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	<title>wang-taku &amp;laquo; WordPress.com Tag Feed</title>
	<link>http://en.wordpress.com/tag/wang-taku/</link>
	<description>Feed of posts on WordPress.com tagged "wang-taku"</description>
	<pubDate>Mon, 04 Jan 2010 09:40:15 +0000</pubDate>

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<title><![CDATA[“46º 16´8 N, 86º 40´2 E]]></title>
<link>http://elespigado.wordpress.com/2007/11/26/%e2%80%9c46%c2%ba-16%c2%b48-n-86%c2%ba-40%c2%b42-e/</link>
<pubDate>Mon, 26 Nov 2007 19:30:39 +0000</pubDate>
<dc:creator>Miguel Espigado</dc:creator>
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<description><![CDATA[El día después del fin del mundo Wang Taku, de siete años de edad, caía muerto en uno de los puntos ]]></description>
<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><p><span style="font-family:Arial;"><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"> <span style="line-height:150%;">El día después del fin del mundo Wang Taku, de siete años de edad, caía muerto en uno de los puntos más remotos del planeta. Solo los nómadas conocían aquel lugar y aún faltaban muchos meses para que volvieran a cruzarlo con su ganado. Wang Taku murió en la soledad más absoluta.</span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;margin:0;">
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">El padre de Wang Taku trabajaba como ingeniero del Estado, y se pasaba la vida sobrevolando China para evaluar la apertura de nuevos parques industriales. Cuando Wang Taku tenía vacaciones escolares, el señor Wang compraba un pasaje de ventanilla y se llevaba a su hijo consigo. Aquellas experiencias fugaces a diez mil metros consistían la única enseñanza que podía aportarle el señor Wang, pues la vida doméstica y todo lo demás quedaban fuera de sus dominios, compuestos de kilómetros de cielo y ciudades que emergían de la noche a la mañana. No hace falta decir que el niño Taku se había vuelto especial de tanto viajar con su padre. </span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">Apenas habían transcurrido dos horas desde el despegue cuando el vuelo cz6130 con destino Pekín comenzó a caer. En la cabina de primera clase, una gran pantalla mostraba un mapa de China atravesado por un diminuto avión que dejaba tras de sí un rastro de líneas intermitentes. El señor Wang intentó ubicarse en ese tosco diagrama; debían estar cruzando el desierto de Dzoostor Elisten, en el altiplano de la región fronteriza de Uigur de Xinjiang. Un lugar sin un solo tramo de asfalto, donde también se encontraba el punto geográfico más interior de la Tierra. Si hubiera prestado más atención a este lugar – pensó el ingeniero Wang – quizás hubiera podido planificar la construcción de un aeropuerto. No era muy común que el señor Wang encontrara una utilidad humanitaria a su trabajo.</span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">Las mascarillas de oxigeno cayeron sobre los asientos, y las azafatas corrían de un lado para otro intentando aplacar a los pasajeros. Una de ellas se dirigió al señor Wang:</span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">- Lo lamento, señor, pero su hijo debe cambiarse de asiento. Las salidas de emergencia han de quedar completamente accesibles. Es por su seguridad. </span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">Había que confiar en los técnicos, se dijo el señor Wang. Aunque la técnica fuera contra los deseos del hombre, o de un padre que no quiere separarse de su hijo. Era él y no Taku quien se sentía solo en la vida y de ahí estos viajes que no podían tener ningún sentido para el niño; y por lo mismo, era el señor Wang quien necesitaba una mano a la que aferrarse en estos momentos. Siempre le había horrorizado la idea de enfrentarse a solas con la muerte.</span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">- ¿Cómo te llamas?- preguntó la azafata.</span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">- Taku.</span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">Su padre le desabrochó el cinturón.</span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">- ¡Pórtate bien!- le dijo- Sé valiente.</span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">Wang Taku siguió a la azafata hasta un asiento libre junto al pasillo. <span> </span>A su derecha un hombre había vomitado en el suelo y miraba un vaso que sujetaba entre las manos, cuyo líquido se derramaba en sus pantalones sin que hiciera nada por evitarlo. Pero lo más extraño era el rostro de la persona del asiento contiguo. Las gomas de la mascarilla formaban en su rostro las hendiduras de una ancha sonrisa, y sus ojos, semi ocultos tras unas gafas oscuras, parecían perdidos en el aire indiferente de la droga.</span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">- ¿Sabes inglés?- le preguntó- ¿Puedes explicarme que está pasando?</span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">Taku no respondió. Ahora el avión caía mucho más deprisa, y el fuselaje se estremecía aullando contra la resistencia del aire. Al otro lado de las ventanillas las alas oscilaban furiosamente, como si en un intento desesperado el aparato quisiera aletear para levantar el vuelo. Los auxiliares habían desaparecido y cuando el equipaje comenzó a volar por los aires ya nadie reprimió su pánico. La violencia del sonido del avión contra el viento ahogó los gritos, negando así cualquier posibilidad de comunicación, y los pasajeros solo podían mirarse entre ellos, espolear su propio espanto a través de la contemplación del espanto de los otros. El señor Wang, en cambio, se fijaba únicamente en Taku, que lo observaba desde el otro extremo del pasillo. Esa mirada de incomprensión en la distancia fue lo último que compartieron.</span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">El vuelo cz6130 con destino a Pekín tardó doce minutos en estrellarse desde que inició su descenso. De los 238 pasajeros, Taku fue el único que en el momento del impacto no tenía puesto el cinturón de seguridad (fue culpa de la azafata, impaciente por correr a abrocharse su propio cinturón). Las leyes de la física lo habían respetado de una forma extraña, arrojándolo al exterior cuando los demás se pulverizaron en un amasijo de acero, carne y aluminio.</span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">Cuando Taku volvió en sí, sintió el tacto de la tierra bajo su cuerpo. Un viento gélido hería su piel empapada de queroseno. Frente a él se extendía un páramo interminable, apenas cubierto por hierbajos quemados por el frío del invierno. Solo a lo lejos unas montañas negras marcaban un límite, irguiéndose entre las nubes que recorrían velozmente el horizonte. </span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">Taku pudo levantarse y dar unos pasos antes de oír la explosión. Pudo correr unos metros antes de que las llamas lo alcanzaran, e incluso después, rumbo a las montañas celestiales de Tian Shan, hasta que el dolor lo devolvió a la tierra. </span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">Desde sus alturas quizás los dioses de la leyenda hubieran podido observar aquella figurilla ardiente, recrearse con la belleza atroz de su cuerpo incendiado en medio del más absoluto silencio. Solo ellos y el señor Wang hubieran podido maravillarse del lugar donde finalmente cayó Taku, lamido por las lenguas azuladas del queroseno, que no se extinguieron hasta mucho después, cuando el niño ya no era más que una momia negra que el invierno acabaría petrificando. </span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">Muchos años después, el etnógrafo de un equipo de documentales haría la siguiente anotación: </span></span><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;"> </span></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;font-family:Arial;"><span style="font-family:Arial;">“46º 16´8 N, 86º 40´2 E. Hoy llegamos al punto terrestre más alejado del océano. Curiosamente, los nómadas han levantado un hito en el lugar sin conocimiento alguno de este hecho, que difiere de los otros de su ruta hacia las montañas Tian Shan por estar construido con trozos de fuselaje de un 747. Según un cuento infantil, un niño fue aquí castigado por los dioses cuando trataba de huir del fin del mundo.”</span></span></p>
</div>]]></content:encoded>
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