esa zona por completo.</p>
<p>Los días pasaron y el joven cóndor se sentía cada vez más fuerte gracias a los cuidados de la tropa. La emperatriz agradecía en secreto la presencia de estas aves ya que sin ellas, seguramente hubieran perdido el rumbo hacía tiempo.</p>
<p>Tania caminaba sin dejar de pensar por un minuto. Se sentía muy preocupada y llegó un momento en que creyó no debía ocultarlo más por lo que se adelantó al grupo alcanzando a la emperatriz y mientras caminaba a su lado le explicó:<br />
- Emperatriz, vamos a tener un problema grave los próximos días.<br />
- ¿De qué estás hablando? – preguntó preocupada.<br />
- Es que somos muchos y además se sumaron los cóndores. – Dudó por un instante pero luego continuó &#8211; Las provisiones no durarán mucho tiempo más.<br />
La emperatriz la miró mientras caminaba sin detenerse, abriéndose paso por el camino y después de un momento le contestó:<br />
- Sí, ya lo estuve pensando. Además no he visto animales grandes, sólo algún que otro conejo o alguna ave pequeña. Tampoco conozco estas plantas como para poder alimentarnos.<br />
- Deberíamos elaborar algún plan alternativo. Si los hombres tienen hambre esto será un caos. &#8211; y en ese momento la emperatriz se detuvo. Daniel se acercó inmediatamente y les consultó qué ocurría. Tomás también caminó hacia ellos justo a tiempo para escuchar la explicación que dio la emperatriz.<br />
Daniel giró y caminó en círculos por un momento mirando la hierba. El ruido que hicieron las armas cuando los soldados las apoyaron sobre el suelo para aprovechar el breve descanso, lo hizo reaccionar y se acercó nuevamente al grupo diciendo:<br />
- Miren, continuemos la marcha por una hora más y tendremos el almuerzo. Luego nos quedaremos el resto del día para analizar qué alternativas tenemos.<br />
El pequeño cóndor en su hombro estaba herido pero no sordo. No le gustó nada el hecho de que pronto no hubiera comestibles, entonces les increpó:<br />
- ¿Cómo que no tienen más alimento? ¡Habíamos hecho un trato!<br />
- Sí, y lo mantendremos. – contestó Daniel.<br />
- ¡Si no tienen comida vayan al pueblo!<br />
Los cuatro se miraron entre sí y luego volvieron sus ojos sobre el pequeño. Tania lo indagó:<br />
- ¿De qué pueblo estás hablando?<br />
- ¿Pero ustedes no conocen nada acaso?<br />
Como nadie contestó su pregunta el pequeño cóndor les dijo:<br />
- Saliendo del bosque al nordeste hay un pequeño pueblo. Allí siempre se puede conseguir comida. &#8211; Y dio vuelta la cabeza bastante malhumorado. Su hermano estaba dando círculos en lo alto cuando de pronto se aproximó descendiendo a toda velocidad.<br />
- ¿Por qué interrumpimos la marcha? – preguntó el cóndor inquieto revoloteando alrededor hasta decidirse por una rama en un árbol cercano.<br />
- Se quedaron sin comida. – le contestó el pequeño.<br />
- ¿Cómo? &#8211; expresó el hermano mayor sin dar crédito a las palabras.<br />
- Lo que escuchaste.<br />
La emperatriz se anticipó y les dijo:<br />
- No es así. &#8211; dudó un momento y continuó diciendo &#8211; Sólo planteábamos la posibilidad de que tuviéramos un pequeño problema de desabastecimiento.<br />
El pequeño se sacudió y el vendaje cayó al suelo para sorpresa de todos.<br />
- ¿Estás mejor? &#8211; Preguntó el hermano.<br />
- Sí, creo que ya puedo volar. &#8211; y casi sin terminar la frase ganó altura con facilidad. Los dos festejaron juntos haciendo piruetas por el cielo, avivados por el grupo de soldados que disfrutaban de las acrobacias. Los dos se presentaron luego aterrizando con elegancia cerca del grupo principal sobre una rama.<br />
- Considero que ya no están en condiciones de cumplir con el trato. Nos volvemos. – anunció el hermano menor.<br />
- ¡No nos pueden dejar aquí en el medio del bosque! &#8211; les gritó Tania.<br />
El cóndor más joven levantó vuelo y pronto lo perdieron de vista, el mayor también se fue pero antes les dijo:<br />
- No se preocupen, nos volveremos a ver de todas formas. Esta es nuestra zona de vuelos habitual. Les agradezco lo que hicieron por mi hermano. No lo olvidaré.<br />
La tropa se veía totalmente desconcertada ante el abandono de las dos aves guía. Daniel miró a la emperatriz y se entendieron inmediatamente.<br />
- ¡Descansen! El resto del día será libre. Pasaremos aquí la noche y seguiremos viaje mañana temprano. &#8211; Ordenó Daniel.<br />
Los hombres festejaron olvidando toda preocupación posible. De inmediato se quitaron el peso de encima y cada uno buscaba un lugar cómodo para descansar. Un soldado ató a los tres burros a un árbol. Uno de ellos ya no tenía carga mientras que otro se encontraba muy liviano, por lo que pensó al descargarlos que al día siguiente distribuiría mejor el peso entre ellos.</p>
<p>Mientras tanto estaban Tania, Daniel, Tomás y la emperatriz mirándose en silencio.<br />
- Tenemos que encontrar ese pueblo. Es nuestra única alternativa. Caso contrario debemos solicitar más provisiones al valle. Ana nos enviaría alimento pero sería mal visto políticamente y no sabemos si llegaría a tiempo. – comentó Tania mientras todos asentían.<br />
- Y después de encontrar el pueblo debemos concentrarnos en llegar al río. &#8211; recordó Tomás.<br />
La emperatriz estaba cansada y ya no había mucho más por decidir. Buscó el refugio de un árbol frondoso ubicado a pocos metros para preparar con hojas y algunas hierbas un cómodo lugar donde recuperar energía. Sentía los párpados muy pesados y no tardó mucho tiempo en quedarse completamente dormida. Tomás la contemplaba con ternura a corta distancia, Tania los miraba a ambos a pocos metros y Daniel los custodiaba a todos.</p>
<p>Luego de varios minutos y un tanto conmovida, Tania se acercó lentamente a Tomás, quien al percibirla giró y se encontró con una mirada color miel. Entonces ella le dijo en voz baja para no despertar a la emperatriz:<br />
- Te veo enamorado&#8230; – esbozó una gran sonrisa pero se sorprendió ante la respuesta.<br />
- No, estás equivocada. &#8211; y sonrió brevemente sin despertar a la emperatriz &#8211; Nos une algo mucho más fuerte que eso. &#8211; y se levantó acercándose a Daniel.<br />
Tania miró a la emperatriz, consumida por el cansancio, y se sintió algo decepcionada o más bien confundida ante la respuesta recibida. Tal vez, ella también necesitaba dormir, pero en cambio tuvo la sensación de que Tomás y Daniel tramaban algo. Se acercó y ante los frustrados intentos de los hombres por disimular, ella les aseguró que sabía estaban planeando algo y que no la dejarían fuera.</p>
<p>Así fue que confesaron deseaban hacer una recorrida en las inmediaciones sin esperar al día siguiente, porque tenían la esperanza de poder encontrar alimento en ese bosque solitario. Irían solos dejando que los hombres descansaran. De esa manera, no deberían apartarse tanto del camino en búsqueda de un posible pueblo para obtener alimentos. Daniel no confiaba del todo en las palabras del pequeño cóndor, disintiendo con Tomás. Después de discutir un rato llegaron a un acuerdo. Daniel dio instrucciones al grupo para que preparen un destacamento en este lugar y custodien a la emperatriz sin despertarla. Ellos irían a verificar el camino unos kilómetros al frente.</p>
<p>Los tres comenzaron a avanzar hacia el este lentamente. A simple vista, el paisaje no cambiaba a medida que caminaban pero en un momento Tania se dio cuenta que hacia la izquierda la vegetación era un poco más densa. Detuvo a sus compañeros y les realizó la observación haciendo notar que existían otras variedades de árboles en esa zona. Tenían que tomar una decisión: continuar por el rumbo actual que en teoría llevaba a la salida del bosque y por donde se ubicaría el supuesto pueblo, o intentar en este nuevo sector que habían descubierto. Tal vez allí podrían hallar algún animal para cazar y volver al destacamento con las nuevas provisiones.<br />
Tomás insistía en creerle al joven cóndor y probar de encontrar el pueblo. Le fascinaba la idea de poder conocer una nueva civilización, un pueblo vecino o simplemente a alguien que le pudiera indicar donde encontrar ese mar embravecido con el que había soñado. Ellos, Tania y Daniel, se sentían más autosuficientes e insistían en que tenían mejores posibilidades si probaban en la nueva senda. Discutieron por unos cuantos minutos pero no lograban entrar en razones y llegar a un acuerdo. Finalmente y ante la falta de consenso decidieron separarse y volver a encontrarse en ese mismo punto al término de tres horas. Los tres partieron enojados y convencidos de que cada uno tenía la razón. Ninguno podía creer lo obstinado que habían resultado sus otros compañeros y con esos sentimientos continuaron cada uno por su camino.</p>
<p>Tania y Daniel se adentraron en el follaje y la marcha les resultó algo pesada. En la zona había muchas especies raras de árboles. Algunos parecían tener frutos pero al no conocerlos no se atrevían a probarlos. Habían leído de la existencia de frutos de la muerte y aún no sentían tanta hambre como para poner su vida en peligro de esa manera. En un momento la vegetación se hizo tan densa que Daniel desenfundó su espada y comenzó a cortar parte de la vegetación. Luego de unos minutos Tania le pidió que se detuviera.<br />
- No sé que tengo, pero estoy percibiendo algo. Algo no está bien. Mejor volvamos. &#8211; Dio la vuelta y un golpe en la espalda la sorprendió. Al girar vio horrorizada a Daniel con los ojos desorbitados y la sangre roja que se escurría por el frío metal de su espada. Percibió un movimiento a sus pies y ambos bajaron la mirada para observar como una serpiente de más de dos metros de largo se retorcía sin cabeza hasta quedar quieta, muerta a los pies de Tania.<br />
- ¡Volvamos! &#8211; le gritó ella.<br />
Él tomó a la serpiente por la cola y se la puso al hombro. Espantada ella le pidió que la dejara pero él insistió en llevarla para la cena. Ante lo cual ella le dijo:<br />
- No me invites a cenar. &#8211; y se adelantó asqueada unos cuantos pasos mientras volvían al punto de encuentro. El paso no era lento; ella se seguía sintiendo inquieta.<br />
- De nada. &#8211; escuchó ella a los pocos minutos. Sonrió entrecerrando los ojos y le contestó &#8211; Gracias. &#8211; sin mirar atrás ni detener su paso.</p>
<p>El camino había quedado marcado por la espada de Daniel, lo cual permitió que el regreso fuera sencillo en comparación a lo que fue llegar hasta ese lugar. Pronto llegaron al punto de encuentro pero Tomás no estaba allí y Tania no se sorprendió.<br />
- No tendríamos que haber dejado que se fuera. – comentó Tania ahora lamentándose.<br />
- Pero tú has visto como estaba. No había manera de hacerlo entrar en razones.<br />
No terminó de decirlo que a lo lejos vieron a la emperatriz acercándose con un guardia. Su gesto lo decía todo: estaba furiosa. Al acercarse lo primero que preguntó fue dónde estaba Tomás. Los nervios la tomaron por sorpresa al enterarse que su equipo lo había dejado solo. Y se los dijo:<br />
- ¿Cómo es posible que lo hayan dejado solo? ¿Cómo puede ser?<br />
- ¡Pero Emperatriz, él se sabe cuidar! &#8211; retrucó Daniel.<br />
- ¡Él sí, pero ustedes lo necesitan! &#8211; Contestó ella sumamente preocupada y agregó &#8211; Todos lo necesitamos.<br />
Ni Tania ni Daniel contestaron y se quedaron en silencio esperando que la emperatriz les diera instrucciones.<br />
- Si no regresó, es porque algo le ha sucedido. ¿Por este lado se fue? &#8211; preguntó la emperatriz mirando los árboles del bosque.<br />
- Sí. Aquí estamos en el punto de encuentro. Hacia el sector que caminamos nosotros es todo monte. &#8211; contestó Tania.<br />
- Vamos a buscarlo entonces. Acompáñenme. – ordenó.<br />
Dejaron el reptil sobre el suelo y siguieron a la emperatriz a un buen paso.</p>
<p>La experiencia de Tomás había sido un poco diferente a la de sus compañeros. El paisaje se mantenía homogéneo a su paso y de tanto ir y venir entre los árboles se había mareado un poco. Tenía toda la sensación de haber estado caminando en círculos y probablemente no se equivocaba. De pronto, a la distancia pudo descubrir que se encontraba en lo alto de una colina. El suelo descendía unos cuantos metros continuando con el bosque frente suyo. Se quedó por un momento observando el escenario y decidió bajar para seguir con la marcha. Miró alrededor con las manos en la cintura y se dio cuenta de que estaba completamente perdido, además de que ya tenía hambre y no tenía provisiones.<br />
- ¡Hola! &#8211; escuchó que alguien saludaba a lo lejos con una voz muy sensual.<br />
Giró y entonces la pudo ver a unos cuantos metros de distancia y se emocionó. Era la primera persona fuera del reino que conocería. Inconcientemente sacó pecho y se paró firme arreglando el cinturón de cuero. Ella se acercó lentamente con una sonrisa y él entonces decidió relajarse, no quería asustarla. La mujer caminaba con elegancia, luciendo un vestido negro ajustado al cuerpo que permitía apreciar sus curvas. El cabello lacio, castaño oscuro, brillaba entre los haces de luz que se abrían paso entre los árboles.<br />
Él no contestó y se quedó mirándola estupefacto. Sólo reaccionó cuando estando ya ella cerca lo miró a los ojos y se echó a reír.<br />
- Hola, me llamo Tomás. – dijo él un tanto nervioso.<br />
Ella pasó por su lado y le dijo mirándolo suspicazmente con sus ojos almendrados:<br />
- Silvina. &#8211; Giró a su alrededor y se quedó viéndolo desde otro punto.<br />
Él se dio vuelta para volver a estar frente a frente y ella le dijo en forma muy simpática:<br />
- ¿De dónde sacaste esta ropa? ¿Es cuero? ¿Piel?<br />
Él no estaba muy seguro qué contestar ya que nunca se había puesto a pensar demasiado en su vestimenta. Dudó y finalmente no emitió palabra lo que provocó que ella volviera a reírse burlonamente. Fue justamente en ese mismo instante que la emperatriz los divisó desde arriba de la colina y se quedó paralizada. Tanto Daniel como Tania notaron su reacción y al seguir la fría mirada de la emperatriz, vieron a Tomás junto a esa extraña mujer. Ambos tomaron a la emperatriz de los brazos y la forzaron a esconderse entre la maleza.<br />
- ¿Te comieron la lengua los ratones? &#8211; le dijo Silvina.<br />
Él se rió y le dijo muy amablemente:<br />
- Lo dudo.<br />
- Bueno Tomás, ya que estás aquí voy a hacerte una proposición. &#8211; y volvió a sonreír en una forma sumamente encantadora. Los ojos le chispeaban en cada pestañear.<br />
- Te escucho. &#8211; Le contestó él dedicándole el total de su atención.<br />
- ¿Ves este mantel? – Le decía mientras desplegaba de entre los pliegues de su propio vestido una tela color azul marino rectangular de unos sesenta centímetros de largo por unos tantos de ancho.<br />
- Sí. – contestó él acercándose hipnotizado por el balanceo de la tela atrapada entre los dedos de esta seductora mujer.<br />
Ella retrocedió un par de pasos y le dijo levantando levemente las cejas:<br />
- Necesito completarlo con frutos de este árbol – explicó señalándole un árbol en especial. Tomás lo observó detenidamente, pensando en cuántos metros tendría semejante árbol. Entonces le preguntó:<br />
- ¿Cuáles frutos?<br />
Con voz casi infantil ella contestó:<br />
- Oh&#8230; ¿no los ves con esos lindos ojos? &#8211; él sonrió encantado y ella se aproximó un poco más para mostrarle a unos cuatro metros de altura unos frutos redondos y verdes colgando de algunas ramas en la copa del árbol.</p>
<p>La emperatriz estaba furiosa y explicando que esta mujer lo iba a engañar luchaba por ponerse de pie, pero tanto Tania como Daniel la sostenían a pesar de la insistencia.<br />
- Es necesario, emperatriz. Confía en mí por favor, para algo me trajiste. – le contestó Tania.<br />
- Estoy preocupada, no quiero que lo lastime.<br />
- Por favor, sobrevivió a tantas cosas, no creo que esta mujer pueda hacerle algo. – retrucó Daniel con una alegría inusual en él.</p>
<p>La joven mujer continuaba, mientras tanto, desplegando todas sus armas de seducción para que Tomás acepte la propuesta. Él le dijo en un momento:<br />
- ¿Y no vas a compartir estos frutos conmigo? Mira que tengo hambre.<br />
- Me imagino&#8230; &#8211; contestó bajando su mirada para poder recorrerlo de cuerpo entero y luego le prometió – Por supuesto que compartiremos los frutos.<br />
Tomás se sintió sumamente halagado y no se hizo rogar más. Demostrando toda su aptitud física, trepó al árbol con muchísima agilidad y pronto se encontraba balanceándose entre las ramas a fines de alcanzar los frutos señalados por Silvina. Él hacía que estos cayeran mientras que ella los recogía y acomodaba prolijamente sobre la tela. Cerca de una hora más tarde, Tomás avisó con entusiasmo que ya no quedaban más frutos en ese árbol y entonces ella los envolvió haciendo un pequeño nudo con las puntas azules de su mantel. Luego, miró hacia arriba y muy burlonamente entre risas le gritó:<br />
- ¡Muchas gracias y cuidado con el coatí! – Se puso en marcha rápidamente sin darle tiempo a Tomás a bajar del árbol a su encuentro.<br />
La emperatriz les decía a sus compañeros:<br />
- ¡Se los dije! ¡Se los dije pero no me escucharon! ¡Lo engañó!<br />
- ¡Era necesario! &#8211; repetía Tania.<br />
- ¿Necesario?<br />
- Sí, vamos. – dijo Tania muy emocionada.<br />
Silvina apresuraba su marcha por el bosque y Tania sin perder tiempo le ordenó al guardia que la emperatriz había traído consigo:<br />
- ¡No le pierdas el rastro! ¡Síguela! &#8211; los demás se sorprendieron pero aprobaron tácitamente la orden. El guardia obedeció de inmediato desplazándose sigilosamente entre los árboles.<br />
La emperatriz estaba furiosa:<br />
- Les dije que lo iba a engañar. ¿Por qué les obedecí?<br />
Los tres salieron de atrás de los arbustos y fueron al encuentro de Tomás. Al verlos, él bajó la mirada entre avergonzado y sorprendido. Tania se adelantó al grupo corriendo al encuentro de Tomás y él se quedó aún más desconcertado ante su gesto:<br />
- ¡Estuviste genial, Tomás! ¡Te felicito! &#8211; le decía palmeando sus brazos. Él la miraba confundido, y más aún Daniel y la emperatriz que se quedaron mudos al escuchar las felicitaciones.<br />
- Sólo él podría lograr algo así. – decía Tania dejando a Tomás pestañeando atónito y aguardando alguna explicación lógica. En ese instante Daniel desenfundó su espada tras escuchar el quiebre de una rama. Miró hacia arriba y vio a un animal sumamente extraño acercándose velozmente a ellos saltando de árbol en árbol. La emperatriz se alineó a Daniel empuñando un facón brillante en sus manos.<br />
- ¿Qué es eso? &#8211; preguntó Tania.<br />
- No lo sé, pero se mueve rápido. ¡Corre por las ramas! – contestó Daniel.<br />
- Me dijo que tuviera cuidado con el coatí. ¿Qué es un coatí?<br />
El animal tenía pelaje castaño en todo el cuerpo. Su cola era atigrada y sus manos desnudas mostraban unos dedos finos de piel oscura mientras sus pequeños ojos negros se movían a gran velocidad. Parecía una mezcla de macaco con perro. Nunca habían visto un animal semejante. Se acercó a toda velocidad pero se detuvo ante la voz de alto de Daniel.<br />
- ¡Quédate ahí! ¡No te muevas!<br />
- ¿Qué hicieron? ¿Qué hicieron con mi árbol? &#8211; gritó de pronto el animal en total desesperación.La emperatriz y Daniel se miraron fugazmente. Daniel volvió a gritarle:<br />
- ¡Si te acercas date por muerto! &#8211; las miradas entre ambos se tiñeron de odio y el animal de pronto mostró unos importantes colmillos blancos afilados.<br />
- No dejaron ni un talingo para comer&#8230; ¿dónde los tienen? &#8211; preguntó el coatí furioso y preocupado &#8211; ¡Con eso íbamos a sobrevivir por unas cuantas semanas más!<br />
- ¿Qué es un talingo? – preguntó Tomás.<br />
- Los frutos del Macaraná. &#8211; respondió el animal.<br />
- ¿Del qué?<br />
- ¡No se hagan los tontos! Nos han robado los frutos de nuestro árbol.<br />
La emperatriz elevó la mirada al cielo mordiéndose los labios y luego sacudió la cabeza. Guardó el enorme cuchillo y enfrentó a Tania diciéndole:<br />
- ¿Y tú lo felicitas? Mira en el problema que estamos ahora. Deja que éste le cuente a su banda. Vamos a tener que dormir con un ojo abierto.<br />
- O lo matamos y se terminó el problema. &#8211; acotó Daniel.<br />
- ¡Ni una cosa ni la otra! &#8211; les dijo Tania algo enfadada.<br />
Se acercó a Daniel y bajó su espada tomándolo de un brazo. El coatí se movía rítmicamente muy nervioso balanceándose en la rama del árbol. Se lamentaba por su familia ya que no iba a tener frutos para alimentarla hasta la próxima temporada, con lo cual seguramente ya sería demasiado tarde.<br />
- ¡Coatí! &#8211; le gritó Tania y obtuvo la atención del animal inmediatamente.<br />
- ¡Ladrones! – gritó el animal a la distancia.<br />
- No es el único árbol de esta especie. He visto muchos al oeste de aquí. Puedes tomar todo el fruto que necesites.<br />
- ¿Al oeste? ¡Me quieres enviar a una muerte segura! ¡Ese monte está maldito! Todo el mundo lo sabe. Ustedes son mala gente&#8230;<br />
- ¿Maldito? – preguntó Tania recordando esa extraña sensación cuando estuvo en el lugar.<br />
- Ningún coatí que haya ingresado volvió a salir de ese monte. &#8211; le contestó el animal sumamente disgustado.<br />
Tania no podía olvidar esa sentimiento profundo de peligro cuando estuvieron en el lugar, pero igualmente pensaba ir a recolectar algún fruto para calmar el hambre de su propia gente. Más ahora que esta extraña mujer les había indicado que fruta podían tomar. Se quedó en silencio por un momento y el coatí volvió a gritar diciendo:<br />
- ¡Años espantando a esa bruja malvada! ¡Años protegiendo nuestra fuente de alimentos! ¿Dónde tienen los frutos? Hablen, así damos por terminado todo esto o iré a buscar a mi banda&#8230; y no saben lo que somos capaces de hacer&#8230; &#8211; no terminó la frase y volvió a mostrar sus afilados dientes.<br />
- Los frutos se los llevó Silvina. &#8211; le dijo Tomás.<br />
El coatí comenzó a chirriar enloquecido en furia, tanto que Daniel volvió a alzar su espada. Fue entonces que Tania le ofreció un trato:<br />
- Haremos un trato. Enviaremos unos hombres a buscar frutos para abastecer a tu familia. A cambio, nos indicarás cuáles son las especies comestibles en esta zona.<br />
El coatí la miró desconfiado y empezó a girar en círculos como intentando atrapar su escurridiza cola. Finalmente se dio cuenta de que no tenía mucho para perder y aceptó el trato con mucha desconfianza. La emperatriz se acercó a Tania conforme con la negociación y ella la miró decidida para luego comentarle casi sin emoción:<br />
- Este fue un excelente día. Gracias a Tomás sabremos dónde está el pueblo y con este animal lograremos abastecer a nuestros soldados. Se nos han resuelto los problemas, emperatriz, al menos por el momento.</p>
<p>La emperatriz comprendió de inmediato y pronto resolvió volver al destacamento, seguidos por el coatí que se encontraba sumamente alterado por la presencia de la tropa en su territorio. Los hombres se habían organizado bien, y estaban descansando tranquilamente cuando llegó la emperatriz y el resto del grupo aportando varios kilos de carne de reptil.</p>
<p>Al verlos, todos se pusieron de pie y Daniel eligió a cuatro de sus hombres. Estos se adelantaron y recibieron instrucción de acompañar al coatí hasta el monte y obtener las frutas que él seleccione.<br />
- Un cuarto de lo recolectado será entregado como paga a este guía tan peculiar.- explicó Daniel de buen humor.<br />
Al escuchar la orden, el animalito hizo un ruido extraño que llamó la atención de todos. Se sintió intimidado por las miradas y trepó a un árbol con asombrosa agilidad.<br />
- ¿Estás conforme? &#8211; le preguntó Daniel al coatí.<br />
- No sé&#8230; ese lugar es muy peligroso. &#8211; opinó mientras observaba a los soldados.<br />
- Ellos te protegerán. Estamos bien armados.<br />
El coatí no tenía muchas alternativas ya que si no aceptaba toda su banda moriría de hambre. Asaltar el pueblo era impensable.<br />
- De acuerdo. Vamos. &#8211; contestó bastante decidido considerando las circunstancias.<br />
Los soldados se prepararon con sus armas blancas y siguieron a ese extraño personaje por el bosque frondoso hasta adentrarse a la zona de monte.<br />
Tomás había estado callado durante todo ese tiempo y la emperatriz lo observaba a lo lejos. Sabía que por más que Tania lo defendiera o justificara, la realidad era que esa mujer lo había engañado. Sin embargo, no le dijo nada ya que no tendría sentido. Después de todo, como dicen en su aldea, &#8220;no hay mal que por bien no venga&#8221;. Tania tenía razón y habían salido bien parados de toda la situación.</p>
<p>Un par de horas más tarde llegó el guardia, que había seguido a Silvina, al trote por el bosque. Muy contento y agitado le informó a Daniel que la supuesta bruja vivía a unos ocho kilómetros del destacamento. Además había podido visualizar otras viviendas y habitantes. Le preguntaron si alguien lo había visto y contestó que no. Sin perder tiempo, se reunieron todos y el hombre contó en detalle la arquitectura de las viviendas. Eran simples y rectangulares, hechas de madera, con chimeneas de piedra. La mayoría tenía grandes jardines con huertas. Estaba fascinado porque había visto algunos hombres trabajando, talando madera.<br />
- ¿Cuántos eran? &#8211; consultó Daniel.<br />
- No sé. Yo pude visualizar a cinco individuos trabajando un poco más al norte.<br />
- ¿Llevaban armas?<br />
- No pude ver arma alguna, más allá de las hachas y sierras que usaban como herramientas de trabajo pero fácilmente podrían cumplir otro fin.<br />
- Entiendo. &#8211; le dijo Daniel.<br />
- ¿Y cómo se veían? ¿Cómo son? &#8211; preguntó Tania sumamente entusiasmada.<br />
El hombre sonrió y luego les dijo:<br />
- Estaban vestidos muy extraños. Usan pantalones gruesos, bastante altos con tiradores. Las camisas son a cuadros parecidas a los manteles de nuestras ferias. &#8211; Todos festejaron el comentario y siguieron escuchando con atención. &#8211; Son bastante grandes pero nosotros los venceríamos.<br />
- No vamos a atacar. &#8211; dijo Tomás de pronto &#8211; No es nuestro fin. Por algo llegamos a este pueblo, así que nos presentaremos pacíficamente.<br />
- Ah sí claro, vamos con una tropa a un pueblo desconocido y nos van a recibir encantados. No podemos ir sin armas. &#8211; se quejó Daniel.<br />
Tania miró a la emperatriz y ésta propuso al grupo:<br />
- Dejemos aquí un destacamento estable y mañana iremos a visitar a tu amiga. &#8211; comentó la emperatriz mirando a Tomás de reojo &#8211; Le pediremos prestadas algunas ropas y pasaremos como unos simples visitantes. Tenemos que asegurar el valle. De ninguna manera le diremos de donde provenimos y de ahora en adelante, llámenme por mi nombre. Dejaremos el protocolo por nuestra propia seguridad.<br />
- Sí emperatriz&#8230; Perdón, Erika. &#8211; contestó Daniel con una sonrisa producto de su emoción ya que nunca se había dirigido a la emperatriz por su nombre de pila.</p>
<p> </p>
<p>Pasaron algunas horas y justo cuando comenzaba a atardecer llegó el grupo de soldados acompañados por el coatí. Traían consigo una importante carga de frutas de múltiples formas y colores. El resto de la guardia los recibió calurosamente. Los soldados se encontraban muy satisfechos, coatí incluido. Daniel personalmente se ocupó de entregar parte del botín al animal que chirriaba de alegría. Como la carga era muy pesada para él solo, pidió autorización para que su banda pueda visitar el destacamento y así alimentarse. Daniel dudó por un momento pero luego pensó que era mejor aceptar la propuesta y no tener que reprimir de todas formas a la banda de coatíes en una batalla sin sentido. Estaba seguro que no importaba lo que contestara, el coatí traería a los suyos de todas maneras. El animal estaba sumamente complacido con la invitación y para sorpresa de la emperatriz, algunos soldados parecían haber simpatizado con él y le jugaban amistosamente. Estaban tranquilos cuando el coatí se acercó a Daniel y le preguntó:<br />
- ¿Qué hacen mañana?<br />
Daniel se asombró por la confianza que ya había tomado el animal. Después de pensarlo por un momento le contestó:<br />
- Iremos al pueblo. Queremos investigar que hay allí.<br />
- ¿Investigar? Yo te puedo decir: serán unos dos mil habitantes. La mayoría son leñadores o granjeros. El problema de aquí es el agua. Se usa únicamente agua de lluvia.<br />
La emperatriz escuchó y se acercó muy interesada:<br />
- ¿No hay un río cerca?<br />
- La leyenda dice que hay un río cruzando el monte, pero nadie lo ha logrado. Al menos hasta ahora. &#8211; riéndose como un loco continuó diciendo &#8211; Estos soldados de ustedes son muy fuertes. ¡Ahora podré entrar y salir del monte las veces que quiera! Los espíritus les tienen miedo. ¡No nos atacaron en absoluto!<br />
- Sería prudente visitar este pueblo de todas maneras. Podría ser importante poder contar con la ayuda de esa gente. &#8211; comentó Tania con entusiasmo.<br />
- ¿Van a presentarse así vestidos? &#8211; preguntó el coatí con cara de espanto.<br />
- No. &#8211; dijo la emperatriz. &#8211; Pediremos ropas prestadas a Silvina.<br />
- ¿Van a entrar así a la casa de Silvina? ¿Están locos?<br />
Nadie contestó y entonces el coatí continuó hablando sin antes dar un par de vueltas a los saltos:<br />
- Silvina es parte de ese pueblo y además no vive sola. Van a tener que enfrentarse con su familia y aunque ustedes los maten, ya serían buscados por todos los habitantes del pueblo. No creo que les sirva mucho un pueblo persiguiéndolos. &#8211; miró hacia arriba haciéndose el interesante.</p>
<p>Tania sonrió porque le estaba cayendo muy bien este astuto animal.<br />
- ¿Cómo es tu nombre? &#8211; le preguntó.<br />
- Me llamo Ariel. &#8211; la cola se enrolló y volvió a estirar rápidamente.<br />
- Veamos Ariel. Creo que tenés una propuesta para hacernos.<br />
El animal volvió a reír enloquecido. Rápidamente se metió entre los árboles para volver a aparecer. Tania y la emperatriz cruzaron miradas por un momento.<br />
- Yo podría conseguirles algunas ropas. No para todos, pero al menos cuatro de ustedes podrían estar vestidos como los almedinos. Eso no los impresionaría tanto y podrían ser aceptados más fácilmente.<br />
- ¿Almedinos? – preguntó Tania.<br />
- Así es. – replicó el animal.<br />
- ¿Y cómo conseguirías la ropa? &#8211; preguntó la emperatriz.<br />
- Ese es mi problema ahora, no de ustedes. &#8211; Y volvió a reír estruendosamente.<br />
- ¿Qué pedís a cambio? – se interesó Daniel.<br />
- Escuché que quieren atravesar el monte. Yo quiero ir con ustedes. Si logramos conquistar el monte, entonces mis problemas de alimentación habrán desaparecido. ¡Seré el rey de los coatíes!<br />
Ante semejante respuesta, Daniel le preguntó a la emperatriz si quería echar inmediatamente al coatí del destacamento. Sin embargo, ella ignoró el comentario y se acercó al animal. Mirándolo fijamente le dijo:<br />
- Tenemos un trato, Ariel.<br />
El coatí dio un par de saltos y con gran alegría salió corriendo por el bosque subiéndose a los árboles con unos cuantos frutos a cuestas. Pronto lo perdieron de vista y los soldados comenzaron a preparar la fogata para la noche.</p>
<p>La oscuridad comenzaba a ganar terreno lentamente. En esa oportunidad la cena sería abundante ya que habían conseguido suficiente fruta para todos. Después de cenar, la emperatriz divisó a Tomás un tanto alejado, sentado a los pies de un árbol mirando el cielo. Ella se acercó y él la miró por un momento con ojos tristes.<br />
- ¿Mirando las estrellas? &#8211; preguntó la emperatriz mientras se sentaba a su lado y luego se recostaba sobre la hierba con la vista hacia el cielo despejado.<br />
El la imitó y se recostaron uno al lado del otro disfrutando el firmamento.<br />
- Siempre me gustaron las estrellas. &#8211; dijo ella ante el silencio de él. &#8211; Te obligan a tomar conciencia de lo pequeño que es uno en realidad. Y si uno es tan pequeño imaginate los problemas de uno&#8230; ¡casi ni existen!<br />
La emperatriz seguía hablando pero él no miraba a las estrellas sino a ella.<br />
- Erika. – dijo él y captó totalmente su atención. Entonces continuó diciendo &#8211; Yo quería caerle bien. La ayudé por eso. Era la primera persona que veía fuera de nuestra aldea.<br />
- Ya lo se Tomás.<br />
- ¿Cómo será el resto?<br />
- Ni idea. Tenemos que estar preparados para cualquier cosa. &#8211; Ella lo tomó de la mano y subió el brazo señalando una constelación &#8211; Esa de allí es Orion, también conocida como &#8220;El gran Cazador&#8221;. ¿Ves esas tres estrellas brillantes alineadas?<br />
- Sí.<br />
- Los antiguos decían que era el cinturón del cazador.<br />
- El cazador&#8230; pero ¡qué imaginación!<br />
- ¡Te hablo en serio! &#8211; contestaba ella riendo.<br />
- Contame más.<br />
- Es la constelación más conocida porque se puede divisar tanto desde el hemisferio Norte como desde el hemisferio Sur.</p>
<p>Continuaron charlando por mucho tiempo más hasta quedarse dormidos bajo el cielo estrellado. Tania los vio desde cierta distancia y preocupada los cubrió con una manta protegiéndolos de la próxima helada matutina. Regresó a su lugar sin advertir a Daniel custodiando entre los árboles quien la sorprendió diciéndole con una sonrisa:<br />
- Ver para creer.</p>
</div>]]></content:encoded>
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<title><![CDATA[ Retro: "Ya no creo en la gala de los dioses"]]></title>
<link>http://elperro1970.wordpress.com/2008/03/07/1674/</link>
<pubDate>Fri, 07 Mar 2008 22:56:56 +0000</pubDate>
<dc:creator>elperro1970</dc:creator>
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<description><![CDATA[&nbsp; &nbsp; Hoy recorriendo algunos blogs amigos me encontré con un post dedicado a Silvina Garré,]]></description>
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<title><![CDATA[Elogio del Insomnio]]></title>
<link>http://titadixit.wordpress.com/2008/02/01/elogio-del-insomnio/</link>
<pubDate>Fri, 01 Feb 2008 11:31:48 +0000</pubDate>
<dc:creator>Tita</dc:creator>
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<description><![CDATA[Cuadernos de la noche Silvina Ocampo no sólo escribía en el ocio diurno, sino también, quizás especi]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><h2><img border="0" align="right" width="200" src="http://static.pagina12.com.ar/fotos/las12/20080201/notas_12/insom1.jpg" height="303" style="width:180px;height:270px;" /><a target="_blank" href="http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-3879-2008-02-01.html">Cuadernos de la noche</a></h2>
<p><!-- titulo --><!-- copete --></p>
<p align="left">Silvina Ocampo no sólo escribía en el ocio diurno, sino también, quizás especialmente, en las horas muertas de la ciudad. Escenas de los márgenes de la vida cotidiana, recuerdos vagamente autobiográficos y observaciones sutilmente delirantes, relatos posibles pero también el tesoro de pequeños hallazgos: de ese material se compone Ejércitos de la oscuridad, el libro de inéditos que este mes llega a las librerías.</p>
<p><!--morePor Aquí...--></p>
<div>Por Soledad Vallejos</div>
<p class="margen0">“Dios mío, perdóname por haber escrito tantas inútiles palabras. Sólo quise llenar el silencio que adoro.” El perdón se pide por lo que ha sucedido durante la noche. El mundo se detiene pero los ruidos, por nimios, resultan infinitamente más presentes, más vívidos, que durante el día; las palabras también. Con esa confesión de debilidad ante lo divino y humildad ante la tentación, Silvina Ocampo hacía una profesión de fe: su reincidencia es posible, inevitable, necesaria. Esas palabras son, también, la llave que cierra páginas venidas de otro mundo, el que inventaba y visitaba en las noches de insomnio –la mayoría, para ella– y que, en una continuación del proyecto “Biblioteca Silvina Ocampo”, llegará a las librerías este mes: Ejércitos de la oscuridad (ed. Sudamericana). Se trata apenas de una muestra (otra) de que, para Ocampo, el acto de la escritura era mucho más que la publicación misma; que toda superficie, toda hora podía ser arrullo para encontrar en la literatura el refugio más deseado y feroz. Lo ha dicho Ernesto Montequín, a cuyo cuidado quedaron los archivos de Silvina, más de una vez: la cantidad de versiones de textos en apariencia ya terminados es abrumadora (en vida, ella misma publicó versiones en verso y en prosa de un mismo argumento, en ocasiones con títulos similares, otras sólo retomando la idea, como en “Las dos casas de Olivos” de Viaje olvidado y “Los dos ángeles” de La naranja maravillosa), la reescritura es infinita, lo mismo que los papeles de toda laya abollados en cajones sin más orden que el espacio disponible. En su estudio había cuadernos, hojas sueltas, carpetas prolijas, carpetas repletas de correcciones, proyectos terminados y otros inacabados: escribir era un proceso constante, y también la otra vida en la que respiraba con una libertad que, tal vez, los meandros del mundo editorial que le tocó en suerte no le permitieran. O quizá se tratara en realidad de otra cosa: una búsqueda sin guía ni destino posible, un viaje privado.</p>
<p>Sufría de insomnio, contó en alguna entrevista, desde la niñez, aunque sufrir, tal vez, no sea el verbo más adecuado para describir esa situación en la que con lápices, lapiceras, plumas, acometía sobre cuadernos y papeles con esa sabiduría plena, con palabras precisas, generalmente propias, y en ocasiones –pocas– ajenas. Ocurre algo curioso: ella, que en vida publicó poesías y relatos breves, además de alguna nouvelle disfrazada de cuento (como “El impostor”, escondida en Autobiografía de Irene), se entregaba deliberadamente a una escritura secreta que a primera vista podría ser confundida con la pasión por las misceláneas (ese género de las greguerías, o bien el que había obsesionado a su marido, Adolfo Bioy Casares, durante toda su vida, aunque sólo lo reveló en la vejez) o el registro documental. Y sin embargo esos cuadernos no son ni lo uno ni lo otro: a diferencia de los diarios o los testimonios, escritos con la conciencia permanente del interlocutor y el futuro (aquel en que se leerá lo escrito, aquel al que se destina, en realidad, puesto que ningún escritor lleva un diario para sus contemporáneos, menos aún para preservar el secreto), no hay aquí mensajes para la posteridad; a diferencia de las misceláneas que rescatan lo gracioso o lo llamativo –que a fin de cuentas no son más que agazapados lucimientos del ingenio de quien escribe–, aquí se expone un personaje –que quizá, sólo quizá, sea ella– para quien las cosas suelen terminar poco decorosamente. Si hay un lucimiento, no es el del brillo y el encanto; si seduce, lo hace jugando a la perdedora; si pierde, no busca despertar lástima. Esos pequeños relatos que la tienen como protagonista están más cerca de la operación excéntrica de Lucio V. Mansilla que de la falsa modestia y llaneza de Borges o Bioy Casares, y no podrían compararse jamás con la imagen de reina que tan puntillosamente había bordado de sí su hermana Victoria. Silvina es otro mundo. Ella es la que enumera los diez “animales amaestrados” que tuvo (“una cabra blanca”, “un petiso”, “un gato”, “un caballo tobiano, un bayo y un negro”, “un bichito de San Antonio”, “un zorzal”, “un perro de circo”, “un perro de policía”) para recordar sus vidas y destinos a medio camino entre la crueldad y la traición, inclusive, a pesar del amor. La cabra (también presente en la “autobiografía prenatal” en verso Invenciones del recuerdo, y en las memorias de Victoria) “murió ahogada”; el petiso “me torturaba”; el gato “me odiaba y murió encerrado en un armario para no verme”; uno de los caballos “solía ver fantasmas con un ojo y con una pata”; el bichito de San Antonio era dorado y vivió unos días en una caja, ella la abría y él volaba un rato para, luego, regresar a su pequeño hogar, “un día abrí la caja y estaba todo colorado, y al día siguiente casi negro. Había muerto”.</p>
<p>El recuerdo de la niña rica ajena al mundo de sus mayores, o mejor dicho, extremadamente atenta a él a pesar de que la curiosidad no fuera recíproca, que había tomado la voz en Invenciones&#8230; regresa en Ejércitos&#8230; pero con otra mirada. La Silvina adulta retorna a él no tanto por configurarlo como una narración, sino para trazar un mapa en los fragmentos habitados de lo que se esfuma: los juegos de hermanas en las barrancas de San Isidro con sus caballerizas, el aprendizaje de la espera y del descubrimiento de la desesperación, pero también para matizarlo, en frases concisas o párrafos mínimos con la innegable mirada de una mujer que aunque fue esa niña vive ahora en otro mundo (“Siempre fui muy obediente a mi destino”). Si en Invenciones&#8230; la empatía habilitaba la narración al regresar a ese mundo con la compasión de la adulta, en Ejércitos&#8230; quien vuelve lleva la mirada limpia de ternura pero llena de una poesía, en ocasiones, hechizada por la magia de la crueldad inevitable. Es ella misma, también, quien jugó a cronista de su otro radical: las personas amigas y las amadas, los placeres y las furias del amor y el desamor, las parejas de provincianos que pasean por Palermo, el guardián de una plaza, la mujer encargada de las tareas domésticas. La suya es una antropología de lo cotidiano enardecida por lo fantástico que vive en lo habitual, desmenuzada en pequeñas píldoras en las que puede dejarse de lado el argumento y hasta los nombres, pero nunca jamás el color de una voz ni los amaneramientos preciosos de una frase. Como una etnóloga voraz, invoca inclusive las palabras del primer desprecio –y su consecuente desencanto– que vivió, cuando regaló a la mujer del jardinero el retrato que había hecho de ella: “Soy fea ma no tanto”.</p>
<p>“A Alejandra.” Con esa dedicatoria se inicia el cuaderno que da nombre a Ejércitos&#8230; La delicada atención de Montequín puntúa los detalles del hallazgo: “El manuscrito autógrafo ocupa un cuaderno Clairefontaine de tapas blandas (&#8230;) En la portada hay una etiqueta blanca autoadhesiva, donde se lee, en caracteres cursivos, dactilografiados: ‘Silvina Ocampo/ Textos de 1969’, y debajo, de mano de Ocampo: ‘A Alejandra’ (&#8230;) en la cara interna de la portada, montado sobre un rectángulo de papel naranja, hay un ex libris impreso (con la imagen de una mujer con atuendo dieciochesco, que lee ante una chimenea), en el cual se repite ‘Silvina Ocampo’”. Gracias a registros epistolares y la reconstrucción de itinerarios, esas nimiedades completan la foto: ese cuaderno fue un regalo de Alejandra Pizarnik, muy probablemente comprado al regresar de un viaje a Europa, en la escala neoyorquina, en 1969, y con su etiqueta de dedicatoria realizada con la máquina de escribir portátil que Pizarnik también trajo del viaje. De la amistad entre ellas, por lo demás, se sabe poco y especula mucho más, fuera de las cartas que recopilara Ivonne Bordelois en Correspondencia Pizarnik y de algunos testimonios más bien huidizos, este cuaderno es una de las pocas ocasiones de asomar a una de las amistades más interesantes de la literatura argentina.</p>
<p><img border="0" align="left" width="400" src="http://www.pagina12.com.ar/fotos/las12/20080201/notas_12/insom2.jpg" height="251" style="width:294px;height:171px;" />Silvina llenó las 40 páginas del cuadernito, lo dedicó a su vez a Pizarnik, lo dejó en un cajón. Y sin embargo es, de los cuatro apartados que componen el libro (los otros son “Inscripciones en la arena”, “Epigramas” y “Analectas”), el único que no se gestó como borrador, proyecto, escritura o reescritura. Es el único en el que la destinataria, explícita y única aunque no lo recibiera jamás (¿o sí?), forma parte del texto. Ejércitos&#8230; es un monólogo que es un diálogo: una madre en ocasiones, una amiga otra veces, una escritora que muestra parte de su proceso de trabajo y cuenta argumentos posibles, una lectora que afirma opiniones sobre literatura y una mujer que comparte parte de sus sueños y anécdotas. Allí, entre ideas de cuentos, chistes maliciosos y recuerdos, escribe: “Llenar un cuaderno con pensamientos –¿pensamientos?– es como llenar un vaso de agua para que otro lo tome, pero ¿le gustará a ese otro el agua? ¿Y acaso me la pidió? ¿Dónde encontraré un sediento? Aunque sea un vaso con el agua del río turbio, le agradará”. De ninguna manera confesional, rigurosamente del orden de la digresión, como quien, mientras comparte un té, dice lo primero que se le ocurre. Ese es el tono, aun cuando la tragedia de las horas en vela, de tanto en tanto, pueda asomar en toda su extensión, o al menos en aquella definición que puede compartir cualquiera que, al menos una vez en su vida, sufrió el suplicio del sueño huidizo: “Qué larga es la noche cuando la imposibilidad de dormir anula todo pensamiento que no sea el temor de no dormir”.</p>
<p>Alejandra es la interlocutora perfecta e invisible para una voz que puede volverse sutilmente condescendiente pero sin adoctrinar (“Todo alumno se vuelve maestro de su maestro. Todo maestro busca a un maestro cuando busca a un alumno. Todo alumno está influido por las peores obras del maestro”), pero que, las más de las veces, se sabe en diálogo con una par ante la literatura. Tanto que las páginas pueden ir desde comentar la influencia (perniciosa) de Borges sobre cierta poesía hasta el placer disimulado de haber escandalizado a Bioy Casares con el argumento de un cuento: “una mujer quiere hacerse violar”; “le parece obsceno a A, o que puede resultar pornográfico una vez escrito”. (El cuento, claro está, fue escrito y publicado como “Las vestiduras peligrosas”, en Los días de la noche.)</p>
<p>Durante una época particularmente conflictiva de la política china, Confucio recurría a la forma esencial de la enseñanza: largas conversaciones con sus discípulos. A su muerte, como con Sócrates, como con Jesús, sus palabras, o lo que de ellas perviviera, fueron recogidas en las Analectas. Ese es también (y no casualmente) el nombre del último apartado de Ejércitos&#8230; Pero si en el apartado “Epigramas” lo que puede encontrarse es un homenaje al espíritu epigramático antes que una economía de frases, en “Analectas” el proceso del homenaje se invierte: no ha sido Ocampo quien bautizó así ese conjunto de palabras salidas de papeles, cuadernos, anotaciones al correr de la pluma, sino el curador de su obra, Montequín. Fue él quien, bajo la invocación de Confucio (que es, a vez, uno de los emblemas del maestro complejo, generoso pero astuto a la hora de evaluar y guiar el camino del discípulo), tomó un discurrir forzosamente fragmentario para inventar gramáticas posibles. Saltan allí escenas del momento de trabajo, invenciones y reinvenciones de la escritura, notitas de lo pendiente, argumentos más o menos comprensibles, frases que tal vez sean argumentos por desarrollar, otras netamente surrealistas. Están, también, los pequeños instantes de la memoria y una vaga autobiografía. Son como chispazos, son leves, se escurren. Quizá por eso anota: “Silvina Ocampo no llevó sostenidamente un diario íntimo ni escribió un libro de memorias. Prefirió, en todo caso, dispersar en sus obras una imagen de sí misma, esa figura del tapiz que (&#8230;) nunca termina de revelar su trama”.</p>
<p>Cuando la ciudad duerme ella continúa tejiendo y destejiendo en un mismo movimiento. Le basta escribir imágenes de sí misma claras, contradictorias, precisas y borrosas a la vez: como si jugara, como si nunca abandonara definitivamente la niñez, ni siquiera siendo la hacedora de palabras que conjuga tradiciones propias y ajenas para destilar su propia lengua. Y, sin embargo, la reescritura infinita dice, también, que nada, ni siquiera la palabra es definitiva. Nada se dice de una vez. Por eso, Silvina Ocampo es la misma que hacia el final pide perdón por mancillar el silencio adorado, pero al inicio del libro invoca el poder divino en el verbo: “Cualquier cosa que no existe y tiene un nombre termina por existir; en cambio cualquier cosa que existe y no tiene un nombre termina por no existir”.</p>
<p><a target="_blank" href="http://www.pagina12.com.ar/diario/principal/index.html">Página/12</a><!-- /#cuerpo --> // <!-- #botonera_bot --><!-- copete --></p>
</div>]]></content:encoded>
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<title><![CDATA[Silvina]]></title>
<link>http://yasisucesivamente.wordpress.com/2007/10/21/silvina/</link>
<pubDate>Sun, 21 Oct 2007 03:20:36 +0000</pubDate>
<dc:creator>Annna</dc:creator>
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<description><![CDATA[Hoy pensaba en mi poema favorito, en algún verso que me haya deslumbrado y como de acá a un tiempo e]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p>Hoy pensaba en mi poema favorito, en algún verso que me haya deslumbrado y como de acá a un tiempo estoy enamorada de Silvina Ocampo, pensé en ella y en esta poesía, su poesía.<br />
Creo que es porque me reconozco en sus palabras (es un poco infantil, pero tiendo a pensar que todos tenemos cierta simpatía por aquellos que saben expresar con precisión algún sentimiento que nos acosa de vez en cuando), o por conmoverme un poco más que cualquier otro. Aunque probablemente eso cambie en una semana, o dos.</p>
<p>QUIERO MORIR SI DE MI VIDA NO HALLO</p>
<p>Quiero morir si de mi vida no hallo<br />
la meta del misterio que me guía,<br />
quiero morir, volverme ciega y fría<br />
como la planta que fulmina el rayo.</p>
<p>Si lo que ansío decir es lo que callo,<br />
y si he de aborrecer lo que quería<br />
sin asco y sin vergüenza hasta este día,<br />
si todo lo que intento es mero ensayo,</p>
<p>será porque he vivido de mentiras.<br />
Por no morir quiero morir. El viento<br />
que suena entre los muros con sus liras</p>
<p>o el hibisco bermejo, o el fragmento<br />
de la luna, siempre algo, hasta mi queja,<br />
me deslumbra y me deja más perpleja.</p>
<p>Silvina Ocampo.<br />
<strong><span style="font-size:10pt;font-family:'Book Antiqua';color:black;"></span></strong></p>
</div>]]></content:encoded>
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<title><![CDATA[Cómo convertirnos en exitosos]]></title>
<link>http://nuevocompartiendo.wordpress.com/2007/07/03/como-convertirnos-en-exitosos/</link>
<pubDate>Tue, 03 Jul 2007 14:30:44 +0000</pubDate>
<dc:creator>milagil</dc:creator>
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<description><![CDATA[El Súper Logro por la Transposición cibernética en Tres Pasos nos enseña a convertirnos en exitosos ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[El Súper Logro por la Transposición cibernética en Tres Pasos nos enseña a convertirnos en exitosos ]]></content:encoded>
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